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	<title>MEDIO RURAL &#187; maldonado</title>
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		<title>CUARENTENA TERRITORIAL</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2020 23:31:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[CUARENTENA TERRITORIAL Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.      LA CUARENTENA ES UN ABANDONO CHILE ESTÁ EN CUARENTENA CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO &#160; Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">CUARENTENA TERRITORIAL</h2>
<p style="text-align: center;"><strong>Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA CUARENTENA ES UN ABANDONO</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ESTÁ EN CUARENTENA</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify; padding-left: 60px;">Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el poema. Allí, como escritores que habitamos territorios lejanos del centro metropolitano, sentimos la cuarentena en tanto confirmación estética y política de la dejación institucional, del vacío que ha dejado la enajenación capitalista sobre el cuerpo flagelado de la patria asediada por un rey pestilente coronado por el aislamiento.</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                    *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">El mundo se terminó, menos mal, es lo que esperábamos durante mucho tiempo, tanto esperamos que llegó después, cuando el deseo estaba perdiendo conexión con el objeto deseoso, o cuando daba lo mismo. El placer no fue de triunfo, sólo de constatación levemente nihilista del fin de un orden que se fundió por obra y gracia de un desequilibrio con la zoonósfera o por un tema de salud pública, no por la movilización social. Los abandónicos, los militantes del colectivo Pueblos Abandonados (en adelante PPAA) siempre postulamos que desde hace mucho rato nos tenían en cuarentena o aislados, porque éramos incorrectos, pero no en un sentido triunfal, porque siempre estuvimos cuarentenados o aislados por razones de (in)correctividad política.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, debimos padecer un aislamiento salvaje en unos pueblos de mierda, no porque lo fueran, sino porque querían dejar de serlo. Es decir, querían padecer la misma sed y hambre de consumo suntuario que los de la capital, querían la misma legitimidad, el ismo nivel de iniquidad que la capital, y de alguna manera lo lograron. Resulta que ahora se protegen de la peste que traen los santiaguinos que quieren venir a pasar la crisis sanitaria en el litoral, en área de ciertos pueblos abandonados que son una sucursal del infierno. Esto me recuerda cuando en periodos de guerra ciertos ricachones iban a capear la guerra en zonas vacacionales. Recuerdo una hermosa crónica de Sandor Marai al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resumen, teníamos razón, pero nuestro objetivo era no tenerla, y fue justo al revés. Hemos fracasado una vez más. Uno hubiera esperado tener en estos pueblos de mierda una peguita estable en una biblioteca municipal, por dar un ejemplo o en el departamento de cultura municipal, pero esos trabajos estaban reservados para los poderes fácticos que ponían a su gente ahí en donde reinaba la poderosa razón municipal. Y ahí sufrimos más que humillaciones, nos omitieron. Tanto es así que ni siquiera nuestros textos están en el catálogo de esas malditas bibliotecas municipales, debiéramos hacer algo como colectivo (darle una vía judicial, por ejemplo), sólo están los canónicos santiaguinos. ¡Me creerán que no hay ningún libro de mi autoría en la biblioteca público municipal Vicente Huidobro de San Antonio! No es por ser autorreferente, pero ahí hay una ilegalidad que debemos enfrentar, porque sabemos que hubo compras oficiales que implicaba que los libros adquiridos iban a estar en esos anaqueles. Puede que haya uno que otro, pero no los exhiben. En lo personal yo sé que hay un funcionario de la biblioteca de San Antonio involucrado en esta conspiración, el que pretende vengarse por aparecer como personaje de algunos relatos que necesariamente debemos hacer los que suscribimos al colectivo PPAA, dado nuestro objetivo de levantamiento territorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En fin, esta casuística nos sirve para entender la razón profunda de este cuarentenarismo que es un evento o acontecimiento que hace de puente al otro mundo, a un inédito porvenir para el que nos hemos preparado practicando la poética del abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                        *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">Valparaíso tiene, en su parte plana, dos zonas o barrios: El Puerto y El Almendral. La primera ahora es más una zona comercial y de servicios que portuaria, el pasado le da su nombre. Con la pandemia tiene muy poco movimiento; en el muelle para turistas las embarcaciones se mecen con absoluta calma. No hay, no habrá turistas, no hay lancheros ni quienes ofrecen los viajes a gritos y cuentan aguas adentro a grandes rasgos la historia esplendorosa de la ciudad, cada vez más lejana. Aun así, se ve movimiento de grúas detrás de las rejas. El Puerto sigue funcionando.</p>
<p style="text-align: justify;">Los que andan a pie se miran unos a los otros, porque en el otro está enfermedad. La mitad anda con máscara. Camino por el borde costero con un amigo, no he visto ninguna mujer. Compramos cerveza en una botillería que funciona como cualquier día, la tomamos en una placita. Hay otras personas que sufren el encierro y han salido, que fuman cigarros o marihuana cerca, que pololean. Ninguno anda con mascarillas. Tampoco lo hace un joven que mira por todos lados qué rescatar. Su caminata es rápida. La crisis para muchos habitantes de Valparaíso estará en el reciclaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra cuarentena es la mentira. Lo sabemos: no son ni serán cuarenta días sino quince y así, de quince en quince nos vamos, <em>en la medida de lo posible</em> como dijo Patricio Aylwin. Entonces Puerto Montt intenta hacer una quincena pero no puede, no le sale. En el fondo así siempre se ha ido construyendo nuestro abandono. Hecho de una tracalada de eufemismos y plurales de cortesía. Palabras que se suponía eran provisorias, desechables. Mi viejo me dijo una vez que eso en el rubro la construcción tiene un nombre, “ponerle un provisorio definitivo”. Y vamos poniéndole provisorios definitivos. Son palabras tramposas como la palabra: teletrabajo, mascarilla, alcohol gel. Puro jurel tipo salmón, o peor aún, puro salmón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                               *                     *                     *</p>
<p> “Me importan un carajo los pueblo pequeños” dice el personaje en una película polaca que vi hace poco; los demás se ríen con ese aire de arrogancia de quien cree un mérito personal el vivir en la gran ciudad a la que considera centro del mundo. Pues bien, esa fantasía se desmorona hoy con este encierro físico y simbólico. Después de llegar a extremos de refinamiento como pagar fortunas por un plato de aire o consumir hasta el hartazgo cuanta novedad les ofrecía el mercado, están descubriendo que lo único necesario es el aire para respirar. Lo mínimo para sobrevivir y ojalá soñar con días venideros. El frenazo los vuelca hacia el espacio que nosotros, los pueblerinos conocemos tan bien: cada gesto tiene su peso, su consecuencia, su profundidad. Todos los citadinos creídos quieren ahora lo que tenemos nosotros”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Está rodeado. Desde afuera</p>
<p>la casa se encoge en plena cuarentena.</p>
<p>No hay visitas ni paseos,</p>
<p>sola está la familia.</p>
<p>Abre el piano</p>
<p>y se dispone a ejercitar</p>
<p>los mismos cuatro acordes</p>
<p>de la conmoción de lo inmediato,</p>
<p>madera y acetato de todos los días.</p>
<p>Las notas alternan</p>
<p>entre lo clásico</p>
<p>y el monocorde. Está a salvo:</p>
<p>la epidemia acecha todo</p>
<p>menos la rutina.</p>
<p>Es un broche –se dice–.</p>
<p>Un himno.</p>
<p>Es una hermosa película sin protagonistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Pedro Rubilar tuvo muy mala cueva. En agosto el área administrativa se fue a paro, y a pesar  que la empresa de aseo era externa, igual  un día las llaves de los baños dejaron de circular teniendo que manguerear los wáter desde una ventanilla. A mitad de octubre la gente salió a marchar y quemaron el Otto Shop, quebraron las vitrinas del banco, una noche los pacos se cebaron apaleando pingüinos y una mañana llegó el finiquito por mail:    SERVILIM Ltda lo invita a una reunión extraordinaria con el fin de revisar su situación laboral.  A la semanas Rubilar cobró y a fines de febrero tomó una micro a Iloca y arrendó una cabaña en La Puntilla, estuvo cuatro días durmiendo,  sintiendo el arrullo del mar en la orejas y nunca pensando en lo que podría venir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Hemos pasado de ser el ombligo del universo a convertirnos en una mota de polvo en la periferia. Avanzamos extrañados y sorprendidos desde el último tentáculo de la tromba hacia el sol negro en medio de la galaxia. No somos nada.  No hay centro en lo profundo del infinito.</p>
<p>Pero sí, somos animales jerárquicos, monos hechos de agua, tierra y luz, como el resto de la jungla. Y gravitamos como idiotas frente al más pesado de la manada. Yo soy el simio que mira desde afuera, desde la rama clave, observando. Ignoro sus cabriolas y su vanidad. Soy un hijo más de esta bestia que somos entre todos. Desde acá lanzo mi grito y sé que me van a escuchar mis hermanos también en las afueras. Desde acá entiendo que todo es una extraña ilusión. Que en cualquier momento todo se transforma. Que nada es para siempre, que todo lo sólido se difumina en el aire.</p>
<p>En medio del caos, es hermoso saber mi procedencia y entender que mi camino viene y vuelve hasta mi pequeño pueblo abandonado. Como muchos, vivo en una eterna forma de cuarentena. Eso me ha mantenido vivo hasta ahora. No soy un escritor de Nueva York, lo digo con orgullo y yo diría con alivio. No me alimento del contacto con otros gusanos en la botella. Es difícil que me infecte de sus artificios. Estoy fuera de la botella, pero no tengo miedo de estar solo, masticando mis confusiones y mis verdades. Cada cierto tiempo acudo al llamado de mi jauría de bestias imaginarias. Voy hacia ellas, como ahora, moviéndome con soltura en medio de una selva que se mueve lentamente, que avanza hacia ese sol oscuro que terminará por devorarlo todo.</p>
<p>Gran parte del camino, lo hago sonriendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Fue cuando las ciudades fueron recuperadas por los animales. Cuando los ricos por primera vez consideraron a los pueblos y ciudades pequeñas como lugares de protección frente a la pandemia, pero no se habían dado cuenta que después de tantos años de abandono por parte de ellos y de sus metrópolis, ya era demasiado tarde. Lo de los animales salvajes volviendo a los lugares que les habían sido arrebatados por la civilización ni siquiera eran una metáfora, Los abandonados se hacían presentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Enrollada en la sala mira con enfado porque le he estropeado la siesta. La tristeza se vuelve un animal obeso cuando la domesticas, le digo. Iré con una botella de espumante de paseo al balcón y no la voy a llevar. Por eso está nerviosa, no le gusta estar sola. Está encerrada como esos locos que se esconden en la pieza del fondo para que las visitas no los vean. Se ha vuelto una tristeza de mierda. Antes era una tristeza digna, vagaba por la pampa forajida y amarilla. ¿Es válido amansar la tristeza? ¿Volverla educada? ¿Enseñarle modales? Las burbujitas del champagne se agarran de la copa. El paisaje desde el balcón presume una inercia de quirópteros y en el horizonte hay un surco congelado de lagartos. Llovizna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi calle es un país en cuarentena. Punta Arenas es un planeta invernal al interior de un sistema de solar en cuarentena. Quizás porque nos hemos vuelto islas que se desgajan en la geografía de la ausencia y esperamos que vengan a rescatarnos  desde el espacio exterior. Eso somos, animitas en medio de la acera evocando el momento de la colisión. Y es que el cuerpo saqueado de la patria siempre estuvo en cuarentena. Así fue siempre el país que en ocasiones servía para el asombro veraniego del mochilero y que los inviernos bautizaron con tantos nombres olvidados. Olvidados y vueltos a olvidar. Miren, allá va el viento llevándose mi camisa hacia extensiones coironales o acantilados sin luz, quiere una bandera como emblema de su soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marcelo Mellado (Valparaíso- San Antonio)</p>
<p>Cristóbal Gaete (Valparaíso)</p>
<p>Oscar Petrel (Puerto Montt)</p>
<p>Rosabetty Muñoz (Ancud)</p>
<p>Jose Tomás Labarthe (Curicó)</p>
<p>Claudio Maldonado (Talca).</p>
<p>Cristian Geisse (Vicuña).</p>
<p>Cristián Vila Riquelme (Algarrobito).</p>
<p>Yuri Soria Galvarro (Puerto Montt).</p>
<p>Oscar Barrientos Bradasic (Punta Arenas).</p>
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		<title>El rescate de la nostalgia y el auto-exilio del hablante en su propia aldea</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 14:15:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mito]]></category>
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		<description><![CDATA[A propósito de Carahue es China de Ricardo Herrera (Editorial Bogavantes, 2015) y El confesionario de Américo Reyes (Ril editores, 2015). Por Claudio Maldonado Ricardo Herrera vive en Temuco y Américo Reyes en Curicó. Por distintas manos me han llegado sus últimos libros de poesía. Debo elaborar un instrumento escritural que dé cuenta del acontecer de mi lectura. La idea [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2>A propósito de <em>Carahue es China</em> de Ricardo Herrera (Editorial Bogavantes, 2015) y <em>El confesionario</em> de Américo Reyes (Ril editores, 2015)<em>.</em></h2>
<p>Por Claudio Maldonado</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/PREDICAS-CLAUDIO-MALDONADO3.jpg"><img class="aligncenter wp-image-851 " src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/PREDICAS-CLAUDIO-MALDONADO3-1024x683.jpg" alt="PREDICAS CLAUDIO MALDONADO3" width="570" height="381" /></a></p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: justify;">Ricardo Herrera vive en Temuco y Américo Reyes en Curicó. Por distintas manos me han llegado sus últimos libros de poesía. Debo elaborar un instrumento escritural que dé cuenta del acontecer de mi lectura. La idea base es hermanar en algún punto de una idea a estos dos mundos. Con el carril de la PROVINCIA no me basta (me digo), si no se aceita con buen cebo ésta loca puede dispararse en muchas flechas faciloides: ella puede encontrar la ruta fatigada de banderitas sociales gimoteando por los desaires de la metrópolis o también chapotear sumida en la sobre interpretación del símbolo de una plaza o una colegiala. Elevando estas figuras a una altura que ni el Darío más jalado podría contener en su delirio. En el fondo, no por estar en la provincia el río es más puro en su caudal. Y estos dos creadores parecen saberlo muy bien, ya que instalan a sus hablantes poéticos en un conflicto directo con sus aldeas: la lucha por mantener los ritos y tradiciones de una forma de vida anterior a lo que siempre y únicamente les ha tocado vivir, es decir, el predominio de la máquina que precede al dominio de la agricultura. Es el neoliberalismo y sus navajas, algo que para los hablantes encierra algo infernal: el hombre de negocios desplazando para siempre  al artista. Frente a este nostalgia de lo que nunca se ha vivido, pero que intuyen es el llamado del camino,  los  hablantes de Herrera y Reyes  optan por  abrazar la poesía. Siguen la idea de Carpentier cuando señala que la existencia estética de toda ciudad implica una preexistencia textual. Entonces  ellos  construyen un nuevo Carahue, un nuevo Curicó, donde tenga cabida una nueva posibilidad de hacer aldea, una nueva geografía de lo imaginario.  Es en este punto del caos o fragmentación o hiper subjetividad de la aldea moderna, donde ésta le exige a los hablantes una necesidad de desarrollo epistémico de la enunciación ficcional. Es decir: la aldea les pide ampliar el registro lingüístico y asimilar técnicas discursivas que les permitan “justificar” esta necesidad de nostalgia. Los hablantes asumen esta misión con éxito y  es ahí donde se abre un espacio para  sintetizar la propuesta de ambos libros.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ame3.jpg"><img class=" size-full wp-image-820 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ame3.jpg" alt="ame3" width="250" height="391" /></a>En Carahue es China de Ricardo Herrera, nos encontramos con una plataforma intertextual que logra distanciarse de las alusiones más evidentes a las grandes ciudades del pasado: Roma, Jerusalén, México-Tenochtitlan, por nombrar algunas. En el caso del hablante de Herrera lo intertextual lo realiza entre Carahue (que al decir de Teillier es de esos pueblos de la Araucanía que son como guijarros o perdices echadas a la orilla del camino) y China, una civilización, imperio, nación,  casi inabordable si intentamos definirla en forma sucinta. Entre la existencia de rasgos que aún en Carahue  frisan lo premoderno y el desarrollo del hiper capitalismo en China, el hablante levanta un puente sustentado en las tradiciones poéticas de ambos territorios y es ahí donde Carahue  y China son escritos desde la contemplación del lar, desde  la cosmovisión mapuche  y  su comunión simétrica con las especies y el minimalismo oriental cuyasobriedad formal exige no alterar la visión poética del universo que ya  ha sido regalado. ¿Pero de qué forma el hablante nos convence de que  Carahue se ha tornado China? El vehículo son las visiones creativas del alcohol y el opio. En Ampelo (p.9), el poema que abre el libro, el hablante señala:</p>
<p><em>“El infierno artificial del alcohol crea una ciudad paralela, </em><br />
<em>una ciudad subterránea o subacuática, donde Carahue es</em><br />
<em>China, Barcelona, Alejandría, París o Namur.”</em></p>
<p style="text-align: justify;">Cabe señalar que Ampelo pertenece a la mitología clásica griega, es el hijo de un sátiro y un compañero-amante de Dionisio,del que se dice una vez lo transformó en un racimo de uvas para el disfrute de los hombres.  En cuanto al opio, como dispositivo propulsor del imaginario, se puede establecer (siguiendo la pesquisa de elementos de cultura universal) una asociación con poetas como Baudelaire o como Thomas de Quincey, que en su célebre ensayo Suspiria de profundis nos regala estos espléndidos versos:<br />
“tú construyes ciudades y templos sobre el corazón de la oscuridad, fuera de la fantástica imaginería del cerebro, superando el arte de Fidias y de Praxíteles, superando el esplendor de Babilonia y Hecatómpilos, llevando “de la anarquía del sueño” a la luz del día los rostros de bellezas largo tiempo enterradas y los benditos semblantes familiares, limpiándolos del deshonor de la tumba.”<br />
El hablante de Herrera instala en el puente colgante de Carahue a unos poetas coreanos desconocidos fumando amapolas, las “nuevas” familias chinas riegan las papas con chicha de manzana y en sus ensoñaciones confunden los humedales y las vegas con inmensas plantaciones de arroz. En el segundo poema (homónimo al título del libro p.14) se plantea la constatación de una verdad incuestionable: de nada vale decirle a los nuevos habitantes que Carahue es Alejandría, Namur o París y que ahí también vivió Constantino y Michaux.</p>
<p style="text-align: left;"><em>Para ellos no </em></p>
<p style="text-align: left;">
<em>Carahue es China </em><br />
<em>Carahue es una nube de opio entre los cerros</em></p>
<p style="text-align: justify;">Otro elemento clave en este principio intertextual, que establece el hablante de Herrera, es la noción de la sobrevivencia de las tradiciones, el culto al recuerdo  y a sus ritos. En el poema Edificación de la muralla China (p.27) se relata la construcción del pastel de papas más grande del universo, una fiesta anual que se celebra hace ya muchos años en Carahue. El deseo es que este pastel adquiera las mismas dimensiones de la lejana muralla, como un intento de ser también inolvidable, perpetuarse en el tiempo por los siglos de los siglos. Que el  pastel de carne molida llegue hasta Pekín o  que se pueda ver desde la luna al igual que la muralla  (ya se sabe que eso no real) se puede aceptar como una irrealidad necesaria para creer en la eternidad. Pero a veces la verdad es menos rica en la ilusión, ya que la Muralla China sólo comienza a ser tomada en cuenta en el siglo XX, con la llegada de los viajeros occidentales, siendo ninguneada por Mao que la consideró un símbolo del feudalismo. Recuerdo, al leer los versos de este poema, una frase de Borges: La vieja mano sigue trazando versos para el olvido.</p>
<p style="text-align: left;"><em>Una muralla de carne molida y puré que une Carahue con </em><br />
<em>Pekín </em><br />
<em>y que puedes observar desde la luna </em><br />
<em>abrazado a Li Tai Po</em></p>
<p style="text-align: justify;">Esta suerte de mecánica intertextual que opera en Carahue es China  también se da en otro importante poemario escrito en la provincia de la Araucanía el año 2014, me refiero al Mapa Rotode Juan Wenuan  (Editorial Del Aire). La necesidad de adentrarse en hechos de la historia mundial, para que los hablantes poéticos  preserven una memoria personal, pareciera ser un pilar fundamental para estructurar ambos discursos literarios. En el caso de Wenuanhay una constante rebelión en contra delos límites que la memoria colectiva (manipulada por el poder) le ha impuesto ala cultura mapuche. La intertextualidad con otros hechos históricos se presenta como una posibilidad de expandir esos límites y generar lecturas alternativas. En el caso de Ricardo Herrera el procedimiento  es diferente, pues para salvar su memoria individual el hablante renuncia a lo social, símbolo de lo colectivo, el hablante da cuenta de un engaño y se vuelca a la exploración del paisaje y así encuentra, sin moverse de su aldea, un autoexilio que le permiteseguir soñando la utopía de un territorio donde la poesía es un refugio, un imaginar sin horizontes.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ame2.jpg"><img class=" size-full wp-image-819 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ame2.jpg" alt="ame2" width="200" height="310" /></a>En El confesionario de Américo Reyes el recurso de la Polifonía es el quesostiene  el armazón discursivo del poemario. En primer término estamos en presencia de una variedad de voces (galería de personajes) que narran sus experiencias, emociones, sentimientos y reflexiones acerca de lo que han sido  sus vidas y  su relación con los demás habitantes de la aldea Curicó. Un escritor falto de imaginación se quedaría en la mera descripción de los rasgos arquetípicos del hombre de la zona y ahondaría en la gracia siempre atractiva de la anécdota bien contada. Pero  éste no es el caso de Reyes, que desde el primer texto A modo de Proemio (p.9) justifica a través de una declaración de principios políticos la aparición de estos hablantes. Antes que todos, es el autor el que define su (hasta ahora) existencia en el entrecruce de siglos. Su vida de animal político  la resume en: <strong>revolución + dictadura + democracia =Desilusión.</strong> Esta decepción o este cansancio por vivir se expande a su oficio de poeta, pues ante todo el autor se presenta como un actor fraguado en la palabra escrita y que ha optado por propinarle un cachetazo a ese Curicó  literario oficial que el autor conoce al dedillo, donde existe la sensación de que transformar el lenguaje es algo docto y donde se valida el cultivo de los tres géneros  en un todo caldo literato surreal y de guerrilla, que en los pueblos de provincia pareciera a veces adquirir una fuerza universal.  Por ende, las confesiones iletradas que pretende el autor en este registro de recuerdos están afuera de ese mundo, pues son ejecutadas por seres anónimos que han encontrado un espacio para simplemente dar a conocer algo de sus vidas cotidianas. Es muy posible que el autor (y esto lo deja en la ambigüedad) se haya basado en hablantes que son plausibles de existir, pero también, como lo señala, pueden ser fantasmas de su propia imaginación, la prolongación de sus deseos e identidades secretas siempre dispuestas a explorar las laberintos del ser humano. Sea como sea, el autor, ante su crisis, reelabora una nueva aldea donde el recuerdo de estos anónimos se transforma en un nuevo libro para su sobrevivencia de escritor (algo así como lo que hizo Capote con los dos asesinos de A sangre fría). A través de la utopía de la nostalgia el autor transforma a estas mujeres y hombres atosigados por sus tabúes, a estos aldeanos de oficios humildes estragados en el vino y la noche poblacional, a estas monjas y  adoradores de filosofías orientales desengañados,  a poetasdebatiendo sobre ética y poesía latinoamericana a orillas del Guaiquillo, a relaciones de amigos que poco se aguantan en su fraternidad y por supuesto a desengañados del amor, del sexo y de dios. En resumen: la polifonía de voces expuestas permite que esta nueva aldea literaria propuesta presente un nivel de subjetividad donde existan más opciones de establecer relaciones no previstas por el autor, dejando  una importante tarea como co-creador de la obra, es decir, el gran mérito de los hablantes del autor es que dan las herramientas para postular que éste los ha creado para instituir un auto exilio dentro de la aldea de Agua Negra, una marginalidad sobre la marginalidad existente, pues estos seres recuerdan (en el más poético de los casos)  para no ser olvidados, elaborando un artificio testimonial para el autor, que a cambio de su confesión nos les promete redención, ni milagros, ni soluciones a sus conflictos,  sólo la posibilidad de ser escuchados y de compartir un mundo paralelo, donde ellos son los actores centrales de un pequeño parnaso personal.</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: justify;"><em>“Comediantillos de mi santiscario en busca de su lector-confesor, fieles a los caprichos del apuro, que no a los del fastidio, y que me transportan, embrujándome, a los lugares que nunca he abandonado, héroes que la soledad preserva, y el delirio. Viajeros de papel, presos en los marasmos de la tinta, han tenido también su Rusticiano”</em><br />
He señalado que esta galería de personajes anónimos pareciera no pretender más que ser escuchados por el autor y que todo análisis extra proviene de la intención de éste y del lector que abra una nueva lectura interpretativa. Lo cierto es que, al “comprender” a estos urbanitas dentro su aldea, se puede reconocer la  paradoja existencial que los envuelve: el deseo de integrarse al sistema social y a la vez querer escapar y construir una identidad que los libre del adocenamiento y la normalización. Es decir, el sobrevivir en la euforia del habitar un espacio ecuménico y desear la nostalgia de la soledad y el desarraigo para no perder la identidad. En el poema Decálogo del poeta (p.12) se manifiesta este principio de contradicción:</p>
<p style="text-align: left;"><em>Y cuando el universo cambie de lugar</em><br />
<em>escribe como bailas, cánsate sonriendo y avergüénzate </em><br />
<em>de ser aceptado en un mundo que detestas;</em><br />
<em>y que el iluso saque sus conclusiones.</em></p>
<p style="text-align: justify;">El resultado de esta paradoja los hace vivir entre la dicotomía ideológica de  apariencia y realidad, una indecisión permanente en la vida de estos seres, que en estas confesiones  siempre alude a un momentocúlmine,  un instante que pudo ser un cambio importante en sus existencias. En el poema, Desde un paradero de buses de Licantén, María Amanda Burgos se refiere a su encuentro con un vagabarrios (p. 14)</p>
<p style="text-align: left;"><em>Tuve ganas de ser </em><br />
<em>                                                                                   -en más de un rumbo-</em><br />
<em>confiable, </em><br />
<em>y abrazándolo en todo su esplendor </em><br />
<em>le confesé: Eres</em><br />
<em>la dosis de descaro </em><br />
<em>que necesitaba</em></p>
<p style="text-align: justify;">La incógnita está en cómo estas confesiones le permiten o no a estos hablantes romper el cerco que los oprime. A luz de los testimonios pareciera que estos anónimos terminan estragados por la realidad de la aldea oficial. Se han confesado con alguien que les ha dado la posibilidad, pero sus secretos permanecerán soterrados por las normas y tabúes de la sociedad. En el poema<em> Es el mágico verano del 2011</em> y <em>Reinaldo Toro Bustos</em> (…)  (p.55)  el hablante confiesa lo que en el pasado era imposible, su fascinación por un adolescente apodado el gitanillo, compañero de curso de su hijo. La remembranza no es sólo para apagar (o encender el fuego sexual) también hay un dolor por la juventud que ya no está en él, una nostalgia de lo perdido, la fealdad, la decadencia de la vejez. Al estilo de Gustav von Aschenbach, en la <em>Muerte en Venecia</em> de Thomas Mann, este licenciado en historia expresa con impotencia su sentir:</p>
<p style="text-align: left;"><em>                                                                        Con razón lo apodan el gitanillo</em><br />
<em>pensé desmoralizado</em><br />
<em>deseando de corazón </em><br />
<em>que envejeciera de golpe </em><br />
<em>como dicen que les puede ocurrir </em><br />
<em>a los jóvenes </em><br />
<em>malcriados y sin clemencia.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Los hablantes se adaptan fácilmente a las condiciones de gregarismo radical, y terminan siendo absorbidos por el peso de la sociedad, se confiesan, pero siguen anónimos, pero integrados, se confiesan, pero sólo son visibles desde el panóptico central.  ¿Entonces el proyecto del autor fracasa? Creo que no, el poeta ha hecho lo que puede y no pierde la esperanza de integrar a otros en la construcción de esa aldea posible y es más, en el  último poema le cede al lector(a) un espacio para presentar sus descargos y entrar en un juego, que en mi rol de lector,    ha funcionado de acuerdo a los deseos del poeta.</p>
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		<title>Exilio y muerte de Mahfud Massis (1916-1990)</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 13:56:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Samuel Maldonado de la Fuente “Entonces espantaos, queridos burgueses: un día el arte no será ya necesario”, Mahfúd Massís. Martes 11 de septiembre de  1973. 08:30 horas. Radio Agricultura sorprende a los chilenos con la interpretación del Himno Nacional, luego se da lectura de un bando de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del director general [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: left;">Por Samuel Maldonado de la Fuente</h6>
<h3 style="text-align: right;"><em>“Entonces espantaos, queridos burgueses:</em><br />
<em> un día el arte no será ya necesario”,</em><br />
<em> Mahfúd Massís.</em></h3>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma2.jpg"><img class=" size-full wp-image-798 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma2.jpg" alt="ma2" width="300" height="239" /></a>Martes 11 de septiembre de  1973. 08:30 horas. Radio Agricultura sorprende a los chilenos con la interpretación del Himno Nacional, luego se da lectura de un bando de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y del director general de Carabineros. A partir de este acontecimiento, la vida de Mahfúd Massís es trastocada, como la de muchos chilenos que sufrieron las vejaciones, el dolor, la muerte y el exilio. Massís, en esa época oficiaba como agregado cultural en Venezuela, donde es informado de la infausta noticia que termina con la democracia en Chile. Apesadumbrado por los acontecimientos, comprende también que su rol político como representante del gobierno ha terminado  y por tanto no se vislumbra un pronto retorno desde Venezuela.</p>
<p><strong>ORIGEN</strong><br />
La identidad manifiesta y existencial del poeta se plasman en un fragmento de este poema donde ratifica su esencia arábiga. Hijo de inmigrantes, padre palestino y madre libanesa, su visión se occidentaliza en una multidiscursividad cultural:</p>
<p style="text-align: center;"><em>Soy Mahfúd Massís, el Esclavo,</em><br />
<em>el heresiarca de piel negra,</em><br />
<em>el loco, el desertor, el papanatas helado bajo la nieve.</em><br />
<em>Escondo mis dientes de cabro, mi cola de rey babilónico,</em><br />
<em>mientras camino por la ciudad, junto al angosto río.</em><br />
<em>Entre lívido aceite, mi vieja sombra atrabiliaria</em><br />
<em>atraviesa las ciénagas,</em><br />
<em>ladrando a la majestad lunar</em><br />
<em>con su obscura casaca de muerto.</em><br />
<em>Poema 3 de Elegía bajo la tierra (1955)</em></p>
<p>Nacido en Iquique en 1916, Mahfúd Massis se estructura entre la aridez del desierto nortino y la de sus ancestros. Según el Doctor Halim Barakat, Sociólogo árabe, <em>“la creatividad de los poetas árabes en América surge gracias a a experiencia exotérica y esotérica”</em>. Massís, reconociendo a cabalidad su origen en su primer libro Las bestias del duelo (1942), asume la decisión de arabizar su nombre y cambia su chapa de nacimiento  Antonio Macías por el de Mahfúd Massis. Por otra parte para protegerlo de la xenofobia predominante a principios del siglo XX, fue bautizado con nombres latinos para no exponerlo a la “turcofobia”. En la literatura de su época su visibilidad fue mal vista por los autores de raigambre nacionalista que casi lo condenaron al olvido. En el poema Las úlceras (1942), dice: <em>“soy árabe oscuro y semental aullando de presagios como el macho cabrío”.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Me llamaron </em><br />
<em>El extranjero, </em><br />
<em>el que recoge monedas y habla</em><br />
<em>de un país largo</em><br />
<em>y perdido.</em><br />
<em>Llanto del exiliado (1986)</em></p>
<p>En Iquique estudia en el English College, posteriormente ejerce como dactilógrafo y taquígrafo bilingüe en diversas ciudades. Fue colaborador de la Revista Multitud, dirigida por Pablo de Rokha, inspiración que lo llevó a fundar su propia revista literaria, llamada Polémica. Desde esta tribuna impone su propio sello. Propone un nuevo pensamiento estético, político y cuestionador remeciendo las ideas de su época. Desde muy joven su pluma se caracterizó por llevar un fuerte dejo de ironía frente a las apariencias.<em> “La ironía es un arma poderosa. Con ella, desinfla los globos de la fatuidad y su concomitancia, la tontera grave”</em>, decía. Era hombre de convicciones profundas, pero no fáciles.</p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma3.jpg"><img class=" size-full wp-image-799 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma3.jpg" alt="ma3" width="302" height="413" /></a>SUS VISIONES</strong><br />
Al examinar sus escritos, tanto poéticos como narrativos, es posible asegurar que su estética responde a la de la poesía negra. Tal vez sea, inclusive, uno de los primeros exponentes de este género. Su literatura recuerda a los libros <em>Hombres Oscuros</em> o la <em>Sangre y La Esperanza</em> de Nicomedes Guzmán. Massís escribe con profundidad crítica, con imágenes simbólicas que se entremezclan con el devenir urbano de los habitantes en desgracia, su propia desgracia.<br />
En su trayectoria intelectual allá por los años 30’ al 40’, adhiere al socialismo y lucha contra las desigualdades, poniendo su estatus de agnóstico contra todo designio religioso y su incidencia en el Estado. Su actitud de crítico apasionado le trajo muchos problemas, aún así llega a ser director de la SECH y de varias organizaciones de índole arábigas. Edita revistas, asume su antisemitismo por la Palestina oprimida. Fue Jefe de las Brigadas de Escritores Socialistas de Chile, fundador y redactor del diario Puro Chile y durante el Gobierno de Allende fue nombrado Agregado Cultural en la Embajada de Chile en Venezuela, país que lo acogió cuando se decidió por el exilio.<br />
Nos dice María Olga Samamé Barrera, Doctora en Literatura de la U. de Chile, en su texto sobre Mahfúd Massís: <em>“los años venezolanos fueron difíciles para él, aún cuando su talento le permitió publicar poesías y ensayos y transmitir crónicas por la Radio Nacional de Venezuela, además de ejercer el cargo de Director de Cultura de la Fundación de Estudios Latinoamericanos Orlando Letelier. También participó en certámenes literarios en Iraq y Canadá. En 1988 volvió a nuestro país para integrar el movimiento artístico «Chile Crea » contra la dictadura del general Pinochet. Abrigaba la esperanza del regreso, pero su salud se deterioró y un ataque cerebral puso fin a su vida, en abril de 1990”</em>.</p>
<p><strong>PRODUCCION LITERARIA</strong><br />
Su creación literaria comprende poesía, cuento, teatro y crónica, publicada en libros, diarios y revistas. <em>“Es posible documentar la existencia de dieciséis libros suyos impresos, de los cuales once fueron escritos y publicados en Chile; cinco durante el autoexilio en Venezuela y uno más, póstumamente, en nuestro país”</em>, según María Olga Samamé.</p>
<p>La producción literaria de Mahfúd Massís no ostenta gran volumen, al contrario de otros escritores nacionales de su época, esto se debe en parte por su asumida actitud, contrario a las prebendas y a la ostentación; el desarraigo preferido por su autoexilio lo alejó de los cenáculos de las letras. Luego vino el pesimismo y la nostalgia, cuya distancia creó grandes heridas en su existencia. Casado con Lukó de Rokha, una destacadísima pintora nacional, le dedica este poema:</p>
<p style="text-align: center;"><em>LUKÓ: En este gran drama gregario de la vida,</em><br />
<em>cuando el espanto deposita en mi corazón su huevo oscuro,</em><br />
<em>levanto los ojos hacia ti,</em><br />
<em>como una bestia que busca algo</em><br />
<em>por encima de su condición, flor extranjera.</em><br />
<em>En este mundo solitario por el</em><br />
<em>que andamos, caminas junto a</em><br />
<em>mi por un favor de los dioses</em><br />
<em>y te seguirá mi pisada negra,</em><br />
<em>ineluctablemente, aún más allá del</em><br />
<em>Gran Pantano. </em><br />
<em>Elegía bajo la Tierra  (1955)</em></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma4.jpg"><img class="alignleft wp-image-811 size-medium" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/ma4-233x300.jpg" alt="ma4" width="233" height="300" /></a>Toda su producción contiene imágenes tristes, fatídicas, de evocación tardía, de símbolos apocalípticos, de nostalgia desenfrenada, de pesimismo, que deja expuesta en su poesía y ensayos. Aún así, Mahfúd Massís no se asemeja a otro autor, tampoco se le puede asimilar a De Rokha, no son iguales sus propuestas, aunque compartían su pasión por la lucha de clases. El aporte de Mahfúd Massís a la literatura chilena, especialmente a su Generación, reside en su actitud y en el modo de adherir al tema de muerte en su obra poética. Esta contribución se asume como una ruptura de anticipación respecto de los moldes del decir poético.</p>
<p>Como poeta maldito o poeta negro, Massís convive con su infierno terrenal e interior, donde presenta al hombre y al cosmos en su desolación. Surgen los destellos de una fatalidad y desolación en sordina, ya que las imágenes se entremezclan en una vocación atávica con alto sentido trágico, de desaliento, donde irrumpe la muerte como una urgencia inevitable. Massís optó por iniciar un <em>“viaje por las nocturnas zonas de la muerte”</em>, para materializar aquello de que “<em>la poesía es síntesis donde conviven lo olvidado y lo por resolver”</em>, o tal vez decidió emprender una travesía al interior de un drama existencial oculto. La vida y la muerte conviven en él simultáneamente. Entre sus poemas podemos descubrir un gran poeta olvidado, aún en el exilio, tal vez desfondado por la élite literaria que teme perder un espacio.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>RONCAN LOS ESPECTROS</strong><br />
<em>Es preciso armarse contra la divinidad</em><br />
<em>¡Ay, es preciso!</em><br />
<em>Los difuntos, con sus vejigas coloradas,</em><br />
<em>se levantan en la medianoche y roncan.</em><br />
<em>serán vencidos por los piojos, y dirán al dragón: tú eres el panteonero.</em><br />
<em>En cada cifra del reloj habrá un ojo de muerto.</em><br />
<em>Las mujeres parirán pequeños reptiles,</em><br />
<em>y un conjunto de ánimas silvestres dirá:</em><br />
<em>bienvenidos</em><br />
<em>el Creador acaba de morir.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Es preciso armarse contra la divinidad. ¡Es preciso!</em><br />
<em>Los ruidos subalternos, los vasos de sangre lentamente bebidos,</em><br />
<em>los fantasmas golpeando mi vientre</em><br />
<em>como un tambor helado;</em><br />
<em>los infantes enterrados</em><br />
<em>en los muros, la respiración parada como un guardia</em><br />
<em>encima de mi pecho,</em><br />
<em>todo pone en mi su licor de efervescencia súbita.</em><br />
<em>De noche yo fraguo una espada,</em><br />
<em>y un sudor mineral me ciñe el esqueleto,</em><br />
<em>inyecta su alcanfor en mi alma,</em><br />
<em>y un hueso señalador recusa la tristeza,</em><br />
<em>y una filial bandada de lombrices</em><br />
<em>inicia su vuelo hacia la altura.</em><br />
<em>Las bestias del Duelo (1942)</em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>NOCTURNO DE LA PIPA</strong><br />
<em>Bajo este astro podrido del otoño,</em><br />
<em>como un dios seminal que llora por las mujeres,</em><br />
<em>fumo mi pipa como un pope rojo,</em><br />
<em>con aire egipcio de gladiador golpeado en la nuca.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Entre presagios y golondrinas que atraviesan la piel de la cabeza,</em><br />
<em>echo humo sobre mis obsesiones funerarias,</em><br />
<em>sobre rostros que olvidé enterrar, gruesos como marsopas,</em><br />
<em>arrastrando una flor, una peluca verde llena de pájaros,</em><br />
<em>un hueso de mono olvidado en el bolsillo.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Del fondo del cráneo me arrancan grandes huevos,</em><br />
<em>ciertas imágenes, un féretro destruido por la lluvia,</em><br />
<em>gusanos teñidos de azul por el fuego de una ojos,</em><br />
<em>un párpado seco con que miraba el mundo.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Oigo el grito de un jinete muerto, alguien se arrastra sobre una muleta</em><br />
<em>¿Quién es? Yo nada escucho.</em><br />
<em>Sólo fumo este pedazo de cerezo que me va agrietando la jeta,</em><br />
<em>cubriéndome los dientes, la nariz, como un ídolo amarillo,</em><br />
<em>y deja en mi boca un olor a caballo, a cuadrilla oscura.</em><br />
<em>Alguien, con los ojos huecos, me afeita la cabellera</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Señora, por favor, no olvide los fósforos.</em><br />
<em>Sonatas del Gallo Negro (1958)</em></p>
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