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	<title>MEDIO RURAL &#187; Textos</title>
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		<title>OBSCENO, DESCARNADO, ENORME</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2022 00:36:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[por Lucy Oporto &#124; fotografías Cristián Labarca ESPÍRITU E INSTINTO Desde octubre de 2019, Chile viene precipitándose de modo manifiesto hacia la barbarie y la crisis total: moral, espiritual, política, social, institucional, económica y sanitaria. Tales aspectos apuntan a dimensiones de la cultura entendida, en principio, como lo propio del ser humano en lo relativo a la transformación de su [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Lucy Oporto | fotografías Cristián Labarca </em></strong></h6>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.23.58.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1662" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.23.58.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.23.58" width="597" height="658" /></a></p>
<p><strong>ESPÍRITU E INSTINTO</strong></p>
<p>Desde octubre de 2019, Chile viene precipitándose de modo manifiesto hacia la barbarie y la crisis total: moral, espiritual, política, social, institucional, económica y sanitaria. Tales aspectos apuntan a dimensiones de la cultura entendida, en principio, como lo propio del ser humano en lo relativo a la transformación de su mundo y de sí mismo.</p>
<p>Las relaciones y tensiones entre instinto y espíritu intermediadas por arquetipos y símbolos han sido ampliamente estudiadas por C. G. Jung. Dicho espíritu, en cuanto hiperconciencia y saber absoluto superior y anterior a los seres, aunque insondable, puede manifestarse como fuerza, potencia, energía en movimiento, presciencia, inteligencia y creación, haciendo posible la objetivación del alma humana a través de imágenes, arquetipos y símbolos, para que esta pueda conocerse a sí misma. De ahí que la elaboración del instinto solo sea posible a través de las imágenes arquetípicas, y que la primacía del instinto, sin más, solo conduzca al automatismo de un estado de inconsciencia carente de conocimiento.</p>
<p>El punto de partida es aquí la cultura entendida como objetivación del alma arraigada en el <em>espíritu de la profundidad</em>, y en consideración de este, en oposición a cualquier forma de barbarie, ignorancia y decapitación de la conciencia. El presente ensayo examina determinados eventos y expresiones en confrontación con esta proposición<strong>.</strong></p>
<p><strong>CULTURA Y BARBARIE</strong></p>
<p>En el curso de la historia de Occidente, el término «cultura» ha tenido dos significados principales. Por un lado, refiere a la formación del ser humano en orden a su mejoramiento y perfeccionamiento. Y, por otro, al producto de dicha formación; esto es, «el conjunto de los modos de vivir y de pensar cultivados, civilizados, pulimentados a los que se suele dar también el nombre de <em>civilización</em>».1</p>
<p>El primer significado de «cultura», relativo a la <em>formación </em>del ser humano singular, corresponde a la <em>paideia </em>de los griegos y a la <em>humanitas </em>de los romanos de la época de Cicerón y Varrón. Ambas concebían la educación del ser humano en el horizonte de la plena realización de su naturaleza, a través de la búsqueda de la verdad, del conocimiento de sí mismo y de su mundo. Y, en ambas, la filosofía tenía una importancia fundamental debido a su relación con la investigación.2</p>
<p>En cuanto al segundo significado, relativo al producto de dicha formación, el término «cultura» ha sido empleado sobre todo en los ámbitos de la sociología y la antropología, en el sentido de «conjunto de modos de vida creados, aprendidos y transmitidos por una generación a otra, ante los miembros de una sociedad particular».3 En este caso no se trata ya de «la formación de un individuo en su humanidad o en su madurez espiritual», sino de «la formación colectiva y anónima de un grupo social en las instituciones que lo definen».4 Tal entendimiento de la cultura ha sido considerado útil en los campos de la sociología, la antropología y la filosofía contemporáneas, ya que no hace referencia «al sistema de los valores al que orientan estos modos de vida», abarcando así «tanto la civilización más evolucionada como las formas de vida social más toscas y primitivas».5</p>
<p>Ahora bien, antiguamente las <em>humanidades</em>, las <em>humaniores litterae</em>, comprendían el estudio del griego y del latín, la gramática, la retórica, la poesía y la historia. Las «Letras humanas» eran así llamadas porque se consideraba que humanizaban al ser humano, puliéndolo, civilizándolo y apartándolo de la animalidad.6 En confrontación con este horizonte, y dada la actual crisis, es pertinente considerar el origen de los términos «barbarie», «bárbaro», «vandalismo» y «anomia».</p>
<p>«Barbarie» deriva del latín <em>barbaries</em>. Significa «falta de cultura o civilización» y «fiereza y crueldad». Por otro lado, «bárbaro» deriva del latín <em>barbarus</em>, y este del griego βάρβαρος (bárbaros). Es una voz de origen onomatopéyico, a partir del sonido <em>bar</em>.7 «Bárbaro» es la expresión con que griegos y romanos nombraban a los extranjeros, en oposición a <em>civis</em>, «ciudadano». Después, dado que «los <em>bárbaros </em>estaban generalmente menos adelantados en civilización que los romanos, <em>bárbaro </em>pasó á significar lo opuesto de <em>humanus</em>, esto es inculto, grosero, ó ignorante, opuesto á <em>doctus</em>; y, por último, el que habla mal, opuesto á <em>disertus</em>, diserto».8</p>
<p>Y aunque «bárbaro» y «cruel» pueden ser entendidos como sinónimos, existe una diferencia entre estos. «Cruel», <em>crudelis</em>, deriva del latín <em>cruor</em>, que antiguamente se usó en castellano, y significa «sangre derramada». <em>Sanguis </em>«es la sangre que mantiene la vida, la sangre que circula». En cambio, <em>cruor </em>«es la sangre cuajada, la que se derrama, la que sale de una herida». De ahí «crudeza», «crudo» («que todavía tiene el <em>cruor</em>; esto es, no cocido»), «crueldad» y «cruentamente» (esto es, «con derramamiento de sangre»), entre otros.9 «Cruel», <em>crudelis</em>, «es el que no tiene piedad, ni compasión; el que se complace en hacer sufrir á sus semejantes».10 No obstante, «uno es <em>barbarus </em>por su origen, por sus costumbres, por su falta de cultura intelectual, por su idioma; y el <em>crudelis </em>lo es por instinto, por mala índole».11</p>
<p>En relación con los anteriores, «vandalismo» designa la «devastación propia de los vándalos» y, de modo general, «espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana».12 El término deriva de «vándalo», y este de <em>wandle</em>, «nombre de una tribu escandinava ó germánica (&#8230;), formado del alemán <em>wandelen</em>, andar, caminar». «Vandalismo» ha sido entendido como «sistema destructor de las ciencias y las artes; por alusión á los vándalos, pueblo bárbaro, que habiéndose hecho dueños de Roma en el año 455, saquearon aquella capital, y destruyeron todas las obras maestras del arte que allí se conservaban».13</p>
<p>Por último, «anomia» significa «ausencia de ley» y «conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación».14 Deriva del griego ἀνομία (anomía): «Falta de leyes; desprecio de las leyes, injusticia, maldad».15</p>
<p><strong>OBSCENO, DESCARNADO, ENORME</strong></p>
<p>El actual devenir de Chile en su hundimiento, ostensible en su barbarie, vandalismo y anomia, corresponde a una especie de clima interior, al presentimiento de algo <em>obsceno</em>, <em>descarnado y enorme</em>, pero indeterminado e incomprensible de suyo: la posibilidad de una <em>instintividad sin espíritu</em>; esto es, una disociación radical, una ausencia y un vacío espiritual en que la pregunta por el sentido de la vida sería superflua, porque la vida misma, en su forma noble y autoconsciente, sería imposible.</p>
<p>La corrupción, disolución y banalización de expresiones como «cultura», «resignificación» y «dignidad», entre otras, constituyen una manifestación más de este proceso de precipitación en la barbarie que ha venido brotando desde dentro de Chile tras una incubación indeterminada e invisible, en último término, como si el oscuro marasmo que mostraba su superficie hubiese ocultado un monstruo, un espíritu inmundo o un nser. Dichas expresiones han exhibido sus límites e, incluso, su impostura, con ocasión de los eventos de octubre de 2019, seguidos de la extensa peste mundial. Ambos, acontecimientos disolventes en vistas a la descomposición y la muerte.</p>
<p>Un ejemplo de esta degradación cultural se relaciona con el monumento al general Manuel Baquedano (1928), del escultor chileno Virginio Arias (1855-1941), debajo del cual yace la tumba del Soldado Desconocido. El viernes 5 de marzo de 2021, la estatua ecuestre fue incendiada, en el marco de una nueva jornada de desórdenes, y tras meses de intentos de destruir definitivamente el monumento por hordas que venían reuniéndose en la plaza Baquedano y sus inmediaciones periódicamente, incluso desde antes de octubre de 2019. Días después, y luego de un intento de cortar las patas del caballo Diamante con un esmeril, el Consejo de Monumentos Nacionales hizo retirar la estatua de la <em>resignificada </em>«plaza de la Dignidad», para beneplácito de quienes solo esperaban ganar un trofeo y, así, tener la satisfacción de haber podido ejercer su miserable pequeño poder, al modo de las barras bravas y otras hordas estúpidas e ignorantes, como los saqueadores y los linchadores.</p>
<p>Y ahora, ¿qué viene? ¿Cuál sería la esmerada y profunda propuesta cultural de la horda? ¿En qué consistiría la triunfal «dignidad» de estos seres?</p>
<p>La permanencia o no de monumentos históricos en un determinado lugar puede ser objeto de discusión, pero que estos sean sistemáticamente vandalizados durante meses, y a vista y paciencia de la fuerza pública, es inaceptable. En este terreno de lo indiferenciado y disolvente, los monumentos, estatuas, iglesias, centros culturales, universidades, hoteles, la red del metro y otras instalaciones, tanto públicas como privadas, están en un mismo nivel respecto de la descarga impulsiva e instintiva colectiva, indiferenciada y anónima que, en efecto, acabó destruyéndolas con ocasión de los eventos de octubre de 2019 y posteriormente (entre muchos otros, el Museo Violeta Parra, el Centro Arte Alameda, la Universidad Pedro de Valdivia y el Hotel Principado de Asturias, que fueron incendiados; todos, en las inmediaciones de la plaza Baquedano). Constituyen formas de barbarie y, hasta la fecha, los afectados por esta violencia sistemática a lo largo de Chile, en ciudades devastadas y arruinadas como Valparaíso, por ejemplo, continúan siendo mayoritariamente ignorados o considerados en el último lugar tanto de las prioridades sociales como en los asuntos de debate público.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-21.33.35.png"><img class=" size-full wp-image-1665 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-21.33.35.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 21.33.35" width="111" height="775" /></a>Un caso ejemplar de ceguera ante la evidencia de la pendiente a la barbarie y la escalada de la violencia en curso son las declaraciones del historiador Sergio Grez Toso, académico de la Universidad de Chile, quien justificó la quema de la estatua de Baquedano en los siguientes términos: «Hay un cuestionamiento de la idea y de la historia del Estadonación de Chile, centralista, homogeneizador, excluyente, con conducción oligárquica la mayor parte del tiempo, y de sus símbolos».16</p>
<p>¿En serio? Pero cuestionar la idea y la historia del Estadonación supone la facultad de pensar, razonar y analizar, así como una capacidad de conciencia y autoconciencia que los perpetradores de estos y otros hechos similares no han demostrado tener. No obstante, para Grez, esta «desmonumentalización de facto por parte de los manifestantes en distintas ciudades del país», acontecida «con el denominado estallido social», adquiere un carácter épico: «Hay que entender las historias y memorias colectivas como un campo de luchas entre fuerzas opuestas que tratan de significar o resignificar determinados personajes, símbolos o períodos de la historia. Hay una lucha por la memoria que es constante y dinámica».17</p>
<p>Ahora bien, conforme a sus declaraciones, dicha significación o resignificación está en función del «presente con perspectiva de futuro», porque «lo que manda es el futuro, lo que ordena el relato y la reconstrucción histórica no es el pasado en sí, sino la perspectiva de futuro que de manera consciente o inconsciente los historiadores e historiadoras quieren dar a ese relato e interpretación».18</p>
<p>«Resignificar» y «resignificación» son términos bastante usados actualmente en ámbitos tales como la psicología, la historia, la educación, el arte, la política, la economía y el campo de la cultura en general. Denotan la concesión de una nueva significación, orientación o valor a determinados acontecimientos, conductas, hechos históricos, costumbres, tradiciones, obras o maneras de enseñar, entre otras manifestaciones, conforme al devenir o el surgimiento de nuevas concepciones o interpretaciones en el marco del saber, aunque también con fines ideológicos.</p>
<p>El 18 de octubre de 2020 fue celebrado el primer aniversario de la «primavera de Chile», que incluyó, entre otros hechos violentos, el incendio de dos iglesias decimonónicas en el centro de Santiago. Mientras la cúpula de una de estas se desplomaba, la horda vitoreaba extasiada ante el penoso espectáculo. Poco después, el 23 de octubre de 2020, dos días antes del plebiscito de entrada al proceso constituyente, una intervención digital fue publicada en YouTube:19 durante una nueva jornada de desórdenes en la plaza Baquedano, aparece un helicóptero transportando una enorme estatua del perro llamado Negro Matapacos, el ídolo teriomorfo de esta horda de perros y su santificada «otredad». Dicha estatua es puesta encima del monumento, mucho más pequeño, el cual desaparece instantáneamente y sin señales de destrucción o de «efectos colaterales», aplastado bajo el peso de aquella.</p>
<p>¿Es este un ejemplo de resignificación en el marco del saber? ¿Es esta una forma de resignificar «personajes que la masa identifica como símbolos del Estadonación», en términos de Grez? Y, si esto es así, ¿cuál sería la diferencia fundamental entre la imagen del denostado general Baquedano en una época que no es la suya, y la del santificado perro Negro Matapacos surgido en esta? ¿Son intercambiables para «la masa»? Y, por último, ¿cuál sería, en este caso, la «perspectiva de futuro» que «manda» el relato o interpretación histórica?</p>
<p>Si, en último término, la reconstrucción histórica depende de la arbitrariedad de la masa y su vacío del pensamiento, y si hay historiadores funcionales a su voluntad envilecedora, entonces no hay verdad histórica, y «resignificar» se acercaría, más bien, a «mentir», «tergiversar», «acomodar», «falsificar» y «manipular» los hechos de la realidad. Incluso a «posverdad», término ampliamente difundido que acusa tanto la disolución de la necesidad misma de buscar la verdad como el cinismo que se place en esta decadencia. Así las cosas, los historiadores, igualmente caprichosos, podrían ofrecer cualquier visión, pues solo desempeñan una <em>función</em>, a saber, «ordenar el relato de manera consciente o inconsciente» en vistas a un hipotético futuro determinado por la masa. Es decir, sin ningún cuidado por indagar en la naturaleza de esos hechos, ni mucho menos en sus propias motivaciones, conscientes o inconscientes. Pues, al parecer, ni siquiera los hechos cuentan, sino tan solo «el relato» y sus efectos manipuladores según convenga.</p>
<p><strong>«DIGNIDAD», FASCINANTE VIOLENCIA</strong></p>
<p>El término «dignidad» significa, entre otras acepciones, «cualidad de digno», «excelencia, realce», «gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse».20 Deriva del latín <em>dignitas</em>, que significa, asimismo, «valor personal, dignidad, mérito», «virtud», «consideración, estima», «condición, rango, honor», «sentimiento de la dignidad, honradez», «belleza majestuosa, magnificencia».21 Las principales acepciones de este término y su etimología indican que la dignidad es un valor superior, cuyo horizonte es el florecimiento, perfeccionamiento y ennoblecimiento de lo humano, mediante el autoconocimiento y el desarrollo de sus mejores facultades.</p>
<p>A partir de octubre de 2019, el término «dignidad» se posicionó con la sustitución del nombre «plaza Baquedano» por el de «plaza de la Dignidad», correspondiente a uno de los focos de más intensa, sostenida y visible destructividad en el centro de Santiago. Así, paradójicamente, la dignidad fue exigida de modo abyecto, mediante la destrucción, la barbarie, el vandalismo y la inmundicia, sin mayores demostraciones de escándalo público ante estos hechos. Es más, se ha ido posicionando con toda naturalidad, incluso entre personas ilustradas y del ámbito académico, la idea de que esta violencia sórdida e impune habría hecho posible la realización del plebiscito de entrada al proceso constituyente del 25 de octubre de 2020 y a las elecciones para la Convención Constitucional de los días 15 y 16 de mayo de 2021, como si estos eventos, por sí mismos, debiesen ser considerados <em>ya </em>en el cumplimiento de la vociferada transformación de Chile. ¿Es que acaso parte de dicha legitimación consiste en postrarse ante la barbarie y sus agentes como acción de gracias? Sin embargo, esta es otra manifestación de ceguera y <em>fascinación </em>provocada por el apetito de poder asociado al despliegue de la barbarie, y otra forma de manipulación que, una vez más, niega el peso real de sus devastadoras consecuencias, en favor de su deificación.</p>
<p>Peor aún, a la luz de estas consideraciones, el término «dignidad», tal vez el más corrompido junto con el de «cultura», deviene repugnante, vomitivo, ya que ha sido pervertido, deformado y convertido en una máscara conveniente, una impostura, una forma de encubrimiento del <em>lumpen- fascismo</em>,22 y una forma de legitimación de la barbarie, a través de la victimización, la manipulación, el cinismo, el desprecio por la búsqueda de la verdad, y la incapacidad de hacerse cargo de las responsabilidades personales, cómodamente delegadas en la horda de vándalos y su épica rastrera, oportunista y falsa.</p>
<p>En suma, el uso del término «dignidad», despojado de su espíritu, encubre una fórmula representativa del lumpenfascismo, manifestada a través de aquel movimiento pretendidamente liberador: «Si los poderosos pueden abusar, robar, saquear, depredar, invadir, destruir, incluso violar y matar impunemente, ¿por qué no nosotros, “los más vulnerables”?».</p>
<p>Así se cierra el círculo de la fascinante violencia, de los prestigios de la barbarie con su anhelada impunidad y poder, de la instintividad pura y su imposible espíritu.</p>
<p><strong>NARCOFASCISMO, PSICOPATIZACIÓN, PSEUDOHUMANIDAD</strong></p>
<p>Una de las manifestaciones más siniestras de esta paulatina destrucción y corrupción de la cultura es el fenómeno del crimen organizado, el sicariato y el narcotráfico, cuya expansión, transnacional incluso, viene manifestándose abiertamente en Chile desde antes de octubre de 2019. El término «narcocultura» es, por sí mismo, aberrante, pues concede a este fenómeno un estatuto y una <em>dignidad </em>que no corresponden a la cultura en su antigua concepción, cuyo foco era la formación integral del ser humano a través del conocimiento y el autoconocimiento. Aunque tal vez sí corresponda al moderno entendimiento de cultura, capaz de nivelar distintos modos de vida, ignorando los sistemas de valores y jerarquías asociados a estos.</p>
<p>El crimen organizado, el sicariato y el narcotráfico, con su pseudoestética, su pseudopensamiento y su pseudohumanidad, vulgaridad, ostentación y estridencia, constituyen la culminación del lumpenfascismo y su <em>industria del envilecimiento</em>; esto es, la transversalidad de la dominación y su emancipación, legitimadoras de la barbarie, desde «los más vulnerables» hasta los grandes amos invisibles, unidos por la avidez y el devoramiento, tanto de objetos como de seres humanos: la ilimitada realización, sin principio ni fin, del <em>hedonismo de la sociedad de consumo</em>, <em>el verdadero fascismo</em>, en términos de Pasolini. La autoaniquilación de Chile.</p>
<p>Fuegos artificiales hasta altas horas de la madrugada, ráfagas, <em>animitas </em>levantadas en recuerdo de adolescentes asesinados, convertidos en sicarios, que asesinan o se asesinan entre ellos, y «narcovelorios», «narcofunerales» o «funerales de alto riesgo» escoltados por la fuerza pública, además de su penetración en el mundo político y la presencia de cárteles extranjeros operando en Chile, son algunos de sus aspectos visibles, signos obscenos de su prepotencia y poder corruptor y disolvente.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-21.32.41.png"><img class=" wp-image-1663 size-medium alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-21.32.41-300x252.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 21.32.41" width="300" height="252" /></a>¿Qué harán las ciencias naturales y sociales, el derecho, la pedagogía, las artes, lo que aún queda de las humanidades, la teología y la filosofía ante este fenómeno? ¿Tendrán, acaso, el descaro de «resignificarlo»? ¿Lo estudiarán o pensarán, para combatirlo o para legitimarlo? ¿Surgirán disciplinas y filosofías prontas a justificar su pretendida dignidad cultural y su «otredad»? ¿Es que ya existen?</p>
<p>El crimen organizado, el sicariato y el narcotráfico no son una cultura. Son, cabalmente, manifestaciones de la <em>psicopatización </em>terminal de la sociedad chilena: un <em>pensamiento </em>que no piensa, un vacío del pensamiento habitado por el mal en su vileza constitutiva, ínsita en su abismo, sus tinieblas, su promiscuidad expansiva, indiferenciadora, carente de sentimientos, y su monstruosa ausencia de alma y espíritu.</p>
<p><em>Peor que la dictadura, peor que la peste, peor que la miseria, peor que la muerte, peor que la crisis en curso, peor que el nigérrimo abismo: instintividad pura y barbárica, enteramente ajena al espíritu y contra el espíritu. Narcofascismo: la transgresión absoluta, el mal absoluto. </em></p>
<p>¿Qué hará este país cruel, frívolo y vil, negligente y autocomplaciente en su desidia, junto con su educación paupérrima, sus algoritmos triunfalistas y su costoso capital humano avanzado, frente al crimen organizado, el sicariato, el narcotráfico y sus lacras abominables?</p>
<p><strong>EL ESTADO DE LAS COSAS</strong></p>
<p>Según Jung, el acontecer histórico es una ocasión para que la fuerza del inconsciente colectivo o lo desconocido psíquico se manifiesten. Los elementos aquí presentados apuntan a una progresiva descomposición en varios niveles, correspondientes a la crisis en curso. Tales elementos son, primero, la corrupción del lenguaje, que se muestra a través de términos como «cultura», «resignificación» y «dignidad», cada vez más espurios y despojados de su espíritu, irradiación y fuerza. Segundo, la desolada ruina del monumento al general Baquedano, debido a la instintividad de la horda. Tercero, las ciegas declaraciones del historiador Grez, justificando la vandalización de los monumentos. Y cuarto, la extraña y siniestra adoración colectiva a la imagen del perro Negro Matapacos, que apunta a un poderío de lo meramente instintivo, en vistas a su realización futura. Estas situaciones, imágenes y declaraciones son manifestaciones de una destrucción de la cultura, en mayor o menor grado, y validaciones, abiertas o encubiertas, de la barbarie en curso. Casi se diría que la fascinación e hipnosis provocadas por la violencia desatada a partir de octubre de 2019 ha permanecido hasta ahora, aunque de otro modo.</p>
<p>El caso del historiador Grez, entre otros intelectuales y académicos chilenos y extranjeros, es particularmente inquietante, pues se trata de una persona educada e ilustrada que aparece validando la degradación, la barbarie y la anomia. Lo peligroso es el alto grado de irracionalidad encubierta presente en sus declaraciones. Es una muestra de que el proceso en curso es inconsciente, regresivo, maligno, destructivo y disolvente del pensamiento.</p>
<p>El futuro es incierto y siniestro, a pesar del triunfalismo que ha despertado en algunos la merecida derrota de la derecha y la ex Concertación de Partidos por la Democracia en las elecciones para la Convención Constitucional y demás. De ahí la necesidad de perseverar en interrogantes relativas a las relaciones entre espíritu, instinto, cultura y barbarie: ¿es posible recomponer los nexos entre instinto y espíritu, en orden a un auténtico desarrollo de la cultura? ¿Subyace fatalmente la barbarie a la cultura? ¿Permanece la barbarie como un <em>fuego negro que arde pero no ilumina</em>, como una irradiación latente y soterrada, hasta que aquella vuelve a reactivarse con ocasión de alguna crisis profunda de lo humano? ¿Es la barbarie inherente a la naturaleza humana, más bien que la necesidad de conocer, crear y construir a través de la cultura? ¿Es la <em>violencia que busca legitimarse en la historia</em>, referida por Armando Uribe, una forma autónoma de barbarie e instintividad sin espíritu?23</p>
<p>¿Y qué hacer en medio de estas duras tensiones? ¿Qué queda? Tal vez, solo perseverar en silenciosos esfuerzos constructivos personales y de pequeñas comunidades, dondequiera que estén, a pesar de la precariedad material y, sobre todo, humana. Y nunca, ni siquiera en medio de lo peor de lo peor, renunciar a pensar ni abjurar de la capacidad de conciencia. Porque una vida sepultada en la miseria espiritual, moral y material, en la abyección y la inconsciencia; una vida sepultada en la barbarie, el fascismo y la maldad sin límites, no merece ser vivida ni ser considerada vida. <em>Porque una vida sin espíritu, o contra el espíritu, es y será el infierno, el cruento vacío de la aniquilación y extinción de lo humano. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h6><strong>Notas al final</strong></h6>
<h6>1  Abbagnano, N. (1993 [1961]). <em>Diccionario de filosofía. </em>«Cultura». Fondo de Cultura Económica, p. 272.</h6>
<h6>2  Cf. Op. cit., p. 272.</h6>
<h6>3  Op. cit., p. 276.</h6>
<ul>
<li>
<h6>cit., p. 277.</h6>
</li>
</ul>
<h6>6 Cf. Monlau, P. F. (1856). <em>Diccionario etimológico de la lengua castellana</em>. «Humanidades». Imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, pp. 300-301.</h6>
<h6>7 Real Academia Española (2001). <em>Diccionario de la lengua española</em>. «Barbarie», «bárbaro». Vigésima segunda edición.</h6>
<h6>8  <em>Diccionario etimológico de la lengua castellana</em>. «Bárbaro», p. 209.</h6>
<h6>9  Op. cit., «cruel», p. 239.</h6>
<h6>10  Op. cit., «bárbaro», p. 209.</h6>
<h6>11  Op. cit., «bárbaro», pp. 209-210.</h6>
<h6>12  <em>Diccionario de la lengua española. </em>«Vandalismo».</h6>
<h6>13  <em>Diccionario etimológico de la lengua castellana</em>. «Vándalo», «vandalismo», p. 450.</h6>
<h6>14  <em>Diccionario de la lengua española</em>. «Anomia».</h6>
<h6>15  Pabón de Urbina, J. M. <em>Diccionario Manual Griego. Griego Clásico-Español</em>. Vox, p.53.</h6>
<h6>16  Entrevista de Claudia Carvajal G. a Sergio Grez Toso <em>(https://radio.uchile.cl/2021/03/06/sergio-grez-y-fue- go-a-monumento-a-baquedano-hay-un-cuestionamiento-de-las-historias-oficiales-hegemonicas/): </em>«Se entiende mejor el papel jugado por ciertos académicos en el extravío de muchos jóvenes. En estado de éxtasis ante la posibilidad de materializar, por fin, la soñada toma del poder por los revolucionarios, han dado soporte ideológico al frenesí, sin mayor preocupación por converger con los delincuentes. Esos académicos, en todo caso, se han cuidado de observar la marcha de la historia desde un lugar protegido. Su propio pellejo no ha estado en riesgo. Tampoco el sueldo que les paga el Estado Nación». (Muñoz Riveros, S. «Los padrinos de la violencia». En La Tercera, 10/3/2021, https://www.latercera.com).</h6>
<h6>17  Entrevista de Claudia Carvajal G. a Sergio Grez Toso, op. cit.</h6>
<h6>18  Ibid.</h6>
<h6>19  «Momento exacto. Intervención digital sobre plaza Dignidad»: <em>https://www.youtube.com/watch?v=hXmr-9JeBlw4&amp;t=297 </em></h6>
<h6>20  <em>Diccionario de la lengua española</em>. «Dignidad».</h6>
<h6>21  <em>Diccionario ilustrado latino-español /español-latino</em>. «Dignitas». Bibliograf / Vox, p.141.</h6>
<h6>22  Cf. Oporto Valencia, L. (2015). La maduración de la Serpiente. En <em>Los perros andan sueltos. Imágenes del postfascismo</em>. Editorial Usach, pp. 249 y ss.<br />
23 Cf. Oporto Valencia, L. (2015). Espíritu fascista y teratocracia infernal. En <em>Los perros andan sueltos. Imágenes del postfascismo</em>. Editorial Usach, pp. 177 y ss.</h6>
<h6></h6>
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		<title>LA CULTURA EN TIEMPOS CONSTITUYENTES</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2022 23:22:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Paulo Slachevsky &#124; fotografías Cristián Labarca I. LA CULTURA COMO FUERZA TRANSFORMADORA El mundo de la cultura ha jugado siempre un rol muy relevante en todos los grandes avances en favor de una sociedad más democrática. Basta recordar los años sesenta y setenta, momentos de una verdadera explosión creativa en los más diversos ámbitos, y también los ochenta, donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Paulo Slachevsky | fotografías Cristián Labarca </em></strong></h6>
<p><strong>I. LA CULTURA COMO FUERZA TRANSFORMADORA</strong></p>
<p>El mundo de la cultura ha jugado siempre un rol muy relevante en todos los grandes avances en favor de una sociedad más democrática. Basta recordar los años sesenta y setenta, momentos de una verdadera explosión creativa en los más diversos ámbitos, y también los ochenta, donde las más diversas expresiones culturales se entrelazaban en la protesta social contra la dictadura. Como entonces, desde octubre del 2019 podemos ver cómo la calle en insurgencia se expresa en los muros de la ciudad, la música, la poesía, la fotografía, el teatro, el audiovisual, etcétera. Canciones como «El derecho de vivir en paz» o «El baile de los que sobran» vienen a transformarse en símbolos del movimiento, himnos contra la brutal represión, puentes también entre diversos momentos históricos donde la esperanza se refleja en las voces y en el brillo de los ojos de las y los manifestantes.</p>
<p>Lamentablemente, como sucedió en los años ochenta, los sectores populares, la calle y la cultura misma, verdaderos motores de los cambios, quedan de lado, y en la institucionalización del nuevo período se les asigna un rol totalmente secundario. Meros espectadores unos, teloneros los otros.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.22.png"><img class=" size-full wp-image-1654 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.22.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.22" width="335" height="729" /></a>En el momento constituyente que vivimos no debemos repetir la misma historia. Ni los sectores populares ni la cultura pueden quedar ausentes si queremos hacer realidad los anhelos de una vida digna que reclama el país. No pueden ser una vez más los mismos de siempre, los que han administrado el modelo por más de tres décadas, quienes dominen la constituyente. Y no se trata solo de un tema de forma, de asignarles espacios en la Convención Constitucional a representantes de los movimientos sociales, de los pueblos indígenas o al mundo de la cultura. Es un tema de fondo, del país que queremos y de las posibilidades de construirlo que nos otorgará la nueva carta magna.</p>
<p>La cultura, en su sentido amplio como en su sentido referido a las expresiones culturales propiamente tales, es básica para avanzar hacia una sociedad más justa, fraterna, igualitaria y libertaria. Requerimos un profundo cambio cultural en la forma de hacer política, en la manera de relacionarnos con la naturaleza y con el prójimo, liberándonos de la cultura de la competencia, de la dominación, de la cultura de explotación de unos sobre otros, de la cultura patriarcal.</p>
<p>Los desafíos de la cultura, como del libro mismo, son transversales a muchos de los desafíos que enfrentamos como país y es fundamental integrarlos en un lugar central de nuestra vida política y social. La educación que tenemos, la baja participación democrática, nuestra condición de simples exportadores primarios donde domina la lógica extractivista que arrasa con la naturaleza, la brutal desigualdad, están estrechamente vinculadas a déficits culturales y a una mentalidad política que reduce la estrategia de desarrollo a una serie de índices macroeconómicos. ¿Es acaso posible pensar en una real democracia sin sujetos activos, pensantes, críticos; mejorar nuestra educación sin elevar los niveles de comprensión lectora; romper el cepo que nos limita a exportadores primarios sin fomentar una ciudadanía creativa y productora que pueda potenciar toda la riqueza de nuestras mentes?</p>
<p>Parafraseando a Antonio Gramsci, quien señala que «somos todos intelectuales» en sus notables <em>Cuadernos de la cárcel</em>, somos todos creadores, productores culturales. Todos tenemos una mente capaz de tener su propia visión del mundo, «participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guías de sí mismos», si logramos liberarnos de «una concepción de mundo “impuesta” mecánicamente por el ambiente externo, y por lo tanto por uno de los tantos grupos sociales en los cuales cada cual se encuentra automáticamente incluido desde su entrada en el mundo consciente». Para una vida digna, es fundamental potenciar esa capacidad de ser sujetos activos, constructores de la vida cultural, social y política. Como individuos, comunidades y como países.</p>
<p>También, para evitar reflujos reaccionarios, como en los años treinta del siglo XX, como hoy en día con los Trump y Bolsonaro, hay que democratizar la cultura, el libro, hacerla accesible a todas y todos, no solo a las élites. Lograr una mayor densidad cultural en el conjunto de la población, activar todas las mentes, no solo es un buen antídoto contra las demencias, sino también contra el autoritarismo y la pérdida de sentido y valor de la democracia.</p>
<p>Para un mejor vivir, un vivir con los otros y no contra los otros, con la naturaleza y no sobre la naturaleza, se requiere, de manera urgente, un profundo cambio cultural, poner en un lugar central a la cultura, en toda su amplitud de sentidos como en sus expresiones concretas. Y ello debe reflejarse en la nueva Constitución, condición necesaria, aunque evidentemente no suficiente.</p>
<p><strong>II. LA CULTURA EN LA NUEVA CONSTITUCIÓN</strong></p>
<p>No es casualidad que en la Constitución del ochenta esté ausente la cultura, apenas aparece cuatro veces a lo largo del texto y como un elemento sin mayor relevancia. Gran diferencia con las constituciones de países como Ecuador, Bolivia y Colombia, donde la palabra cultura está presente de manera transversal: ciento veintinueve en la de Ecuador, cinco de las cuales como di- versidad cultural; veintinueve en la de Colombia; noventa y nueve en la de Bolivia. Desde el mismo preámbulo y el artículo 1 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, vemos la importancia que se le da al concepto: «Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Pluri- nacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país». Más adelante, entre otras referencias, el artículo 98.1 señala: «La diversidad cultural constituye la base esencial del Estado Plurinacional Comunitario. La interculturalidad es el instrumento para la cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los pueblos y naciones. La interculturalidad tendrá lugar con respeto a las diferencias y en igualdad de condiciones». Queda así explícita, en la misma Constitución, la radical importancia de la cultura. Se trata de un derecho básico, y no puede quedar a merced de los intereses y voluntades de los gobiernos de turno.</p>
<p>De hecho, el derecho a la cultura ya está presente en los artículos 22 y 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: «Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad»; «toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten», siendo considerado un derecho humano de segunda generación, protegido y garantizado por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Cul- turales de 1966 de las Naciones Unidas, el que parte del concepto mismo de dignidad. Este señala: «Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos».</p>
<p>Lamentablemente, en tiempos de hegemonía neoliberal, se tiende a confundir los derechos con el acceso, con el consumo. Como si la participación democrática fuera solo el voto. En los mismos diálogos ciudadanos del proceso constituyente de Michelle Bachelet, la palabra cultura se reducía al derecho al acceso a la cultura. Pero es mucho más que un tema de acceso, el mismo pacto de 1966 reconoce el derecho de toda persona a «participar en la vida cultural» y hace explícito la necesidad del «desarrollo económico, social y cultural». Es fundamental entender los derechos culturales en un sentido amplio: a nivel personal; a nivel de las comunidades locales; a nivel de los pueblos, como es el caso de los pueblos indígenas; y a nivel de los países: el derecho a la protección y fomento de sus expresiones culturales.</p>
<p>Para hacer efectivo ese derecho a nivel de los pueblos y naciones, y haciendo frente a la concentración, la uniformización y dominio de un tipo de expresiones culturales que potencia el mercado, las que a su vez marginan y anulan las expresiones culturales locales, se elaboró y aprobó la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de Unesco del 2005. Esta ayuda a enfrentar una división internacional del trabajo que fortalece los tratados de libre comercio, que busca consolidar un modelo con países productores a nivel intelectual y cultural mientras otros, meros exportadores primarios, quedan como consumidores en la materia. Los países tienen el derecho y el deber de proteger y fomentar sus expresiones culturales, y eso es necesario consagrarlo en el texto constitucional.</p>
<p>En tiempos de protestas y pandemia, cuando tanto se habla y condena la violencia de los manifestantes, encarcelando injustamente a muchas/os jóvenes cuya lucha posibilitó el momento constituyente presente, hay que ser conscientes de que hace tiempo vivimos cotidianamente en la sociedad toda, y en el ámbito cultural en particular, tres «pandemias» que han ejercido una violencia bestial sobre todas y todos, y sobre nuestras expresiones culturales:</p>
<ul>
<li>El colonialismo, y en particular el colonialismo cultural, que ayer y hoy margina nuestra creación y producción cultural.</li>
<li>La dictadura cívico-militar y su brutal represión contra el otro, la crítica, el pensar y el arte, que provocó un abrupto corte en nuestro desarrollo político, social y cultural en el largo camino de conquista de los derechos, y cuya mentalidad represiva sigue instalada en la base legal y mental de nuestra institucionalidad y sociedad.</li>
<li>Y el neoliberalismo, que entre otros ha mercantilizado la producción cultural, concentrando en manos de multinacionales «lo que vende», enfatizando la lógica de la competencia y los concursos que terminan anulando los sentidos de comunidad, excluyendo y limitando la bibliodiversidad como la diversidad cultural misma. Ese dominio tiende a desactivar igualmente el sentido liberador y trasformador del quehacer cultural, al reducirlo todo a simples mercancías. Toda la potencia cultural del qué se dice, se esfuma en la maraña del dónde y cómo se dice.</li>
</ul>
<p>Para revertir esas fuerzas poderosas que marcan nuestras mentes, se requiere pensar y trabajar culturalmente en los diversos niveles, y sentar bases en la propia Constitución, como un Estado social de derecho, plurinacional, democrático, garante de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales, que proteja y promueva la diversidad de nuestras expresiones culturales.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.09.png"><img class="  wp-image-1652 size-medium alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.09-300x202.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.09" width="300" height="202" /></a>Es imprescindible revalorar la cultura y también a quienes se dedican a ello cotidianamente, garantizando sus derechos sociales para una vida digna, como la salud, la educación, la previsión, etcétera. Como país, una y otra vez celebramos a Gabriela Mistral y Pablo Neruda, pero ¿cómo es posible potenciar nuevas y nuevos Mistral, Parra y Neruda si excluimos su creación porque no vende? Es urgente liberar a la cultura del mercado, fortaleciendo un ecosistema diverso y justo, que plasme en la Constitución la relevancia del tema y le dé continuidad en una institucionalidad cultural potente, que lejos de considerar un gasto los recursos en cultura, una pérdida, se asuma como una apuesta de presente y futuro para la comunidad que construimos, en un pilar central de la estrategia de desarrollo del país, que nos permita salir de su lógica extractivista. Que integre transversalmente los desafíos culturales en la institucionalidad toda, como por ejemplo en el Ministerio de Educación, el cual debería jugar un rol central, enfrentando el colonialismo cultural que le domina, valorando la creación propia y de países hermanos. Como decían las huelguistas de la industria del textil a principios del siglo xx, queremos pan, pero también rosas. La cultura es el espacio para que florezcan las rosas.</p>
<p>Basta en tal sentido de seguir gastando en tanques, carros y tecnología para afinar el control ciudadano y la represión, basta de gastar el dinero de todos los chilenos en escopetas y proyectiles antimotines que arrancan los ojos a nuestros jóvenes. Debemos contar con recursos para que se multipliquen los libros, el canto, la danza, la fotografía, las producciones audiovisuales, las obras de teatro, los muros vivos que vemos desde octubre y tantas expresiones culturales que siguen emergiendo, potenciando una sociedad creativa, con la mirada atenta, productora a nivel intelectual en los más di- versos ámbitos y disciplinas.</p>
<p>Y al igual como fue la experiencia de la Política Nacional de la Lectura y del Libro 2015-2020, que se elaboren e implementen de manera participativa políticas culturales generales y por área, donde se vinculen también estrechamente los recursos en esos ámbitos con la política misma ―cosa que no ha ocurrido―, permitiendo abrir círculos virtuosos a nivel creativo, donde las diversas instituciones y programas vinculados se comprometan verdaderamente con un objetivo común. Para todo ello, desde la Constitución hasta las políticas públicas mismas, es básico y necesario recuperar el habla, el diálogo, la primacía del bien común; articular iniciativas, intercambios, y no seguir funcionando como islas en cada ámbito, en cada área, donde prima más la competencia que el trabajo mancomunado.</p>
<p><strong>IV. A TERMINAR CON TODO APARTHEID CULTURAL</strong></p>
<p>Cuando iniciamos Lom en marzo de 1990, en momentos que terminaba la dictadura y se abría el camino de una larga transición, sin verdadero arcoíris, sin destape posdictatorial, dominaba el gris de en la medida de lo posible. Se fueron esfumando los tejidos de la resistencia antidictatorial, apagando las voces independientes en los medios de comunicación y los medios y espacios autónomos mismos. Cada uno parecía armar su propio camino de sobrevivencia en el reino de la jungla neoliberal en que se transformó Chile. Y si bien era posible hacer cosas, aportar desde otras lógicas, en esa senda individual poco se lograba cambiar; en gran medida cada uno quedó limitado a ser una voz testimonial de «El sur también existe». En nuestro caso, el cruce de caminos con Ediciones Trilce, Txalaparta y era en el Salón Iberoamericano de Gijón que organizaba el escritor Luis Sepúlveda, posibilitó aunar energías para un trabajo conjunto en el ámbito del libro, en resistencia desde la edición independiente contra el dominio de un sello comercial, colonial y de concentración por sobre el sentido cultural y liberador del trabajo —valga la redundancia— con el libro.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.17.png"><img class=" wp-image-1653 size-medium alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.17-300x205.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.17" width="300" height="205" /></a>A ese encuentro y el desarrollo de iniciativas conjuntas, le siguió ―junto a siete editoriales locales― la fundación de la Asociación de Editores Independientes de Chile, hoy Editores de Chile, que reúne actualmente a cerca de cien editoriales independientes y universitarias; así también, junto a otras asociaciones del mundo de la cultura, nace la Coalición Chilena para la Diversidad Cultural y surge la Alianza Internacional de Editores Independientes, que reúne a muchas editoriales independientes de diversas latitudes. Desde esos espacios, se aunaron las voluntades para un trabajo de largo aliento en favor de revalorar y reconocer la importancia de la creación local, de un intercambio diverso y equilibrado a nivel cultural, de potenciar ecosistemas locales del libro, donde el mercado no puede dictar el modelo y la ley, donde es imprescindible recuperar el sentido público y de bien común que tiene el quehacer cultural. La propuesta Una Política de Estado para el Libro y la Lectura, fruto de la Mesa del Libro en la cual Editores de Chile jugó un papel central, puso el énfasis en la necesidad de tener políticas públicas sistémicas en la materia. Esta iniciativa estuvo a la base de la primera Política Nacional del Libro y la Lectura, nunca implementada, así como la que se elaboró e implementó de manera participativa en el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.</p>
<p>Sin duda estos esfuerzos colectivos constituyen pequeños «corrimientos de cerco» en un sistema que posibilita un brutal dominio de una industria del entretenimiento que, como señala la carta abierta «¿Qué se dice y dónde se dice?: carta abierta de las y los editores independientes a los autores, autoras e intelectuales comprometidos con un mundo más justo» de la Alianza Internacional de Editores Independientes, de julio de 2020, limita la fuerza transformadora del trabajo cultural. Creemos que es necesario fortalecer ese trabajo desde abajo, desde los artífices del quehacer cultural, en una acción conjunta de estos en cada sector y entre los diversos ámbitos, en favor de una real democratización cultural, de consolidar ecosistemas sustentables en cada área. No nos cabe duda que son caminos lentos y que se hace necesario realizar el trabajo de las hormigas, pero hoy más que nunca tenemos la oportunidad de dar un salto cualitativo y cuantitativo al plasmar en la Constitución misma la cultura como uno de los ejes que nos permita establecer un piso diferente, una mirada diferente, verdaderamente democrática, multiplicando desde la diversidad, desde el espacio público, desde la independencia, desde lo territorial, las capacidades creativas de todas y todos, que posibiliten terminar con todo <em>apartheid </em>cultural.</p>
<p>Los desafíos de la cultura y de la educación, el derecho democrático a la información y la comunicación, al acceso al conocimiento, a la diversidad cultural, la lucha por una vida digna, como la protección de nuestra biodiversidad, son desafíos interrelacionados, no mundos separados, que tienen que ver con el tipo de democracia que queremos, de ciudadanos y sujetos activos o simples y limitados consumidores. Démosle a la cultura, en este momento histórico, toda la potencia liberadora, comunitaria y constructiva que tiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>COORDENADAS CONSTITUYENTES: SUTURAR LAS CONFIANZAS</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 14:18:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Rosabetty Muñoz &#160; TODO SE JUEGA EN EL TERRITORIO DEL LENGUAJE Las palabras armarán la trama de las nuevas relaciones, del nuevo habitar, de la nueva con- vivencia. Por eso es tan importante que haya saberes distintos, variadas hablas, decires que han estado postergados, como la de pueblos ancestrales o las mujeres o las comunidades que viven en lugares [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Rosabetty Muñoz </em></strong></h6>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TODO SE JUEGA EN EL TERRITORIO DEL LENGUAJE</strong></p>
<p>Las palabras armarán la trama de las nuevas relaciones, del nuevo habitar, de la nueva con- vivencia. Por eso es tan importante que haya saberes distintos, variadas hablas, decires que han estado postergados, como la de pueblos ancestrales o las mujeres o las comunidades que viven en lugares muy apartados de los centros de poder, o las de poblaciones que sufren los costos del mal llamado progreso y que son asumidos como lugares de sacrificio, aceptados como daños colaterales del sistema.</p>
<p>El desafío es desplazar el lenguaje de expertos jurídicos o de la vociferación de lo económico como lo fundamental hacia otras formas de comunicar; eso se hará llenando los vaciados de palabras, se construirá persiguiendo los significados, los sentidos, repasando una y otra vez cómo se entiende cada concepto.</p>
<p>Discutir el lugar de las palabras, recuperar la simpleza. Eso que ya sabe nuestra gente más sencilla: el valor de la poesía. Porque sienten que aunque las ideas sean complejas, la metáfora sirve para comprender por medio de imágenes mundos más amplios. Es el entendimiento lírico que está en las canciones de Víctor Jara, en la poesía de Violeta Parra, en las crónicas de Lemebel, todo ese lenguaje que ha saltado las vallas de lo enmascarado y ha usado las figuras para taladrar la costra superficial y acceder a verdades tan necesarias como el agua.</p>
<p>Se habrá de escribir una Constitución que podamos comprender todos, que podamos contar a los niños, que podamos leer con emoción, sintiéndonos parte.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.31.png"><img class=" size-full wp-image-1627 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.31.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.31" width="487" height="294" /></a></p>
<p>El lenguaje no puede crear contra la realidad, el tan ansiado encuentro con otros no se puede dar en el cuerpo muerto de un escrito sin sangre.</p>
<p>Por eso, los constituyentes trabajarán en el abierto espacio de la creación:</p>
<p>Primero, hay que afinar el oído, la comprensión, sintonizar con lo que expresa la gente en las calles, en las poblaciones, en los pueblos perdidos del largo territorio; hay que sintonizar permanentemente para reconocer cuando las cosas están dadas para construir realidad.</p>
<p>Segundo, rectificar el lenguaje. Lo que expresa debe ser lo que significa porque si no es así, se queda sin hacer lo que necesitamos con urgencia. Si no se corrigen las palabras, el decir, se falsean expectativas, se obscurece la confianza.</p>
<p>Tercero, buscar lenguaje inspirador que eleve el tono interior, que convoque a actuar según códigos que nos mejoren, nos devuelvan la dignidad, ya no por decreto o por acción del Estado, sino por nuestras propias acciones y decisiones.</p>
<p><strong>DESMONTAR LA MAQUINARIA QUE SAJÓ EL TEJIDO SOCIAL</strong></p>
<p>Una tarea imprescindible será escuchar esa historia que está sepultada en la calle y en los cuerpos. Después de largas décadas sin considerar las vidas mínimas, se debe atender a lo particular, a la historia local; no es tiempo de grandes discursos, sino de atención a lo pequeño que, sumado, va formando comunidad.</p>
<p>Tenemos la posibilidad de soñar un Chile que acoja la enorme diversidad de culturas que conviven en el territorio común, que abra sus profundas capas vivas y que guarde la fragancia de lo que hemos sido en distintas épocas, un Chile que es múltiple y que es capaz de transformarse sin dejar sus maravillas atrás.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.21.png"><img class=" size-full wp-image-1626 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.21.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.21" width="290" height="429" /></a></p>
<p>Vivenciar (como decía Mistral) a los pueblos originarios, raíces de nuestra cultura; a los inmigrantes que enriquecen nuestro quehacer, nuestra comprensión de la realidad, a los distintos habitantes que no han tenido voz ni han participado de lo que entendemos como país.</p>
<p>Reparar en la cantidad de términos que se han ido abriendo camino y conquistan áreas que parecen lejanas, reparar en cómo fueron permeando, colonizando la cultura o en la educación, la salud. ¿Por qué debiésemos hablar de consumidores culturales o industria cultural, o déficit hospitalarios o clientes en clínicas y escuelas? En estos meses de pande- mia es determinante cómo nos enfrentamos a una situación extraña y remecedora: todo el aparato informativo vomita números. La muerte es un número, los cuerpos enfermos son números. Sabemos que podemos armar un nuevo pacto social porque el trato inhumano todavía nos asombra, todavía no cruzamos la barrera de la indiferencia. Estamos en un momento crucial en que podemos desbancar una legitimada forma de palabreo, esa que ha ido oscureciendo y degradando otras. Como la poesía, o la filosofía.</p>
<p>Se fue formando una masa de palabras para guiar al rebaño ―digámoslo así―, llevándolo a considerar que solo aquello que nos trae éxito dentro del sistema nos define: si logramos tener, depositar, cuantificar, es que hemos logrado «ser alguien». Todo lo que queda fuera de las cifras es puesto en duda, marginado. Se constituye un espacio de solos que compiten, que van desdibujando los límites de los valores que traían generaciones anteriores, se va difuminando la frontera entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.</p>
<p>Heidegger enseña que la palabra es la casa del ser. De modo que si el lenguaje se desmorona, se desmoronan modos de pensar y de existir. El lenguaje es un tejido fino y sedoso en el que se da forma al mundo.</p>
<p>En un país que fomenta la competencia y el individualismo, las palabras se van sumando a ese paradigma y ahondan en la brecha, la rotura de las confianzas. Entonces, el nuevo pacto social buscará cómo decir un país que privilegia otra manera o maneras de ser humano, donde es más importante la persona que los bienes y es más importante armar formas de ser con los otros, una celebración de estar juntos, una forma de resolver los problemas en forma comunitaria.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.39.png"><img class=" size-full wp-image-1628 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.39.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.39" width="449" height="329" /></a></p>
<p><strong>RESPETAR EL HABITAR DE LAS COMUNIDADES</strong></p>
<p>Se trata de una misión preciosa: es constituir lo que queremos, fundar una sociedad distinta, diversa, plural. Desde los principios básicos, la idea es sembrar la metáfora de lo que realmente tiene valor considerando quiénes somos, quiénes queremos ser y cómo queremos habitar estos lugares.</p>
<p>Crear un nuevo contrato social exige revisar y conocer las distintas comunidades que componen un mapa del que solo se han dibujado los contornos generales. Habrá que ir componiendo con las voces de sus representantes, las vidas ignoradas de tantas localidades para situarlas en relieve.</p>
<p>Hasta ahora no había espacio para pensar el desarrollo desde las especiales formas de vida en las provincias, por ejemplo. Más bien formábamos parte de un país cuyas leyes impiden maneras de relacionarse en forma armónica con la naturaleza/el medio natural, que dificultan el organizarse, que no permiten que las pequeñas y dispersas comunidades resuelvan sus problemas de acuerdo a su manera de entender la realidad. Volver al respeto por la propiedad comunitaria y resguardar bienes esenciales como el agua, el mar, las semillas. Que no pertenezcan a privados. Pensar Chiloé (de nuevo la lírica) como metonimia, como un espacio político, territorial: que permita a todos tomar decisiones ligadas a sus problemas específicos y vinculadas con el patrimonio. Resguardar la riqueza humana y natural por medio de la voz ciudadana reunida, consejos de ancianos que toman decisiones atingentes a la comunidad. Y todo esto en permanente diálogo, atentos a la evolución del tiempo en otras latitudes. Somos parte de un sistema mayor y complejo, eso hay que considerarlo. Quiero decir que no somos, o no debiéramos ser, los vivientes del sur, los defensores de una visión bucólica; no somos y no debiéramos ser los guardianes de un supuesto paraíso natural donde los seres humanos son mejores que en el centro o las grandes urbes. Más allá de los estereotipos y prejuicios nuestro esfuerzo ha de ser «decir el sur», pero uno diverso, con las puntas afiladas, con todas sus impiedades y también maravillas.</p>
<p>Entonces, los constituyentes habrán de respetar la diversidad y defender las particularidades de los territorios a la hora de pensar en las políticas públicas. Cuidar que la toma de decisiones políticas considere siempre los valores y voces locales.</p>
<p>Se requiere disponer la mesa para que sean los invitados los que hablen. Disponer el encuentro, pulir las palabras y celebrar con ellas un encuentro.</p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.12.png"><img class=" size-full wp-image-1625 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.12.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.12" width="159" height="678" /></a>EL PORVENIR NUESTRO ESTÁ ALLÁ ATRÁS</strong></p>
<p>Quiero pensar en el ejercicio de la memoria como patrimonio. Más allá de las huellas materiales, de los objetos o construcciones que son señas de una determinada cultura (también importantes de considerar), pienso en las manifestaciones afectivas, emotivas, que fueron conformando el tejido cultural de nuestras distintas culturas. Todos esos elementos que parten de la gente y han dado cuerpo a un imaginario particular, una forma de entender el mundo que es significativa e identificable frente a otros modos de ser y vivir.</p>
<p>Hay tantas comunidades que se fundan sobre una masa de palabras no dichas, de un silencio preñado que sostiene la lengua. Que mira a los que no están, que los sigue recordando. La palabra es un gesto límite, signos que permiten fijar el escurridizo tiempo, el aire, ciertas formas de mirar, contar, amar. Cuando se van los antiguos, ¿qué queda de sus palabras? ¿Cómo se decía&#8230;?</p>
<p>Su espíritu se fundió con el de todos los de sus antepasados y ese denso aliento permane- ce suspendido en la composición del aire nuestro. Respiramos el polvo dorado de los que no están, somos ellos en la finísima materia que se adhiere a las fosas nasales, que entra en oleadas al aterciopelado paisaje interior.</p>
<p>Detrás de nuestros gestos, entonces, reposa el silencio espeso que heredamos.</p>
<p>Enormes territorios de palabras perdidas y con ellas, un mundo por decir: ¿cómo nombraban el goce de ver encenderse los ñires? ¿Cuál era la forma en que compar- tían el milagro de ver abrirse los fiordos frente a ellos? ¿Cómo decían la majestad de los hielos, la dulzura de un canal man- so? ¿Cuáles eran sus palabras para el amor? ¿Se demoraban nombrando el paisaje del deseo o solo respondían a la urgencia de la carne? ¿Tenían voces para el miedo, para la profunda indefensión de sus cuerpos des- nudos? ¿Cómo sentían el aire purísimo, la suavidad de las aguas, la enormidad de los riscos? ¿Nombraban de cuántas formas al viento que doblaba las copas de los árboles, al que silbaba furioso alrededor de su ch za, al que les murmuraba mensajes de sus muertos al oído? ¿Cómo señalaban el azul de todas las formas que el agua y el hielo desplegaban?</p>
<p>Toda esa materia vital, el encuentro primario con un mundo imponente, de belleza extrema, no ha desaparecido. Todo ese tejido de voces da forma a la sombra que nos sigue, aunque no queramos verla/sentirla.</p>
<p>Es central el reconocimiento de las culturas ancestrales. Reconocer y abrazar nuestra historia que sabemos milenaria.</p>
<p>El derecho a la cultura es interdependiente de otros derechos como la educación o la autodeterminación, que permitirá que cada territorio responda a sus propias necesidades y formas de vida. Así no volverán a perderse ricas tradiciones o manifestaciones culturales por el obligado cambio de vida de los habitantes, según modelos impuestos que nada tienen que ver con su propio proceso histórico.</p>
<p><strong>LA DICHA DEL AGUA</strong></p>
<p>Estamos compuestos de agua. Esta es la gran metáfora sobre la que se funda la idea del país que queremos armar: aquello que es vital no puede ser objeto de transacciones comerciales ni estar expuesto a la propiedad, no se puede privar de su uso o beneficio a nadie. Cualquier diálogo posible, parte del cambio del eje que sostiene la estructura del cuerpo total del país y esa imagen del agua, la fuente de vida, nos recuerda que hay temas intransables.</p>
<p>Como zahoríes buscando sentido, el concepto del «buen vivir» fluye fresco y nutritivo desde las voces antiguas de nuestros pueblos originarios. Se trata de pensar un país que respeta su espacio natural y convive armoniosamente con las especies que no son suyas, sino parte de un ecosistema que a todos nos permite vivir y prosperar.</p>
<p>Hemos visto la dicha del agua evaporarse, hemos visto camiones aljibes repartiendo litros en casas, a los animales sedientos babeando en las pampas. No puede hablarse de progreso si hay familias que no tienen agua potable. No se puede hablar de desarrollo si el agua tiene propietarios y si la explotación de algunas empresas contamina nuestro líquido vital.</p>
<p>Caminando hacia el buen vivir, con el agua como elemento primordial para el ecosistema, avanzamos hacia todo aquello que representa la dignidad que tanto se ha pedido/exigido en las calles: respeto a los derechos humanos, habitación, trabajo, jubilación, salud igualitaria y de la mejor calidad posible.</p>
<p>Los derechos sociales básicos están contenidos en esta metáfora esencial. Sin esta agua propia de la vida no es posible siquiera pensar en el porvenir.</p>
<p><strong>INTERCAMBIAR SABERES QUE NOS AYUDEN AL BUEN VIVIR</strong></p>
<p>Y entrar de lleno a pensar en una educación que piense orgánicamente en otra forma de enseñar, de aprender los saberes de las comunidades y al mismo tiempo dialogar con el mundo abierto fuera de nuestros territorios. Hay experiencias aisladas, hay esfuerzos particulares, pero falta una orientación general, una columna vertebral que nos sitúe en el futuro sin abandonar la rica cultura ancestral.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.02.png"><img class="aligncenter  wp-image-1624" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.02.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.02" width="591" height="458" /></a></p>
<p>Dibujar un país que cuide a sus ciudadanos dándoles educación pública de calidad, que les garantice una formación y un derecho a la felicidad. Formar almas como decía Gabriela Mistral y no trabajadores para la economía o intereses empresariales. Sin colegios que ahonden la desigualdad y la separación entre sus ciudadanos.</p>
<p>Una educación pertinente nos impulsará a soñar un sur libre y soberano. Que tiene conciencia de sus orígenes y desde allí se dispara, respondiendo con imaginación, reflexión, creatividad, al necesario diálogo con otros territorios.</p>
<p>Para que exista un verdadero desarrollo, la educación tiene que participar formando ciudadanos críticos, responsables, comprometidos, que se sientan llamados a compartir el bien común aun desde los lugares más remotos, no en la estrechez con que se estigmatiza lo provinciano, sino en la capacidad de compartir el destino de pertenecer a un territorio que se recrea constantemente.</p>
<p><strong>EL ARTE, UN PAN EN TODAS LAS MESAS</strong></p>
<p>El arte es fundamental a la hora de recoger nuestra memoria patrimonial. En estos días de peste nos ha quedado claro que necesitamos de las resoluciones colectivas, de la unión y la cooperación comunitaria. No es en soledad como podremos vencer esta pandemia, sino en conjunto, entre todos. Tal vez sea la oportunidad para volver a pensar en nuestra cultura ancestral, tan llena de recursos, para resistir en entornos duros con un clima feroz. Sostener el ánimo, la energía, la pasión aun en medio de una pandemia, fue una labor de todos: hablar desde la esquina y señalar «allá está el porvenir que soñamos» mientras la calle mostraba su cruda carne de desesperación y desamparo.</p>
<p>Es necesario un arte que comunique, abra canales de exploración para reconocernos y comprender el mundo que habitamos. Ese goce profundo del descubrimiento no puede estar concentrado en élites o tratado como suntuario; tiene que garantizarse un acceso universal a todas las expresiones artísticas y a los espacios públicos liberados para el libre desarrollo de las artes. Puesto que las expresiones artísticas son reflejo de nuestras culturas, creemos que los artistas y actores culturales deben ser parte de nuestra familia, de nuestro presente y nuestro porvenir.</p>
<p>Desde los espacios locales, la creación artística tiene desafíos propios. Hacer arte desde las provincias nos exige una alerta constante para no caer en folclorismos, pero tampoco puede ser complaciente con sus propios coterráneos que igual trampean con la idea de la belleza superior de nuestro territorio.</p>
<p>El tejido cultural del que formamos parte es complejo y representar su densa carne es un reto, por eso es tan importante borronear la idea de un centro que administre la legitimidad de los discursos. El reconocimiento del valor que tienen las distintas obras es esencial para el desarrollo artístico desde las diversas culturas que componen nuestro largo país. Queremos un país donde esté representada toda la riqueza del gran tapiz que somos. Desde octubre del 2019 asistimos al despliegue de una cultura colorida, rica en ternuras ancestrales, antiguas memorias que buscan las formas de sanar las heridas que provoca un sistema injusto: escuelas de rock, muralismo, danzas pintadas, música, poesía, toda una resistencia que ha servido para hilvanar esta fuerza vital que ahora debe ser declarada y valorada en el nuevo pacto social. Reconocer, entonces, la diversidad que somos y permitir que se desplieguen cuerpos, imaginarios, territorios, enriqueciendo la vida comunitaria, es nuestro empeño hoy. Como un archipiélago unido por las aguas de una cultura común.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>DAR LA BATALLA COMO SI SIRVIERA: EDITAR DESDE AQUÍ</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 13:32:53 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;">por Yanko González / fotografías Elde Gelos</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para comenzar, sopena de majaderías diacrónicas, quiero compartir algunas minucias del pasado local —porque si no es en <em>Medio Rural</em>, ¿dónde?― que, debido a su presencia eminentemente oral, requieren registrarse de algún modo. Seguidamente, conformado el contexto y algunos casos, quiero abordar ciertas derivas reflexivas sobre la edición «situada». Ahora bien, debo advertir de plano que no me formé, ni quise, ni estaba en mis mejores pesadillas oficiar de editor, aun a tiempo parcial. Me basta largamente con el enredo y la sospecha que suscita, mayormente en la academia, el embutido que arrastro desde cabro, que es la de escribir poemas y ganarme la vida como antropólogo. Digo, fui arrojado a la edición ―y a una bastante singular, la universitaria― debido a mi bibliofilia, pero, sobre todo, por la vergüenza. La vergüenza de estar en una universidad con más de sesenta años de historia, formadora intelectual de gran parte del sur austral de Chile y epicentro de movimientos culturales y literarios cardinales para la propia intelección territorial, huérfana de un sello editorial, desabrigada imperdonablemente de libros propios. Desde mi punto de vista, aquello era más que una omisión burocrática de cariz económico o un sesgo de la derecha antiintelectual o agropecuaria. No. Era tanto una traición a la idea de universidad humanista ―idea grabada a fuego por su rector fundador, un mestizo penquista, «federalista», discípulo de Alejandro Lipschutz y mirado en menos por la germanidad local, como lo fue Eduardo Morales Miranda― como también un desprecio por el objeto y por el soporte libro en todas sus poliédricas formas, y que, para más remate y como se sabe, ha sustentado históricamente a la universidad como institución desde el Medioevo (sin los editores venecianos no conoceríamos un ápice de lo que escribieron y tradujeron los sabiondos de la Universidad de Padua). En fin, una vulgaridad que por vergüenza me lanzó a batallar y a colaborar con las ganas de colegas, amigas y amigos para impulsar una editorial. Por muchos años la universidad mantuvo una imprenta (la «Central de Publicaciones»), donde se imprimieron informes, catálogos de carreras y discursos y donde, con el apoyo del rector Félix Martínez Bonati, brotó de sus prensas una de las más bellas revistas de arte y creación literaria de la década de los sesenta, <em>Trilce</em>, de la mano del grupo homónimo. Pero se trataba de una imprenta, no de una editorial. Es decir, prensas sin criba ni criterios de calidad científica o creativa de las obras a publicar y desligada de toda la jodida cadena eslabonada de la edición (evaluación, gestión de derechos, arte y diseño, distribución, promoción, etcétera).</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.36.png"><img class=" size-full wp-image-1615 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.36.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.30.36" width="136" height="571" /></a>En rigor, hasta bien entrada la década de los setenta la producción de libros literarios o de «literatura de imaginación» desde el aquí ―Valdivia y parte del sur de Chile― era escasa si descontamos esa prensa de tipos alzados y devenida en <em>offset </em>de la Universidad Austral de Chile. Al menos, ahí salieron algunos títulos autoeditados, como los del propio grupo Trilce. Después, el golpe de Estado no hizo más que convertirla en una prensa de informes, arqueos y boletines. Pero hacia fines de la década los setenta, se articula desde algunos colectivos de escritores y artistas plásticos (los grupos Matra e Índice fundamentalmente) una incipiente actividad de publicaciones. Una pequeña imprenta tarjetera sirvió como única infraestructura de Ediciones Siglo xv Artesanía Gráfica, animada por el narrador Pedro Guillermo Jara y el artista plástico Ricardo Mendoza. Su sello publicó algunos libros, como el poemario de Jorge Ojeda Águila <em>Chatarra </em>(1982), y diversas revistas culturales, como los primeros números de <em>Oh Valdivia </em>y <em>Caballo de Proa</em>. A poco andar, a comienzos de los ochenta, el mismo Ricardo Mendoza junto a otros artistas fundan en Valdivia Ediciones El Kultrún, de larga historia y calado, clave en el desafío de desconcentración cultural y literario del país.</p>
<p>A finales de los años ochenta y principios de los noventa se le sumarán las pequeñas editoriales literarias, como Paginadura, dirigida por los críticos y poetas Óscar Galindo y David Miralles, y Barba de Palo, comandada por el poeta Jorge Torres. A esas alturas temporales, estos sellos conviven con otros, como Alborada de Jorge Santamarina o Marisa Cuneo Ediciones, dedicadas a publicaciones de divulgación científica, y algunas imprentas que fungen a veces como editoras, como la del poeta Mario Contreras en Castro o la imprenta Cóndor en Ancud. A mediados de los noventa se suma otro sello prolífico que arriba a Valdivia, Editorial Fértil Provincia, liderado por Heddy Navarro y Bruno Serrano, y más allá surgirán otros sellos relevantes, como Polígono en la ciudad de Puerto Montt, entre otros. No obstante, creo que Ediciones El Kultrún se destacará por sostener una actividad editorial siste- mática y progresiva, apostando de manera deliberada por literaturas territorializadas o de producción situada, interpelando críticamente la subordinación político-escritural, inscribiendo gran parte de su esfuerzo en una fricción con las literaturas fijadas y sacramentadas por la recepción del mercado o el prestigio de la escucha académica santiaguina. No es casual que bajo su firma aparezca casi la totalidad de las obras de Maha Vial, Jorge Torres, Rosabetty Muñoz, Clemente Riedemann, Mario Contreras, entre otros autores fundamentales de la literatura reciente del sur de Chile. Como se sabe y salvo por su desdén por el comercio de libros, el funcionamiento de El Kultrún se emparenta con las primeras editoriales de Occidente. El criterio que la guía responde a las filias y fobias de su único responsable y editor, Ricardo Mendoza, que cual Aldo Manucio funge además de crítico y lector, de diseñador y conceptualizador visual de cada título, dotando de una fuerte presencia identitaria a sus libros. Así, por su pertinacia, continuidad y cualidad, Ediciones El Kultrún ha sido y es un excepcional hito geocultural, pues ha posibilitado contar fuera de la centrópolis con uno de los mejores editores del país, tanto por sus altos conocimientos en composición, prensa y gráfica, como textuales, estéticos y literarios. Por lo mismo, Mendoza aunó, en un tiempo de extrema precariedad formativa, a tres o cuatro sujetos en uno. Es cierto que parte del quehacer de todo sello lo dejó fuera casi desde sus inicios, como lo es una expedita distribución y comercialización de sus libros, pero como toda microeditorial atendida por su propio dueño, esas labores excedían las propias fuerzas o su interés. Al mismo tiempo, debido a los imperativos de sobrevivencia del sello, se autoimpuso la publicación de libros por encargo que, con todo, no opacaron su magisterio y curatoría en la edición de libros altamente relevantes para la literatura chilena reciente más allá de San Bernardo. Con todo y con casi trescientos títulos publicados, El Kultrún ha sido un ejemplo que ha fungido como un eslabón diacrónico con un nutrido, inédito y auspicioso campo editorial provincial, con sellos ya maduros o en proceso, como Arte Sonoro Austral, Komorebi, Libros Verde Vivo, Trafún Ediciones, Austrobórea Editores, Ediciones A89, entre otros, los cuales están articulándose en un colectivo de editoriales del sur austral de Chile. Un breve paréntesis: resulta muy importante desde el punto de vista del desarrollo, espesor y desconcentración editorial y literaria la experiencia de Ofqui de Temuco ―con un catálogo objetual muy cuidado y deliberadamente territorial―, Cartonera Helecho de Puerto Montt, Ñire Negro en Coyhaique y la refortalecida Editorial de la Universidad de Magallanes. Es notable en este sentido la presencia y constancia de Austrobórea Editores y Ediciones A89, ambos sellos situados en la comuna de Paillaco ―«provincia de provincia»― y notablemente activos.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.31.03.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1614" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.31.03.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.31.03" width="665" height="470" /></a></p>
<p>Como se colegirá, son demasiadas décadas que la Universidad Austral de Chile, responsable no solo de diseminar o extender conocimiento, sino de provocarlo, suscitarlo, incorporarlo, soportarlo y hacerlo transitar, estaba ausente y muchos de sus miembros o autores publicaban en editoriales universitarias o comerciales de Santiago o el extranjero. En el intertanto, decenas de universidades en Chile ya contaban o comenzaban a contar con editoriales. Resultaba evidente que la fundación de editoriales en el seno de estas instituciones ―véase el caso de Eudeba en Argentina, ediciones de la unam en México, para no hablar de Oxford University Press― ha sido, históricamente, la verificación pública de su vocación pública y, en todos los casos, expresión de su consolidación, proyección y compromiso social.</p>
<p>Así, de manera tardía, la Universidad Austral publica finalmente su primer título bajo su propio sello editorial hacia 2014. Desde ese año, lo que vino fue menos la ansiedad por «ponerse al día» con todo lo que la universidad había dejado de publicar en sesenta años, que la urgente cavilación sobre el lugar, el <em>estar allí </em>de la edición. Cuestión que nos pareció crucial para no terminar en una desaliñada imprenta de actas de congresos, fardos de <em>papers </em>envueltos en tapas, o replicar acríticamente otros proyectos editoriales metropolitanos de <em>boutique</em>. Es decir, se trataba de resolver un cruce complejo que pasaba por la exigencia de ser un sello universitario, situado en un espacio periférico, con un presupuesto y capacidades limitadas y rodeado de una progresiva y activa producción editorial independiente y universitaria, pero emplazado en territorios con precarios circuitos de circulación, metabolización y <em>absorción </em>de lo producido.</p>
<p>«Dar la batalla como si sirviera» fue y es el lema de este trance, pues implicaba la obligación primera de una detención reflexiva: entender que no se puede competir con las transnacionales que saturan por volumen los escaparates de las cadenas de librerías (lo que genera, entre otros pesares, que cualquier libro se convierta en un yogurt: caduca rápido y velozmente es remplazado). Tampoco podemos competir con las editoriales universitarias metropolitanas con presupuesto holgadísimo, o con editoriales de la centrópolis con acceso histórico y privilegiado a la hoy esmirriada y desfalleciente prensa cultural, o con editoriales situadas en instituciones de investigación cuyos miembros escriben libros y se han sublevado sistemáticamente contra la tiranía del <em>paper</em>. Igualmente, se hacía necesario entender, bajo estas limitaciones, que el desarrollo de un catálogo no podía estar secuestrado por <em>servirse a sí misma</em>, publicando solo a sus docentes (problema grave en muchas editoriales universitarias). De la misma forma, entendimos que una editorial universitaria, de vocación pública y «situada», está mandatada a articularse al ecosistema del libro territorial, es decir, no replicar ―restando las escasas fuerzas― las colecciones y líneas de otras editoriales del <em>acá </em>(como la vital colección de poetas y narradores del sur de Ediciones El Kultrún), más bien lo opues- to: servir al resto de editoriales independientes o microeditoriales, libreras, libreros y mediadores, cuyas coordenadas, más allá de nuestros síes y noes estéticos y curatoriales, fortalezcan el espesor simbólico y lectoría de sus espacios como un modo abiertamente politizado de corregir las desigualdades culturales infranacionales, pero también infrarregionales. Finalmente, y aunque pa- rezca una paradoja, un sello ―universitario o no― no puede traducir la identidad geocultural donde opera en una jaula fetichista, monologante y chovinista, empecinada en satisfacer su propio ego y espejo territorial. Curiosamente, si queremos lograr el predicado político-territorial, creando, fortaleciendo y desconcentrando autorías y lectorías, el camino debe sostenerse no en un equilibrio ramplón entre lo propio y lo ajeno, sino en un énfasis extraordinariamente dinámico y dialógico, entre el aquí, el allá y el mucho más allá. Esto es lo que ha ido guiando nuestro catálogo y creo que es clave en la actual hora de la edición desde <em>el aquí</em>.</p>
<p>Ejemplos en esta frecuencia conocí en el mundo de la edición inglesa y catalana, pero muy distante de nuestras condiciones objetivas. Por lo mismo, déjenme acudir muy brevemente a un par de casos más cercanos para cualificar esta mirada. Quiero referirme al caso de la editorial Vox ―ahora llamada Vox-Lux―, dirigida por Gustavo López desde Bahía Blanca. Gustavo comenzó hacia el año 1993 a editar básicamente poesía, desde un espacio similar por lejanía y configuración socioespacial a algunas ciudades intermedias del sur de Chile. Todo indicaba que sería un intento, como otros, destinado a potenciar y repotenciar la producción poética local, levantando de algún modo las banderías a veces quejicas y ensimismadas ante el vór- tice porteño o rosarino que todo lo borra, lo abduce o sacraliza con su canon y sus mil editoriales de poesía. López y la patota lírica que lo apañaba hicieron una ruta peculiar para el momento: comenzó a publicar autogestionadamente lo más granado de la poesía joven latinoamericana y de Bahía Blanca, es decir, construyó un catálogo donde Marcelo Díaz, Lucía Bianco, Mario Ortiz, Sergio Raimondi, entre otros bahienses, convivían mano a mano y sin pasar por Buenos Aires, con lo más destacado de la poesía emergente continental. En poco tiempo estaba publicando una antología de poesía joven chilena, pero también belga, alemana, e hizo circular por varios países (Gustavo con gran esfuerzo intentaba viajar acompañando a sus autoras y autores) a los bahienses junto a los hoy reconocidos Arturo Carrera, Fabián Casas, Laura Wittner, Martín Gambarotta, Marina Mariasch, Daniel Samoilovich, Washington Cucurto, Alejandro Rubio, Luis Chávez, Homero Pumarol, entre muchos otros, y en cuidadas y primeras ediciones. De tal forma y por casi una década, si te querías enterar de la poesía argentina y buena parte de la poesía latinoamericana joven, debías pasar de largo, pararte en Bahía Blanca y descifrar el catálogo <em>vivo </em>que Vox estaba vertiginosamente construyendo y comunicando. Un solo movimiento político-curatorial y territorial ―no de musculatura económica ni institucional― desordenó y desconcentró el canon y, simultáneamente, lo más importante, reveló y relevó las enormes voces propias.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.29.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1616" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.29.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.30.29" width="682" height="383" /></a></p>
<p>En nuestro caso, junto con abrir las obliga- das colecciones científicas y académicas, reservamos el estrecho margen presupuestario que quedaba para articular en libros algunos de estos puntos de vista que he compartido: abrimos colecciones ausentes en nuestro territorio y parte del país y que creí muy necesarias en tanto compromiso social de la universidad para la mediación y fomento lector, como los libros sobre libros, la lectura y la cultura escrita; otras que disputan en el ámbito del ensayo contingente los nudos críticos en la relación conocimiento especializado/ sociedad, y una de las últimas colecciones y con la cual queremos honrar estéticamente al objeto libro a través de su diseño y materia, la colección Caballo de Proa ―tributo a la desaparecida revista homónima y «más pequeña del mundo» que dirigía desde Valdivia el fallecido narrador Pedro Guillermo Jara― de traducciones de literaturas contemporáneas excepcionales, vertidas, algunas por primera vez, al español y preferentemente hechas por escritoras/escritores del sur de Chile, de tal modo de domiciliar esas voces y encomiar las autorías territoriales. Así, la editorial cubre espacios débiles en cuanto al conocimiento de literaturas relevantes, desconocidas o au- sentes en nuestra lengua y tradición; abre otras lecturas formativas ―la mayoría son antologías cuyo diseño se enfoca a lectores jóvenes― y las coloca a disposición de manera prioritaria en el territorio. Ahora bien, no somos ingenuas ni ingenuos: hay un «efecto colateral» muy interesante desde el punto político en el campo de fuerza socioliterario: si el poeta y ensayista Luis Felipe Fabre en el d. f. o el crítico argentino Edgardo Dobry en Barcelona quieren leer al maravilloso David Antin en castellano, sabrán que su ojo lector tendrá que viajar hasta el sur de Chile para capturar a Antin y de paso al poeta valdiviano y patiperro Andrés Anwandter, quien lo traduce. Lo propio ocurrirá con el excepcional poeta alemán Helmut Heißenbüttel, prácticamente inédito en nuestra lengua y traducido desde Valdivia por Breno Onetto. Claro, eso implica un largo trabajo curatorial que hemos ido haciendo con muchos amigos y cómplices que forman parte de nuestro comité de colaboradores de esta colección y de esta quimera, pero ese es el motor de la edición territorial: dar la batalla como si sirviera.</p>
<p>Finalmente, y a la luz de estas señales, vale la pena insistir en que este artilugio devenido códex o <em>epub </em>es, fundamentalmente, una máquina para pensar, aun mucho antes que se escriba e imprima. A pesar de todas las debilidades de la historia, de las «condiciones objetivas del aquí», editar libros desde el aquí supone deberes reflexivos que anteceden a la mera elección o criba e impresión: supone transformar el proceso en énfasis y los libros en un punto de vista, política y territorialmente interpelante.</p>
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		<title>VEINTE AÑOS DE PROVINCIA EN UN PUÑADO DE LIBROS</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 13:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[por Jonnhatan Opazo pesquisas imposibles, mapas sin territorio, cementerios y nómades &#160; LA PROVINCIOLOGÍA COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES Ambos libros compendian un trabajo de hormiga realizado por años. En el caso de Mario Verdugo, Arresten al santiaguino! Biblioteca de autores regionales (Overol, 2018) es, en palabras del mismo autor, «la cara infame de una investigación» que busca «indagar [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Jonnhatan Opazo </em></strong></h6>
<h2>pesquisas imposibles, mapas sin territorio, cementerios y nómades</h2>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-09.31.01.png"><img class="aligncenter  wp-image-1608" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-09.31.01.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 09.31.01" width="550" height="528" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA PROVINCIOLOGÍA COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES</strong></p>
<p>Ambos libros compendian un trabajo de hormiga realizado por años. En el caso de Mario Verdugo, <em>Arresten al santiaguino! Biblioteca de autores regionales </em>(Overol, 2018) es, en palabras del mismo autor, «la cara infame de una investigación» que busca «indagar en las escalas locales de intelección y experiencia literaria, en la construcción simbólica de los territorios no metropolitanos, en las narrativas estereotípicas sobre las provincias de Chile».</p>
<p>A pesar de la infamia, la contratapa del libro no escatima en colocarlo «en la tradición de autores como Wilcock, Plutarco, Max Aub o John Aubrey». Modestia aparte, los perfiles que Verdugo ofrece son indagaciones en torno a obras tan particulares como desconocidas. Yosuke Kuramochi, Pepita Turina y León Ocqueteaux son algunos de los escritores a los que Verdugo resucita como a un Lázaro en su lecho. Cadavéricos y algo apolillados, estos <em>autores regionales </em>gozan de una segunda vida en la que pueden campear a sus anchas, no sin ser agarrados para el chuleteo.</p>
<p>Por ejemplo: «Según se dijo en cierta reseña, si Julio Iglesias Meléndez hubiese tenido que elegir entre sus propios libros y una mujer bella, aun la más bella del mundo, se hubiera quedado de seguro con los libros».</p>
<p>Viaje al fin de la noche de la provincia que consigna a excéntricos varios, desaparecidos, uno que otro contemporáneo y, cómo no, poetas. Malos o buenos, da lo mismo. La poesía chilena, a pequeña o gran escala, suele acumular historias esperpénticas para el uso del detective o el ilustrador.</p>
<p><em>Territorios invisibles </em>(Inubicalistas, 2017), de Felipe Moncada, toca una tecla similar aunque algo alejada de las infamias propias de la investigación de posgrado. Moncada, como Verdugo, se sirve del dispositivo libro para compendiar un trabajo de años. Estos territorios inubicables que Moncada fotografía, sin embargo, respiran de otra forma. Sin la cortapisas de la prensa —la mayoría de los textos de Mario Verdugo aparecieron inicialmente en <em>The Clinic </em>y otros en estas mismas páginas—, Moncada se permite devaneos y vagabundeos varios en donde la anécdota histórica se encuentra de cara con la digresión epistemológica o el arte sublime de irse por las ramas.</p>
<p>A diferencia de Verdugo, Moncada escoge un <em>corpus </em>viviente y en desarrollo: la mayoría de los autores que aparecen en el libro, dis- persos todos desde la frontera norte hasta los canales australes, siguen activos como poe- tas, críticos o ensayistas. Bernardo González, Américo Reyes, el mismo Verdugo —<em>mise en abyme</em>—, Ricardo Herrera, Alejandro Lavín o Chiri Moyano son algunos de los citados</p>
<p>La cercanía con los estudiados le posibilita a Moncada, si nos permiten la expresión, un acercamiento aurático a esos libros cuya circulación es limitada y espectral. Miremos esta descripción de <em>Casa deshabitada (</em>Ediciones del Herrero, 2010) de Pablo Araya: «Usando sus conocimientos de artesano de la madera, ha construido la extensión del contenido del libro en una bella autoedición, de manera que el esqueleto externo del libro (la caja que lo contiene) es la persiana de una ventana, el marco de una puerta, o un viejo portón de alerce con bisagras de madera». Milagros de la autoedición, que cuando no es un estrepitoso fracaso logra artefactos que son la consumación de un afecto vital del que la escritura no es más que uno de sus tantos epifenómenos: «Así el libro es el fragmento de una vieja casa en miniatura y los dedos del lector al pasar de papel en papel (otra forma de la madera), podrían ser los pasos de un curioso que asoma a pasillos y corredores, oye voces en la penumbra, se tropieza con objetos en desuso, de manera que el objeto-libro posibilita estimular la imaginación para internarse más allá de la lectura, en el lenguaje de la materia».</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.07.png"><img class=" size-large wp-image-1610 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.07.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.12.07" width="177" height="885" /></a>Libros para provinciólogos y curiosos de las tramas invisibles de un territorio lleno de poetas, narradores, chamulleros, luchadores, memoriosos; gente, en fin, con ganas de contar algo, de hacer cortocircuitos con el lenguaje o sencillamente atizar los carbones de la memoria antes que caiga la noche.</p>
<p>A modo de posdata habría que consignar «Perdidos leyendo traducciones», la columna de Cristóbal Gaete en la revista <em>La palabra quebrada</em>. Cristóbal, todo sea dicho, habría estado mucho más capacitado que nosotros para acometer esta tarea. En esa columna, como un Juan Forn del Cardonal, vagabundea en libros poco o mal leídos, vendedores de cuneta, escritores secretos, poetas suicidas. A ratos parece una continuación en clave no ficción de <em>Crítico </em>(Garceta, 2016). En otros, un ajuste de cuentas con la memoria personal, atado porfiadamente a la literatura. En cualquier caso, es un <em>corpus </em>que todavía se está escribiendo. Quizás lo tengamos en nuestros estantes haciéndole compañía a <em>Valpore </em>(2009; Garceta, 2015) y <em>Motel ciudad negra </em>(Hebra, 2014). Quién sabe. Quizás Cristóbal quiera dejar esos tex- tos dispersos y diseminados en papel diario.</p>
<p>Ya veremos.</p>
<p><strong>PUEBLOS INVENTADOS, POLIFONÍAS ESPECTRALES: PASEO POR UN PAÍS IMAGINARIO</strong></p>
<p>Faltaban seis años para su muerte. Con varias ruedas pinchadas, en 1997, Bolaño escribe una lista de recomendaciones «sobre el arte de escribir cuentos». En el punto número once, a modo de digresión, escribe: «Libros y autores altamente recomendables: <em>De lo sublime</em>, de Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; <em>La antología de Spoon River</em>, de Edgar Lee Masters; <em>Suicidios ejemplares</em>, de Enrique Vila-Matas».</p>
<p>No sabemos cuántos cuentistas leyeron a Lee Masters, pero sí podemos calcular ―a vuelo de pájaro― cuántos poetas chilenos lo hicieron y se sirvieron del procedimiento para darles voz a canallas, migrantes desdichados, cazadores de recompensa, pastabaseros y exploradores. Ya no a la manera del <em>Canto general</em>, sino a la manera de los cuchicheos en voz baja.</p>
<p>Partamos por el norte. «Bienvenidos al cementerio más viejo de Chile». Esa frase abre <em>La comarca. Ensayo sobre el desarraigo </em>(Aparte, 2021) de Mauro Gatica. Antes de esta nueva edición, <em>La comarca </em>circuló en una edición cartonera a cargo de Fugitiva Ediciones. En ese limitado tiraje, encuadernado a mano con hojas de oficio, Gatica empujaba su obra hacia el libro-objeto: a medida que avanzábamos en los poemas, aparecían mapas de la frontera, fotografías, transcripciones de archivos del siglo xix, además de una infinitud de epígrafes que nos avisaban que teníamos en nuestras manos el trabajo de archivista poseído por los fantasmas del desierto.</p>
<p>El texto vuelve a nosotros sin esos recortes, algo más higienizado, pero sin perder el sistema nervioso que anima este monstruo deforme armado con cuerpos de soldados muertos en batallas de violencia absurda, chicos que roban osamentas del cementerio, entre otros.</p>
<p>«De Chile nos botaron por peruanos / y acá nos despreciaban por chilenos. // Llegamos a Lima / a sufrir lo imposible», leemos en el poema «Olga Contreras Taucare». Mauro Gatica ―esto lo supimos en una conversa con él hace un par de años― escribió este libro contra el patriotismo de cuneta de una ciudad encajonada entre desierto, mar y frontera. Un espejismo hecho de calaminas, palmeras y prostíbulos. Muchos de los poemas son transcripciones de relatos encontrados en la biblioteca de la ciudad donde vivía antes de migrar hacia Bolivia. Todas esas voces fisuran la inocencia perversa del relato nacional para revelarnos su anverso: una ciudad fronteriza donde se trafica cocaína en ovoides y el Morro de Arica, postal turística por excelencia, es el lugar donde los suicidas saltan al vacío.</p>
<p>El libro archiva voces que están en el bor- de de los relatos oficiales. Se transforma así en el gemelo oscuro del himno nacional con sus versitos <em>naïve</em>. Como se apunta en el poema «En un baño público del terminal internacional»: «Imagino un Chile / sin chilenos».</p>
<p>Pienso una novela de corte futurista: en un Chile sin árboles ni ríos, las toponimias mapuche han sido reemplazadas por nombres en inglés. En ese país devastado, el castellano es una seña lejana, cosa de viejos y eunucos románticos perdidos en un pasado ectoplasmático. En ese futuro imposible podría estar <em>Black Waters City </em>(Nuevenoventa, 2018) de Américo Reyes, que los neochilenos consignarían como «ciudad de las aguas negras» ignorando la lengua que les dio el nombre.</p>
<p><em>Antología de Black Waters City </em>(2018) es varias cosas a la vez: Américo revisita su obra, recicla sus poemas y les asigna otras autorías. Multiplica el yo poético en una variedad de heterónimos que cuentan las miserias y alegrías pobres de un Curicó que es más real que el Curicó en que Américo Reyes dilata sus días. Más real porque sabemos que ese mundo posible terminará por devorarse los murmullos del día a día.</p>
<p>A esta antología se le podría aplicar una cita de Borges que usa Zambra en la contratapa de otro libro que nombraremos más adelante: «Es una lástima que la palabra poeta haya sido dividida en dos», a propósito de los poetas que cantan y los que cuentan historias. Américo maneja ambos oficios, los subsume a su imaginario de porno de matorral y fisura el Maule patrimonial con su pueblo barroco y dicharachero.</p>
<p>Un poco más al sur de este imaginario polifónico, <em>Colonos </em>(Cuneta, 2011) de Leonardo Sanhueza y <em>Animitas </em>(Gramaje, 2015) de Yeny Díaz Wentén funcionan como un coro de fantasmas. En el caso de Sanhueza, las pellejerías de los migrantes europeos en la Araucanía durante el siglo xix. <em>Colonos </em>rastrea en las miserias de una República hecha con tres listones y una plancha de zinc donde los migrantes europeos de segunda llegan con promesa de Jauja y se van con las manos vacías o derechamente no se van porque se quedan acá, muertos: «¿Qué estamos haciendo aquí Franz, August, Bernard, / entre cuatro palos parados, borrachos como polillas / que se desploman de la luz al licor, mientras el viento / y la lluvia tocan sus polonesas sobre el barro?».</p>
<p>Como reza el coro de cierta cancioncita pop, «estamos viviendo en tierra robada». Los colonos que Sanhueza trae a la vida mueren en tierra robada, sin gloria.</p>
<p>En el caso de <em>Animitas</em>, Díaz Wentén hace cantar a esas grutas que, diseminadas a lo largo y ancho del Chile real e imaginario, nos recuerdan que caminamos sobre huesos. Díaz a ratos nos recuerda a Violeta Parra: además de recopilar historias, su prosodia es la de las cantoras campesinas. Su repertorio de símbolos también: «Hay noches en que vemos pasar al diablo / con su hocico lleno de nombres, baila / y su sombra enciende la luna. // Por las noches nos colgamos del brazo de algún caminante / y lo dejamos en su casa, para que vuelva / todos los días por el mismo caminito».</p>
<p>El libro también es un tributo a sus muertos, a los muertos del extractivismo salvaje que campea a sus anchas a lo largo y ancho del territorio (Víctor Mendoza Collío, «¡Ay! Que balas por la espalda. / ¡Ay! Que rabia de mil perros.»); a los muertos de la dictadura militar (Víctor Lidio Jara Martínez, «Pobre vine y como pobre morí / con los huesos al aire / y sin manos mi guitarra quisiera tocar, / tocar al Dios de mis canciones y / preguntarles por qué»); a los suicidados y su tragedia antigua (Antenor Casio Sánchez Quintero, «lo pillaron colgado del cerezo junto al camino de las Dianas. Dicen que sus deudas con el cielo eran infinitas y su mujer, Toda Vitalia, huyó hacia el norte con su hermano Cleofe de la Cruz»).</p>
<p>El mote de «cementerio más lindo de Chile», dice Christian Formoso, viene de la tradición oral puntarenense. Puntualiza: «Reconozco en el patetismo del mito local, los elementos de la lengua-geografía representados, no por símbolos tradicionales (bandera e himno en el caso chileno) sino (&#8230;) por aquella misma almohada sobre la que todos hemos de soñar». El libro en cuestión —<em>El cementerio más hermoso de Chile </em>(Cuarto Propio, 2008)— es el <em>Spoon river </em>más austral de nuestro territorio. Formoso, a la manera de un arquitecto de lugares imposibles, piensa el volumen como un paseo por distintos pabellones.</p>
<p>El ejercicio acá es similar a <em>Colonos </em>y <em>La comarca</em>: el poema funciona como un registro de oralidades espectrales que son resucitadas en esta singular danza macabra. El fantasma como reverso le permite al autor jugar también con los reversos delirantes de la constitución identitaria de Punta Arenas. Sirvan de ejemplo estos versos: «“Punta Arenas es una tremenda / oportunidad de negocios / porque se trata del cementerio / más hermoso de Chile” // El ejecutivo local / señaló que Mc-Donald’s / Cementerio garantiza / calidad y servicio / como en otros países (&#8230;) Por ello la empresa / tiene presencia / en el 97,7 % / de los grandes / cementerios chilenos».</p>
<p>El sueño de la razón produce monstruos de diversa ralea. Las mutaciones perturbadoras que el modelo neoliberal introduce en nuestros territorios reales e imaginados, como si de una semilla de legumbre sometida a radiación y agrotóxicos se tratase, son abordados por las obras citadas como un modo de conjurar la subjetividad que esa devastación produce a mansalva. Todos estos cementerios, pueblos inventados, coros de fantasmas, en fin, son un poco eso: el murmullo enloquecido del viento que sopla por igual entre el cableado eléctrico, los pinos radiata y un roble huacho que pronto van a talar.</p>
<p><strong>INVESTIGADORES DE OFICIOS Y OTRAS HIERBAS</strong></p>
<p>Una definición que nos parece adecuada para tratar estos trabajos es la que propone Vania Cárdenas en <em>Tierras blancas de sed. Cartografía oral del valle de Huasco </em>(Inubicalistas, 2019): «Más allá de las líneas rojas con las que en el mapa se encuadra la nominación del territorio y sus límites físicos, existen espacios que el cartógrafo ha dejado en blanco como esperando ser escritos desde el tránsito de sus habitantes, desde sus movimientos». Movimientos, migraciones, que se suceden al ritmo de las transformaciones productivas de cada zona del país, pero también oficios, vivos o no, que nos hablan de una permanencia y una memoria territorial común, ya sea en el valle de Huasco o en el Aconcagua.</p>
<p>Entre el cambio climático y la constante migración campo-ciudad, las prácticas de los sectores campesinos del país van desapareciendo o adaptándose. <em>Oficios campesinos del valle del Aconcagua </em>(Inubicalistas, 2017) de Cristian Moyano Altamirano se detiene en estas dinámicas como antropólogo y arqueólogo cultural para «poner en valor» ―que se repite en este tipo de trabajos― los diversos oficios de distintos caseríos de la zona del Aconcagua. Moyano es explícito en sus mo- tivaciones: «El arraigo que siento hacia mi pueblo, es la inspiración y motivación para revivir parte de la historia de Quebrada Alvarado y sus alrededores, escudriñando y desempolvando retazos de estas».</p>
<p>El lector encontrará en este libro, que ya cuenta con una segunda edición, testimonios, fotografías y gráficas que ilustran los resultados del trabajo de Moyano, sea para oficios extintos como para aquellos que siguen vigentes. Así, por ejemplo, nos enteramos del trabajo de los pozos neveros. Como el nombre lo indica, el oficio consistía en almacenar la nieve que caía en el cerro Punta Imán en unos hoyos cavados en zonas altas del cerro. Los trabajadores, además de cavar, debían volver en invierno a apisonar la nieve. Llegada la primavera, los trabajadores iban cerro a arriba, sacaban la nieve de los pozos, la cortaban en grandes cubos y la transpor- taban con tropas de burros. La lista de oficios continúa con hortelanos, pajareros, trabaja- dores del adobe, entre otros.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.14.png"><img class=" size-full wp-image-1611 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.14.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.12.14" width="132" height="866" /></a>El ya mencionado libro de Vania Cárdenas va en una línea similar. Los testimonios, en este caso, permiten reconstruir una geografía sensible de una población trashumante cuyos oficios los obligan a llevar una vida <em>al día</em>. Pero discuten también como un modo de representación, literario e historiográfico, que ha relegado al norte imaginario a la actividad salitrera y al minero que encontramos en Sabella o en las crónicas de Homero Bascuñán. Cárdenas habla de formas de vida de hombres y mujeres que, a lo largo y ancho del Valle de Huasco, van ejerciendo de arrieros, agricultores o mineros. Su trabajo permite conformar, en sus palabras, mapas sensibles sin fronteras fijas. Formas de ser que desafían los identarismos fijos que ponen la pauta en el siglo XXI.</p>
<p>Pero Cárdenas toca un punto clave: la tarea de recoger el testimonio y enmarcarlo dentro de una continuidad histórica nos permite una lectura política. La vida de estas pequeñas comunidades como ejemplos de resistencia ante el modelo económico que hoy hace aguas por todos lados. La autora cierra el libro con una expresión de Walter Benjamin: «La humanidad se frota los ojos». El gesto de quien se despereza y puede ver más allá, sea hacia el futuro o hacia un pasado que destella en un momento de emergencia.</p>
<p>Leticia Zapata, Jonathan Vera y Loreto Arias publicaron <em>Oficios del río Maule. Rescate, promoción y valoración de las prácticas culturales de la cuenca del río Maule </em>(2017)<em>. </em>A diferencia de los dos libros comentados más arriba, este título, desarrollado con un fondo estatal, no cuenta con los canales de distribución editorial tradicionales. Es el caso, lamentablemente, de muchas investigaciones de este tipo. Nosotros logramos conseguirlo a través de un website de Facebook que promocionaba las actividades del proyecto.</p>
<p>Lamentable, decimos, porque el objeto libro es de buena factura y trae un apartado de fotografías antiguas que hacen que la investigación tenga un espesor mucho mayor. Junto con el trabajo de entrevistas y caracterización histórica ―estamos hablando de un oficio que comienza a finales del siglo XVIII―, la mezcla de testimonio y fotografía permite acceder a una dimensión distinta de la memoria común. Que hayan sido tomadas en un tiempo en que la fotografía análoga reducía la posibilidad de disparos nos habla un poco de la importancia del oficio en la constelación del relato familiar: el trabajo como constructor de una subjetividad que está ligada a un modo de vivir lo común.</p>
<p>Huella al mismo tiempo espectral, en un país ―y un territorio― donde las transformaciones históricas vienen acompañadas de la mutación de las matrices productivas y, con ello, la disolución de estas comunidades. En el caso de Constitución, nos dicen los autores, el golpe de Estado del 73 y la instalación de la celulosa Arauco.</p>
<p>Algo similar ocurre con <em>Lo Figueroa, paisaje cultural </em>(2021). El libro corresponde a la tesis de grado de la arquitecta Daniela Vilches. Tuvimos noticias del trabajo a través de redes sociales y para cuando quisimos adquirir un ejemplar ya se habían agotado. Conseguimos el pdf con la autora ―práctica subterránea y efectiva de circulación que a estas alturas es una institución en sí misma― y lo consignamos acá por las mismas razones que los títulos anteriores: Vilches traza una carto- grafía sensible de una pequeña comunidad de la zona central chilena con dos objetivos visibles: levantar un puñado de información dispersa sobre Lo Figueroa y densificar su pequeña historia con un trabajo que aporta una mirada histórica, pero también archivística y, por qué no, artística. De este modo, el libro ofrece una mirada compleja cuyo interés no es exclusivamente académico: «Veintiséis años después vuelvo a este lugar, esta vez con una mirada diferente ―nos dice en el prólogo―. Me asombro a descubrir cosas que antes no vi, la imagen es la misma, pero esta vez hay más cosas por ver».</p>
<p>La investigación como una cuestión vital, que despliega potencias que permiten que los habitantes de un lugar reconstruyan tramas vitales. Daniela, en este caso, explora la dimensión del paisaje como un elemento que atraviesa el relato de la comunidad investigada: «En esta localidad se distingue la fuerte influencia de la actividad económica sobre el territorio. Aquellos tejidos y tramas de cultivos que matizan junto con la configuración del habitar doméstico». En las fotografías, que la autora logró recopilar a través de trabajo de campo, vemos cómo esta ligazón entre trabajo, identidad y territorio se traduce en formas de vida: en una fotografía cuya fecha aproximada es 1960, vemos a cuatro mujeres. Al centro, la madre lleva un vestido oscuro y carga en brazos a quien suponemos es su hija menor. La acompañan dos niñas vestidas de manera similar aunque con colores claros ―el blanco y negro no nos permite saber esto―. Las mujeres están rodeadas de matas de choclo aún en crecimiento y atrás, justo a su derecha, vemos un árbol que tal vez sea un ciruelo.</p>
<p>Las fotografías que se suceden reproducen una estructura similar: son estampas de la vida campesina del Maule. La secuencia más interesante corresponde a una serie sobre el Club Deportivo Unión Figueroa, que según un documento presente en el libro fue fundado en 1932. En la serie de fotografías podemos ver los distintos uniformes que cada generación de jugadores acuñó para su época, así como el paso del tiempo proyectado en los cortes de pelo y el uso de patillas a la vieja usanza.</p>
<p>A modo de coda: la lista de investigaciones con enfoque similares merecería un trabajo de archivo en sí mismo. Es cosa de mirar la cantidad de proyectos Fondart y afines que año a año, en diversas líneas, levantan relatos, archivos o investigaciones en torno a la multiplicidad de temáticas que emergen en cada rincón de este angosto pasillo que conecta el desierto con el mar austral.</p>
<p><strong>LAS RUINAS DE VALPARAÍSO</strong></p>
<p>Si en los libros anteriores acusamos recibo de un trabajo por recuperar las memorias locales, sea en oficios, prácticas o archivo, los ensayos de <em>La destrucción de Valparaíso. Escritos antipatrimonialistas </em>(Inubicalistas, 2020), de Pablo Aravena, lee entre líneas estas estrategias contemporáneas por recuperar simbólicamente modos de vida que materialmente han sido destruidos o desplazados. Valparaíso, podríamos argumentar, es apenas un síntoma de un fenómeno que se viene dando a gran escala en Chile. A saber, la patrimonialización como estrategia del Estado para hacerle un saludo a la bandera a un pasado que discursivamente es afirmativo del <em>statu quo</em>.</p>
<p>La reflexión de Aravena nos recuerda a otros teóricos que han advertido este fenómeno que se multiplica en diversos lugares de la cultura. Simon Reynolds, por ejemplo, trabaja esto largamente en <em>Retromanía </em>(Caja Negra Editora, 2012). La adicción del pop a su propio pasado, sirviéndose, entre otras cosas, de ideas como los futuros cancelados de su amigo Mark Fisher. El horizonte reflexivo de Aravena discute con las consecuencias que a una ciudad portuaria con un pasado proletario e intelectual potente le significaron la persecución política en 1973 y la declaración del turismo como actividad esencial en los noventa.</p>
<p>Vale la pena citarlo. Cuando habla del 18 de octubre del 2019 y los saqueos, Aravena dice: «Se deshacen de una ciudad que no les brinda nada más que la escenografía melancólica de sus vidas desperdiciadas. ¿Y los “valores patrimoniales”? Pues será cosa de turistas, emprendedores de la cultura, el Ministerio respectivo y de esos micronacionalismos que practican el culto chauvinista a la ciudad».</p>
<p>Volvemos a lo que decíamos al principio: hay que leer este libro y preguntarse si la destrucción de la sociabilidad popular y el exceso de patrimonialismo no terminará por transformar nuestras ciudades en cáscaras huecas, simulacros de un mundo del que queda una maqueta y algo más.</p>
<p><strong>DOS LIBROS AUSTRALES</strong></p>
<p>Puede que el frío y la lluvia del sur chileno hagan que sus escritores se inclinen por el arte sublime de contar historias. Raúl Ruiz, quizá el más excelso exponente del arte de la evocación verbal, habla en varias entrevistas de su infancia chilota junto al radioteatro y las historias de brujos.</p>
<p><em>Paganas patagonias </em>(Lom, 2018) de Óscar Barrientos es un libro que revitaliza esta tradición tan vieja como la presencia humana en la Tierra. Los relatos reunidos en este volumen son un bestiario de excéntricos, paisajes hostiles y monstruos imaginarios. Barrientos, por supuesto, se permite también una suerte de crítica cultural en clave ficción al describir las prácticas absurdas de los mercanchifles del turismo y la academia. Así, por ejemplo, nos encontramos con un grupo de autoayuda que promueve las bondades del devenir-castor o un agente turístico que necesita salvar a toda costa el turismo en temporada baja a partir de prácticas contra natura. Una mala lectura podría catalogar el libro de heredero del realismo mágico, cuando lo cierto es que a través de la parodia y el esperpento lo que Barrientos hace es fisurar esa representación para mostrarla desnuda y medio indigna en su condición de puro simulacro.</p>
<p>Una memoria negra de la Patagonia es la que presenta Galo Ghigliotto en <em>El museo de la bruma </em>(Laurel, 2019). La premisa del libro es sencilla: un grupo de investigadores ―se nos dice en las primeras páginas― quiere reconstruir el catálogo de un museo patagónico que fue misteriosamente quemado. Con ese pie forzado, un poco a la manera de los ejercicios de la Oulipo, Ghigliotto va narrando poliédricamente la Patagonia en su versión más macabra: coto de caza para hombres blancos y europeos que acabaron con los habitantes originales de esa zona austral; tierra incógnita para personajes como Magallanes, Darwin y Bruce Chatwin; campo de concentración durante la dictadura militar; refugio de nazis que sortearon los juicios posguerra y envejecieron para servir de soldados a Pinochet; y así.</p>
<p>Un libro que a todas luces es heredero de <em>In Patagonia </em>del ya mentado Chatwin, en tanto supone un viaje al fondo de ese sur austral imaginario. Libro, todo sea dicho, poco usual en Chile, que parece tener tanto cobre como novelas confesionales. <em>El museo de la bruma</em>, pensamos, se parece mucho más al cine documental de José Luis Torres Leiva o de Tiziana Panizza que a otras obras literarias que se publicaron ese año. Todavía más: libro que nos invita a pensar un poco ―como no se suele hacer por estos lados― en torno a esa dicotomía nefasta de civili- zación y barbarie, que aparecería con tanta frecuencia en ciertos cronistas chilenos tras la revuelta de octubre.</p>
<p>Dos libros sobre un sur austral que tiene tantas capas como líquenes los bosques de la Patagonia.</p>
<p><strong>LA CONJURA DE LOS FANTASMAS</strong></p>
<p>El informe Rettig debería tener un anexo donde se consignen a todos los torturadores ―militares, carabineros, otras Fuerzas Armadas― que murieron tranquilamente en sus casas sin recibir ninguna clase de condena. Un deseo quimérico en un país de criminales que cada cierto tiempo son recordados por los hijos o nietos de las víctimas de torturas y desapariciones.</p>
<p><em>En el pueblo hay una casa pequeña y oscura </em>(La Pollera, 2021), del narrador y guionista Vladimir Rivera Órdenes, es un ajuste de cuentas doloroso con su pasado y, por añadidura, con el fantasma de impunidad y violencia que ronda en las calles de Parral. Una literatura comprometida no debería serlo tanto por su explícita adscripción como por el compromiso de contar esas vidas mínimas que el olvido se traga. Las crónicas de este volumen narran las peripecias de la militancia política de izquierda en un pueblo como Parral, que como otros del Valle Central llevan sobre sus hombros el peso de la cultura patronal.</p>
<p>El Chile que muestra la crónica de Rivera es el Chile que el relato neoliberal ahogó rápidamente con sus guirnaldas de plástico y la vida en cuotas. El nacimiento del campamento 21 de noviembre, fundado entre otros por el padre del autor ―«ninguna calle lleva el nombre de mi padre», dice Vladimir mirando a la cara a la Historia―, los militantes de izquierda acribillados y arrojados al río Putagán, los compañeros de curso que terminaron de mili- cos o devorados por la depresión. El libro es un caldo de natre con alquitrán y tripas de gato: un trago amargo de memoria en el país de los emprendedores que dan vuelta la hoja y miran hacia adelante.</p>
<p>Libro militante, decíamos, con una memoria personal que se construyó dándose cabezazos contra un muro de plomo. Como Vladimir, varios, muchos, tantos, en el coro trágico que de vez en cuando vuelve y hace temblar las vitrinas, las comisarías y los carros policiales con rabia vieja.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.00.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1609" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.12.00.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.12.00" width="767" height="523" /></a></p>
<p><strong>AL CIERRE</strong></p>
<p>No por culpa sino por amor al oficio, consignamos acá algunos libros que nos habría encantado colocar en esta lista si el tiempo y el acceso a los libros nos fuese menos mezquino.</p>
<p>—<em>Coyhaiqueer </em>(Ñire Negro, 2019) de Ivonne Coñuecar —<em>Desove </em>(Cagtén, 2018) de Claudia Jara Bruzzone —<em>Spandau </em>(Tácitas, 2013) de Gloria Dünkler —<em>Sentido de lugar </em>(Komorebi, 2021) de Sergio Mansilla —<em>Escribir &amp; tachar. Narrativas escritas por mujeres en Chile (1920-1970) </em>(Overol, 2020) de Ana Traverso y Andrera Kottow</p>
<p>—<em>Ciudad berraca </em>(Alfaguara, 2018) de Rodrigo Ramos —<em>Tríptico de Cobquecura </em>(Liberalia, 2007) de Andrés Gallardo<br />
—<em>Explicación de todos mis tropiezos </em>(Uqbar, 1995) de Ós- car Bustamante</p>
<p>—<em>Isla Riesco </em>(Jamspter, 2019) de Mariana Camelio</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ALGUNA VEZ SALÍ VESTIDA DE PLUMAS Y TACOS AGUJAS</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2022 13:41:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Silvia Falorni &#160; «traduttore, traditore», dice el famoso proverbio italiano. Especialmente tratándose de literatura, no pareciera extraño pensar que sea prácticamente imposible traducir un texto sin «traicionarlo». Es evidente que, además de la narración, son muchos los elementos que componen y caracterizan un libro: la forma en que el autor o la autora utiliza las palabras, construye las frases, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;">por Silvia Falorni</h6>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>«traduttore, traditore», dice el famoso proverbio italiano. </strong>Especialmente tratándose de literatura, no pareciera extraño pensar que sea prácticamente imposible traducir un texto sin «traicionarlo». Es evidente que, además de la narración, son muchos los elementos que componen y caracterizan un libro: la forma en que el autor o la autora utiliza las palabras, construye las frases, inserta elementos culturales y describe lugares y personas; y hasta el efecto que la lectura produce en quienes leen está ligado a las culturas involucradas. En muchas oportunidades, comentando mi trabajo de traducción de obras del autor chileno Pedro Lemebel, me han preguntado: «¿Cómo lo haces? ¡Debe ser imposible traducir a Lemebel!». ¿Imposible?, no. ¿Difícil?, por supuesto. ¿Dolores de cabeza?, sin la menor duda. Para más claridad, voy a citar a la traductora del mismo autor en lengua inglesa, Gwendolyn Harper: «Siempre que le digo a alguien aquí en Chile que estoy traduciendo a Pedro Lemebel, la noticia provoca tanto admiración como algo similar a la piedad». Pero al final, cuando tocan el timbre y vienen a dejar las copias del libro recién impresas, no hay nada más emocionante que abrir el paquete y tocar con la mano el producto de tanto sacrificio: oler las páginas frescas, con olor a tinta, e imaginarse a todas las personas que, gracias a esa traducción, tendrán acceso a un pedacito de mundo chileno. Porque la traducción construye puentes, y sí, merece la pena.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.06.31.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1601" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.06.31.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 10.06.31" width="537" height="398" /></a></p>
<p>Conocí la obra de Lemebel después de terminar mis estudios de pregrado en Mediación Lingüística en Italia, donde nací y viví hasta hace pocos años atrás. Tenía alrededor de veintitrés años cuando, aburrida de la eterna búsqueda de trabajo posuniversitaria, decidí participar en un laboratorio de traducción que tenía el objetivo de publicar una recopilación de crónicas escogidas entre las contenidas en <em>Háblame de amores </em>(2012), de Lemebel. Fue amor. Quedé atrapada en esa escritura tan coloquial y rebuscada a la vez, tan metafórica, tan cortante, tan violenta y delicada al mismo tiempo. Lo primero que hice después de la publicación del libro fue volver a estudiar, y en 2017 estaba terminando el magíster en Lingüística y Traducción Literaria en la Universidad de Pisa. Mi tesis, la traducción de otro libro de Lemebel: <em>De perlas y cicatrices </em>(1998). Ahora sí estaba sola; no tenía el apoyo y la guía que había tenido en la oportunidad del laboratorio, y me enfrenté con un proceso de traducción mucho más complicado.</p>
<p>Un día me senté con una compañera para almorzar en la placita frente al edificio del departamento de Idiomas. Comentábamos nuestros trabajos, y recuerdo mi preocupación por lo desesperante que se me estaba revelando la traducción. Mi compañera me recordó que había llegado un correo que anunciaba una beca para una pasantía y se podía escoger el lugar según la necesidad. Me dijo: «¡Deberías postular!». La idea me pareció de lo más descabellada y, obviamente, al final postulé el último día antes del cierre. Fue así que algún día de octubre me compré un pasaje, hice las maletas y llegué a Santiago con la sensación de que todo fuera un sueño. Uno que dura todavía cuatro años después, mientras escribo esto en Talca donde vivo con mi pareja, tres gatos, mis libros traducidos y un tanto de incredulidad.</p>
<p>Lo que pasa es que en Chile ocurrió algo mágico: cada día me sentaba en el patio de un hostal en Ñuñoa, a dos pasos de la Universidad de Chile, y leía las palabras de Lemebel sobre el río Mapocho, el bar Las Lanzas, el garaje Matucana 19, el barrio Bellavista o el cerro San Cristóbal. Tan solo tenía que tomar una micro para conocer esos lugares, caminar por las calles que él describía en el libro que tenía entre mis manos, mientras respiraba el mismo aire de los y las protagonistas de las crónicas. Fui al barrio Lastarria, donde Lemebel vivía, y conocí a sus amigos y amigas. Miré los mismos programas en televisión, escuché la misma radio, canté las mismas canciones, tomé la misma micro. Estaba <em>en el libro </em>mientras lo traspasaba a mi idioma, en una suerte de catarsis que hacía que las páginas pasaran a través de mis ojos a mi cuerpo, me llevaran por la ciudad y luego me trajeran de vuelta al patio del hostal, para que las palabras volvieran a aparecer en mi computador, traducidas al italiano.</p>
<p>No obstante, tampoco fue un proceso fácil. Sin duda la escritura de Lemebel es un rompecabezas para cualquier traductor o traductora: empezando por lo más básico, como los chilenismos, la comida (¡ay, qué asombrosa variedad de mariscos!) y los modismos, hasta enfrentarse con problemas más serios a la hora de describir esas personas caracterizadas por rasgos lingüísticos que las distinguen sin tener que decir más: las señoras cuicas, los huasitos, el <em>flaite </em>y su lenguaje codificado; ni hablar de la variedad de expresiones fantasiosas para designar a una persona homosexual y todo el vocabulario que viste «de plumas» la escritura del autor en torno al tópico. ¿Y qué tal las referencias semiocultas al cancionero popular? Miren estos extractos ―tomados de las crónicas «República Libre de Ñuñoa» y «Los Prisioneros»―, poniendo atención a lo que ven subrayado y en negrita:</p>
<blockquote><p>Desde Ñuñoa, el habitante puede creerse afortunado de corretear en bicicleta por sus anchas avenidas sombreadas de árboles, y ostentar cierta libertad de provincia, cierta <strong><span style="text-decoration: underline;">pituquez</span> </strong>de pueblo chico, donde no hace falta casi nada: ni las plazas, ni la municipalidad, ni el estadio, ni las univer- sidades, ni tampoco esos colegios clasistas con nombre de santo inglés, donde los hijos de Ñuñoa aprendieron las vocales con acento extranjero. Esos <em>Colleges, Academys, School, </em>donde estudiaron juntos, <span style="text-decoration: underline;"><strong>hicieron la cimarra juntos</strong></span>, se pajearon juntos, y se fumaron sus primeros <span style="text-decoration: underline;"><strong>pitos </strong></span>escuchando a Silvio Rodríguez, y luego y pronto y después, terminaron allegados a la casa familiar, hippientos y solterones bostezando los cuarenta.</p>
<p>Ellos hicieron bailar la protesta con las cuatro notas de su poético pop, su sencillo pop, su irónico pop, y la lírica resentida de sus letras burlándose de los que no se llamaban ni González ni Tapia.</p></blockquote>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.07.19.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1602" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.07.19.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 10.07.19" width="643" height="539" /></a></p>
<p>Tenemos una mezcla de chilenismos, invenciones, y una referencia a la famosa canción de Los Prisioneros. Se darán cuenta enseguida (o mejor dicho, ¡altiro!) que ciertas expresiones representan un desafío traductológico que tal vez puede obligar a tomar decisiones que favorecen un elemento a costa de otro, y es donde hay que admitir que, a veces, no se puede «salvar todo». Pero, ¿es necesario <em>salvar todo</em>? ¿Qué significa, en realidad, traducir?</p>
<p>La palabra «traducir» tiene una etimología hermosa: del latín <em>traducere</em>, el lema se compone de <em>trans </em>(«de un lugar a otro») y <em>ducere </em>(«guiar»). <em>Guiar de un lugar a otro</em>. Lo encuentro fantástico. ¿Qué es la traducción, sino un medio para acompañar a las personas en un maravilloso viaje? Cuando viajamos a un lugar que no conocemos, donde se habla otro idioma, se come otra comida y se vive de otra manera, la única forma de tener una experiencia enriquecedora es abrirse a las novedades, aprender sobre esa cultura, su historia, su arquitectura, sus calles, sus perfumes. Eso es lo que la traducción de un libro debería regalarles a quienes leen. Para lograr eso, retomando mi precedente pregunta, no es estrictamente necesario «salvar todo», sino encontrar el balance entre el estilo de la escritura, la historia que se nos cuenta a través de ella y la comprensibilidad en el nuevo idioma. Construir un puente sólido.</p>
<p>En la práctica, no es fácil, pero se puede. ¿Cómo encontrar ese balance? Es importante no «domesticar» el texto donde no es necesario. Para hacer un ejemplo banal, ¿qué suerte de experiencia les estaría ofreciendo a quienes leen si todas esas variedades de mariscos que mencioné antes las redujera a un par de <em>vongole </em>(almejas)? ¿O si, simplemente, borrara todo el vocabulario colorido usado e inventado por Lemebel? Hay términos que no se pueden perder en el camino; sin embargo, si se fijan en el siguiente ejemplo, se van a dar cuenta de lo complicado que puede ser lograr ese objetivo (y ojalá el problema mayor fuera el marisco). Los que siguen son nombres travestis escogidos del listado al final de la crónica «Los mil nombres de María Camaleonte», contenida en <em>Loco Afán </em>(1997):</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.00.59.png"><img class="aligncenter  wp-image-1600" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.00.59.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 10.00.59" width="369" height="397" /></a></p>
<p>En suma, harto difícil, pero debemos entender lo que hace del libro <em>ese libro </em>y trasmitirlo al otro idioma para que sea comprendido en su verdadera esencia. Como ya he destacado, en mi caso fue fundamental (y lo sigue siendo) mi estadía en Chile, pero no es siempre posible viajar físicamente al lugar de procedencia del libro. A veces, teniendo suerte, se puede hablar con el autor o la autora. Pero la verdad es que en algunos casos no se puede hacer nada de nada, y una simplemente se queda con el libro en la mano y su computador. ¡Y menos mal que ahora existe Google! En el pasado hubo tiempos bien difíciles para quienes quisieran dedicarse a la traducción. Ni quiero imaginármelo.</p>
<p>A este propósito, recuerdo lo que nos enseñó un muy buen profesor que tuve en la universidad. Durante un taller hicimos un ejercicio sobre un libro que él mismo estaba traduciendo: <em>Exit West </em>de Mohsin Hamid. Lo que el profesor hacía era, prácticamente, un análisis <em>científico </em>del libro, en el que iba anotando y clasificando distintos elementos textuales. Personajes, lugares, las acciones y cualidades asociadas a estos, y más. Un tremendo trabajo que le permitía deconstruir y reconstruir el entramado del libro, como si fuera a quitarle el revestimiento para buscar la estructura y luego volver a ponérselo, pero de otros colores. Esto también venía acompañado de un trabajo de estudio del contexto de producción de la obra y de su autor. Lo encontré genial. Ya se estarán dando cuenta de cuánto trabajo, esfuerzo y dedicación se esconden detrás de este oficio.</p>
<p>Cualquiera sea la técnica o la estrategia utilizada, lo que importa es bajar en las profundidades del libro. Entender lo que se esconde entre las líneas, pensar en quién, cuándo y cómo lo escribió. Solamente así se puede transmitir el contenido de un texto sin traicionarlo, ofreciendo una lectura enriquecedora y construyendo ese famoso puente. El trabajo de traducción, de esta forma, les ofrece una oportunidad única a quienes traducen: sumergirse y llegar a formar parte, a través del libro, de la cultura de procedencia del mismo, y aprender como nadie sobre el territorio que lo vio nacer y que es contenido en él.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.07.28.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1603" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.07.28.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 10.07.28" width="414" height="475" /></a></p>
<p>En particular, las crónicas de Pedro Lemebel representan un tipo de escritura tan entrelazada con el territorio y la urbanidad chilena que, podríamos decir, son una de las mejores lecturas para conocer el país en todos sus aspectos. Al menos lo fueron para mí. Los textos contenidos en <em>De perlas y cicatrices </em>ofrecen <em>fotografías </em>nítidas de la sociedad chilena que cuestionan la herencia cultural del Chile de la Transición. Dicho cuestionamiento se revela a través de una voz que recorre diferentes espacios sociales, siempre desde el punto de vista de la marginalidad, y que saca a la luz la segregación y jerarquización haciendo uso de un género literario, la crónica, que nació como instrumento para contar las grandes gestas de los guerreros en la antigüedad. El uso de la crónica de Lemebel representa un acto de rebelión, y toda su poética escritural se mezcla con los coros de las revueltas sociales que ocurrieron en el país a partir de octubre de 2019. Cabe mencionar también que su estilo de escritura reproduce la oralidad y representa, prácticamente, un manual de instrucciones (nunca tan obvio, pero sí es un <em>corpus </em>muy abundante) para hablar el español chileno. También contiene expresiones poéticas y gusto por la palabra, todo ello insertado en una mirada trágica, a veces melodramática y a la vez irónica e irreverente.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.06.47.png"><img class="  wp-image-1604 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-10.06.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 10.06.47" width="125" height="556" /></a>Por todas estas razones, muchas veces he pensado que leer y traducir a Lemebel es como tirarse al agua helada. Sus crónicas son como el océano chileno: agua heladísima, pero extremadamente rica en minerales y biodiversidad. Lectura (y traducción) difícil, pero generosa. Y a propósito de agua, ¿se acuerdan de <em>Ranma </em>1⁄2? Ese joven que un día cayó al estanque encantado y que si tocaba agua fría se transformaba en mujer. El <em>anime </em>japonés. Bueno, ya que estamos con metáforas, podemos decir que la traducción es casi lo mismo que tirarse a un estanque encantado, pero nunca sabemos en qué nos vamos a transformar.</p>
<p>Alguna vez salí vestida de plumas y tacos agujas. Alguna vez salí llorona.<br />
Alguna vez salí asesina.<br />
Alguna vez salí víctima.</p>
<p>Alguna vez salí enamorada.<br />
Alguna vez salí cantante.<br />
Alguna vez salí encapuchada.<br />
Alguna vez salí bailarina.<br />
Alguna vez salí pájaro.<br />
Alguna vez salí creyéndome toda una escritora y me puse a copiar a lemebel en mi artículo sobre lemebel.</p>
<p>Aparte del intento de chiste, esto es en serio. La traducción nos transforma, y cada vez que trabajamos con un texto nuevo le agregamos un pedacito a nuestra alma. Aprendiendo nuevos lenguajes, nuestra identidad también se transforma un poco. Personalmente, es con mucho orgullo que me atrevo a decir, al cabo de años de estudio, que ya estoy toda una chilena po, ¿cachai?</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>NEONORTINOS</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2022 12:56:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[LITERATURA FRONTERIZA EN EL NORTE GRANDE por Rodrigo Ramos Bañados &#124; fotografías Samuel Salgado El denominado norte grande es un territorio anexado a Chile tras la violenta guerra del pacífico o del guano. entendemos por el Norte Grande la zona geográfica que comienza en Arica y termina en la ciudad de Taltal. Las conexiones comerciales y la confinidad cultural, en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h2>LITERATURA FRONTERIZA EN EL NORTE GRANDE</h2>
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">por Rodrigo Ramos Bañados | fotografías Samuel Salgado</h6>
<p>El denominado norte grande es un territorio anexado a Chile tras la violenta guerra del pacífico o del guano. entendemos por el Norte Grande la zona geográfica que comienza en Arica y termina en la ciudad de Taltal. Las conexiones comerciales y la confinidad cultural, en este caso la literaria, nos permiten visualizar a otro norte, desde el punto de vista chileno, en los últimos quince años. Este territorio abarca el sur de Perú, incluyendo Arequipa y especialmente Tacna; además de Cochabamba, en Bolivia, y en menor medida Salta, en Argentina.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.50.06.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1594" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.50.06.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 09.50.06" width="531" height="344" /></a></p>
<p>Puede decirse que «Norte Grande» es un concepto acuñado después de la novela homónima de Andrés Sabella. La denominación ha sido cuestionada con el tiempo desde la literatura, como veremos más adelante, «porque el norte de Chile de grande tiene poco», escribió el poeta Luis Moreno Pozo, en una metáfora de desencanto.</p>
<p>El desarrollo del comercio, a través de tratados y carreteras, bautizó al citado territorio como la Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur (Zicosur). De esta manera, Zicosur se ha transformado en una palabra para catalogar todo tipo de actividades transfronterizas comerciales con un alcance que llega hasta Paraguay. En el área cultural de Antofagasta, por ejemplo, el apellido Zicosur lo lleva una feria del libro, un festival de teatro y un festival de orquestas. Hasta antes de la pandemia, la feria del libro era el principal evento cultural de Antofagasta, por su cantidad de asistentes y por el respaldo económico de la gran minería y del Estado, a través de financiamientos para la cultura. La excusa era el libro para desarrollar una feria donde se vendían hasta jabones.</p>
<p>El vínculo literario al que nos referiremos en este texto es más profundo y silencioso, pero a finales de la segunda década de este siglo logró una visibilidad nacional.</p>
<p>Puede considerarse como un hito mayor la premiación del concurso para jóvenes Roberto Bolaño desarrollado en Arica, con el anexo de una presentación en Tacna de los ganadores y escritores peruanos. La actividad se realizó por cuatro años consecutivos, cuestionando el simbolismo de la frontera en un territorio con intereses comunes.</p>
<p>Arica y Tacna pueden ser entendidas como un área metropolitana que alberga alrededor de un poco más de medio millón de habitantes. La frontera, en este caso, cumple más bien un rol buro- crático. Más al sur de Arica se encuentran Iquique, Tocopilla, Calama y Antofagasta, ciudades unidas por la Pana- mericana, que mantienen el común denominador de estar emplazadas en el desierto más seco del mundo.</p>
<p>Si podemos cuantificar el impulso literario respecto al surgimiento de nuevas editoriales y a la creación literaria, es el eje Arica y Tacna el más prolífico de este Nuevo Norte Grande. Luego Iquique, y en menor medida Antofagasta, que en los últimos años ha estado concentrado como un importante polo de gestión literaria y cultural.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>Retrocedamos en el tiempo. Antes del conflicto bélico, en las medianías del siglo xix, Iquique era un puerto mayor para Perú; Arica había sido fundada en 1541 y Calama ya era capital provincial en 1540, bajo la bandera boliviana. Antofagasta, puede decirse, es la única ciudad novel surgida en la década de 1860 como puerto utilitario para la floreciente industria minera que comenzaba a extenderse cerro arriba.</p>
<p>Todas estas ciudades, a las que podemos sumar a Tacna, en los años posteriores a la guerra experimentaron un proceso de «chilenización», a veces solapado y en otras cruento. El punto más extremo lo encontramos en las Ligas Patrióticas, una suerte de clanes paramilitares amparados por la autoridad para expulsar por la fuerza a peruanos, bolivianos y todo lo que pudiera ser considerado de «rostro andino».</p>
<p>La floreciente industria salitrera atrajo inmigrantes de todas las nacionalidades a los nuevos territorios chilenos. Es en Antofagasta donde el crecimiento fue más explosivo y donde se evidenció con mayor fuerza esta ola inmigratoria proveniente mayormente del sur de Chile y de países limítrofes y europeos, especialmente balcánicos. De esta manera se va conformando una identidad social más acorde al momento de la Revolución Industrial, di- ferente al Chile del sur, don- de prima una oligarquía terrateniente y conservadora que se acomoda en el poder a través de la política.</p>
<p>Desde el centro del país, donde históricamente se han tomado las decisiones, estas tierras de riquezas insospechadas son vistas como un botín de guerra. Surge en el norte una fuerte crítica hacia el centralismo, opinión que se extiende hasta nuestros días. El caso más patente es el de Antofagasta, donde el extractivismo privado y estatal ha invertido lo mínimo en la región.</p>
<p>En ese territorio en movimiento de principios del siglo xx, la imprenta cumple un rol fundamental para manifestar las molestias, demandas y propiciar el debate. Surgen diarios: en las paredes son desplegados avisos de las más diversas índoles. A medida que avanza el siglo, las malas condiciones laborales en la minería son denunciadas a través de folletos. Las imprentas, en manos de las organizaciones obreras, cobran un real protagonismo comparable a las actuales redes sociales.</p>
<p>De estas imprentas relacionadas al quehacer de los trabajadores surge en Iquique la que para algunos es considerada la primera novela fundacional del norte. Se trata de <em>Tarapacá </em>(1903), escrita bajo el seudónimo de Juanito Zola.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>La anécdota que rodeó a la novela resume las consecuencias de la aparición de una obra crítica hacia la industria minera y las clases privilegiadas que emanan de esta. En este caso, el li- bro fue inmediatamente silenciado. Luego, incluso, se atentó con fuego contra la imprenta y hasta con la vida de los autores. Pero vamos por parte.</p>
<p>Nicanor López y Osvaldo Polo dieron vida al seudónimo Juanito Zola. Ellos mantenían una imprenta y un periódico llamado <em>El Pueblo</em>, cuya línea editorial era delatar las malas condiciones laborales de los obreros en contraposición a los privilegios de la clase adinerada de Iquique, visible en espaciosas casonas de pino Oregón de la calle Baquedano, todavía muy bien conservadas. La novela, a su modo, se adelanta a la fatídica matanza de la Escuela Santa María, el 21 de diciembre de 1907. <em>Tarapacá </em>lleva las ideas críticas del periódico a la literatura. Las opiniones posteriores sobre la calidad del texto son dispares, sin embargo, lo valioso es que retrata muy bien una época de profundas divisiones sociales.</p>
<p>Más adentro del siglo pasado, un caso menos extremo lo padeció la novela <em>Carnalavaca </em>(1932), de Andrés Garafulic. Carnalavaca hace referencia a una gran mina de cobre que cambiará la historia del país. La alusión es a Chuquicamata. Con un discurso crítico y político, Garafulic aboga por la nacionalización del cobre que en <em>Carnalavaca </em>está en manos de capitales estadounidenses. El mérito de esta novela es que proyecta el actual mapa de la minería en el norte de Chile, donde a excepción de Codelco, todas las minas son privadas. <em>Carnalavaca </em>padeció el silenciamiento en su tiempo, especialmente en los medios de la propia región minera. El crítico literario Yerko Moretic, en un artículo de época, puntualiza que «a causa de razones obviamente políticas, ha sido olvidada o subestimada por la mayor parte de los críticos».</p>
<p>Un relato más amable es la novela <em>Norte Grande </em>(1944) del carismático poeta Andrés Sabella Gálvez. A diferencia de las novelas anteriores, <em>Norte Grande </em>ha sido muy difundida en esta zona a través de la cofradía literaria que el escritor formó durante su vida. Si bien el nombre de Sabella está más relacionado a la poesía, aquí incursiona en la prosa con una obra que en su momento generó todo tipo de reacciones por englobar la crónica, la poesía, la historia y, por cierto, la prosa. El libro sigue provocando polémicas por la omisión de cruentas matanzas, sin embargo, es una pieza fundamental en la historia literaria de aquel territorio del país. <em>Norte Grande </em>contó la historia del salitre con sus logros y desesperanzas.</p>
<p>La literatura nortina predictadura es generosa. Las temáticas comunes pueden englobarse en la minería con las alabanzas hacia su trabajador; un hombre rudo que soportó desventuras sociales y climáticas para arraigarse en la hostilidad del desierto. Hay frases significativas como «el hombre que domó el desierto». Siempre la figura masculina en el pedestal, dejando a la mujer en un segundo plano o sumida a labores de esposa, cantinera o prostituta. En menor medida, la literatura hace referencia al mar, especialmente con Salvador Reyes en sus cuentos de <em>El incendio del astillero </em>(1964).</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.53.54.png"><img class=" size-full wp-image-1595 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.53.54.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 09.53.54" width="78" height="410" /></a></p>
<p>Los narradores que mejor reflejan estos tópicos son Mario Bahamonde y Luis González Zenteno. A ambos los une la raíz comunista, en una época en que la intelectualidad nortina simpatizó con las ideas que acuñaron los obreros del salitre y luego del cobre.</p>
<p>Bahamonde se transforma en una figura fundamental dentro de lo que se puede hablar de identidad. Mezcla un trabajo poético, ensayístico y en prosa. La mayoría de sus cuentos están basados en este hombre nortino, a ratos vivaz, alegre, violento y otras veces triste, que abrió camino en la pampa agreste. De Bahamonde es la frase que dice que «el nortino es hijo legítimo de la aventura», que se desmarca de los pueblos originarios y hace referencia a quienes poblaron el norte pese a todas las inclemencias climáticas y laborales.</p>
<p>La cita de Bahamonde permanece vigente en el tiempo al revisar las nuevas migraciones, especialmente de colombianos y venezolanos que se han asentado en dicha zona. Bahamonde también podría decir de ellos que son nortinos, «hijos legítimos de la aventura».</p>
<p>El iquiqueño Luis González Zenteno, cuyo legado es poco conocido, reflejó muy bien el movimiento obrero de Luis Emilio Recabarren en las obras <em>Caliche </em>(1954) y <em>Los pampinos </em>(1956). Al igual que Bahamonde, y tantos más como Homero Bascuñán, su trabajo no ha sido rescatado ni conectado con las nuevas generaciones de lectores.</p>
<p>Es Andrés Sabella, con su labor de articulador en los medios de Santiago y carisma, el principal responsable de la visibilización de la literatura nortina a nivel nacional. La frase de Pablo Neruda es clara: «Mientras Sabella nortiniza la literatura, yo la ensurezco». En Antofagasta es, sin duda, el escritor más influyente, en una ciudad que siempre lo buscó y encontró como maestro, poeta y amigo.</p>
<p>Yolanda Nana Gutiérrez, poeta de Arica que vivió gran parte de su vida en ese lugar, es una autora a quien le faltó más reconocimiento nacional en vida o, por lo menos, eso dicen las crónicas sobre ella. Sus poemas, que caben en lo que Nicanor Parra desarrolló como antipoesía, recorrieron el mundo; fueron recopilados en <em>The South America of the Poets </em>(1970) con traducciones al inglés, francés e italiano. Recibió elogios de Parra, Pablo Neruda y del mismo Andrés Sa- bella por su poesía. También cultivó la narrativa y apareció en varias antologías.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>En Arica surge <em>Tebaida</em>, una revista literaria-poética que va a transcender. Aparece en 1966, pero hay que esperar hasta 1968 para ver editada su primera publicación con ese nombre, bajo el alero de Alicia Galaz y Oliver Welden, donde sobresalen las xilografías de poesía visual de Guillermo Deisler. Este último es una figura trascendental en la primavera de las artes plásticas en Antofagasta, a finales de la década del sesenta y principios de los setenta. Fue académico de Artes Plásticas de la sede Antofagasta de la Universidad de Chile, época que coincidió con Mario Ba- hamonde como jefe de Extensión de esa sede.</p>
<p>El nombre Tebaida proviene de Tebas como concepto, una fortaleza en el desierto, «un desierto de amistad», señaló Galaz en una de sus entrevistas.</p>
<p>En <em>Tebaida</em>, que conectó los setecientos kilómetros que separan Arica de Anto- fagasta, participaron, entre otros, los poetas Óscar Hahn, Ariel Santibáñez, Guillermo Ross-Murray, Andrés Sabella, Miguel Morales Fuentes, el tocopillano Luis Moreno Pozo y Héctor Cordero. Miguel Morales Fuentes, conocido bajo el apodo de Tipógrafo Huraño, se ha transformado con el paso del tiempo en un referente poético de Antofagasta, cuya pequeña obra, en cantidad, ha conectado generaciones por su sutileza.</p>
<p>Un hecho importante de <em>Tebaida </em>es el vínculo con Perú, el más prolífico que se había dado entre ambos países, a través de autores como Winston Orrillo, José Luis Ayala, Alberto Varcárcel, Omar Aramayo, Rosa del Carpio, Arturo Corcuera, Alejandro Romualdo, entre otros autores. El grupo además organizó numerosas actividades como talleres de poesía y recitales. No solo es referencia a nivel nacional, sino que internacional a través de Guillermo Deisler. Esto transformó al trabajo de Alicia Galaz y Oliver Welden en quizás el proyecto literario de mayor trascendencia acuñado en el Norte Grande hasta la segunda década del siglo xxi, teniendo a Arica, nuevamente, como escenario.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>En dictadura la edición de libros decrece, como es de suponer, por las propias limitaciones de la época. Ariel Santibáñez es perseguido y desparecido; Eduardo Díaz Espinoza es proscrito y perseguido; y Andrés Sabella es sacado de su cátedra de la Universidad Católica del Norte, liderada por un mi- litar, por razones políticas. Las carreras humanistas van desapareciendo y, a su vez, surgen otras enfocadas hacia los negocios y la minería. Sabella se refugia en su casa de calle Uribe en Antofagasta, donde continuó escribiendo artículos, algunos crípticos contra la dictadura, para revistas como <em>Hoy</em>, y reuniéndose con sus discípulos.</p>
<p>En un aciago panorama para la edición de libros sobresale la novela <em>Ruta Panamericana </em>(1979) de Mario Bahamonde, que puede considerarse la primera «novela contemporánea del norte», es decir, una novela cuyo <em>leit motiv </em>no es la minería y todos sus vericuetos. El texto puede leerse como una metáfora de un viaje al desarraigo o al exilio; o tal vez, la referencia a la dictadura y el viaje sin retorno.</p>
<p>No podemos dejar de mencionar la labor de varios ensayistas e investigadores como Sergio Gaytán Marambio, Germana Fernández, el profesor Huberto Plaza, Osvaldo Maya o Mauricio Ostria, quienes durante décadas sistematizaron el trabajo de los escritores y escritoras de generaciones anteriores, y fueron capaces de hacerlos circular a las nuevas generaciones.</p>
<p>Destacados de los años ochenta, en Iquique, son los poetas Cecilia Castillo, Jaime Ceballos y Juvenal Ayala, quien también se ocupó de la investigación literaria. A mediados de esa década surgió una peña conocida como La Guayaba, que fue escenario para trovadores, algunos inspirados en la poesía de Miguel Hernández. En Antofagasta, por su parte, sobresale la poeta Nelly Lemus, cuyas letras inspiraron canciones del grupo Illapu, como «Arrurrú la faena», «Morena Esperanza» o «Escribo», por ejemplo.</p>
<p>El Norte Grande como concepto es cuestionado. Luis Moreno Pozo escribe en un poema: «Yo descubro todo un norte diminuto, empolvado de hambre, sombra y silencio, gimiendo con olor a perros».</p>
<p>Andrés Sabella fallece en Iquique el 26 de agosto de 1989, terminando una de las más sobresalientes carreras literarias en la historia del norte. Dejó un legado profundo y brillante, aunque sin buscarlo opacó la carrera de otros autores menos carismáticos.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>El regreso a la democracia marca a nivel nacional un reinterés por nuevas voces narrativas. Las editoriales multinacionales buscan autores y, de esta manera, comienzan a fijarse en escritores que vienen llegando del exilio o de zonas periféricas del país, como Punta Arenas.</p>
<p>Patricio Riveros Olavarría es un autor que viene retornando del exilio. A mediados de los noventa regresó a Iquique para radicarse en el barrio El Morro, luego de vivir afuera, primero en Holanda y luego en Cuba. Tras casi un año en el exterior, Riveros Olavarría zafó de la expulsión con ingenio. Junto a su tío propiciaron que un conocido empresario de derecha enviara una carta a un diario de Iquique, afirmando que Riveros era un extremista. La misiva le significó asilo político en Europa. A fines de los noventa publicó su libro de relatos en una editorial multinacional y fue cronista del diario <em>El Nortino </em>de Iquique, momento donde pude conocerlo personalmente en mi calidad de estudiante en práctica.</p>
<p>Entremedio destaca en Antofagasta el prolífico Víctor Bórquez Núñez. Este, que ya despuntaba en los años ochenta como discípulo de Andrés Sabella, genera un relato urbano, detallista, de atmósfera, muy influenciado por su pasión que es el cine. Un cuento suyo fue llevado a cortometraje por la fallecida cineasta Adriana Zuanic. Uno de los grandes méritos de Bórquez es abordar la temática homosexual. Es el primer autor que se dedica exclusivamente al tema en el Norte Grande, con ciertas excepciones en su obra.</p>
<p>En la misma década, en 1994, aparece publicada <em>La reina Isabel cantaba rancheras </em>(1994), de Hernán Rivera Letelier, novela que puede considerarse como el primer <em>best seller </em>del Norte Grande y el inicio de la carrera de uno de los escritores más vendidos, traducidos e importantes en los últimos veinte años en el país. El mayor mérito de Rivera Letelier es generar una gran obra sobre la pampa salitrera, a través de un anecdotario que combina los problemas sociales con el humor negro, en una suerte de picaresca. Todo esto, a través de una singular prosa poética que ha sido elogiada a nivel internacional, como también criticada de cursi por algunos críticos nacionales.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.54.02.png"><img class=" size-full wp-image-1596 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.54.02.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 09.54.02" width="76" height="471" /></a>Antes de <em>La reina Isabel</em>, Rivera Letelier era un poeta pampino cuyos textos no eran desconocidos en el ambiente literario de Antofagasta y María Elena de finales de los años ochenta. Sin embargo, su destino de escritor autodidacta, como le gusta definirse, cambia totalmente al publicar su primera novela. Luego vienen <em>Himno del ángel parado en una pata </em>(1996) y la que es quizás su mejor obra, <em>Fatamorgana de amor con banda de música </em>(1998).</p>
<p>La presencia de Rivera Letelier es parte del paisaje urbano de Antofagasta. El escritor habitualmente toma café en la peatonal Prat, oportunidad donde comparte con sus lectores, firma libros y se da tiempo para sorprender a más de un transeúnte con su peculiar sentido del humor. Ha sido postulado al Premio Nacional de Literatura en varias ocasiones, sin éxito hasta la fecha.</p>
<p>Uno de los momentos literarios más vibrantes lo produjo la desaparecida universidad privada José Santos Ossa (ujso), a través de un inédito programa de literatura encabezado por la académica Patricia Bennett. Aquí se publicaron libros con una edición cuidada y un diseño que sobresale. Destaca, entre otros, el autor Patricio Jara, que se había hecho conocido a nivel del <em>underground </em>como fanzinero de metal. Llega a la literatura influenciado por autores como Lovecraft o Stephen King, además del incentivo del profesor Huberto Plaza. Sus cuentos sobresalen en las primeras versiones del naciente concurso de cuentos para escritores de la Universidad Católica del Norte. En adelante, Jara se transforma en un actor importante de la literatura en Antofagasta, corriendo por un carril distinto al de Hernán Rivera Letelier. Jara, con un tono preciso, riguroso y en momentos amparado en investigaciones histórica, sobresale desde dicha ciudad a nivel nacional. El interés por la historia genera obras notables como <em>El Sangrador </em>(2002) o <em>Quemar un pueblo </em>(2009), que abordan una Antofagasta anterior a la Guerra del Pacífico.</p>
<p>Las temáticas en narrativa dan cuenta de un norte urbano, con personajes que evaden la realidad y, en otras ocasiones, cometen actos propios de cuento negro. En los relatos hay un concreto cuestionamiento hacia la condición de ciudad de paso minera o universitaria, con su <em>población flotante</em>, nombre de una antología. Lamentablemente en el mejor momento de este proyecto editorial, la universidad es vendida y pasa a ser parte de la cadena de la Universidad del Mar. Patricio Jara se radica en Santiago. El resto de los autores como Juan Luis Castillo, José Ossandón o Enrique Pizarro no sigue publicando, a excepción de Iván Ávila, quien con el paso del tiempo interactúa como guionista y escritor. Ávila retoma las publicaciones en los últimos tres años, con un nuevo impulso a través de Ediciones Hurañas, editorial cuyo trabajo revisaremos más adelante.</p>
<p>Más joven, pero conectado con este nexo de la ujso y los talleres de Patricio Jara, es Francisco Schilling. Este autor antofagastino se radica en Santiago, donde publica la novela <em>Los Héroes </em>(2015), sobre la Batalla de la Concepción. Esta revisión de autores nortinos sobre la Guerra del Pacífico se complementa con la novela <em>Prat </em>(2009) de Patricio Jara y la antología <em>Pacífico: historias de la guerra </em>(2020), donde, entre otros, participan Jara y Schilling.</p>
<p>La época del programa de literatura de la ujso coincide con la aparición del suplemento «Sabella» de <em>El Mercurio de Antofagasta</em>, que fue una revista originada por el director Marco Antonio Pinto y el periodista Sergio Concha Gamboa, que dio la posibilidad de publicar textos literarios a autores locales, como también fue un espacio de entrevistas y rese- ñas para libros. El arribo de un nuevo director al diario, Arturo Román Herrera, sacó de circulación a la revista al calificarla carente de interés.</p>
<p>El círculo Manuel Durán Díaz siempre se mantuvo presente en medio de los años noventa, con Eduardo Díaz a la cabeza y una generación de poetas como Rogelio Cerda, Miko Cepeda, Eduardo Farías Alderete, Álvaro López Bustamante y Esperanza Díaz, entre otros, que se mantuvieron aparte por una posición más crítica o política en algunos casos. Y, en otros, puramente estética. El círculo Manuel Durán Díaz generó publicaciones como fanzines y libros durante esos años, sin embargo, su fuerza radicó en los recitales poéticos. Fuerza que se mantiene hasta la actualidad, con otros nombres pero quizás con más camaradería entre sus integrantes.</p>
<p>En los próximos años, la literatura en Antofagasta entra a una fase donde interesa más la gestión cultural.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>En 2005 Antofagasta es sede del Segundo Encuentro de Poetas Jóvenes. La actividad, organizada por el poeta Eduardo Cuturrufo, contó con la presencia de Tomás Harris, Teresa Calderón, Miguel Morales Fuentes y Juan Malebrán, entre otros, además de cincuenta poetas provenientes desde Arica hasta La Serena. Hubo po- nencias, recitales poéticos y una recordada bohemia en la residencial que los cobijó.</p>
<p>Una aparición fugaz en la escena literaria de Antofagasta fue la del Colectivo Nueva Nortinidad, donde participan autores como Álvaro López, Kamila López, Juan Luis Castillo Yupanqui, Eduardo Farías Alderete, Víctor Escobar y quien escribe. El objetivo de este grupo fue proponer temas que cruzan a las ciudades del norte, los cuales, en muchos casos, no habían sido descifrados como un fulgurante nacionalismo provocado por la inmigración, el diario vivir en una población periférica y la nueva clase media aspiracional, efecto de la minería y la narcocultura. El colectivo propuso tres manifiestos, un ciclo de cine, carretes y luego se diluyó. Parte de los autores del grupo participaron en 2009 en una antología virtual de escritores de Arica y Antofagasta, impulsada por la editorial Cinosargo de Arica, cuya edición estuvo a cargo de Daniel Rojas Pachas, siendo un enlace entre autores de ambas ciudades después de <em>Tebaida</em>. El trabajo puede encontrarse en Google.</p>
<p>La gran minería, a través de sus recursos destinados a la cultura, se transformó en la plataforma para que gestores culturales organizaran grandes proyectos, especialmente en Antofagasta y, en menor medida, en Iquique. Estos millonarios recursos, sumado al aporte estatal para la gestión literaria, se concretaron en la Feria Internacional del Libro Zicosur, Filzic.</p>
<p>El evento, organizado por el poeta e ingeniero comercial Patricio Rojas Figueroa, surgió con el objetivo de enlazar diversas expresiones artísticas en torno al libro. Y esto, con una variada oferta artística, transformó a la feria en un esperado panorama de entretención cultural en Antofagasta. La Filzic logró sus mejores momentos cuando se organizó en el patio de la empresa de ferrocarriles en dicha ciudad, oportunidad en la que participaron autores de la talla de Leonardo Padura o Gioconda Belli, entre otros. La amistad entre Patricio Rojas Figueroa y Hernán Rivera Letelier permitió a este último transformarse en el anfitrión de la feria. La poeta antofagastina radicada en Santiago, Soledad Fariña, también fue una invitada habitual. La crítica que se le hizo a la actividad en sus últimas versiones fue la abundancia de comercio ajeno a la cultura. Un <em>stand </em>con libros podía ser vecino de uno que vendía jabones u otro con quesos artesanales. Claramente se había perdido la esencia.</p>
<p>Un momento alto de Filzic se logró en agosto de 2013, cuando Antofagasta, como ciudad y sorprendentemente como referencia literaria chilena, fue invitada a la Feria del Libro de Lima. La delegación nortina fue encabezada por Hernán Rivera Letelier y Víctor Bórquez. Junto a ambos autores viajaron alrededor de treinta artistas, de diversos géneros, quienes se presentaron en el escenario de la actividad. Fui como periodista acompañando a la delegación. Lo que rescato más fue la conexión de los escritores antofagastinos con los de provincias peruanas, diálogo que coincidió en cuanto a la crítica hacia el centralismo de Santiago y Lima.</p>
<p>A una menor escala surgió en Antofagasta la Feria del Libro Crea, Arma tu Libro, organizada por el poeta Danilo Pedamonte. A diferencia de la grandilocuencia de Filzic, esta feria dio cabida a editoriales independientes de Santiago y de regiones, lo que permitió un diálogo concentrado solo en la literatura. La falta de recursos desvaneció al evento, después de tres versiones. Pedamonte más tarde se transformó en un reconocido librero, además de continuar con su labor de poeta, cronista y pintor, transformándose en una de las personalidades carismáticas del ambiente literario antofagastino.</p>
<p>La minería, a través de empresas como sqm y Escondida, levantó una serie de concursos de cuentos, con premios millonarios que contrastaron claramente con la realidad de otras ciudades de Chile. Es decir, en un momento, y esto a principios de la década de 2010, Antofagasta era una suerte de El Dorado literario. Por ejemplo: dos millones de pesos al primer lugar del concurso de cuentos de la pampa, impulsado por sqm, con Rivera Letelier como jurado principal; un millón y medio de pesos para el primer lugar del concurso de cuentos de la Universidad Católica del Norte, auspiciado por Minera Escondida, y los consabidos «100 palabras», apoyados por la misma minera. Esta inusitada cantidad de dinero por escribir un cuento generó masivas participaciones.</p>
<p>Un ganador que se repitió en estos concursos fue el escritor Andrés Olave, bajo el seudónimo de Sebastián Furios. Olave, quien es un lec- tor empedernido y seguidor de autores estadounidenses como Thomas Pynchon, se radicó en San Pedro de Atacama. Publicó una novela de- nominada <em>La tienda de regalos </em>(2015) por la editorial Ab- ducción de Santiago. De es- tos concursos, solo sobrevive el de la Universidad Católica del Norte para escritores de la zona comprendida entre Arica y La Serena, y que ya lleva veintitrés versiones. Ganadores de este concurso, ente otros, han sido Patricio Jara, Sergio Moya, Álvaro López y Patricio Riveros Olavarría. Sin embargo, la deuda de este evento es con el género femenino. A la fecha no hay ninguna mujer que lograra el primer premio, considerando una serie de autoras que participan constantemente como Aida Santelices, quien sí ha sido destacada en otros certáme- nes literarios.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>A finales de la primera década del 2000, Arica mantiene una comunidad literaria bastante activa que puede revisarse en la antología <em>Heptadárica </em>(2001), donde participaron autores como Rodolfo Kahn, Reinaldo Hugo, Jorge Cannobbio y Markos Quisbert, entre otros. La actividad literaria también estuvo presente en la labor del grupo Rapsodas Fundacionales, con diversas publicacio- nes en narrativa y poesía.</p>
<p>A mediados de la década irrumpió en el panorama ariqueño el escritor chileno-peruano Daniel Rojas Pachas. El autor estudió Pedagogía en Lengua en la Universidad de Tarapacá. Junto a él, otros jóvenes ariqueños como Mauro Gatica, Rolando Martínez y Tito Manfred, por mencionar a algunos, provocaron una nueva renovación del panorama literario ariqueño. Gatica proyecta una mirada cruda de vivir una nacionalidad impuesta en un contexto de frontera.</p>
<p>Un hito trascendente que representa el interés de mirar hacia al norte, de profundizar la frontera, en vez de dirigirse hacia el centro de Chile como lo propone Filzic en Antofagasta, es el encuentro Guillotina en 2011, que propiciaron Daniel Rojas Pachas y Gatica. Guillotina, desde su origen, encadenó un trabajo asociativo entre autores de Arica e Iquique con Perú y Bolivia, logrando réplicas en Arequipa y La Paz. En los encuentros circularon editoriales como Canita Cartonera de Iquique; Yerba Mala de Bolivia; Dragostea, Cuadernos del Sur y Cascahuesos de Perú; además de la naciente editorial Cinosargo. De aquellos nexos y la participación de autores como Juan Malebrán, Mille Torrico, Martín Zúñiga, Rolando Martínez, entre otros, surgió luego el encuentro literario Tea Party, que en un lapso de cinco versiones llevó a Arica un centenar de poetas latinoamericanos, que cimentó un espíritu de confraternidad.</p>
<p>Cinosargo es el proyecto de página web y posterior editorial de Rojas Pachas, que comienza a desarrollar un catálogo que llama la atención a nivel nacional, a pesar de las desprolijidades en la edición. Genera espacios para textos de narrativa que se sumergen en los videojuegos, la ciencia ficción y especialmente el terror, a través del autor Pablo Espinoza Bardi quien exalta una versión del género muy explícita donde confluyen el canibalismo y el <em>gore</em>, lo que le ocasiona una serie de <em>fans </em>tanto en Chile como en Perú. Sin duda es un autor que quizás por la aspereza del tema no ha sido valorado en su real magnitud.</p>
<p>La editorial Cinosargo y después La Liga de la Justicia, encabezada por Mauro Gatica y Tito Manfred, editan sus libros en Tacna. El propósito es abaratar los costos. A través de un trabajo hormiga, los libros en mochilas llegan a cuentagotas a Chile, en un tránsito con un sabor hasta romántico. Rojas Pachas, por ejemplo, hasta arrienda una bodega en Tacna. A veces viaja dos o tres veces a la semana a buscar libros.</p>
<p>El nexo con Perú se hace estrecho. Autores del otro lado de la frontera como Kreit Vargas son publicados en las editoriales de Arica. Cinosargo se inserta en el circuito de ferias del sur de Perú. Mientras, editoriales del otro lado se hacen conocidas en el norte chileno. Una de estas editoriales es Cuadernos del Sur, liderada por el carismático autor peruano Willy González.</p>
<p>A principios de los años 2000 el panorama literario en Iquique está remitido al ya mencionado autor Patricio Riveros Olavarría y a la Universidad Arturo Prat (unap). La publicación más popular de los años noventa tuvo relación con la crónica sociológica, como el libro <em>Del Chumbeque a la Zofri </em>(1970) de Bernardo Guerrero. Esta obra se transforma en un fenómeno que revalora la historia de la ciudad.</p>
<p>A los anteriores autores se suma el trabajo silencioso del poeta Pedro Marambio, quien ha publicado libros de poesía como <em>Reinos extraños </em>(1990) y <em>Corazón a tientas </em>(2002).</p>
<p>El galardón al poeta iquiqueño Óscar Hahn como Premio Nacional de Literatura, el año 2012, se miró desde lejos de Iquique, pues el autor hacía años que había dejado la ciudad. Algo similar sucedió en 2014 cuando el narrador antofagastino Antonio Skármeta recibió el mismo reconocimiento. Su relación con Antofagasta se remitía a sus primeros años de vida.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.50.11.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1593" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-09.50.11.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 09.50.11" width="654" height="338" /></a></p>
<p>En Santiago, el iquiqueño Diego Zúñiga publica la novela <em>Camachanca </em>(2009), la cual relata el viaje de un joven con su padre hacia Tacna. Al igual que Patricio Jara, Zúñiga desarrolla su carrera literaria en la capital. En ambos casos se desprende la idea de que quedarse en provincia significa estancarse. Los dos publican en editoriales multinacionales y cuentan con una red de medios a ni- vel local e internacional, que constantemente destaca su trabajo. Zúñiga reconoce que Iquique, donde pasó la infancia, es su lugar, su obsesión. Patricio Jara, al igual que Hernán Rivera Letelier, tiene una calle con su nombre en Antofagasta. A diferencia de Hahn y Skármeta, cuya obra literaria tienen poco y nada de guiños a sus ciudades de origen, Jara y especialmente Zúñiga, cuya obra alcanza insospechados caminos, siempre regresan a Antofagasta e Iquique, respectivamente, en sus textos.</p>
<p>Es a finales de la primera década del año 2000 donde se produce un movimiento literario acuñado en los bares de Iquique, en particular en los locales Democrático, Colocolo y Cupurucho. Aparecen poetas como Juan Ma- lebrán, Danitza Fuentelzar, Juan Podestá y Roberto Bustamante. Se genera un diálogo entre distintas instancias artísticas, enriqueciendo la calidad de las obras. En con- traste a Antofagasta, donde el arte y la gestión cultural dependen del paladar de la empresa privada, en Iquique se proyecta una creación más crítica y, por ende, vanguardista. La conexión con los autores de Arica se profundiza, a diferencia de Antofagasta, donde lisa y llanamente no hay vínculos.</p>
<p>Con el tiempo, el poeta Juan Malebrán y el poeta ariqueño Mauro Gatica se radican en Cochabamba, Bolivia. El primero dedicándose a la gestión cultural desde el centro cultural Matadero, donde lleva a cabo un intenso intercambio cultural entre ambos países, dando a conocer autores a ambos lados de la frontera. Gatica, en cambio, junto a su pareja Patricia Requiz, poeta boliviana, emprende la editorial cartonera Electrodependiente, desde donde publican a autores chilenos y bolivianos, a través de un sobresaliente trabajo de encuadernación artesanal. Esto provoca un renovado interés de parte de lectores bolivianos hacia obras de autores del norte de Chile.</p>
<p>A mediados de la década pasada, los poetas Roberto Bustamante y Juan Malebrán organizan el Festival Literario Matute. El nombre hace referencia a la bolsa matutera, donde se traslada mercadería entre ciudades fronterizas. Matute, junto a Tea Party, cumplen el propósito de generar lazos entre autores fronterizos, además de irrumpir en espacios públicos con el fin de difundir los textos.</p>
<p>Es Juan Podestá con su libro de cuentos <em>Playa panteón </em>(2015) quien devuelve la narrativa a Iquique, después de Patricio Riveros Olavarría. Podestá, con una fijación en el cuento negro, crea historias entre el desierto y la frontera. Un antecedente importante es que este es el primer libro de autores nortinos que publica la editorial de Valparaíso Narrativa Punto Aparte, con la editora Marcela Kupfer. Posteriormente y con el mismo sello vendrán los libros de mi autoría, <em>Namazu </em>(2013) y <em>Pinochet Boy </em>(2016), y dos novelas de Daniel Rojas Pachas, de las que más adelante hablaré.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1556" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-19.33.47.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 19.33.47" width="169" height="60" /></a></p>
<p>Arica con el paso de los años se consagra como centro de la literatura joven nacional, bajo el afán del Ministerio de la Cultura por descentralizar. La ciudad es sede por varios años consecutivos de la premiación del concurso para escritores jóvenes Roberto Bolaño. Otra razón más subjetiva para desarrollar este evento puede tener como antecedente el poema de Roberto Bolaño «Los neochilenos», donde el escritor narra un viaje hacia el norte, con énfasis en la frontera de Arica y Tacna.</p>
<p>Un hecho destacable se produjo en el marco de la premiación 2013 del Roberto Bolaño en Arica, cuando se lanza la antología <em>Nunca salí del horroroso Chile </em>(2013) ―nombre en alusión al poema de Enrique Lihn―, de Cinosargo, que incluyó a autores de ambos lados de la frontera, además de un grupo de Santiago al sur, con presentaciones tanto en Tacna y Arica. Los viajes a esta ciudad peruana son un cuento aparte para los au- tores de Santiago. Algunos, por desconocimiento, se sorprenden con la interacción fronteriza. Tacna les resulta una vía de escape donde parece estar todo permitido, a diferencia del frío y marcial Chile de la capital, o del sur.</p>
<p>En la segunda mitad de década pasada surge en Arica la editorial Lusevo, del narrador Luis Seguel Vorphal ―de ahí el nombre de la editorial―, que en el último tiempo ha sobresalido por abordar en sus novelas temas como la contaminación por el plomo en Arica y el abuso en la Iglesia ca- tólica. Es en Lusevo donde el académico antofagastino Benjamín Guzmán publica su <em>Proyecto Citadelle </em>(2019). Se trata de un ensayo sobre memoria, política y violencia sustentado en cuatro novelas del norte que son <em>Random </em>de Rojas Pachas, <em>Los Héroes </em>(2015) de Pablo Schilling, <em>Los Tambores de Doménico Modugno </em>(2015) de Luis Seguel y <em>Ciudad Berraca </em>(2018), de quien escribe.</p>
<p>Editorial Aparte es el proyecto editorial del poeta y profesor ariqueño Rolando Martínez Trabucco, que se propuso sostener un catálogo exigente de poesía, ensayo y crónica con autores de diversas partes de Chile. De los autores nortinos destacan Juan Malebrán, Juan Podestá, Rodrigo Rojas Terán, la peruana Estefanía Bernedo y Mauro Gatica, de cuyo libro nos referiremos al final de este texto. La cuidada edición y la distribución de los libros le dieron una notoriedad nacional a esta editorial. Uno de los textos más emblemáticos de Aparte es el poemario <em>Cumbia </em>á<em>cida </em>(2020), de Rojas Terán, donde utiliza la cum- bia chicha, muy escuchada en el norte de Chile, para revelar entre otras cosas la explotación laboral agrícola en los valles de Arica. Sin visualizarlo, y quizás solo describiendo su entorno, Rojas Terán creó uno de los textos poéticos más potentes aparecidos en los últimos años en el no</p>
<p>Iquique en la actualidad mantiene dos interesantes proyectos editoriales, Navaja y Sismo. La primera es liderada por el poeta Roberto Bustamante y mantiene un catálogo con autores locales y de otras partes del país. Sismo, a cargo del poeta e investigador literario Jonathan Guillén, también ha apostado por los autores regionales y, en especial, por las nuevas voces femeninas, a través de <em>Áridas: mujeres poetas emergentes </em>(2020). Es en Sismo donde Bustamante publica su libro de poemas <em>Zaire </em>(2021), en cuyas páginas hace referencia a hechos de África, a sus dictadores, sus luchas, para enrostrarnos en la cara lo parecidos que somos en Chile o en Sudamérica.</p>
<p>En Antofagasta surge Ediciones Hurañas, cuyo nombre es un homenaje al poeta Miguel Morales Fuen- tes, conocido como el Tipógrafo Huraño, a cargo de la académica de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, Constanza Castro. Son publicados autores locales como Jorge Ci- fuentes, Verónica Arévalo e Iván Ávila, o el rescate de la obra de Miguel Morales Fuentes, con una traducción al inglés. Sobresale la antología <em>Zona de sacrificio </em>(2019), con cuentos que re- tratan la, a ratos, fútil vida en una ciudad minera. Uno de los libros más destacados de Hurañas es <em>Geografía del desastre </em>(2015) de Jorge Cifuentes, quien compone un entramado literario como una vía de escape ante una decepcionante ciudad, donde ni siquiera los bares ni la droga tienen un buen sabor. La distribución es local y puede considerarse como exitosa, si el éxito se puede medir en ediciones agotadas de alrededor de trescientos cincuenta ejemplares. Los libros son vendidos dentro del circuito de librerías y especialmente en los bares de Antofagasta, como La Leonera, que al igual que el Democrático en Iquique, o el Pacífico en Arica, se transforma en un reducto literario. Iván Ávila, reconocido periodista y guionista, es quien mejor vende sus libros en el circuito de bares.</p>
<p>Debemos mencionar también a tres narradoras antofagastinas: María Luisa Córdova y Andrea Amos- son, ambas provenientes del periodismo. La primera es oriunda de Copiapó y se da a conocer con su novela <em>Mamerta </em>(2017), que describe el proceso de la maternidad. Amosson, después de un periplo por varias ciudades de Chile y el mundo por estudios, se radica en Estados Unidos, donde publica varios trabajos, pero es su novela <em>Las mujeres de la guerra </em>(2019) la que le da notoriedad nacional e internacional. La autora adopta el tema de la Guerra del Pacífico desde el punto de vista de las mujeres. La tercera es la poeta Zuleta Vásquez, quien con una sobrecogedora sensibilidad ha desarrollado una silenciosa y valorada obra poética. Sus trabajos de a poco se han dado a conocer en otros lugares del país.</p>
<p>La gestión de Ediciones Huraña y de las iquiqueñas Sismo y Navaja permite sostener que ya no es necesario mirar al centro para mantener un proyecto editorial en provincia. A esto se suma la importancia, en ambos casos, de generar clubes de lectura regional.</p>
<p>A modo de conclusión, el panorama actual de la literatura en este Nuevo Norte Grande es de constante re- troalimentación entre las ciudades. Una muestra de lo anterior, a nivel de difusión, es el Ciclo de Escritores y Creadores del Norte, gestado por Roberto Bustamante y el artista plástico Fernando Ossandón. Salvo en el caso de Aparte, cuya apuesta es a nivel nacional, las editoriales locales pueden subsistir dentro de los circuitos locales, sin mayores problemas, lo que de alguna manera permite a los autores escribir desde y para sus territorios. El intercambio con escritores de Perú, Bolivia y Argentina se propicia en encuentros como Matute o Tea Party, y en una mayor escala en Filzic. Ciertamente para la literatura de este Nuevo Norte Grande las fronteras son imperceptibles, pero sus letreros, sus hitos y su historia hacen referencia a la procedencia de limitar violentamente el territorio.</p>
<p>Quizás Mauro Gatica en su libro <em>La Comarca </em>(2021), que se presenta como un ensayo poético, sea la voz más potente y cruda para diseccionar este territorio fronterizo impuesto, cuyo origen está en una cruenta guerra por intereses económicos. Gatica escribe: «En un Baño Público del Terminal Internacional», dice, «Imagino un Chile / sin chilenos».</p>
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		<title>ALGUNA LUZ SOBRE ESTOS CAMPOS</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2022 11:17:51 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Pedro Gandolfo En principio la idea fue escribir una crónica personal de mi lugar ―una modesta justificación acerca de por qué he permanecido tan insensatamente arraigado a él durante sesenta años―, pero el duende de la escritura parece entretenerse en desviar a los caminantes cuyo punto de destino es demasiado nítido. &#160; Las palabras son sus balizas imprecisas y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Pedro Gandolfo </em></strong></h6>
<p>En principio la idea fue escribir una crónica personal de mi lugar ―una modesta justificación acerca de por qué he permanecido tan insensatamente arraigado a él durante sesenta años―, pero el duende de la escritura parece entretenerse en desviar a los caminantes cuyo punto de destino es demasiado nítido.</p>
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<h3><strong>Las palabras son sus balizas imprecisas y escurridizas: camino, canal, cerros, culebra, coloso, cocina, Culenar, compadre, Conti, Colin, van resonando en este valle, con su minúscula aldea, ubicado a unos kilómetros al sur poniente de la ciudad de Talca, y me guían y desparraman por él y hacia fuera de él.</strong></h3>
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<p>Por si se anima, aunque en tiempos del gps quizás las siguientes recomendaciones sean superfluas, de cualquier modo, viniendo desde aquella ciudad ―el centro urbano al cual mi lugar está referido— es común tomar la hoy avenida Ignacio Carrera Pinto, antes avenida Carlos Schorr por deferencia al fundador de la antigua fábrica de papeles y cartones Schorr y Concha ubicada antaño en su vereda poniente. Esa avenida, de cerca de un kilómetro y medio de largo, surge al sur poniente de la ciudad a partir del punto donde la avenida Dos Sur finaliza al tropezar con el célebre estero Piduco.</p>
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<h3>En mi niñez hace unos cuarenta y cinco años para los escasos propietarios de automóviles de esos tiempos (los ricos) y siempre que la ruta no estuviese cortada por temporales u otro impedimento todo el trayecto se recorría en poco más de media hora.</h3>
</blockquote>
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<p>En el diseño original de Talca (1742), la ciudad terminaba hacia el poniente justo en ese punto —la calle Dos Sur en su intersección con el referido estero— y desde allí se iniciaba un camino en medio del campo hacia el sur, parte del Camino Real —un nombre pomposo para señalar poco más que una huella de carretas―, una de las rutas empleadas por los viajeros que después de pasar por Talca continuaban hacia las ciudades del sur y se aprontaban a cruzar por uno de sus pasos principales ―no había puentes―, el correntoso río Maule. El perfil de ese viejo camino en la antigua cartografía es el que sigue exactamente la populosa avenida de hoy y ello explica por qué, al contrario de la norma urbana general de diseño de la ciudad, esta avenida en su tramo inicial y final mantiene un recorrido sinuoso y curvilíneo, ya que a medida que la población de Talca fue creciendo y desbordando su planta original se fueron trazando calles y edificando construcciones a su alrededor, siempre con el esquema de manzanas en damero, pero sin alterar el di- seño de ese camino. En una ciudad de planta geométrica estricta como Talca —un amigo ironizaba diciendo que podría haberla dise- ñado Wittgenstein— estas irregularidades son siempre indicios de una vía rural preurbana. Hoy el trazo anómalo de esa avenida, a través de la matemática ciudad, subsiste como el único vestigio del camino antiguo rodeado ya densamente por villas habitacionales, estaciones bencineras, universidades, supermercados, bancos, almacenes y centros comerciales de todo tipo. Existe incluso en sus bordes un café Kafka y un bar gótico, llamado conde Lulo.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-07.51.25.png"><img class="aligncenter  wp-image-1568" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-07.51.25.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 07.51.25" width="543" height="424" /></a></p>
<p>Al final de la avenida Ignacio Carrera Pinto, para llegar a mi valle, es preciso tomar a mano derecha la antigua ruta a Maule, apenas señalizada, que, como dije, no es más que la continuación de aquel Camino Real hacia el sur. Cuando unos trescientos metros más adelante, pasado el caserío de Culenar, se encuentre con el cruce donde hoy se levanta el mastodóntico colegio Santo Tomás, es preciso desviarse otra vez hacia la derecha. Esa vía lateral —en nomenclatura vial, la K 610— que se adentra hacia el sur poniente en dirección hacia la costa es, en rigor, «el camino a Colín», pueblo al cual se arriba después de unos ocho kilómetros de marcha. Esa vía fue de tierra hasta mediados de los años sesenta, pavimentado parcialmente durante el gobierno de Frei padre —curiosamente solo el lado izquierdo de la calzada— y el resto asfaltado hace muy poco.</p>
<p>En mi niñez, hace unos cuarenta y cinco años, para los escasos propietarios de automóviles de esos tiempos (los ricos), y siempre que la ruta no estuviese cortada por tempo- rales u otro impedimento, todo el trayecto se recorría en poco más de media hora.</p>
<p>Hoy ha disminuido la distancia (al revés del tiempo de recorrido) entre Talca y Colín, ya que, siguiendo el destino de todas las ciuda- des de provincia, Talca ―San Agustín de Talca― se derramó pródigamente en las últimas décadas devorando con celeridad kilómetros cuadrados de tierra agrícola, convirtiéndolos en población, cúmulos de casas idénticas con sus reducidos antejardines, pasajes y el rutinario tramado de calles en damero. La ciudad de Talca hacia el sur–poniente, dirección en que el valle no le opone el obstáculo de ningún río o cerro, creció desde el barrio de La Florida, La Florida talquina ―el límite inconmovible campo-ciudad durante toda mi infancia y juventud―, hasta más allá del caserío del Culenar, ya en vías de desaparecer por completo, aproximándose al de Talca Chico, superponiéndose a la comuna de Maule, haciendo sucumbir bajo el cemento los fundos de los Ide, los Reyan, los O’Ryan, parcelas más pequeñas, árboles, chacras, caserones y ranchos de adobe; el recuerdo de las personas que los habitaron, padecieron y murieron en ellos y las historias que podrían contar y ya nadie contara. Talca ya está al lado nuestro.</p>
<p>Colín, Colinas, compadre, campesinos, chacras. Apenas puede mi retina reconstituir el paisaje que hace no más de cinco años se perfilaba en el lugar donde hoy se instaló el vasto estacionamiento encementado y las moles del Homecenter y el Tottus o, más al sur, los colegios Montessori, Santo Tomás, San Agustín, el cementerio Parque del Maule, las sucesivas villas de apretadas casas para clase media o viviendas sociales. El grupo poblacional más adelantado de la ciudad hacia el campo —llamado popularmente «las casas amarillas»― es la Villa Carlos González Cruchaga, población de no muy buena fama por ser el sitio en que viven uno que otro narco y pato malo, cuyo nombre recuerda a un obispo católico, un monseñor rangoso que, junto al obispo Camus y el cardenal Silva Henríquez, destacó en la oposición a la dictadura del general Pinochet.</p>
<p>Pero Talca no termina hoy en un punto, no hay una frontera precisa que la separe del campo, no hay muro ni cercado: se deshilacha, meramente se deshace o, más bien, se encuentra permanentemente en marcha, haciéndose ―y deshaciéndose― cada mes, cada día, penetrando en medio de los potreros por una lonja o un rectángulo, desapareciendo y reapareciendo a manchones disparejos. La frontera entre Talca y el campo se asemeja a las orillas de los ríos en este sector, bajos de caudal en el verano, que no vienen encausados por un lecho definido, sino que ocupan un espacio incierto que se modifica por las subidas y aluviones anuales, aunque cada vez menos potentes, domesticadas ya sus aguas por las grandes represas de la precordillera. Todavía, con todo, de pronto la ciudad se acaba y el camino ahora de asfalto se interna dando giros por un terreno llano sin calles ni poblaciones, bordeado a menu- do por modestos o presuntuosos chalets en sus orillas que surgen en medio de álamos y zarzamoras. ¿Estamos ya en el campo? Así lo parece si el ojo se queda en la superficie de las cosas, pero si se pudiera hablar de «un espíritu de la ciudad», de su prolongación inmaterial como cultura, habría que reco- nocer que engloba a Colín (y quizás todo), el cual, como lo contaré más adelante, a su vez, despertó urbanamente en las últimas tres décadas y comenzó también a ponerse en marcha no sabría decir si en pos de Talca o huyendo de ella. Me imagino que este acerca- miento o acoso o invasión o, ya simplemente, absorción, lo vienen practicando las grandes urbanizaciones de la zona central respecto de sus caseríos periféricos desde hace décadas.</p>
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<h3><strong>En mi niñez hace unos cuarenta y cinco años para los escasos propietarios de automóviles de esos tiempos (los ricos) y siempre que la ruta no estuviese cortada por temporales u otro impedimento todo el trayecto se recorría en poco más de media hora. Hoy ha disminuido la distancia (al revés del tiempo de recorrido) entre Talca y Colín ya que siguiendo el destino de todas las ciudades de provincia.</strong></h3>
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<p>Esta indeterminación de los límites entre campo y ciudad, empero, no solo es física y urbanística, sino también cultural. Por esa irregular y mutante orilla de ciudad, ni propiamente ciudad ni campo, pululan montones de gente, es un territorio nómada, de emigrantes haitianos y colombianos, tempo- reros urbanos, estudiantes, campesinos semiurbanizados y habitantes de la ciudad medio huasos que viven en el borde, cuyas casas limitan con una autopista y luego con potreros donde pastan unas vacas o donde tras las panderetas de los patios corre un canal sucio con sus sauces y después vienen las chacras y pastizales. La gente de estos bordes y de Colín mismo es también así, un engendro, mezcla curiosa entre urbana y rural, local y global, un tipo nuevo y desde luego bastante movedizo, mestizo en muchos sentidos y sin pertenencia clara porque aquellos dos nítidos polos de antaño ―campo y ciudad― también han perdido precisión e inmovilidad.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-07.52.44.png"><img class="aligncenter  wp-image-1570" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-07.52.44.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 07.52.44" width="638" height="365" /></a></p>
<p>No queda aquí, quién sabe si para bien o mal, casi nada del campesino a la antigua, del habitante rural de hace cincuenta años, el peón o inquilino de fundo, los patrones y capataces también se han extinguido o mutado hasta tornarse irreconocibles. Muy de tarde en tarde, por ejemplo, se ve a alguien mon- tado a caballo: el jinete en su cabalgadura es ya casi un exotismo que brota de pronto, por ejemplo, para una festividad religiosa, como la Purísima. En cambio, se usa la bicicleta, cada vez más el automóvil ―muchos sin pa- peles al día― y la micro de recorrido ―la tradicional Talca-Linares de Perales, con un horario en la mañana y otro en la tarde, partiendo del terminal de buses Lorenzo Varoli―, a la cual se han añadido cada hora las micros Taxutal que llegan al centro de Colín y recorren las poblaciones del Colín Nuevo. De vez en cuando se ve un taxi colectivo ha- ciendo una carrera pirata, porque solo hasta «la Carlos González», esa avanzada de la ciudad, hay itinerarios autorizados y llegan allí varios buses más de recorrido. Un circuito casi en desuso es el que va del centro de Colín, doblando hacia el sur en el cruce donde se ubica el retén de Carabineros ―nuestro «barrio cívico»― y, después de atravesar la línea del tren, tomando a la derecha por la llamada «esquina borracha», sigue el camino escabroso que atraviesa el cerro conduciendo a Querquel y Santa Rosa de Lavaderos, un hermoso rincón que se extiende como un cu- chillo entre los cerros de Maule y Colín y el río Maule, su frontera. Por todas estas vías ya pocos caminan a pie, salvo distancias cortas, con la excepción de don Manuel Lara, quien merece una nota aparte, una especie de reliquia viva de otro tiempo, los tiempos del inquilinaje.</p>
<p>Al escribir estas notas que están afligidas por la velocidad de los cambios y por la desaparición completa de lo que existía antes de ello ―paisajes, personas, costumbres, modos de pensar, hacer y creer―, un <em>antes</em>, a su vez, superpuesto sobre otros estados ante- riores desaparecidos hace mucho tiempo, se me vino a la cabeza lo que me dijo una amiga arquitecta al ver los potreros que rodean Colín, llanos y arbolados todavía perdiéndose en suaves lomajes hasta un horizonte lejano: «Dentro de menos de veinte años todo esto estará construido». No niego la posibilidad de que acaso, en una buena dosis al menos, ese pasado merezca morir y estoy consciente que el tono lastimero que usted, quizás, haya advertido es solo una «estructura de senti- miento», una ilusión nostálgica, que se repite de tiempo en tiempo cuando alguien mira retrospectivamente el lugar en que vive.</p>
<p>Hoy solo el 14 % de la población de Chile vive en zonas rurales y el aporte de la agricul- tura suma, a lo más, el 13 % de la economía nacional. La inmigración campo-ciudad se produjo bruscamente a partir de finales del siglo xix. Los campesinos emigraron en masa, huyendo de la malas condiciones materiales y morales que padecían en las haciendas, atraídos hacia el norte por el auge minero y hacia los centros urbanos mayores por la oferta de empleo y las mejores condiciones de vida que prometía la industrialización generada en las primeras décadas del xx, principalmente en Santiago. Entre los años veinte y sesenta, el ritmo de la emigración continuó alentado en- tonces por la industrialización urbana impulsada ahora por el Estado. La ciudad, en vez de cumplir las promesas de prosperidad, relegó a los excampesinos a conventillos y a las barriadas marginales: las poblaciones callampa. Los gobiernos y las distintas instituciones políticas concentraron su atención y acción sobre la indigencia urbana que, antes de la segregación actual en barrios, era próxima, visible y gravitante electoralmente. El resto de gente que iba quedando en el campo fue entregada a su suerte y hasta bien entrado el siglo xx, el poder central había dejado un vacío en la zona que los propietarios de las tierras venían ocupando sin contrapesos desde mediados del siglo xviii. Las leyes sociales, a partir de los años treinta, incompletas y tardías para el campo, fueron ineficaces para modificar costumbres y culturas seculares que perduraron hasta bien entrada la década del setenta.</p>
<p>No obstante esta merma cuantitativa y creciente de la importancia del mundo rural, la relación entre el campo y la ciudad será central en la política, la literatura y la cultura de los dos primeros tercios del siglo, y reventará violentamente a fines de los años sesenta cuando ya menos de un tercio de la población vivía en los campos.</p>
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<h3><strong>Si bien en la actualidad la región del Maule conserva una alta tasa de ruralidad y en esta comuna es todavía mayor en el, valle de Colín la forma de habitar el paisaje ha cambiado radicalmente en las últimas décadas porque la política del Estado ha promovido la desaparición del rancho aislado, concentrando al hombre de campo en pueblos con una estructura urbana a esca la menor muy semejante a lo que podría ser una población de viviendas sociales de Santiago o de otra gran ciudad de provincia.</strong></h3>
</blockquote>
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<p>El nuevo campo, el campo de Colín, subiste de un modo muy diferente al campo antiguo, presetentero, aquel cantado por la literatura criollista y que sobrevive como congelado en la mentalidad de tantos habitantes de la urbe y en el recuerdo de los colinenses más viejos.</p>
<p>Ese antiguo campo chileno, el que se reconstruye en septiembre en Santiago durante «la semana de la chilenidad», ha muerto acá en Colín, pero es aún una potente ilusión fantasmagórica del citadino, una construc- ción simbólica y compleja, alimentada mancomunadamente por los afanes de cierta élite, por políticas culturales del Estado y por la nostalgia del habitante de la ciudad y de los pequeños pueblos rurales, una sensibilidad que es un remanente ectoplasmático de la migración del campo a la ciudad.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-08.14.42.png"><img class=" size-full wp-image-1569 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-09-a-las-08.14.42.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-09 a la(s) 08.14.42" width="206" height="775" /></a>Así, a veces puedo palpar esa sensibilidad todavía en estos días, por ejemplo, cuando converso con taxistas santiaguinos que me llevan al terminal de buses o a la estación de ferrocarril, al oír las historias de su padre o su abuelo emigrados a Santiago desde el campo y la bucólica y pastoral descripción de la zona rural de donde provenía su familia e, incluso, de las vacaciones que, de tanto en tanto, pasan en las tierras de algún tío o familiar descendiente de los que se quedaron. El colmo fue hace poco cuando tomé en pleno centro a un taxista, una suerte de caricatura del huasamaco, que cuando logré interrumpir su verborrea payasesca, temeridad en que jamás incurro, y le pregunté «¿Señor, usted vive en el campo?», me respondió: «No, pero mi taita de niño me contaba de su vida en el sur y yo, le prometo, soy feliz en medio de las vacas y los caballos y, le cuento, que si usted sigue derechito por Carmen hasta el final, en La Pintana, cuando la calle ya no se llama Carmen, va encontrar mi solar [sic], donde tengo una yegua y dos caballos, con su pesebreras y todo y, le digo más, que si mi mujer, que no es mi señora, conviviente nomás, se me pone mañosa, yo pesco todas mis cositas y me voy a la pesebrera a dormir con los caballos». Y mientras me seguía contando con su lenguaje artificialmente pintoresco su vida de huaso en Santiago, pensaba en la fuerza que poseen estas ideologías capaces de construir personajes como Luis Valentín Ferrada o Manuel González, el chofer que conducía mi taxi, cuyo vínculo real con el campo era nulo (acaso el de su taita también era puro cuento) y, sin embargo, había logrado plasmar en él un prototipo que lo fascinaba y moldeaba por entero.</p>
<p>¿Qué de verdadero y qué de falso hay en esa imagen del campo y del huaso chileno a la antigua? ¿De dónde surge su atractivo, cómo y cuándo surgió el mito? ¿Cuál ha sido y cómo ha cambiado el vínculo social, económico y cultural entre la ciudad y el campo en nuestra historia? ¿Cómo concurrió la li- teratura y el arte a estas transformaciones?</p>
<p>Para el Estado chileno colonial o republicano, español o criollo, socialista o liberal, civilizar consiste en crear ciudades y pueblos, y el campo, más todavía hoy, que demográfica y económicamente pesa poco, es un territorio difuso, difícil de promover a través de políticas, sin contenido preciso, más bien un telón donde proyectar ficciones y nostalgias, que no ha sido ni es prioridad. Eso no significa, sin embargo, que ciudad y campo hayan funcionado desconectados ni que el campo presente rasgos del todo opuestos o independientes de aquella, sino que siempre se ha dado una continuidad a veces más visible y directa, otras más subterránea y oblicua, en- tre ambos. Colín ―que en documentos más antiguos aparece como «Collin» o «Collin- hue»― inesperadamente, a medida que escribo este libro, me ha ido resultando un microcosmos ejemplar ―quizás el instrumento óptico adecuado― para mostrar el cariz y el matiz de algunas de esas movedizas, aunque siempre promiscuas, relaciones y preguntas, forzándome a avanzar y retroceder y, sobre todo, a mezclar, con tensión y fuego, memo- ria e historia, recuerdo personal e indagación acerca de esa cosa extraña llamada Chile.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 79">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h6>Este texto forma parte del libro Alguna luz sobre estos campos, a publicarse en 2022 por Ediciones UCM.</h6>
</div>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>PALIMPSESTO URBANO</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Oct 2022 18:02:30 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Catalina Porzio &#124; fotografías Carla McKay &#160; No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. / La ciudad te seguirá. / Vagarás por las mismas calles. / Y en los mismos barrios te harás viejo; / y entre las mismas paredes irás encaneciendo. / Siempre llegarás a esta ciudad. [Cavafis, 2000: 17] &#160; &#160; Venía de las selvas inextricables [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 16">
<div class="section">
<div class="layoutArea">
<h6 class="column">por Catalina Porzio | fotografías Carla McKay</h6>
<div class="column">
<p>&nbsp;</p>
<p>No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares. / La ciudad te seguirá. / Vagarás por las mismas calles. / Y en los mismos barrios te harás viejo; / y entre las mismas paredes irás encaneciendo. / Siempre llegarás a esta ciudad.</p>
<p style="text-align: right;">[Cavafis, 2000: 17]
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los cipreses y el mármol. Ve un conjunto, que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquinaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que todas las ciénagas de Alemania.</p>
<p style="text-align: right;">[Borges, 1974: 558]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1536" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/1.jpg" alt="1" width="776" height="414" /></a></p>
<p>La historia comienza al ras del suelo, con los pasos. Son el número, pero un número que no forma una serie. No se puede contar porque cada una de sus unidades pertenece a lo cualitativo: un estilo de aprehensión táctil y de apropiación cinética. Su hormigueo es un innumerable conjunto de singularidades. Las variedades de pasos son hechuras de espacios. Tejen los lugares.</p>
<p style="text-align: right;">[De Certeau, 2008: 5]
<p>&nbsp;</p>
<p>En las grandes ciudades, tanto los espacios como los lugares son diseñados y construidos: caminar, observar, estar en público, son parte del diseño y propósito como estar dentro para comer, dormir, hacer zapatos o el amor o música. La palabra ciudadano tiene que ver con ciudad, y la ciudad ideal se organiza en torno a la ciudadanía: en torno de la participación de la vida pública. (&#8230;) Caminar por las calles es lo que vincula la lectura del mapa con la propia vida vivida, el microcosmos personal con el macrocosmos público; permite entender el laberinto alrededor.</p>
<p style="text-align: right;">[Solnit, 2015: 269]
<p>&nbsp;</p>
<p>Ciudad se deriva del latín civitas, civitatis, civitatem y tiene el más noble significado para el género humano, por cuanto cada palabra obedece a una cosa nueva, y civitas, civitatis o civitatem implican la primera forma de organización en sociedad, el primer salto de las palizadas lacustres o las cavernas agresivas hasta la aglomeración de las familias con fines de mutua ayuda, cooperación, etcétera.</p>
<p style="text-align: right;">[Edwards Bello, 2009: 591]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ciudades están llenas de sorpresas, llenas de lo inesperado, de extraños encuentros, llenas de respuestas que no esperabas a tus preguntas. Tal vez por esta razón es que en su origen las ciudades eran lugares de intercambio. En contraste con la ciudad está el campo, tan diferente. El campo está lleno de lo que no sorprende. Al contrario, está lleno de lo esperado, de espera.</p>
<p style="text-align: right;">[Berger, 2007: 32]
<p>&nbsp;</p>
<p>Llorábamos, porque habíamos sido expulsados de la antigua Edad de Piedra a la nueva Edad de Piedra, de las estepas al fango de los ríos, de la noble cacería de los mamuts y los bisontes al esclavizante escarbar por tallos, de la libertad al masticar. Llorábamos porque estábamos cumpliendo la condena de esperar sentados, en el granero, el lapso de tiempo entre la siembra y la cosecha, por lo tanto, en habitar en casas.</p>
<p style="text-align: right;">[Flusser &amp; Onetto, 2017: 13]
<p>&nbsp;</p>
<p>Una profecía muy señalada del período 1880-1920 ve en las ciudades el espacio de las sensaciones inexploradas, ya no solo el disolverse en la multitud como huida de control parroquial, ni las licencias que permite el consumo de alcohol, juego y prostitución, sino el aprendizaje de lo urbano como «naturaleza de relevo», el gusto por los paisajes insólitos, los cambios permanentes, las aglomeraciones, el encanto de la sordidez, las señas desastrosas del avance de la industria, la pérdida del sitio fijo que cada uno ocupaba en pueblos y pequeñas ciudades.</p>
<p style="text-align: right;">[Monsiváis, 2000: 207]
<p>&nbsp;</p>
<p>Una ciudad: piedra, cemento, asfalto. Desconocidos, monumentos, instituciones. Megalópolis. Ciudades tentaculares. Arterias. Muchedumbres.<br />
¿Hormigueros?<br />
¿Qué es el corazón de una ciudad? ¿El alma de una ciudad? ¿Por qué se dice que una ciudad es bonita o fea? ¿Qué tiene de bonito y de feo una ciudad? ¿Cómo se conoce una ciudad? ¿Cómo conoce uno su ciudad? (&#8230;) Nunca nos podremos explicar o justificar la ciudad. La ciudad está ahí. Es nuestro espacio y no tenemos otro. Hemos nacido en ciudades. Hemos crecido en ciudades. Respiramos en ciudades. Cuando cogemos el tren es para ir de una ciudad a otra ciudad. No hay nada de inhumano en una ciudad, como no sea nuestra propia humanidad.</p>
<p style="text-align: right;">[Perec, 2001: 99-100]
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.06.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1537" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.06.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.51.06" width="575" height="324" /></a></p>
<p>Hay unos niños que salen al patio de la escuela en fila de a dos. Hay una mansión de finales de siglo completamente sola en medio de grandes edificios de cristal. Hay unas pequeñas cortinas de vichy en las ventanas, unos consumidores en las terrazas de los cafés, un gato que se calienta al sol, una señora cargada de paquetes que llama a un taxi, un centinela que monta guardia ante un edificio público. Hay unos basureros que llenan unos volquetes, unos revocadores de fachadas que instalan un andamio. Hay nodrizas en las plazoletas, libreros a lo largo de los paseos; hay cola ante la panadería, hay un señor que pasea a su perro, otro que lee su periódico sentado en un banco, otro mira a los obreros que están demoliendo una manzana de casas.</p>
<p style="text-align: right;">[Roudinesco, 2019: 35]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ciudades también son lugares inventados por la voluntad y el deseo, por la escritura, por la multitud desconocida.</p>
<p style="text-align: right;">[Arroyo, 2016]
<p>&nbsp;</p>
<p>La forma de la ciudad cambia más rápido, ay, que el corazón de un mortal.</p>
<p style="text-align: right;">[Baudelaire]
<p>&nbsp;</p>
<p>Así —dice alguien— se confirma la hipótesis de que cada hombre lleva en su mente una ciudad hecha solo de diferencias, una ciudad sin figuras y sin forma, y las ciudades particulares la rellenan.</p>
<p style="text-align: right;">[Calvino, 1998: 47]
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia del psicoanálisis es también la historia de un geopsicoanálisis cuyo territorio arquelógico sería el de las ciudades, todas parecidas y todas distintas unas de otras. (&#8230;) Me gustan las ciudades, me gustan los ruidos de la ciudad, la multitud, los cafés, los restaurantes, y por lo tanto me gusta que el psicoanálisis esté implantado en las ciudades, incluso en las megalópolis, donde la angustia va a la par de la interrogación del sujeto sobre sí mismo. Explorar el propio inconsciente siempre implica soltar algo, a costa de conservar su huella en el inconsciente: un territorio, una tribu, una familia y por lo tanto una soberanía ligada a la raza, a la nación. Es también soñar con una ciudad o incluso soñar una ciudad.</p>
<p style="text-align: right;">[Roudinesco, 2019: 100]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.14.png"><img class=" size-full wp-image-1538 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.14.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.51.14" width="278" height="466" /></a></p>
<p>Quizás todo consista en saber qué palabras pronunciar, qué gestos hacer, y en qué orden y con qué ritmo, o bien baste la mirada, la respuesta, el ademán de alguien, baste que alguien haga algo por el solo placer de hacerlo y para que su placer se convierta en placer de los demás: en ese momento todos los espacios cambian, las alturas, las distancias, la ciudad se transfigura, se vuelve cristalina, transparente como una libélula.</p>
<p style="text-align: right;">[Calvino, 1998: 163]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ciudades son vastos depósitos de historia que pueden ser leídos como un libro si se cuenta con un código apropiado; son como sueños colectivos cuyo contenido latente se puede descifrar; espacios simbólicos a los que Jung y los surrealistas se habían asomado incipientemente. Los pasajes son cruceros no solo de transeúntes y cosas, sino de pensamientos y voluntades con múltiples orígenes.</p>
<p style="text-align: right;">[Arroyo, 2016]
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces siento tanto / lo que siento por ti que / me meto en uno de esos / pasajes por los que no pasa / nunca nadie y hay puros zurcidores / japoneses y afiladores de tijeras y me / pongo a llorar mirando un ovillo de lana.</p>
<p style="text-align: right;">[Bertoni, 2018: 63]
<p>&nbsp;</p>
<p>Así como una estantería de libros puede mezclar poesía japonesa, historia mexicana y novela rusa, los edificios de mi ciudad contenían centros zen, iglesias pentecostales, salones de tatuajes, tiendas de abarrotes, locales de burritos, palacios de cine, restaurantes chinos. Hasta las cosas más ordinarias me llenaban de asombro, y la gente en la calle ofrecía miles de atisbos de vidas parecidas y totalmente diferentes a la mía.</p>
<p style="text-align: right;">[Solnit, 2015: 262]
<p>&nbsp;</p>
<p>La gran ciudad tiene un aspecto polifáceo; la pequeña es simplemente monofácea, o de una sola cara. Por eso las cosas y las ideas manifiestan aquí una tendencia irresistible a la uniformidad.</p>
<p style="text-align: right;">[Edwards Bello, 2009: 587]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.25.png"><img class=" size-full wp-image-1539 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.25.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.51.25" width="286" height="639" /></a></p>
<p>Aquí no hay glamour / ni bares franceses para escritores / solo rotiserías con cabezas de cerdo / zapatos de segunda / cajas de clavos. martillos. alambres y sierras / guerras entre carnicerías vecinas y asados pobres / este no es el paraíso ni el anteparaíso.</p>
<p style="text-align: right;">[González, 2019: 9]
<p>&nbsp;</p>
<p>«Ciudad» y «visualidad» son dos palabras que riman y a la vez dos conceptos que no se pueden despegar. (&#8230;) Si me dicen, igualmente, «piense en la ciudad», imagino de inmediato un recorrido. Se trata de un trayecto específicamente santiaguino. No pienso en ese momento en Londres de mi interés, ni Estambul de los cuentos, ni siquiera en el Buenos Aires de mi apego. Santiago es la ciudad. Aparece, observada desde un automóvil que entra en ella por el acceso sur, de noche. Hay explanadas, barreras, y sobre el asfalto fosforescencias amarillas, una infinita hilera de pequeños focos empotrados, manchones de petróleo, parches de alquitrán. Es posible que antes de que la carretera se sumerja bajo los puentes sucesivos haya avistado bloques de departamentos: ahí están las luces de los interiores, la vida que no me pertenece pero que pretendo reconocer.</p>
<p style="text-align: right;">[Merino, 2012: 37]
<p>&nbsp;</p>
<p>En el terreno visual, la Ciudad de México es, sobre todo, la demasiada gente. Se puede hacer abstracción del asunto, ver o fotografiar amaneceres desolados, gozar el poderío estético de muros y plazuelas, redescubrir la perfección del aislamiento. Pero en Distrito Federal la obsesión permanente (el tema insoslayable) es la multitud que rodea a la multitud, la manera en que cada persona, así no lo sepa o no lo admita, se precave y atrinchera en el mínimo sitio que la ciudad le concede. Lo íntimo es un permiso, la «licencia poética» que olvida por un segundo que allí están, nomás a unos milímetros, los contingentes que hacen de la vitalidad urbana una opresión sin salida.</p>
<p style="text-align: right;">[Monsiváis, 2012: 17]
<p>&nbsp;</p>
<p>La aparición de estas caras en la muchedumbre; / pétalos sobre húmeda, negra, rama.</p>
<p style="text-align: right;">[Pound, 1981]
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo la bruma agitada por los vientos, la isla urbana, mar en medio del mar, levanta los rascacielos de Wall Street, se sumerge en Greenwich Village, eleva de nuevo su cresta el Midtown, se espesa en Central Park y se aborrega finalmente más allá de Harlem. Marejadas de verticales. La agitación está detenida, un instante, por la visión. La masa gigantesca se inmoviliza bajo la mirada. Se transforma en una variedad de texturas donde coinciden los extremos de la ambición y degradación, las oposiciones brutales de razas y estilos, los contrastes entre los edificios creados ayer, ya transformados en botes de basura, y las irrupciones urbanas del día a día que cortan el espacio. A diferencia de Roma, Nueva York nunca ha aprendido el arte de envejecer al conjugar todos los pasados. Su presente se inventa, hora tras hora, en el acto de desechar lo adquirido y desafiar el porvenir.</p>
<p style="text-align: right;">[De Certeau, 2008]
<p>&nbsp;</p>
<p>No puede haber una soledad como una que nos abandona rodeados de innumerables rostros que parecen no tener voz ni expresión, entre miradas sin número que nos contemplan sin juzgarnos, entre apresuradas figuras de hombres y mujeres que vienen y que van sin que tengan sentido ni sus prisas ni sus movimientos, y que parecen máscaras de locos, ciudadanos fantasmas. La sensación de inmensidad que produce Londres desde el interior se ve alimentada también por la descomunal extensión de barrios y por los constantes destellos que hacen suponer, en cada esquina, otros barrios de extensiones comparables. La espesa atmósfera que se vislumbra al final de cada enorme avenida envuelve su final en una especie de sombra incierta.</p>
<p style="text-align: right;">[De Quincey, 2012: 195]
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en el teatro y en el cine, en el metro es de noche. Pero su noche no tiene esa ordenada delimitación, ese tiempo preciso y esa atmósfera artificialmente agradable de las salas de espectáculos. La noche del metro es aplastante, húmeda de un verano de invernáculo y además infinita, en cualquiera de sus puntos o de sus horas la sentiremos prolongarse en los tentáculos de los túneles, en cualquiera de las estaciones que bajemos estará latiendo uno de los muchos corazones del inmenso pulpo negro que subtiende la ciudad. La noche del metro no tiene comienzo ni fin, allí donde todo se conecta y se transvasa, donde las estaciones terminales son a la vez llegada y partida; llamarlas terminales es una de las muchas formas de defensa contra ese temor indefinido que espera en la penumbra del primer corredor, del primer andén.</p>
<p style="text-align: right;">[Cortázar, 2009: 285]
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.39.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1540" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.51.39.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.51.39" width="914" height="301" /></a></p>
<p>Desventurados los que divisaron / a una muchacha en el Metro / y se enamoraron de golpe / y la siguieron enloquecidos / y la perdieron para siempre entre la multitud / Porque ellos serán condenados / a vagar sin rumbo por las estaciones / y a llorar con las canciones de amor / que los músicos ambulantes entonan en los túneles / y quizás el amor no es más que eso: / una mujer o un hombre que desciende de un carro / en cualquier estación del Metro / y resplandece unos segundos / y se pierde en la noche sin nombre.</p>
<p style="text-align: right;">[Hahn, 2004: 23]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ciudades levantadas por los modernos son también «topografías míticas» movidas simultáneamente por la fascinación y el desencanto, máquinas que seducen con interminables promesas frecuentemente incumplidas. Los territorios citadinos están unidos por un hilo civilizatorio que se proyecta en el tiempo, pero se distinguen en la sociedad burguesa por su estado siempre provisional. Allí se encuentran los tinglados de tránsito y realización donde se entrecruzan amos y esclavos, formando con su vida la peripecia cotidiana que da contenido y dimensión a la existencia común, dejando a su paso una profusa constelación de signos casi siempre imperceptibles para quien se encuentra inmerso en ellos.</p>
<p style="text-align: right;">[Arroyo, 2016]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las siglas son un talismán fatal para la imaginación de todo niño crecido en los años sesenta. Son la unidad de base de una quimera sinóptica que cree que confabulando números y letras se puede reducir el sentido y la complejidad del mundo a un juego de coordenadas unívocas. Pero si las siglas de Brasilia despertaron en mí los ecos de una infancia intacta, es porque en ese idioma impronunciable resonaba el imaginario que tejió mi niñez, la niñez típica del hijo de la cultura de masas: el imaginario de la ciencia ficción.</p>
<p style="text-align: right;">[Pauls, 2017: 127]
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.03.png"><img class=" size-full wp-image-1541 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.03.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.52.03" width="278" height="695" /></a></p>
<p>Hay que guardarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí. En ocasiones hasta los nombres de los habitantes permanecen iguales, y el acento de las voces, e incluso las facciones; pero los dioses que habitan bajo esos nombres y en esos lugares se han marchado sin decir nada y en su lugar han anidado dioses extranjeros.</p>
<p style="text-align: right;">[Calvino, 1998: 43-44]
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ello, las ciudades, aunque duran siglos, en realidad son grandes campamentos de vivos y muertos en los que quedan algunos elementos, como señales, símbolos y advertencias.</p>
<p style="text-align: right;">[Edwards Bello, 2009: 31]
<p>&nbsp;</p>
<p>En un corredor vi una flecha que indicaba una dirección y pensé que aquel símbolo inofensivo había sido alguna vez una cosa de hierro, un proyectil inevitable y mortal, que entró en la carne de los hombres y de los leones y nubló el sol en las Termópilas y dio a Harald Sigurdarson, para siempre, seis pies de tierra inglesa.</p>
<p style="text-align: right;">[Borges, 1974: 798]
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas.</p>
<p style="text-align: right;">[Calvino, 1998: 25-26]
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que tenía la ciudad jardín de idea verdaderamente mala es eso: coger una hoja en blanco y crear un mundo nuevo. Eso es artificial; no puedes hacer un nuevo mundo sin el viejo.</p>
<p style="text-align: right;">[Jacobs, 2019: 93]
<p>&nbsp;</p>
<p>Con las ruinas, una ciudad se libera de sus planes y se convierte en algo tan complejo como la vida, algo que puede explorarse pero quizá no cartografiarse. Es la misma transmutación que aparece en los cuentos de hadas en los que las estatuas, los juguetes y los animales se vuelven humanos, aunque a estos se les insufla vida, mientras que, con las ruinas, a la ciudad se le insufla muerte, pero una muerte generadora, como la del cadáver que sirve de alimento a las flores.</p>
<p style="text-align: right;">[Solnit, 2020: 77-78]
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi ciudad es la ciudad de los británicos melancólicos —Dickens, Gissing, Johnson, especialmente Johnson—, aquella en la que no vamos a ningún sitio, sino que ya estamos allí; nosotros, la gente normal y corriente que vaga por estas miserables y maravillosas calles en busca de un yo reflejado en los ojos de un desconocido.</p>
<p style="text-align: right;">[Gornick, 2018: 13]
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivo en un bello barrio en Santiago de Chile. Es un barrio en que los papás no han desaparecido aún y en la botillería les fían a todos los vecinos. Vivo en un bello barrio con bengalas, extintores y gente alegre, las mujeres acá usan sables y son bellas como la curaíta de la Chuki. Y hay iglesias evangélicas y hay canutos y hay canutos y hay canutos y la tontera fascista al interior de todas estas casas. (&#8230;) Vivo en un bello y enérgico barrio en la zona sur de Santiago. Su belleza es tal que mi hermano lo graba con su celular y por la noche le muestra los videos a su guagua para hacerla dormir. (&#8230;) Aquí nadie discrimina a los flaites, porque somos todos flaites. Aquí nadie discrimina a los haitianos, porque todos somos haitianos. Aquí nadie discrimina a las guatonas, porque somos todas guatonas. Aquí nadie discrimina a los pokemones, porque somos todos pokemonos. Aquí nadie discrimina a los que hacen portonazos, porque aquí todos hacemos portonazos.</p>
<p style="text-align: right;">[Carreño, 2020: 116-117]
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si uno cuenta que vio la primera luz del mundo en el Zanjón de la Aguada, ¿a quién le interesa? ¿A quién le importa? (&#8230;) Una ribera de ciénaga donde a fines de los años cuarenta se fueron instalando unas tablas, unas fonolas, unos cartones, y de un día para otro las viviendas estaban listas. Como por arte de magia aparecía un ranchal en cualquier parte; como si fueran hongos que por milagro brotan después de la lluvia, florecían entre las basuras las precarias casuchas que recibieron el nombre de callampas por la instantánea forma de tomarse un sitio clandestino en el opaco lodazal de la patria.</p>
<p style="text-align: right;">[Lemebel, 2015: 45]
<p>&nbsp;</p>
<p>Las calles de esta ciudad no tienen nombre. Existe una dirección escrita, pero solo tiene un valor postal, se refiere a un catastro (por barrios y por bloques, de ningún modo geométricos) cuyo conocimiento es accesible al cartero, no al visitante: la ciudad más grande del mundo está, prácticamente, inclasificada, los espacios que la componen en detalle están innominados. (&#8230;) Esta ciudad solo se puede conocer por una actividad de tipo etnográfico: es necesario orientarse en ella no mediante un libro, la dirección, sino por el andar, la vista, la costumbre, la experiencia; una vez descubierta, la ciudad es intensa y frágil, no podrá encontrarse de nuevo más que a través del recuerdo de la huella que ha dejado en nosotros: visitar un lugar por vez primera es como empezar a escribirlo: al no estar escrita la dirección, será preciso que ella misma cree su propia escritura.</p>
<p style="text-align: right;">[Barthes, 2007: 45-49]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.07.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1542" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.07.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.52.07" width="776" height="414" /></a></p>
<p>No lograr orientarse en una ciudad aún no es gran cosa. Mas para perderse en una ciudad, al modo de aquel que se pierde en un bosque, hay que ejercitarse. Los nombres de las calles tienen que ir hablando al extraviado al igual que el crujido de las ramas secas, de la misma forma que las callejas del centro han de reflejarle las horas del día con tanta limpieza como un claro en el monte.</p>
<p style="text-align: right;">[Benjamin, 2011: 5]
<p>&nbsp;</p>
<p>Y de pronto, la calle, la calle lisa y que parecía destinada a ser una arteria de tráfico con veredas para los hombres y calzada para las bestias y los carros, se convierte en un escaparate, mejor dicho, en un escenario grotesco y espantoso donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados, los embrujados, los enloquecidos, danzan su zarabanda infernal.</p>
<p style="text-align: right;">[Arlt, 2008: 58]
<p>&nbsp;</p>
<p>Y vacas por las calles: vacas que caminaban mezcladas con la multitud, que se acurrucaban entre los acurrucados, que deambulaban entre los deambulantes, que detenían su marcha entre los que se detenían: pobres vacas cuya piel se había vuelto de barro, obsecadamente flacas, algunas pequeñas como perros, devoradas por los ayunos, con la mirada eternamente atraída por los objetos destinados a una desilusión sin fin. Era casi de noche y ellas se acurrucaban en los cruces, junto a algún semáforo, ante los portales de algún desordenado edificio público, montones negros y grises de hambre y desconcierto.</p>
<p style="text-align: right;">[Pasolini, 2017: 19]
<p>&nbsp;</p>
<p>La polución turística no es un problema menor en Perú. Además del desgaste que ese ejército de borceguíes made in Primer Mundo inflige a la delicada contextura de las ruinas incas, intenso pero nunca tan persistente como el que ejercen las lluvias y vientos (y que obligarán en un futuro no muy lejano a techar Machu Picchu), además de las restricciones que acarrea (han limitado el cupo para hacer el camino del Inca, y ahora hay que reservar lugar con un año de anticipación), la afluencia de extranjeros tiene el efecto adicional, bastante extraño, de eclipsar las atracciones locales. No solo porque para contemplar un espejo hecho con una palangana de piedra o la perfección de un muro de mil años siempre hay que sortear una cortina de nucas y sombreros de europeos madrugadores —siempre más madrugadores que uno—, sino lisa y llanamente porque son tantos, tan diversos y visibles, y tan constantes con el contexto, que ellos pasan a ser la verdadera atracción. Ellos, o más bien la escena de ellos contemplando, admirando, respetando, consumiendo todo lo que la zona más vieja del Nuevo Mundo tiene para ofrecerles.</p>
<p style="text-align: right;">[Pauls, 2012: 19]
<p>&nbsp;</p>
<p>El turista sabe que no sabe nada, por eso compra los souvenirs horribles y hace los tours de a pie por las ciudades (el de Jack el Destripador en Londres está buenísimo: quien no lo hace por considerarlo un lugar común me da pena). El viajero no: no quiere guías. Ni en persona ni en libros. Creen que la ignorancia es la libertad y desprecian a la gente que ha estudiado para enseñarle a los demás la historia de su país. (&#8230;) El viajero padece, también, de romantización de la pobreza: son tan amables y alegres en África Oeste, dicen, no pueden creerlo, cómo sonríen a pesar de la miseria y la malaria (la enfermedad, no estoy usando lunfardo); qué felices están en comparación con los amargos europeos.</p>
<p style="text-align: right;">[Enríquez, 2020: 446-447]
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay un maravilloso montón de conversaciones en Roma. / Camino por ellas / moviéndome en zigzag, / separándolas como un peine, / escuchándolas / enredarse / a mis espaldas. / Entrata. / Uscita.</p>
<p style="text-align: right;">[Carson, 2018: 13]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.24.png"><img class=" size-full wp-image-1543 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.24.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.52.24" width="391" height="639" /></a></p>
<p>Comencé a caminar las calles de mi propia ciudad cuando era una adolescente, y las caminé por tanto tiempo que ellas y yo cambiamos. La marcha desesperada de la adolescencia, cuando el presente parecía una eterna ordalía, dio paso a los reflexivos paseos e innumerables trámites de alguien ya no tan ensimismado, tan aislado, tan pobre, y mis paseos suelen volverse hoy revisiones de mi historia y su relación con la de la ciudad. Espacios vacíos se transforman en nuevos edificios, bares de veteranos son invadidos por jóvenes hipsters, las discotecas de Castro se vuelven tiendas de vitaminas, calles y vecindades enteras cambian su rostro. Hasta mi propio barrio ha cambiado tantas veces que a veces parece como si me hubiera mudado dos o tres veces de la ruidosa esquina desde donde partí poco antes de cumplir los veinte.</p>
<p style="text-align: right;">[Solnit, 2015: 296-297]
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando todos se vayan a otros planetas / yo quedaré en la ciudad abandonada / bebiendo un último vaso de cerveza, / y luego volveré al pueblo donde siempre regreso / como el borracho a la taberna / y el niño a cabalgar / en el balancín roto.</p>
<p style="text-align: right;">[Teillier, 2001: 46]
<p>&nbsp;</p>
<p>Si algo está curvado en esta ciudad, no se debe a una planificación específica, sino porque Pedro I era un delineante descuidado, cuyo dedo se deslizaba a veces fuera del borde de la regla y el lápiz lo seguía, como también sus atareados subordinados.<br />
La ciudad descansa en verdad sobre los huesos de sus constructores tanto como sobre los pilares de madera que encajaron en el terreno. Así ocurre, hasta cierto punto, en casi cualquier otro lugar del Viejo Mundo, pero es que la Historia se ocupa perfectamente de los recuerdos desagradables. San Petersburgo resulta ser demasiado joven para tener una mitología balsámica y, siempre que se produce un desastre natural o premeditado, se puede descubrir —de entre una multitud— una cara pálida, algo hambrienta y sin edad y oír el susurro: «¡Te digo que este lugar está maldito!». Nos estremecemos, pero un momento después, cuando intentamos echar otro vistazo al que ha hablado, la cara ha desaparecido. En vano nuestros ojos recorrerán las multitudes que se arremolinan despacio, el tráfico que avanza como una tortuga: no vemos nada, excepto al transeúnte indiferente y, a través del oblicuo velo de la lluvia, los magníficos rasgos de los grandes edificios imperiales. La geometría de las perspectivas arquitectónicas de esta ciudad es perfecta para perder las cosas para siempre.</p>
<p style="text-align: right;">[Brodsky, 2006: 72]
<p>&nbsp;</p>
<p>La noche de nuestras ciudades ya no se asemeja a ese ulular de los perros de las tinieblas latinas, ni a los murciélagos de la Edad Media ni a esa imagen de los dolores que es la noche del Renacimiento. Es un inmenso monstruo de chapa metálica atravesado por mil cuchillos. La sangre de la noche moderna es una luz cantante.</p>
<p style="text-align: right;">[Aragon, 2016]
<p>&nbsp;</p>
<p>Es un hecho maravilloso y digno de reflexionar sobre él, que cada uno de los seres humanos es un profundo secreto para los demás. A veces, cuando entro de noche en una ciudad, no puedo menos de pensar que cada una de aquellas asas envueltas en la sombra guarda su propio secreto; que cada una de las habitaciones de cada una de ellas encierra, también, su secreto; que cada corazón que late en los centenares de millares de pechos que allí hay, es, en ciertas cosas, un secreto para el corazón que más cerca de él late.</p>
<p style="text-align: right;">[Dickens, 2017]
<p>&nbsp;</p>
<p>Para tener confianza en una ciudad extraña se necesita un espacio cerrado sobre el que ostentar un cierto derecho donde se pueda estar solo cuando el barullo de voces nuevas e incomprensibles aumente. Ese espacio ha de ser silencioso: nadie debe vernos cuando nos cobijamos en él, nadie cuando lo abandonamos. Lo más hermoso es escabullirse en un callejón sin salida, permanecer de pie frente a un portal del que se posee la llave en el bolsillo, y abrir sin que mortal alguno pueda oírlo.</p>
<p style="text-align: right;">[Canetti, 2017: 43]
<p>&nbsp;</p>
<p>berlín acoge sin seducir, sin exhibir, sin tentar. ciudad antihistérica por excelencia, y por eso extraordinariamente descansada. hay en esa forma de asilo una austeridad y una falta de puesta en escena que no pierden nada a cambio, que solo autorizan. sensación eufórica y a la vez inquietante de estar por primera vez en una ciudad utópica, capaz de asilar y dejar en libertad al mismo tiempo. (&#8230;) barrios como kreuzberg parecen tener el régimen de iluminación que tenían hace treinta años. ¿deprimente? todo lo contrario: caminar por la calle es un ejercicio furtivo: sombras, cuchicheos, el sonido de una bicicleta que aparece de golpe, la llamarada de un encendedor. todo tiene la exaltación sofocada de lo clandestino.</p>
<p style="text-align: right;">[Pauls, 2012: 132-137]
<p> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.29.png"><img class=" size-full wp-image-1544 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-08-a-las-14.52.29.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-08 a la(s) 14.52.29" width="389" height="540" /></a></p>
<p>A la caída del sol todas las ciudades parecen maravillosas, pero unas más que otras. Los relieves se vuelven más suaves, las columnas más rotundas, los capiteles más ensortijados, las cornisas más resueltas, las espiras más rígidas, los nichos más hondos, los discípulos tienen más pliegues, los ángeles van por el aire. En las calles oscurece, pero todavía es de día para la Fondamenta y para ese gigantesco espejo líquido donde botes a motor, vaporetti, góndolas, esquifes y barcazas, «como zapatos viejos desparramados», pisotean con celo fachadas barrocas y góticas, sin omitir la suya ni tampoco el reflejo de una nube que pasa.</p>
<p style="text-align: right;">[Brodsky, 1993: 72-73]
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta noche, los jardines erigen sus enormes y penumbrosas plantas, que parecen campamentos nómadas en el corazón de una ciudad. Unos cuchichean y otros fuman en silencio sus pipas, mientras que otros no caben en sí de amor. Los hay que acarician las blancas murallas, los hay que se acodan en la necedad de las cercas en tanto que las mariposas nocturnas revolotean entre sus capuchinas. Hay un jardín que es un adivino que te echa la buenaventura; otro es un vendedor de alfombras. Conozco las profesiones de todos: cantante callejero, pesador de oro, ladrón de praderas, saqueador, piloto en el mar de los Sargazos, tú, marino de aguas dulces, tú, tragador de fuego, y tú, tú y tú, vosotros, vendedores ambulantes de besos, charlatanes y astrólogos, con vuestras manos llenas de falsos presentes, imágenes de la locura humana, jardines de musgo y de mica. Todos reflejan las vastas tierras sentimentales por donde deambulan los salvajes sueños de los urbanitas.</p>
<p style="text-align: right;">[Aragon, 2016]
<p>&nbsp;</p>
<p>La enorme ciudad se extiende en el paisaje como los restos de una gigantesca catástrofe caídos en los bosques en un orden azaroso; y una niebla surge de ella, como si todo eso no hubiera pasado hace mucho tiempo.</p>
<p style="text-align: right;">[Handke, 2019: 221]
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		<title>Risa al fin</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2020 16:59:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Milagros Abalo Cuántas veces se acaba el mundo sin que se acabe en realidad. Cuántas fechas quemadas, cuántas ceremonias en vano, cuántos túneles, cuevas, sectas, cuántas muertes antes de la gran muerte. El fin del mundo existe en la imaginación, nunca llegaremos a enterarnos de él, porque no hay fecha ni hora ni día señalado, salvo para Hollywood, ese [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;">por Milagros Abalo</h6>
<p>Cuántas veces se acaba el mundo sin que se acabe en realidad. Cuántas fechas quemadas, cuántas ceremonias en vano, cuántos túneles, cuevas, sectas, cuántas muertes antes de la gran muerte. El fin del mundo existe en la imaginación, nunca llegaremos a enterarnos de él, porque no hay fecha ni hora ni día señalado, salvo para Hollywood, ese gran creador de fin de mundos. Si el fin ha de ser, no alcanzaremos a decir ni pío, todos/as por igual, lo que es un gran alivio. Nada en realidad sabemos del mundo; apenas suponemos su comienzo, menos su final y ante tal incertidumbre creo que el mundo empieza a terminar el mismo día en que se nace. “El fin es el comienzo que nace sabiendo”, escribió William Burroughs. Desde entonces se acaba siempre y en cada uno de sus desconocidos movimientos, vive agonizando y la posibilidad del fin siempre está, aunque no debe vivirse como una desdicha sino como la condición intrínseca de estar acá, en el mundo.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2020/03/r2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1487" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2020/03/r2.jpg" alt="r2" width="400" height="276" /></a></p>
<p>Cuántas veces no se ha acabado ya el mundo en Auschwitz, en Dachau, en Treblinka, en Hiroshima, en Nagasaki, en Chernóbil; En Pisagua, en Villa Grimaldi, en Colonia Dignidad, por nombrar algunos de los lugares donde se le ha puesto fin. En la soledad de esos nichos oscuros que las manos de los hombres han creado y cavado. ¿Ya no vivieron el fin del mundo esos corazones que han sido protagonistas y testigos de tanto horror y sobrevivieron quedando rotos para siempre, endurecidos para siempre? Con qué palabras se sigue, con qué imágenes, con qué idea del hambre, del hombre, ya lo decía Sor Juana: “Hombres, si es que así se os puede llamar, siendo tan brutos”. Cuántas veces se puede acabar el mundo y volver a empezar. Se desenfoca su imagen. Desaparecen imágenes y aparecen otras. El fin del mundo es olvido.</p>
<p>“Hoy se habla del fin del mundo”, le comentaron en una entrevista del año 88 a la poeta uruguaya Marosa Di Giorgio y ella respondió: “Tonterías del hombre, tonterías que nunca se van a dar. Desde las cavernas, la humanidad está siguiendo un camino que no se va a cortar porque el hombre quiera. Vamos portando en algo”. Cerró con esa frase: “vamos portando en algo”. Por qué entonces tendríamos que ser nosotros los protagonistas de un fin que se ha pensado desde siempre. Cíclicamente.</p>
<p>El mundo que habitamos y pisamos vive muriéndose, nuestros pasos solo hunden más la tierra de esa tumba. En la gran tumba del fin no habrá flores. La sequía es quizás el comienzo de nuestro fin, pequeño agricultor, pequeño ganadero: rogativas por el agua. No más pinos. No más eucaliptus. Un grafitti en el Paseo Ahumada habla por nosotros: “No es sequía, es saqueo”. Nos ahogaremos en tierra seca, en polvo. Nada crece, los perros aúllan y el crujido de los árboles es un monótono y marchito lamento, el de una naturaleza ya sin tiempo y envenenada por la humanidad. La tierra está cansada y nerviosa ante tal depredación. Mira cómo arde la tierra, las llamas son tan grandes que el humo se puede ver desde el espacio. A propósito, unas líneas que Mark Fisher escribió: “El mundo no termina con un golpe seco: más bien se va extinguiendo, se desmembra gradualmente, se desliza en un cataclismo lento”. Dejémosla un rato que respire.</p>
<blockquote>
<h2><em>«No importan los finales, nunca han importado, igual que en los libros lo que importa es cómo imaginamos el camino recorrido.»</em></h2>
</blockquote>
<p>Ni entierros, ni sepultureros, ni ritos, ni rezos, ni rosas, ni voces, ni fotos, ni música, ni palabras, ni los huesos tendrán un destino, ni las estrellas guiarán a nadie, ni habrá antepasados a los que saludar; un velo negro cubrirá al mundo y no habrá alma que añore volver a su cuerpo. El infierno sería volver a la luz de cuatro soles que giran sobre las líneas punteadas de un mapa llamado mundo. ¿Y qué puedes decir de las afueras del mundo?</p>
<p>Tantas creencias, tantos malos entendidos, tantas preguntas: ¿Dios muere con el mundo? ¿Cuál de todos tus dioses? Tantos finales para tantos mundos ¿de qué mundo hablamos? ¿de esa pelota que gira en la antigua mesa del profesor? ¿El mundo que yo veo es el mismo que tú ves? A qué mundo le ponemos fin, ¿al tuyo o al mío? ¿bajo qué imágenes de qué pantallas vacías? Cada uno es su propio y pequeño mundo, un mundo que entra en contacto con otros mundos y que se acaba cuando ese cada uno se acaba, se acaba con sus palabras, las mismas que lo crearon. Se acaba con los ojos que lo vieron nacer y que luego se cierran. “Se anularán súbitamente las miles de palabras que han servido para nombrar las cosas, las caras de las personas, los actos y los sentimientos, que han ordenado el mundo, que han hecho latir el corazón y humedecer el sexo” escribió la autora francesa Annie Ernaux. Son tantas las formas de final como imaginaciones concibiendo ese final. No importan los finales, nunca han importado, igual que en los libros lo que importa es cómo imaginamos el camino recorrido. Un final puede pensarse como un comienzo, como la posibilidad de concebir las cosas desde otro lugar, un nuevo lugar, un nuevo mundo. Los finales obligan a moverse, a espabilar, activan nuevamente los cauces de la vida, sin esperar que amanezca.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2020/03/r1.jpg"><img class=" size-full wp-image-1488 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2020/03/r1.jpg" alt="r1" width="250" height="169" /></a>Habría que imaginar más seguido que todo se acaba, que todo se desmorona, quizás entonces se vuelvan a abrir las preguntas que estaban cerradas bajo siete llaves de preceptos, de ideologías. ¿Quién dijo verdad? ¿Cómo lo dijo? ¿A quiénes? Lo que llaman <em>verdad </em>tendrá que hacer ayuno en la boca de los artistas que crearán con autenticidad, y con la exigencia de lo último, así de paso nos ahorramos tanta vana parafernalia.</p>
<p>Pensar en el fin ayuda a vivir más despojado del presente del mundo y de su ser contrariado, con el Yo a suficiente distancia para no marearse. La risa como sinónimo de alegría es un Rize contra la idea de fin, un gesto de resistencia, un contraveneno. La risa es desapego y hace más llevadero el peso de tener que lidiar todos los días con esta certeza, la única por cierto. Es pequeña nuestra humanidad, pequeño el paso por aquí y todavía creer que el futuro existe nos hace aún más pequeños. Frente a esa mezcla de inocencia y arrogancia, la risa otra vez, como el soporte para esta gran rueda que gira destemplada y caótica y ruidosa y en la que a cada uno le toca su vuelta o hasta por ahí nomás. El mundo gira pese a todo, pese a nosotros, y no queda otra que acoplarse con la mayor alegría a ese movimiento. La risa es un alma entregada, no puede ni debe pasar desapercibida, es acercamiento, serenidad, es interior en un mundo afanado por el afuera del <em>like</em>, es alegre humildad cuando las coordenadas de lo humano se pierden y caen al vacío. “En el último suspiro de alegría otra alegría”, escribió Clarice Lispector. La risa abre, libera, respira. En fin.</p>
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