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	<title>MEDIO RURAL &#187; leonardo sanhueza</title>
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		<title>Jorge Teillier y El hilo de la ausencia*</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2015 14:03:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[El Mito]]></category>
		<category><![CDATA[leonardo sanhueza]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Leonardo Sanhueza &#160; &#160; Una de las primeras cosas que pensé después de leer el libro Nostalgia del futuro. Biografía de Jorge Teillier, de Luis Marín y Carlos Varverde , es que la vida de Teillier plantea un problema interesante en relación con el género biográfico. La biografía es un género espinudo, cuya justificación depende de factores que no [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Leonardo Sanhueza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las primeras cosas que pensé después de leer el libro <em>Nostalgia del futuro. Biografía de Jorge Teillier</em>, de Luis Marín y Carlos Varverde , es que la vida de Teillier plantea un problema interesante en relación con el género biográfico.</p>
<p style="text-align: justify;">La biografía es un género espinudo, cuya justificación depende de factores que no siempre se relacionan sólo con su objeto, que son las vidas particulares. Hay miles, y qué digo miles, millones de vidas que nunca llegarán a ser estudiadas ni escritas, a pesar de que puedan estar llenas de episodios extraordinarios, dignos de ser contados, y sus protagonistas sean sujetos atractivos, cuya experiencia sea comunicable y pueda significar algo para muchos. Son vidas que, a lo más, en caso de llegar a las orejas de algún escritor, podrían inspirar alguna novela, algún poema, algún ensayo; es decir, obras que las usarían para un fin, digamos, superior; un fin lejano a ellas, un fin en que la vida misma quedaría postergada en calidad de ejemplo, alegoría o punto de partida para una idea de un autor. En contraste, hay vidas que carecen de todo interés, en el sentido de que son predecibles, planas, sin relieve narrativo, etcétera, y sin embargo llegan a ser “biografiables” sólo por la circunstancia de que su protagonista significa algo en el ámbito cultural: un gran artista, un gran asesino, un gran mercachifle. Pongo un solo ejemplo: actualmente está entre los libros más vendidos una biografía de Agustín Edwards, el dueño de <em>El Mercurio</em>. ¿A quién le interesa, realmente, esa vida? Me atrevo a decir que a nadie, salvo a sus familiares y cercanos. Lo que interesa no es su vida, sino su rol en la historia de Chile, sus acciones, el alcance de sus negocios, etcétera, pero su vida, su personalidad, sus ideas, sus sentimientos, sus contradicciones, etcétera, no le interesan a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/TEILLIER1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-592" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/TEILLIER1.jpg" alt="TEILLIER1" width="332" height="481" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">El caso de Jorge Teillier es interesante, decía, porque su vida no tiene grandes relieves, no al menos si la comparamos con la de otros poetas como Pablo de Rokha, Vicente Huidobro o Violeta Parra, que parecen grandes construcciones llenas de aventuras, pasiones, desgracias, enredos y, en fin, logran ser inmensos relatos que uno quisiera leer, siempre asomándose a lo inverosímil, e independientemente de la calidad de las obras que produjeron esas vidas. Comparada con esas vidas extraordinarias, la de Teillier fue, por así decirlo, una vida de baja intensidad, como esas lejanas señales de onda corta que captan apenas las radios a pilas en el extremo del dial cuando lo único que se escucha en el campo es el canto tenebroso de las lechuzas o el aullido triste de algún perro. Y sin embargo, a pesar de su carácter tenue, casi invisible, es una vida que nos atrae y que, al igual que aquellos grandes relatos extraordinarios, quisiéramos leer.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa aparente paradoja biográfica tiene al menos dos explicaciones, que este libro viene a subrayar. Por un lado, está la identificación que planteaba Teillier entre poesía y vida. Numerosas veces y de distintas maneras él expresó esa especie de manifiesto literario-vital, según el cual un poeta debería aspirar, más que a escribir poemas, a ser y a habitar el mundo poéticamente. Ese ideal de raíz romántica me parece una de las razones por las que la biografía de Jorge Teillier ha andado de boca en boca durante décadas y ahora es escrita por primera y, es de esperar, no única vez.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero hay una segunda explicación, acaso más sugerente desde el punto de vista literario. La vida de Teillier tuvo una marca constante desde la niñez: la ausencia. A eso creo que apuntaron certeramente los autores de este libro al encabezarlo con dos famosas líneas de Rimbaud: “<em>La vraie vie est absente</em>. / <em>Nous ne sommes pas au monde</em>” (“La verdadera vida está ausente / No estamos en el mundo”). Esos versos han sido interpretados de mil formas, pero casi todas conducen a cierta dislocación del individuo que no halla su lugar, es decir, cierto exilio, cierta pérdida de lo propio. En suma, ausencia de los dominios perdidos, nostalgia producida por el recuerdo de ese despojo.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese sentido, la vida de Jorge Teillier, como puede seguirse capítulo a capítulo en esta biografía, se deja leer como una concatenación de ausencias, de fantasmas que se fueron acumulando desde la infancia e incluso desde antes del nacimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Así tenemos la primera ausencia, los años del <em>far west</em>, como llaman los autores a ese tiempo que siguió a la ocupación de la Araucanía y que para el niño Jorge Teillier, nacido en 1935, representaba un tiempo mítico, del que sin embargo podía ver rastros presentes en cada esquina, rastros históricos que confirmaban su verdad. El niño Jorge nació, pues, en medio de una comunidad de trasplantados y usurpados, gente que había tenido un lugar y lo había perdido, gente que venía de lejos a vivir en el extranjero, gente obligada a hablar una lengua que no era la suya. Allí están los trigales infinitos, testigos de todo ese proceso de arraigo y desarraigo. Allí están los manzanos y las plumillas de cardo, el mismo cardo traído por unos pocos colonos escoceses que, junto a su lema <em>“Nadie me hiere impunemente”</em>, quisieron conservar consigo su flor nacional. Allí están los molinos, las carretas de mapuches, las chicherías, los clubes sociales: todo eso que parecía venir de un tiempo lejanísimo, portando un mensaje de ausencia, y que sin embargo estaba ahí, ante los ojos del niño.</p>
<p style="text-align: justify;">De ese tiempo inicial, este libro remarca un hecho crucial, otra ausencia: su hermana muerta. La niña, de sólo dos años, murió en 1935, un mes después del nacimiento de su hermano Jorge. La ausencia de su hermana, sugieren los autores, marca la infancia y los posteriores recuerdos del poeta, que a pesar de no haberla conocido la llevó consigo siempre, como un fantasma, lo que por lo demás quedó escrito en algunos poemas.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/teillier3.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-591" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/teillier3.jpg" alt="teillier3" width="410" height="447" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Después tenemos la pérdida de la casa familiar, arrasada por un incendio junto a la mitad de Lautaro. Y esa pérdida lleva a la pérdida del pueblo natal, pues a partir de entonces se inicia un periplo que va de Lautaro a Santiago, de Santiago a Angol y de Angol a Traiguén, donde nuevamente se quema la casa y la familia lo pierde todo.</p>
<p style="text-align: justify;">Como vemos, el signo de la ausencia y la pérdida está presente en toda la niñez de Jorge Teillier, incluso en sus momentos felices, ya que pronto se encontró sumergido en novelas de piratas o relatos de mundos lejanos, encontrando así de nuevo el que sería su leit-motiv: la vida está ausente o, como lo parafraseó Jean-Luc Godard, la vida está en otra parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Es la ausencia la que marca sus días de estudiante trasplantado en Santiago, sus primeros triunfos literarios, sus primeros amores. Es interesante notar que incluso en ese aspecto, casi siempre feliz, igual que en la infancia surge una sombra de ausencia, como en ese poema dedicado a Beatriz Ortiz de Zárate que dice: <em>“Eres el peso profundo y secreto / de los granos de trigo / en la balanza de mi mano”</em>. Hasta en la plenitud amorosa se cuelan así las imágenes y elementos de la infancia y el mundo perdido, el trigo en la balanza de la mano, como si el presente, en lugar de sólo manifestarse, tuviera que ser evocado desde una ausencia original. La vida está en otra parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Y a los 36 años la vida sigue estando en otra parte y Teillier sufre su primera crisis alcohólica grave. A esas alturas, el golpe militar tuvo rasgos de golpe de gracia y Teillier prácticamente se retiró del mundo. Como poeta, hasta 1973 iba a todo galope, casi diez libros publicados y el reconocimiento casi unánime, y después apenas publicó dos libros en toda la dictadura.</p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, la vida tenue, casi invisible de Jorge Teillier, se dibuja en este libro en su cruda y paulatina desaparición entre <em>“una y otra oscuridad”</em>. Es una vida que en lugar de confiar en algún resplandor final en la muerte, abrazó como advertencia cotidiana ese verso de Rosamel del Valle que a él tanto le gustaba y que dice: <em>“Tu muerte o mi muerte serán un día como el derrumbe fortuito de una lámpara”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/teillier2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-593" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/10/teillier2.jpg" alt="teillier2" width="392" height="265" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">[Texto leído en la presentación del libro <em>Nostalgia del futuro. Biografía de Jorge Teillier</em>, de Luis Marín y Carlos Varverde]
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		<title>Nicanor Parra: el lobo disfrazado de corderillo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jan 2015 22:29:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Textos]]></category>
		<category><![CDATA[leonardo sanhueza]]></category>
		<category><![CDATA[Nicanor Parra]]></category>
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		<description><![CDATA[Leonardo Sanhueza (1974) es humilde al reconocer la influencia decisiva de Nicanor Parra en su devenir como escritor. Sanhueza, por allá a principios de los noventa, era un joven de 19 años, “timidísimo” ­-según sus palabras- que cursaba simultáneamente Geología y Lenguas Clásicas en la Universidad de Chile y, aunque ya era un lector avispado, nunca había pensado en dedicarse [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Leonardo Sanhueza (1974) es humilde al reconocer la influencia decisiva de Nicanor Parra en su devenir como escritor. Sanhueza, por allá a principios de los noventa, era un joven de 19 años, <em>“timidísimo” </em>­-según sus palabras- que cursaba simultáneamente Geología y Lenguas Clásicas en la Universidad de Chile y, aunque ya era un lector avispado, nunca había pensado en dedicarse a escribir. Ahí, la figura de Parra fue fundamental.</p>
<p>Sanhueza (autor de los libros de poemas <em>Tres bóvedas (2003), La ley de Snell (2010) y Colonos (2011); </em>la novela<em> La edad del perro (2014) </em>y la crónica<em> El hijo del presidente (2014), entre otros) </em>encontró en la figura del autor de los <em>Poemas y Antipoemas </em>la certeza de que su formación, escindida entre ciencia y literatura, podría tener validez intelectual y algún futuro en el mundo de las letras. De esta mixtura, recibió de la geología un marco conceptual, un entendimiento racional que lo ayudó a definir cómo y por dónde iniciar una búsqueda, que luego afrontó desde la literatura.</p>
<p>Luego de su debut en (un) curso dictado por Nicanor Parra, en el segundo año de su carrera, continuó asistiendo todos los años <em>(“ya sea como ayudante, como oyente o como sapo”).</em> Eso sí, nunca llegó a tener un trato de amistad con el poeta: <em>“estás loco. Yo era demasiado tímido. Además no tenía ni veinte años y Parra cerca de ochenta. Y ya era una figura”, </em>afirma<em>.</em></p>
<p>Las coincidencias entre ambos no terminan ahí: un profesor de geología invitó a Sanhueza a estudiar las piedras metamórficas de la zona de Las Cruces. El investigador no se había dado ni cuenta de dónde andaba buscando rocas; al llegar a la playa, miró hacia arriba y reconoció el lugar: andaba hurgueteando justamente debajo de la casa del vate. Esa vez, tampoco se le acercó.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong> <a href="http://mediorural.cl/demo/wp-content/uploads/2015/01/s2bn.jpg"><img class="aligncenter  wp-image-388" src="http://mediorural.cl/demo/wp-content/uploads/2015/01/s2bn-1200x799.jpg" alt="s2bn" width="493" height="341" /></a></strong></p>
<p><strong>PARRA: LONDRES, LA FÍSICA Y LOS DOBLES</strong></p>
<p>A los treinta y cinco años, en 1949, y con apenas un libro publicado Nicanor Parra salió desde el puerto de Buenos Aires con destino a Inglaterra para cursar un doctorado en la prestigiosa universidad de Oxford; este grado se sumaría a los títulos de Física en la Universidad de Chile y una maestría en Mecánica Avanzada en Brown, Estados Unidos.</p>
<p>Nicanor, en Inglaterra, no sólo se encontraría con la larga tradición poética de la isla &#8211; Shakespeare, Pound y Eliot, se convertirían en referentes en la obra del vate- sino que sus estudios matemáticos, especialmente los relacionados con la física cuántica, serían fundamentales en el viraje definitivo que sufrió su poesía durante esta época.</p>
<p>Durante los dos años que dura su estadía en Europa, escribe gran parte de los textos que conformarán uno de los libros más revolucionarios de la poesía en nuestra lengua del último siglo: <em>Poemas y Antipoemas</em>. Para Leonardo Sanhueza, la experiencia londinense es fundamental en la germinación de este poemario, <em>“ese paso por Oxford tuvo un impacto importante en el desarrollo de este sistema de dualidad (la poesía y la antipoesía) justamente porque la física cuántica deja atrás el mundo de certezas y pasa a preocuparse del mundo de las probabilidades. El otro aporte de la física cuántica para Parra fue la comprensión de la asociación de materia y antimateria; poesía y anti poesía. Estos encuentros de opuestos no deben ser vistos solo como la mera exposición de los opuestos, sino que al encontrarse producen algo nuevo, en el caso de electrón y positrón, la luz. En el caso de los opuestos parrianos, poesía y antipoesía, producen el artefacto literario”.</em></p>
<p>Para Sanhueza la génesis de esta veta tan rica que son los dobles/opuestos, está definida en el <em>Principio de Incertidumbre de Heisenberg</em>. Según Claudio Falcón, Doctor en Fisica de la Universidad Paris VI Pierre et Marie Curie y profesor de la Universidad de Chile, este postulado <em>“es una relación entre pares de variables conjugadas que implica la imposibilidad de conocer con precisión arbitraria sus valores al mismo tiempo. Si conoces una con mucha precisión la otra se te hace casi desconocida en sus valores”</em>. Explicado para niños y gatos, si en el mundo cuántico, se supiera con alta precisión la velocidad con la que se baja un cerro en bicicleta, es poco probable conocer con exactitud la ubicación en el cerro; o, viceversa, si se sabe dónde estás en el cerro, no puedes saber la velocidad. Falcón continúa: <em>“por eso se llama de incertidumbre: te dice que los valores no pueden ser conocidos con precisión, porque están conjugados. Si sabes muy bien cuánto vale uno, sabes muy pero muy poco del otro y, lo importante, es que necesitas de las dos variables conjugadas para saber el estado de tu sistema”. </em></p>
<p>Sanhueza sostiene que <em>“el universo parriano no está constituido por unidades cabales, si no que por pares: derecho y revés; humano y divino; poesía y antipoesía. Por ahí hay un famoso verso en que el autor se define como «un embutido de ángel y bestia</em> <em>». No es un cruce, no es una cohabitación, es un embutido brutal, manual, doméstico: una longaniza. Parra no quiere situar al ángel y al demonio, como lo haría el arte clásico, situando a uno de espalda al otro, él lo pone como algo bestial, donde la carne del ángel, evidentemente, es indistinguible de la de la bestia”.</em></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/01/parra.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-532" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/01/parra-746x1024.jpg" alt="parra" width="676" height="928" /></a></p>
<p>Parra llegó a Europa el mismo año en que terminó la segunda guerra mundial, por lo que este concepto de incertidumbre, no sólo proviene de Heisenberg, sino que del ambiente general que se vivía en el viejo mundo durante el período posterior a la guerra. El mundo del arte encontró varias alternativas para enfrentarse a esta realidad: nihilismo, modernismo y surrealismo, son algunos ejemplos de poéticas que conceptualmente descreían de un mundo real que estaba hecho trizas.</p>
<p>Con <em>Poemas y Antipoemas</em>, Nicanor Parra propone una opción distinta a la serie de manifiestos emergidos de las vanguardias, esta es, que no hay realidades absolutas, sino que sólo incertidumbre. Sanhueza explica que <em>“Parra, al proponer que la poesía y la literatura en general, deben estar asentados en un sistema de incertidumbre está, a su vez, dudando de su propia teoría”. </em></p>
<p>Sanhueza recurre al poema <em>Mariposa,</em> de <em>Versos de Salón</em> (1962), para intentar explicar su tesis de que el universo parriano es un juego constante de proponer y derribar certezas:</p>
<p style="text-align: center;"><em>En el jardín que parece un abismo<br />
la mariposa llama la atención:<br />
interesa su vuelo recortado<br />
sus colores brillantes<br />
y los círculos negros que decoran las puntas de las alas.</em></p>
<p>Interesa la forma del abdomen.</p>
<p>Cuando gira en el aire<br />
iluminada por un rayo verde<br />
como cuando descansa del efecto<br />
que le producen el rocío y el polen<br />
adherida al anverso de la flor<br />
no la pierdo de vista<br />
y si desaparece<br />
más allá de la reja del jardín<br />
porque el jardín es chico<br />
o por exceso de velocidad<br />
la sigo mentalmente<br />
por algunos segundos<br />
hasta que recupero la razón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que poner atención, discursea Sanhueza, desde que la lepidóptera deja el jardín. El insecto desaparece de la visión objetiva del hablante y entra en un mundo imaginario, pero este acto es simplemente un error, un desliz, un momento de despreocupación, hasta que la racionalidad vuelve a hacerse cargo de situación. Aquí Parra propone un juego en donde el hablante lírico se deja llevar por esa sensibilidad que le permite interesarse en el abdomen de un bicho alado, en sus círculos negros y en las filigranas de su vuelo, pero sólo <em>“por algunos segundos, hasta que recupero la razón”.</em></p>
<p><strong>LOS 100 AÑOS DE PARRA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuesta definir con precisión qué función cumple Leonardo Sanhueza dentro del mundo de la literatura: desde hace varios años que tiene una columna semanal en Las Últimas Noticias; formó la editorial <em>Quid</em> mucho antes de la moda de las editoriales (según su amigo Alejando Zambra, <em>Quid</em>, no era independiente sino que unipersonal, ya que Sanhueza las oficiaba de editor, redactor, diagramador, repartidor y contador, y el enojo de este último fue el que desembocó en el cierre prematuro a este proyecto); novelista de éxito (autor de La <em>Edad del Perro</em> y de la maravillosa <em>El hijo del presidente</em>, sobre la historia de Pedro Balmaceda). Lo que sí se puede decir con cierta seguridad es que Sanhueza es, antes que todo, poeta. Y lo parece. Tiene el pelo negro y enmarañado, al estilo Rimbaud; unos bigotes largos que se amasa con una mano, mientras habla con un ritmo pausado y, con la mano libre, fuma Lucky´s rojos con unos dedos largos y delgados, de tipo sensible. Él es tan delgado como sus dedos, tan flaco, que la lluvia que parte el cielo talquino, parece que no lo va a mojar.</p>
<p>Sanhueza, adentrándose en Parra, se queja de la escasa imaginación de los periodistas y el uso indiscriminado del <em>“anti”</em> para referirse a todo lo que tiene algo que ver con el poeta centenario: <em>ANTI homenaje</em>, <em>ANTI centenario, ANTI cumpleaños</em> y un agotador etc.</p>
<p>Al preguntarle, por la pertinencia de todo el circo mediático que se hizo del ANTI cumpleaños<em> y </em>ANTI centenario<em>, </em>responde que esta pregunta solo tendrá respuesta cuando haya otro poeta, tan grande, que a los cien años siga lúcido y, además, ex profeso se siga comportando como un <em>“lobo , disfrazado de corderillo”.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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