Destacados, Textos — 12 agosto, 2019 at 5:41 pm

Oteando el Annapurna

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Breve visita guiada con Diego Maquieira

Por Cristián Rau – Fotos Puerto Crea GmbH

En 2007 Diego Maquiera escribió sobre el chancho volador de Roger Waters: “Va a nevar en el espacio, la NASA no lo sabe”. Un año después la misma NASA reconocía haber captado nieve en Marte. Estos versos no provienen sólo de la chispeza poética, de la capacidad técnica de un autor que con sólo dos libros (La Tirana y Los Sea Harriers) se posicionó, por allá por los noventas, como uno de los referentes ineludibles de la poesía chilena reciente, sino que detrás hay un largo proceso que mezcla, por un lado, visiones y sueños y, por el otro, un lento trabajo de investigación científico – poética (si algo como eso existe).

Luego de una larga estancia en el lado salvaje – el autodenominado “período dionisiaco”- del que en 2004 salió enclenque, desmoralizado y casi absolutamente ciego, se sumió, con las cortinas cerradas, pipa en ristre y armado de una gigantesca lupa, en una silenciosa y pausada aventura detectivesca por desentrañar esas analógicas y únicas visiones que, según parece, son la base de su trabajo.

En 2013, a casi una década de dejar atrás el alcohol y la vida licenciosa, se sumergió en un mar de libros ilustrados y, ajeno de toda moda de estar actualizado, recurrió a sus lecturas y compañeros de siempre (Einstein, Ruhmi, Chaplin, Ungaretti, Rimbaud, T.S. Elliot, el jazz, el rock, Marlon Brando y un etcétera de clásicos a estas alturas incuestionables) para armar un libro que es, al mismo tiempo, extremadamente atractivo e inexpugnable: el Annapurna.

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Con ánimo de generar cierto revuelo mediático, Maquieira dijo que era “una versión latinoamericana de la revista Vogue”, lo que en realidad no tiene mucho sentido, excepto por que el libro está hecho casi absolutamente por recortes de diarios, libros de arte y revistas (a excepción de dos fotos que fueron sacadas de internet) y en realidad parece más un objeto de artes visuales que un poemario tradicional. Aquí las imágenes son el centro de todo y las palabras, escritas a mano sobre las fotos, están a su servicio. El autor, eso sí, propone que para comprenderlo mejor, debiese verse como una película, cuadro a cuadro, o “como un poema en 180° que apareciera por el Ecuador y luego desaparece como un meteorito”.

El nombre proviene de una montaña del Himalaya, que dentro de la activa imaginación de Maquieira sería el único amigo que tiene el cerro Aconcagua y el libro sería el esfuerzo por extremar la posibilidad de comunicarse, de viajar a otra parte del mundo sin moverse físicamente. El libro, rojo brillante, tiene en la portada una fotografía –que parece pegada con scotch– en que un portaaviones con un faro y un observatorio en la cubierta aparece surcando el mar.

“Levantamos un faro en medio del mar/ un faro de paredes de papiro/ que usábamos para guardar los vinos/ y para echarnos a beber con mujeres /pero no hacíamos nada para la posteridad”. Decía un poema de Los Sea Harriers.

En El Annapurna, Maquieira extrema la capacidad imaginativa, y a veces la paciencia, del lector-observador y la idea que está detrás de esta serie de imágenes llenas de estrellas y citas, es que el portaaviones deja el mar, la tierra y se lanza al espacio. Frente a la cara de asombro y los ojos como huevos fritos, responde: “todo esto es una intuición, un símbolo, es una comprensión de que ya no tiene ningún sentido ir a Marte. Esta idea se basa en que hay una luz superior, una cosa que va mucho más allá del espacio, que no tiene que ver con los confines del universo ni con toda la materia y energía que se está dando vuelta, hay materia y energía ahí, pero no hay ningún tipo de vida”.

Al darse cuenta de que su explicación deja a los interlocutores aún más turulecos, ataca con esas respuestas suyas gloriosas, llenas de risas y sin titubeos: “¡Qué importa! A mí no me importa que nadie me entienda, yo estoy hablando de visiones aproximadas, no estoy afirmando nada, no son leyes universales. Cuando aparece un antropólogo diciendo que encontraron a un antecesor del Homo Sapiens, who cares? Y está el eslabón perdido, está Darwin, la Biblia, las religiones, la ciencia, la física y la poesía, y nadie se va a poner nunca de acuerdo hasta que aparezca algo extraterrestre, algo inmortal, porque todo lo que viene de fuera de la tierra es inmortal. En el fondo lo importante del Annapurna es que inspire y que no se tome en serio”.

 

INTRO A IMÁGENES

El hecho de que El Annapurna sea un fino montaje realizado a partir de recortes y retazos de la alta cultura del papel couché nos da la posibilidad de publicar una selección de imágenes. Para que la experiencia sea completa el propio Diego Maquieira, a quien le gusta verse como una especie de Stanley Kubrick o un Igor Stravinski, comenta algunas de las escenas más importantes de esta ópera espacial

 

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Son parte de los oráculos. Lo interesante de “La piedra de los 12 ángulos” es que nadie sabe nada, es un misterio total. No hay historiadores, ni arqueólogos, ni filósofos, nadie, que sepa qué significa, de dónde viene, es un misterio absoluto. Además funciona visualmente como tumbas, que son la entrada a lo que está más allá de la vida y también significa la muerte del ADN, del cuerpo, de mil cosas que mueren en este mundo que no es verdadero. Lo mismo que decía Rimbaud, “la verdadera vida está ausente”, o como lo decía Ruhmi, en el siglo XIII, “la existencia de este mundo no está en este mundo”. Esta afirmación que viene de muy atrás, y que le ha volado la cabeza a mucha gente, es porque lo verdadero no está en esta vida. Esto es un pestañeo genial y parece que el creador se enoja y de vez en cuando tira un diluvio, no le gusta el comportamiento de las creaturas debajo del cielo.

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Existe una fotografía de la Gabriela Mistral con una actriz mexicana, donde la actriz está con un sombrero increíble. En el comentario de la foto Gabriela Mistral dice: “si yo usara ese sombrero se caería la Cordillera de Los Andes”. Entonces esta actriz le contesta: “bueno, y que se caiga”.

 

 

 

 

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Esa es una respuesta a la Divina Comedia del Dante, él dice “dejad aquí toda esperanza”. Yo soy un hombre que estoy más cerca de la fe y de la esperanza que de la ilusión y la expectativa. Y la fe y la esperanza están en otra parte, entonces no puedes pedir que te las devuelvan aquí. Porque esa no es tu función.

Ahora con respecto a las fotos, ahí está el trabajo loco de ir viendo por instinto y eligiendo bajo el sistema de Stravisnki, buscando similitudes en la unidad. Son todas imágenes de libros, hay sólo dos que vienen de internet. En el fondo es un niño que se pone a jugar mirando con una lupa, porque así salí yo de la clínica a mirar solo libros con fotos. Y ahí empecé a ver estas cosas, a tener estas visiones.

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De ahí es donde parte la nave. “El MAR AÚN SIN COSTA” es el espacio exterior que yo llamo superespacio; no se ve la costa de la luz. La luz escurridiza que está detrás del espacio, detrás de la inmensa oscuridad del espacio exterior, donde no hay nada. A pesar de que dicen que los agujeros negros se tragan hasta la luz, bueno, se la tragarán pero nadie dice dónde va a parar esa luz. En resumen el MAR AÚN SIN COSTA es como el principio “de asoma sus cachitos al sol” la cosa. En el fondo todo está bajo el cielo, como bajo una cúpula, como bajo la escotilla.

 

 

Annapurna

Diego Maquieira

D21 Proyectos de Arte

 

 

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