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	<title>MEDIO RURAL &#187; labarthe</title>
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		<title>CUARENTENA TERRITORIAL</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Apr 2020 23:31:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[CUARENTENA TERRITORIAL Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.      LA CUARENTENA ES UN ABANDONO CHILE ESTÁ EN CUARENTENA CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO &#160; Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;">CUARENTENA TERRITORIAL</h2>
<p style="text-align: center;"><strong>Cadáver no exquisito, caída libre en pleno apocalipsis.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>LA CUARENTENA ES UN ABANDONO</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ESTÁ EN CUARENTENA</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>CHILE ES UN PUEBLO ABANDONADO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify; padding-left: 60px;">Como colectivo Pueblos Abandonados hemos abordado equívocamente la técnica surrealista del cadáver exquisito, haciendo más bien una vorágine de impresiones que adquieren el formato de la reflexión, la prosa, el microcuento o el poema. Allí, como escritores que habitamos territorios lejanos del centro metropolitano, sentimos la cuarentena en tanto confirmación estética y política de la dejación institucional, del vacío que ha dejado la enajenación capitalista sobre el cuerpo flagelado de la patria asediada por un rey pestilente coronado por el aislamiento.</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                    *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">El mundo se terminó, menos mal, es lo que esperábamos durante mucho tiempo, tanto esperamos que llegó después, cuando el deseo estaba perdiendo conexión con el objeto deseoso, o cuando daba lo mismo. El placer no fue de triunfo, sólo de constatación levemente nihilista del fin de un orden que se fundió por obra y gracia de un desequilibrio con la zoonósfera o por un tema de salud pública, no por la movilización social. Los abandónicos, los militantes del colectivo Pueblos Abandonados (en adelante PPAA) siempre postulamos que desde hace mucho rato nos tenían en cuarentena o aislados, porque éramos incorrectos, pero no en un sentido triunfal, porque siempre estuvimos cuarentenados o aislados por razones de (in)correctividad política.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, debimos padecer un aislamiento salvaje en unos pueblos de mierda, no porque lo fueran, sino porque querían dejar de serlo. Es decir, querían padecer la misma sed y hambre de consumo suntuario que los de la capital, querían la misma legitimidad, el ismo nivel de iniquidad que la capital, y de alguna manera lo lograron. Resulta que ahora se protegen de la peste que traen los santiaguinos que quieren venir a pasar la crisis sanitaria en el litoral, en área de ciertos pueblos abandonados que son una sucursal del infierno. Esto me recuerda cuando en periodos de guerra ciertos ricachones iban a capear la guerra en zonas vacacionales. Recuerdo una hermosa crónica de Sandor Marai al respecto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resumen, teníamos razón, pero nuestro objetivo era no tenerla, y fue justo al revés. Hemos fracasado una vez más. Uno hubiera esperado tener en estos pueblos de mierda una peguita estable en una biblioteca municipal, por dar un ejemplo o en el departamento de cultura municipal, pero esos trabajos estaban reservados para los poderes fácticos que ponían a su gente ahí en donde reinaba la poderosa razón municipal. Y ahí sufrimos más que humillaciones, nos omitieron. Tanto es así que ni siquiera nuestros textos están en el catálogo de esas malditas bibliotecas municipales, debiéramos hacer algo como colectivo (darle una vía judicial, por ejemplo), sólo están los canónicos santiaguinos. ¡Me creerán que no hay ningún libro de mi autoría en la biblioteca público municipal Vicente Huidobro de San Antonio! No es por ser autorreferente, pero ahí hay una ilegalidad que debemos enfrentar, porque sabemos que hubo compras oficiales que implicaba que los libros adquiridos iban a estar en esos anaqueles. Puede que haya uno que otro, pero no los exhiben. En lo personal yo sé que hay un funcionario de la biblioteca de San Antonio involucrado en esta conspiración, el que pretende vengarse por aparecer como personaje de algunos relatos que necesariamente debemos hacer los que suscribimos al colectivo PPAA, dado nuestro objetivo de levantamiento territorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En fin, esta casuística nos sirve para entender la razón profunda de este cuarentenarismo que es un evento o acontecimiento que hace de puente al otro mundo, a un inédito porvenir para el que nos hemos preparado practicando la poética del abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                        *                     *                     *</p>
<p style="text-align: justify;">Valparaíso tiene, en su parte plana, dos zonas o barrios: El Puerto y El Almendral. La primera ahora es más una zona comercial y de servicios que portuaria, el pasado le da su nombre. Con la pandemia tiene muy poco movimiento; en el muelle para turistas las embarcaciones se mecen con absoluta calma. No hay, no habrá turistas, no hay lancheros ni quienes ofrecen los viajes a gritos y cuentan aguas adentro a grandes rasgos la historia esplendorosa de la ciudad, cada vez más lejana. Aun así, se ve movimiento de grúas detrás de las rejas. El Puerto sigue funcionando.</p>
<p style="text-align: justify;">Los que andan a pie se miran unos a los otros, porque en el otro está enfermedad. La mitad anda con máscara. Camino por el borde costero con un amigo, no he visto ninguna mujer. Compramos cerveza en una botillería que funciona como cualquier día, la tomamos en una placita. Hay otras personas que sufren el encierro y han salido, que fuman cigarros o marihuana cerca, que pololean. Ninguno anda con mascarillas. Tampoco lo hace un joven que mira por todos lados qué rescatar. Su caminata es rápida. La crisis para muchos habitantes de Valparaíso estará en el reciclaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra cuarentena es la mentira. Lo sabemos: no son ni serán cuarenta días sino quince y así, de quince en quince nos vamos, <em>en la medida de lo posible</em> como dijo Patricio Aylwin. Entonces Puerto Montt intenta hacer una quincena pero no puede, no le sale. En el fondo así siempre se ha ido construyendo nuestro abandono. Hecho de una tracalada de eufemismos y plurales de cortesía. Palabras que se suponía eran provisorias, desechables. Mi viejo me dijo una vez que eso en el rubro la construcción tiene un nombre, “ponerle un provisorio definitivo”. Y vamos poniéndole provisorios definitivos. Son palabras tramposas como la palabra: teletrabajo, mascarilla, alcohol gel. Puro jurel tipo salmón, o peor aún, puro salmón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                               *                     *                     *</p>
<p> “Me importan un carajo los pueblo pequeños” dice el personaje en una película polaca que vi hace poco; los demás se ríen con ese aire de arrogancia de quien cree un mérito personal el vivir en la gran ciudad a la que considera centro del mundo. Pues bien, esa fantasía se desmorona hoy con este encierro físico y simbólico. Después de llegar a extremos de refinamiento como pagar fortunas por un plato de aire o consumir hasta el hartazgo cuanta novedad les ofrecía el mercado, están descubriendo que lo único necesario es el aire para respirar. Lo mínimo para sobrevivir y ojalá soñar con días venideros. El frenazo los vuelca hacia el espacio que nosotros, los pueblerinos conocemos tan bien: cada gesto tiene su peso, su consecuencia, su profundidad. Todos los citadinos creídos quieren ahora lo que tenemos nosotros”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Está rodeado. Desde afuera</p>
<p>la casa se encoge en plena cuarentena.</p>
<p>No hay visitas ni paseos,</p>
<p>sola está la familia.</p>
<p>Abre el piano</p>
<p>y se dispone a ejercitar</p>
<p>los mismos cuatro acordes</p>
<p>de la conmoción de lo inmediato,</p>
<p>madera y acetato de todos los días.</p>
<p>Las notas alternan</p>
<p>entre lo clásico</p>
<p>y el monocorde. Está a salvo:</p>
<p>la epidemia acecha todo</p>
<p>menos la rutina.</p>
<p>Es un broche –se dice–.</p>
<p>Un himno.</p>
<p>Es una hermosa película sin protagonistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Pedro Rubilar tuvo muy mala cueva. En agosto el área administrativa se fue a paro, y a pesar  que la empresa de aseo era externa, igual  un día las llaves de los baños dejaron de circular teniendo que manguerear los wáter desde una ventanilla. A mitad de octubre la gente salió a marchar y quemaron el Otto Shop, quebraron las vitrinas del banco, una noche los pacos se cebaron apaleando pingüinos y una mañana llegó el finiquito por mail:    SERVILIM Ltda lo invita a una reunión extraordinaria con el fin de revisar su situación laboral.  A la semanas Rubilar cobró y a fines de febrero tomó una micro a Iloca y arrendó una cabaña en La Puntilla, estuvo cuatro días durmiendo,  sintiendo el arrullo del mar en la orejas y nunca pensando en lo que podría venir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Hemos pasado de ser el ombligo del universo a convertirnos en una mota de polvo en la periferia. Avanzamos extrañados y sorprendidos desde el último tentáculo de la tromba hacia el sol negro en medio de la galaxia. No somos nada.  No hay centro en lo profundo del infinito.</p>
<p>Pero sí, somos animales jerárquicos, monos hechos de agua, tierra y luz, como el resto de la jungla. Y gravitamos como idiotas frente al más pesado de la manada. Yo soy el simio que mira desde afuera, desde la rama clave, observando. Ignoro sus cabriolas y su vanidad. Soy un hijo más de esta bestia que somos entre todos. Desde acá lanzo mi grito y sé que me van a escuchar mis hermanos también en las afueras. Desde acá entiendo que todo es una extraña ilusión. Que en cualquier momento todo se transforma. Que nada es para siempre, que todo lo sólido se difumina en el aire.</p>
<p>En medio del caos, es hermoso saber mi procedencia y entender que mi camino viene y vuelve hasta mi pequeño pueblo abandonado. Como muchos, vivo en una eterna forma de cuarentena. Eso me ha mantenido vivo hasta ahora. No soy un escritor de Nueva York, lo digo con orgullo y yo diría con alivio. No me alimento del contacto con otros gusanos en la botella. Es difícil que me infecte de sus artificios. Estoy fuera de la botella, pero no tengo miedo de estar solo, masticando mis confusiones y mis verdades. Cada cierto tiempo acudo al llamado de mi jauría de bestias imaginarias. Voy hacia ellas, como ahora, moviéndome con soltura en medio de una selva que se mueve lentamente, que avanza hacia ese sol oscuro que terminará por devorarlo todo.</p>
<p>Gran parte del camino, lo hago sonriendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Fue cuando las ciudades fueron recuperadas por los animales. Cuando los ricos por primera vez consideraron a los pueblos y ciudades pequeñas como lugares de protección frente a la pandemia, pero no se habían dado cuenta que después de tantos años de abandono por parte de ellos y de sus metrópolis, ya era demasiado tarde. Lo de los animales salvajes volviendo a los lugares que les habían sido arrebatados por la civilización ni siquiera eran una metáfora, Los abandonados se hacían presentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>Enrollada en la sala mira con enfado porque le he estropeado la siesta. La tristeza se vuelve un animal obeso cuando la domesticas, le digo. Iré con una botella de espumante de paseo al balcón y no la voy a llevar. Por eso está nerviosa, no le gusta estar sola. Está encerrada como esos locos que se esconden en la pieza del fondo para que las visitas no los vean. Se ha vuelto una tristeza de mierda. Antes era una tristeza digna, vagaba por la pampa forajida y amarilla. ¿Es válido amansar la tristeza? ¿Volverla educada? ¿Enseñarle modales? Las burbujitas del champagne se agarran de la copa. El paisaje desde el balcón presume una inercia de quirópteros y en el horizonte hay un surco congelado de lagartos. Llovizna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">                                   *                     *                     *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi calle es un país en cuarentena. Punta Arenas es un planeta invernal al interior de un sistema de solar en cuarentena. Quizás porque nos hemos vuelto islas que se desgajan en la geografía de la ausencia y esperamos que vengan a rescatarnos  desde el espacio exterior. Eso somos, animitas en medio de la acera evocando el momento de la colisión. Y es que el cuerpo saqueado de la patria siempre estuvo en cuarentena. Así fue siempre el país que en ocasiones servía para el asombro veraniego del mochilero y que los inviernos bautizaron con tantos nombres olvidados. Olvidados y vueltos a olvidar. Miren, allá va el viento llevándose mi camisa hacia extensiones coironales o acantilados sin luz, quiere una bandera como emblema de su soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marcelo Mellado (Valparaíso- San Antonio)</p>
<p>Cristóbal Gaete (Valparaíso)</p>
<p>Oscar Petrel (Puerto Montt)</p>
<p>Rosabetty Muñoz (Ancud)</p>
<p>Jose Tomás Labarthe (Curicó)</p>
<p>Claudio Maldonado (Talca).</p>
<p>Cristian Geisse (Vicuña).</p>
<p>Cristián Vila Riquelme (Algarrobito).</p>
<p>Yuri Soria Galvarro (Puerto Montt).</p>
<p>Oscar Barrientos Bradasic (Punta Arenas).</p>
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		<title>La memoria de Alejandra Costamagna: “El pasado no es sólo pasado si lo miramos desde hoy”</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 22:31:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por José Tomás Labarthe Hablemos de En voz baja (1996), ese texto tuyo que representa toda una manera de relacionarse en el contexto histórico de la dictadura, cómo se comunicaba la sociedad y la familia. ¿Tiene que ver, incluso con cómo hablando bajitose va dejando de hablar? ¿Con cierto secretismo? En esos años, en los años que transcurren en el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6>Por José Tomás Labarthe</h6>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj1.jpg"><img class="aligncenter wp-image-767 size-medium" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj1-300x186.jpg" alt="paj1" width="300" height="186" /></a></p>
<p><strong>Hablemos de <em>En voz baja (1996)</em>, ese texto tuyo que representa toda una manera de relacionarse en el contexto histórico de la dictadura, cómo se comunicaba la sociedad y la familia. ¿Tiene que ver, incluso con cómo hablando bajitose va dejando de hablar? ¿Con cierto secretismo?</strong></p>
<p>En esos años, en los años que transcurren en el relato, una de las cosas que recorre el libro es el sistema de protección que operaba hacia los niños, ya fuera por la censura directa o porque no estaba bueno decirlo, como por ejemplo <em>“tú no entiendes eso”</em>, <em>“algún día vas a entender”, “hay ciertas cosas que es mejor no hablar”</em>, de alguna manera eran como esos silencios en que toda la sociedad estaba un poco metida.</p>
<p><strong>¿Por qué reescribiste <em>En voz baja</em>, un texto que en algún momento fue novela y que ahora aparece publicado como cuento en <em>Había una vez un pájaro</em> (Editorial Cuneta, 2013)? ¿Qué cambió?</strong></p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj2.jpg"><img class=" size-full wp-image-768 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj2.jpg" alt="paj2" width="300" height="500" /></a></strong>Pienso en cómo la memoria y las palabras también se gastan. Cómo volver a darle sentido a ciertas palabras o a ciertos recuerdos que de tanto repetirse dejan de tener resonancia. La memoria como un ejercicio activo, no la memoria como una cosa museificada que se quedó atrás y que podemos reducirla a un estante quieto.</p>
<p><strong>¿Es como la memoria que añora Lewis Carroll en <em>Alicia a través del espejo</em>, una memoria que funciona también para adelante?</strong></p>
<p>Repensar la memoria desde hoy es pensar en las consecuencias. Es no dejar las cosas estampadas, quietas. Es no dar vuelta la página, y seguir enfrentándonos a temas que siguen muy vigentes, a lo mejor en situaciones que ya no se dan en el contexto opresivo de la dictadura sino en espacios mucho más concretos, más íntimos, en el ámbito de las relaciones personales que son como resacas. Las palabras tienen un peso y vuelven hoy día a resignificarse.</p>
<p><strong>¿Esa fue tu realidad también?</strong></p>
<p>Mis padres son argentinos. Eso generaba una situación ventajosa, de ser unos extranjero con especie de fuero. Aún así en mi casa había palabras prohibidas. <em>“Quilapayún. Comunismo”</em>. Cuando la gente me preguntaba si mis papás eran comunistas yo decía: <em>“no, ellos son argentinos”.</em></p>
<p><strong>¿Qué tan inocente es esa mirada, de niña, que está muy presente también en el texto? ¿Cómo ha evolucionado esa lectura?</strong></p>
<p>Hoy puedo mirarlo como los niños que fuimos pero en su momento tuvo un peso dramático muy fuerte. Hoy puedo mirarlo desde el papel del hijo con otras coordenadas. Ahora ya estamos pasados de ser los padres, hace rato.Ya tenemos la edad que tenían nuestros padres y bastante más. Entonces es volver a ese lugar y poder poner los temas nuevamente.</p>
<p><strong>En el libro, la niña habla de <em>“raspar la memoria”. </em>Se transmite una sensación de que recordar es algo doloroso, como ir al dentista.</strong></p>
<p>Abordar la memoria no es pensar en reconstruir una verdad objetiva, no es un ejercicio de tomar un documento y volver a traerlo al presente. Al traer el pasado al presente lo que estamos haciendo es una construcción más que una reconstrucción. Hay algo íntimamente vinculado entre ficción, historia y memoria. Recordar es armar un relato. Los recuerdos que vienen de prestado, los recuerdos vicarios, como <em>“yo recuerdo que recordaba”, o “me contaron esto y yo lo asumo como un recuerdo propio”</em>, es también asumir que tal vez sería bueno hablar de “las memorias” en plural, más que de la <em>“memoria única”</em>, y en eso el ejercicio escritural es sumamente rico pues nos permite hacer esos cruces.</p>
<p><strong>Eso tiene que ver con la Historia, con mayúscula, y las pequeñas historias. ¿Cuánto de lo que recordamos es un acto de creación? </strong></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj3.jpg"><img class=" size-full wp-image-769 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/paj3.jpg" alt="paj3" width="300" height="451" /></a>El testimonio, teniendo todo el peso y el valor histórico, sobretodo en un momento en que aporta verdades que sirven para una reconstrucción judicial, tiene algo un poco a medias, un poco cojo, porque hay lugares a los que el querer llegar tal como fue, el querer reconstituir tal como las cosas fueron, es imposible. La posibilidad de la literatura entonces es la del <em>“y qué hubiera pasado si”</em>. Ponerse en los límites de lo posible. El relato ficticio puede ser verosímil y al mismo tiempo alimentar una reflexión igualmente rica sobre las posibilidades o las consecuencias que se desprenden para la vida real. Me parece que ahí la ficción tiene armas muy poderosas más allá del realismo o no realismo, es ponernos en los escenarios posibles dada nuestra situación.</p>
<p><strong>En este cruce entre ficción y memoria aparece también la posibilidad de alterar el curso de las cosas, la herramienta transformadora, la aparición de lo inesperado, la apertura de otras posibilidades…</strong></p>
<p>Cuestionarnos lo que podría haber sido, lo que habría ocurrido, y cómo, como seres humanos, nos hubiéramos enfrentado a eso. Ese escenario enriquece mucho la discusión. En relación a lo que mencionabas anteriormente de las memorias micro y de las macro, yo creo que la gran historia se construye con este puzzle de pequeñas memorias. El lugar común es que no se ha escrito la gran novela chilena de la dictadura, como si tuviera que haber una novela río, una como de estas novelas del boom que diera cuenta de esa historia, y a todo esto, sí las hay, como <em>Casa de campo </em>de José Donoso, o <em>Nocturno de Chile</em> de Roberto Bolaño, y muchas otras. Pero sobre todo pienso en novelas que desde los primeros setenta hasta hoy han abordado el tema con distintas ópticas, sin aspirar a constituir esa novela total. Para mí ahí se arma la gran novela de la dictadura: con los fragmentos de todas esas novelitas que abordan el tema.</p>
<p><strong>¿Cómo ha evolucionado en la literatura chilena esa relación con la realidad, con lo ocurrido, cuando la realidad de lo ocurrido no ha evolucionado mucho? Ahora, más que nunca, siguen renovándose los pactos de silencio, la ausencia de una verdad colectiva…</strong></p>
<p><em>Bagual</em> de Felipe Becerra, es un buen ejemplo. Aborda el tema desde un lugar muy alegórico, muy poco realista, son como especies de fantasmas que habitan la cabeza de una mujer y que dicen ser sus hijos que están repartidos por ahí. Hay en esa imagen la alegoría de una situación nacional de orfandad, hay una serie de claves en las que uno puede leer esa novela, que me parecen mucho más enriquecedoras que pensar en la pura lectura en bruto de los hechos. O no sé si mucho más pero me parece que permite entrar al tema desde distintos lugares.</p>
<p><strong>¿Tu búsqueda en la literatura es un poco así no, lateral? </strong></p>
<p>La gran historia no siempre son esos momentos épicos, pensando en la fotografía: el momento preciso de la situación. Sino estas colitas que quedan fuera, ese negativo medio borroso, esa foto fuera de plano. La historia uno podría contarla de esa forma, desde esos resabios. Para mí los 3 tiempos están sumamente vinculados, el pasado no es sólo pasado si lo miramos desde hoy.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Día y fuga de Jorge Teillier</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2016 14:25:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por José Tomás Labarthe I Abre los ojos en el Sur de un planeta que se debería ver azul. Su madre lo abraza conmovida, mientras en la radio alguien llora la muerte de Gardel. Alguien teme asomarse al espejo cuando es medianoche. De pantalones cortos sale a la calle junto a su padre bajo la lluvia. Escucha distintos idiomas mientras [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6>Por José Tomás Labarthe</h6>
<h1>I</h1>
<p>Abre los ojos en el Sur de un planeta que se debería ver azul. Su madre lo abraza conmovida, mientras en la radio alguien llora la muerte de Gardel. Alguien teme asomarse al espejo cuando es medianoche. De pantalones cortos sale a la calle junto a su padre bajo la lluvia. Escucha distintos idiomas mientras camina. Lo suben al auto y le entregan un libro con el que dormirá abrazado en un hotel. Sueña que lee en el jardín a su hermana muerta. Viaja por el mundo a bordo de un globo. Un traidor dicta una ley que será maldita. Escribe un poema y siente que fue otro el que legó ahí sus palabras. Gana su primer premio cantando a una reina de otra primavera. Se compra un terno y festeja bebiendo junto a los amigos. Sube a un tren y atraviesa la noche.</p>
<h1><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/dia1.jpg"><img class="alignleft wp-image-829" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/dia1.jpg" alt="" width="263" height="163" /></a>II</h1>
<p>Despierta ya en la capital. Entra a los jardines del Pedagógico y escucha su primera clase. Se acerca a una joven que aprendía alemán. La besa. Sueña con ella tener una familia y dos hijos. Le entregan una caja con su primer libro. “Un libro prematuramente maduro”, dicen. Festeja demasiado con los amigos en casa. Conoce a una joven que pinta. Ha aceptado batirse a duelo, pero no se encuentra con quien lo retara. “San Jorge no encontró al dragó”, dice. No para en casa. Ahora pasa por la biblioteca y encuentra a un hombre copiando libros de poemas. Se presentan. Felices por el encuentro, salen a buscar una copa de vino y emprenden una amistad contra la muerte. Triunfa la Unidad Popular. Recuerda a su padre y la felicidad tras tantos años en la lucha. Vuelve a su oficina, en el segundo piso de la casa central de la universidad. Entrega las últimas correcciones del boletín en el que trabaja. Baja corriendo a la Alameda por donde pasa la mayor parte de los troles al estadio. Miles de banderas rojas en la entrada. Un hombre de larga barba que por entonces seguía siendo revolucionario habla durante horas. Lo acompaña el presidente socialista elegido por el pueblo y para el pueblo. Sus lentes de marco ancho guardan la visión de un sueño extraordinario. Un amigo pintor le presenta a otra joven pintora de aires vikingos, como si viniera de los hielos de aquel norte. Pasan aviones sobre sus cabezas. El Presidente defiende la casa de gobierno, mientras entrega sus últimas palabras al futuro. Los naranjos en llamas. La patria huele a muerte. Militares traidores. El espíritu de nuestro pueblo ahora en trizas. “La letra con sangre entra”. Dolor y oscuridad. Su familia se dirige al aeropuerto hacia el exilio. Va a subir los escalones de retorno a su oficina, pero decide no volver. Pide ayuda a una bella joven para cruzar la Alameda, afirmando que no le era algo fácil. Ella sonríe. Abre las puertas del bar en la calle Nueva York. El dueño y todos lo saludan en el oasis donde la amistad fluye como en el palacio de una aristocracia que es la llamada “mesa de los poetas”. Tomará vino si le ofrecen vino. Tomará agua si le ofrecen agua. Abre una carta que envía un amigo desde muy lejos –más allá de la Lima del otro pirata– con algunos billetes que se transforman en un brindis que no cesa. Busca entre sus bolsillos y nota que ha perdido un poema inconcluso junto a un programa del Club Hípico, como tantas otras cosas más. Oscuro recuerda la clínica y a un pintor que será poeta y que terminará quitándose la vida.<br />
Vuelve a su casa cerca de la cordillera. Antes entra al restaurant de siempre por una última cerveza. Una camarera nueva lo reconoce y le pide un poema. Él lo escribe en una servilleta y se lo entrega. Ella le reclama que el poema es de Apollinaire mientras ríe encantado. Adivina que mañana beberá una copa de champagne dulce y se despedirá de la ciudad rumbo al fundo junto al molino, donde también lo esperan un perro y un gato que no resistirán su muerte. Ha esquivado los golpes del olvido. Sabe que será la última vez que camine esas calles antes de volver donde se sentía flotar, lleno de alegría, liberado de sí mismo, fuera de toda realidad.</p>
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		<title>Mauricio Redolés:  “El humor está en medio de la crueldad”</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Apr 2016 19:44:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[labarthe]]></category>
		<category><![CDATA[medio rural]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[redoles]]></category>
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		<description><![CDATA[Por José Tomás Labarthe Fotos por Francisco Flores &#160; ¿Cómo es tu relación con la escritura? ¿Cada cuanto te sientas a escribir? ¿Escribes sentado? &#160; Es una relación más onanista. Es darle y darle vueltas, pura masturbación, no atacar, no ir al meollo. Estoy trabajando con los recuerdos. Por ejemplo: pasé por una esquina que está a una cuadra de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por José Tomás Labarthe</p>
<p>Fotos por Francisco Flores</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/redoles.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-741" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/redoles-1024x680.jpg" alt="redoles" width="676" height="449" /></a></p>
<p><b>¿Cómo es tu relación con la escritura? ¿Cada cuanto te sientas a escribir? ¿Escribes sentado?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es una relación más onanista. Es darle y darle vueltas, pura masturbación, no atacar, no ir al meollo. Estoy trabajando con los recuerdos. Por ejemplo: pasé por una esquina que está a una cuadra de mi casa y recordé que a los 9 años me paraba ahí con mi padre a esperar el bus que nos llevara al colegio. Él era profesor de quinto básico. Y casi siempre mi padre me decía <i>“a ver las uñas&#8230; toma, límpiatelas”</i>, y me pasaba un par de fósforos. ¿A quién le puede interesar ese recuerdo? ¿Qué importancia puede tener ese recuerdo de uno limpiándose las uñas frentes a su padre? A mí me importa, por supuesto. No quisiera que se muriera ese recuerdo. A lo mejor que fuera el último recuerdo antes de morir. Pero al mismo tiempo a lo mejor alguien se interesa en ese recuerdo: un pariente, un familiar, un desconocido. Y dejé el recuerdo ahí hasta que leí un libro de Georges Perec llamado <i>“Yo recuerdo”</i>. Ahí se cruzaron cosas que le importan a nadie, pero me importan a mí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Cuál es el primer recuerdo que abre la serie?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El primer recuerdo que escribí no fue el de mi padre, fue otro. El primer recuerdo que escribí fue cuando nos trasladaron siendo presos políticos al centro de tortura de la cárcel pública de Valparaíso. Llegamos ahí, ordenamos unas frazadas en el suelo, no habían camastros ni nada, dormimos en el cemento y nos tapamos con las frazadas dobladas. Y estábamos en eso cuando tipo diez de la noche se escucha el llamado de algún preso político. Luna era el apellido, creo. Héctor Luna. <i>“Héctor Luna debe presentarse en la guardia interna”</i>. Chucha, pensamos, llegó el Servicio de Inteligencia Naval, la DINA todavía no había sido formada parece, la CNI no existía, no pensaba en nacer, estaba en los ojos de Mamo Contreras no más. Y se llevaron a Luna. Y después otro nombre y otro y otro y otro y los compañeros iban bajando y desapareciendo. Y de repente llaman a mi amigo Tito Tricot, baja y yo dije: <i>“me van a llamar a mí”</i>. Y me llaman. Salgo y por la galería de al frente venía Luna, el primero que habían llamado. Venía de vuelta a su celda, riendo. Traía un paquete café, de papel craft. Las bolsas de plástico no estaban tan de moda. Y me dice: <i>“son encomiendas de las familias”</i>. ¡Pacos culiaos! Como llaman a las 10 de las noche para entregarte una encomienda. Además no se podía ir al baño así que nos estábamos cagando encima adentro de la celda.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><b>MOTONAVE LEBU</b></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">no lloré porque soy hombre</p>
<p style="text-align: center;">tú llorabas</p>
<p style="text-align: center;">al lado mío</p>
<p style="text-align: center;">en ese barco desnudo</p>
<p style="text-align: center;">acurrucado entre los colchones y las estrellas</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">a las 6 menos 5 empezaba el golpeteo</p>
<p style="text-align: center;">del cabo de turno</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">una tabla sobre el metal</p>
<p style="text-align: center;">esa noche tú llorabas</p>
<p style="text-align: center;">yo no lloraba</p>
<p style="text-align: center;">yo soy hombre</p>
<p style="text-align: center;">yo no lloro</p>
<p style="text-align: center;">pero esas lágrimas</p>
<p style="text-align: center;">fueron otros días</p>
<p style="text-align: center;">solo</p>
<p style="text-align: center;">en una ciudad europea sin nombre</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">no huevís    dije yo</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">no lloro</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">en ese barco desnudo entre las estrellas</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">pero tú lloraste</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">quién pudiera volver en los años y llorar contigo</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">para estar limpios hoy</p>
<p style="text-align: center;">como una tabla golpeteando el metal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Desde qué ángulo te interesa presentar estos recuerdos?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo importante es el ángulo de incidencia. Cómo entro al texto. La respuesta la tiene la NASA y también la agencia espacial soviética, digo soviética y no rusa pues yo todavía vivo en el siglo XX. Cuando se vuelve a la tierra hay que entrar en un ángulo determinado: si se vuelve en 90º respecto de la superficie la cuestión pasa para abajo y se incendia. Si entra en un ángulo menor rebota. Entonces debe entrar más bajo de los 45º cosa que pueda entrar y penetrar el vehículo. Qué quiero decir con esto, respecto de la escritura. El ángulo del recuerdo no puede ser tan obvio, ni puede ser tan importante. A lo mejor si es importante el recuerdo tiene que estar disfrazado de poca importancia para que esté la sorpresa ahí.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Eso me recuerda la raíz de la palabra recuerdo. </b><b><i>Recordari</i></b><b>. Encordar. Volver a pasar por el corazón. La memoria como un ejercicio sentimental. Teñido de emoción. ¿Cómo lidias con la emoción en estos recuerdos para encontrar ese ángulo de incidencia?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ejemplo: si yo digo<i>, “yo quería mucho a mi papá, fue mi profesor en quinto básico”</i>… maté el texto. Este es un libro de memorias, pero sin serlo. Bolaño decía que él no soportaba los libros de memoria porque quien los escribía debía tener un pene de considerable tamaño. Así que no puedo llamarlo así, sería propaganda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>No parecieras estar describiendo solamente este libro, sino toda tu poesía: una anécdota, mirada desde el costado, como rodeando la experiencia sin revelar directamente su significado… </b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, sí, por supuesto, claro. Ahora, también hay textos que no son tan de sucesos y que son más herméticos y que tienen que ver con ideas, con el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Te ha costado este proceso de catarsis, de volver atrás a redescubrir momentos?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí de todas maneras. Ha sido un proceso sin dolor pero con emoción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Qué emoción?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El amor. El amor de mi madre, de mi padre, el amor que yo he tenido por mi hermana, por mi hermano. El amor por mi hijo. Por novias, pololas, ex novias, ex pololas. El amor por mi mujer. Y también el odio. Carlos Droguett decía que un ser humano no estaba completo si no era capaz de odiar. Y yo también reivindico el odio. Es una contrapartida del amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿A quién odias?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy odié a dos personas. Fui a dejar a mi hija al colegio y una señora se estaciona con su 4&#215;4 en el paso de cebra. Yo le golpeé el capó y le grité: <i>“¡este es un paso de cebra!”</i>. Y después en avenida Brasil con Rosas un ciclista me tiró su bicicleta sin respetar la luz y yo le grité: <i>“¡tenías roja, imbécil!”</i>. Los odié.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Sufres de esos mismos episodios pero en clave amorosa?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí. Un tipo iba al trabajo y me saludó. <i>“Tú eres Redolés, me dijo. Yo vivo en el barrio. Qué bueno empezar el día viéndote”</i>. Es un poco vanidoso contarlo, pero esas cosas me llegan. En Santiago se ha perdido la amabilidad. Cuando encuentras la amabilidad de compartir se valora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><b>NO ERA CECILIA</b></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Yo tuve una amiga que se llamó Cecilia</p>
<p style="text-align: center;">ese no era su nombre pero eso no importa</p>
<p style="text-align: center;">con Cecilia nos encontrábamos en un parque sin extensiones</p>
<p style="text-align: center;">un lugar iluminado por sus lagunas</p>
<p style="text-align: center;">caminábamos sin tocarnos ni hablar</p>
<p style="text-align: center;">yo al lado de ella ella al lado mío</p>
<p style="text-align: center;">Cecilia quería ir a un Club de Jazz en esa</p>
<p style="text-align: center;">extraña ciudad</p>
<p style="text-align: center;">hoy Cecilia está muerta</p>
<p style="text-align: center;">murió hace años</p>
<p style="text-align: center;">Leí la noticia en un diario con despreocupación</p>
<p style="text-align: center;">porque nunca supe que Cecilia había muerto</p>
<p style="text-align: center;">porque Cecilia no se llamaba Cecilia</p>
<p style="text-align: center;">se llamaba papel de diario chilena muerta</p>
<p style="text-align: center;">sudaca desaparecida chicana quemada</p>
<p style="text-align: center;">pero era joven y era hermosa</p>
<p style="text-align: center;">esperaba mis humeantes poemas</p>
<p style="text-align: center;">¡cuando yo era el huevón más sólo del mundo!</p>
<p style="text-align: center;">¡Cecilia era el contacto con la otra voz!</p>
<p style="text-align: center;">con tu voz</p>
<p style="text-align: center;">murió Cecilia la que soñaba con la revolución la que</p>
<p style="text-align: center;">soñaba con ese poema</p>
<p style="text-align: center;">hace muchos años nos abrazamos en ese parque de</p>
<p style="text-align: center;">luz y última vez</p>
<p style="text-align: center;">no sabíamos que era la última vez y por siempre</p>
<p style="text-align: center;">nos abrazamos no más como dos jóvenes chilenos</p>
<p style="text-align: center;">en el destierro más absoluto</p>
<p style="text-align: center;">nunca intercambiamos promesas de ningún tipo</p>
<p style="text-align: center;">porque ella era la promesa porque yo era la promesa</p>
<p style="text-align: center;">hoy sus huesitos enterrados quizá dónde</p>
<p style="text-align: center;">hoy los míos temblando vivos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Ahí también aparecen otros elementos centrales de tu poesía, además del amor y del odio, el humor y la ternura. </b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sí, yo he pensado en qué nos hace reír. Chile tiene una gran capacidad de reflexión humorística frente al absurdo. Eso está reflejado a lo mejor en José Miguel Varas, en Pezoa Véliz, en la poesía del <i>Grillo</i> Mujica, de Parra. En la <i>Manivela</i>, el mejor programa de la televisión chilena. Eso me interesa. ¡El Ché copete no me interesa para NADA! El humor del Kike Morandé es una cuestión asquerosa. El humor grosero, relacionado con el poto y el pico, y la tallita, y dale con la tallita que solamente refuerza cuestiones obvias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Hablemos más de la talla, esa suerte de chiste popular, encapsulado, espontáneo…</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es que la talla es algo que surge entre la muchedumbre, para denostar a alguien, para hacer ver su ridiculez. Uno de los momentos más altos de la talla en Chile está en el Estadio Caupolicán en los combates de box de los años 50’, 60’, con un personaje llamado <i>el Burro</i>, seco para la talla. Miraba y pegaba el grito. Y todo el estadio se reía porque el tipo tenía un tremendo vozarrón. Hay una talla icónica del Burro: habían dos boxeadores que antes de empezar a pegarse se estudiaban, y el Burro gritó: <i>“no estudien tanto que van a llegar a la universidad”</i>. La talla surge como expresión del momento y está en las peñas, en la universidad, en las clases.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Qué relación adviertes tú entre el humor y el dolor?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El humor está en medio de la crueldad. Recuerdo a un preso político al que le sacaron la mugre por dárselas de graciosito. Antonio Barrientos, un estudiante de arquitectura, hijo del alcalde de Viña del Mar al momento del golpe. Lo estaban golpeando mal y le preguntaban: <i>“¿qué sabes del plan?”</i>. En medio de la tortura y del dolor, él les contestó: <i>“el plan… el plan comienza en los cerros… va bajando el plan, de a poco, de a poco, y después el plan se termina”</i>. Ellos se enfurecieron, pues preguntaban por el plan Z y él les contestó con el plan de urbanización de las vías del agua. Le sacaron la mugre. Este humor nos mantenía sanos: una mezcla de locura, de sanidad. En la talla, en el grito anónimo, hay una gran capacidad de humor chileno, de captar el acontecimiento y la respuesta inmediata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>¿Lo antipoético te parece cómico? ¿A Parra lo encuentras gracioso?</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>¡Sí! El año 89’ o 90’ yo musicalicé el <i>Poeta y la muerte</i>, a solicitud de Parra. De carambolas me llevaron al programa de televisión <i>El Desjueves</i>. Me trataron muy mal, desde el comienzo, no me querían dejar entrar. Finalmente entré y había unas bailarinas semidesnudas entre bambalinas. Una vieja chica me dijo: <i>“tú estás mirando mucho a las niñas, las niñas están nerviosas”</i>. ¡Qué me iba interesar mirarle el culo a esas huevonas! Además yo venía de Inglaterra donde ibas al departamento de un amigo y las mujeres andaban en calzones. Entonces estaban siendo unos culiaos. Y decidí usar ese verbo, pues en el poema de Parra el poeta se culea a la muerte. Al día siguiente obviamente que Las Últimas Noticias tituló: “<i>Redolés trató de viejo culiao a Nicanor Parra”</i>. Y me llamó Parra, enojadísimo. Le tuve que explicar toda la situación. Parra se reía de una manera… ese es el humor de Parra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>HAY DRAGONES QUE TRAN FUEGO MUCHOS DÍAS Y SON MUY RE GÜENOS</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Primero el Partido</p>
<p style="text-align: center;">tuvo que combatir</p>
<p style="text-align: center;">a los renovadores de derecha.</p>
<p style="text-align: center;">Pero a mí no me importó</p>
<p style="text-align: center;">porque yo no era</p>
<p style="text-align: center;">renovador de derecha.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Después el Partido</p>
<p style="text-align: center;">tuvo que combatir</p>
<p style="text-align: center;">a los ultraizquierdistas de la Fracción.</p>
<p style="text-align: center;">Pero a mí no me importó</p>
<p style="text-align: center;">porque yo no era</p>
<p style="text-align: center;">ni ultraizquierdista ni de la Fracción.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Lueguito también se fueron</p>
<p style="text-align: center;">yendo en la individual</p>
<p style="text-align: center;">y de a poco</p>
<p style="text-align: center;">los personalistas.</p>
<p style="text-align: center;">El Partido tuvo entonces que</p>
<p style="text-align: center;">entrar a combatirlos.</p>
<p style="text-align: center;">Pero a mí no me importó</p>
<p style="text-align: center;">porque yo no era personalista.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Después el Partido tuvo que exterminar</p>
<p style="text-align: center;">89 tendencias pequeñoburguesas infiltradas</p>
<p style="text-align: center;">y además combatir</p>
<p style="text-align: center;">al liquidacionismo, al neo-fraccionalismo,</p>
<p style="text-align: center;">al tendencionalismo, a los cansados,</p>
<p style="text-align: center;">a los abúlicos, a los indiferentes,</p>
<p style="text-align: center;">a los deprimidos, a los apáticos,</p>
<p style="text-align: center;">a los desorientados, a los despistados,</p>
<p style="text-align: center;">a los desordenados, a los drásticos,</p>
<p style="text-align: center;">a los meticulosos,</p>
<p style="text-align: center;">a los decrépitos,</p>
<p style="text-align: center;">y a los malgenio.</p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;">Pero a mí no me importó porque</p>
<p style="text-align: center;">yo soy de</p>
<p style="text-align: center;">los de cuero duro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><b>Por último: por un lado tu producción musical es súper continúa en los últimos 10 años, está bien registrada en diferentes soportes, se puede encontrar hasta en dvd. Tus libros en cambio son inencontrables…</b></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por lo mismo estoy trabajando ahora una segunda edición de <i>Estar de la poesía o El estilo de mis matemáticas</i> pero se va a llamar solamente <i>El estilo de mis matemáticas</i>, versión corregida, disminuida y aumentada. Es disminuida porque el poeta Yanko González me sugirió echarle una miradita a los poemas y ver qué se podía podar de ahí y yo estuve de acuerdo. Y posteriormente consideré que tenía que agregar una antología de dos libros más. Uno es un libro del año 93’ que está inédito, que se llama <i>Bienvenidos a ciudad alta</i>. Y el otro es <i>Los versos del Sub-teniente o teoría de la luz propia</i>, que fue editado por LOM, bajo el heterónimo de Marcelo Reyes Khandia. El <i>Estar de la poesía …</i> original está agotado en librerías, deben quedar 5 o 6 ejemplares. <i>Los versos del subteniente…</i> aún se pueden encontrar. Anterior a esos libros, está <i>Tangos</i> del año 87’ que sé que lo venden en Nueva York a 70 lucas. Y los primeros ni yo los tengo, que son <i>Chilean speech</i>, editado en Londres y <i>Notas para una contribución a un estudio materialista sobre los hermosos y horripilantes destellos de la (cabrona) tensa calma</i> que fue editado en Budapest. Ah, y <i>Poemas urgentes</i> que también es inencontrable, lo hice en Londres el año 82’ para llevarlo a Rotterdam a un festival de poesía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/Los-versos-del-sub-teniente-o-teoría-de-la-luz-propia-alta.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-740" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2016/04/Los-versos-del-sub-teniente-o-teoría-de-la-luz-propia-alta-781x1024.jpg" alt="Los versos del sub-teniente o teoría de la luz propia (alta)" width="676" height="886" /></a></p>
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