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	<title>MEDIO RURAL &#187; Talca</title>
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		<title>CUARENTENA TERRITORIAL</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2020 23:31:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[CUARENTENA TERRITORIAL Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.      LA CUARENTENA ES UN ABANDONO CHILE ESTÁ EN CUARENTENA CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO &#160; Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">CUARENTENA TERRITORIAL</h2>
<p style="text-align: center;"><strong>Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA CUARENTENA ES UN ABANDONO</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ESTÁ EN CUARENTENA</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify; padding-left: 60px;">Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el poema. Allí, como escritores que habitamos territorios lejanos del centro metropolitano, sentimos la cuarentena en tanto confirmación estética y política de la dejación institucional, del vacío que ha dejado la enajenación capitalista sobre el cuerpo flagelado de la patria asediada por un rey pestilente coronado por el aislamiento.</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                    *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">El mundo se terminó, menos mal, es lo que esperábamos durante mucho tiempo, tanto esperamos que llegó después, cuando el deseo estaba perdiendo conexión con el objeto deseoso, o cuando daba lo mismo. El placer no fue de triunfo, sólo de constatación levemente nihilista del fin de un orden que se fundió por obra y gracia de un desequilibrio con la zoonósfera o por un tema de salud pública, no por la movilización social. Los abandónicos, los militantes del colectivo Pueblos Abandonados (en adelante PPAA) siempre postulamos que desde hace mucho rato nos tenían en cuarentena o aislados, porque éramos incorrectos, pero no en un sentido triunfal, porque siempre estuvimos cuarentenados o aislados por razones de (in)correctividad política.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, debimos padecer un aislamiento salvaje en unos pueblos de mierda, no porque lo fueran, sino porque querían dejar de serlo. Es decir, querían padecer la misma sed y hambre de consumo suntuario que los de la capital, querían la misma legitimidad, el ismo nivel de iniquidad que la capital, y de alguna manera lo lograron. Resulta que ahora se protegen de la peste que traen los santiaguinos que quieren venir a pasar la crisis sanitaria en el litoral, en área de ciertos pueblos abandonados que son una sucursal del infierno. Esto me recuerda cuando en periodos de guerra ciertos ricachones iban a capear la guerra en zonas vacacionales. Recuerdo una hermosa crónica de Sandor Marai al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resumen, teníamos razón, pero nuestro objetivo era no tenerla, y fue justo al revés. Hemos fracasado una vez más. Uno hubiera esperado tener en estos pueblos de mierda una peguita estable en una biblioteca municipal, por dar un ejemplo o en el departamento de cultura municipal, pero esos trabajos estaban reservados para los poderes fácticos que ponían a su gente ahí en donde reinaba la poderosa razón municipal. Y ahí sufrimos más que humillaciones, nos omitieron. Tanto es así que ni siquiera nuestros textos están en el catálogo de esas malditas bibliotecas municipales, debiéramos hacer algo como colectivo (darle una vía judicial, por ejemplo), sólo están los canónicos santiaguinos. ¡Me creerán que no hay ningún libro de mi autoría en la biblioteca público municipal Vicente Huidobro de San Antonio! No es por ser autorreferente, pero ahí hay una ilegalidad que debemos enfrentar, porque sabemos que hubo compras oficiales que implicaba que los libros adquiridos iban a estar en esos anaqueles. Puede que haya uno que otro, pero no los exhiben. En lo personal yo sé que hay un funcionario de la biblioteca de San Antonio involucrado en esta conspiración, el que pretende vengarse por aparecer como personaje de algunos relatos que necesariamente debemos hacer los que suscribimos al colectivo PPAA, dado nuestro objetivo de levantamiento territorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En fin, esta casuística nos sirve para entender la razón profunda de este cuarentenarismo que es un evento o acontecimiento que hace de puente al otro mundo, a un inédito porvenir para el que nos hemos preparado practicando la poética del abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                        *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">Valparaíso tiene, en su parte plana, dos zonas o barrios: El Puerto y El Almendral. La primera ahora es más una zona comercial y de servicios que portuaria, el pasado le da su nombre. Con la pandemia tiene muy poco movimiento; en el muelle para turistas las embarcaciones se mecen con absoluta calma. No hay, no habrá turistas, no hay lancheros ni quienes ofrecen los viajes a gritos y cuentan aguas adentro a grandes rasgos la historia esplendorosa de la ciudad, cada vez más lejana. Aun así, se ve movimiento de grúas detrás de las rejas. El Puerto sigue funcionando.</p>
<p style="text-align: justify;">Los que andan a pie se miran unos a los otros, porque en el otro está enfermedad. La mitad anda con máscara. Camino por el borde costero con un amigo, no he visto ninguna mujer. Compramos cerveza en una botillería que funciona como cualquier día, la tomamos en una placita. Hay otras personas que sufren el encierro y han salido, que fuman cigarros o marihuana cerca, que pololean. Ninguno anda con mascarillas. Tampoco lo hace un joven que mira por todos lados qué rescatar. Su caminata es rápida. La crisis para muchos habitantes de Valparaíso estará en el reciclaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra cuarentena es la mentira. Lo sabemos: no son ni serán cuarenta días sino quince y así, de quince en quince nos vamos, <em>en la medida de lo posible</em> como dijo Patricio Aylwin. Entonces Puerto Montt intenta hacer una quincena pero no puede, no le sale. En el fondo así siempre se ha ido construyendo nuestro abandono. Hecho de una tracalada de eufemismos y plurales de cortesía. Palabras que se suponía eran provisorias, desechables. Mi viejo me dijo una vez que eso en el rubro la construcción tiene un nombre, “ponerle un provisorio definitivo”. Y vamos poniéndole provisorios definitivos. Son palabras tramposas como la palabra: teletrabajo, mascarilla, alcohol gel. Puro jurel tipo salmón, o peor aún, puro salmón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                               *                     *                     *</p>
<p> “Me importan un carajo los pueblo pequeños” dice el personaje en una película polaca que vi hace poco; los demás se ríen con ese aire de arrogancia de quien cree un mérito personal el vivir en la gran ciudad a la que considera centro del mundo. Pues bien, esa fantasía se desmorona hoy con este encierro físico y simbólico. Después de llegar a extremos de refinamiento como pagar fortunas por un plato de aire o consumir hasta el hartazgo cuanta novedad les ofrecía el mercado, están descubriendo que lo único necesario es el aire para respirar. Lo mínimo para sobrevivir y ojalá soñar con días venideros. El frenazo los vuelca hacia el espacio que nosotros, los pueblerinos conocemos tan bien: cada gesto tiene su peso, su consecuencia, su profundidad. Todos los citadinos creídos quieren ahora lo que tenemos nosotros”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Está rodeado. Desde afuera</p>
<p>la casa se encoge en plena cuarentena.</p>
<p>No hay visitas ni paseos,</p>
<p>sola está la familia.</p>
<p>Abre el piano</p>
<p>y se dispone a ejercitar</p>
<p>los mismos cuatro acordes</p>
<p>de la conmoción de lo inmediato,</p>
<p>madera y acetato de todos los días.</p>
<p>Las notas alternan</p>
<p>entre lo clásico</p>
<p>y el monocorde. Está a salvo:</p>
<p>la epidemia acecha todo</p>
<p>menos la rutina.</p>
<p>Es un broche –se dice–.</p>
<p>Un himno.</p>
<p>Es una hermosa película sin protagonistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Pedro Rubilar tuvo muy mala cueva. En agosto el área administrativa se fue a paro, y a pesar  que la empresa de aseo era externa, igual  un día las llaves de los baños dejaron de circular teniendo que manguerear los wáter desde una ventanilla. A mitad de octubre la gente salió a marchar y quemaron el Otto Shop, quebraron las vitrinas del banco, una noche los pacos se cebaron apaleando pingüinos y una mañana llegó el finiquito por mail:    SERVILIM Ltda lo invita a una reunión extraordinaria con el fin de revisar su situación laboral.  A la semanas Rubilar cobró y a fines de febrero tomó una micro a Iloca y arrendó una cabaña en La Puntilla, estuvo cuatro días durmiendo,  sintiendo el arrullo del mar en la orejas y nunca pensando en lo que podría venir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Hemos pasado de ser el ombligo del universo a convertirnos en una mota de polvo en la periferia. Avanzamos extrañados y sorprendidos desde el último tentáculo de la tromba hacia el sol negro en medio de la galaxia. No somos nada.  No hay centro en lo profundo del infinito.</p>
<p>Pero sí, somos animales jerárquicos, monos hechos de agua, tierra y luz, como el resto de la jungla. Y gravitamos como idiotas frente al más pesado de la manada. Yo soy el simio que mira desde afuera, desde la rama clave, observando. Ignoro sus cabriolas y su vanidad. Soy un hijo más de esta bestia que somos entre todos. Desde acá lanzo mi grito y sé que me van a escuchar mis hermanos también en las afueras. Desde acá entiendo que todo es una extraña ilusión. Que en cualquier momento todo se transforma. Que nada es para siempre, que todo lo sólido se difumina en el aire.</p>
<p>En medio del caos, es hermoso saber mi procedencia y entender que mi camino viene y vuelve hasta mi pequeño pueblo abandonado. Como muchos, vivo en una eterna forma de cuarentena. Eso me ha mantenido vivo hasta ahora. No soy un escritor de Nueva York, lo digo con orgullo y yo diría con alivio. No me alimento del contacto con otros gusanos en la botella. Es difícil que me infecte de sus artificios. Estoy fuera de la botella, pero no tengo miedo de estar solo, masticando mis confusiones y mis verdades. Cada cierto tiempo acudo al llamado de mi jauría de bestias imaginarias. Voy hacia ellas, como ahora, moviéndome con soltura en medio de una selva que se mueve lentamente, que avanza hacia ese sol oscuro que terminará por devorarlo todo.</p>
<p>Gran parte del camino, lo hago sonriendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Fue cuando las ciudades fueron recuperadas por los animales. Cuando los ricos por primera vez consideraron a los pueblos y ciudades pequeñas como lugares de protección frente a la pandemia, pero no se habían dado cuenta que después de tantos años de abandono por parte de ellos y de sus metrópolis, ya era demasiado tarde. Lo de los animales salvajes volviendo a los lugares que les habían sido arrebatados por la civilización ni siquiera eran una metáfora, Los abandonados se hacían presentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Enrollada en la sala mira con enfado porque le he estropeado la siesta. La tristeza se vuelve un animal obeso cuando la domesticas, le digo. Iré con una botella de espumante de paseo al balcón y no la voy a llevar. Por eso está nerviosa, no le gusta estar sola. Está encerrada como esos locos que se esconden en la pieza del fondo para que las visitas no los vean. Se ha vuelto una tristeza de mierda. Antes era una tristeza digna, vagaba por la pampa forajida y amarilla. ¿Es válido amansar la tristeza? ¿Volverla educada? ¿Enseñarle modales? Las burbujitas del champagne se agarran de la copa. El paisaje desde el balcón presume una inercia de quirópteros y en el horizonte hay un surco congelado de lagartos. Llovizna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi calle es un país en cuarentena. Punta Arenas es un planeta invernal al interior de un sistema de solar en cuarentena. Quizás porque nos hemos vuelto islas que se desgajan en la geografía de la ausencia y esperamos que vengan a rescatarnos  desde el espacio exterior. Eso somos, animitas en medio de la acera evocando el momento de la colisión. Y es que el cuerpo saqueado de la patria siempre estuvo en cuarentena. Así fue siempre el país que en ocasiones servía para el asombro veraniego del mochilero y que los inviernos bautizaron con tantos nombres olvidados. Olvidados y vueltos a olvidar. Miren, allá va el viento llevándose mi camisa hacia extensiones coironales o acantilados sin luz, quiere una bandera como emblema de su soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marcelo Mellado (Valparaíso- San Antonio)</p>
<p>Cristóbal Gaete (Valparaíso)</p>
<p>Oscar Petrel (Puerto Montt)</p>
<p>Rosabetty Muñoz (Ancud)</p>
<p>Jose Tomás Labarthe (Curicó)</p>
<p>Claudio Maldonado (Talca).</p>
<p>Cristian Geisse (Vicuña).</p>
<p>Cristián Vila Riquelme (Algarrobito).</p>
<p>Yuri Soria Galvarro (Puerto Montt).</p>
<p>Oscar Barrientos Bradasic (Punta Arenas).</p>
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		<title>La nueva inmigración en el Maule</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 22:43:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Stefano Micheletti</h6>
<p>Durante los últimos cinco años la Región del Maule ha visto cambiar en términos cualitativos y cuantitativos el flujo inmigratorio internacional; el ritmo cansino que caracterizaba la llegada de extranjeros, ha dejado espacio a un dinamismo que no se había visto antes por aquí, haciendo eco de la tendencia de marcada aceleración del proceso que se está dando a nivel nacional. Eso sí, con características locales, propias: será interesante ver que sucederá con esto en nuestras “ciudades fritanga” y en los campos del “exilio interior” que hoy se codean con la agroindustria de exportación.</p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col1.jpg"><img class="aligncenter wp-image-773" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col1.jpg" alt="col1" width="600" height="372" /></a>DE LAS PEQUEÑAS Y GRANDES HISTORIAS</strong></p>
<p>Víctor es un niño chileno y francés de tres años; dentro de unos pocos meses estará hablando, lo suficiente para darse a entender por toda su familia en dos idiomas. Vive en Talca con sus padres, luego de haber nacido en Dijón, en la Borgoña. Llegaron al Maule después de un año en Valparaíso y mientras buscaban una casa dormían en su kombi a orillas del Río Claro, aunque los sábados por la noche tenían que irse, porque las carreras de auto se tomaban el balneario.</p>
<p>Mónica tiene once y es colombiana; su mamá conoció a un chileno por chat y apostó por venirse. Se tuvo que quedar con su abuela un año en Bogotá, antes de poder alcanzar a su nueva familia en Curicó. Cuando fueron a buscarla con su hermana mayor, en la frontera las mandaron a todas de vuelta: no tenían el dinero suficiente para demostrar su autosuficiencia, al menos durante los primeros meses. Por suerte, en unos días pudieron juntar unas lucas y luego de una semana en Tacna, pasaron.</p>
<p>Creo que a Ottavio, que venía de Italia en avión para hacerse cargo de una plantación de avellanas en San Rafael por cuenta de una gran empresa, no le preguntaron cuánto dinero traía. Pero bueno, éste es otro cuento…</p>
<p>Clara venía de Nicaragua y aunque en Talca no encontró muchos compatriotas, se salvó con el Parque Industrial, al lado de la Faustino González; durante los primeros seis meses de la nueva vida chilena iba día por medio a recoger la verdura que botaban. Ahora las cosas andan mejor, y para ella es obra de Dios.</p>
<p>Damaris es ecuatoriana y vivía en Parral; ahora está en un centro del Sename en Linares. Tenía la autorización de sus padres para venir a trabajar a Chile en casas particulares, pero no la acompañaba su familia. De noche dormía en un cité con dieciséis ecuatorianos más. En diciembre, sus tías fueron formalizadas por los delitos de trata de personas y manejo ilegal de inmigrantes.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-774" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col2.jpg" alt="col2" width="600" height="349" /></a>Historias, como muchas otras, con sus pequeños dramas y alegrías. Historias que hoy día contribuyen a cambiar comunidades que desde hace varias décadas no se enfrentaban a un proceso de inmigración. Y en realidad, lo que entendemos por inmigración históricamente, poco tienen que ver con lo que está pasando hoy en el Maule.</p>
<p><strong>DE CUÁNTOS Y QUIÉNES</strong></p>
<p>Hay que ser claros: el número de inmigrantes sigue siendo muy bajo en términos absolutos y relativos, pero la tendencia al aumento es evidente. Entre el año 2010 y el 2014 el número de visas entregadas a nivel regional ha alcanzado una tasa de crecimiento anual del 22%. Según la encuesta CASEN, en el 2013 éramos 2.743 los inmigrantes en el Maule y ahora estamos bordeando los 6.000. Con algunas novedades interesantes.</p>
<p>Luego del período de colonización europea, que en la Región duró hasta los años ‘60<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a>, han llegado algunos inmigrantes, esencialmente de origen peruano, argentino y boliviano. Sin embargo en los últimos años esta dinámica ha sufrido modificaciones: si revisamos por ejemplo las casi 4.200 visas (temporarias, por contrato laboral y para estudiantes) que han sido tramitadas en la región entre el 2010 y el 2014, podemos ver que Colombia (744) y Ecuador (486) son los países que más representación tienen. Esto significa además que hoy existe mucha más posibilidad de que lleguen al Maule personas afro descendientes, de piel negra, y será interesante ver cómo reacciona la sociedad maulina ante esta nueva realidad.</p>
<p><strong>DE LAS CATEGORÍAS CLÁSICAS Y LAS NUEVAS REALIDADES</strong></p>
<p>El Maule se siente más blanco que mestizo, es más patrón que inquilino. No, en realidad es como un inquilino <em>apatrona’o. </em>Es conservador y todo el mundo aquí tiene bastante claro cuál es su lugar. Ahora, tener que enfrentarse a esto de la inmigración puede presentar sus complicaciones.</p>
<p>El estereotipo, que es el primer salvavidas al cual aferrarse en tiempos de incertidumbre, va a quedar corto rápidamente, ya que el panorama se complejiza: seguirá existiendo el inmigrante vulnerable, dispuesto a vivir en condiciones muy precarias, pero están llegando también personas con niveles educacionales más altos, con otras competencias y con proyectos nuevos.</p>
<p>El inmigrante de hoy no es solamente el pobre en busca de trabajo, impulsado por factores económicos y laborales. El inmigrante no es solamente hombre. Origen y destino no se perfilan como dos lugares distanciados en el tiempo y el espacio. El inmigrante es mujer, y es una mujer conectada con su memoria, su familia, su casa. El inmigrante es persona antes que trabajador: se mueve porque se enamora, para reencontrase con un hijo, para tener nuevas experiencias de vida.</p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-775" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/col3.jpg" alt="col3" width="600" height="389" /></a></strong>Por lo demás, no se trata solamente de transición, movimiento, ida y vuelta; la inmigración también puede construye proyectos de vida interculturales. Según datos del Ministerio de Desarrollo Social, por ejemplo, el número de nacimientos anuales de hijos/as de padres chilenos ha disminuido del 1,8% entre el 2010 y el 2014. En el mismo periodo, los/as hijos/as de parejas mixtas (chileno/a con inmigrante) ha aumentado del 40,3% y los/as hijos/as de padres extranjeros de un 75,3%.Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación de chilenos y chilenas con origen bi-cultural, que representa por un lado una oportunidad extraordinaria a nivel cultural e identitario, pero por otro una complejidad mayor; esto requiere, de hecho, un giro importante a nivel social.</p>
<p>Se requiere un trabajo serio con las “categorías” populares clásicas (en el sentido que son bien conocidas por todos) asociadas al inmigrante: si se ve “negro”, no es puta o narco. Tampoco es prieta, como suelen decirles en Antofagasta a las mujeres colombianas. Si se ve “negrito” no es esclavo (sí, aún se usa). Si se escucha “tano”, no es mafioso. Ah, y los franceses también se bañan.</p>
<p><strong>DE LAS PRIMERAS Y GENERALES CONCLUSIONES</strong></p>
<p>Todo esto es relativamente nuevo para el Maule; el roce con la diversidad se vuelve una realidad cada vez más cotidiana, y hay que comenzar a re-pensar el ABC de la convivencia. Primer tema, fundamental, y corriendo el riesgo de decir obviedades (que sin embargo hay que aprender): comprender que inmigrar es un derecho. Nadie es “culpable de inmigración”.</p>
<p>En segundo lugar, el Estado y la Academia en general tienen algunas tareas en esto; conocer más y mejor el fenómeno social de la inmigración en el Maule, e interpretarlo desde una perspectiva local: lo que sucede en Talca o Curicó es diferente a la situación de Santiago o Antofagasta.</p>
<p>Por último, si los procesos ligados a la inmigración hasta el momento han sido trabajados débilmente a nivel local porque se trata de una temática emergente, es importante actuar para fortalecer la integración entre la comunidad extranjera y local. Las condiciones de convivencia aún no están dadas, hay que conversarlas y construirlas, y se requiere el esfuerzo de todos: para ello, es necesario ejercer una actoría social colectiva, informada y solidaria, que sea fruto de la movilización consciente de los inmigrantes y que tenga acogida en la sociedad local.</p>
<h6>[1] P<a href="#_ftnref1" name="_ftn1"></a>odemos señalar la colonia italiana en San Manuel de Parral (1950), y la alemana Colonia Dignidad (1960)</h6>
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		<title>La obra magna de Pedro Nolasco Cruz (1857-1939) Por una crítica policial</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 14:37:57 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Mario Verdugo Su prontuario indica a Talca como lugar de nacimiento y a la tierra chilena como agente de moderación en sus ideas. Enemigo del modernismo, el naturalismo, el baile, la chicha, los poetas populares y casi todos los demás poetas, el autor de Murmuraciones y Flor de Campo habría de convertir a la crítica literaria en un equivalente [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Mario Verdugo</h6>
<h2 style="text-align: justify;"><strong>Su prontuario indica a Talca como lugar de nacimiento y a la tierra chilena como agente de moderación en sus ideas. Enemigo del modernismo, el naturalismo, el baile, la chicha, los poetas populares y casi todos los demás poetas, el autor de <em>Murmuraciones</em> y <em>Flor de Campo</em> habría de convertir a la crítica literaria en un equivalente de la detención por sospecha</strong></h2>
<p>&nbsp;</p>
<h2>UNO</h2>
<p>Cruz debuta como escritor publicado en 1881. Sus <em>Fantasías humorísticas</em> se inspiran en una concepción horaciana de la sátira, aquella que sugiere alternar lo jocoso y lo serio sin establecer claramente cuando se es lo uno y cuando lo otro. A este impasse teórico –acaso en combinación con el equívoco título– se debe atribuir el desconcierto con que por entonces reaccionan los lectores: risas en cuanto Pedro hace gala de su seriedad, rostros impasibles o fastidiados en respuesta a las escenas de divertimento. Ni las chacras del Valle Central, donde Pedro ejerce ya la agricultura; ni los nobles bufetes de Santiago, que el talquino descartara de su vida por amor a la tierra, figuran aquí como espacios predominantes. El jurisconsulto y futuro crítico aparece más bien en la antigua Roma, o volando entre las nubes que los dioses de esa ciudad tendrían por hogar. A raíz de circunstancias temporoespaciales que no se especifican, tanto Júpiter como Mercurio parecen compartir las creencias de Pedro, es decir, son casi católicos o católicos sin más, mientras que la Dama de la Justicia (mayúscula en su grafía pero no sin dudas en su belleza) manifiesta un odio parido hacia <em>“los procuradores, los secretarios, los abogados y toda esa caterva de los tribunales”</em>. Tras confesar que hubiese preferido encontrarse y enredarse con una campesina colorada, el protagonista remonta el vuelo en una especie de globo aerostático, al que acaba de inflar con cierto aire rancio, por lo demás barato, compuesto de versos y discursos sobre la libertad y la educación de los pobres.</p>
<h2>DOS</h2>
<p>Todavía fascinado por la lectura de Horacio, Pedro Nolasco insiste al año siguiente de su debut con <em>Murmuraciones: artículos de crítica social y literaria</em>. Ahora le interesa lo útil, sobre todo lo útil, aunque de vez en cuando se siga arrimando a lo dulce. El libro se lo dedica a su prima –la virtuosa Amelia Correa Vergara– y en el prólogo se encarga de aclarar que no se tratará de chismes. Se tratará, eso sí, de combatir las doctrinas liberales, y se tratará también, entre otras tantas cosas muy útiles, de hacer ver la genuina cara del vulgo, una cara de perro que persigue a quien le teme y que se aguacha ante quien lo patea. Como en las <em>Fantasías humorísticas</em>, Pedro empieza describiendo lo que se nos antoja un ambiente onírico, una pesadilla, una alucinación, la clase de ámbitos que atormentan a los desmayados. Allí está él mirándose a sí mismo, ya anciano, sentado frente al escritorio. El anciano Pedro intenta redactar en difícil, como si quisiera anticiparse a la Revista de Crítica Cultural, y al tiempo que va redactando, su habitación se llena de lauchas, sabandijas y un cocodrilo de ojos húmedos. Narcotizado o no, el caso es que Pedro despierta, vuelve a sus cabales, y en las páginas sucesivas tiene la lucidez suficiente como para emprenderlas directa o indirectamente contra cuatro lacras por lo menos: la música que conduce al baile (por sucia), la poesía que se basa en confidencias amorosas (por aburrida), las reseñas que aplauden ese tipo de obras (porque son como felicitar a un hijo feo) y la filosofía que sospecha de Jesucristo (porque sólo la profesan los haraganes, los empleaduchos y los estudiantes imberbes).</p>
<h2>TRES</h2>
<p>Entre 1883 y 1887 Pedro consigue publicar un par de novelas de dimensiones respetables: <em>Flor de campo</em> y <em>Esteban</em>. Confirma con ello uno de los poderes secretos que, en su calidad de músico aficionado, adjudica a la práctica del piano: aumentar de modo notorio la fuerza y la agilidad de los dedos. (Dedos de las manos, se entiende, pues los pies, como ha de suponerse, quedan rebajados por su pensamiento al universo de la baja moral dancística.) Lo que de largas tienen esas novelas, lo tienen de cortos los comentarios al respecto: <em>“lectura liviana”,</em> <em>“lectura atractiva”</em>, y pare de contar. <em>“Debió darse cuenta que nunca descollaría como novelista”</em>, conjetura Misael Correa, su hagiógrafo, de suerte que Pedro posterga simultáneamente sus proyectos agrícolas y narrativos y pronto se lo ve de regreso en Santiago, escoltando a los patriarcas del Partido Conservador y dirigiendo con ademanes trabajólicos la Subsecretaría de Guerra y Marina.</p>
<h2>CUATRO</h2>
<p>Pero los escarceos novelescos de Pedro Nolasco Cruz contienen méritos indesmentibles. Con la perspectiva histórica que proporcionan los cientotreinta años transcurridos, tan sólo un acercamiento mezquino o miope podría ignorar lo que en ambos libros se juega sobre la ruralidad chilena. Inclusive se diría que Esteban, el personaje que da título a la novela del 83, es un sorprendente precursor del Martín Rivas blestganiano, si no tocara la desgracia de admitir que Blest Gana había escrito su novelón un cuarto de siglo antes. <em>Flor de campo</em>, la segunda novela, es como el reverso de la primera: el amor –o lo que pareciese amor– entre un santiaguino millonario, apellidado Pasta, y una provinciana vulnerable, conocida como Menita. Si en <em>Esteban</em> nuestro novelista se sale del relato principal para burlarse de los parlamentarios que tramitan leyes anticlericales, acá se sale para asquearse de la zamacueca y la ludopatía que pervierten el agro. Por un lado está la <em>“sed de lo infinito”,</em> por el otro esa sed nada de fina que desemboca en puñetazos, escopetazos y caballazos. Los dos tipos de sed se enseñorean de las riberas del Claro. Dadas las evidentes coincidencias ficcionales con la vida de Pedro y sus continuos vaivenes entre el campo y la ciudad, el camino no puede sino abrirse en tal momento a la hipótesis autobiográfica: ¿Es Pedro aquel estudiante bigotudo que a cada rato está a punto de resultar triturado bajo los carruajes? ¿Es en realidad el millonario Pasta? La incógnita nunca se resuelve.</p>
<h2>CINCO</h2>
<p>La madurez, la excelencia, la consagración, las alcanza en 1889. Es apenas un cuarentón y ya se permite volcar al papel toda una teoría de la literatura. Sus <em>Pláticas literarias</em> se las ofrenda en esas fechas a quien parece un egregio representante de <em>La Autoridad</em>, cuyos apellidos infinitos son Errázuriz Urmeneta. El planteamiento de Cruz se traduce básicamente en la necesidad de reprimir o destruir las obras que ataquen a la Iglesia Católica, en particular si tales obras se adscriben a una corriente terminada en <em>ismo</em> (naturalismo, modernismo, preciosismo, conceptismo, culteranismo, eufuismo, etc.). A juicio de Pedro, el rol de la crítica debe ser idéntico a un control preventivo de identidad, o mejor dicho a las funciones desempeñadas por Carabineros y la Cruz Roja en las ciudades: revisar las patentes de genio para dar libre paso a los que las tuvieran al día, y estorbarlo a los que anduviesen con documentos falsos; impedir, en última instancia, <em>“que se amontone el mal gusto y forme esos focos de infección que han ocasionado grandes pestes”</em>. Corolario de esta compleja teoría es su tenaz oposición al mecenazgo –ya se refiriera a las platas provenientes del sector vinícola o al apoyo estatal que hoy recae en el Fondo del Libro–, así como su minuciosa relectura del <em>Arauco domado</em>. En el texto de su tocayo Oña, y en contra del veredicto favorable de que éste venía siendo blanco, Pedro detecta graves errores geohistóricos, entre ellos la presencia de góndolas en el río Itata y de panteras y tigres en territorio mapuche.</p>
<h2>SEIS</h2>
<p>El misterio más profundo se cierne sobre al lapso que va de las <em>Pláticas</em> a la muerte de Nolasco Cruz, acaecida en noviembre de 1939. Misterio acerca de su existencia privada, cabe puntualizar, porque en materia bibliográfica su visibilidad sigue rayando en la grafomanía y el encandilamiento. Justo en los albores del siglo veinte sale de imprenta su <em>Manual de Preceptiva</em>, donde se propone enseñar a leer y a escribir en conformidad con los modelos clásicos y las buenas costumbres. En 1904 inaugura su ciclo de ensayos unipersonales con un homenaje a Carlos Walker Martínez, líder del conservadurismo criollo y –en palabras de Pedro– hombrón no sólo avispado sino también de pecho fuerte, contextura atlética y brazos fibrosos. A este ciclo pertenecen además sus trabajos acerca de Lastarria (fulano insoportable en su trato y a menudo un “mendigo de aplausos”), Bilbao (niño prodigio cuya edad mental jamás pudo pasar de los 21 años) e Inés Echevarría (escritora azuzada por satánicos espíritus de vanguardia e incapaz de comprender las verdades del amor, del sexo y, en suma, de nada). La mujer y la madre tierra o la madre naturaleza son temas frecuentes en los tiempos postreros del maulino. En la poesía de Gabriela Mistral, por ejemplo, Pedro echa de menos una declaración más tajante sobre el origen de sus dolores (¿sufre por el hijo, por el esposo, por el amante o por el novio?), y a Marta Brunet la reprende por transcribir el habla de gente salvaje y supersticiosa. El Chile auténtico, no ese espurio Chile mistraliano o brunetiano, Pedro lo busca reflejar en lo que puede considerarse su testamento ficcional, los <em>Cuentos</em> reunidos por Nascimento en 1930. Allí, pese a reconocerse “estéril” de imaginación, se las arregla para columbrar qué atrocidades pensó Darwin de los huasos cuando estuvo en San Fernando, y qué tan extraordinario, repelente o psicoactivo puede ser un viaje de ida y vuelta entre Rauco y Curicó.</p>
<h2>SIETE</h2>
<p>Ardiendo en el tórrido Salón de Investigadores de la Biblioteca Nacional, la ópera magna de Pedro Nolasco Cruz aguarda aún su patrimonialización. Aguarda tal vez a los personeros artísticos de las Rutas del Vino y a los departamentos de extensión del INDAP y del SAG. Aguarda su metempsicosis en carnavales, vendimias y formularios concursables. Aguarda de seguro, como un magma dormido pero impaciente, a las jóvenes promesas de la dramaturgia, la gestión y la filología en las regiones del Maule y de O’Higgins. La tarea de rescate, ya está dicho, no se presenta sencilla y podría poner en franco riesgo psíquico a quienes osen encararla de veras. De suyo intempestivo y huidizo, tanto en lo concerniente a sus trayectorias vitales como a la datación de sus opúsculos dispersos en revistas y más tarde ensamblados en objetos unitarios a pedido del público, Pedro trasciende la muerte con los tres tomos de sus <em>Estudios sobre la literatura chilena</em>. Es el non plus ultra, el tributo que sus amigos libreros le financian in extremis y en la coyuntura póstuma, y es asimismo la oportunidad para calibrar su punto de vista sobre dos problemáticas de primerísima importancia a la sazón: los payadores (tropa de fanfarrones asfixiados en “chicha, regüeldos y fritanga de sopaipillas”) y Joaquín Edwards Bello (portento “de rabia diabólica y de soberbia estúpida”). Respecto a sus tribulaciones más íntimas, no se conservan otros datos fidedignos que unas fotografías donde Pedro despunta en compañía de su familia numerosa, y a veces junto a un perro de genética presumiblemente autóctona. Documentos adicionales, no por completo fiables, hablarán de una ancianidad atemperada por el renovado contacto con la tierra, aunque mucho menos atenta a las veleidades del trigo –o de la remolacha o de las papas– que al siempre incierto germinar de su fantasía y de sus bellos párrafos.</p>
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		<title>Enrique Gómez Correa y el secreto: «el que quiera, con linterna me va a encontrar»</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2015 13:41:02 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[El Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Textos]]></category>
		<category><![CDATA[braulio arenas]]></category>
		<category><![CDATA[mandragora]]></category>
		<category><![CDATA[surrealismo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Sobreviviente al fin del mundo, la Mandrágora, el grupo surrealista más radical de América se apresta a celebrar 75 años en el más completo e incómodo de los silencios. La reedición del libro <em>Reencuentro y pérdida de La Mandrágora</em> es su más actual vestigio y sumergirse en su autor, Enrique Gómez Correa<strong>, </strong>es la clave para comenzar el despunte de un misterio sin final posible.</p>
<p>Por Eduardo Bravo P.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-560" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_1.jpg" alt="mandragora_FOTO_1" width="500" height="363" /></a></p>
<p>Por una ventana mal cerrada del Chino Lyonta escapa luz, vértigo y música. Quizás aún se puede beber con el hielo justo y negro porque el bar de calle 5 Oriente, en Talca, abre cuando la vigila se transforma en sueño.</p>
<p>“Hay que ser absolutamente modernos”, decía Rimbaud. “Hay que ser absolutamente luminosos”, apunta Gómez Correa.</p>
<p>«En este instante político que enfrentamos, próximos a celebrar el tercer aniversario del terremoto, es imprescindible reencontrarnos y perdernos junto a la Mandrágora: porque todo designio se cumple, todo azar junta las paralelas y  toda luz se reintegra a la tiniebla».</p>
<p>Citando en parte a sus propias ganas, y por sobre todo a Enrique Gómez Correa; el poeta Guillermo García envía este correo electrónico desde algún hotel de Japón, dando cuenta de la importancia de los tiempos para el reencuentro con la Mandrágora.</p>
<p>El 12 de julio de 1938 el grupo entra en escena. Sabiendo que la misión es suicida, se lanzan contra los faroles incandescentes de la época: Neruda y Huidobro. «Tened presente siempre las palabras del autor de Los Cantos de Maldoror: La misión de la poesía es difícil. Ella no se mezcla con los acontecimientos de la política, con la manera en que se gobierna un pueblo, no hace alusión a los periodos históricos, a los golpes de Estado, a los regicidas, a las intrigas de cortes. Ella no habla de las luchas que el hombre emprende y sólo, por excepción, con él mismo, con sus pasiones. Manteneos puros, libre de todo compromiso, libre de toda contaminación. Buscad lo desconocido, penetrad en el misterio. Huid de los concursos, de los premios literarios, de la lepra y de Neruda” (1).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS SIETE NÚMEROS</strong></p>
<p>El nacimiento del grupo coincide con la presentación de la primera revista Mandrágora, el 12 de julio de 1938, a las 18:30 horas.</p>
<p>En total, fueron siete números, el último en octubre de 1943 y entre sus colaboradores estaban los poetas Gonzalo Rojas, Fernando Onfray, Gustavo Osorio y el bailarín del Teatro Municipal, Jorge Cáceres.</p>
<p>En el patriarcado: Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y su hijo Carlos; en el arte visual, Ludwig Zeller, y los pintores Eugenio Vidaurrázaga, otro talquino, y Mario Urzúa. También los músicos Renato Jara, Alejandro Gaete y Mario Medina.</p>
<p>El discurso pronunciado por Enrique Gómez Correa en el salón de honor de la Universidad de Chile no calza: es incómodo como una piedra entre los dientes.</p>
<p>¿Merece festejo? El próximo 12 de julio de 2013 se cumplen 75 años del descubrimiento. ¿Nos volveremos a ver las caras ese día?</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>CATACLISMO EN LOS OJOS</strong></p>
<p>Han pasado casi mil días del terrible y bello cataclismo de Maule y no hay cenizas sobre las calles y techos de Talca, como sucedió cuatro años después de la medianoche del 1 de diciembre de 1928.</p>
<p>El arte de la violencia telúrica mató a 106 personas en aquella época y marcó la personalidad de Gómez Correa, aportando antecedente y designio al grupo poético bautizado con la mítica planta de la antigüedad, que entrega poder, visión y vigor sexual, pero también muerte.</p>
<p>“El que no saber beber la Mandrágora, el fruto que da el tubérculo, se muere” (2), advierte el filósofo Eduardo Klein.</p>
<p>En 1932, y previo a la fundación del surrealismo más radical de América, o coincidente con ello, frente a los ojos de Gómez Correa hace erupción el volcán Quizapu.</p>
<p>“Para nosotros el surrealismo es lo que para Baudelaire fue el romanticismo: la expresión más reciente de la belleza”. (3).</p>
<p>La gigantesca columna de humo del Quizapu llegó a Sudáfrica y dio la vuelta al mundo. ¿Estallará algún volcán maulino en 2014?</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-561" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_2.jpg" alt="mandragora_FOTO_2" width="500" height="649" /></a></p>
<p><strong>TALCA, JULIO DE 2012</strong></p>
<p>No fue el azar. Gómez-Correa nos presintió a todos la fría tarde del 11 de julio de 2012 en el incómodo acto poético de reedición de su libro <em>Reencuentro y pérdida de la Mandrágora</em>. Estaba el intendente de la región maulina, Rodrigo Galilea. Había escritores y poetas, también empresarios como César Aldana, hijo del impresor del primer libro de Gómez-Correa, Julio César Aldana. Y gente que deambulaba por la calle y que entró, no por azar, a su propio cuarto oscuro y fosforescente.</p>
<p>El anfitrión era el hijo del poeta, Xavier Gómez Bravo.</p>
<p>Al final de la ceremonia, el intendente Galilea recibió del poeta Guillermo García el imperativo de bautizar una de las calles de Talca como Mandrágora, en honor al colectivo poético surrealista que nació acá, en la capital del trueno.</p>
<p>“Para conmemorar los 75 años se me ocurren tres cosas”. Marcelo Mendoza estaba en el homenaje. El editor de la más reciente reedición mandragórica sueña despierto: “Primero, en Talca, lugar de origen, una hermosa Plaza La Mandrágora, con esculturas y centro cultural al aire libre; Segundo, una plantación de mandrágoras en el Parque Forestal de Santiago; Tercero, una exposición itinerante y más reediciones de sus libros”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>REENCUENTRO Y PÉRDIDA</strong></p>
<p>Fue Mendoza el responsable de la hermosa edición facsimilar de <em>Reencuentro y pérdida de la Mandrágora</em>, que se terminó de imprimir en junio de 2012 y es el primer libro de la Colección Surrealista de Mandrágora Ediciones del que se hicieron 500 ejemplares con aportes del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura.</p>
<p>Es la reaparición en Talca de un libro extraviado: de un texto misterioso con la ilustración en clave de una cabeza humana como mapa de sentidos, en portada, y con el famoso retrato que René Magritte realizó de Gómez-Correa en 1953, de contratapa.</p>
<p>Impresa en 1955, la obra en versión 2012 es generosa y amplia. Su formato es más grande que el original -ex profeso- para convertirse en un nuevo objeto, entre nuevas manos, y nuevos ojos.</p>
<p>“Es un poema escrito en 1953 que él publicó como libro, diría folleto, en 1955”, aclara el editor. Ocurrió “cuando dos de sus compañeros de ruta habían dejado su ortodoxia surrealista en el ropero y el otro ya había muerto”.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-558" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_3.jpg" alt="mandragora_FOTO_3" width="500" height="673" /></a></p>
<p><strong>-¿Lo de pérdida del título es por la destrucción del grupo? </strong></p>
<p>-“Lo de pérdida del título no es por ello; no es por el grupo, y tampoco es por la pérdida de la magia de la planta alucinógena, sino que es por la alquimia de eros. Como se verá, es un poema de amor perdido, en donde los hablantes son indistintamente, hombre y mujer, pero mandrágora ambos.</p>
<p>En su edición original, este poema es acaso el libro más difícil de hallar del difícil de hallar poeta Enrique Gómez-Correa”.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LA VIOLENCIA COMO ACTO CREADOR</strong></p>
<p>“Creía en la violencia como móvil del mundo y de la vida, aunque nunca pegó un tiro”, escribe Mendoza en el prefacio.</p>
<p>Como periodista primero y amigo después, tuvo el privilegio de conocer al poeta desde cuando los médicos le diagnosticaran un cáncer terminal a la espalda, que no lo mató en un par de meses, como auguraban, sino que lo mantuvo con vida hasta 1995. Para eso, relata, le construyeron una cama jardín, rodeado de plantas, en el garaje de su casa que le habilitaron como una suerte de gran dormitorio biblioteca y laboratorio de alquimias, lleno de sus libros más cercanos. Y de sus amigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA VIOLENCIA COMO ESTÉTICA</strong></p>
<p>Gómez Correa se mantuvo fiel a la estética de la violencia que proclama La Mandrágora. “Él era la Mandrágora” (5).</p>
<p>Su carrera diplomática en vida, sin embargo, fue lo más lejano posible a la idea de alteración del orden público o de sufrimiento, lo suyo era más bien la dislocación de los sentidos como fuerza creadora.</p>
<p>Y es por eso que aclaraba que su violencia no era represiva. “Estoy con la violencia del acto creador: la del volcán que lanza la lava; la de la tierra abriéndose (…) la del acto del nacimiento, cuando la madre puja y sale el niño y grita. Y se estremecía con la brutalidad geológica, porque esos movimientos feroces eran el origen de todo”. (4).</p>
<p>Nacido en Talca, en 1915, ideó el huevo mandragórico en los patios y en la biblioteca del Liceo de esta ciudad. Acá conoció a Braulio Arenas que aportó los metales del norte chico, y a Teófilo Cid que trajo del sur la fuerza vegetal. El resto cuajó en Santiago.</p>
<p>Aunque la explosión volcánica, ya sabemos, corrió por su cuenta, hasta el final de sus días.</p>
<p>«La Mandrágora nace junto a la Guerra Civil española. Eran los tiempos del Frente Popular, cuya fórmula había triunfado en Europa y Chile. Han pasado casi 75 años y la historia -cíclica, misteriosa y alquímica- parece repetirse”, dice Guillermo García. Porque la reedición de sus libros es una tarea necesaria y fundamental: “no se puede transitar por un mundo convulso y menos por una ciudad volcánica como Talca, sin llevar en nuestras mochilas las voces de estos cuatro jinetes».<br />
<strong>EL HIJO</strong></p>
<p>Hoy Xavier Gómez, el hijo de Enrique Gómez Correa, mira con frialdad la relación que establecemos quienes no habitamos el círculo familiar. Y como la sangre desde fuera congela los vasos comunicantes, dejémosle conmovido frente a la imagen de su padre y veámoslo entusiasta por preservar los libros y la estética surrealista, abierto sobre todo a nuevas utopías en un mundo -que a decir de Michel Houellebecq- «es un supermercado».</p>
<p>“A sus 75 años, más que recordar un movimiento creativo que no pocos poetas criticaron, la Mandrágora se nos presenta como una urgencia en turno a la necesidad de nuevas utopías, de esas que mueven el mundo. Las habrá siempre nefastas y otras aparentemente inofensivas, pero quizás más peligrosas porque nos hablan de una libertad inalienable, en torno a las máximas e inexploradas potencialidades del Hombre.</p>
<p>¿Egocentrismo antropocéntrico? Es muy probable que así lo sea&#8230;.”, dice Xavier. “¿Y qué más da, si muchas veces son éstas las que nos recuerdan para qué estamos aquí? Gómez Correa -a quien, por cierto, conocí como hijo-, en el silencio de su enfermedad, de su hogar y de las tribulaciones cotidianas, jamás quiso renunciar a esos sueños, los que consideraba más reales que sus restos, hoy perdidos en el Cementerio General”.</p>
<p>Así fue Gómez-Correa, agrega el editor Marcelo Mendoza: “sin golpear puertas editoriales y con el sello de Ediciones Mandrágora hasta su muerte, con una distribución y difusión casi confidenciales, dirigida sólo a iniciados, pues ‘he querido ocultarme. El que quiera, con linterna me va a encontrar. Me gusta la luz del secreto”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>POEMA</p>
<p>El reencuentro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Yo amaba las ciudades, los puentes</em></p>
<p><em>¿Sabéis lo que son los puentes?</em></p>
<p><em>¿Acaso no sabéis que yo vivo en este puente que une la vigilia con el sueño?<br />
Exactamente</em></p>
<p><em>La mirada lanzada a los espacios que separan tus ojos de los míos.</em></p>
<p><strong> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_4.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-559" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/06/mandragora_FOTO_4.jpg" alt="mandragora_FOTO_4" width="500" height="415" /></a></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>LECTURA DE FOTO 1</strong></p>
<p>Gómez Correa puede ver, tiene los ojos cerrados cuando conversa con Jorge Luis Borges. El autor de Fervor de Buenos Aires es ciego, pero mira. “La influencia de la Mandrágora es secreta, sus adeptos mantienen el secreto”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LECTURA DE FOTO 2</strong></p>
<p>La mandrágora es una planta de la familia de las solanáceas, cuya raíz tiene una curiosa conformación humana. Cuando esta raíz es negra tiene la forma de una mujer, y cuando es blanca representa a un hombre. No se le puede arrancar directamente de la tierra, bajo pena de morir inmediatamente. Pero quien logra la posesión de la mandrágora tendrá el poder, el amor, la riqueza y el conocimiento. (Revista Mandrágora N° 4, Santiago, julio de 1940).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LECTURA DE FOTO 3</strong></p>
<p>Portada de <em>Reencuentro y pérdida de la Mandrágora</em>, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LECTURA DE FOTO 4</strong></p>
<p>Enrique Gómez Correa ilustrado por René Magritte, 1953.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><sup>CITAS:</sup></strong></p>
<ul>
<li><sup>Enrique Gómez-Correa, </sup></li>
<li><sup>Documental <em>La Mandrágora, el surrealismo chileno nació en Talca</em>. Dirección: Eduardo Bravo Pezoa. Fondart 2005.</sup></li>
<li><sup>AGC de la Mandrágora, Santiago, 1957.</sup></li>
<li><sup>Marcelo Mendoza, entrevista Gómez Correa en Revista Apsi, N° 198, 27 de abril de 1987.</sup></li>
<li><sup>Braulio Arenas.</sup></li>
</ul>
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