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	<title>MEDIO RURAL &#187; parra</title>
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		<title>Anotaciones sobre un viaje con Leopoldo María Panero a Santiago de Chile (noviembre de 2004)</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 13:27:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Bruno Montané Krebs Fotos de Héctor Labarca Rocco “Si hay luz, no hay dinero ni pistolas.” L.M. Panero &#160; UNA NOTA ONCE AÑOS DESPUÉS Escribí estas anotaciones en un lapso de tres o cuatro días. Las primeras las escribí en el aeropuerto de Las Palmas de Gran Canarias, esperando el avión a Barcelona, poco rato después de haberme despedido [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Bruno Montané Krebs</h6>
<h6>Fotos de Héctor Labarca Rocco</h6>
<h2 style="text-align: right;"><em>“Si hay luz, no hay dinero ni pistolas.” </em><br />
<em>L.M. Panero</em></h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA NOTA ONCE AÑOS DESPUÉS</strong><br />
Escribí estas anotaciones en un lapso de tres o cuatro días. Las primeras las escribí en el aeropuerto de Las Palmas de Gran Canarias, esperando el avión a Barcelona, poco rato después de haberme despedido de Leopoldo María Panero, que acababa de subirse a un taxi que lo llevaría de vuelta al hospital psiquiátrico. El viaje a Santiago fue muy intenso. Estuvimos exactamente una semana, llegamos un domingo y volamos de vuelta a España el domingo siguiente. Aún recuerdo la sensación de rara felicidad que transmitía un Panero que aseguraba que Chile le gustaba porque lo dejaban mear en cualquier parte sin gritarle <em>“¡guarro!”</em>, como a menudo le había sucedido en España.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-790" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero2.jpg" alt="panero2" width="600" height="101" /></a></p>
<p>El encuentro de poesía al que le había invitado Roberto Brodsky y Cristian Warken, absorbió la atención de Leopoldo. El poeta se sintió integrado a una variopinta comunidad de poetas y buenos versificadores. Recuerdo a Rodolfo Fogwill abrazando a Leopoldo y besándole en la coronilla, leyendo los poemas de Panero después de que, urgido por las exigencias de la próstata, Leopoldo interrumpiese la lectura para irse al baño. Recuerdo a Parra en el balcón de su casa de Las Cruces pidiendo que le explicaran lo que Leopoldo acababa de decir: <em>“oye, Parra, a ver si escribes un prólogo para un libro mío que se va a publicar aquí en Chile”.</em> Y un rato después, un poco cabreado porque los demás atendíamos fascinados a lo que Parra nos decía:<em> “a ver si ya os ponéis de acuerdo y hacéis un sindicato para torturar a Panero”</em>. El final de la visita lo marcó chistosamente el antipoeta, jugando al escondite y saliendo de improviso para hacer una alegre morisqueta de despedida, mientras el auto de Warken se alejaba de la casa de Nicanor, llevándonos de regreso a Santiago.<br />
Las siguientes anotaciones intentan, no con poca modestia y sobre todo muy fragmentariamente, contar algunas cosas que vi, pensamientos que Leopoldo me contó –y que seguramente ya había expresado a otras personas–; en fin, gestos, frases sueltas y enigmáticas, escenas en la senda de un viaje. Una mirada encarnada desde el papel de <em>“enfermero loquero”</em>, la visión de un secretario de viaje y, sobre todo, de un fugaz amigo.</p>
<p><strong>NOTAS EN 2004</strong></p>
<p>Consignas-chistes de Leopoldo María Panero, habitualmente hechas en el ascensor:<br />
<em>   –“¿Y la virgen?”</em><br />
Entonces tenías que contestarle:<br />
<em>    –“Era una bueeena mujeeer”.</em></p>
<p>Otra:<br />
<em>    –“¿Y la familia?”</em><br />
<em>    –Bieeen, graaacias”.</em></p>
<p>L.M. P.: chistes, salidas paranoico-políticas –suaves quejas o llamadas de atención que parecían sospechas sobre el estado general de la vida en este planeta–.</p>
<p>El primer día que estábamos en Santiago llamó a la mujer con quien tuvo un hijo, que se llama Gedeón. En un poema que le dedica veo cómo se escribe el nombre de esa amiga: Marava.<em> “Brindemos con champagne sobre la nada…” (Poemas del manicomio de Mondragón, 1987).</em></p>
<p><em>Esquizofrenia y capitalismo,</em> de Deleuze y Guattari. El libro estaba en el maletín de Panero que apenas parecía haber abierto durante el viaje, un bolso de lona roja de considerable peso en el que también guardaba sus gafas, el tabaco –por lo menos seis cajetillas–, unas fotocopias de <em>Cadáveres exquisitos,</em> que estaba escribiendo con Félix Caballero –un chaval de Canarias, creo– y otras copias de un trabajo que alguien ha dedicado a su obra. En el maletín también había un libro sobre métrica poética. Éstos son los únicos títulos que recuerdo, aunque en el maletín por lo menos había 10 libros. Leopoldo lo cuidaba como si hubiese sido su tesoro o el botín de su vida.</p>
<p>Me llama <em>La Duros.</em> Yo le digo que él es <em>La Pesitos.</em> Se ríe después de aclararle que no le llamaba <em>La Besitos.</em> Su conmovedor ego esquizoide aplicado al dinero. Cansado, viviendo en su hotel-prisión y quejándose un poco de ello. <em>“Yo no estoy loco”.</em></p>
<p><em>“Tú y Brodsky sois un poco ingenuos”.</em> Cuando le preguntaba por qué decía que éramos ingenuos, obviamente contestaba con evasivas. Ingenuos, pienso, por no darnos cuenta de su reconocimiento en España.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-791" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero3.jpg" alt="panero3" width="600" height="95" /></a></p>
<p><em>“Yo no sé por qué me echan la culpa de ese golpe de Estado contra el rey por haberme creído el Anticristo en Barcelona”.</em> Una de las tesis centrales de<em> Prueba de vida.</em></p>
<p><em>“Me jode que te estoy tomando cariño”</em>. Me lo confesó hacia el cuarto día, mientras desayunábamos en el hotel. Luego cada cual empezó a adoptar una prudente distancia, como si instintivamente hubiéramos caído en la cuenta de que, pasara lo que pasara, cada uno seguía su propio camino.</p>
<p>El bebedor (de Coca-Cola Light) y fumador compulsivo, el bebedor de agua mineral (su bebida chilena). Leopoldo dice que quiere proponerle a la Coca-Cola un anuncio publicitario en el que aparecería bebiendo mientras una voz anunciaría: <em>“¡El monstruo que hace gluglú!”.</em></p>
<p>Cuenta chistes y canta canciones. Recita a poetas franceses, ingleses y españoles. Aunque muchas veces repite esas citas, la sorpresa siempre las hace parecer sorprendentes, como si citara para interlocutores siempre nuevos.</p>
<p>Me contó que quería irse a vivir a un piso, alquilarlo, tener una sirvienta. También dice que quiere tener una editorial de libros de ocultismo. <em>“Si yo no estoy loco…”</em></p>
<p>Panero dice que su mejor libro, o el que más le gusta, es <em>Prueba de vida (Autobiografía de muerte).</em></p>
<p>Las risas inagotables de Warken y Brodsky. Brodsky se equivoca en la salida hacia Las Cruces y Cristian le hace bromas. Vamos a visitar a Nicanor Parra.</p>
<p>Recita muchas veces el poema Réquiem: <em>“Yo soy un hombre muerto al que llaman Pertur…” (primer poema de El último hombre, 1983).</em> En el hospital siquiátrico de Canarias escuché que sus compañeros también le llamaban Pertur.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero1.jpg"><img class="aligncenter wp-image-792" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/panero1.jpg" alt="panero1" width="600" height="372" /></a><br />
Cada vez que lo entrevistaron procuré dejarlo solo con el periodista. <em>“Nunca he creído en la psiquiatría”.</em> La primera vez que dijo esta consigna fue en la muy buena entrevista que le hizo Leonardo Sanhueza. Por otra parte, suprimir la medicación era una negociación que hacíamos a cuento de las entrevistas, porque había pastillas que le relajaban demasiado, lo cual hacía que al hablar apenas farfullase. Adoptaba la claridad del declamador que habla entre dientes, siempre con la voluntad de hacer una declaración poético-política.</p>
<p>Como si no hubiese sido capaz de acordarse del asunto, siempre quería asegurarse de que yo le acompañaría de vuelta a Canarias. También me hizo esa pregunta en Barajas a las 7 a.m., cuando volvíamos de Chile. El policía de la aduana revisó su pasaporte, se lo devolvió y, mientras Leopoldo pasaba por el lado de la cabina, el policía giró la cabeza para mirarle con un gesto muy extrañado (una mirada <em>humana,</em> no profesional). Minutos después un tipo de barba me preguntó si Leopoldo era L.M. Panero. Le respondí que sí. Se dirigió a él y le contó que había seguido su obra y que lo respetaba mucho. L. habló orgulloso de sus colaboraciones en el diario <em>Egin</em>. Luego el tipo me preguntó –un poco en voz baja, como si disimulara– que si Panero estaba bien de salud, creyendo que L. no nos escuchaba a pesar de estar sentado a menos de dos metros.</p>
<p>Lo llamo al manicomio y me dice que padece cansancio de sí mismo. Insinúa que no puede escribir poemas solo y me da entender que de verdad cree en ese libro que ha escrito con F. Caballero, el libro que quiere que Parra le prologue.</p>
<p>La sensación de que Leopoldo ha regresado a una cotidianidad en el fondo deseada. El viaje le gustó, el reconocimiento que recibió <em>(“Claro que me acuerdo de Chile”)</em>; pero parecía no querer perder la seguridad de su internamiento. En algún momento mencionó la palabra <em>inercia</em>, la del interno que padece y consigue ambiguas ventajas de su internamiento y de la inercia de la psiquiatría, una parrafada conmovedora pero un poco críptica…; quizá una diferida llamada de socorro. Le recordé su proyecto de querer vivir en un piso, alquilarlo y vivir con una sirvienta, proyecto para el que no sé si tiene suficiente dinero.</p>
<p>Al final de una conversación telefónica me dice: <em>“Te tengo que cortar porque tengo que ir a hacer la cama”.</em> Me sorprendió este comentario, como si fuera un niño aplicado que no quiere que le den la bronca por no hacer algo que hace rato debiera haber hecho.</p>
<p>Último título de Leopoldo:<em> El pájaro y la oruga.</em> Luego en otra llamada menciona <em>El hombre elefante.</em> Hay que aclarar que hasta la fecha no ha usado ninguno de estos dos títulos.</p>
<p>La despedida. Estamos cansados. Nuestro vuelo de regreso a España ha durado más de 30 horas. Leopoldo toma un taxi que lo dejará en Triana. Le doy la mano y le pregunto si me permite abrazarlo. Acepta el abrazo y, sin mirarme, se sube al taxi. De repente siento una extraña aprensión –supongo que porque Leopoldo lleva bastante dinero– y se me ocurre anotar la matrícula del taxi. Días después, en una conversación telefónica, me cuenta que en aquel viaje en taxi había perdido una maleta, pero no pude saber si se refería a una maleta mía que no había llegado en el vuelo de regreso a Canarias y que días después recuperé en Barcelona, o si se refería a su maleta…</p>
<p>Escribo un texto sobre el viaje. De repente tengo clara la imagen de Leopoldo María tirado en la gigantesca cama del hotel NH de Santiago, durmiendo y roncando, rodeado de ropa desordenada y de un cenicero llenísimo de cigarrillos a medio fumar.</p>
<p>Leopoldo cuenta que como epitafio quiere una lápida donde sólo aparezcan las figuras de un perro y un sol.</p>
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		<title>Entrevista con Sergio Parra: “Nosotros vivíamos en dictadura pero como un colectivo”.</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 21:46:40 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nos juntamos con Sergio Parra, ex poeta y ahora insigne librero y galerista, con la excusa de la pronta reedición de su célebre poemario <em>La Manoseada</em> (1987). Parra no necesita demasiada presentación: por lo pronto, se sabe que fue un poeta influyente de la generación de los ochenta (becario de la <em>Fundación Neruda</em>), que está a la cabeza de la librería <em>Metales Pesados</em> hace más de una década, y que fue el único e incondicional amigo que tuvo Pedro Lemebel desde los años ochenta hasta su muerte el 23 de enero de este año. También es de dominio público que <em>“Parrita”</em> ha sido un agitador cultural permanente en la escena santiaguina y que goza de la singular condición de ser amigo de todos sin esforzarse demasiado. Valgan solo dos ejemplos: su librería lleva el nombre de uno de los mejores textos de poesía de su amigo Yanko González y el 2014 el reputado escritor argentino Fabián Casas le dedicó su libro <em>La voz Extraña</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Digámoslo de esta manera: Parra tiene buen gusto, un gran olfato para los negocios y por sobre todas las cosas, se hace querer.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Yo solo tengo oficio”, </em>se defiende<strong>. </strong></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/11.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-577" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/11-1024x721.jpg" alt="1" width="676" height="476" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Habíamos quedado de juntarnos en <em>Metales Pesados</em> a las once de la mañana pero debido a un imprevisto (un homenaje que se está preparando a Pedro Lemebel en el <em>Museo de la Memoria</em>) el autor de <em>Poemas de Paco Bazán</em> llega tarde a la cita desasiéndose en disculpas, y como recompensa, ofrece pagar la ronda de cafés.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya es casi hora de almuerzo en el centro de Santiago, y la calle José Miguel de la Barra bulle de gente apurada y de los bocinazos histéricos de ejecutivos que manejan sus autos para cruzar tres cuadras.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos acodamos en el <em>Café Lucia</em> que colinda con su librería, mientras Sergio Parra sostiene un ejemplar de <em>Medio Rural</em> en sus manos. Con una risa franca y liberadora, desestima nuestro modesto soborno que consiste en una revista <em>Rolling Stone</em> dedicada a Bob Dylan, uno de sus ídolos. <em>“Ya la tengo”</em>, dice con una gran sonrisa dibujada en el rostro. <em>“De hecho, tengo dos discos firmados por Dylan”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Un punto humillados, lanzamos la primera pregunta: <strong>¿A qué obedece la reedición de <em>La Manoseada</em>?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Mira, lo que pasa es que yo dejé de publicar pero nunca he dejado de escribir. Y «Mandar al diablo al Infierno» fue el último libro que publiqué (1999) pero resulta que mi amigo Pedro Montes Lira<strong>,</strong> con el cual he trabajado en artes visuales, decidió reeditar «La Manoseada» en su editorial «Pequeño Dios»”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra afirma que todas las razones para reeditar el libro son atendibles –por ejemplo, que el libro será publicado en Perú- pero lo que realmente lo convenció fue que esta nueva edición de <em>La Manoseada</em> <em>“va a costar mil pesos”</em>. Parra se alegra que su libro vuelva a circular en una edición popular y de bolsillo: <em>“yo no vivo de la poesía, así que no tiene ningún sentido publicar un texto que no le llegue a la gente”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Parra dice que los tres libros agrupados en <em>Mandar al diablo al infierno</em> (<em>La Manoseada, Poemas de Paco Bazán y Mandar al Diablo al Infierno</em>) responden a una cuestión biográfica. <em>“Cada uno de esos textos tiene un grupo de gente- amigos- que giran en torno a ellos. Por ejemplo, «La Manoseada» me situó en un lugar de la sociedad, en donde me instalé como individuo, y me hizo tener amigos, conversar y vivir, y yo creo que eso es lo más importante”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Estamos hablando de 1987 y son varias los acontecimientos que se me vienen a la cabeza. Primero, ese año viene el Papa a Chile. Segundo, un año antes, en 1986, el El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) comete el fallido atentado a Pinochet. ¿De qué forma crees que el contexto social de la época y la ciudad aparecen en tu libro <em>La Manoseada?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo no tengo respaldos de los poemas que escribí. Incluso cuando me lo pidieron para la reedición tuvieron que escanear el libro de la Biblioteca Nacional. Pero bueno, revisándolo ahora, después de quince años sin leerlo, me di cuenta que en el texto hay una gran cantidad de connotaciones implícitas que hacen referencia al contexto social: la violencia, las relaciones afectivas, los secuestros, los cadáveres, los titulares de los diarios, los detenidos desaparecidos, y por encima de todo, la violación sistemática a los derechos humanos que hubo en esa época, y no solamente en el ámbito político, sino que en la cotidianidad que se vivía en cada calle y en cada barrio de la ciudad”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Hay un pasaje en <em>La Manoseada</em> donde cuentas que mientras el FPMR atentaba contra Pinochet, tú fornicabas con una chica New Wave.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Para mi esa referencia hace alusión a que uno nunca deja de ser joven. Una de las cosas más increíbles que tienen las dictaduras y los gobiernos totalitarios es que pese a todo el horror que implican, no consiguen detener el movimiento de los actores sociales, y especialmente el de los jóvenes. O sea, aunque las torturas proseguían y las desapariciones se mantenían día a día, tú seguías adelante con tu vida, teniendo sexo, fumando pitos, tomando pisco o bailando rock. Y lo mismo sucedía con los torturadores: ellos después de darle un parillazo a un detenido, se iban para la casa y besaban a sus hijos en la frente, comían con su mujer, y luego encendían el televisor”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra escribió un poema memorable en <em>La Manoseada</em> que hace referencia a ese tema:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MADRE</p>
<p>Reina de la cocina sureña<br />
&#8230;.. del piso encerado<br />
no llores en rincones<br />
por tus hijos<br />
llora por ti<br />
llora cuando entra el padre<br />
y enciende el televisor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/31.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-576" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/31.jpg" alt="3" width="340" height="468" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: En una entrevista decías que para ser New Wave no se necesitaba plata, sino que solo bastaba con ser romántico.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo creo que dentro de todo lo que fue la dictadura, y a pesar de que Santiago era sumamente gris, gran parte de esa generación generó los espacios para hacer una vida en la ciudad. Y creo que cuando la poesía está en la juventud es una fuerza que nada ni nadie la puede reprimir. Y me parece que la transgresión está ahí: en la juventud. Después nos acomodamos. En la vejez ya nadie te toma en serio. Y el espacio que existe entre la juventud y la adultez es el espacio de la administración. Tú ves que los poetas se mueven de un lado para el otro, haciendo antologías para seguir vigentes, pero en el fondo eso es pura redundancia. Básicamente, yo siento que los poetas se transforman en inmobiliarias pasados los cuarenta años. Excepto casos como Raúl Zurita que es un capo. Zurita es un tipo que mantiene una utopía que me parece admirable como proyecto poético de vida. Pero volviendo a tu pregunta, creo que la cita tiene que ver con que en esa época éramos un grupo de amigos que estábamos vinculados con la música, la crónica, la pintura y las artes visuales, y siento que se producían cruces de intercambios muy interesantes porque nosotros vivíamos en dictadura pero como un colectivo”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Sostienes que había mucho sentido de comunidad en el arte de los años ochenta.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Como digo en un poema, también era colectivo masturbarse. Es decir, existía una comunidad solidaria entre músicos, poetas y pintores. Recuerda que todos los bares eran mixtos: hombres, mujeres, gays; y eso ya no existe. Lo que se instaló después fue un neoliberalismo que atomizó a los ciudadanos en su individualidad”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Y ese colectivo se quiebra el año 89 cuando el NO gana el plebiscito.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Ahí comienza el neoliberalismo y el desencanto”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Pese a todos los problemas que ustedes sufrieron bajo dictadura tenían un enemigo en común que lograba que funcionaran cohesionados. La generación que vino después se enfrentó a un enemigo abstracto: el capitalismo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Es cierto. Nosotros teníamos una dictadura visible. Un enemigo en común. A la generación que vino después el modelo neoliberal se le instaló en la educación. Y al desmontar toda la educación pública apareció el mundo privado. Entonces las nuevas generaciones ya no pueden distinguir el enemigo porque es muy difícil luchar contra un adversario tan abstracto como el libre mercado. Por eso, y para no parecer tan negativo, me alegra mucho lo que está pasando con la narrativa chilena actual. La generación de Alejandro Zambra, Yuri Pérez y Nona Fernández está haciendo un ajuste de cuentas con los años noventa. Ahí te encuentras con las voces del desencanto que hablan de esos padres frustrados. Es una narrativa que se articula como la voz de una generación desengañada porque entrego un cheque en blanco y cuando lo fueron a buscar no había cheque”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Pedro Lemebel se refería a la ciudad de Buenos Aires en los años ochenta como un verdadero oasis en materia de libertad. También hay una frase de la canción<em> Símbolo de Paz</em> de Charly García que aparece en <em>La Manoseada</em>. ¿A qué se debe toda esa referencia a la cultura argentina?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Eso más bien tiene que ver con lo que yo entiendo como una cultura de sociedad. En Chile la cultura es de la elite y siempre ha estado reducida a un espacio privado. En cambio en Argentina hay una cultura del rock que se manifiesta en la calle. Y la cultura es todo. No tiene que ver con la poesía ni con el cine. Es tú relación con la sociedad y la ciudad en la que vives. También tiene que ver con ocupar sus espacios y caminar por sus calles: es parte de una cultura y de una identidad. Eso existe en Buenos Aires y acá no. Lo que hicieron en Chile fue borrar todo eso e individualizar a cada uno de los sujetos en una parcela de consumo. Y ahora solo trabajamos colectivamente cuando surgen marchas por la marihuana donde todos estamos juntos, y después cada uno se encierra en su casa, y les importa un culo lo que le pasa al otro. En el fondo no somos colectivos en el barrio que es el lugar donde verdaderamente importa”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: O sea, es el tejido social es lo que se ha desarticulado.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Claro, se ha descompuesto el tejido social y vivimos instalados bajos los parámetros del neoliberalismo. Los festivales de la marihuana son un ejemplo más de ese neoliberalismo extremo -aunque todos estén fumando pitos- porque es parte de un show. Porque si convocas una marcha a favor de la marihuana y esta no va acompañada de toda la parafernalia, la gente no irá. No existe nada más allá del consumo cultural y eso habla muy mal del panorama actual”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MD: Colgándome de esto último. ¿Qué rol cumple la poesía en la generación actual y cómo ves la ciudad hoy en día?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“La ciudad ya no aparece en la poesía, y no tiene que ver con que se nombren calles o lugares, la ciudad tiene que ver con un sujeto instalado que está viviendo con intensidad esa generación de espacios colectivos. Y yo creo que la poesía está afectada por este fenómeno. Pero este problema tampoco es exclusivo de Chile sino que de toda Latinoamérica, Europa y Asia. De hecho, yo creo que la poesía está pasando por el peor período en la historia reciente. El poeta debería ser un sujeto con cojones, capaz de instalar ideas en los textos, y mantenerse absolutamente independiente. Pero en Chile es muy difícil porque acá sin un poeta no gana un Fondart no levanta el lápiz”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra sostiene que otro de los grandes problemas de la poesía actual es la ausencia de referentes: <em>“yo vengo de una generación donde contábamos con una genealogía literaria donde los poetas estaban vivos: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, es decir, eran todos autores que generaban una fuerza poética con la que tu tenias la posibilidad de dialogar, y eso ahora se acabó”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Aparte a ustedes les tocó una generación sin caciques y donde las relaciones entre los poetas eran horizontales. </strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Claro, y eran extremadamente generosos. De Nicanor Parra hacia abajo. Ahora en cambio los poetas jóvenes no cuentan con ese contacto con la historia de la poesía. Yo si tuve la suerte de disfrutar de todo eso, y creo que fue un impulso vital para estar en la poesía”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">…</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos terminados los cafés, y Parra sugiere que nos movamos a la librería para seguir conversando porque los <em>chicos</em> que atienden deben irse a almorzar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Tu abriste <em>Metales Pesados</em> hace más de una década cuando todavía no existía el <em>boom </em>del barrio Bellas Artes y Lastarria. Ahí veo dos cosas: la primera tiene que ver con tu ojo comercial, y lo segundo con cierta valentía por apostar por algo que nunca fue un negocio en Chile: una librería.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Siempre he vendido libros, y soy autodidacta, pero también quisimos</em> (con Paula Barría, su socia) <em>abrir un espacio donde uno pudiera transmitir lo que  le gusta. Y como había dejado de publicar –y hasta cierto punto de escribir- fue una manera de formar a los más jóvenes”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Tú hiciste un taller poética en Balmaceda 1215 donde surgieron voces muy importantes de la poesía chilena actual. </strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Si, fue la única vez que hice un taller y ahí apareció un grupo de autores jóvenes de los cuales estoy muy contento: Gladys González, Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Víctor López y Pablo Paredes, entre otros. Después ellos armaron un grupo de poetas (Novísimos)”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: ¿Cómo fue esa experiencia?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo los seleccioné. Cuando postularon era un grupo de treinta y finalmente quedaron doce. Me acuerdo que llegaron con sus cuadernos y yo les dije que se los metieran por el culo, porque yo no estaba dispuesto a leer ninguno de sus poemas, y que los primeros seis meses nos íbamos a dedicar exclusivamente a revisara los poetas vivos, a sus contemporáneos, autores latinoamericanos, y que los poetas muertos los podían ir a ver a la Biblioteca Nacional. Leímos a chilenos, peruanos, argentinos y colombianos. Escritores que tenían su misma edad y que vivían en ciudades similares a las suyas. Lo más importante para mí era que se trataba de poetas que escribían en su misma lengua porque yo no iba a cometer la siutiquería de estar leyendo poemas en alemán o inglés cuando con suerte uno sabe balbucear su propio idioma.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Transcurridos los seis primeros meses, leyeron sus poemas, y supongo que para ese entonces ya habían botado todos esos textos que trajeron bajo el brazo la primera clase. Si recuerdo que les dije una sola cosa. Si son honestos van a viajar. Y de un día para otro ellos estaban viajando a Berlín, Madrid y Buenos Aires”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Por último, ¿qué lugares han tenido una importancia decisiva en tu vida en Santiago?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Hay dos espacios biográficos importantes. El primero fue Franklin donde yo me instalé cuando recién llegué a Santiago. Una de las cosas que me impresionaba del barrio era que por aquella época la delincuencia tenía un estatus y un glamour. Es decir, existían protocolos, jerarquías y códigos. Ser delincuente era una profesión. Entonces creo que fue importante para mí sentir que me respetaban esos tipos duros pero caballeros.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El segundo lugar sería Plaza Italia y boliches como «El Jaque Mate», «El Castillo Francés», «El Galindo» y los moteles del sector. Pero más importante aún era la sociabilidad que se producía en esos espacios porque eran lugares donde uno podía reunirse a instalar ideas. Y todo eso se acabo con la llegada de la democracia pactada. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Para mí existen dos tipos de cultura: la de las artes y la de los amigos. Y yo creo que la segunda es la fundamental. De hecho, eso es una de las cosas que más me sigue marcado hasta el día de hoy: los amigos. Me rodeo, converso con ellos, y hacemos proyectos. No me importa tanto si se publican o no se publican mis libros, pero la cultura de los amigos es vital”.   </em></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/21.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-575" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/21-1024x826.jpg" alt="2" width="676" height="545" /></a></p>
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		<title>Nicanor Parra: el lobo disfrazado de corderillo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jan 2015 22:29:08 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Leonardo Sanhueza (1974) es humilde al reconocer la influencia decisiva de Nicanor Parra en su devenir como escritor. Sanhueza, por allá a principios de los noventa, era un joven de 19 años, “timidísimo” ­-según sus palabras- que cursaba simultáneamente Geología y Lenguas Clásicas en la Universidad de Chile y, aunque ya era un lector avispado, nunca había pensado en dedicarse [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Leonardo Sanhueza (1974) es humilde al reconocer la influencia decisiva de Nicanor Parra en su devenir como escritor. Sanhueza, por allá a principios de los noventa, era un joven de 19 años, <em>“timidísimo” </em>­-según sus palabras- que cursaba simultáneamente Geología y Lenguas Clásicas en la Universidad de Chile y, aunque ya era un lector avispado, nunca había pensado en dedicarse a escribir. Ahí, la figura de Parra fue fundamental.</p>
<p>Sanhueza (autor de los libros de poemas <em>Tres bóvedas (2003), La ley de Snell (2010) y Colonos (2011); </em>la novela<em> La edad del perro (2014) </em>y la crónica<em> El hijo del presidente (2014), entre otros) </em>encontró en la figura del autor de los <em>Poemas y Antipoemas </em>la certeza de que su formación, escindida entre ciencia y literatura, podría tener validez intelectual y algún futuro en el mundo de las letras. De esta mixtura, recibió de la geología un marco conceptual, un entendimiento racional que lo ayudó a definir cómo y por dónde iniciar una búsqueda, que luego afrontó desde la literatura.</p>
<p>Luego de su debut en (un) curso dictado por Nicanor Parra, en el segundo año de su carrera, continuó asistiendo todos los años <em>(“ya sea como ayudante, como oyente o como sapo”).</em> Eso sí, nunca llegó a tener un trato de amistad con el poeta: <em>“estás loco. Yo era demasiado tímido. Además no tenía ni veinte años y Parra cerca de ochenta. Y ya era una figura”, </em>afirma<em>.</em></p>
<p>Las coincidencias entre ambos no terminan ahí: un profesor de geología invitó a Sanhueza a estudiar las piedras metamórficas de la zona de Las Cruces. El investigador no se había dado ni cuenta de dónde andaba buscando rocas; al llegar a la playa, miró hacia arriba y reconoció el lugar: andaba hurgueteando justamente debajo de la casa del vate. Esa vez, tampoco se le acercó.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> <a href="http://mediorural.cl/demo/wp-content/uploads/2015/01/s2bn.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-388" src="http://mediorural.cl/demo/wp-content/uploads/2015/01/s2bn-1200x799.jpg" alt="s2bn" width="493" height="341" /></a></strong></p>
<p><strong>PARRA: LONDRES, LA FÍSICA Y LOS DOBLES</strong></p>
<p>A los treinta y cinco años, en 1949, y con apenas un libro publicado Nicanor Parra salió desde el puerto de Buenos Aires con destino a Inglaterra para cursar un doctorado en la prestigiosa universidad de Oxford; este grado se sumaría a los títulos de Física en la Universidad de Chile y una maestría en Mecánica Avanzada en Brown, Estados Unidos.</p>
<p>Nicanor, en Inglaterra, no sólo se encontraría con la larga tradición poética de la isla &#8211; Shakespeare, Pound y Eliot, se convertirían en referentes en la obra del vate- sino que sus estudios matemáticos, especialmente los relacionados con la física cuántica, serían fundamentales en el viraje definitivo que sufrió su poesía durante esta época.</p>
<p>Durante los dos años que dura su estadía en Europa, escribe gran parte de los textos que conformarán uno de los libros más revolucionarios de la poesía en nuestra lengua del último siglo: <em>Poemas y Antipoemas</em>. Para Leonardo Sanhueza, la experiencia londinense es fundamental en la germinación de este poemario, <em>“ese paso por Oxford tuvo un impacto importante en el desarrollo de este sistema de dualidad (la poesía y la antipoesía) justamente porque la física cuántica deja atrás el mundo de certezas y pasa a preocuparse del mundo de las probabilidades. El otro aporte de la física cuántica para Parra fue la comprensión de la asociación de materia y antimateria; poesía y anti poesía. Estos encuentros de opuestos no deben ser vistos solo como la mera exposición de los opuestos, sino que al encontrarse producen algo nuevo, en el caso de electrón y positrón, la luz. En el caso de los opuestos parrianos, poesía y antipoesía, producen el artefacto literario”.</em></p>
<p>Para Sanhueza la génesis de esta veta tan rica que son los dobles/opuestos, está definida en el <em>Principio de Incertidumbre de Heisenberg</em>. Según Claudio Falcón, Doctor en Fisica de la Universidad Paris VI Pierre et Marie Curie y profesor de la Universidad de Chile, este postulado <em>“es una relación entre pares de variables conjugadas que implica la imposibilidad de conocer con precisión arbitraria sus valores al mismo tiempo. Si conoces una con mucha precisión la otra se te hace casi desconocida en sus valores”</em>. Explicado para niños y gatos, si en el mundo cuántico, se supiera con alta precisión la velocidad con la que se baja un cerro en bicicleta, es poco probable conocer con exactitud la ubicación en el cerro; o, viceversa, si se sabe dónde estás en el cerro, no puedes saber la velocidad. Falcón continúa: <em>“por eso se llama de incertidumbre: te dice que los valores no pueden ser conocidos con precisión, porque están conjugados. Si sabes muy bien cuánto vale uno, sabes muy pero muy poco del otro y, lo importante, es que necesitas de las dos variables conjugadas para saber el estado de tu sistema”. </em></p>
<p>Sanhueza sostiene que <em>“el universo parriano no está constituido por unidades cabales, si no que por pares: derecho y revés; humano y divino; poesía y antipoesía. Por ahí hay un famoso verso en que el autor se define como «un embutido de ángel y bestia</em> <em>». No es un cruce, no es una cohabitación, es un embutido brutal, manual, doméstico: una longaniza. Parra no quiere situar al ángel y al demonio, como lo haría el arte clásico, situando a uno de espalda al otro, él lo pone como algo bestial, donde la carne del ángel, evidentemente, es indistinguible de la de la bestia”.</em></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/01/parra.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-532" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/01/parra-746x1024.jpg" alt="parra" width="676" height="928" /></a></p>
<p>Parra llegó a Europa el mismo año en que terminó la segunda guerra mundial, por lo que este concepto de incertidumbre, no sólo proviene de Heisenberg, sino que del ambiente general que se vivía en el viejo mundo durante el período posterior a la guerra. El mundo del arte encontró varias alternativas para enfrentarse a esta realidad: nihilismo, modernismo y surrealismo, son algunos ejemplos de poéticas que conceptualmente descreían de un mundo real que estaba hecho trizas.</p>
<p>Con <em>Poemas y Antipoemas</em>, Nicanor Parra propone una opción distinta a la serie de manifiestos emergidos de las vanguardias, esta es, que no hay realidades absolutas, sino que sólo incertidumbre. Sanhueza explica que <em>“Parra, al proponer que la poesía y la literatura en general, deben estar asentados en un sistema de incertidumbre está, a su vez, dudando de su propia teoría”. </em></p>
<p>Sanhueza recurre al poema <em>Mariposa,</em> de <em>Versos de Salón</em> (1962), para intentar explicar su tesis de que el universo parriano es un juego constante de proponer y derribar certezas:</p>
<p style="text-align: center;"><em>En el jardín que parece un abismo<br />
la mariposa llama la atención:<br />
interesa su vuelo recortado<br />
sus colores brillantes<br />
y los círculos negros que decoran las puntas de las alas.</em></p>
<p>Interesa la forma del abdomen.</p>
<p>Cuando gira en el aire<br />
iluminada por un rayo verde<br />
como cuando descansa del efecto<br />
que le producen el rocío y el polen<br />
adherida al anverso de la flor<br />
no la pierdo de vista<br />
y si desaparece<br />
más allá de la reja del jardín<br />
porque el jardín es chico<br />
o por exceso de velocidad<br />
la sigo mentalmente<br />
por algunos segundos<br />
hasta que recupero la razón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que poner atención, discursea Sanhueza, desde que la lepidóptera deja el jardín. El insecto desaparece de la visión objetiva del hablante y entra en un mundo imaginario, pero este acto es simplemente un error, un desliz, un momento de despreocupación, hasta que la racionalidad vuelve a hacerse cargo de situación. Aquí Parra propone un juego en donde el hablante lírico se deja llevar por esa sensibilidad que le permite interesarse en el abdomen de un bicho alado, en sus círculos negros y en las filigranas de su vuelo, pero sólo <em>“por algunos segundos, hasta que recupero la razón”.</em></p>
<p><strong>LOS 100 AÑOS DE PARRA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuesta definir con precisión qué función cumple Leonardo Sanhueza dentro del mundo de la literatura: desde hace varios años que tiene una columna semanal en Las Últimas Noticias; formó la editorial <em>Quid</em> mucho antes de la moda de las editoriales (según su amigo Alejando Zambra, <em>Quid</em>, no era independiente sino que unipersonal, ya que Sanhueza las oficiaba de editor, redactor, diagramador, repartidor y contador, y el enojo de este último fue el que desembocó en el cierre prematuro a este proyecto); novelista de éxito (autor de La <em>Edad del Perro</em> y de la maravillosa <em>El hijo del presidente</em>, sobre la historia de Pedro Balmaceda). Lo que sí se puede decir con cierta seguridad es que Sanhueza es, antes que todo, poeta. Y lo parece. Tiene el pelo negro y enmarañado, al estilo Rimbaud; unos bigotes largos que se amasa con una mano, mientras habla con un ritmo pausado y, con la mano libre, fuma Lucky´s rojos con unos dedos largos y delgados, de tipo sensible. Él es tan delgado como sus dedos, tan flaco, que la lluvia que parte el cielo talquino, parece que no lo va a mojar.</p>
<p>Sanhueza, adentrándose en Parra, se queja de la escasa imaginación de los periodistas y el uso indiscriminado del <em>“anti”</em> para referirse a todo lo que tiene algo que ver con el poeta centenario: <em>ANTI homenaje</em>, <em>ANTI centenario, ANTI cumpleaños</em> y un agotador etc.</p>
<p>Al preguntarle, por la pertinencia de todo el circo mediático que se hizo del ANTI cumpleaños<em> y </em>ANTI centenario<em>, </em>responde que esta pregunta solo tendrá respuesta cuando haya otro poeta, tan grande, que a los cien años siga lúcido y, además, ex profeso se siga comportando como un <em>“lobo , disfrazado de corderillo”.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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