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	<title>MEDIO RURAL &#187; la ciudad</title>
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		<title>Antonio Gil  escritor, heterodoxo y plebeyo:   “Soy un convencido que la ciudad nace alrededor del cadalso, de la horca”.</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Dec 2015 23:01:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Texto y Fotos: Daniel Rozas &#160; Antonio Gil nació en Santiago en 1954. En otro mundo. Una ciudad donde la comuna de La Florida era aún campo y no la aberración inmobiliaria con pretensiones de suburbio gringo que es hoy en día. Gil cuenta que se educó en el Instituto de Humanidades Luis Campino y que luego tuvo un intempestivo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Texto y Fotos: Daniel Rozas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil nació en Santiago en 1954. En otro mundo. Una ciudad donde la comuna de La Florida era aún campo y no la aberración inmobiliaria con pretensiones de suburbio gringo que es hoy en día. Gil cuenta que se educó en el Instituto de Humanidades Luis Campino y que luego tuvo un intempestivo paso por la Facultad de Periodismo de la Universidad de Chile pero no quiso titularse por un conflicto con el decano. <em>“¿Te imaginas lo que era estudiar periodismo en dictadura?”</em>, pregunta.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente se gana la vida como publicista y escribe semanalmente en varios medios de prensa chilenos como <em>Las Últimas Noticias</em>, <em>El Centro </em>de Talca y la revista del Cajón del Maipo, <em>Dedal de Oro, </em>cuyo director es nieto de Juan Emar y Eduardo Barrios. También es conocido por su prolífica producción ficcional que incluye títulos como el poemario <em>Mocha Dick</em> (2006) y la novela <em>Retrato del Diablo </em>(2012) entre otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos juntamos al mediodía con Gil en su segunda casa: el restaurante capitalino <em>Tomate Palta Mayo</em> donde los garzones lo reciben con la cordialidad que se merece un cónsul de la Casa Real de Portugal para la Argentina y Chile.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo primero que destaca a la vista del aspecto de Antonio Gil es su barba tipo capitán Ahab con efluvios de nicotina coronando la columna de hiedra blanca.  Tampoco destiñe su sombrero panamá negro ni sus anillos en cada mano –refulgentes a más no poder- ni esos pecaminosos ojos azules dilatados que denotan algún exceso provocado por su inveterada propensión a la gula, la bebida y la lujuria.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/12/gil1.jpg"><img class="aligncenter wp-image-705 size-large" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/12/gil1-1024x776.jpg" alt="gil1" width="676" height="512" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Gil saluda con mano firme y sonríe maliciosamente, tira un chiste al mozo, bebe un sorbo de su Coca Cola con dos hielos y limón, lubrica la garganta, y afirma rotundo:</p>
<p style="text-align: justify;"><em> “Vinimos a hablar de la ciudad. Gran tema. Convendrás conmigo que hablaremos de un asunto muy complejo y que se puede tomar desde miles de lugares pero me parece una muy buena reflexión para comenzar esta charla”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Así, mientras llama al garzón para que baje la espantosa música que emana de un lugar que está semi vacío, tomando una pausa para encender un Kent rojo, prosigue:</p>
<p style="text-align: justify;"><em> “Yo te diría que lo más importante es que la ciudad es un artefacto construido sobre el campo. Eso nunca lo olvido. Durante años me he preguntado cuál fue el punto central. Es decir, ¿dónde está el inicio de la ciudad? ¿Será acaso como afirmaba Kavafis en su inmortal poema?: </em>«<em>La ciudad irá en ti siempre/ Volverás a las mismas calles/ Y en los mismos suburbios llegará tu vejez/Pues la ciudad es siempre la misma</em>»<em>”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La Ciudad</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil dice que siempre recuerda el episodio cuando Pedro de Valdivia mandó a llamar a Pedro de Gamboa y le dijo: <em>“Te daré la posibilidad de ser inmortal y que tú nombre viva para siempre”. Y Gamboa respondió: «don Pedro, debo recordarle que yo soy albañil, no alarife. Yo sé cómo levantar construcciones pero no como trazar ciudades»”. </em></p>
<p style="text-align: justify;">Gil asegura que Santiago fue trazado por un albañil que cobró su sueldo en sacos de chuchoca.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Pedro de Valdivia le mandó a decir a sus capitanes que los quería formados a las seis de la mañana porque tenía que darles una noticia. Valdivia salió de su tienda, con toda su armadura puesta (peto de malla, espada larga, espada corta y puñal), y montó en un caballo y dio tres grandes vueltas al galope. Luego se bajó del animal y anunció perentorio: «He resuelto fundar aquí una ciudad. ¿Hay alguien que se oponga? Acto seguido, le dio de beber agua de su casco a cada uno de sus soldados y con una rama los santiguo»”. </em></p>
<p style="text-align: justify;">En ese momento se produjo el acto mágico: la fundación de la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil sonríe con maldad. Se sabe un plebeyo ilustrado –como se autodenomina- y goza con entusiasmo del pasmo de su interlocutor. A esas alturas el restaurante ya comienza a llenarse, y las voces de los comensales suben en intensidad dificultando la conversación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿En torno a qué espacios se levanta la ciudad?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Personalmente soy un convencido que la ciudad nace alrededor del cadalso, de la horca. Ése es el punto central: el lugar a donde iban los campesinos a ver cómo se ejecutaba el ejercicio de la justicia. La otra posibilidad sería pensar que las ciudades se han ido construyendo alrededor de ciertos oficios y artesanías que se eran indispensables para el trabajo agrícola. ¿Quién afilaba los arados? Porque recuerda que los arados se hacían en caliente. Esto lo sé porque yo acompañaba a mi padre a llevarlos para que los afilaran. Y te estoy hablando de La Florida cuando era puro campo. Por eso conozco perfectamente cómo se instala la ciudad sobre el campo. A veces tú pierdes la memoria del campo, pero el campo sigue ahí como una especie de remanencia fantasmal.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil toma y obliga. Pide unos crudos al garzón y dice que la mayonesa del local es la mejor de Santiago.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/12/gil2.jpg"><img class="aligncenter wp-image-704 size-large" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/12/gil2-986x1024.jpg" alt="gil2" width="676" height="702" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-Cuéntame de la urbanización </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, eso es un tema aparte. En el caso de la urbanización española se aplica el principio del cuartel militar romano con un orden preciso,  exacto. A diferencia de los griegos, las espadas del campamento romano estaban a diez pasos de donde dormía el jefe. El otro establecimiento que también se puede usar como analogía para ciertas formas es la del pensamiento. O sea, tú siempre puedes imponer un criterio sobre la realidad. O hacer como los griegos,  que adaptan el pensamiento a la realidad. Yo creo que la ciudad tiene mucho de pensamiento.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-¿Y qué lugar tiene la memoria en todo esto?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Yo creo que la ciudad crea una memoria común que tiene dos aplicaciones. La primera es la ciudad construida según los griegos. En cambio nuestras ciudades son en un cien por ciento construidas como los campamentos romanos. Y <em>El Damero de Pizarro</em> es una cosa absolutamente <em>chilensis</em> (<em>El Damero de Pizarro</em> se refiere a la zona que constituye el centro histórico de la capital) por lo menos en lo que respecto a la plaza central.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-¿Qué lugares desconocidos tiene la ciudad?    </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hay un pueblo que estaba dentro de Santiago que se llamaba San Juan y que era una conurbación. Era un pequeño pueblito que se formó a partir del campesinado de los inquilinos de Don Ricardo Lyon y que estaba situado a la altura de Hernando de Magallanes. Concretamente en calle Renato Zanelli. Y ese campesinado se convirtió en masa industrial gracias a las malterías que se instalaron ahí. Entonces, la ciudad surge como paso superior del campesino al trabajador industrial. Ahora va quedando muy poco pero si tú vas aún puedes identificar ciertas fachadas que son del pueblo. <strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-¿Y en base a qué se construye la ciudad chilena?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Siempre en torno a una base productiva. El principio es que se puebla un lugar donde hay una importante producción de cereales o de lo que fuere –puede ser un puerto o una mina- que requiere de la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;">También es importante recordar que Benjamín Vicuña Mackenna rodeó la ciudad con un cinturón de hierro, esto es, un sistema de tendido ferroviario que se conformaba por las siguientes estaciones: Plaza Italia, San Eugenio, Franklin, Estación Central, Matucana y Yungay. Por eso hay algunos arquitectos y urbanistas que dicen que el espacio que se produce del Parque Forestal hacia arriba fue por donde se escapó la ciudad con posterioridad a Vicuña Mackenna.</p>
<p style="text-align: justify;">Santiago se escapó del cerco de hierro y se constituyó Providencia. Luego hay que agregar que Providencia es una cosa relativamente nueva porque antes todo era Ñuñoa. Una comuna inmensa que albergaba Las Condes, Providencia y La Florida, incluso. Retomando lo anterior, es la figura de Ricardo Lyon –que era un magnate ilustrado- quien leyó los principios de un filósofo norteamericano  que planteaba el principio de la <em>ciudad jardín</em> y que consistía en la idea de que el campo debía invadir la ciudad. Es decir, debía existir una suerte de entrecruce donde el campo penetraba la ciudad. Y el señor Lyon aplicó ese principio en el caso de Providencia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El gallinero lineal</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-Se suele decir que Chile es un pasillo sin salida. Un gallinero estrecho que está sitiado por los cuatro costados. Por el Norte: la frontera con Perú y Bolivia; hacia el Sur: el fin del mundo; al Este: la cordillera minada con bombas antipersonales y por el Oeste: el Pacífico. ¿Cómo lo ves tú?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿Te conté la historia de Borges?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-No.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Estaba almorzando solo en el Hotel Dora en Buenos Aires a las doce del día y de repente veo que el  otro comensal es Jorge Luis Borges. ¡Casi me morí! Me paré a saludarlo y le dije:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>-«Don Jorge Luis, yo no lo quiero molestar, simplemente quiero presentarme y darle gracias por su obra.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-¿Cómo te llamas vos?, che, me respondió.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Antonio Gil, le dije.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Ah, por el acento veo que eres chileno.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Sí, soy chileno.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Ustedes los chilenos tienen un problema.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-¿Y cuál sería?</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Son un país que tiene solo dos puntos cardinales y por eso son lineales».</em></p>
<p style="text-align: justify;">Gil dice que hasta el día de hoy la respuesta del autor de <em>Historia Universal de la Infamia</em> lo persigue como un espectro. <em>“No te puedes imaginar la cantidad de respuestas que he imaginado con respecto a esa invectiva. Puede ser cierta o no. Pero es muy borgeana” </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Educación sentimental</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil termina el plato y pide dos expresos dobles<em>. “Ahora se viene la sobremesa”</em>, dice con humor. Los oficinistas del sector ya han vuelto al trabajo, y hemos quedado en silencio.</p>
<p style="text-align: justify;">Gil cuenta que el Santiago en el que se crió era una ciudad partida en dos; con una desigualdad brutal. Según el escritor existía un verdadero abismo entre las clases y que la pobreza era inmensa.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-Dame un solo ejemplo</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Adultos descalzos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-¿Adultos? </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, no estoy hablando de los niños del Mapocho. Te hablo de adultos descalzos. Eso me provocaba una gran angustia. Lo que pasa es que los zapatos eran muy caros y Santiago era un lugar de mucha escasez y donde había muy poca posibilidad de elegir. Era una ciudad tan primitiva que la gente andaba vendiendo leche de burra por las calles. Pero lo otro que era maravilloso era que en la época de los santos, en los meses de invierno, era la temporada de los pavos. Entonces veías a tipos arreando veinticinco o treinta pavos con un fierro largo por las calles de la capital. De hecho, pasaban por el frente de la casa de mi abuela y con un gancho dirigían el rebaño para que no se les arrancaran los animales. Una imagen totalmente surrealista.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-Cuéntame del Centro</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Una cosa muy importante de la ciudad que me tocó fue que el centro era un lugar vivo. No era solamente un espacio donde la gente iba a trabajar. Muchísima gente vivía en el centro y habían lugares que estaban abiertos las veinticuatro horas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-Me interesa saber qué tipo de personajes que poblaban el centro de Santiago. ¿Eran como los del <em>Paseo Ahumada</em> de Enrique Lihn?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Habían personajes que eran parte del folclore urbano. Ellos mismo se inventaban. Yo te diría que el último fue <em>El Gloria al Pulento</em>, que murió hace poco. Era mecánico y tenía una enfermedad con la cual no se podía quedar quieto. Pero había muchos otros personajes característicos. Por ejemplo, había uno que vendía el diario vestido de Piel Roja. Y otro que se disfrazaba de Rambo. Era una ciudad más extravagante donde había espacio para lo excéntrico. También recuerdo que en la Plaza de Armas había un viejo alto que se paseaba con una banda presidencial y que se dedicaba a cambiar sencillo. Era un cambista. Y te juro que tenía facha de presidente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y cómo eran los cines de Santiago? ¿Los frecuentabas? Raúl Ruiz y Gonzalo Millán  siempre hacían alusión a esos lugares como espacios mágicos de su juventud.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente. Había mucho cine de barrio. Y era maravilloso. Ahí alcancé a ver las últimas películas que eran seriales. Ésas que llevaban el continuará la próxima semana. Recuerdo especialmente el Teatro Regina que era un cine que quedaba en Vicuña Mackenna con la calle Passy.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y qué rol cumplía el cine en tu formación sentimental? </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Para mí era fundamental porque todos los días miércoles iba al cine. En esa época se iba al colegio los mediodías del sábado. Entonces mi abuela (que me quería mucho y fue una persona fundamental en mi vida) me llevaba los miércoles al cine.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué películas veías?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mi abuela me llevaba a ver todas la películas de Joselito que eran un horror. Espantosas, igual que las de Marisol. Y en alguna época me llevó a ver una serie de tres o cuatro películas de animación japonesa que eran extraordinarias. Y mi nana me llevaba a ver películas mexicanas al Cine Portugal que quedaba en Diez de Julio. Y ahí daban cinco películas de corrido. Entonces sucedía que las películas que pasaban en los cines del centro eran compartidas. Es decir, cuando se terminaba el primero rollo y el cojo sacaba el segundo,  partía un tipo en moto con el primero rollo a dejarlo a otro cine de la capital. Y por eso las películas corrían por las calles de Santiago.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Y cómo eran las galerías del Centro?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Yo creo que eso es súper importante. O sea,  es esta ciudad que rompe <em>El Damero</em> superficial de las calles y se interconecta. En el fondo, lo que hacen las galerías comerciales del centro es pasar por la chacra del primer tipo que recibió ese cuadrado. Entonces las galerías son un pasillo que pasa por encima de la chacra del vecino que recibió su casa desde la época de La Colonia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Qué lugares auraticos tiene Santiago para ti?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Yo tengo la sensación de que hay lugares de la ciudad donde el tiempo está detenido. El otro día descubrí un sendero en el cerro San Cristóbal que ya existía cuando llegaron los españoles. Es decir, es previo al siglo XVI. Y pasa por debajo del funicular. Es un camino de cintura que tiene el cerro. Pero en el fondo yo creo que los lugares se van cargando de sentido en la medida que uno los habita y que tiene cierta memoria de ellos; en la medida que se hacen tuyos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por último. ¿Leíste El <em>Santiago que se Fue</em> de Oreste Plath? O mejor dicho: ¿Conociste alguno de los bares que se mencionan en el libro como <em>El Iris</em> o <em>El Bosco</em>?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí,  <em>El Bosco</em> era una maravilla porque cada escritor tenía su mesa, su coro y corte. Y entrar en la corte de determinados autores era prácticamente imposible.  O sea,  te podían echar cagando, y como yo era muy pendejo, me sentaba en unas mesas medio ambiguas, medio neutras, de viejos que trataban de construirse un una corte y un status a imagen y semejanza de la que tenía Teófilo Cid.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Gil cuenta que cuando se cerró <em>El Bosco</em> él fue el último día a tomarse un café. “<em>Me tomé el último expreso de El Bosco y lo hice como un gesto de despedida a un tiempo que se fue”.</em></p>
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		<title>Entrevista con Sergio Parra: “Nosotros vivíamos en dictadura pero como un colectivo”.</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 21:46:40 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Nos juntamos con Sergio Parra, ex poeta y ahora insigne librero y galerista, con la excusa de la pronta reedición de su célebre poemario La Manoseada (1987). Parra no necesita demasiada presentación: por lo pronto, se sabe que fue un poeta influyente de la generación de los ochenta (becario de la Fundación Neruda), que está a la cabeza de la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nos juntamos con Sergio Parra, ex poeta y ahora insigne librero y galerista, con la excusa de la pronta reedición de su célebre poemario <em>La Manoseada</em> (1987). Parra no necesita demasiada presentación: por lo pronto, se sabe que fue un poeta influyente de la generación de los ochenta (becario de la <em>Fundación Neruda</em>), que está a la cabeza de la librería <em>Metales Pesados</em> hace más de una década, y que fue el único e incondicional amigo que tuvo Pedro Lemebel desde los años ochenta hasta su muerte el 23 de enero de este año. También es de dominio público que <em>“Parrita”</em> ha sido un agitador cultural permanente en la escena santiaguina y que goza de la singular condición de ser amigo de todos sin esforzarse demasiado. Valgan solo dos ejemplos: su librería lleva el nombre de uno de los mejores textos de poesía de su amigo Yanko González y el 2014 el reputado escritor argentino Fabián Casas le dedicó su libro <em>La voz Extraña</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Digámoslo de esta manera: Parra tiene buen gusto, un gran olfato para los negocios y por sobre todas las cosas, se hace querer.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Yo solo tengo oficio”, </em>se defiende<strong>. </strong></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/11.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-577" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/11-1024x721.jpg" alt="1" width="676" height="476" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Habíamos quedado de juntarnos en <em>Metales Pesados</em> a las once de la mañana pero debido a un imprevisto (un homenaje que se está preparando a Pedro Lemebel en el <em>Museo de la Memoria</em>) el autor de <em>Poemas de Paco Bazán</em> llega tarde a la cita desasiéndose en disculpas, y como recompensa, ofrece pagar la ronda de cafés.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya es casi hora de almuerzo en el centro de Santiago, y la calle José Miguel de la Barra bulle de gente apurada y de los bocinazos histéricos de ejecutivos que manejan sus autos para cruzar tres cuadras.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos acodamos en el <em>Café Lucia</em> que colinda con su librería, mientras Sergio Parra sostiene un ejemplar de <em>Medio Rural</em> en sus manos. Con una risa franca y liberadora, desestima nuestro modesto soborno que consiste en una revista <em>Rolling Stone</em> dedicada a Bob Dylan, uno de sus ídolos. <em>“Ya la tengo”</em>, dice con una gran sonrisa dibujada en el rostro. <em>“De hecho, tengo dos discos firmados por Dylan”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Un punto humillados, lanzamos la primera pregunta: <strong>¿A qué obedece la reedición de <em>La Manoseada</em>?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Mira, lo que pasa es que yo dejé de publicar pero nunca he dejado de escribir. Y «Mandar al diablo al Infierno» fue el último libro que publiqué (1999) pero resulta que mi amigo Pedro Montes Lira<strong>,</strong> con el cual he trabajado en artes visuales, decidió reeditar «La Manoseada» en su editorial «Pequeño Dios»”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra afirma que todas las razones para reeditar el libro son atendibles –por ejemplo, que el libro será publicado en Perú- pero lo que realmente lo convenció fue que esta nueva edición de <em>La Manoseada</em> <em>“va a costar mil pesos”</em>. Parra se alegra que su libro vuelva a circular en una edición popular y de bolsillo: <em>“yo no vivo de la poesía, así que no tiene ningún sentido publicar un texto que no le llegue a la gente”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Parra dice que los tres libros agrupados en <em>Mandar al diablo al infierno</em> (<em>La Manoseada, Poemas de Paco Bazán y Mandar al Diablo al Infierno</em>) responden a una cuestión biográfica. <em>“Cada uno de esos textos tiene un grupo de gente- amigos- que giran en torno a ellos. Por ejemplo, «La Manoseada» me situó en un lugar de la sociedad, en donde me instalé como individuo, y me hizo tener amigos, conversar y vivir, y yo creo que eso es lo más importante”</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Estamos hablando de 1987 y son varias los acontecimientos que se me vienen a la cabeza. Primero, ese año viene el Papa a Chile. Segundo, un año antes, en 1986, el El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) comete el fallido atentado a Pinochet. ¿De qué forma crees que el contexto social de la época y la ciudad aparecen en tu libro <em>La Manoseada?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo no tengo respaldos de los poemas que escribí. Incluso cuando me lo pidieron para la reedición tuvieron que escanear el libro de la Biblioteca Nacional. Pero bueno, revisándolo ahora, después de quince años sin leerlo, me di cuenta que en el texto hay una gran cantidad de connotaciones implícitas que hacen referencia al contexto social: la violencia, las relaciones afectivas, los secuestros, los cadáveres, los titulares de los diarios, los detenidos desaparecidos, y por encima de todo, la violación sistemática a los derechos humanos que hubo en esa época, y no solamente en el ámbito político, sino que en la cotidianidad que se vivía en cada calle y en cada barrio de la ciudad”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Hay un pasaje en <em>La Manoseada</em> donde cuentas que mientras el FPMR atentaba contra Pinochet, tú fornicabas con una chica New Wave.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Para mi esa referencia hace alusión a que uno nunca deja de ser joven. Una de las cosas más increíbles que tienen las dictaduras y los gobiernos totalitarios es que pese a todo el horror que implican, no consiguen detener el movimiento de los actores sociales, y especialmente el de los jóvenes. O sea, aunque las torturas proseguían y las desapariciones se mantenían día a día, tú seguías adelante con tu vida, teniendo sexo, fumando pitos, tomando pisco o bailando rock. Y lo mismo sucedía con los torturadores: ellos después de darle un parillazo a un detenido, se iban para la casa y besaban a sus hijos en la frente, comían con su mujer, y luego encendían el televisor”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra escribió un poema memorable en <em>La Manoseada</em> que hace referencia a ese tema:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MADRE</p>
<p>Reina de la cocina sureña<br />
&#8230;.. del piso encerado<br />
no llores en rincones<br />
por tus hijos<br />
llora por ti<br />
llora cuando entra el padre<br />
y enciende el televisor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/31.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-576" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/31.jpg" alt="3" width="340" height="468" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: En una entrevista decías que para ser New Wave no se necesitaba plata, sino que solo bastaba con ser romántico.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo creo que dentro de todo lo que fue la dictadura, y a pesar de que Santiago era sumamente gris, gran parte de esa generación generó los espacios para hacer una vida en la ciudad. Y creo que cuando la poesía está en la juventud es una fuerza que nada ni nadie la puede reprimir. Y me parece que la transgresión está ahí: en la juventud. Después nos acomodamos. En la vejez ya nadie te toma en serio. Y el espacio que existe entre la juventud y la adultez es el espacio de la administración. Tú ves que los poetas se mueven de un lado para el otro, haciendo antologías para seguir vigentes, pero en el fondo eso es pura redundancia. Básicamente, yo siento que los poetas se transforman en inmobiliarias pasados los cuarenta años. Excepto casos como Raúl Zurita que es un capo. Zurita es un tipo que mantiene una utopía que me parece admirable como proyecto poético de vida. Pero volviendo a tu pregunta, creo que la cita tiene que ver con que en esa época éramos un grupo de amigos que estábamos vinculados con la música, la crónica, la pintura y las artes visuales, y siento que se producían cruces de intercambios muy interesantes porque nosotros vivíamos en dictadura pero como un colectivo”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Sostienes que había mucho sentido de comunidad en el arte de los años ochenta.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Como digo en un poema, también era colectivo masturbarse. Es decir, existía una comunidad solidaria entre músicos, poetas y pintores. Recuerda que todos los bares eran mixtos: hombres, mujeres, gays; y eso ya no existe. Lo que se instaló después fue un neoliberalismo que atomizó a los ciudadanos en su individualidad”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Y ese colectivo se quiebra el año 89 cuando el NO gana el plebiscito.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Ahí comienza el neoliberalismo y el desencanto”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Pese a todos los problemas que ustedes sufrieron bajo dictadura tenían un enemigo en común que lograba que funcionaran cohesionados. La generación que vino después se enfrentó a un enemigo abstracto: el capitalismo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Es cierto. Nosotros teníamos una dictadura visible. Un enemigo en común. A la generación que vino después el modelo neoliberal se le instaló en la educación. Y al desmontar toda la educación pública apareció el mundo privado. Entonces las nuevas generaciones ya no pueden distinguir el enemigo porque es muy difícil luchar contra un adversario tan abstracto como el libre mercado. Por eso, y para no parecer tan negativo, me alegra mucho lo que está pasando con la narrativa chilena actual. La generación de Alejandro Zambra, Yuri Pérez y Nona Fernández está haciendo un ajuste de cuentas con los años noventa. Ahí te encuentras con las voces del desencanto que hablan de esos padres frustrados. Es una narrativa que se articula como la voz de una generación desengañada porque entrego un cheque en blanco y cuando lo fueron a buscar no había cheque”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Pedro Lemebel se refería a la ciudad de Buenos Aires en los años ochenta como un verdadero oasis en materia de libertad. También hay una frase de la canción<em> Símbolo de Paz</em> de Charly García que aparece en <em>La Manoseada</em>. ¿A qué se debe toda esa referencia a la cultura argentina?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Eso más bien tiene que ver con lo que yo entiendo como una cultura de sociedad. En Chile la cultura es de la elite y siempre ha estado reducida a un espacio privado. En cambio en Argentina hay una cultura del rock que se manifiesta en la calle. Y la cultura es todo. No tiene que ver con la poesía ni con el cine. Es tú relación con la sociedad y la ciudad en la que vives. También tiene que ver con ocupar sus espacios y caminar por sus calles: es parte de una cultura y de una identidad. Eso existe en Buenos Aires y acá no. Lo que hicieron en Chile fue borrar todo eso e individualizar a cada uno de los sujetos en una parcela de consumo. Y ahora solo trabajamos colectivamente cuando surgen marchas por la marihuana donde todos estamos juntos, y después cada uno se encierra en su casa, y les importa un culo lo que le pasa al otro. En el fondo no somos colectivos en el barrio que es el lugar donde verdaderamente importa”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: O sea, es el tejido social es lo que se ha desarticulado.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Claro, se ha descompuesto el tejido social y vivimos instalados bajos los parámetros del neoliberalismo. Los festivales de la marihuana son un ejemplo más de ese neoliberalismo extremo -aunque todos estén fumando pitos- porque es parte de un show. Porque si convocas una marcha a favor de la marihuana y esta no va acompañada de toda la parafernalia, la gente no irá. No existe nada más allá del consumo cultural y eso habla muy mal del panorama actual”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MD: Colgándome de esto último. ¿Qué rol cumple la poesía en la generación actual y cómo ves la ciudad hoy en día?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“La ciudad ya no aparece en la poesía, y no tiene que ver con que se nombren calles o lugares, la ciudad tiene que ver con un sujeto instalado que está viviendo con intensidad esa generación de espacios colectivos. Y yo creo que la poesía está afectada por este fenómeno. Pero este problema tampoco es exclusivo de Chile sino que de toda Latinoamérica, Europa y Asia. De hecho, yo creo que la poesía está pasando por el peor período en la historia reciente. El poeta debería ser un sujeto con cojones, capaz de instalar ideas en los textos, y mantenerse absolutamente independiente. Pero en Chile es muy difícil porque acá sin un poeta no gana un Fondart no levanta el lápiz”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sergio Parra sostiene que otro de los grandes problemas de la poesía actual es la ausencia de referentes: <em>“yo vengo de una generación donde contábamos con una genealogía literaria donde los poetas estaban vivos: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, es decir, eran todos autores que generaban una fuerza poética con la que tu tenias la posibilidad de dialogar, y eso ahora se acabó”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Aparte a ustedes les tocó una generación sin caciques y donde las relaciones entre los poetas eran horizontales. </strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Claro, y eran extremadamente generosos. De Nicanor Parra hacia abajo. Ahora en cambio los poetas jóvenes no cuentan con ese contacto con la historia de la poesía. Yo si tuve la suerte de disfrutar de todo eso, y creo que fue un impulso vital para estar en la poesía”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">…</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos terminados los cafés, y Parra sugiere que nos movamos a la librería para seguir conversando porque los <em>chicos</em> que atienden deben irse a almorzar.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Tu abriste <em>Metales Pesados</em> hace más de una década cuando todavía no existía el <em>boom </em>del barrio Bellas Artes y Lastarria. Ahí veo dos cosas: la primera tiene que ver con tu ojo comercial, y lo segundo con cierta valentía por apostar por algo que nunca fue un negocio en Chile: una librería.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Siempre he vendido libros, y soy autodidacta, pero también quisimos</em> (con Paula Barría, su socia) <em>abrir un espacio donde uno pudiera transmitir lo que  le gusta. Y como había dejado de publicar –y hasta cierto punto de escribir- fue una manera de formar a los más jóvenes”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Tú hiciste un taller poética en Balmaceda 1215 donde surgieron voces muy importantes de la poesía chilena actual. </strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Si, fue la única vez que hice un taller y ahí apareció un grupo de autores jóvenes de los cuales estoy muy contento: Gladys González, Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca, Diego Ramírez, Víctor López y Pablo Paredes, entre otros. Después ellos armaron un grupo de poetas (Novísimos)”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: ¿Cómo fue esa experiencia?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Yo los seleccioné. Cuando postularon era un grupo de treinta y finalmente quedaron doce. Me acuerdo que llegaron con sus cuadernos y yo les dije que se los metieran por el culo, porque yo no estaba dispuesto a leer ninguno de sus poemas, y que los primeros seis meses nos íbamos a dedicar exclusivamente a revisara los poetas vivos, a sus contemporáneos, autores latinoamericanos, y que los poetas muertos los podían ir a ver a la Biblioteca Nacional. Leímos a chilenos, peruanos, argentinos y colombianos. Escritores que tenían su misma edad y que vivían en ciudades similares a las suyas. Lo más importante para mí era que se trataba de poetas que escribían en su misma lengua porque yo no iba a cometer la siutiquería de estar leyendo poemas en alemán o inglés cuando con suerte uno sabe balbucear su propio idioma.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Transcurridos los seis primeros meses, leyeron sus poemas, y supongo que para ese entonces ya habían botado todos esos textos que trajeron bajo el brazo la primera clase. Si recuerdo que les dije una sola cosa. Si son honestos van a viajar. Y de un día para otro ellos estaban viajando a Berlín, Madrid y Buenos Aires”.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>MR: Por último, ¿qué lugares han tenido una importancia decisiva en tu vida en Santiago?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">SP: <em>“Hay dos espacios biográficos importantes. El primero fue Franklin donde yo me instalé cuando recién llegué a Santiago. Una de las cosas que me impresionaba del barrio era que por aquella época la delincuencia tenía un estatus y un glamour. Es decir, existían protocolos, jerarquías y códigos. Ser delincuente era una profesión. Entonces creo que fue importante para mí sentir que me respetaban esos tipos duros pero caballeros.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El segundo lugar sería Plaza Italia y boliches como «El Jaque Mate», «El Castillo Francés», «El Galindo» y los moteles del sector. Pero más importante aún era la sociabilidad que se producía en esos espacios porque eran lugares donde uno podía reunirse a instalar ideas. Y todo eso se acabo con la llegada de la democracia pactada. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Para mí existen dos tipos de cultura: la de las artes y la de los amigos. Y yo creo que la segunda es la fundamental. De hecho, eso es una de las cosas que más me sigue marcado hasta el día de hoy: los amigos. Me rodeo, converso con ellos, y hacemos proyectos. No me importa tanto si se publican o no se publican mis libros, pero la cultura de los amigos es vital”.   </em></p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/21.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-575" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2015/09/21-1024x826.jpg" alt="2" width="676" height="545" /></a></p>
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