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	<title>MEDIO RURAL &#187; Destacados</title>
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		<title>Una voz cambiante</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:08:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
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		<description><![CDATA[Por Catalina Porzio &#160; El mar nunca duerme. Lo oímos siempre, de día, de noche, durante años y decenios; sabemos que ya lo oían hace siglos. Elias Canetti &#160;                                                                [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Catalina Porzio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">El mar nunca duerme. Lo oímos siempre, de día, de noche, durante años y decenios; sabemos que ya lo oían hace siglos.</p>
<p style="text-align: right;">Elias Canetti</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: center;"> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/playa.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1768" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/playa-1024x679.jpg" alt="playa" width="676" height="448" /></a>                                                                                                                                                                                                                             © Nía Diedla</h6>
<p>Son incontables las ciudades ―los pueblos― que poseen, en calidad de fuente, una masa de agua primordial que las organiza y las identifica. Es una masa anterior a todas las formas, que sin embargo es lucida con misterioso orgullo, al punto de que las líneas del mapa admiten muchas veces ser desdibujadas si lo que está a una o dos regiones de distancia es una playa o un río cordillerano.</p>
<p>De esas masas de agua que imprimen un estilo a los pueblos, hay una que enciende un ánimo aristocrático, marcado por cierto desdén o indiferencia. Es el ánimo de quienes tienen a sus pies el paisaje más deseado de todos: el mar, que provoca una curiosa torsión del espíritu en quienes lo enfrentan a diario, no en quienes lo visitan. Es la razón por la que estas ciudades llevan la delantera en la lista de los anhelos, pues la presencia del mar asegura placeres contemplativos (debe ser la vista más elogiada y reproducida de la historia) y enciende a la vez la promesa de un balneario (esa idea alocada, festiva e inocente que creyó que el paraíso era fácil de imitar).<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a> Las siguen de cerca aquellas otras ciudades que se inscriben en las inmediaciones de un lago, cuya quietud invariable le da al agua una cuota de discreción, la melancolía de las aguas dormidas, o en algún río extraviado en la periferia, que obliga a emprender siempre alguna excursión. Por supuesto, entremedio se disputa una larga nómina de formas del agua —naturales y artificiales— que proyectan la trama de un paisaje singular hecho de capas microscópicas y cicatrices que ocultan un sinfín de datos históricos.</p>
<p>Hay ciudades que a falta de mar —a falta de lagos, de ríos— improvisan sus playas en torno a esta ausencia montando y desmontando el liviano ajuar de utensilios que cada uno lleva consigo en superficies inesperadas. Así, por ejemplo, la sinuosidad de la arena es reemplazada por el verde macheteado de una plaza central inundada de bañistas que se asolean despreocupados en medio del tráfago y el cemento, como si fuesen los muros de un gran patio trasero. Esta escena pertenece a un tipo de imagen veraniega que he visto circular en álbumes de viajes y que descargo sin permiso, solo por el gusto de mirarlas, como parte de un archivo personal e inconducente que alimento y pierdo en la misma nube. Inversiones delirantes del espacio público donde coinciden un rasgo paródico de la playa y una chispa creativa en el modo de sustituirla. Por alguna razón me recuerdan las fotografías y el humor de Martin Parr, maestro en señalar los pequeños desajustes de la vida cotidiana y la rareza que supuran ciertos comportamientos naturalizados. Estoy segura de que alguna toma de estas playas hechizas sabría colarse con delicadeza en una exposición suya sin miedo a desentonar.</p>
<p>Mariano Llinás, en su documental <em>Balnearios</em> (2001), perfila con agudeza otra cara de estos paisajes improvisados al descubrir, con el asombro de quien asiste a un panorama infernal, la extravagancia que alcanzan los balnearios en la provincia argentina. Lejos del culto al mar, entre escaleras, puentes y muros desmembrados que subsisten de tiempos inmemoriales, rodeados por aguas barrosas y turbias, los bañistas chapotean con algarabía para luego desparramar la humedad de sus carnes sobre rocas calientes o sobre el cemento que campea en lugar de la arena. Si para Llinás —según nos cuenta la voz en <em>off</em> que prologa su film— en la esencia de los balnearios reside un impulso animal por estar cerca del agua, como un juego de niños, estas escenas un tanto marginales que su película muestra, alejadas del más mínimo glamour, tienen algo genuino e irreductible: se trata de cuerpos, se trata del agua y del sol. No hace falta nada más: la felicidad es un hecho modesto.</p>
<p>Que un balneario siempre conduzca en algún punto a la infancia, como propone Llinás, no es una idea descabellada, sino un tópico que ha sido rozado con frecuencia en la literatura. Claudio Magris, entre los innumerables y bellos escritos dedicados al influjo de las aguas, anota: «El mar es una infancia individual y coral, que a menudo muchos olvidan, igual que se olvida la infancia, entregándose de ese modo a la muerte».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a> Si bien olvidamos nuestro pasado de aguas oscuras sumidos en la tibieza del útero materno, el recuerdo del primer encuentro con el mar se aferra a la memoria con la potencia de un ritual de iniciación. Aprendemos a nadar antes que a caminar, pero habituados a la pérdida de ese conocimiento primitivo, nos enfrentamos con total inocencia a la vastedad sin precedentes que es el mar, ignorando que al menor descuido es capaz de arrebatar nuestros objetos y, peor aún, el aire, el suelo y en ocasiones más dramáticas también la vida. Quién no ha experimentado el temor de morir al caer de improviso en la hondura de un pozón, atrapado en un remolino o abatido por el cachetazo de una ola para salir jadeando con el pelo revuelto y el traje de baño corrido, llevando una penosa carga de barro en algún pliegue de la tela; confundidos y humillados a pesar del triunfo de haber sobrevivido a esa lucha inesperada y desigual que nos hizo perder la noción del tiempo, la luz sobre las cosas que nos recibe de vuelta tiene otro brillo. Ese aprendizaje que se da con naturalidad en quienes pasan su infancia cerca del mar, tiene un impacto profundo en aquellos que lo conocen tarde en la vida. Así le pasó a Rogelio, protagonista de la novela <em>El pasaje </em>(1989), de Adolfo Couve. Un niño melancólico que transita hacia la adolescencia entre las paredes del largo y angosto pasaje donde habita, cuyo mundo de escenas triviales se fuga hacia contextos lejanos impresos en su colección de estampitas. Asediado por las intrigas y los cotorreos de mujeres viejas, un lenguaje tan ajeno como esas vistas que atesora, recibe una invitación a la playa (es el gran exterior, la respiración de la novela) y por primera vez frente al mar, embelesado por la curvatura del horizonte que imaginaba recto, el nivel indescriptible de su emoción queda sellado en una pequeña embarcación que se desdibuja en el contorno de una lágrima.</p>
<p>Una exploración de lo que vengo mencionando se pudo ver hace poco, justo durante el verano santiaguino, en la ópera lituana <em>Sun &amp; Sea</em>, cuya escenografía reproduce con asombrosa fidelidad un paisaje extraviado, fuera de lugar: a lo largo del hall del Centro Cultural La Moneda, bajo la luz de un sol artificial, se desplegaba una playa arquetípica. Es decir, una playa cualquiera que es todas las playas y ninguna en particular, un revoltijo acalorado de objetos evanescentes (pareos, toallas, reposeras, chucherías de plástico) y cuerpos ligeramente vestidos entregados con desparpajo a los brazos de una ilusión revestida de arena. El ejercicio de recorte tiene la eficacia de una biopsia. Este conjunto de escenas eran observadas a distancia por los espectadores desde una vista cenital bastante voyeur. Según veo en la secuencia de un breve registro que quedó de esta obra, se asemejaría a mirar en tres dimensiones uno de esos cuadros costumbristas pintados por Brueghel el Viejo, donde la vida en común es la suma de múltiples y pequeñas escenas hablando a la vez.</p>
<p>¿Pero es el mar un paisaje? Alguien me lanzó esta pregunta apoyado en una vaga idea atribuida a Baudelaire —tomada de algún poema, no estaba seguro—, pero la duda desató consecuencias embriagadoras. Entonces, un poco ansiosa y bastante desorientada, tomé una edición de <em>Las flores del mal</em> (2003) y me puse a hojearla, esperando a que el libro se manifestara. Y digamos que lo hizo. Nada tardaron en aparecer estos versos que recibí como pistas de lo que creía andar buscando: «Hombre de trabas libre, ¡siempre querrás al mar! / Ese mar es tu espejo; es tu alma a quien ves / en el despliegue eterno del vaivén de sus olas; / no es tu espíritu abismo con menos amargura».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bien me parece excesivo desechar del mar su condición de paisaje, sin duda su presencia, conmovedora e inexplicable, que atrae y que atemoriza, que acaricia y azota, está por encima de un fin recreativo. No es algo que se halle fuera de nosotros para ser contemplado, es algo que está profundamente imbricado en nuestros procesos más íntimos. Ante el mar se corre el riesgo de perder la alteridad porque ambos abismos —océano y espíritu— se confunden. El agua es anónima, dice Bachelard, y tal vez por eso, porque no es de nadie y es de todos al mismo tiempo, es que el mar puede modelarse tantas veces como siglos lo han imaginado, o es capaz de atrapar y devolver una imagen al modo de un espejo.</p>
<p>A diferencia del río, que arrastra los cuerpos hacia puntos lejanos; el mar, no menos despiadado, se toma la molestia de restituir lo que arrebata, a veces socavando las formas hasta hacerlas irreconocibles. La espera de este gesto compasivo concedido al mar tiene muchas aristas: hay quienes se extinguen en la vana esperanza de recuperar un cuerpo perdido; como hay otros, pacientes recolectores, que subsisten a costa de esas entregas (juntando algas o reciclando piezas inverosímiles); y niñas que llenan sus baldes de conchitas para decorar castillos o elaborar collares. Todo es posible al mismo tiempo. En <em>Tierra sola</em> (2017), documental de Tiziana Panizza sobre Isla de Pascua, la zona más solitaria de la Tierra, «una casualidad del océano Pacífico», alguien piensa: si los cuatro mil kilómetros de mar que separan a la isla de tierra americana fuesen verticales, no habría manera de escapar de este encierro. En ese presidio involuntario, la actividad de los domingos es salir a buscar los tesoros que el mar trae de vuelta: pedazos de soga y restos de redes anudadas que guardan noticias de una actividad ejercida mar adentro, en una zona que la mirada no alcanza a testificar.</p>
<p>Ese abismo insondable que Baudelaire señala me lleva a pensar en dos lienzos de Caspar David Friedrich —pintor de la angustia, incluso a través de pobres reproducciones y al margen de las teorías de lo sublime—, cuyo género se identifica en los catálogos como «pintura de paisaje». Cierto, pero se trata de un paisaje ambiguo, que difumina los bordes entre lo que pasa adentro y lo que está afuera del sujeto. Es la proyección de un estado de ánimo. En <em>El caminante sobre un mar de nubes</em> (1818), un hombre de espaldas, parado en la punta de un roquerío, se enfrenta a la furia de las olas que estallan contra las piedras señalando el final de un camino. El mar parece el volcamiento de un tormentoso panorama interior, propio del héroe romántico, al que asistimos como espectadores en segundo plano (es la <em>antiselfie</em>; lo contrario del rostro ausente de cualquier entorno que lo enmarque). Por otro lado, en <em>Monje en la orilla del mar</em> (1808-1810), no hay nada de la furia anterior, el grito de las olas es engullido por un silencio sepulcral propio de la meditación. El cuerpo del monje es apenas una muesca en el paisaje, no tiene definición ni identidad, su existencia sucumbe ante la inmensidad de la naturaleza. Desaparecer en el agua profunda o en un horizonte lejano y asociarse a la infinitud, apunta Bachelard, es el destino humano que busca su imagen en el destino de las aguas.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a></p>
<p>Recuerdo un verano cuando el mayor de mis hijos, que entonces daba sus primeros pasos, sin que nadie lo notara se fue tambaleando por la arena en dirección al agua. Al percatarme de su ausencia, vi su cuerpo diminuto e impasible enfrentado al horizonte, que nunca me pareció tan enorme y tan lejano, con las olas lamiéndole los pies. Quedé paralizada ante esa réplica involuntaria del cuadro de Friedrich. Parecía una especie de <em>tableau vivant</em>, la práctica de imitar pinturas que cobró tantos adeptos durante el encierro en pandemia. Supongo que algo había que inmortalizar en aquellas circunstancias sombrías.</p>
<p>Tengo la impresión de que este sentimiento agorafóbico se da ante cualquier espacio que exceda la escala humana. Si bien no es igual estar en medio de una enorme catedral amenazados por el grueso espesor de la penumbra que nos separa del cielo, que ante la blanca magnitud de ese vacío inconmensurable que estampa un campo de hielo, en ambos casos ocurre el mismo sobrecogimiento, esa especie de parálisis.</p>
<p>La confusión entre paisaje y estado de ánimo no quedó abandonada en el romanticismo alemán, es también un asunto contemporáneo que palpita, por ejemplo, en la obra de la pintora británica Celia Paul. Tras la muerte de su madre, Paul comenzó a pintar el agua —y sobre todo el mar— impulsada por la fuerza de una insistencia vital. Buscaba en las formas de esa materia un vínculo profundo con la disposición de su propia tristeza. «Ojalá un día deje de pintar aguas», le confiesa a Gwen John, otra pintora —muerta veinte años antes de que ella naciera— con la que se identifica y a cuyo fantasma le dedica una larga correspondencia imaginaria.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a></p>
<p>El agua, para Paul, más que un motivo tomado de la naturaleza representa un modo de impermanencia que, en clave autobiográfica, se asemeja al proceso de su duelo: «Para mí un solo tema tenía sentido: el agua. El tiempo mismo era, como el agua, una corriente poderosa que se había llevado a mi madre y me arrastraba para el mismo lado. En esa idea encontraba un poco de consuelo».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a></p>
<p>Así, los estudios sistemáticos que realizó sobre el comportamiento de las aguas, abrían un diálogo donde las imágenes que observaba se igualaban a la materia de sus emociones; en las transformaciones del oleaje ve el presente escurridizo; en la persistencia del agua, la valentía y resistencia de su madre; en las lluvias torrenciales, la pena que no se puede contener. Y la comparación continúa en un inagotable juego de asociaciones.</p>
<p>El género en que Celia Paul destaca es el retrato. Son retratos de personas a las que ella conoce bien, como su madre o sus hermanas. Sus modelos nunca son extraños, y casi siempre son los mismos. Sabemos que un rostro, como un mar, puede ser pintado de mil maneras. Pintar y modelar son intercambios delicados; quien pinta captura, y quien modela se expone de manera brutal. No solo exhibe su cuerpo, se está dejando robar. Estas exploraciones de la intimidad entre ambas partes organizan el aire contenido en los cuadros de Paul. A ese conjunto de piezas familiares que son variaciones de unos pocos objetos pertenecen las pinturas del mar. El mar pintado por ella es tan biográfico como sus modelos: Lee Abbey, Walberswick, East Anglia, Suffolk… pueblos que habitó y cuyos mares, de tanto observarlos, se volvieron íntimos: «Las pinturas del mar no son de ningún mar en particular, sino una especie de sueño».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> Más que pintura de paisaje, el mar, casi siempre en un plano cerrado del oleaje, exhibe su temperamento a través de los infinitos matices que se permite para travestirse de sí mismo. En esos mares, como en los rostros, se imprime la marca del tiempo.</p>
<p>Si tipeamos en Google las palabras «celia paul <em>sea</em>», de inmediato aparece un mosaico de pequeñas imágenes recortadas que remiten a diversas publicaciones, pero antes de pincharlas y entrar en alguna de ellas, es interesante el conjunto arbitrario que arman esos trozos yuxtapuestos, tan cerca unos de otros, apenas separados por una fina retícula: una especie de <em>patchwork</em> (qué palabra más fea), que muestra todas sus caras a la vez, quizá porque el mar tiene muchas voces que a menudo se escuchan juntas.</p>
<p>Cien años antes, en las inmediaciones de San Remo, el mar era descrito con la misma insistencia y precisión por medio de sutiles variaciones. Copaban los cuadernos de Katherine Mansfield, quien pasaba el período más doloroso y solitario de su vida recluida por consejo médico en la Casetta Deerholm, en Ospedaletti. Ese año fue diagnosticada de tuberculosis, considerada durante mucho tiempo una enfermedad del alma por estar alojada en la parte superior del cuerpo. A partir del siglo xix, los románticos, quienes se encargaron de ensalzarla, le dieron un giro igual de eufemístico, atribuyéndole su causa al amor, a un exceso de pasión. De cualquier modo, para los pacientes su tratamiento implicaba constantes desplazamientos a lugares de clima favorable, una forma de exilio, tal como lo es también la locura.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> En 1919, Katherine Mansfield experimentó esas dos formas del exilio: aislamiento y delirio. Exhausta de padecer los agudos dolores que perturbaban sus hábitos, incapaz de escribir, dedicaba mucho tiempo a observar y escuchar el mar, suscitando percepciones que empezaron a multiplicarse en palabras y fórmulas que aludían a la apariencia de las aguas (texturas, colores y formas) y otras que le atribuían rasgos humanos más bien tenebrosos, que empezaban a colarse en sus sueños y a irrumpir en alucinaciones que la poseían.</p>
<p>Entre los apuntes de sus cuadernos, compilados y seleccionados por su viudo y albacea en una edición, quizá tendenciosa, llamada <em>Diarios (1918-1922) </em>(2022), a medida que avanza su malestar, las anotaciones que remiten al mar son cada vez más rotundas y se suceden con menores intervalos: «A veces somos arrojados fuera de la vida, después es como si nos sostuvieran en ese vacío por un momento, y luego caemos otra vez contra las rocas, resplandecientes, rotos y rutilantes, de nuevo arrojados y mezclados con el ir y venir de la marea».<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> El mar es cuerpo vivo, imagen y metáfora. A ratos la aquieta, la arrulla y luego la sacude, se le vuelve en contra: gruñe, bulle, grita, ruge, devora el aire.</p>
<p>Que el agua devore el aire no es un simple delirio, pues coincide con una creencia caprichosa de la época. En su ensayo <em>La enfermedad y sus metáforas </em>(1980), Susan Sontag cuenta que, entre otras supersticiones, la tuberculosis era considerada una enfermedad de líquidos (flema, mucosidad y sangre), una enfermedad húmeda; es decir, el interior del cuerpo se había mojado y había que secarlo (de ahí la terapia de los traslados hacia lugares secos). En buenas cuentas, lo que Katherine Mansfield testimonia en su diario es la angustia de su propio sofoco: los pulmones se le llenaban de agua y le quitaban el aliento, la vida: «Tengo tuberculosis. Todavía hay una buena cantidad de agua (y dolor) en mi pulmón enfermo. Pero no me importa».<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup><sup>[10]</sup></sup></a> No es fácil admitir la veracidad de esa declaración indolente.</p>
<p>Si el hecho de haber crecido junto al mar, o habitarlo circunstancialmente, hace una diferencia, tal vez Celia Paul nunca hubiese pintado esos paisajes que le ayudaron a procesar la muerte de su madre —al menos así lo intuye mirando su vida en retrospectiva―. Si en ella la cercanía del mar logró transferir esa impronta biográfica, este tipo de vínculo, en la experiencia de Orhan Pamuk, además de delinear los trazos de una vida surte un efecto de mayor alcance, pues el agua, puntualmente el Bósforo (en turco «garganta», significado que en Pamuk se mezcla con la idea de «tomar aire», salud y cura), trama el destino de un pueblo entero. El libro magistral que dedica a Estambul es un acto de amor: la ciudad es tratada como un cuerpo que, aun aprendido de memoria, conserva su misterio sin dejar de ser deseado.</p>
<p>Pamuk es de los pocos escritores que abordan una ciudad en la que se ha permanecido toda la vida: «Cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que mantiene todo unido».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup><sup>[11]</sup></sup></a> La ciudad que forjó su carácter acontece como palimpsesto: una sobreposición de capas que ocultan sin suprimir las huellas. Esa densidad, le parece, hace verosímil la posibilidad de encontrarse por ahí, en cualquier esquina de Estambul, con los fantasmas que transitan su memoria. A diferencia del viajero que se encandila ante un hallazgo, Pamuk y Estambul son viejos huesos de un mismo animal. A sus ojos, el Bósforo implica un estado singular del ánimo, la amargura, sentimiento en el que viven inmersas millones de personas que habitaron en todos los tiempos. Un punto de encuentro entre los vivos y los muertos. La emoción que lo impregna todo, donde sea que se mire, para Pamuk equivale a la bruma que se desplaza como una masa lenta sobre las aguas del Bósforo en las frías noches de invierno cuando de repente sale el sol. Imagen que encadena, en otra parte del libro de manera conmovedora, al trasladar el sentimiento que evoca la disipación de la bruma nocturna al vapor que se acumula en una ventana bajo la que hierve una tetera un día de invierno, cuyo vaho interviene dibujando o escribiendo, como hacen los niños, sobre el cristal, alejando con ello la pena.</p>
<p>La delicadeza de este cruce que arma Pamuk con tan pocos elementos, resulta fascinante por la fidelidad que confiere a determinada materia de contener una atmósfera: el agua en estado de bruma o vaho. Es decir, en sus pequeñas partículas, impregnadas del sentimiento colectivo dado por el Bósforo, el estado de ánimo general se cuela en una escena interior, cargada de intimidad.</p>
<p>Asimismo Canetti —que vivió en demasiadas ciudades, pero nació a orillas de un río—, en su monumental ensayo <em>Masa y poder</em> (2005), dedica numerosas páginas a escudriñar en las caras y el comportamiento del agua, desde la conmiseración que inspiran las gotas, trágicamente aisladas como los hombres, a su forma más inmensa y plagada de atributos, pues lo engloba todo y nada puede colmarlo. El mar, dice Canetti, no tiene límites internos ni divisiones territoriales, y su idioma es uno solo del que nadie puede ser excluido.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup><sup>[12]</sup></sup></a> Pero a la vez el mar tiene una voz cambiante que, al igual que sus olas, nunca son las mismas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a> Llinás en <em>Balnearios</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a> Claudio Magris, Revista <em>Granta </em>17/4, 2026, p. 17.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> Charles Baudelaire, «El hombre y el mar» (Trad. Enrique López Castellón).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a> Gaston Bachelard, <em>El agua y los sueños</em> (México: FCE, 1978, 25).</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a> Celia Paul, <em>Cartas a Gwen John</em> (Buenos Aires: Chai, 2023).</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a> Celia Paul, <em>Autorretrato</em> (Buenos Aires: Chai, 2021, 194).</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> Celia Paul de internet.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> Susan Sontag, <em>La enfermedad y sus metáforas</em> (Buenos Aires: Debolsillo, 2012, 46).</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> Katherine Mansfield, <em>Diarios (1918-1922)</em> (Buenos Aires: Chai, 2022, 195).</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup><sup>[10]</sup></sup></a> Ibid, p. 163.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup><sup>[11]</sup></sup></a> Orhan Pamuk, <em>Estambul</em> (Bogotá: Debolsillo, 2007, 132).</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup><sup>[12]</sup></sup></a> Elias Canetti, <em>Masa y poder</em> (Barcelona: Debolsillo, 2005, 158).</p>
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		<title>G. Bastías frente a T. S. Eliot: elucubraciones terrígenas</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:06:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por  Jonnathan Opazo     Tierra en trance, tierra pobre, tierra invisible, tierra baldía o yerma, tierra de tradiciones, tierra y libertad, la tierra es de quien la trabaja, tierra para los pobres, trágame tierra, tierra privada, planeta tierra, defensa de la tierra, tierra en los ojos, comer tierra hasta morir ahogado, tierra sobre la tumba, comprar tierra, terraformar, terrícola, terrígena, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por  Jonnathan Opazo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Tierra en trance, tierra pobre, tierra invisible, tierra baldía o yerma, tierra de tradiciones, tierra y libertad, la tierra es de quien la trabaja, tierra para los pobres, <em>trágame tierra</em>, tierra privada, planeta tierra, defensa de la tierra, tierra en los ojos, comer tierra hasta morir ahogado, tierra sobre la tumba, comprar tierra, terraformar, terrícola, terrígena, terrateniente, terremoto, terra australis, terreno, territorio: parece que una parte de la sensibilidad de fin y comienzo de siglo puede guarecerse tranquila bajo el amplio paraguas cronotópico de la Tierra. Ora como vindicación de un origen y arraigo común que deviene relato sobre sangres privilegiadas para orientar el correcto rumbo de la historia ―no en balde el término <em>kultur </em>gozó de buena salud en lengua teutona—; ora como divisa susceptible de acumulación concreta y abstracta para la fundación de una clase, bien descrita por Marx en esa historia del expolio que es la tesis sobre la acumulación originaria en <em>El Capital</em>; ora como fuente de alimento y su consiguiente relación entre tierra y cultura, cultivo, abono, etcétera; y así. Historiadores, geógrafos, poetas, filósofos y narradores dicen tierra y dicen una o diez cosas al mismo tiempo.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/borrosa.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1772" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/borrosa-983x1024.jpg" alt="borrosa" width="676" height="704" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;">                                                                                                                                                                                                             © Elde Gelos</h6>
<p>Raymond Williams, faro insigne en estos mares semiológicos, dedicó horas de su valioso y militante trabajo en el planeta (¡tierra!) a examinar el modo en que la sensibilidad de su Inglaterra natal iba transformándose a medida que ese enorme tábano llamado capitalismo crecía, expropiaciones e industrialización mediante. Su pesquisa, por cierto, es una aventura intelectual de fuste y también, en un doble movimiento, un ejercicio de exploración biográfica. «De modo que, antes de entrar en materia ―escribe en el primer capítulo de <em>El campo y la ciudad</em>—, diré inmediatamente que, para mí, la vida campestre tiene muchas significaciones. Son los olmos, la flor de espino y el caballo blanco que veo ahora en el prado, a través de la ventana junto a la cual estoy escribiendo». Y continúa con una larga lista de objetos que, diría Jane Bennett, aparecen ante su mirada con una vibrante vitalidad.</p>
<p>Williams sabe muy bien que la vida en el <em>campo</em>, término profusamente polisémico aunque distinto de su par <em>la ciudad</em>, está en permanente transformación: es, si nos permiten la figura, como el Jano de la mitología romana. El bien absoluto y el mal rotundo, el lugar de retiro y el miasma donde la vida queda estanca para pudrirse. Caluga y menta. Dios y el diablo. Es en una pequeña cabaña rural donde los personajes de <em>Antichrist </em>del filonazi Von Trier pierden la cabeza, ven zorros que anuncian el triunfo del caos y terminan en un extraño festín que incluye mutilaciones genitales justificadas por el guion, para tomar prestada una expresión de Verdugo Mario. Es también en una zona rural de Inglaterra donde los protagonistas de <em>Straw Dogs </em>del buen Peckinpah sufren los estragos de compartir vecindad con individuos inmorales, licenciosos, jotes, intrínsecamente malos. Y podríamos continuar con una larga lista. Para Williams, todo es un problema de perspectiva. Cuenta Ray una breve experiencia de lectura: llegó a sus manos un libro cuya frase inicial, a la manera de los rotundos juicios de los consumidores de cocaína fabricada por Juan de Patmos, reza como sigue: «Un estilo de vida que llegó hasta nosotros desde los días de Virgilio súbitamente ha terminado».</p>
<p>Así tal cual.</p>
<p>El buen Ray duda y sube los conceptos a una cinta transportadora que comienza lentamente a retroceder desde los cincuenta del siglo pasado hasta el siglo diecinueve, luego el dieciocho y así. Cada época, con sus respectivas variaciones ornamentales al uso, ha expresado añoranzas o malestares vinculados a la vida en el medio rural. «La nostalgia, puede decirse, es universal y persistente; solo las nostalgias de los demás nos ofenden». La nostalgia, por cierto, también puede ser corrosiva: en la introducción de <em>El futuro de la nostalgia</em>, Svetlana Boym cuenta una historia que leyó en un periódico ruso. Trata de dos alemanes que vuelven nada menos que a Königsberg después de la caída del Muro. Al pasear por el pueblito donde Kant urdió un sistema filosófico que ha dado de comer a muchos doctorandos y docentes de filosofía, uno de ellos decidió mojarse la cara con las aguas del río Pregolya. «»Pobre río”, observaba el periodista ruso con sarcasmo. “Imagínense la cantidad de basura y de desechos tóxicos que se habían vertido en él […]”». Remata Boym: «El hombre añoraba el gesto ritual que señala el regreso al hogar en las películas y en los cuentos. Soñaba con satisfacer esa añoranza a través de la apropiación final. Poseído por la nostalgia, había olvidado el pasado real. La ilusión le había quemado la cara».</p>
<p>De alguna forma, Williams quiere advertirnos sobre los riesgos de querer mojarnos la cara con cualquier río: más de algún nostálgico encontró, en un paseo poblado de añoranza, condones usados y restos fecales en las aguas mansas del Loncomilla; pañales de guagua e innúmeros botellines vacíos de cerveza Sol en algún meandro del Río Claro; o, como en las playas de Rosabetty Muñoz, un mar que escupe plástico y medusas muertas. La nostalgia es un género literario que la historia material juzga con prudencia.</p>
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<p style="text-align: center;"><strong>* * *</strong></p>
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<p>Entonces habría que interrogar, a la luz de estas primeras desordenadas disquisiciones, qué hay en <em>The Waste Land </em>(1922) de T. S. Eliot y <em>El poema de las tierras pobres </em>(1924) de J. G. Bastías que permita obtener algo así como una imagen común del siglo en el que ambas aparecen, con apenas dos años de diferencia, en sus respectivos lindes geopolíticos, que no geopoéticos, ya que estamos. Intentar, si aquello merece la pena, indagar en torno a la posible imposibilidad de poner a un poeta campesino nacido a orillas del Maule junto a uno de los grandes poetas del siglo veinte; poeta, todo sea dicho en honor a la verdad, de profunda raigambre metropolitana. Un poeta completamente menor junto a un poeta absolutamente mayor, <em>clave cultural</em>, imprescindible, y todos aquellos adjetivos que ustedes juzguen pertinentes asignarle al buen Eliot, el de Misuri y no el de Nebraska ―el Eliot con dos ele y dos te―, el Smith, otro poeta del desamparo total.</p>
<p>Todo esto surge, cabe aclarar, como parte de una indagación, hasta ahora más o menos fructífera, en torno a la potencial riqueza de las imágenes (la fanopeia poundiana) encontradas en ciertos libros de poesía escritos en las últimas dos décadas. Imágenes que leo, eso apuesto, como escenas de un mundo que ―otra vez― parece caerse a pedazos. Cada cual, con sus respectivos procedimientos escriturales y un variopinto uso de figuras retóricas, tiene, digo yo, a la devastación ecológica como ruido de fondo. El capitalo-antropo-falo-etcétera-ceno como radiación de fondo de microondas. En medio del trabajo con esas lecturas, la acumulación de lomos sobre el escritorio, que siempre comporta una cuota importante de locura y diálogo de sordos, es que apareció la ocurrencia ―comentada vía whatsapp al editor de la revista que están leyendo, al pasar y sin mucha intención de ponerme serio―, de leer y pensar paralelamente en <em>The Poem of the Poor Lands</em> <em> </em>(1924) de J. G. Bastías y <em>The waste land </em>(1922) de T. S. Eliot como textos cuya estructura de sentimiento, para seguir con el bueno de Ray, parecen prefigurar los desmadres históricos que tienen lugar aquí, en el mundo material real, en el que también fueron escritas.</p>
<p>Por supuesto que ambos textos son radicalmente distintos en muchos aspectos y de seguro algún profesor de literatura juzgaría, con toda razón, la imperiosa necesidad de quitarnos de una vez y para siempre de esta clase de escarceos infértiles, yermos, baldíos: abrojos nacidos de las tierras pobres de un intelecto esquilmado por la confusión. Pero ya estamos.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Un viaje de ida, un viaje de vuelta. Eliot nace en los Estados Unidos de América. Estudia en Harvard y luego se marcha a Europa. Bastías, nace en Nirivilo y migra joven a Santiago. Eliot conocerá, en Inglaterra, a Ezra Pound, Virginia Woolf y James Joyce. En Santiago, según leemos en algunas crónicas de época, Bastías trabaja en pequeños periódicos y cruza su camino con algunos poetas de la época, lo publican en <em>Selva lírica</em> y pronto vuelve a vivir al campo. Eliot no abandonará el viejo mundo hasta su muerte. Ya lo dijimos: es un poeta estrictamente metropolitano. Ambas tierras llegan al mundo con dos años de diferencia: la <em>baldía</em> el 22, la <em>pobre</em> el 24. La primera aparece publicada en <em>The Criterion</em>. La segunda, bajo el sello Soc. Impr. y Lit. Universo, domiciliada en Agustinas 1250, Santiago de Chile. No sin justicia, el año de aparición de la tierra yerma de Eliot es consignado como el año maravilloso: Joyce publica el <em>Ulises</em>, Rilke sus <em>Elegías a Duino</em>, Mistral publica <em>Desolación</em>. El 24 (un año bisiesto comenzado en martes según el calendario gregoriano, Wikipedia <em>dixit</em>), Neruda publica <em>Veinte poemas de amor y una canción desesperada </em>y D’Halmar su <em>Pasión y muerte del Cura Deusto</em>. Ambos fenómenos literarios pueden ser leídos en términos escalares: uno que juega en las grandes ligas, otro que chutea en los pequeños campeonatos de la fértil provincia. Mientras que un verso de Eliot equivale al vaticinio del horror de la Segunda Guerra, los del campechano Bastías apenas alcanzan para los desastres ecológicos post ciclo triguero y explotación no planificada del roble maulino. Eliot, que podría haber cantado al Misisipi, prefiere el Támesis. Bastías, al Maule, cuyo cauce podría llenar las mismísimas cuencas del infierno según el Abate Molina, otro pionero de la <em>nature writing</em>. Volvemos a Williams: asunto de perspectivas; ángulos de mirada y lectura, procedimientos distintos para ingresar el campo literario por la puerta ancha o por la chimenea.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Cuestión, también, de tradiciones: a uno lo ampara el mito y la Gran Literatura; al otro, la leyenda popular, el murmullo de los vecinos. T. S., en su vasto catálogo de citas, incluye la Biblia, Dante, Shakespeare, Frazer. <em>The Waste Land</em> es una vitrina de citas y parafraseos, el fichero de un obsesivo y absolutamente mateo tesista de letras. <em>El poema de las tierras es pobres</em>, en cambio, tiene más bien la estructura de una novela terrígena: no sabemos si Bastías leía periódicos internacionales, pero su lamento pastoral coincide con ese otro gran desastre rural que fue el <em>Dust Bowl </em>en los llanos norteamericanos, inspirador en partes iguales de John Steinbeck y Woody Guthrie, y algo así como un primer aviso de las consecuencias de una mala gestión de la agricultura: ¿explotación de monocultivos sin barbechos? Tormenta de arena, sequía, infertilidad. El gesto de Eliot es un gesto urbano, moderno. Williams, luego de citar unos versos del buen T. S., escribe: «Esta es la ciudad de la muerte en vida […] Esta es la moderna tierra baldía y, a través de ella, una potente convención de la metáfora urbana que llega a ser casi un lugar común». El lugar común, el <em>commonplace for the common people</em>: la ciudad es humo, suciedad, impureza. Williams va más allá: «En sus últimos poemas, Eliot relacionó la pérdida de sentido que hay en la ciudad como la pérdida de Dios. Por implicación, o de manera abiertamente declarada, Eliot atribuye a las agrupaciones humanas del pasado una significación diferente, y los asentamientos rurales ―aislados y remotos, visitados desde la ciudad―adquieren, aunque solo sea por ausencia, una significación tradicional». La tierra yerma es la ciudad, la tierra pobre es el campo. En Bastías, a diferencia de Eliot, no hay figuración alguna de entidades metafísicas susceptibles de intelección teológica: pura sequía, la tierra no es pobre por alegoría ―parece decirnos el poema—sino más bien por razones estrictamente materiales: aunque J. G. probablemente no acusó recibo de las recepciones latinoamericanas del marxismo, algo hay en su lamento de pura constatación de un hecho material concreto: donde hubo huertos ahora hay carencia. Lo único fértil es la miseria y esa miseria es nueva. Todo: la sierra, el monte, el alcor, trae lamentos, llantos, gritos, horror. Eliot tenía fe. Bastías es el <em>no future: </em>para el primero, la ciudad es la mella que puede ser llenada en un cómodo retiro espiritual en parcela de agrado; en Bastías, en cambio, no hay salida: la ciudad ni siquiera existe como posibilidad. <em>This is the end. My only friend. The end. </em></p>
<p>* * *</p>
<p><em>Abril es el mes más cruel, hace brotar<br />
lilas en tierra muerta, mezcla</em><br />
sutil y extrañamente<br />
tengo el ánimo herido<br />
<em>memoria y deseo, remueve<br />
lentas raíces con lluvia primaveral.</em><br />
como si los dolores de otros hombres<br />
en mí se hubieran recogido.<br />
<em>El invierno nos tuvo cobijados, cubriendo<br />
de nieve olvidadiza la tierra, alimentando<br />
</em>La montaña que baja<br />
a bañarse en el río<br />
<em>Aquí no hay agua sólo roca<br />
roca y no agua por un camino arenoso</em><br />
Y es un grito profundo<br />
que se extiende a los lejos<br />
<em>serpenteante sobre las montañas<br />
que son montañas de roca sin aguas<br />
</em>que se oculta en las piedras<br />
y tiembla en los esteros</p>
<p style="text-align: center;"><strong>El poema de las tierras wasted – Jorge González Eliot, probablemente</strong></p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Cuando Eliot dice «tierra» dice «qué». Y «qué»,  Bastías cuando dice «tierra». Qué son <em>this lands</em>? Desde Inglaterra son <em>waste lands. </em>Desde la estación Infiernillo, pobres. Lo yermo, lo pobre. Alegoría, por un lado; por el otro, constatación material hecha novela de campesinos que caen presos, niños sin comida, casas cayéndose a pedazos antes que las sucesivas reformas y contrarreformas del agro, como las reformas constitucionales, precedieran esos movimientos pendulares de la Historia como lucha de clases con todas sus malditas complejidades: primero lo queremos todo, después convencen a una mayoría de ese nosotros que lo mejor es no quererlo todo, querer-la-nada, querer nada más lo que corresponde, y después de voltear la mesa mejor volverla donde mismito estaba y tejerle un chal para que pase piola el ánimo destituyente: que no sepan los patrones, ni los patrones de los patrones. Algo de aqueste queda dicho en el fragmento noventaisiete de <em>La novela terrígena</em> del ya citado, laureado, poeta y ensayista: «Iba para gobernador, o para capataz, o / más bien para agazaparse entre los / berenjenales de su lengua tatarita».</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Un último retorno a Williams, antes de cerrar este breve dislate: «Si el campo es el pasado y la ciudad es el futuro, quedamos en un presente indefinido». Si la nostalgia es peor que un brote de herpe zoster y el futuro no existe, ¿el presente qué? Es <em>wasted </em>y pobre: ni la ciudad ni el campo. O la ciudad y el campo, al mismo tiempo. Puerto Varas y Nueva York. Talca y China. El Maule y el Támesis. Puras dislocaciones escalares superponiéndose: jovencitos bailando ritmos coreanos frente al espejo de una intendencia en una ciudad agropolitana; un carro de comida rápida con dibujos del Chavo del Ocho en la playa Los Molinos; una casa de adobe que funciona como mall chino; Mehuín y Misisipi; Carahue es China, Jorge Teillier es Sergei Esenin: Enrique Lihn es Mayakovski; J. G. Bastías comparte pesadillas con J. G. Ballard; y así: un revoltijo que es puro movimiento, dislocación y apertura. Desplazamiento de signos para bien de nuestras centenarias neurosis patrióticas y republicanas: Moldavia es Osorno, Las Vegas es el mundo entero. Somos el peor país de Chile. Hay que ser absolutamente terrígeno. El desarreglo de los sentidos es el desarreglo de las escalas. Cuidado con el río radiactivo. Cuidado con el futuro cancelado. Esta es tu tierra: «de Camarico / una garrafa plástica, de Vietnam / una camiseta acrílica, de Talca / huesos de pollo, de Santiago / un botellón, un pañal / una pila que se oxida en la nieve / ¿de dónde proviene la pila?» (del poema «Bolsas» de Felipe Moncada).</p>
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		<title>Del Valle Central al secano costero: una mirada de Alberto Valenzuela Llanos</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:02:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Sebastián Schoennenbeck Grohnert &#160; Si aceptamos la definición de «paisaje» como una construcción cultural e histórica, una multiplicidad de variables entraría a jugar en la relación predominantemente visual que el sujeto establece con su entorno natural. Comunidad nacional, individualidad, desplazamiento y accidentes geográficos serían algunos de los muchos factores con los cuales resignificamos, intervenimos, imaginamos y observamos los espacios. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Sebastián Schoennenbeck Grohnert</p>
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<p>Si aceptamos la definición de «paisaje» como una construcción cultural e histórica, una multiplicidad de variables entraría a jugar en la relación predominantemente visual que el sujeto establece con su entorno natural. Comunidad nacional, individualidad, desplazamiento y accidentes geográficos serían algunos de los muchos factores con los cuales resignificamos, intervenimos, imaginamos y observamos los espacios. Pienso, por ejemplo, en la importancia del Valle Central como agente configurador de un paisaje cuya imagen sintetiza diversidades culturales y geográficas del territorio nacional. Ante la diversidad de paisajes existentes al interior del territorio nacional, el Valle Central se presenta, según Alfredo Jocelyn-Holt, como un eje articulador que garantiza una única nación: «Son demasiados los paisajes; por tanto, a menos que aceptemos que son también muchos los posibles Chiles (postura que nadie ha pretendido sostener), es obvio que debe existir al menos un eje desde donde se articula lo que venimos denominando históricamente Chile, es decir, el Valle Central». De ahí entonces que el historiador hable de «la centralidad del Valle Central».</p>
<p>A lo anterior, podemos agregar los aportes de Alberto Sepúlveda, quien, en su artículo titulado «La formación del Estado nacional en Chile», indica que «el origen de la “excepcionalidad” chilena tenemos que buscarlo en el pasado, en la evolución durante la colonia, cuando la amenaza del indio bravo obligaba a mantener una disciplina como medio para impedir la destrucción de la comunidad hispana del Valle Central».</p>
<p>Desde luego, sería interesante preguntarse por el desplazamiento o movimiento físico, espacial y retórico que permite al Valle Central contener, sintetizar e incorporar las regiones o zonas extremas del territorio nacional para llegar a ser finalmente una imagen única y supuesta de Chile. Este simulacro paisajístico tiene que ver, por cierto, con la historia patricia de la hacienda, con la ubicación geográfica de la capital, con la concentración de la población e, incluso, con las bondades de un clima mediterráneo que caracteriza al Valle Central. No obstante, me gustaría preguntarme esta vez cuál es la relación entre el Valle Central y la Zona Central, términos que no refieren exactamente a lo mismo<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En la medida que el paisaje siempre es un devenir, el traslado por parte de un sujeto de un lugar a otro y la posible comparación entre los diferentes parajes por los que se pasa durante el viaje, son experiencias con las cuales la mirada forja un orden, una imagen, aunque sea momentánea, de esos mismos entornos. Es así como el espacio se entrega como paisaje. Dentro de la Zona Central, me interesa específicamente el desplazamiento desde el Valle Central al rulo, el cual es identificado en esta reflexión como el secano costero y parte de la cordillera de la costa. No se trata de una ruta conducente al mar como fin último. Más bien, pienso en un andar desde cierta y muy relativa riqueza agrícola a la austeridad pecuniaria del ganado ovino o a la pobreza, en términos de biodiversidad, de los monocultivos de pinos radiata y eucaliptus. También pienso este viaje como un repechar desde el verdor del valle regado y central a la sequedad de pastizales amarillentos, cafesosos o, ya terminando el verano, grisáceos. Abandonar el Valle Central para acceder al secano costero equivale en cierta medida ―y si aceptamos un poco el tono de la hipérbole― a una perdición: en ese tránsito, el sujeto deja de ver la cordillera de los Andes no solo porque le da la espalda en su andar hacia el poniente, sino también, porque, entre los cerros de la baja cordillera, ya no se puede ver de manera constante la majestuosidad andina. Esta pierde su omnipresencia y deja de ser el fiel referente que siempre nos orienta. Se extraña consecuentemente su antigua ubicuidad y el andariego cae en una especie de orfandad si es que visualizamos la cordillera de los Andes, en términos mistralianos<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, como una madre simbólica. Lo anterior se vuelve una experiencia más cierta al considerar la velocidad moderna: el paso desde el Valle Central al secano costero ya no es a pie ni en carreta como tampoco en tren. Dado los ramales atrofiados de matorrales, zarzamora o dedales de oro (<em>Eschscholzia californica</em>), el viajero o paseante se moviliza de una manera algo más rápida gracias a carreteras y medios de transportes motorizados. De este modo, de un rato a otro, se deja el calor sofocante del valle para alivianarse con la brisa marina que algo refresca el interior de la cordillera de la costa, al menos, en verano y a partir de las dos de la tarde. Una imagen da lugar a otra sin mayor demora, casi instantáneamente, como un diaporama algo apurado.</p>
<p>No se trata tan solo de la subjetividad y arbitrariedad de la mirada. En efecto, el paso desde el Valle Central al secano costero suele ser abrupto. No hay accidentes geográficos que mediaticen ambos espacios y el agua, a través de su presencia y ausencia, intensifica dramáticamente el contraste. De plantaciones de frutales, maizales y pueblos extendidos a lo que común y erróneamente se le llama «peladero»; no porque los cerros y lomas del secano costero sean precisamente cascos calvos, carentes de flora, sino porque el tipo de cubierta vegetación se le asocia a una pobreza casi desértica. Más de una vez hemos oído nombrar una extensión de espinos (<em>Acacia caven</em>) como un «peladero», lenguaje que desde luego invisibiliza nuestro patrimonio arbóreo. No sucede lo mismo con, por ejemplo, las avenidas de plátanos orientales, de tilos o de robles americanos que adornan y refrescas los accesos a antiguas y arruinadas, si es que todavía existen, casas de fundo del Valle Central. Recuerdo un reportaje escrito por José Donoso para la revista <em>Ercilla</em>. En 1963, el medio lo envía a cubrir la zona de Cahuil, una pequeña localidad ubicada un poco más al sur de Pichilemu. Al estar situada en la desembocadura del estero de Nilahue, los habitantes de Cahuil cosechan la sal del agua marina que entra al estero. Encarcelándola en cuarteles, el agua se deja evaporar hasta quedar solo la sal. El oficio es ancestral y ha llegado a generar no solo un interés turístico. En efecto, Cahuil junto a Boyeruca, ha sido definido como un «paisaje cultural». En el reportaje, Donoso narra su viaje desde el valle de Colchagua hasta la costa, habiendo pasado por el rulo secano. Su percepción del paisaje ejemplifica claramente lo que he intentado decir anteriormente. Para el novelista, el valle de Colchagua, zona icónica del Valle Central, es descrito como un paisaje clásico, mientras que el polvoriento secano costero le recuerda los escenarios del <em>Far West</em>:</p>
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<p>A medida que se avanza por el ramal de Pichilemu, pasando las feraces regiones de Santa Cruz y Cunaco con sus viñas, naranjales y alamedas clásicas, el paisaje se va haciendo más duro y polvoriento. Los pueblos con sus calles de tierra y sus casas de balaustrada parecen salidos del <em>Far West</em>, y se puede creer que algunos bandoleros enmascarados fueran a salir de detrás de la nube de polvo de sus caballos para asaltar la casa que tiene un letrero pintado que dice «Banco» (. . .) a medida que se avanza hacia Pichilemu, el paisaje se puebla de espinos, en terrenos inútiles o no cultivados.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>
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<p>Esta percepción donosiana del paisaje de la Zona Central de Chile es reforzada, por oposición, en su artículo «Algo sobre jardines», texto en el cual plantea que el Valle Central es un jardín, ya que la mayoría de las especies vegetales que ahí crecen no son endémicas:</p>
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<p>Chile entero, y me refiero sobre todo al Valle Central, parece un jardín. Y digo «jardín» con toda precisión: porque este paisaje tan «nuestro», es en esencia un paisaje artificial, un «jardín», de importación. Los componentes del paisaje chileno de tarjeta postal -la alameda, el sauce del estero, la zarzamora, la galega, los trigales y viñedos que le dan su sello- no son originariamente nuestros sino que encarnan el triunfo de los conquistadores sobre lo conquistado. Todos estos vegetales fueron importados desde Europa, aclimatándose aquí e imponiendo su orden sobre el paisaje, desterrando las palmeras (&#8230;), las pataguas, los maitenes, peumos, bellotos, ahora árboles ocasionales, o refugiados en los cañones y valles cordilleranos. Para el que estas líneas escribe, estos árboles autóctonos son muchísimo más exóticos que el sauce, la higuera o el álamo europeos bajo los cuales nació.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A diferencia del secano costero y los rulos, el Valle Central es, ante la mirada donosiana, un orden artificial por sobre lo silvestre, una domesticación de la naturaleza a través de lo foráneo, en suma, un jardín al cual podríamos agregar incluso, si consideramos su otro ensayo ya citado, los atributos de lo clásico. No es que Donoso reconozca en el paisaje símbolos de la Antigüedad o que advierta en el Valle Central algo así como una Arcadia. Sin embargo, al ser definido como un jardín, Donoso proyecta la experiencia del juego, del ocio y del paraíso terrenal en un espacio geográfico que, de un modo opuesto, se ha configurado históricamente a través del trabajo agrícola. Al comparar ambas citas, la que corresponde al secano costero y a la del Valle Central como jardín, respectivamente, la utilidad agrícola solo figura en su reverso al modo de un negativo fotográfico: no se describe el trabajo del campo fértil y regado ―como si el campesino fuese borrado del plano visual―, pero sí se insiste en la inutilidad de los cerros poblados de espinos. La descripción del autor también tiene un alcance formal: a diferencia del rulo costero, un paisaje más bien de hechos desde la perspectiva donosiana, el Valle Central cuenta con profundidad, amplitud, perspectiva, líneas rectas y una armónica combinación de aguas y tierras. De ahí entonces que el paisaje se configure con viñedos, sauces de estero, trigales, mientras que en el secano costero se dibuja paradójicamente con una nube de polvo que interrumpe la visión. Por supuesto, el contexto histórico actual es muy diferente al de la visita de José Donoso. Las empresas forestales han generado un enorme cambio en el paisaje de la cordillera de la costa, así como recientes parcelaciones. Hoy, la noción de agrópolis<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> podría también dar cuenta del secano costero: «Nadie sabe hoy a ciencia cierta cuáles son los límites del campo, ni si la vida rural y el trabajo agrario pueden seguir entendiéndose como sinónimos», como propone Mario Verdugo.. Sin embargo, algo todavía persiste de las imágenes donosianas: el valle cuenta con agua, mientras que en el secano costero aún el agua escasea. A su vez, la superficie montañosa complejiza o encarece la instalación de sistemas de riego. Los árboles <em>extranjeros</em> tampoco se emplazan a modo de grandes avenidas como en el Valle Central. Por lo tanto, las superficies sombreadas son menores y el color que sigue prevaleciendo es el café de los pastizales. En el imaginario, el rulo permanece siempre en un verano seco.</p>
<p>¿Qué evidencia artística o histórica tenemos del desplazamiento hacia el poniente, es decir, desde el Valle Central hacia la cordillera de la costa o el secano costero? ¿Qué nos puede decir la historia del paisaje al respecto? La literatura chilena da cuenta de algunos desplazamientos longitudinales. Pienso, por supuesto, en <em>Poema de Chile</em> (1957), obra en la cual Gabriela Mistral recorre a pie el territorio nacional de norte a sur acompañada de un niño y de un ciervo. Benjamín Subercaseaux, en <em>Chile o una loca geografía</em> (1940), relata al final de su ensayo un viaje de retorno en avión que va de sur a norte. La odisea narrada en <em>Perico trepa por Chile </em>(1978) de Marcela Paz y Alicia Morel tiene la misma dirección. Por el contrario, las representaciones de andanzas a lo ancho del país parecieran ser más escasas, aunque se me viene a la cabeza la novela <em>Don Guillermo</em> (1860) de José Victorino Lastarria y el descenso del ejército chileno por la cordillera de los Andes hacia el valle del Mapocho en <em>Durante la Reconquista </em>(1897) de Alberto Blest Gana. Sin embargo, estas obras no dan cuenta precisamente del tránsito que quisiera destacar.</p>
<p>Como la enciclopedia literaria se me hace escasa, echo mano a la memoria de imágenes y me encuentro con el pintor chileno Alberto Valenzuela Llanos (1869-1925). Parte de su obra podría sintetizar esta experiencia de tránsito por la Zona Central. Si bien se trata de una visión o representación personal y adscrita a un solo formato, pienso que la posición canónica del artista dentro de la historia de la pintura chilena y su talento indiscutible particularizan una experiencia tal vez vivida por todos, aceptada por todos o imaginada por todos y que, además, permanece a lo largo del tiempo. Es como si Alfredo Valenzuela Llanos nos hubiese enseñado a mirar el Valle Central, el Secano Costero y la relación entre ambos. Y en esa enseñanza, aun permanecemos. En términos de Alain Roger<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, el paisaje de la Zona Central se ha producido cuando reconocemos en él la pintura del maestro.</p>
<p>A partir de la propuesta de Armando Lira, el estudioso Carlos Maldonado divide cronológicamente la producción pictórica de Valenzuela Llanos en tres periodos. Los dos últimos podrían iluminar la mirada del artista con respecto a la relación paisajística entre el Valle Central y el secano costero. Si se me permite cierta simplificación, podríamos indicar que, en el segundo periodo, se tiende a representar el Valle Central a la sombra de la cordillera de los Andes, dando lugar a contrastes intensificados de luces y sombras, a una mayor estilización de las formas trazadas por el dibujo y a una gama cromática que tenderá a los colores más bien fríos. Durante el tercer y último periodo (1913-19229), Valenzuela Llanos visitará durante los veranos la zona de Lolol, puesto que la familia de su esposa es dueña del fundo El Portezuelo. La comuna de Lolol, ubicada en la Provincia de Colchagua, sexta región, era hasta no hace mucho tiempo un ejemplo de lo que es el rulo costero. El pueblo principal del mismo nombre está ubica a 43,7 kilómetros del mar si es que uno toma el camino que lleva a Paredones y, posteriormente, a Bucalemu. Actualmente, la extracción de agua a través de pozos profundos ha permitido una actividad agrícola diferente a la de hace más o menos cuarenta años atrás. Las plantaciones de olivos y ciruelos se han expandido al igual que algunas viñas. Alfredo Valenzuela Llanos pintó un Lolol diferente al de hoy. Sin embargo, esas representaciones pictóricas coinciden como lo imaginamos y proyectamos, aunque un visitante reconozca en estos días campos más verdes, pero, de todos modos, diferentes a los del Valle Central.</p>
<p>Con el objetivo de identificar algunas características que Valenzuela Llanos le otorga pictóricamente al Valle Central, propongo revisar dos obras de su segundo periodo: <em>Primavera en Lo Contador</em> y <em>Hora Solemne</em>.</p>
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1756" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.png" alt="4" width="660" height="357" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;"><em>Primavera en Lo Contador</em> de Alfredo Valenzuela Llanos. 1908. Óleo sobre tela. Colección Club de la Unión</h6>
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<p>Según Carlos Maldonado, <em>Primavera en Lo Contador</em> «cuenta con “un mayor sentido recreador, ordenador y jerarquizador que en sus obras parisinas». En efecto, según mi modo de ver, la horizontalidad esquematiza el cuadro en tres planos. El primero correspone al suelo desnudo donde vemos al costado derecho una superfice cafesosa (tierra o pasto quemado por las heladas) y, al izquierdo, hierba y algunas pencas en brotación. Aquí la verticalidad está dada por una flor seca de penca de la temporada pasada que ha resistido la humedad y los vientos del invierno. El segundo plano es principalmente arbóreo y, en términos de profundidad, se divide a su vez en dos. Los frutales, el rancho, el gran árbol desnudo de follaje y luego otro árbol menor con hojas y con más de un tronco, componen la primera parte. El siguiente plano que se sitúa un poco más al fondo da cuenta, en el extremo izquierdo, de las copas de árboles de follaje espeso y luego el techo de la humilde construcción para continuar con más figuración arbórea. Finalmente, el cielo celeste y algunas nubes pequeñas son parte del tercer y último plano. La profundida y sus planos mantienen un orden que solo es alterado con las altas ramas del árbol caduco, las cuales se ubican sobre los suelos del primer plano. Los troncos de los árboles en general generan los efectos de verticalidad. Por último el luminoso frutal en flor ocupa el centro de la composición. Es interesante notar que el orden del paisaje podría ser asociado al orden tradicional adjudicado al Valle Central. No obstante, razón tiene Carlos Maldonado al indicar que tal orden paisjístico está dado por la composición del artista y no por la disposición real de los elementos naturales, aunque se trate de algo que podría ser más o menos una granja: «Pese a esta sabia ordenación, el efecto total no escapa a cierto caotismo. Si imagináramos una lucha entre las leyes naturales y las estéticas, convendríamos que aún vencen las primeras a las segundas».</p>
<p>En esta pintura, la luz fría de finales de invierno dibuja el contorno de las cosas e ilumnina el pasiaje, otorgándole nitidez, alegría, cierta liviandad. La claridad transforma el campo en realidad unívoca y si algo llega a borronearse ante nuestros ojos se debe al punto de vista algo distante del observador. Se trata, en efecto, de Lo Contador, lugar ubicado en el Valle del Mapocho, cercano al centro de Santiago. Es cierto que el orden no está dado por la intervención agríciola que tiende a geometrizar los espacios, pero el poder de la luz dosificada destierra el caos.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/3.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1755" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/3.png" alt="3" width="672" height="416" /></a></p>
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<h6 style="text-align: center;"><em>Hora Solemne</em>. Alberto Valenzuela Llanos. 1908. Óleo sobre tela. Colección Club de la Unión</h6>
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<p><em>Hora solemne</em> comparte con el cuadro anteriormente mencionado la ausencia de dramatismo. Si bien Carlos Maldonado ha advertido intensificación del claroscuro, las luces y sombras luchan, en <em>Primevera en Lo Contador</em>, sobre diferentes partes de la superficie del pasiaje, sin atentar con la cotidianidad de una escena dada por el caminar de la mujer que, dándonos la espalda, camina hacia la casa. <em>Hora solemne</em>, por su parte, divide el paisaje en dos a través de una diagonal dada por la ladera derecha de la loma que tapa en parte la visión de los Andes. La luz reina entonces sobre el «triángulo» del costado superior derecho del cuadro, mientras que la sombra cunde en el resto. Aquí es solo una la superficie oscurecida contra una única superficie iluminada por el final de un día. Pese al volumen y a la extensión tanto de la zona oscurecida como de la iluminada, el crepúsculo transmite una serenidad lejana al dramático <em>chiaroscuro</em>. Destaco en esta obra una mayor difuminación de los contornos adjudicable por cierto al momento que sintetiza la dialéctica del día y de la noche. La luna otorga aun una mayor solemnidad y grandiosidad a este pasiaje más bien panorámico de un valle que se gesta a los pies de una cordillera nevada y rosada por efecto de los rayos del sol que le caen ya horizontalmente. Aquí el valle tampoco se define por un orden agríciola como sí lo hizo muchos años antes en el paisaje fundacional de Ciccarelli <em>El valle de Santiago visto desde Peñalolén</em> (1853). El orden es más bien emotivo, puesto que ya al terminar el día, se tiene la sensación de que todo se ha realizado y cada cosa está en su lugar: el río, las piedras, los matorrales, la casa junto a sus álamos y bosques espesos amparados por una única cordillera cuya interrupción, efecto del cerro y de los álamos, es solo momentánea, puesto que su masa rosada termina en el extremo izquierdo del soporte. Por su efecto de serenidad, <em>Hora solemene</em> es un pasiaje que captura un instante casi ritual: la escenificación de un acontecimiento ―el atardecer― que es previamente relatado en la medida que se le espera durante la jornada.</p>
<p>Del tercer periodo (1913-1922), quisiera revisitar las pinturas: <em>Casas en Portezuelo, Lolol</em> y <em>Paisaje de Lolol</em>, dos obras en las que el secano costero en representado en todo su esplendor.</p>
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/2.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1754" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/2.png" alt="2" width="737" height="576" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;"><em>Casas de Portezuelo, Lolol.</em> Alberto Valenzuela Llanos. 1917. Óleo sobre tela y cartón. Colección particular</h6>
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<p>Según Carlos Maldonado, el tercer periodo se caracteriza por una mayor presencia de zonas desnudas, por una economía de medios que depura las formas, una menor diversidad cromática y por la luz que permite captar fenómenos atmosféricos. Con respecto a esta última particularidad, Alberto Valenzuela Llanos se adscribe a una muy larga tradición pictórica del pasiaje. En efecto, según Madruelo, el pasiaje holandés, principalmente a partir del siglo xvii, se caracteriza no solo por la representación de elementos permanentes o relativamente permanentes como, por ejemplo, rocas y árboles, sino por la captura de los efectos de la luz natural:</p>
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<p>No bastaba ya con colocar unos prados aquí, unos árboles allá y unas rocas al fondo, utilizando los esquemas convencionales en los que se apoyaba la pintura flamenca del siglo XVI, era necesario llegar a conseguir unas cualidades de «espacialidad» e «ilumnicación» que definieran un nuevo concepto que llamamos «atmósfera», que consiguieron los pintotes de la siguiente generación cuando lograron mostrar los sutiles fenómenos que provoca la luz al atravesar la niebla, o la sensación de humedad que permanece en el aire tras la lluvia.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></p>
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<p>Algo similar indicó Armando Lira con respecto al paisaje del maestro chileno: «Su pupila se torna más aguda para la observación y el análisis de los fenómenos luminosos y atmosféricos (. . .) El pasaie, por consiguiente, no es otra cosa que una serie de resonancias cromáticas sujetas a la acción de la luz».</p>
<p>En <em>Casas de Portezuelo, Lolol</em>, el tono del cielo ya no se distingue tanto de la superfie de los cerros y de los pastizales; ya sea por la luna que sale o el sol que se esconde, el blanco de las nubes y el azul del cielo han sido reemplazados por una homegeneidad rosa propia del crepúsculo. El verdor de lo espinos que pueblan densamente las planicies, o bajos, contrasta con los cerros predominantemente amarillos. Este crepúsculo, que determina el pasisaje algo abochornado del rulo, genera cierta indistinción de las formas. La mancha muy cargada de óleo atenta con las fronteras que el dibujo marcaba en el perido anterior. Los espinos pierden su confección de filigrana y entonces el efecto de compacta unidad es asombroso. No podemos extraer ni tan solo una hebra de pasto del cuadro. De lo contrarrio el cuadro comenzaría a desarmarse o a sangrar.</p>
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<p style="text-align: center;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/1.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1753" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/1.png" alt="1" width="703" height="500" /></a></p>
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<h6 style="text-align: center;"><em>Paisaje de Lolol.</em> Alberto Valenzuela Llanos .Sin fecha. Óleo sobre tela. Colección Pinacoteca Universidad de Concepción</h6>
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<p>En <em>Paisaje de Lolol</em>, junto con repetirse algunas características de la pintura recién comentada, apreciamos sombras verdes. De este modo, el contraste cromático se suaviza y aumenta una sensación de calor. Es como si el cielo estuviese abochornado y la sombra producida por cada árbol perdiera su intensidad. Todo el pasiaje yace bajo una luz que agota nuestros ojos, incapaces ya de percibir las cosas por separado unas de las otras. Es posible entonces sotener cierta impertiencia en la presencia de la caminante y del niño que la acompaña, ambos vestdos elegantemente de blanco. Dispuestos más bien para un paseo burgués, ambos se compenetran con el rulo, pese a la blancura de los géneros.</p>
<p>¿Qué nos dice entonces el arte sobre la Zona Central? Desde luego, nos recuerda su complejidad y diversidad. Y de paso, nos permite reconocerla, aprender de los diferentes estares que nos posibilita, amarla y proyectar una futura intervención, respetando y acoplando la imaginación de nuestros patrimonios culturales y naturales.</p>
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<p><strong>Notas</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El término «Zona Central» fue establecido por la Corporación del Fomento de la Producción (Corfo) en el año 1950 al dividir Chile en cinco regiones naturales. Sus límites son el río Aconcagua y el río Biobío, por el norte y el sur, respectivamente. Para Alberto García-Huidobro y Andrés Maragaño, el valle central es descrito de la siguiente manera: «Este territorio es un valle de 400 kilómetros de largo, y está limitado por dos aglomeraciones que demuestran una base económica más diversificada, como lo son Santiago y Concepción. A partir de sus propias dinámicas y jerarquía en el sistema nacional, podrían bien servir de límites para una estructura territorial más bien homogénea: con un sistema de ciudades de tamaños y jerarquía similares, un territorio con rasgos geográficos compartidos y, finalmente, una productividad similar, la cual es intensiva y especializada en recursos naturales. En definitiva, estamos ante un área «suprarregional» (vi, vii y parte de la viii Región, provincia de Nuble), donde los principales centros poblados que vertebra este territorio tienen entre 30.000 a 200.000 habitantes por ciudad y conforman un corredor central, conectados a la más importante infraestructura chilena, la ruta 5CH (panamericana sur)». Humberto Fuenzalida Villegas también indica lo siguiente con respecto al Valle Central: «Proponemos designar con el nombre de Valle Central a la porción del valle longitudinal que corresponde a esta región. Es aquí donde el establecimiento del hombre europeo se hizo más temprano y donde una forma orográfica reúne una serie de excelsitudes que han hecho de ella el núcleo de la nacionalidad. Esta porción se extiende entre el cordón de Chacabuco y el río Biobío. Más al sur, modificaciones importantes en la morfología de la depresión hacen necesario diferenciarla».</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Gabriela Mistral, en su himno «Cordillera» de <em>Tala</em>, expresa: «Caminas, madre, sin rodillas, / dura de ímpetu y confianza; / con tus siete pueblos caminas / en tus faldas acigüeñadas».</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Donoso, José. «Blancas cosechas de Cahuil». <em>Ercilla </em>(1963).259</p>
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<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Donoso, José. «Algo sobre jardines». <em>Artículos de incierta necesidad </em>(1998).130</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> El Sociólogo Manuel Canales utiliza el término en su artículo titulado «De la metropolización a las agrópolis. El nuevo poblamiento urbano en el Chile actual»<strong>: </strong>«El tradicional modelo de desarrollo urbano-metropolitano, ha sido sustituido por un modelo de desarrollo agropolitano, el cual ya no se sustenta en el crecimiento y metropolización del país, sino en el crecimiento de un amplio abanico de ciudades agrarias».</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Alian Roger<em>. Breve tratado del paisaje</em>. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Maderuelo, Javier. <em>Jacob van Ruisdael. El pasiaje holandés</em>. España: Abada, 2021. 57-8</p>
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<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>Allamand, Ana Francisca. <em>Alberto Valenzuela llanos. Visión entrañable del mundo rural. </em>Santiago: Origo, 2008.</p>
<p>Canales, Manuel. <strong>«</strong>De la metropolización a las agrópolis: El nuevo poblamiento urbano en el Chile actual». <em>Polis </em>12.34 (2013): 31-56.</p>
<p><a href="https://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682013000100003">https://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682013000100003</a></p>
<p>Donoso, José. “Algo sobre jardines”. <em>Artículos de incierta necesidad</em>. Santiago: Alfaguara, 129-137.</p>
<p>&#8211; &#8211; -. “Blancas cosechas de Cahuil”. <em>José Donoso. El escribidor intruso</em>. Editora Cecilia García-</p>
<p>Huidobro. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales, 2004. 259-64.</p>
<p>Fuenzalida Villegas, Humberto. «Capítulo 2: Orografía». <em>Geografía Económica de </em><em>Chile. Corfo.</em> Editor Rafael Sagredo. Santiago: Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 29-71.</p>
<p>García-Huidobro, Alberto y Andrés Maragaño. «La vertebración territorial en regiones de  alta especialización: Valle Central de Chile Alcances para el desarrollo de zonas rezagadas en torno a los recursos naturales». <em>EURE</em> 36.107 (2010): 49-65.</p>
<p>Maderuelo, Javier. <em>Jacob van Ruisdael. El pasiaje holandés</em>. España: Abada, 2021.</p>
<p>Maldonado, Carlos. <em>Valenzuela Llanos. Cuando la poesía se hace imagen</em>. Santiago: Ministerio de Educación. Departamento de Cultura y Publicaciones, 1972.</p>
<p>Maino, Pedro. «La conquista de la luz – Exposición retrospectiva de Alberto Valenzuela  Llanos».</p>
<p><a href="https://red-cultural.cl/la-conquista-de-la-luz-exposicion-retrospectiva-de-%20%20alberto-%20%20%20valenzuela-llano%20s/">https://red-cultural.cl/la-conquista-de-la-luz-exposicion-retrospectiva-de-  alberto-   valenzuela-llano s/</a> Visitado el 30 de noviembre de 2023.</p>
<p>Sepúlveda, Alberto. «La formación del Estado nacional en Chile». <em>Relaciones Internacionales 20.40 (2018): 281-295.</em></p>
<p><em> </em>Verdugo, Mario. <em>Curepto es mi concepto. Ensayos sobre literatura y territorio</em>. Santiago: Overol , 2022.</p>
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]]></content:encoded>
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		<title>Rural punk, realismo cuántico y el uso de la literatura blockchain</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 16:55:59 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Vladimir Rivera &#160; &#160; I &#160; El 31 de mayo de 2019 el tren que une Talca con Constitución desapareció por un día. Nadie en Corinto, séptima región, en el Chile profundo, lo pudo ver y los pasajeros se quedaron horas esperando. En el tren iban siete personas, entre ellos Antonia Lizama, quien años atrás había escrito un post [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Vladimir Rivera</p>
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<p style="text-align: center;">I</p>
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<p>El 31 de mayo de 2019 el tren que une Talca con Constitución desapareció por un día. Nadie en Corinto, séptima región, en el Chile profundo, lo pudo ver y los pasajeros se quedaron horas esperando. En el tren iban siete personas, entre ellos Antonia Lizama, quien años atrás había escrito un post contra Leandro Bermudez, este último de Constitución, pero que se había cambiado de casa en casa hace mucho tiempo. El post decía: «Bien desaparecido está el perro». El perro a quien refería Antonia era el padre de Leandro, un tal José Bermudez. Conan Doyle escribiría esta misma historia años ha, donde un tren desaparece. Fogwill, en el «Tren perdido de la medianoche» se imagina a soldados de la guerra que regresan en un tren fantasma. En <em>Noche y Niebla</em>, Alain Resnais mostraría los rieles que usaron los Nazis en Auschwitz. Los rieles son los mudos testigos del tren que exterminará a miles de seres humanos. En Mitre y Belgrano, el año 1977 desaparecieron 121 ferroviarios, los subían a trenes y no se les volvía a ver nunca más. En los Andes, alguien tuvo el sueño de construir un tren inca que uniría la Perú, Bolivia y Chile. En Sewell bajaban el mineral y los muertos en trenes. Los trenes de noche siempre traen algún muerto, pero este tren en particular había desaparecido de día.</p>
<p>Los túneles cuánticos tunelean la realidad. Es decir, hay ciertas ondas cuánticas que podrían, de pronto, intervenir. Fray Andresito era capaz de <em>tunelear</em> la realidad y podía cruzar las barreras del espacio tiempo. Por eso fue canonizado. Los santos, de alguna manera, aprendieron el secreto de la realidad.</p>
<p>La prensa hizo eco de la desaparición del tren. Algunos dijeron que el tren había atravesado la barrera cuántica, otros, que fueron unos árboles caídos. Los menos, que esto en realidad había ocurrido en otra realidad, en un libro escrito ya. Lo que sí, menos cierto, es cuando el tren apareció al final del día.</p>
<p>Leandro Bermúdez escribiría en un post de Facebook, que a veces se imaginaba que el tren traería de regreso a los desaparecidos.</p>
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1771" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4-1024x555.jpg" alt="4" width="676" height="366" /></a></p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su libro <em>Historia alternativa inversa</em>, Francisco Encina, historiador chileno, ofrece una visión clara sobre las familias fundantes en Chile, entre ellas la familia Larraín. Dice el historiador, y aquí lo parafraseamos, que los Larraín llegaron a Chile no solo con la intención de ascender en la escala social mediante matrimonios estratégicos y alianzas políticas, sino como portadores de un idealismo profundo, buscando establecer una sociedad más equitativa. Este deseo fue desviado por eventos alterados, resultando en la percepción de que su ascenso fue impulsado únicamente por la ambición y el cálculo político.</p>
<p>Encina sugiere que su fortuna se basó en innovaciones agrícolas y comerciales destinadas a mejorar las condiciones de vida en Chile. Las prácticas cuestionables atribuidas a la familia son vistas como el resultado de manipulaciones en la línea de tiempo, distorsionando sus verdaderas intenciones y acciones.</p>
<p>Encina propone que, originalmente, se esforzaron por democratizar el acceso al poder y la representación, trabajando incansablemente para disolver las barreras entre las élites y las clases populares.</p>
<p>Más adelante, Encina sugiere que la relación entre los Larraín y la Iglesia, aunque íntima, estaba originalmente orientada a reformar la institución desde dentro, promoviendo una fe más inclusiva y progresista. Las intervenciones en la línea temporal tergiversaron esta relación como un simple mecanismo de influencia y poder.</p>
<p>Finalmente, Encina propone que  fueron pioneros en la lucha por la justicia social y la igualdad. La percepción de elitismo y desdén por las clases populares es, según esta interpretación, una distorsión deliberada de sus verdaderos valores y esfuerzos.</p>
<p>En su versión gótica, uno de ellos se transformaría en cazador de vampiros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Estados Unidos no creen en los santos. El crítico de cine y escritor argentino Ángel Faretta, decía que «la fantástica», o lo que entendemos por «la fantástica»,  depende del <em>ethos</em> con que se mire. Agrego: para un cristiano, la resurrección de Cristo es natural, pero para un anglo, raya en los sobrenatural. Para nosotros, como cultura latinoamericana, ver al diablo es parte de nuestro proceso de crecimiento, todos lo hemos visto alguna vez; lo mismo que no es anormal que tus muertos, de vez en cuando, te visiten. Eso es lo natural. « ¿Qué le pasa a su niño? Parece que le tiraron un mal. ¿Y usted sabe cómo sacarle eso? Una meica va a venir en la tarde». Acá, esta sería una conversación muy normal, pero que seguramente en New York considerarían <em>sobrenatural</em>.</p>
<p>Las mutaciones, en el contexto de la biología molecular, son cambios heredables en la secuencia de nucleótidos del adn de un organismo. Estos cambios pueden dar lugar a variaciones en la expresión génica que, a su vez, pueden producir nuevas características fenotípicas (citado de algunas fuentes que ya no recuerdo). Las mutaciones han conferido a los individuos capacidades que trascienden las explicaciones científicas convencionales, siendo estos individuos posteriormente venerados como santos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Apartado uno. Telepatía.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Postulamos que mutaciones en regiones específicas del adn pueden resultar en la amplificación de capacidades neuronales, permitiendo a ciertos individuos, como San Francisco de Asís, comunicarse con especies no humanas o transmitir mensajes a través de grandes distancias sin el uso de medios convencionales. Este fenómeno puede ser explicado por una hiperconectividad de las redes neuronales, potenciada por una mutación que mejora la sinapsis.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Apartado dos: Sanaciones.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En figuras como San Martín de Porres, observamos reportes de curaciones milagrosas. Sugerimos que mutaciones en los genes responsables de la regulación del sistema inmunitario podrían haber otorgado habilidades de curación acelerada, tanto en el propio individuo como en aquellos a los que extendían su toque, mediante mecanismos de señalización bioquímica avanzada no presentes en la población general.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Apartado tres. Resistencia.</strong></p>
<p>Santos como San Simeón el Estilita, quien permaneció años en una columna soportando extremas condiciones meteorológicas, podrían haber experimentado mutaciones que confieren una resistencia sobrehumana a la privación, el clima, y la fatiga. Estas mutaciones podrían afectar la regulación de genes involucrados en el metabolismo energético y la respuesta al estrés.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La evidencia de estas mutaciones proviene de análisis detallados de reliquias y escrituras antiguas, junto con reconstrucciones genéticas hipotéticas basadas en descripciones de las habilidades de estos santos. Experimentos recientes, realizados en entornos controlados que replican las condiciones descritas en las vidas de estos santos, han mostrado resultados preliminares que sugieren la posibilidad de replicar algunas de estas capacidades en sujetos con perfiles genéticos modificados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">IV</p>
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<p>El realismo mágico ha sido una piedra angular en la literatura latinoamericana, el tótem, para muchos la única literatura original de estos lados. El realismo mágico ha impregnando la narrativa con una atmósfera donde lo maravilloso se entrelaza con la cotidianidad. Macondo, Comala son el emblema de ese mundo. Maggie Ann Bowers, en su libro <em>Magic(al) Realism</em>, ofrece un análisis exhaustivo sobre cómo esta corriente literaria desdibuja las líneas entre lo real y lo fantástico, permitiendo que lo sobrenatural sea percibido como parte del mundo natural. Los autores del realismo mágico, como Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, utilizan estos elementos para realzar la percepción de la realidad, proponiendo una visión del mundo en la que lo extraordinario se manifiesta en el flujo de la vida diaria.</p>
<p>Por contraste, la ciencia ficción tradicionalmente se ha inclinado hacia la exploración de realidades alternativas a través del prisma de la ciencia y la tecnología. Esta distinción entre realismo mágico y ciencia ficción no es simplemente temática, sino que también refleja diferencias en el tratamiento del tiempo, el espacio y la plausibilidad dentro de la narrativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, podríamos decir, con ánimo de categorizar que la mezcla entre el realismo mágico y la ciencia ficción se podría llamar rural punk.</p>
<p>El rural punk entonces se convierte en un terreno fértil para la experimentación literaria, donde los autores pueden explorar temas de modernidad, postcolonialismo, dictadura y globalización desde una perspectiva ecléctica y política. Sobre todo política. Los relatos pueden incorporar tecnologías futuristas o distópicas, pero siempre arraigadas en la realidad sociocultural de América Latina, una región donde el pasado y el presente coexisten de maneras complejas y a menudo contradictorias.</p>
<p>En este contexto, los escritores de rural punk tejen historias donde los chamanes utilizan smartphones para realizar rituales antiguos, o donde las inteligencias artificiales se infunden con psiquiatras que pueden curar el alma mediante bluetooth. Estos narradores continúan la tradición de sus predecesores al cuestionar la naturaleza de la realidad, pero lo hacen a través de una lente que también cuestiona las implicaciones de la tecnología y la globalización en sus sociedades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">V</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Amor criptoespiritual (paráfrasis a Byung-Chul Han usando ia)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Latinoamérica lo único que nos queda es la resistencia espiritual.</p>
<p>En la era de la conexión perpetua, el amor encuentra su refugio en la inmutabilidad del <em>blockchain</em>. Como si los sentimientos se criptografiaran, el amor criptoespiritual se convierte en un archivo permanente del alma, desafiando la temporalidad del afecto.</p>
<p>Las almas, en su danza digital, trascienden las barreras del espacio físico. Los rituales y ceremonias, codificados en bloques de eternidad, forjan una intimidad que rebasa los límites de la materia. La espiritualidad, en su nueva morada digital, halla un camino hacia la inmortalidad.</p>
<p>En un mundo donde todo se expone, el amor criptoespiritual celebra el secreto. Los códigos y mensajes encriptados son los susurros de los amantes, donde cada frase cifrada es un pacto de fidelidad al misterio del otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así como los árboles dejan sus anillos como testimonio del tiempo, el blockchain se convierte en el legado de amor eterno. Las promesas y momentos, eternizados en cadenas, ofrecen una herencia espiritual a las futuras generaciones, un testamento de amor inquebrantable.</p>
<p>El compromiso con la sostenibilidad y la justicia se entrelaza con el hilo dorado del afecto. El amor criptoespiritual es un acto subversivo, una rebelión contra la efimeridad del mundo moderno, uniendo a los amantes en una causa común por un futuro más justo.</p>
<p>Su amor, nacido en el éter digital y nutrido en el suelo fértil del blockchain, demuestra que la verdadera conexión desafía la distancia y el tiempo. En este nuevo templo del amor, encuentran un refugio para su pasión, un espacio donde lo sagrado y lo digital se funden.</p>
<p>La privacidad del amor es el único acto revolucionario en la era de transparencia.</p>
<p>El amor criptoespiritual no es una mera categoría de afecto, sino una evolución hacia una comprensión más profunda de la relación humana. Representa el amanecer de una era donde el amor, la tecnología y la espiritualidad se entrelazan, creando un tejido complejo de conexiones que redefine el significado de la intimidad.</p>
<p>A medida que nos adentramos en el laberinto digital del futuro, el amor criptoespiritual emerge como un faro, iluminando el camino hacia una nueva dimensión del ser. Es una invitación a explorar el infinito espacio de la conexión humana, una promesa de amor que trasciende las fronteras del mundo físico y digital.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VI</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un software salvaje que se alimenta de almas en penas; chasquis que memorizan el mundo antes que todo lo digital desaparezca, templos mayas que conectan con seres venidos de otra dimensión; vacas con profundas ventosas por donde convierten el metano en oxigeno mientras producen leche en las verdes praderas de Osorno; experimentos genéticos clandestinos en la Plaza Garibaldi; cazadores de adn en el Mato Grosso; El Caleuche a la deriva con miles de infectados de un virus creado en un laboratorio en Lima. La ciencia ficción que alguna vez imaginamos nunca llegó a Latinoamérica o si llegó fue made in Macondo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VII</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Europa no te van a desaparecer chuchetumadre, nos va a vivir en zonas de sacrificio, allá no te van a matar por machismo, allá la policía no te saca los ojos con balines, allá si te pillan robando ni cagando vas a ser presidente de un país. Allá no justifican a los nazis, no señor, allá la cosa no es fácil, lo tienen todo, pero están solos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca tendremos la casa que soñamos. Nuestros hijos serán las hordas que en el norte van a despreciar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nosotros, por lo menos, tenemos a nuestros muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VIII</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Encina no pudo soportar la humillación a la cual fue sometido. Al escribir la historia de Chile tuvo que modificar ciertos párrafos. Al parecer estos habían ofendido a las élites de la época. Sobre los Larraín escribe: <strong>«</strong>Los Larraín eran una familia de hidalgos vascos que llegó a Chile en el siglo xvii. Rápidamente se integraron a la élite colonial y comenzaron a acumular una gran fortuna». (Encina, 1949, p. 123)</p>
<p>«Los Larraín no solo eran ricos, sino también poderosos. Ocupaban cargos públicos de gran importancia y tenían una gran influencia en la política chilena». (Encina, 1950, p. 234). Más adelante agrega: «Los Larraín eran una familia muy religiosa. Eran benefactores de la Iglesia católica y utilizaban su influencia para promover los intereses de la misma». (Encina, 1951, p. 345). Termina diciendo: «Los Larraín eran una familia elitista que despreciaba a las clases populares. Eran un obstáculo para el progreso social de Chile». (Encina, 1952, p. 456)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hubo palabras y frases que debió modificar. Se vio obligado, presionado. Algunas anécdotas, pero esto no se sabe si es cierto, un hombre habría llegado arma en mano a a su casa y que no se iría sino reescribía el texto. Fue una noche larga esa, donde Encina debió elegir qué palabras quitar o modificar. En su historia de Chile también debió modificar palabras que habían afectado a familias fundacionales del Reino de Chile, como solía llamar él a la república.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice el historiador Gabriel Salazar: «Las presiones de la familia Larraín obligaron a Encina a suavizar su tono y a eliminar algunas de las críticas más duras que había formulado en su obra. Esto generó un debate sobre la libertad de expresión y el rol de los historiadores». (Salazar, 1999, p. 289). Agrega el historiador Sergio Villalobos: «Encina se vio obligado a modificar algunos pasajes de su obra, especialmente aquellos que se referían a la familia Larraín y a sus negocios. Estas modificaciones fueron de diversa índole: desde la eliminación de párrafos enteros hasta la sustitución de palabras y expresiones consideradas ofensivas por la familia». (Villalobos, 1982, p. 124)</p>
<p>Luego de los cambios realizados a la Historia De Chile, Encina tuvo que luchar contra el desprestigio intelectual.</p>
<p>Su obra, sobre todo en la dictadura, cayó en la denostación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">IX</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Había un capítulo apócrifo de <em>Black Mirror</em> que se llamaba «El educador de mutantes», que cuenta la historia de Leandro Bermúdez, quien había perdido a su padre en la última dictadura militar. En esa época apareció una empresa que podía revivir  mediante transes-ciber-chamánicos a los muertos. Leandro no dudó en ningún momento y contrató los servicios de tal empresa. Era la única posibilidad de revivir detenidos desaparecidos.</p>
<p>El problema vino después, pues para poder contratar los servicios de la empresa, hay que llenar una encuesta, tener alguna foto, testigos que hablen de él o ella. Pero nada de eso tenía Leandro. No podía reconstruir a su padre si no tenía nada de eso. Sabía que era del mir, que desapareció el año 1973, que tenía dos hijos, que le decían «El rucio», que era de carácter fuerte. Hay una foto en blanco y negro de él, que dice: ¿donde están? Ya todos los que lo conocían han muerto.</p>
<p>Como pudo juntó retazos, pedazos, girones, semblanzas y fue a la oficina principal. Lo atendieron de manera amable. Le tomaron los datos, le preguntaron si estaba seguro y respondió que sí. Le dijeron que en dos semanas le enviaría a su padre detenido desaparecido.</p>
<p>Y así fue. Fueron puntuales, porque estas empresas son siempre puntuales.</p>
<p>Ahí está ahora el Leandro, viviendo con su padre, el detenido desaparecido.         En la agrupación todos se embalaron. Por fin, todas, las viejas y las viudas podían revivir a sus muertos. Algunos se parecían más que otros, pero eso daba lo mismo. Por ahí alguien gritó: no nos vencieron.</p>
<p>Pero el Leandro sabía que si, que nos habían vencido hace rato.</p>
<p>Pero por lo menos llegaba a su casa y estaba su papá. Eso era todo lo que necesitaba.</p>
<p>&#8211;   Hola Leandro.</p>
<p>&#8211;   Hola, papá.</p>
<p>&#8211;   ¿Supiste que desapareció un tren en Corinto?</p>
<p>&#8211;   Seguro que ya aparece.</p>
<p>&#8211;   Seguro, hijo, seguro. Es cosa de tiempo que todos volvamos, eso te lo doy firmado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>SURAZO</title>
		<link>http://mediorural.cl/surazo/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Oct 2022 13:23:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[fotografías: Juan Huenuan Escalona EN LO TERRITORIAL-REGIONAL antologador: Miriam Leiva Garrido Estos poetas son veinte escritores desde Concepción a Temuco. se ha contemplado presentar una obra de divulgación acerca de poetas regionales, acercando su trabajo escritural a otras ciudades y lugares para que lectores generosos lo reciban y difundan. La finalidad es ofrecer una visión global de la labor creativa [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 104">
<div class="section">
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">fotografías: Juan Huenuan Escalona</h6>
<div class="page" title="Page 105">
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<div class="column">
<h2>EN LO TERRITORIAL-REGIONAL</h2>
<div class="page" title="Page 105">
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">antologador: Miriam Leiva Garrido</h6>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-09.41.56.png"><img class=" size-full wp-image-1728 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-09.41.56.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-21 a la(s) 09.41.56" width="158" height="696" /></a>Estos poetas son veinte escritores desde Concepción a Temuco. se ha contemplado presentar una obra de divulgación acerca de poetas regionales, acercando su trabajo escritural a otras ciudades y lugares para que lectores generosos lo reciban y difundan. La finalidad es ofrecer una visión global de la labor creativa efectuada por estos poetas en la actualidad, que pertenecen al Biobío y a la Araucanía y que son considerados un aporte a la literatura nacional. Aportar conocimiento de la trayectoria de la literatura en lugares como Concepción, Talcahuano, Lota, Hualqui, San Pedro de la Paz, Chillán, Los Ángeles, Nacimiento, Temuco, Pucón. Constituye una selección de los que han hecho del escribir su oficio, tarea no siempre reconocida o valorada, muchos de ellos desarrollan doble actividad, aun así, persisten fielmente en su escritura. Por lo tanto, la selección que se presenta tiene miradas que son fundamentales para entender la realidad de cada uno de ellos. Desde su contextualidad, por el hecho de pertenecer a regiones, se ven constantemente enfrentados a la hegemonía de un estado centralista, de tal forma que su labor literaria navega en medio de políticas culturales miradas desde la capital. La otra es el espacio geohistórico donde se desarrolla el proceso creativo que se vincula por las características propias de cada ciudad y su gente, es decir, el proceso escritural se desarrolla a partir de la realidad de cada uno, con la óptica particular y única del territorio.</p>
<div class="page" title="Page 106">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Después de compilar veinte poetas regionales que escriben en verso libre, y que también plasman sus sentimientos en versos con una disposición espacial que subraya su voluntad de estilo y tono poético, se hace presente que el desarrollo temático fue elegido por cada autor, todos ellos comparten la experiencia de haberse impregnado de su territorio, la esencia del sur, sea por nacimiento o por residencia. Y todos ellos presentan su quehacer poético en el espacio virtual, redes sociales, y a su vez publican en revistas, diarios, antologías y libros en su mayoría con editoriales locales, y otros, los de mayor y extensa trayectoria, tienen difusión en medios internacionales, de alguna manera, el ingenio y la solidaridad permite que ellos y ellas sean parte de la historia de la literatura latinoamericana y europea, así es como algunos y algunas forman parte de la literatura hispanoamericana elaborada en universidades extranjeras. Alguien dijo que «si no estaba escrito no existía» y manifestamos que esta obra es un testimonio de que existe la palabra y que los poetas continúan con férreo impulso trabajando sus versos.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Por último, señalar que agradecemos esta oportunidad de revista Medio Rural y la editorial de la Universidad Católica del Maule, por hacer presente a estos veinte poetas regionales trabajadores de la cultura y las artes.</p>
<div class="page" title="Page 107">
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<div class="column">
<h2>A MODO DE INTRODUCCIÓN</h2>
<div class="page" title="Page 107">
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">antologador: Ingrid Odgers Toloza</h6>
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<p>Surazo es una antología literaria que comprende poetas de la región del Biobío y de la región de la Araucanía. La poesía de este segmento del sur de Chile constituye uno de los sistemas poéticos más híbridos y abiertos de la literatura chilena. La escritura poética crece incesante y cotidiana, los límites que se han puesto en cuanto a la cantidad de escritores y escritoras que se debe considerar hace difícil una mayor selección de autores. Como toda antología, nunca será completa ni representará a la totalidad de los creadores que proliferan en esta siempre fértil tierra chilena, plagada de amor a la creación literaria impuesta por el espíritu de hombres y mujeres que abrazan la escritura con ímpetu y gozo exponencial. Por ello se hace necesario indicar que han sido selectos quienes tienen una profusa actividad en la actualidad, un conjunto de publicaciones que indica trayectoria y oficio, y la pródiga difusión de presentaciones de libros en espacios culturales y redes sociales. Ciertamente, no se fundamenta en teoría y complejas metodologías, pero sí se ha considerado que es un aporte al movimiento cultural, al patrimonio inmaterial de la nación que en el día de hoy posee vital importancia liberar.</p>
<div class="page" title="Page 107">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Biobío y Araucanía jamás dejan de crear ni aun en los momentos difíciles o en las catástrofes. Es necesario enaltecer esta cualidad que se hace presente para que nadie pueda olvidar esta característica fundamental de sus habitantes. Todos los rostros se representan, todas las circunstancias son develadas por los poetas, sin cuyo valioso aporte no sería posible validar y acrecentar el patrimonio inmaterial de nuestra sociedad o el imaginario social de las regiones estudiadas.</p>
</div>
</div>
</div>
<p>Esta heredad viene de los ancestros que habitaron por primera vez esta tierra y que jamás ninguno o ninguna podría negar.</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La rica cultura mapuche 1 es oral y las leyendas, los mitos, los refranes, rezos y cuentos, son la sabiduría popular que como buenos observadores y observantes de la naturaleza los nutre de una riqueza de relatos donde nunca desaparece la condición sagrada de la tierra y todo lo que ella contiene. Una de las principales formas de traspaso cultural de la lengua ritual es la oralidad, la que tiene muchos maestros: longkos y machis, y en general, todos los que tienen el hábito de narrar. Es indiscutible el aporte de los exponentes mapuche a las letras del país.</p>
<p>Con todo, tenemos que recordar que la historia de la poesía chilena a partir de los años setenta está marcada por dos hechos históricos extremos 2: la asunción de Salvador Allende al Gobierno en el año 1970 y el golpe de Estado de 1973. Sin embargo, el restablecimiento de los códigos comunicativos en la poesía es un proceso que manifiesta también estos conflictos, y el trabajo escritural tanto de la región del Biobío como de la región de la Araucanía no está libre de ello.</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Tampoco escapa a los posteriores y fuertes movimientos sociales de este siglo, como el estallido social y la pandemia, además de la violencia que se ha incrementado en cifras nunca antes vista.</p>
<p>Sin duda, esta antología será un valioso instrumento de análisis y difusión, junto con ser un estímulo para las nuevas generaciones.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>1 https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2013/02/ Gu%C3%ADa-mapuche-para-web.pdf</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>2 http://revistas.uach.cl/pdf/efilolo/n44/art04.pdf</p>
<hr />
<h1>CESAR VALDEBENITO (1975)</h1>
<div class="page" title="Page 112">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<div class="page" title="Page 112">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>He cerrado los ojos a la belleza<br />
Dijo: Tendrás que hablar de las cosas que nunca/</p>
<p>vendrán hablar de aquellas cosas que ya no existen</p>
<p>Del argumento de mi persona&#8230; quizás,/</p>
<p>Aunque de eso ya no sé nada.</p>
<p>1<br />
Amaré tu muerte como amaré mi muerte<br />
Luego he de cerrar los ojos y hacer de esto literatura</p>
<p>Esencialmente es lo que debo hacer<br />
Lo demás no importa<br />
Lo demás son lágrimas cartas fecha llantos<br />
En fin, todo ello es asunto de tiempo<br />
De la identidad del tiempo<br />
Primero de mi identidad y luego de tu identidad</p>
<p>Mucho después de la identidad que brota/</p>
<p>del tiempo</p>
<p>Esa identidad será lo que yo quiera<br />
Tendré que escribir la literatura de la identidad</p>
<p>De esa identidad no espero nada<br />
Solo eso&#8230; la identidad.</p>
</div>
<div class="column">
<p>2<br />
La belleza me cierra los ojos<br />
ha hablado desde la existencia en sí misma y/</p>
<p>enseguida abandonada esta única idea puede silenciar todo</p>
<p>¿esto será inútil o fatal? No lo sé<br />
en ocasiones sé muy bien lo que deberé tachar o lo/</p>
<p>que deberé escribir en otras ocasiones aparece de improviso el/</p>
<p>texto nuevo hay momentos en que eso da miedo como cuando/</p>
<p>la belleza da miedo en el futuro habrá un texto nuevo y luego otro</p>
<p>sé que será así<br />
el dolor la belleza o la muerte vendrán en el</p>
<p>texto nuevo allí quedará todo<br />
intacto entero<br />
entonces<br />
¿qué diré? No sé<br />
¿tendré que olvidar? No sé</p>
<p>no sabré qué decir</p>
<p>3<br />
Cierro los ojos<br />
Debo referirme a la mujer del jardín<br />
Pero solamente a partir de la mujer del jardín<br />
En ella reside el tiempo de la palabra<br />
Ante ella podría detenerme largamente<br />
Como ante una página<br />
O como ante la hoja blanca o vacía o que no dice nada.</p>
</div>
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</div>
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</div>
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</div>
</div>
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>4<br />
El cielo o el infierno podrían estar donde/</p>
<p>tú quieras donde yo quiera</p>
<p>5<br />
¿Cuál es tu verdad?<br />
Te repito: ninguna<br />
La verdad deberá existir más allá de todo esto</p>
<p>Pero eso en ocasiones me hace reír</p>
<p>6<br />
Mi casa como la belleza es una casa blanca/</p>
<p>echada a perder De ahí te escribo como si te llamara</p>
<p>Quizás puedas verme<br />
Sé que no servirá de nada</p>
<p>7</p>
<p>Quiero nombrarte<br />
quiero nombrarte con la palabra quiero encontrar esa palabra<br />
sea cual sea</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CONSUELO MARTÍNEZ ASTORGA (1989)</h1>
<h2>EXPERIENCIAS CORPORALE(E)S</h2>
<h6 style="text-align: right;">para Isabel Iriarte León</h6>
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Se abre mi carne, encorvada de placer, a otra carne que no veo, se entierra en un tiempo invisible y se transmuta mi orbitada dependencia. Vibra una voz en los oídos de mi pecho, persiguiendo trazos desvestidos y mis ojos poseídos por una levedad, se ausentan de la hora que había acordado con el cansancio. Allí, ambos, perdidos de la luna, de la calle, de la mirada comprimida, hacemos un mundo, nuestro mundo. Y el perfume de las hojas que transitamos, me anuncia que página a página nos hemos encontrado. Y si tan solo, tan solo la hora no hubiese tocado la puerta, habríamos concluido, pero vendré pronto, justo cuando el sol nos diga que volveremos a leernos.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 114">
<div class="page" title="Page 114">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>OLVIDAR</h2>
<p>A filo de una hoja de otoño, me escribo, para no olvi- dar, con una angustia de tiempo perdido, me escribo, sobre mi cuerpo, en el silencio, para no olvidar, me escribo, a punto, a punto, para no olvidar, olvidar, no, olvidar no, para recordar que tuve que hacerlo, en el silencio, escribiéndome, así para que los demás me recordaran, me vieran, me recordaran, así, así tal cual, con este cuerpo, con este cuerpo, sí, para no quedar en un recuerdo, volvería a hacerlo, no, no para sufrir, para no olvidar.</p>
<p>¿Habrá otro modo para no olvidar?</p>
</div>
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</div>
</div>
</div>
<hr />
<h2>¿DE DÓNDE VIENE EL MUNDO?</h2>
<div class="page" title="Page 114">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>El mundo viene de afuera, de adentro, de los sonidos, de las luces; el mundo me vino. El mundo viene de mi madre, de mi padre; de los sueños (eso me han dicho); el mundo viene cuando lo hago, cuando hago algo. El mundo viene, quizás no viene, o se me viene encima; este mundo tan frágil y pequeño desde un avión, tan aterrador cuando camino. De dónde viene, viene de las historias que me dejó mi abuela, viene con el viento; o simplemente con un poco de tinta cuando quiero volver a saber lo que se siente ser humana.</p>
<hr />
<h2>MENTIRA PIADOSA</h2>
<div class="page" title="Page 114">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Dijeron que nos quedáramos esperando, dijeron que volverían por nosotros. Nos quedamos esperando a que alguien viniera a encender la fogata. Nos dormimos esperando. Dijeron que algún día seríamos adultos, dijeron que todo sería diferente cuando fuéramos grandes.</p>
<p>Nos hicimos grandes. Solo nos hicimos más grandes.</p>
<hr />
<h1>INGRID ODGERS TOLOZA (1955)</h1>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 115">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>CÓDIGO</h2>
<p>Animalilla<br />
Del seso al hueso<br />
del olfato al gusto<br />
salivo el verso<br />
Concibo<br />
en el pozo del tacto<br />
Forjo<br />
en la hondura del ojo Fraguo<br />
desde cloacas y arrabales desde nudos y crepúsculos</p>
<p>desde el carrusel y el circo</p>
<p>Pantomima de mí</p>
<p>Salivo/iot</p>
<hr />
<h2>NABILA</h2>
<p>El hacha fue el aviso<br />
Eran rojos los ojos<br />
Ojos dormidos piernas desnudas</p>
<p>—Entumecidos peldaños—<br />
¡¡Ay mundo, altivez y macho!!<br />
Este dolor que navega por las silentes paredes</p>
<p>Este dolor que ahoga y triza la garganta<br />
Y era temblor la noche</p>
<div class="page" title="Page 115">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Cuando la puerta fue el mensaje</p>
<p>—Y se quedó quebrada como tus Sueños—<br />
En soledad de madera</p>
<p>Junto al pasamanos<br />
—desvestido—<br />
Y fue hiel el llanto<br />
Y el humor lobo y fue entonces la piedra Toda la tormenta</p>
<p>Riada – Marea alta – Ocaso</p>
<p>Barca desolada<br />
El hacha fue mensaje<br />
Y entonces</p>
<p>¿Quién habla en el poema? Y<br />
¿De qué?<br />
Te diré exhausta, casi ahogada por la cuerda larga</p>
<p>El macho toro y la mujer zozobra<br />
Carencia latente que destila la risa<br />
Si beber fuera el olvido<br />
Si la puerta si el hacha si la lujuria y los senos</p>
<p>Si el pecho desnudo y el jolgorio</p>
<p>Cuando la puerta fue el<br />
rajado recado<br />
—Y el oído se hizo sordo—<br />
Hoja, ojo y contrafilo todos inútiles</p>
<p>Ante el atisbo del apego</p>
<p>Iba la muerte cantando<br />
Hacha-hacha-hacha<br />
Ella Que negra ronda y ronda exclamó ¡Piedra!!</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 116">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ALEJANDRO CONCHA (1995)</h1>
<h2>POTESTADES SECULARES</h2>
<p>¿Qué tiene usted con la palabra inmunda? La realidad es virgen<br />
y hierve a torrente debajo de los caños. No pierda el tiempo.</p>
<p>Ningún hombre en la historia<br />
así como ninguna mujer,<br />
dijo Algo como un balbuceo<br />
Algo como un intento de frase<br />
algo así como un No sé qué.<br />
Cada palabra ha sido disecada para su consumo,</p>
<p>cada argumento cae por su propio peso</p>
<p>y aporta a su manera con sus círculos de agua.</p>
<p>No hay poema intrascendente.<br />
Déjese de leer esas tonteras del oráculo,<br />
la riqueza y la cama.</p>
<p>Cada débil aferra su esquirla<br />
y a sus pies de barro, recita un mantra<br />
a fin que el viento no le lleve.<br />
Si hay carne en esos huesos<br />
si hubo pan en los barriales<br />
a las aves no podría importar menos la tradición.</p>
<p>Piense en esto cuando el horror enfrente:<br />
todo cuanto vea<br />
pertenece a las bestias.</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 116">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>HORA BRUJA</h2>
<p>Aquellos que mueren tranquilos<br />
tienen la palabra justa<br />
y el tono perfecto de la calma.<br />
Azul es el color de su hora bruja<br />
cuando el cielo se remoja como un pañuelo</p>
<p>recogido del suelo de la tarde.</p>
<p>El fuego aún quema las mejillas<br />
y hará falta frotarlas para sentir<br />
de nuevo la escarcha bajo los labios<br />
que ya jamás volverán abrirse.<br />
Habrán dicho<br />
todo lo que restaba por escribir,<br />
habrán soltado al perdón de su jaula.<br />
Habrán llegado a casa sin necesidad de hacer ruido</p>
<p>o abrir las puertas de la despensa.<br />
Habrán oído al gato saltar de la repisa<br />
disparando su cacería volátil.<br />
Aquellos quebrados por el aire<br />
se derrumbarán en invierno,<br />
porque, aunque quede sol sobre sus cabezas<br />
o reluzca el oro intacto en la corriente,<br />
la nube que ensombrece los campos<br />
y el viento, como una daga de quietud repentina</p>
<p>de cosas ya dichas y recuerdos contados<br />
abrirá un sabor seco en la boca,<br />
hoja que solo entonces<br />
podremos llamar silencio.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 117">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ELGAR UTRERAS SOLANO (1972)</h1>
<h2>EL ÁNGEL MÁS PEQUEÑO</h2>
<p>Después de la lluvia En el barro de la calle Juega descalzo<br />
El ángel más pequeño Del campamento.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>PASILLO I</h2>
<p>Hay un nervio roto en el extremo<br />
De esta casa<br />
Montón de guijarros<br />
Y las palabras están con la clave perdida</p>
<p>¿Cómo estás hoy? ¿Tienes algo que decir?</p>
<p>Responde una mudez azul</p>
<p>Y la semana ¿Qué tal?<br />
La espera<br />
Es estarse de vacaciones en el infierno</p>
<p>Quizás sea toda una tormenta en la selva</p>
<p>Un par de chicas asustadas<br />
Alguna víctima de robo<br />
Manejemos todas las posibilidades</p>
<p>Mientras el vigor está en la dosis diaria</p>
<p>No recuerdo si pasé por esto antes<br />
¿Ud. tendría la gentileza de decírmelo?</p>
<p>Aquí es de lo único que se habla</p>
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<div class="column">
<p>Las rosas no impresionan a nadie<br />
Ni los gatos<br />
La música estaría bien<br />
Hablar un poco más con los amigos<br />
¿Ya se van? ¿No podrían quedarse un segundo más?</p>
<p>Sin embargo, así se va en este avión</p>
<p>Un nervio hecho trizas<br />
Y este montón de guijarros ¿Qué hace en la ciudad?</p>
<hr />
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<div class="column">
<h2>NO HAY OLVIDO</h2>
<p>Es cierto<br />
No hay olvido para tanta ceniza<br />
Para esa costumbre que nos obliga a la transparencia</p>
<p>De andenes perdidos en la niebla<br />
Forzados a morder el silencio<br />
Hecho de un amanecer<br />
De esquirlas en la carne<br />
No hay olvido para la sal de tanto nombre</p>
<p>Llamando en la oscuridad que se desgarra<br />
Con la luz del tiempo<br />
Voz que viene desde el fondo de todas las cosas</p>
<p>Como el cuerpo en el oleaje<br />
No hay olvido para tanto y tanto que abrazamos</p>
<p>En la soberanía de la ausencia<br />
Anhelando como buenos deseos<br />
Encontrarlos siempre en el momento preciso<br />
No hay olvido<br />
No hay olvido No hay</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
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<div class="column">
<h2>DRAGÓN ROJO</h2>
<p>Él, la piel desnuda de la muerte.</p>
<p>Ella, mujer vestida de ocaso</p>
<p>finge dormir<br />
bajo sus pies</p>
<p>para derrotarle en su cuerpo.</p>
<hr />
<h1>DOLORES VIOLETA (NO INFORMA)</h1>
</div>
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<div class="column">
<h2>Nació</h2>
<p>Amorfa y sin culpa<br />
de piel marrón y olor a barro</p>
<p>un invierno donde la lluvia del sur no se/</p>
<p>duerme, no se apaga sin ella cuánto de tanto habría/</p>
<p>ya extinguídose.</p>
<p>Una noche de luna negra<br />
de su espalda salió un tubérculo de masa dura como/</p>
<p>el cuero de tiburón de textura suave, liviana y caliente</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
<p>partía sus vértebras</p>
</div>
<div class="column">
<p>Largo era el tubérculo que</p>
<p>largo y peludo<br />
se extendía hacia cerros y techos</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
<p>cielos y copas<br />
por pavimentos y valles</p>
<p>La histérica desplegó alas de mariposa nocturna</p>
<p>y un brazo de gorila desde su columna<br />
y ojos de mosca</p>
<p>y manos sin dedos de brazos sin huesos</p>
<p>No era pulpo</p>
<p>aunque similar</p>
<p>Podía ver en ultravioleta</p>
<p>y se reproducía gracias a ella misma</p>
<p>cantaba como codorniz</p>
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<div class="column">
<p>a pesar de su pequeño pico de ave joven<br />
Ya no camina</p>
</div>
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</div>
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<div class="column">
<p>se desplaza<br />
y con sus enormes</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>ubres</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>rebosadas de agua</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>montañosa</p>
<div class="page" title="Page 119">
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<div class="column">
<p>alimenta a las crías moribundas</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>de la tierra seca.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>AQUÍ LA DESGRACIA SE TOMA CON CUCHARA OXIDADA</p>
<p>Un par de manos mide rodamientos con un pie de metro y los selecciona según su tamaño. Le sucede la vida en un segundo al desgraciado. Si es cosa de mirarle la cara para saber que es desgraciado. Se limpia las manos agitado y nervioso con un paño grasoso que cuelga de su bolsillo. Mientras le sucede la vida le suenan las tripas como engranajes manchados de herrumbre.</p>
<p>En tanto, la desgracia habita en sus amorfas formas, se obsesiona con las tuercas de camiones de remolque. Con la poca gracia que tienen sus piernas, un par de kilómetros avanza en bicicleta y busca tornillos, pernos y alambres de púa debajo de enormes estructuras de fierro podrido.</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>El desgraciado jamás se mostrará de uñas limpias porque el oficio de recoger no se le dio a las manitos lozanas, esculpidas.</p>
<p>Los desgraciados como él no humedecen sus manos porque los desgraciados como él no se arrugan, se oxidan, les agarra un color naranjo ladrillo, a mandarina o a caléndula muerta, a tétano podría ser o a hueso descalificado teñido con níspero deshidratado.</p>
<p>Los desgraciados que dedican su vida a recoger tesoros enterrados en el barro bajo máquinas interfectas son ya escasos. Antiguamente se les veía con suave disposición, cabeza gacha buscando fierros y madera. Los desgraciados que consideran que la basura es el gran tesoro han de creer además que los órganos humanos se han convertido en piezas hechizas.</p>
<p>Y mientras sucede la vida relativamente cada quien encuentra como convertirse en basura, escultura, abono o comida, cómo los desgraciados que inventan sueños oxidados a los visitantes y residentes de la espiral que se es parte, cuando nos expulsan, o nos extraen del vientre que albergó tanto engranaje suelto de ideas y escombros.</p>
</div>
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<hr />
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<div class="column">
<h1>LUIS CONTRERAS JARA (1941)</h1>
<h2>POEMA DE LA NIÑA BALEADA</h2>
<p>No sé cómo te llamas, pero sé<br />
que defiendes el agua y que te llueven por eso moscas de acero</p>
<p>No sé dónde encontrarte en esta tarde de colmenas</p>
<p>pero siento el aroma a verbena de tu voz</p>
<p>Ignoro dónde estudias, sin embargo<br />
creo que era mejor ese dibujo de tu cuaderno</p>
<p>con madreselvas y cigarras<br />
que esta página de carabinas escapadas</p>
<p>Por amar la justicia te sujetaron los brazos</p>
<p>estrangularon tu ramo tierno<br />
y el de las amapolas que cortejan los geranios/</p>
<p>de octubre</p>
<p>Como no sé tu nombre solo voy a llamarte primavera porque en tu mano volverá el guijarro a ser estrella correré junto a ti contando tus pisadas con los pétalos de todas las margaritas que irán junto a nosotros hacia las colinas floridas</p>
<p>Ayer por la tarde, cuando cantabas a la justicia el río en el que ibas estaba cercado de álamos/</p>
<p>envenenados</p>
</div>
<div class="column">
<p>llenos de pájaros de plomo<br />
y yo estaba lejos de ti<br />
en la zarza espiaban cabezas vacías y manos<br />
que buscaban el vestido que te habían bordado/</p>
<p>las mariposas ondeaban los cipreses detrás de tu sombra</p>
<p>rasguñaban la tarde las ortigas<br />
aullaban los lobos detrás de los cipreses y yo no estaba junto a ti</p>
<p>Te miraba el vacío cilíndrico y mortal, un vacío/<br />
de hueso</p>
<p>por la cuenca siniestra<br />
observaba tus ojos de plata<br />
y yo no estaba junto a ti<br />
hasta que de pronto rompió el surtidor junto/</p>
<p>al jardín sagrado</p>
<p>Tú<br />
estabas llena de claveles.</p>
</div>
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<hr />
<div class="page" title="Page 121">
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<div class="column">
<h1>EUGENIA TOLEDO RENNER (1945)</h1>
<h2>MADERA</h2>
<p>Parece difícil ser árbol y<br />
poseer un corazón de madera.<br />
Estar durmiendo en invierno, despertar en primavera<br />
cuando terminen estas oscuridades o cuando vuelvan las lluvias,<br />
porque hay pocas probabilidades. Habría que pintarlo, florecido.</p>
<hr />
<h2>LA MUTACIÓN HISTÓRICA</h2>
<p>1<br />
Cada día generoso # trabaja y organiza La ceniza del cielo # pintó de novia # las/</p>
<p>montañas anoche Es invierno aquí # y brillan las granadas</p>
<p>En sus canastas # en la verdulería<br />
El Lago Caburgua # estira su lienzo blanco # copia/</p>
<p>del cielo Se pintarán dos barcos de papel flotando desde/</p>
<p>la orilla</p>
</div>
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</div>
<div class="page" title="Page 121">
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<div class="column">
<p>Mientras # yo me sentaré en una roca</p>
<p>Reflexionando sobre este suelo:<br />
Embebida en la profundidad del dulce lago que pregona olas y caricias</p>
<p>que se entrega y sana</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 121">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La distancia entre la vida y la muerte.<br />
Los días no serán más cortos # ni las tareas más largas,/</p>
<p>me dice</p>
<p>Luego, asciendo tratando de descifrar<br />
las arterias de la cordillera de los Andes.<br />
En el bosque descubrí sombras # persiguiendo luces eran mis días # que brincan en su color propio:<br />
la gloria de las hojas # ojos son<br />
los ganchos # pájaros de las islas # desnudas líneas con un azul ademán de agua.<br />
Torres de sangre # país que se desgaja # país mío como una naranja # como la granada<br />
El que vuelvo a ver # a ver y a volver<br />
¿Quién contará la historia de tus pueblos?<br />
¿Quién quitará el velo al silencio que quiere hablar?</p>
<p>El viento me empuja en reversa y<br />
el lago hacia el nítido lago.</p>
<p>2<br />
Ayer fue un día extraño # otros territorios como el de la pandemia<br />
Ayer raíz de rayo # canto quebradizo<br />
los números de nuestros muertos<br />
Ayer en Caburgua # llovían otras gotas de lluvia</p>
<p>Los choroyes se reunieron en algarabía en la/</p>
<p>plaza de Pucón Y el día # con el trabajo # se hizo un par de horas</p>
<p>Ayer # abrí dos libros # porque hablar no podía</p>
<p># ya que me voy enmudeciendo<br />
¿Qué corazón puede bastar para entenderlos?</p>
<p>Ayer # abrí # dos libros de Walter Benjamin:</p>
<p>Iluminaciones y La vida posible.<br />
Entendí un tercio de lo que leí.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 122">
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<div class="column">
<h1>ALAN MUÑOZ OLIVARES (1977)</h1>
<h2>IMAGINARIO DE CHILE</h2>
<h6 style="text-align: right;">A la memoria de Eduardo Meneses Valencia (1975-2000) que Va al Paraíso.</h6>
<p>Cierra la Puerta/ Lo que tengo para decirte/ ya ocu- rrió antes en la mente/ una y otra vez en el espejo/ Cierra la puerta/ Porque las paredes quieren oír/ el origen de este mito antes del palimpsesto/ como en una liturgia del consejo de ancianos/ alrededor de una fogata en mitad de la noche/ el susurro del secreto tras el primer fuego/ el sonido de los leños crepitando en el vacío.</p>
<p>Cierra la boca/ Deja que el silencio invada los cuatro costados/ Presiente que no hay nada más que este cuerpo/ en posición de loto frente al infinito/ que has caído en cuenta que esto se superpone a un lugar-no lugar/ de la consciencia/</p>
<p>Cierra la boca/ e imagina que la poesía no quiere estar entre los muertos/ Y ha hecho, de un bastidor, un país para habitarlo.<br />
Cierra los ojos/ e imagina la arquitectura de este país/ más allá de los sueños/ de sus valles y volcanes urgentes/ más allá del levantamiento de las zonas mapeadas/ el acabado de sus fronteras líquidas/ de la extensión escalar de la atmosfera/ de la tensión</p>
</div>
<div class="column">
<p>jerárquica de los símbolos/ Cierra los ojos/ e imagina el aquí y el ahora de estos paisajes tejidos/ del acantilado y de su honestidad material.<br />
Cierra los ojos/ e imagina una ciudad de noche/ cualquier ciudad de Chile bajo fuego/ de lluvia/ Camina en el vértigo de los vehículos/ que pasan esquivando los charcos/ Mira las luces de la ciudad/ reflejando los neones en sus calles mojadas/ ¿Reconoces esta ciudad?/ Imagina que estas calles van a tu encuentro/ ¿Cómo es el abrazo?/ ¿Cómo se siente perderse en una ciudad sin nombre?<br />
Imagina que hay una callejuela lateral/ Camina por esta calleja explorando el gesto del muro/ de edificios, tiendas y residencias en el territorio/ pronto verás una vieja casa abandonada/ es Casapoema que respira aún bajo las enredaderas/ Las ventanas están sucias, empañadas y salpicadas de lluvia/ acércate para mirar hacia adentro/ observa algunas siluetas borrosas/ moho, fantasmas y reliquias.<br />
Imagina que una puerta se abre/ y te invita a recorrer sus habitaciones efímeras/ sus pasillos son un paramé- trico desfile de palabras/ al final, sube escaleras imaginarias hacia una buhardilla que da al Everest/ mira el mundo como un niño/ sé un niño que extiende los brazos/ sobre noches blancas/ ¿Cómo se siente sacar este aullido?/ Descubre que no hay retorno después de conocer el paraíso.<br />
Lentamente, vuelve sobre tus pasos/ y exhala de a poco la falta de oxígeno/ la escalera te lleva al sótano de los sentidos/ algunos libros desperdigados/ revelan que hubo alguna vez una biblioteca/ una luz tenue te señala una mesa y un libro abandonado/ Conviértete ahora en ese libro/ ¿Qué libro eres?/ tus tapas, tus hojas, tu olor/ ¿Por qué fuiste dejado a tu suerte? Imagina que vuelves a ser tú, de nuevo/ el libro te observa desde la mesa/ con dilación hojeas la factura de sus gemidos/ ¿ahora entiendes la geometría orgánica de la curva que acoge?/ ¿ahora entiendes la nigromancia entre tinta y celulosa?/ Ahora, lenta- mente despídete del libro/ y guárdalo en algún lugar de tu memoria/ Imagina y empieza marcha hacia la salida de este castillo en el aire.</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Despídete del Genius Loci Casapoema/ Dirige tus pasos a aquellas calles renacidas del agua/ Echa un último vistazo a la acupuntura urbana/ Prepárate a abandonar este país de facto en un cuadro/ Regresa tu existencia a esta galería/ Abre los ojos/ Reconócete en esta exposición en el Salón de la Infamia/</p>
<p>Ahora cierra las puertas/ contigo afuera/ Y empecemos a soñar en serio.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ADÁN MÉNDEZ (1967)</h1>
<h2>MENOS MAL QUE HUBO CONCEPCIÓN SIQUIERA</h2>
<p>Donde una casa se reía sola<br />
Con la cosquilla de su vida interna</p>
<p>Matadero del pan con mantequilla</p>
<p>Refugio de cualquiera cachureo</p>
<p>Menos mal abuelita</p>
<p>menos mal</p>
<p>Porque paramos justo en este patio</p>
<p>En que no caben caracoles</p>
<p>Caben ciruelos chuecos<br />
Caben gatos asoleándose en el zinc</p>
<hr />
<h2>EJERCIÓ EL HÁBITO INSOPORTABLE CHILLANEJO</h2>
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>De sobresalir como poeta<br />
Por sobre cada contemporáneo suyo Insistiendo todo el tiempo<br />
En que ese suceso no importaba nada Comparado con el de ser un chillanejo</p>
<hr />
<h2>CUANDO SALIMOS DE PUERTO</h2>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Tomamos un Cruz del Sur</p>
<p>Compré almendras a la madre</p>
<p>Y a cada niño un yogur</p>
<p>Ya embarcados en Pargua Una tunina<br />
Vimos del ventanuco<br />
De la cabina</p>
<p>De la cabina sí<br />
Vuelta a los buses<br />
Se hizo noche y la lluvia</p>
<p>Raya las luces</p>
<p>Brilla en bajo relieve Ancud en breve</p>
<hr />
<h1>NICOLÁS BARRÍA GONZÁLEZ (1988)</h1>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>HAMARTIA</h2>
<p>Y así,<br />
de tanto repetirla,<br />
de tanto nombrarla<br />
fue como la mentira,<br />
elevada sobre todas las preguntas,<br />
cantada con rito de hambre y sed de hierro,</p>
<p>sangró a gritos las ancianas sinfonías,</p>
<p>anclando caníbales perfumes<br />
sobre el sexo<br />
secreto<br />
de la cría.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>ALDEA DE LA CAVERNA</h2>
<p>Vi pueblos de roca entre nubes magenta</p>
<p>alzando sus muros, reuniendo la grieta</p>
<p>arruman metal en cristales de asombro</p>
<p>baúles repletos de astutas ofrendas.</p>
<hr />
<h2>SIEMBRA SOMBRA</h2>
<div class="page" title="Page 125">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Nocturno dialecto la noche bosqueja,</p>
<p>ancianas vocales que nacen volando,</p>
<p>elongan su abismo con tacto perplejo</p>
<p>destello semilla del hielo estrellado.</p>
<hr />
<h2>SONRISA DE RAMANUJAN</h2>
<p>Flotantes micrófonos orbitales<br />
saborean tormentas de números primos,</p>
<p>buscan huellas de calor<br />
en el último volcán de Selene.<br />
No la encuentran, no hay oído de metal</p>
<p>que escuche tan primarias las caricias.</p>
<hr />
<h1>ENRIQUE GIORDANO (1946)</h1>
<div class="page" title="Page 125">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>ENTREMAPA</h2>
<p>¿Qué tipo inmundo asqueroso hijo de puta estará besando tu boca?<br />
¿Qué harás con las cincuenta lucas que te pagó?</p>
<p>¿Cuánto tiempo llevas esperando<br />
el bus que te lleva a tu cuarto oscuro?</p>
<p>Porque ya estarás comenzando a pensar</p>
<p>en el día de mañana</p>
<p>en la sonrisa que se deforma<br />
en los sueños que se arrugan para siempre</p>
<p>Ya habrán enterrado tu boca en una sábana sucia</p>
<p>Porque a nuestra edad,</p>
<p>lo tendrás que ir aceptando todo</p>
<p>como el vino agrio en tu vaso sucio</p>
<p>Va llegando la oscuridad</p>
<p>Los buses se demoran</p>
<p>Pasada la medianoche<br />
uno tiene que esperar</p>
<p>Y a nuestras horas ya no pasan</p>
<p>Te imagino frente a los canales grises de Santiago</p>
<div class="page" title="Page 126">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Viendo cómo se va el agua</p>
<p>Así<br />
tan sin gracia</p>
<p>—arrastrando ojos y pulmones reventados—</p>
<p>¿Desde qué puente<br />
desde qué cuarto anónimo</p>
<p>de la Avenida Matta y la calle Franklin?</p>
<p>¿Desde qué casa sin puertas?</p>
<p>Cuando cierres la última cortina de tu/ cuarto húmedo</p>
<p>pensarás en mí Sé que pensarás en mí</p>
<p>Irás cerrando los ojos con lentitud contento</p>
<p>quizás feliz y te dirás que la vida vale la pena vivirla</p>
<p>porque me recordarás diciendo: «¡Te quiero, Patricio!»&#8230;</p>
<div class="page" title="Page 126">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>y las flores volverán a crecer en el jardín que nunca tuviste.</p>
<hr />
<h1>PILAR RIVEROS (1964)</h1>
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<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>EL TIEMPO</h2>
<p>El tiempo transcurre<br />
sin ser víctima del consumismo y<br />
su torrente explosivo.<br />
No se confunde en la catástrofe humana.<br />
Sus rincones están protegidos por murallas de espejos</p>
<p>que siguen su curso sin castigar lo súbito<br />
sin que contaminadas partículas lo toquen.<br />
El tiempo no se llueve dentro<br />
y cabe dentro de la lluvia<br />
es canto que pende del círculo universal<br />
posee estructura para detener impertinencias<br />
y enigmática claridad para soltar ataduras.<br />
El misterio del tiempo<br />
no cabe en las cuencas del aire.<br />
El misterio del tiempo<br />
permanece escondido en lo insólito<br />
en la vitalidad de las calzadas<br />
en el bolsillo del vagabundo.<br />
&#8230;No sabe de oscuridad e imposibles.<br />
Permanece insepulto frente a nuestra prisa.<br />
El tiempo infinitamente amplio<br />
ofrece su mano sin costras<br />
al término de nuestro tiempo<br />
como metáfora de eternidad.</p>
<hr />
<h2>ESQUELETO DE UN POEMA</h2>
<div class="page" title="Page 127">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>En la bruma creo adivinar ojos cargados de tristeza</p>
<p>y como si se difuminara algo que quiso ser sonrisa.</p>
<p>Me pregunto si permanezco intacta<br />
en el recuerdo de tus ojos<br />
si tu boca lleva la memoria de entre mis muslos.</p>
<p>Si aparte de los desencantos tienes alguna ternura</p>
<p>dispuesta a prodigarse en mí.</p>
<p>Intento un poema y solo consigo un esbozo<br />
en donde se confunde el cara y cruz de esta historia.</p>
<p>Intento un poema y solo logro el esqueleto</p>
<p>del que pudiera ser perfecto.</p>
<p>Enloquecida me fragmento en la bruma<br />
en el intento de unir palabras de manera perfecta</p>
<p>&#8230; de ponerle carne y sangre al esqueleto<br />
carne y sangre<br />
fecundidad para mi pan que eres tú<br />
como triunfo sobre los rencores.</p>
<hr />
<h1>MIRIAM LEIVA GARRIDO (1958)</h1>
<div class="page" title="Page 127">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>LOS RUIDOS HACEN ECO</h2>
<h6 style="text-align: right;">Silencio, un gran silencio, un silencio de años,</h6>
<h6 style="text-align: right;">de siglos, un silencio aterrador que empieza a crecer</h6>
<h6 style="text-align: right;">en el cuarto y dentro de mi cabeza.</h6>
<h6 style="text-align: right;">María Luisa Bombal</h6>
<p>I<br />
Cómo vamos a contar<br />
el desespero,<br />
anudarse en la llovizna<br />
revelarse de la mano que no suelta</p>
<p>la lluvia que demora entre la niebla</p>
<p>cuando todo es una boca de lobos</p>
<p>un túnel oscuro lleno de zarpazos</p>
<p>sin memoria<br />
y al filo.<br />
Cómo vamos a salir<br />
con tanto frío<br />
llena de humedad la ropa<br />
bastaría volverse agua<br />
extinguirse como nunca<br />
entre las piedras.<br />
Cómo vamos a continuar viviendo</p>
<p>cada vez que la palabra<br />
se enmaraña<br />
los dedos se rompen<br />
y la llovizna breve<br />
no cesa.</p>
<div class="page" title="Page 128">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>ii<br />
Tengo un ruido haciendo eco<br />
debe ser la desilusión<br />
sin mascara derritiendo mis huesos precaria de ciertos movimientos me deshielo<br />
me abandono<br />
me hago sombra<br />
en las mismas entretelas<br />
por desgracia.</p>
<p>III<br />
Desde la ausencia<br />
me hago compañera de mi sombra<br />
me deshago en ella desolada<br />
me condeno negada contra la muralla<br />
me cobijo en la indiferencia dislocada<br />
harta de amputarme en la ceguera<br />
entre sus percepciones<br />
muerdo la rabia de esta soledad irrevocable<br />
es evidente la destreza de algunos de arrimarse</p>
<p>al árbol y hacer leña</p>
</div>
<div class="column">
<p>IV<br />
Engañosa mi indolencia<br />
despierto olvidada<br />
no logro comprender el mal<br />
mis delitos purgados en soledad<br />
me arrastro en el desencanto desgarrada</p>
<p>abatida en medio de lo oscuro<br />
muy en el fondo grito<br />
me nacen rebeliones.</p>
<p>V<br />
Tengo frío estoy debilitándome<br />
el cielo no deja respirar<br />
guardo las marcas<br />
de la hoja rebanándose<br />
la «Última niebla cae de mis manos»</p>
<p>María Luisa Bombal<br />
sonríe en la contratapa<br />
sangro profusamente<br />
no sé si vivo o sueño<br />
tengo cansancio.</p>
<hr />
<h1>DANIELA GUERRERO GONZÁLEZ (1981)</h1>
<div class="page" title="Page 129">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>DEL SALÓN DE LOS ESPEJOS</h2>
<p>Frente a la imposibilidad de decir Actúo.<br />
Frente a la imposibilidad de actuar Grito.</p>
<p>Frente a la imposibilidad de gritar Lloro.<br />
Frente a la imposibilidad de llorar Aúllo.</p>
<p>Frente a la imposibilidad de aullar<br />
Me entrego.<br />
Y ahí de cuclillas frente mí,<br />
Un cuerpo espera desnudo a cambio de nada Expuesto</p>
<p>Ansioso<br />
Solo<br />
Húmedo<br />
En la mitad más encendida Del salón de los espejos.</p>
<hr />
<h2>GOLPE</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Bajo mi cuerpo<br />
el siniestro espejo dice la verdad.<br />
Surge la voz ambigua de la vergüenza</p>
<p>¡Traición!<br />
Gritan las lenguas que deambulan en la urbe</p>
<p>¡Traición!<br />
Mientras&#8230;<br />
mi sangre aún no alcanza a secarse sobre/</p>
<p>el pavimento.</p>
<hr />
<h2>NUBE</h2>
<p>Mi boca se ha tragado mi lengua.<br />
y mis dientes a mordiscos intenten revivirla,</p>
<p>la garganta solo recibe con gusto a sangre</p>
<p>mucha saliva muda.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 130">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ALEXIS FIGUEROA (1956)</h1>
<h2>DIVÁN SENTIMENTAL</h2>
<p>Tu boca, como llaga de volcán y terciopelo,</p>
<p>es el rastro de una herida abierta en O.</p>
<p>Me miras con abandono algo fingido,</p>
<p>tendida en tu diván sentimental.</p>
<p>Bella mariposa,<br />
posada en una rosa de Chanel,</p>
<p>libélula costosa,<br />
envuelta en cuero negro<br />
de la cabeza hasta los pies.</p>
<p>Yo ante ti, con mi lastre ruin de inadaptado,</p>
<p>recito una romanza de Genet.</p>
<p>Un saco de manos palpitantes<br />
te he traído de regalo en esta tarde, c</p>
<p>ortadas en el jardín humano con ternura,</p>
<p>para decorar el tapiz del canapé.</p>
<p>(La navaja de Auschwitz en mi brazo,</p>
<p>tatuada junto a espinas pendencieras,</p>
<p>gotas con la forma de fresones,<br />
gotas púrpuras simulando corazones).</p>
</div>
<div class="column">
<p>Y tú, náyade carnívora, donosa,<br />
dormitas entre hierba y videoclip.<br />
No haces caso,<br />
suenan las sirenas ambulando entre la lluvia,</p>
<p>y busca la police al hombre lobo de París.</p>
<p>Soy yo. Aullador de los ensueños de la luna,</p>
<p>que ilumina con su lívido rocío,<br />
los cromados de mi moto bmw.</p>
<p>Mira corazón por la ventana<br />
el parachoques esmaltado: suavemente en él,<br />
con erótica paciencia he ensartado,</p>
<p>cuerpos y más cuerpos, antes vivos,</p>
<p>ahora muertos:</p>
<p>soy el asesino enamorado de la calle,</p>
<p>soy Dennis, el hombre lobo que te ama,</p>
<p>hombre lobo con pasión automotriz.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 131">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CARLOS COCIÑA (1950)</h1>
<h2>EL AIRE QUE SE EXPULSA</h2>
<p>3C<br />
Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo; todo el cuerpo se revela ante el acto que cercena reacciones, desde el origen establecidas a nivel genético por la sa- via del fornicio y la revelación de milenios de órdenes transcritas en la más inverosímil coordinación de los detalles posibles de la existencia. El violenta miento de las expectativas, que a nivel de estructuras moleculares está descrito, atenta contra la más elemental humanidad genética, y la descripción de estos movi- mientos solo es con las palabras que revelan el posible transcurso que llevarán los líquidos particulares de un cuerpo en el momento en que el reflejo de luz es absorbido en las alteraciones de conos y bastoncitos. Nadie tiene derecho a quebrantar la reelaboración de las células y las nuevas epidermis que van emergiendo desde el mismo tiempo en que se produjo la combinación genética, ni negar la posibilidad de la eyaculación en la mujer que conocerá mañana. Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo, porque el espacio del cuerpo se proyecta hacia el próximo momento, y tiene el espacio su espacio en cada rostro y cuerpo conocidos y es un espacio ya dado y posible en el cuerpo de los hijos, del hermano, de la mujer y cada uno de los que van haciendo espacio a ese cuerpo que no puede violentarse hasta el momento en que sea preciso quebrantarse porque el aire es expulsado por el mismo cuerpo que se disuelve en sí mismo.</p>
</div>
<div class="column">
<p>12C<br />
Con la fuerza de la luz en los vidrios, la imaginación se ubica en territorios cercanos a valles inexistentes. Las aguas, en sus múltiples estados cercan las mon- tañas, los ríos y el mar y hacen de las extensiones un espacio apenas vislumbrado.</p>
<p>Como islas donde ha desaparecido todo vestigio de uno de los colores primarios, la inexactitud de las referencias afecta cada paso. Frente al mar se elevan a baja altura algunos pájaros que no alteran en nada el paisaje percibido solo con algunos de los sentidos más evidentes. De las escalas musicales conocidas, solo una es la existente y aunque se escuchen otras, su identificación es negada por el solo nombre de los valles interiores.</p>
<p>Es lejos donde el río se hace río. En su constitución, el movimiento es secreto. A pesar de ello, el agua llega a este paraje. Las cosas y los momentos surgen de acuerdo a una lógica que pronto se diluye. Basta aplicar el mismo curso a cosas o momentos distintos para reproducir otras corrientes de afecto. Ahí los esquemas se expanden en direcciones imposibles, o sus vectores se ubican al unísono en distintos lugares. Momentos inimaginables cuyo único trazo es la descarga. Cosas de luminosidad incontenible, que solo se dirige a sí misma. Pero casi siempre las aguas forman un curso, cuyo origen está en cualquier momento de las cosas.</p>
<div class="page" title="Page 132">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Versión 31<br />
Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas en el cerebro. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos.</p>
<p>De otra manera 31.1<br />
El hacer y la práctica reanima el tracto de materia blanca y de la oscura, se llenan de humedales en los que anidan nuevos revuelos. Tareas de fluidez que se extienden al expandirse las arquitecturas fluviales que destilan información neta.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Proposición 31.1.1<br />
Las cosas que no existen, están en el origen de las palabras.</p>
<p>De otra manera 31.2<br />
Las maquinarias biológicas funcionan por proteínas, moléculas diversas que se ensamblan a partir de veinte piezas diferentes, los aminoácidos. Su gran variabilidad genera un repertorio, cada una con una función particular. Las hay estructurales, y las enzimas son responsables de las reacciones químicas. El cuerpo las fabrica y las desecha para hacer otras nuevas, de acuerdo a instrucciones genéticas precisas del citoplasma. Las instrucciones no salen del núcleo, sino que se copia un trozo del ADN en otra molécula, el mensajero.</p>
<p>pero temo que lo tomen en serio «síganme los malos»<br />
Jesús</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 133">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>EGOR MARDONES (1957)</h1>
<h2>SHAKESPEARE REVISITED</h2>
<p>Estoy bajo un cielo que amenaza tormenta eléctrica.</p>
<p>Estoy en Suburbia, el corazón de las tinieblas de/</p>
<p>Night Citi. Estoy con mi dosis exacta de droga déjà vu/</p>
<p>entre ceja y ceja en uno de esos cinematográficos tiempos muertos/</p>
<p>de la madrugada</p>
<p>infinita<br />
que siempre nos conducen a ninguna parte</p>
<p>lejos de aquí.</p>
<p>La radio transmite entusiasta <em>The Raven,</em>/<br />
de Lou Reed,</p>
<p>y hojeo distraídamente La comedia de/<br />
las equivocaciones</p>
<p>de Shakespeare, el infalible, que alguien dejó olvidado en el taxi:</p>
<p>«Dicen que esta ciudad está llena de truhanes, de rateros listos que engañan la vista,</p>
<p>de nigromantes que trastornan el juicio, de brujos asesinos del alma que deforman/</p>
<p>el cuerpo, de impostores disfrazados, de charlatenes sinvergüenzas.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Si es así, partiré a escape».</p>
<p>Aquí también es hora de partir y parto<br />
sin dolor, sin pena, sin olvido<br />
sin nada en las inefables entrañas del alma atropelladamente acelerado con <em>The Raven</em>/</p>
<p>a todo volumen y el humo tronando a destajo en el tubo de escape</p>
<p>y el olor a caucho y las ruedas chirriando su huella/ en el frío cemento</p>
<p>de esta ciudad de utilería hard:</p>
<p><em>Il mio supplizio.</em></p>
<hr />
<h2>POETRY IN MOTION</h2>
<p>Hasta más vernos, señora. William Gibson</p>
<p>Le dijo una y mil veces que en latín<br />
su santo nombre era Poema<br />
como otras tantas también que sus generosos pechos</p>
<p>le recordaban por motivos evidentes la pintura/</p>
<p>de Dávila</p>
<p>—¡JuAn DoMingo DáVila!—<br />
y que ya se la imaginaba a todo glamour en un set protagonizando feroz video porno y gritando ronca/</p>
<p>su gozo a un close up lento y orgásmico como si de/</p>
<p>veras ahora sí</p>
<div class="page" title="Page 134">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>estuvieran dándole por culo dándole por culo allá<br />
fuera de cuadro.<br />
YDALECONLAPOESÍA YDALECONLAPOESÍA</p>
<p>/YDALECONLAMALDITAPOESÍA</p>
<p>La erigió en musa hasta que la pasión durara s</p>
<p>obre la primera cama del motel que encontraron</p>
<p>más calientes que el demonio una noche<br />
a la salida del mítico Chatsubo Bar<br />
al que habían llegado por algo más de droga/</p>
<p>para salvar la jornada que se venía hardcore por el lado más oscuro</p>
<p>del corazón.</p>
<hr />
<h1>THOMAS HARRIS (1956)</h1>
<div class="page" title="Page 134">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>NUNCA NADA NADIE</h2>
<p>Me acaban de informar que no existo<br />
que no soy<br />
que nunca fui el que me dijeron<br />
que en mi acta bautismal hay otro nombre</p>
<p>que no soy yo</p>
<p>que no seré yo<br />
que el muelle y la playa y el mar donde<br />
no nada<br />
me acaban de informar que mi acta de nacimiento</p>
<p>está en blanco<br />
que la mujer a la que le escribía poemas de amor</p>
<p>no es o era otra y vive con otro<br />
que no soy yo<br />
que yo no es que yo nada<br />
un acantilado<br />
farallones y aves de mar<br />
sobre los roquedales<br />
gaviotas quizá u otras aves marinas<br />
que graznan al cielo<br />
pero yo no no a mí<br />
que nada tiene que ver conmigo<br />
que por eso estaba tan triste<br />
porque al final nunca fui<br />
ni mi mamá ni mi papá fueron<br />
ni los libros que leí y menos los que escribí<br />
nada ninguno</p>
<div class="page" title="Page 135">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>me acaban de informar que no soy<br />
que no tengo esperanzas ni circunstancia</p>
<p>que las películas que vi jamás se filmaron</p>
<p>que jamás fui parte del reparto<br />
que la película de mi vida<br />
está en blanco<br />
que nunca hubo una cinta en el proyector</p>
<p>que en la pantalla mis créditos son apócrifos</p>
<p>que no soy ni seré,<br />
nunca nada nadie<br />
por fin pienso<br />
al fin<br />
nunca nada nadie<br />
no hubo ni director ni guionista ni película</p>
<p>ni banda sonora<br />
nada puro silencio<br />
una pantalla en blanco<br />
créditos que son deuda<br />
deudas de mi no ser<br />
deudas de no haber sido sino<br />
una pantalla en blanco<br />
un cine sin espectadores<br />
todo mi público butacas vacías<br />
y yo un actor que murió<br />
antes de su primer parlamento<br />
no soy yo no soy quien<br />
esa es la puta cuestión<br />
una pantalla en blanco<br />
un cine sin espectadores<br />
y aves marinas<br />
quizás gaviotas</p>
</div>
<div class="column">
<p>sobrevolando un falso set una ola con suerte<br />
la ola de chocolate<br />
por fin pienso</p>
<p>al fin<br />
nunca nada nadie.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 136">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ELVIRA HERNÁNDEZ (1951)</h1>
<h2>REGISTRO DE POETAS EN EL PARQUE BOTERO</h2>
<p>Y ahí estás tú también<br />
filmando a los poetas que se fotografían<br />
con el Perro el Gato las Evas y los Adanes.<br />
Esto es ya un juego.<br />
Registras tú o registro yo.<br />
Pidámosle a ese niño entretenido en su teléfono que haga un click para ambos<br />
y no nos acordemos cuánto nos reímos de/</p>
<p>los japoneses. Ya somos memoria que guardará la máquina</p>
<p>en el disco duro de su corazón.</p>
<p>Con flash o sin flash<br />
lo que se imprime<br />
es como la muestra que el infectólogo extrae del caldo purulento.<br />
Más tarde nos identificarán<br />
y dirán<br />
la palabra no les dio protección.</p>
<hr />
<h2>FIGURAS EN UN VAGÓN DE TREN</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Asientos y mesillas recortadas<br />
Pasajeros que ingresan al vagón<br />
Se ajustan a sus lugares como piezas de puzles</p>
<p>Se cierran las puertas exteriores e interiores<br />
El tren inicia su movimiento con lentitud</p>
<p>Pasan edificios en serie<br />
Se ven deshabitados lo que es un parecer<br />
Los pasajeros están curvados sobre sus pantallas</p>
<p>Inervados por cables sus oídos<br />
Viajando más rápidos que el tren<br />
Hacia una pluralidad de mundos<br />
Que creo deshabitados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-10.21.31.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1730" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-10.21.31.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-21 a la(s) 10.21.31" width="400" height="772" /></a></p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>
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		<item>
		<title>VALLE CENTRAL</title>
		<link>http://mediorural.cl/valle-central-2/</link>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2022 13:57:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Poemas]]></category>

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		<description><![CDATA[fotografías: Luciano Contreras ¿QUÉ SE NOMBRA EN LOS VALLES DEL CENTRO? Antologador: Claudio Maldonado Se han capturado a veinte poetas desperdigados por todo el paño nacional y que han nacido en las capitales y pueblos de los valles del centro: Colchagua, Maule, Ñuble y el Bío Bío. Algunos/as ya se fuer on y de cuando en vez retornan para ver [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>fotografías: Luciano Contreras </em></strong></h6>
<h1>¿QUÉ SE NOMBRA EN LOS VALLES DEL CENTRO?</h1>
<h6 style="text-align: right;"><strong><em>Antologador: Claudio Maldonado </em></strong></h6>
<p>Se han capturado a veinte poetas desperdigados por todo el paño nacional y que han nacido en las capitales y pueblos de los valles del centro: Colchagua, Maule, Ñuble y el Bío Bío. Algunos/as ya se fuer on y de cuando en vez retornan para ver a sus familias y presentar algún libro que los conecte con algún recuerdo que ya es una invención. Otros/as han hecho de su permanencia una pequeña bandera de lucha, a veces poco comprendida cuando la paranoia y la soledad les sacude con mayor o menor acierto algún verso, que al decir de Borges está condenado a ser una palabra en un índice. Otras combinaciones de realidad y destino son muy posibles, al fin y al cabo hasta hablar de <em>literatura global </em>parece ser sacado de un compendio del siglo xix. ¿Qué sentido tiene hablar de la provincia y sus valles? Un potrero frenado por una cordillera a medio nevar, cerros de trumao vigilando las playas, ríos y canales alimentando los frutos de la creación, listos para viajar a los puntos más lejanos de un globo terráqueo empolvado en alguna casona colonial que aún no ha sucumbido a los terremotos del tiempo. Ese paisaje mental, como un boceto iniciático de una pintura de Olmos, podría conectar los imaginarios de estas veinte diferencias, un <em>neolarismo </em>que instala a sus hablantes poéticos en un conflicto directo con sus territorios: la lucha por mantener los ritos y tradiciones de una forma de vida anterior a lo que siempre y únicamente les ha tocado vivir, es decir, el predominio de la máquina que precede al dominio de la agricultura. Es el neoliberalismo y sus navajas, algo que para los hablantes encierra algo infernal: el arquetipo del hombre de negocios desplazando para siempre al artistaje celestial. Frente a esta nostalgia de lo que nunca se ha vivido, pero que intuyen <em>es el llamado del camino</em>, optan por abrazar la poesía y conectar sus dramas personales (la expresión de sentimientos como les dijeron alguna vez sus maestros en la escuela). Entonces se inventan una nueva posibilidad de lugar, una nueva geografía de lo imaginario. En esos espacios <em>menores, </em>sostenidos en la pugna contra el centralismo de Santiago, es que algunos de estos seres (que también son músicos, profesores, licenciados de oficina con vista a la plaza de Armas, gestoras culturales, editores, y laborantes <em>free lance</em>) han logrado ser asociados a las tradiciones poéticas fundamentales de la poesía chilena. Han recibido premios, becas y reseñas en los diarios importantes del consorcio. ¿Todo un carnaval en el barrio? No, no es así. Pocos saben en la cuadra del culterano poeta amante de Pasolini, del montañista letrado que sube para bajar su libertad en la palabra, de la maestra con apellido mapuche que emociona con su canto a un público virtual. Pocos saben en la cuadra que el vecino bueno para leer, gusta de perderse en las ruinas de los villorrios cercanos y registrar el fluir de la corrosión final. Pocos saben del militante rojo y beato que luchó en la dictadura y que alucina escribiendo un porno-erotismo cariñoso que también lucha por salvarse de la lupa funadora de los nuevos tiempos. Y más allá o más acá se conectan, sin saberse, el cultivador de sonetos del Siglo de Oro y la niña-mujer que tensa el arco y patea la mesa, las botellas y las vendas por todos esos años de censuras de un patrón que no quiere renunciar al abuso. Pocos saben en la cuadra y qué importa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>CRISTIAN LAGOS (1975)</h1>
<p><strong>EN EL PAÍS DE LOS ESPEJOS QUEBRADOS</strong></p>
<p>Escribir desde el País de los Espejos quebrados</p>
<p>Será como ir a rescatar los volantines olvidados en/</p>
<p>el extenso cielo de los cables</p>
<p>Será como ir a la otra infancia</p>
<p>Recuerdas?<br />
Hundiendo los dedos en el cielo<br />
Oíamos llover<br />
La lluvia se parece a los espejos<br />
Cuando nos hablamos en silencio<br />
huyen los tríeles y nos dejan<br />
un trozo de cielo temblando entre los dedos<br />
El cielo chorrea entre mis manos<br />
En el País de los Espejos<br />
todos los hombres se afeitan en la fuente de la plaza</p>
<p>Un día crucé el río<br />
el río Cruces<br />
y me hablaron los ahogados del río Bío Bío<br />
los que iban en balsa y los que iban en bote<br />
Rupe se acordó del canto de las aves<br />
Mariano Cachaña de los remos sobre el agua<br />
Pedro Cayucha su cuerpo flexado por la echona</p>
<p>Los ahogados<br />
N.N.<br />
También<br />
Hablaron como si recordaran a sus muertos<br />
Como si el cauce devolviera tantos rostros amados/</p>
<p>reducciones o veranadas</p>
<p>Pero yo<br />
Sostenía el aire<br />
Escuchaba como si mi padre estuviera Arriba<br />
Las ovejas cubrían los pastos azules del cielo</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p>Inundo la estrechez de las calles con tanto muerto/</p>
<p>a cuesta</p>
<p>En otras cunetas transcurrió mi infancia</p>
<p>Ahora<br />
Llegan hasta aquí los amigos de mi padre</p>
<p>Fusilados en el alto Bío Bío</p>
<p>Bío Bío<br />
Espejo de aguas<br />
Devolviendo rostros cuyos nombres deletreo</p>
<p>En la portada de los diarios</p>
<hr />
<h1>MARGARITA BUSTOS CASTILLO (1980)</h1>
<h2><strong>DIOS NO TE SALVÓ MARÍA</strong></h2>
<p>El mundo se encoge contra viento y marea perdida estoy<br />
perdida estás<br />
Dios no te salvó María,</p>
<p>Mercancía peregrina senderos sol &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;senderos luna vacía en desgracias<br />
vacía en la razón del equilibrio<br />
si no creyera en el delirio<br />
si no creyera en la esperanza</p>
<p>Dios no te salvó María</p>
<p>El señor es contigo<br />
los rituales serpentean a sol y a sombra perdida estoy&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;perdida estás.</p>
<p>Maldita eres entre todas las mujeres<br />
en la especie humana<br />
el cuerpo no es un envoltorio<br />
corpus negado<br />
cuerpo usurpado<br />
body bendecido<br />
cuerpo fragmentamos<br />
corpus santis amordazan</p>
<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..secuestrado violado body repraesentare<br />
santo cuerpo arrodillas<br />
clitórico en revoluciones</p>
<p>Dios no te saldó María</p>
<p>Bendito es el fruto de tu vientre<br />
útero eterno por los días de los días de los días</p>
<p>por las regiones terráqueas, isleñas, marinas</p>
<p>mientras bocas gimen y tu vuelo se extingue/</p>
<p>En la noche</p>
<p>Santa María Madre de Dios Santa Victoria<br />
Santa Libertad<br />
Santa Bruja</p>
<p>Mater dei<br />
Ora pro nobis peccatoribus</p>
<p>Por los históricus patriarcálibus</p>
<p>Que habitan entre nosotr@s</p>
<p>Ahora y en la hora de nuestra vida consciente</p>
<p>Las voces de las diosas han despertado.</p>
<hr />
<h2>ANOCHE SOÑÉ UN POEMA</h2>
<p>Precipitado de rencores y cansancios<br />
sumergí la noche<br />
dejé las ilusiones bajo el agua<br />
las culpas flotando a deriva<br />
superficie incomprensible para la embriaguez</p>
<p>escapista a horizontales ilusiones</p>
<p>mejor en vertical</p>
<p>azul<br />
hacia los abisales.</p>
<p>Anoche soñé un poema</p>
<p>sin palabras<br />
insoluble,<br />
intransferible</p>
<p>ilimitado imposible enfermo</p>
<p>Saladas imágenes<br />
en el vaivén del oleaje<br />
me devolvieron<br />
a superficie<br />
lo absurdo haciendo agua por todas partes</p>
<p>soñada por el poema<br />
soñándome<br />
y otra vez a oscuras.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>PABLO CARVAJAL (1975)</h1>
<h2><strong>EL ASEO</strong></h2>
<p>El camión de basura va lleno<br />
De autitos oxidados<br />
De trenes<br />
Muñecas sin cabeza<br />
Cascabeles de plástico con quemaduras de cigarros</p>
<p>Yoyós sin hilo</p>
<p>Cajas de cassettes<br />
Pelotas rotas<br />
Lápices reventados<br />
Espejos de bicicletas trizados Un patín</p>
<p>Calcomanías despegadas Témperas secas<br />
La mitad de un trompo<br />
La cabeza de un caballo de palo</p>
<p>Un calzoncillo cagado</p>
<p>Un chupete<br />
Una mamadera llena de hoyos que se nota fueron/</p>
<p>hechos con un lápiz pasta</p>
<p>Y otro patín<br />
Sin ruedas<br />
Un triciclo sin manubrio<br />
Un skate dividido<br />
Los primeros 6 centímetros de una regla<br />
Un forro de cuaderno con un autoadhesivo Levi’s</p>
<p>Un carnet de hospital<br />
Fotos de años en los que los padres del chofer del/</p>
<p>camión de basura aún no se conocían</p>
<p>Los restantes 14 centímetros de la regla</p>
<p>Un bombín<br />
Un títere con un ojo<br />
Un autito carbonizado pintado con témpera</p>
<p>Y otro patín.</p>
<hr />
<h2>POSTAL BUCÓLICA</h2>
<p>Han decapitado a una niñita pelirroja</p>
<p>Su cabeza yace en el barro<br />
Y al amanecer<br />
Todo su pelo se llena de abejas.</p>
<p>Días después<br />
Su cabeza se llena de larvas</p>
<p>Y al anochecer ya casi nacen</p>
<p>Las mariposas que viajarán</p>
<p>A la tela de la araña silvestre.</p>
<p>Años después<br />
El violador acude al lugar<br />
Y sonríe<br />
Mientras la luna hiena</p>
<p>Parece una niñita decapitada</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>MARIO VERDUGO (1970)</h1>
<h2><strong>DE LOS INDÉDITOS DE ROQUE ESTEBAN SCARPA: </strong></h2>
<p>2<br />
montes miraba a la izquierda y a la derecha,/</p>
<p>y se sentía asustado.</p>
<p>montecino miraba en derredor y experimentaba un/</p>
<p>pánico infantil.</p>
<p>montealegre miraba hacia el futuro y gemía como un/</p>
<p>marsupial sureño.</p>
<p>cada uno entregaba así su aporte<br />
al desarrollo de un cine pulcro y químicamente puro.</p>
<p>3<br />
méndez confundió la ecología con una dosis de muérdago.</p>
<p>zambra confundió la computación con un golpe/</p>
<p>de corriente.</p>
<p>bustos confundió su propio mensaje en clave/</p>
<p>con la robótica.</p>
<p>bustos atribuía sus logros a la influencia de huidobro. zambra atribuía su fortuna a las enseñanzas de parra. méndez atribuía su destreza a los consejos de neruda. los habitantes de bretaña están manipulando a los psiquiatras de vasconia para que estos les asignen diagnósticos prestigiosos</p>
<p>por eso es que la televisión quiere hacer casi todos sus reportajes sobre salud mental y precocidad artística en bretaña se da el caso de algunos estudiantes paletos y soñadores que pretenden mudarse a bretaña para gozar de ese prestigio<br />
puede que vasconia sea conocida como la ciudad de los psiquiatras y que a bretaña se le conozca como la ciudad de los pacientes</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p>están comenzando a identificarse con el primer personaje que resulta aplastado en las películas de dinosaurios en bretaña se están sintiendo representados por los gestos del único actor que nunca llega a ser abducido ni poseído se están encontrando cada vez más afines con el primer recluta que muere despedazado por los bombazos del cine bélico<br />
están comenzando a detectar semejanzas entre su propia singladura y la del único personaje que no ve al fantasma</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<p>a los vecinos de california está por despertarlos una boca mórbida que en el sueño se posa precipitadamente en sus cuellos<br />
a los habitantes de holanda está por despertarlos un rostro moruno que en el sueño se dirige directamente a sus entrepiernas</p>
<p>a los residentes de suiza está por despertarlos una mirada glauca que en el sueño se detiene sorpresivamente en sus nalgas</p>
<p>a los arrendatarios de bretaña está por despertarlos una piel azabache que en el sueño se enfrenta decididamente a sus cámaras</p>
<hr />
<p>en el corazón de holanda están reevaluando a los pacientes que creen vivir dentro de un libro o de una obra pictórica<br />
están a favor de un cambio de perspectiva sobre las personas que juran vivir en ciudades mucho más dinámicas que Holanda</p>
<p>el centro de holanda está comenzando a transformarse en un buen sitio para quienes creen vivir al interior de un aparato de radio<br />
holanda entera podría estar convirtiéndose en la guarida de los que creen vivir con un chip dentro de sus cráneos</p>
<hr />
<p>están saliendo de sus brotes de sonambulismo justo en el momento en que atenazan el codo de un anónimo transeúnte<br />
por eso es que sus declaraciones acerca del deseo y la locura se parecen demasiado a sacudones hipnagógicos</p>
<p>los habitantes de suiza están saliendo de sus ataques de narcolepsia justo cuando besan a un desconocido en las orejas<br />
por eso es que sus concepciones acerca del amor y de la muerte se parecen demasiado al jet lag y a los terrores nocturnos</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>AMÉRICO REYES VERA (1960)</h1>
<h2><strong>DECÁLOGO DEL POETA </strong></h2>
<p>Escribe poesía como si no tuvieses nombre, tal</p>
<p>si las palabras fuesen un sueño<br />
o un derroche, como si hubieses sido tú<br />
el primer partisano que gritara,</p>
<p>al lanzarla: ¡Viva la flecha fértil!</p>
<p>Escribe poesía de lo que nunca verás<br />
ni podrás definir ni llevar a cabo<br />
en contra de la luz o a favor de ella, como<br />
si fueses el ciego que ostentó su blasón<br />
en la ciudad marcada por el fin de la leyenda</p>
<p>y el principio del miedo.</p>
<p>Para el sordo verdadero<br />
que aprendió a escuchar de abajo hacia arriba</p>
<p>escribe poesía<br />
como si no fueras tú el Oidor flagrante, aquel</p>
<p>al que hicieron sosegarse a palos.</p>
<p>Escribe poesía cuando te hablen y hablen<br />
y el silencio, no obstante, persista,<br />
pero también cuando no haya ningún silencio/</p>
<p>que encubrir</p>
<p>porque las palabras se habrán salido de madre.</p>
<p>Y porque el roce de las manos engaña y envilece</p>
<p>envejeciendo indistinta, prematuramente<br />
al tocador y su tocado<br />
escribe poesía como si no tuvieras manos.</p>
<p>Escribe poesía como si no tuvieras lengua, maldice</p>
<p>cantando los planes del mentiroso y del cobarde,/</p>
<p>y de rondón</p>
<p>pregúntate quién eres, de qué instrumento</p>
<p>no menos maldecible que tu lengua te has valido</p>
<p>para maldecir cantando los planes del mentiroso y</p>
<p>del cobarde,<br />
y di que las palabras no nacen de la lengua<br />
sino de un sopor voraz a la par que justiciero.</p>
<p>Y cuando el deseo satisfecho reinicie, cual Fénix,</p>
<p>su incesante maquinaria de insatisfacción,</p>
<p>escribe poesía como si no tuvieras cuerpo<br />
o tu cuerpo fuera el cuerpo del delito o</p>
<p>el reproche donde el amor retoza y perece.</p>
<p>Y cuando el universo cambie de lugar<br />
escribe como bailas, cánsate sonriendo y avergüénzate</p>
<p>de ser aceptado en un mundo que detestas;<br />
y que el iluso saque sus conclusiones.</p>
<p>Escribe poesía como si no conocieras<br />
el olor de la mandrágora ni la saturación de la muerte</p>
<p>y enséñale a tu lector, convéncelo, oblígalo a consentir</p>
<p>que los mil y un sentidos de los que has sido dotado</p>
<p>no te han servido en ningún tiempo para nada.</p>
<p>Y donde quiera que te halles<br />
escribe poesía como única defensa. No sea</p>
<p>que se desate una guerra<br />
y descubran que eres el enemigo.</p>
<hr />
<h1>ISABEL GÓMEZ (1959)</h1>
<h2><strong>IDIOMA TRISTE </strong></h2>
<p>Debo entristecer ahora,</p>
<p>ahora que las palabras<br />
tocan las sienes de mi sangre</p>
<p>y se eleva el idioma</p>
<p>de mi última alegría.<br />
Debo continuarme,<br />
escondida de eternidad y de silencios;</p>
<p>continuarme,<br />
cuando las pulsaciones del tiempo<br />
no encuentren dirección en el olvido</p>
<p>y el sol destruya<br />
las polvorientas lluvias de mi sombra.</p>
<p>Debo oscurecerme, renunciar,<br />
salir de adentro<br />
con un desfile de tardes anunciando</p>
<p>mi recorrido pausado por el tiempo.</p>
<p>Debo decir algunas cosas,<br />
aquello que el recuerdo<br />
mantenía intruso en la inconsciencia</p>
<p>y de pronto cruza huracanes<br />
y golpea ventanas y estrangula días,</p>
<p>mientras nos íbamos alejando<br />
en el invisible holocausto de la noche.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>ESQUINA DEL DOLOR</strong></h2>
<p>Pon tu cabeza sobre el mundo</p>
<p>miremos hacia abajo<br />
ahora que el miedo es hermoso</p>
<p>y de buena gana</p>
<p>dejaría de contar estrellas en el vacío<br />
Los números calzan plenamente con la historia</p>
<p>solo las calles asumen nuestras sombras<br />
como un mero recuerdo<br />
Por años fuimos invirtiendo la risa<br />
hasta desaparecer<br />
La culpa envejeció las palabras que<br />
Somos inocentes<br />
de tanta nostalgia golpeándonos el rostro<br />
La esquina del dolor nos sobrevive<br />
el ojo de cierra<br />
No hay llanto que no sepa regresar<br />
Aquí todos nos quedamos inconclusos<br />
El tiempo salta el muro<br />
y es lenta la neblina de los cuerpos<br />
La escritura atraviesa otra vez<br />
el hueco de la noche<br />
La esquina del dolor<br />
La esquina del hombre me sostiene<br />
Fragmenta la memoria<br />
se echa al final de mi rostro<br />
y se abandona<br />
como un animal de espaldas al mundo.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2> SILVIA RODRÍGUEZ (1964)</h2>
<h2><strong>ÁRBOLES BAJO LA LLUVIA </strong></h2>
<p>Abandoné tribus, religiones amantes.</p>
<p>Robé en el bar de la esquina<br />
sorbos de vino de una copa ajena<br />
y entré en el rumor de la noche</p>
<p>que venía cayendo en suspiros de niebla.</p>
<p>Desde entonces el universo</p>
<p>gira demasiado lejos.<br />
Desde entonces la vida me deja</p>
<p>un frío lento zurcido al cuello,</p>
<p>soledades que nunca</p>
<p>perderán su sabor a niebla,</p>
<p>a humo de cigarro,<br />
a humedad poética.</p>
<p>Desde entonces tengo la costumbre</p>
<p>de ovillarme en los espejos,<br />
de caminar sin mirar el suelo,<br />
de contemplar como la vida</p>
<p>se va transformando en recuerdo.</p>
<p>Y ahora,<br />
mientras retiro diciembre del calendario,</p>
<p>Pienso que<br />
nunca busqué los árboles bajo la lluvia.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>QUÉ PENA SILVIA. QUÉ PENA </strong></h2>
<p>A esta puta vida no hay como darle gusto.</p>
<p>Te quemas las pestañas escribiendo</p>
<p>Creas poemas, cuentos.</p>
<p>Postulas una novelita añeja</p>
<p>Que los jurados rechazan</p>
<p>y tú la vuelves a postular</p>
<p>año tras año.</p>
<p>No tienes técnica, ¡cavernícola!<br />
No sabes que hoy todo es «técnica».</p>
<p>Que las obras emergentes.<br />
Las vanguardistas o post vanguardistas:</p>
<p>Esas, las de moda,<br />
se aprueban después del lobby<br />
el codazo y la coima?</p>
<p>Deja esa postura de poeta<br />
de gastarte la vida en cafés siúticos<br />
y bares de mala muerte donde escribes</p>
<p>jurando que construyes una voz nueva</p>
<p>y todo, ¿para qué?<br />
Dime por favor,<br />
¿para qué?<br />
Entiende,<br />
Los poetas hoy también son empresa.</p>
<p>Así que deja de sacarle punta a la noche.<br />
No te das cuenta que hoy todo es narrativa.</p>
<p>No sueñes que tu novela será un best seller</p>
<p>luego una película y de ahí a Hollywood</p>
<p>con DiCaprio, Bruce Willis y luego el Oscar</p>
<p>Despierta. Tu vivir en Chile país tercer mundo.</p>
<p>Tu vivir en provincia atrasada, costumbrista.<br />
Tu todavía leer a Neruda y no entender a Mistral.</p>
<p>No es el pisco Mistral.</p>
<p>Es la Gabriela Mistral, enseñada y mal leída.</p>
<p>Entiende provinciana.<br />
No perteneces a nada.<br />
Si no estás en la capital no existes.<br />
Si quiere sigue escribiendo,<br />
pero te digo<br />
el palo al gato, con cueva, se lo darás</p>
<p>después que te mueras.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>FELIPE MONCADA MIJIC (1975)</h1>
<h2><strong>TAMBOR DE FUEGO</strong></h2>
<p>Al Monje, en su partida</p>
<p>Vuelves a bajar<br />
por el sendero hasta el Lircay,</p>
<p>nadas contra la corriente<br />
y cierras los ojos<br />
para borrar el tiempo.<br />
Saludas al roble seco.<br />
La retorcida parra de la vega<br />
agita sus brotes al verte.<br />
Un chercán<br />
mueve su cabeza en un boldo.</p>
<p>Levantas nuevamente trumao</p>
<p>bajando al estero de Las Ánimas,</p>
<p>acaricias la piel de la trupa<br />
erguida en la huella<br />
y te vas;<br />
te pierdes por días<br />
en las pozas del Candado, comiendo truchas,<br />
respirando la soledad de las piedras,</p>
<p>olfateando la ceniza.</p>
<p>Vuelves a subir la cuesta,</p>
<p>dirigiendo<br />
con un bastón de coligüe</p>
<p>el canto de todas las aves;</p>
<p>saludas al almacenero,<br />
al chofer del bus rural,<br />
a las vecinas menudas<br />
que siguen la pista de un gato.</p>
<p>Es necesario<br />
prender la salamandra,<br />
dejar al bosque<br />
entrar en las habitaciones,<br />
buscar entre la música<br />
un barroco que sacuda su peluca;</p>
<p>buscar<br />
entre los sacos del taller<br />
una tierra volcánica<br />
de Cauquenes,<br />
de Corinto,<br />
de Purapel<br />
y echar a rodar la vieja chancadora,</p>
<p>mezclar el barro.</p>
<p>Pero te detienes,</p>
<p>te acuerdas<br />
que ya no somos</p>
<p>de este mundo,</p>
<p>que dejaste enfriar</p>
<p>la cocina a leña,</p>
<p>y de tus manos<br />
se desvanecen los cántaros</p>
<p>cuando acuñas<br />
con semilla de quillay</p>
<p>una moneda de barro.<br />
No te detengas.<br />
Andrés reúne las astillas,</p>
<p>Anekke descorcha el vino,</p>
<p>Bernardo</p>
<p>hace recuerdos de la nieve,<br />
tu gato<br />
regresa a ronronear trayéndonos un conejo muerto.</p>
<p>Prendamos el horno<br />
antes que todo se desvanezca;</p>
<p>resopla, viejo dragón chino</p>
<p>en medio de los avellanos,</p>
<p>lanza chispas,<br />
aturde a los abejorros,<br />
que en el tambor de fuego<br />
ya se atisba el cristal.</p>
<p>Y que nadie diga una palabra,</p>
<p>somos, no somos,</p>
<p>¿y qué importa?</p>
<p>Estamos,<br />
y ya no estamos.</p>
<hr />
<h1>ALEJANDRA MOYA DÍAZ (1991)</h1>
<h2><strong>UNA CHICA MAULINA QUE PODRÍA SER LA PROTAGONISTA MÁS TRISTE DE UN CUENTO DE MARIANO LATORRE, </strong></h2>
<p>hoy mujer mayor,<br />
de espalda corva y labios partidos,</p>
<p>la piel curtida en el ceño fruncido,</p>
<p>y su aflicción por terminar<br />
lo que le queda por picar de chacra.</p>
<p><strong>SABE QUE HA DESARROLLADO UN CÁNCER A LA PIEL,<br />
</strong>rucia de campo, tostada por la sal de mar<br />
y el sol quemante de los rulos de los valles</p>
<p>de la costa maulina,<br />
le ha dado trabajo eso de la comezón,<br />
y guarda en sus ungüentos,<br />
secretos ancestrales para tratar diversos males.</p>
<p><strong>SU HIJO, EL MÁS JOVEN DE LOS TRES </strong></p>
<p><strong>VARONES QUE PARIÓ EN SU VIDA,<br />
</strong>se colgó en la higuera hace unos días,<br />
árbol del cual aún pende la cuerda</p>
<p>que conserva la transmisión holográfica,<br />
del último aliento de una vida arrancada de cuajo.</p>
<p><strong>FOTOGRAFÍA DE UNA MADRE QUE </strong></p>
<p><strong>CON LA NOSTALGIA PUESTA EN </strong></p>
<p><strong>UNOS CHAMICOS SE PREGUNTA&#8230;<br />
</strong>«Por qué las enfermedades de la cabeza</p>
<p>tienen que darle a gente sana y joven diosito santo,</p>
<p>que me tienes clavada aquí señor,<br />
entre terrones y yuyos,<br />
pedazos de mi alma, paire santo mío,</p>
<p>a mi niño devuélvemelo te pido»&#8230;</p>
<p><strong>Y CLAVA EL AZADÓN EN LA HILERA, </strong></p>
<p>como si la tierra le diera respuestas,</p>
<p>que el sol con su calor no puede,</p>
<p>ni sus lágrimas de sauce viejo,</p>
<p>hacen brotar menos.</p>
<p><strong>NINGÚN SECRETO QUE CONOZCA </strong></p>
<p><strong>PUEDE DEVOLVERLE A SU CRÍO,<br />
</strong>ningún terrón,<br />
o gredal,</p>
<p>rearmar su corazón esparcido.<br />
Y clava el azadón en la hilera,</p>
<p>murmurando entelequias y sollozos&#8230;</p>
<hr />
<h1>BERNARDO GONZÁLEZ KOPPMANN (1957)</h1>
<h2><strong>RODENAK </strong></h2>
<p>Cuando la pelota cruza el cielo</p>
<p>y no es de nadie<br />
la gente mira atenta<br />
el fin del tiro</p>
<p>puede ir a las nubes<br />
golpear el travesaño<br />
besar la red<br />
o clavarse en el corazón de Rodenak</p>
<p>El pueblo salta de alegría</p>
<p>si el Flaco se levanta<br />
con el sol en las manos<br />
Cuando la redonda anda cerca</p>
<p>sabemos que Arturito<br />
será el ángel perfecto<br />
que inventará la paz:<br />
en su pecho<br />
anida una paloma<br />
Cuando saca<br />
la de cuero se aleja<br />
igual que un mal espíritu</p>
<p>entonces, el Arquero de Rangers</p>
<p>nos regala un domingo<br />
para toda la vida.</p>
<hr />
<h2><strong>FUNERAL EN CUREPTO </strong></h2>
<p style="text-align: right;"><em>a Juan Rulfo </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este pueblo que surge de la niebla</p>
<p>cuando alguien muere se nota de tan lejos</p>
<p>porque si doblan las húmedas campanas<br />
se duelen hasta las zanjas de los cerros<br />
la hora nos sorprende en los estribos<br />
todos vieron al finado a mediodía</p>
<p>endilgando hacia el puente o escarbando<br />
en el huerto. En este pueblo perdido<br />
entre los montes, apena ver morir a un tero</p>
<p>algo se lleva de nosotros, unos terrones</p>
<p>donde echamos semillas recogidas del viento</p>
<p>esa tarde tan larga que después de la lluvia</p>
<p>se hundió con su leyenda en el brasero<br />
Yo le tengo guardada una bufanda y un</p>
<p>secreto. Pasan los pinos callados por el cielo</p>
<p>(No sé; me sobrecoge ver la muchedumbre</p>
<p>camino a la colina tras la urna, sin nada<br />
que decir, tan resignados, creyendo que<br />
así tenía que ser. Estaba viejo). A veces<br />
en Curepto morir es, un poco, querernos</p>
<p>Luego, y antes que la fosa se amapole<br />
y se esfumen los pasos sin los huesos<br />
antes que los niños se disfracen de oruga<br />
y mujeres de oscuro desmalecen el tiempo</p>
<p>antes, mucho antes que los muros aúllen<br />
y la luna se duerma en los esteros secos<br />
salen los muertos a la calle y brindan<br />
por la lenta romería de los deudos</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>JONNATHAN OPAZO (1990)</h1>
<h2><strong>EL BLANCO ES EL COLOR MÁS TERRIBLE </strong></h2>
<p>Fíjense en el oso polar blanco<br />
y en el tiburón blanco de los trópicos,<br />
¿qué es sino su uniforme blancura<br />
llena de escamas la que los convierte<br />
en seres horrorosos?<br />
irradian luz los<br />
delantales de las<br />
enfermeras: sus<br />
blancos guantes de<br />
goma, el cándido<br />
marfil de sus dientes<br />
Esa lívida blancura la que importa<br />
esa repugnante suavidad más odiosa que terrible</p>
<p>a la muda repelencia de su aspecto.<br />
Así que ni el tigre de fieros colmillos<br />
con su heráldico pelaje<br />
puede hacer temblar tanto el coraje<br />
como el oso o el tiburón amortajados de blanco.</p>
<p>pálidos se tornan los<br />
cuerpos cansados, asustados<br />
o aquellos cuya vida se<br />
ha desvanecido hasta<br />
dejarlos como trágicas<br />
figuras de cera:<br />
no puede dudarse que<br />
una cualidad visible<br />
del aspecto de los muertos</p>
<p>que más aterroriza al</p>
<p>espectador es la palidez</p>
<p>marmórea que allí<br />
se detiene</p>
<p>en blanco fondo se</p>
<p>recortan las agujas</p>
<p>del reloj que en su</p>
<p>girar van quitándole</p>
<p>gajos a los frutos</p>
<p>verdes de la vida</p>
<p>y blanco también</p>
<p>el yeso de Cristo</p>
<p>blancas las paredes</p>
<p>de los hospitales.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>DETRÁS DE LA NIEBLA </strong></h2>
<p>un faro que se apaga<br />
un estruendo hermoso<br />
de barcos que chocan:<br />
los accidentes son bellos<br />
en el marco del poema</p>
<p>imagínalo: un montón</p>
<p>de trasatlánticos cruceros<br />
de lujo con todo su oropel</p>
<p>adornando el fondo marino</p>
<p>cubriéndose de algas</p>
<p>plancton y cantos de</p>
<p>ballenas</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>JOSÉ TOMÁS LABARTHE (1984)</h1>
<h2><strong>ASUNTOS DE PAREJA </strong></h2>
<p>Conversar con tu pareja<br />
Comunicarse, honestamente<br />
No hablar del pronóstico del tiempo<br />
ni de las cosas que hacen falta en la despensa<br />
No compartir los problemas del trabajo<br />
ni repasar en detalle lo que pasó durante el día</p>
<p>Obviar las continuas faltas de disciplina de los hijos</p>
<p>o el incordio con el gásfiter porque se filtra una/</p>
<p>cañería</p>
<p>El catálogo suma y continúa:<br />
la incesante alza de los gastos comunes<br />
la actitud pendeja del vecino<br />
el remedio para la jaqueca<br />
el jarabe para la tos<br />
Preferible es leer los cuentos completos de/</p>
<p>John Cheever</p>
<p>o concentrarse en las notificaciones del WhatsApp</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>LA CASA </strong></h2>
<p>La casa se derrumbaba. No la viga maestra ni la viga de amarre. No las columnas o los dinteles. La casa. El padre dinamitó cada peldaño de la escalera. Luego hizo estallar los listones, puntales y durmientes. Empacó sus corbatas y se marchó. La puerta de entrada quedó colgando de una bisagra. Al borde del colapso, la madre reventó su pequeña colección de platos minerales contra las ventanas y desterró de los maceteros de la cocina las plantas de interior. Las hijas entraron en pánico frente al desplome. Por un año acamparon sobre sus camas en sacos de dormir. En ese lapso murió la gata de leucemia y el perro de distemper mientras la ropa en los cajones de los muebles se llenaba de aserrín. En las frazadas anidaron las pulgas y en las peinetas las liendres. Una peste. Nunca más los vecinos escucharon risas ni discusiones provenientes desde las habitaciones o el comedor. Por completo se disipó cualquier sonido de sobremesa en la ruinalidad de las paredes. La casa se derrumbaba. No la familia ni el matrimonio. No las libretas o los papeles. La casa.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>HUGO CÉSAR VILLAR URRUTIA (1981)</h1>
<h2><strong>EL BOXEADOR </strong></h2>
<p>se despierta 1, 2, 3<br />
la mañana huele a vino tinto,<br />
al toque de gong los gallos cantan,</p>
<p>con olor a humo y acidez.<br />
Jhonny Boy<br />
ataca en su caballo negro<br />
bang bang<br />
dispara sus puños de plata<br />
bang bang<br />
rebota el gong<br />
en la garganta del gallo<br />
«¡Jesús era un marica!»<br />
decía el boxeador<br />
1, 2, 3<br />
knock out<br />
un derechazo en la quijada<br />
el bebop salta<br />
se estremece<br />
el ring está lleno de sangre<br />
el humo se estremece<br />
los cánticos de las mujeres</p>
<p>haciendo estremecer<br />
el tic tac de las horas</p>
<p>«¡Klaus Kinski era un hombre bueno!»,</p>
<p>decía el boxeador<br />
y se estremecía<br />
con el gong</p>
<p>y el ring<br />
y el tic tac<br />
Klaus Kinski era un hombre bueno</p>
<p>y Cristo era un marica,<br />
gritaba el boxeador<br />
al toque de gong.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>LOS ESPÍRITUS </strong></h2>
<p>Un anciano sostiene el cadáver de su esposa, mientras, miles de escenas de distancia los personajes no se reconocen. Un hermoso plano secuencia es mutilado por el editor, una película de terror envejece con mal de Alzheimer. <em>Soy un set olvidado en la selva</em>, piensa el extra y se emborracha con tinto, <em>soy la planta de utilería que nunca ocuparon</em>. El vestuario de la película permanece en silencio esperando que el tiempo no lo corrompa. El anciano arregla una cancha de tierra en la que nadie jugará, el sonidista llora en silencio para no arruinar el plano. <em>Soy el diálogo que no se escuchará</em>. Un grito de acción se pierde entre</p>
<p>los matorrales de un bosque sagrado.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>MARIO MELÉNDEZ (1971)</h1>
<h2><strong>LA PLAYA DE LOS POBRES </strong></h2>
<p>Los pobres veranean en un mar</p>
<p>que solo ellos conocen<br />
Allí instalan sus carpas<br />
hechas de mimbre y celofán</p>
<p>y luego bajan a la orilla<br />
para ver la llegada de los botes<br />
curtidos de adioses<br />
En la playa<br />
la miseria se broncea boca abajo<br />
el hambre toma sol en una roca<br />
los niños hacen mediaguas en la arena<br />
y las muchachas se pasean<br />
con sus bikinis pasados de moda<br />
Ellas tienden sus toallas de papel<br />
y se recuestan a mirar el reventar de las olas</p>
<p>que les recuerda la forma de un pan<br />
o una cebolla<br />
Mar adentro nadan los sueños<br />
Y ellas ven al vendedor de helados</p>
<p>acariciando sus pechos<br />
o a ellas mismas en un viaje hacia la espuma</p>
<p>del que regresan con vestidos nuevos<br />
y una sonrisa en el alma</p>
<p>Los pobres veranean en un mar<br />
que solo ellos conocen<br />
Y cuando cae la tarde<br />
y el horizonte se desviste frente a ellos</p>
<p>y las gaviotas se desclavan del aire</p>
<p>para volver a casa</p>
<p>y el crepúsculo es una olla común</p>
<p>llena de peces y colores<br />
ellos encienden sus fogatas en la arena</p>
<p>y comienzan a cantar y a reír</p>
<p>y a respirar la breve historia de sus nombres</p>
<p>y beben vino y cerveza<br />
y se emborrachan<br />
abrazados a sus mejores recuerdos</p>
<p>Mar adentro nadan los sueños<br />
Y ellos ven a sus hijos camino de la escuela</p>
<p>cargando libros y zapatos y juguetes<br />
o a ellos mismos regresando del trabajo</p>
<p>con los bolsillos hinchados<br />
y con un beso pintado en el alma<br />
Y mientras ellos sueñan<br />
el hambre apaga sus fogatas<br />
y se echa a correr desnuda por la playa<br />
con los huesos llenos de lágrimas</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>CARMEN MANTILLA (1978)</h1>
<h2><strong>TE HICE CASO EN TODO, MADRE MÍA </strong></h2>
<p>No hablé nunca con extraños<br />
ni golpeé puertas de hombres solos,</p>
<p>no sonreí más allá de la justa medida</p>
<p>de mis cuatro dientes superiores.</p>
<p>Me abrigué de mayo a julio,</p>
<p>agosto lo miré por la ventana,</p>
<p>en septiembre estrené falda,</p>
<p>pinté la casa</p>
<p>y la bandera flameó planchada.</p>
<p>Me comí toda la comida del plato<br />
en memoria de las que no la tienen<br />
(también de sus madres que por ello sufren).</p>
<p>Llevo veinte años con una dieta variada,</p>
<p>consumo mariscos y nueces en días alternados,</p>
<p>espero religiosamente dos horas antes de nadar</p>
<p>(aunque haya tragado solo polvo y saliva).<br />
Y con la boca caliente<br />
no le abro la puerta ni a Dios Padre.</p>
<p>La ropa la guardé en baúles<br />
con bolsas pequeñas de poleo,<br />
sé curar mis males con hierbas<br />
(salvo uno en rebeldía: el corazón arreado).</p>
<p>Pero una sensación de casa sola,<br />
de fracaso almidonado,<br />
me fue clavando alfileres por las tardes&#8230;</p>
<p>Salí hace dos décadas de tu casa:<br />
es el momento de dejar de hacerte caso en todo,/</p>
<p>madre mía.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>ESPECTADORES </strong></h2>
<p>Abrir las piernas<br />
como se abre un tarro de café</p>
<p>/instantáneo,<br />
azucarar el sexo,<br />
revolviéndolo lentamente,<br />
escudriñar las ventanas del edificio</p>
<p>del otro lado de la calle,<br />
imaginando que este cuerpo desnudo</p>
<p>desata la codicia de un vendedor de</p>
<p>/tumbas<br />
que también desayuna mirando hacia</p>
<p>/afuera.<br />
O mejor aún:</p>
<p>Mirar hacia adentro.<br />
Poner entre las rodillas la cabeza,</p>
<p>torcer el cuello,<br />
alargar la lengua como un reptil</p>
<p>y caminar en reversa<br />
hacia el corazón que, pálido,</p>
<p>contabiliza las batallas perdidas.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>ANDRÉS RODRÍGUEZ ARANÍS (1967)</h2>
<h2><strong>FÚTBOL</strong></h2>
<p>El Jugador de fútbol</p>
<p>tiene diez años. Está</p>
<p>solo en la cancha</p>
<p>del barrio. Es decir</p>
<p>lo acompaña su</p>
<p>mundo, la pelota.</p>
<p>Corrijamos entonces.</p>
<p>No está solo, miles</p>
<p>de personas lo</p>
<p>acompañan en ese</p>
<p>sol redondo que</p>
<p>baila a sus pies.</p>
<p>Tiene muy claro que</p>
<p>no será un<br />
borracho como su</p>
<p>padre ni una</p>
<p>triste como su madre.</p>
<p>No irá a la universidad</p>
<p>aunque sume<br />
algunas buenas notas en</p>
<p>la escuela; se ganará</p>
<p>la vida en la cancha,</p>
<p>la vida que es bien</p>
<p>entretenida a veces.<br />
Tiene amigos. Uno<br />
ya hizo su primer robo, un</p>
<p>juego para playstation de</p>
<p>la fifa. Por eso hay</p>
<p>días que se juntan a<br />
ver en la pantalla quién es</p>
<p>el más grande<br />
entre los grandes.<br />
Hay tiempo para todo,</p>
<p>incluso es bien fácil<br />
salir por las calles a<br />
pasear con perros y gatos,</p>
<p>tomar un poquito de</p>
<p>coca cola donde la<br />
vecina buena onda y</p>
<p>pegar con neoprén esa</p>
<p>taza que se anduvo</p>
<p>quebrando la otra noche.</p>
<p>Mira el cielo que<br />
también cuenta diez años.</p>
<p>Hincha los pulmones,</p>
<p>siente que las zapatillas<br />
no importa que<br />
duren lo que duren,<br />
todas las horas del universo</p>
<p>premian a los buenos y</p>
<p>castigan a los malos. Y</p>
<p>él no es malo; es</p>
<p>el mejor</p>
<p>entonces no</p>
<p>interesa golpearse en</p>
<p>el barro del invierno o<br />
en el polvo salado de febrero.</p>
<p>Detrás del silencio<br />
la turba lo lleva en andas.<br />
Él suspira.<br />
Y es junio el día entero y</p>
<p>una gotita cae desa nube.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>RODOLFO HLOUSEK (1977)</h1>
<h2><strong>¡OH SOL, MI ADOLESCENTE DESENFRENO! </strong></h2>
<p>Francisco<br />
Si escribo es para abrazarte.<br />
Ahora<br />
Tu bien conoces los extremos<br />
¡que acabe el mundo<br />
es necesario! como el alcohol,<br />
la droga y el chirrío de los ángeles<br />
un vodka a las 5:20, ¿siempre me agradecerás</p>
<p>que te haya acompañado desde Brasil hasta/</p>
<p>Argentina</p>
<p>en plena Libertad?<br />
Pancho<br />
Fuiste una estrella fugaz<br />
A quien nadie pidió un deseo.</p>
<p>Ahora</p>
<p>Entre su multitud y su merecido exorcismo</p>
<p>Si no agarramos la guadaña<br />
La guadaña dará contra nosotros,<br />
Empero,</p>
<p>Nos empeñamos<br />
Con seguridad y por certezas<br />
A este enfermo modo<br />
de seguir viviendo contra nuestra voluntad</p>
<p>¡Idiotas!<br />
Los días y su sagrado excremento.</p>
<p>Pancho<br />
Si escribo es para nombrarte<br />
Que acabe el mundo, es necesario<br />
Como un cigarro en la carreta<br />
Como el Elogio a la Locura y el álbum Blanco</p>
<p>Como la vagabunda sed de cada día, amén.</p>
<p>Solo tú sabes lo que costó vivir<br />
En este arrogante y aburrido<br />
Pueblo de mierda.<br />
Ahora<br />
Esta ciudad crece a tu espalda.</p>
<p>¡Amigo,<br />
Tengo ganas de callejear<br />
Pero verdaderamente<br />
todas las llamadas son de encierro!</p>
<p>Pancho, ¿qué se hizo de ti,<br />
Ofrenda, macheteo, playa, líos, fuego, Destierro?<br />
¡Oh adolescente desenfreno!</p>
<p>Y se suponía<br />
Que venceríamos desde la pobreza Rítmica y ritual»</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>ROWSON YEBER (NO INFORMA)</h1>
<h2><strong>PAISAJE CON BESO (FRAGMENTO) </strong></h2>
<p>Actualmente<br />
Coinciden las horas viejas<br />
El comercio empujando su balance la<br />
Terapia chica pariendo fajos a montones</p>
<p>Actualmente<br />
Hay estiércol a descifrar<br />
Y las alcantarillas entonces abren su boca<br />
De tubería desnuda<br />
De estómago si se cumple con error el hambre</p>
<p>Porque<br />
Yo no distingo a mujeres y hombres solos</p>
<p>Sino al colectivo sobre todo en Bancos y</p>
<p>en las Tiendas que venden sicología para/</p>
<p>andar felices</p>
<p>circunvalación distingo rocas sollozando/</p>
<p>formalmente.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>POEMA BREVIARIO (FRAGMENTO) </strong></h2>
<p>Anda la familia humana<br />
Complacida en risas menores.<br />
Los días están imposibles<br />
Quiero darle un papel alegre a esa<br />
Federación respirante<br />
¡Ni puedo!<br />
Los días duran meses de años<br />
Desde hace tiempo algunas<br />
Parecen haber perdido su costumbre<br />
Hay aviones complicados de salud hacia<br />
Los horizontes sin algarabía<br />
Atraviesan el litoral del mundo a regañadientes</p>
<p>Casi no queda aire disponible<br />
Estuve creyendo así mezclado contemporáneo</p>
<p>Inmóvil<br />
Junto al océano cuya rutina es tirarse olas&#8230;</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>YENY DÍAZ WENTÉN (1983)</h1>
<h2><strong>I LESOS RESTOS </strong></h2>
<p>Qué bestia ha roto la constelación justa de/<br />
las montañas</p>
<p>y tiró tu carne a las ciudades<br />
qué bestia atacó la atadura de los pájaros, animas,/</p>
<p>y ríos y tierra</p>
<p>quien cortó la estela de tu órgano más delgado</p>
<p>y voló tus cristalinos de un golpe sangroso</p>
<p>Qué gitano por el mundo te arrojó<br />
y te escupió tan lejos como pudo</p>
<p>desterrando tu corazón de plumas<br />
siendo la flor del aire el castigo de la pureza</p>
<p>cerros paridos por niños</p>
<p>y andar haciendo pactos con los cóndores</p>
<p>nos trajo purita sangre</p>
<p>Qué bestia devoró el pacto de las lenguas intactas</p>
<p>y quebró el agua de los esqueletos solos&#8230;<br />
hueso quebrado de la montaña, pájaro sin vuelo</p>
<p>qué rumor de púas estranguló tu paso caluroso</p>
<p>y marcó tus ojos tan morenos de vergüenza?<br />
qué Cristo qué virgen te arrancó el espíritu<br />
de las aguas y piedras y pumas de la sangre hirviente?</p>
<p>¿Qué Cristo qué virgen te arrancó el espíritu?</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>LA CHAYCANA </strong></h2>
<p>Hay una espesura en la distancia de la distancia/</p>
<p>del cielo</p>
<p>y mi reina en su hoja más pálida esqueleto<br />
baja sus ojos largos a mí su habitante resignado</p>
<p>y mi reina chaycán señora monte<br />
trae sus aires dentro de mis vísceras<br />
y la distancia de la distancia se abren al cielo</p>
<p>mis párpados para recibirla ligero</p>
<p>¡Ay! hoja mi chaycana vuela<br />
hoja mi chaycán<br />
abrazo el cielo para ella y la amamanto<br />
de oro como manda mi señora<br />
y la enjuago de piedras colorientas<br />
y de vientos que no se ven por estos desiertos</p>
<p>mi espesura y mi reina<br />
con su vuelo amargo su vuelo</p>
<p>hoja mi chaycana sube</p>
<p>hoja mi chaycana va</p>
<p>hoja mi chaycana monte</p>
<p>hoja mi chaycana vuelva.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>RAFAEL RUBIO (1975)</h1>
<h2><strong>EL ARTE DE LA ELEGÍA (Fragmento) </strong></h2>
<p>Todo consiste en llegar al justo término</p>
<p>y después, dar a luz la voz: dejar<br />
que se complete la muerte. Nadie va</p>
<p>a lamentar una metáfora imprecisa<br />
ni un epíteto infeliz, cuando la muerte</p>
<p>está viva en el poema.</p>
<p>Todo estriba</p>
<p>en simular que nos duele la muerte.</p>
<p>Solo eso: hacer creer que nos aterra</p>
<p>morir o ver la muerte. Imprescindible</p>
<p>elegir una víctima que haga<br />
las veces de un destinatario: el padre</p>
<p>o el abuelo o el que fuere, con tal</p>
<p>que su muerte haya sido lo bastante</p>
<p>ejemplarizadora como para</p>
<p>justificar una ira sin nombre. Impostarás</p>
<p>la voz hasta que se confunda con<br />
el ciego bramido de una bestia. Así</p>
<p>infundirás piedad en tu lector.</p>
<p>Recomendable el terceto pareado si se quiere</p>
<p>seguir la tradición del abandono, leerás</p>
<p>la elegía de Hernández a Ramón Sijé<br />
o la que en don Francisco de Quevedo, maestro</p>
<p>en el arte de la infamia versificada</p>
<p>inmortalizara a fulano de tal.<br />
Debe ser</p>
<p>virtuoso el uso del encabalgamiento:</p>
<p>echar mano a aliteraciones de grueso calibre</p>
<p>para reproducir la onomatopeya del desamparo</p>
<p>que la elegía debe —aunque no pueda— sugerir.</p>
<p>El uso de la rima debe ser implacable:<br />
el primero con el tercero, consonante<br />
con perfecta —aunque engañosa— simetría.</p>
<p>(El segundo con el primero del terceto</p>
<p>siguiente, encadenados, como están</p>
<p>ayuntados los bueyes de la angustia</p>
<p>en los vastos potreros del poema)</p>
<p>Importa sobre todo, la verosimilitud de</p>
<p>tu desgarro y no el desgarro mismo:<br />
el dolor puede ser de utilidad</p>
<p>siempre y cuando no atente contra la</p>
<p>rigurosidad del edificio<br />
el templo del poema debe estar</p>
<p>sostenido por los números. Solo eso</p>
<p>será garantía de profundidad<br />
si se quiere atraer la compasión</p>
<p>de un lector habituado al verso libre.</p>
<p>No importa la belleza. La verdad</p>
<p>será requisito indispensable</p>
<p>a la hora de urdir una elegía</p>
<p>que merezca el prestigio de la muerte<br />
o la inclusión gozosa y dolorosa<br />
en el canon de la nueva poesía española.</p>
<p>Deberás entender a fin de cuentas<br />
que el poema no es más que un ejercicio:</p>
<p>no va a hacer que se levanten los muertos</p>
<p>ni hará que tu padre retorne<br />
del oscuro país de los dormidos</p>
<p>porque ya no habrá país del que volver</p>
<p>ni esperanza tampoco, ni poema.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>CARLA ESCOBAR (1985)</h1>
<h2><strong>LA MUJER DE LAS TETAS TRISTES </strong></h2>
<p>Un día de estos voy a quitarme el sostén<br />
y saldré caminando con los pezones a vista de/</p>
<p>cualquier peatón,</p>
<p>me verán pasar y seré recordada como la mujer/</p>
<p>de las tetas tristes.</p>
<p>Un día de estos voy a dejar de hacerme la difícil</p>
<p>y saldré caminando con mis ganas a vista de/</p>
<p>cualquier peatón</p>
<p>me verán pasar y seré recordada como la mujer/</p>
<p>mil veces preñada,</p>
<p>daré a luz crías malditas</p>
<p>beberán de mi furia<br />
y seré madre soltera<br />
de versos huachos</p>
<p>con un hogar disfuncional.<br />
No pondré normas<br />
en casa no habrá límites,<br />
la comunicación comunicará lo incomunicable</p>
<p>será un hogar vulnerable</p>
<p>viviremos en zonas periféricas</p>
<p>postularemos a subsidios<br />
mas nunca llegará ayuda del gobierno</p>
<p>sobreviviremos<br />
hijos míos<br />
sobreviviremos.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>ALTO BÍO-BÍO </strong></h2>
<p>Le inundaron el alma a los cementerios/<br />
de la alta montaña</p>
<p>se retuercen flotando en aguas de manos extranjeras</p>
<p>las burbujas reflejan la mirada oscura de un/</p>
<p>pueblo intervenido.</p>
<p>De las araucarias «solo el recuerdo».</p>
<p>El trompe. Eterniza. El gemido. De un cielo./</p>
<p>Azulado. Donde un kultrún.</p>
<p>Reclama. Ser.<br />
La. Copia. Infeliz. Del. Edén. El trompe. Eterniza&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-19-a-las-09.27.42.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1723" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-19-a-las-09.27.42.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-19 a la(s) 09.27.42" width="402" height="786" /></a></p>
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		<title>EL DESIERTO</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Oct 2022 19:12:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[LA POESÍA DEL NORTE DE CHILE: UN MAPA POR RECONSTRUIR antologador: Daniel Rojas Pachas / fotografías: Sebastián Rojas Rojo La presente curaduría como toda selección es arbitraria y subjetiva, en lo absoluto pretende reducir a un grupo toda la poesía del norte y su riqueza, más bien el objetivo de esta muestra es tender puentes y abrir perspectivas de lectura [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 15">
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<div class="column">
<h1 style="text-align: left;">LA POESÍA DEL NORTE DE CHILE: UN MAPA POR RECONSTRUIR</h1>
<h6 style="text-align: right;">antologador: Daniel Rojas Pachas / fotografías: Sebastián Rojas Rojo</h6>
<p style="text-align: left;">La presente curaduría como toda selección es arbitraria y subjetiva, en lo absoluto pretende reducir a un grupo toda la poesía del norte y su riqueza, más bien el objetivo de esta muestra es tender puentes y abrir perspectivas de lectura que permitan un diálogo y revisión de los múltiples registros, generaciones y propuestas de voces que han ido edificando la vasta y compleja realidad poética de la zona que va desde Arica y Parinacota hasta Vicuña y el Limarí.</p>
<p>Antes de entrar a los criterios de selección, creo que es importante nombrar a otros destacados actores y grupos que el lector debiera conocer, en esa medida considero que se puede entender este libro de doce autores como un umbral.</p>
<p>La invitación al lector, luego de leer esta selección, es continuar con la revisión de otras importantes voces contemporáneas ligadas al norte, que siguen produciendo. Me refiero a: Luis Araya Novoa, Patricia Mardones, Rolando Martínez, Tito Manfred, Mauro Gatica, Rodrigo Rojas Terán, Daniel Olcay Jeneral, Óscar Arancibia, Jaime Ceballos, Juan José Podestá, Roberto Bustamante, Hernán Rivera Letelier, Cristian Geisse, Marietta Morales, Guillermo Ross Murray, Marcela Reyes Harris, Benjamín León, Miguel Morales (El Tipógrafo Huraño), Aida Santelices Kostópulos, Walter Hoefler, Javier del Cerro, Arturo Volantines, Tomás Harris, Teresa Calderón, entre muchos otros.</p>
<p>La presente selección de doce autores tuvo varios ejes. A propósito de ejes, me permito en este punto una digresión para aludir a la figura e ideas del poeta Rodolfo Khan, sobre la verticalidad y horizontalidad del paisaje geométrico de la poesía, expuestas en el libro manifiesto de su grupo Vertizonte.</p>
<p>En una primera instancia quise lograr, con esta selección, un equilibro entre voces de una reconocida trayectoria y presencia en la escena cultural de Chile frente a otras importantes propuestas, que si bien tienen un recorrido valioso, dado el centralismo y ciertas miradas reduccionistas que pesan sobre las creaciones literarias que emergen desde la provincia, han ido quedando relegadas y excluidas del canon.</p>
<p>También consideré importante integrar voces nuevas que presentan propuestas enriquecedoras y que permiten entender que la poesía contemporánea del norte puede leerse desde María Monvel y Romeo Murga, dos jóvenes voces que se apagaron muy pronto, hasta nuestros días.</p>
<p>Otro eje esencial ha sido el territorial. Se tiende a homologar el norte o reducirlo a dos ámbitos, el norte pampino y minero y el norte de los valles cercanos al centro, cuando en realidad existen variadas dimensiones que han permeado las representaciones poéticas de sus actores. Habría que sumar también lecturas y estéticas marginales o consideradas parte de una literatura menor, que han ampliado los registros más allá de lo folclórico y telúrico, por eso me parece esencial que al leer a los autores de la muestra, se ponga atención a la variedad con la que se abordan sus relaciones con el espacio vital.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-16.05.47.png"><img class=" wp-image-1673 size-medium alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-16.05.47-300x204.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-16 a la(s) 16.05.47" width="300" height="204" /></a>Considerando este apartado, opté no solo por autores que nacieron, crecieron o formaron una obra en las grandes ciudades del norte, entiéndase por esto Arica, Iquique, Antofagasta, Copiapó y La Serena, atendiendo así a otros espacios como el altiplano hermanado a la frontera, Alto Hospicio, Taltal y Montepatria.</p>
<p>En última instancia, otro factor decidor es el registro lingüístico y también dialectal de cada uno de estos creadores, marcado no solo por su zona de origen y el tiempo desde el cual escriben y fueron dando forma a sus voces. Considero que este punto es de suma importancia y en gran medida excede mi trabajo como crítico y editor, ya que demanda una labor conjunta de etnolingüistas, filólogos y como tarea debe involucrar al mundo editorial y la academia. Me refiero a la atención que merece la tradición oral, la poesía aymara, diaguita y los nexos con nuestros países vecinos y toda la escritura andina que nos antecede.</p>
<p>Hoy más que nunca resulta inoficioso pensar en bloques generacionales y límites para la comunicación. Pensaba mientras recorría las calles de León, en México, y encontraba ciertos paralelos con la ciudad de Arica, en la cual crecí, que un poeta de Pisagua puede hoy entrar en diálogo y publicación con la escena de Oaxaca en cuestión de segundos. Sin embargo, esto no siempre fue así y hay momentos a considerar, hitos si queremos llamarlos de algún modo. Me refiero a las querellas entre Parra y Gonzalo Rojas, publicadas en las páginas de <em>Tebaida</em>, o la poesía de Lihn presente en sus tramos migratorios por las ciudades del sur del Perú, frontera con Arica.</p>
<p>El paso de Bolaño por el norte y su relación con los movimientos de vanguardia del Perú, Hora Zero, lo encontramos en su poema «Los neochilenos», y si hablamos de posvanguardias, la traducción y diálogo del grupo de Alicia Galaz con la escena beatnik de Nueva York. Hay mucho trabajo por delante si queremos reconstruir las derivas de la poesía en esta larga y extraña franja que es Chile.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-16.07.27.png"><img class=" size-full wp-image-1674 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-16.07.27.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-16 a la(s) 16.07.27" width="473" height="236" /></a>Agradezco la confianza e invitación de los editores para realizar esta muestra. Espero haber cumplido con la tarea de dar cuenta de una suma de voces que a mi juicio abren el diálogo y permiten problematizar otra vez y cuantas veces sea necesario, las limitaciones de reconstruir un mapa y representación.</p>
<p>La poesía del norte está marcada por tensiones fundacionales y de ruptura, es una zona híbrida signada por las migraciones y la profunda contemplación. De forma metafórica podemos representar esta condición en el incesante movimiento y tráfico de las fronteras y la aparente inmovilidad de un desierto inabarcable. Hay que considerar que las distancias entre las ciudades del norte son en muchos casos insalvables, lo cual hace urgente la necesidad de trazar redes que permitan establecer una bitácora que contribuya a completar la ruta de la poesía nacional, considerando momentos ineludibles y edificaciones que acompañan el camino construido por la obra mistraliana, el ideario de Sabella sobre el Norte Grande y el surgimiento del proyecto editorial y revista de Alicia Galaz, Oliver Welden y Guillermo Deisler, una Tebas poética en el desierto.</p>
<hr />
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<h1 class="column">MARKOS QUISBERT (1980)</h1>
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<h2>ELLOS NOS DICTAN CÓMO VESTIR EN ESTE SECTOR</h2>
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<p>Ellos nos dictan el cómo vestir en este sector<br />
el detalle de las prendas hechas de papel volantín que estrenan cada semana con la mayor expectativa de modelar en veredas con alfombra roja.</p>
<p>Esos vientres hinchados se mueven<br />
al compás de un narco-corrido.<br />
Nos hace llorar bro<br />
como la imagen que una vez se tatuó en nuestro/</p>
<p>corazón.</p>
<p>Allí van con cientos de joyas que les cuelgan desde/ el cuello a los pies.</p>
<p>Cadenas de oro en medio de la ropa<br />
o sus cabellos que se confunden con la barba ¡Son/</p>
<p>un amor!</p>
<p>Los vemos andar como en el mejor de los mundos pues saben que son los divos que alguna vez/</p>
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<p>quisimos ser</p>
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<p>y no nos atrevimos.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<h2>ESO QUE ALGUNA VEZ FUE PARA TODOS</h2>
<p>Eso que alguna vez fue para todos<br />
hoy es solo una mezquina imagen<br />
que atesora un viejo desdentado<br />
dispuesto a hacer el ridículo<br />
gimiendo como mujer, sudoroso<br />
hecho polvo a causa de sus adicciones. Otros volvían a sintonizar aquella sensación en la más larga noche humedecida de anís:</p>
<p>hombres que bailan y comen almejas<br />
sobre un tambor en la esquina de un pasaje.</p>
<hr />
<h1>JUAN CARLOS MAMANI (1961)</h1>
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<h2>AUSENCIAS TELÚRICAS</h2>
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<div class="column">
<p>Sobre la tierra grande,<br />
sobre la tierra del iru wichu cae la noche eléctrica,/</p>
<p>occidental, ahíta de constelaciones humanas, indiferentes,</p>
<p>de extraños pueblos acurrucados bajo su manto y de olvidos mercenarios en sus calles aguardando atrapar las manos<br />
del artesano pertinaz,</p>
<p>del criador aferrado a la arcilla aymara.</p>
<p>Allí desaparecieron los pastores del tiempo vegetal, los escultores del frío.<br />
Y sobre los últimos patios altiplánicos,<br />
ronda una espesa camanchaca de los abandonos abriendo la quebrada infatigable, abisal de lejanuras.</p>
<p>Allí crecen los desencuentros<br />
como furiosa ortiga entre los rumbos. Solo el viento grande,<br />
el de la invicta estirpe andina,<br />
ronda como un antiguo guardián aymara, testaferro de la Pachamama.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<h2>NÄNAKAXA WAYRAPXTWA, NÄNAKAXA JALLUPXTWA</h2>
<p><em>NÄNAKAXA WAYRAPXTWA, NÄNAKAZA JALLUPXTWA</em></p>
<p>Nosotros, somos viento, somos lluvia<br />
somos de esa genealogía del río quebradeño,<br />
parte de la sonrisa madrugadora del lucero aymara</p>
<p>En esta tierra adentro<br />
somos oración de la orquídea sobre la greda bendita.</p>
<p><em>Jupanakaxa janiwa taqi yatipkiti Janiwa, janiwa.</em><br />
Ellos no lo saben todo<br />
Aunque vengan arrogantes, monolíticos</p>
<p>con su vociferación de rock pesado sobre las vertientes del maíz,</p>
<p>Aunque se posesionen sobre el murmullo tiahuanacota</p>
<p>con las letanías de su crucificado<br />
y su discurso cartesiano sobre la Pachamama.</p>
<p><em>Jupanakaxa janiwa taqi yatipkiti</em></p>
<p><em>Janiwa, janiwa.</em><br />
<em> Nänakaxa wayrapxtwa, nänakaxa jallupxtwa </em></p>
<p>Ellos no lo saben todo.<br />
No lo saben, no lo saben.<br />
Somos viento, somos lluvia<br />
promesa del jolgorio en la <em>anata</em><br />
comunión con las estrellas en el <em>apthapi</em></p>
<p>rompiendo el abismo de las lejanuras</p>
<p><em>Nänakaxa wayrapxtwa, nänakaxa jallupxwa.</em></p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<h1>JUAN MALEBRÁN (1979)</h1>
<h2>TIN IGGI</h2>
<p style="text-align: right;">Tenemos un patio, y agua, y una elegía que cuelga en</p>
<p style="text-align: right;">la pared de la habitación, en una tela que embriaga a</p>
<p style="text-align: right;">los extraños.</p>
<p style="text-align: right;">M. Bennis</p>
<div class="page" title="Page 22">
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<div class="column">
<p>Pasar la tarde frente a los surfistas<br />
sumidos en sus intentos por mantener el equilibrio.</p>
<p>Jóvenes en el arte de la insistencia<br />
ante lo que a toda costa<br />
pretende ser algo más que simple artificio.</p>
<p>Una ola al levantar su espinazo<br />
la voz de aquel que anuncia<br />
la arremetida de un tumbo inesperado</p>
<p>la elevación de los pájaros<br />
con sus huesos llenos de aire a través de un oleaje ocre como la borra en la taza del té</p>
<p>o como la oferta del mercader y la joroba de su camello sediento</p>
<div class="page" title="Page 22">
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<div class="column">
<p>por el vértigo en la orilla del continente.</p>
<p>Pasar la tarde tras el humo y el caramelo del hachís</p>
<p>sobre la arena, entre las tablas y las parejas bajo el sol</p>
<p>jóvenes en el arte de conservar<br />
intacta la resina en el surco de los labios.</p>
<hr />
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<div class="column">
<h2>RIMAC</h2>
<p>Del otro lado de la avenida es posible pensar la noche como una guantera<br />
en la que un revolver asoma al girar la esquina</p>
<p>frente a la terraza de una okupa<br />
con dos cholos a la luz de una ampolleta cerniendo cal sobre la pureza de la falopa.</p>
<p>Plegar y desplegar como siempre<br />
en un mismo idioma, pero distintas manos el origami del que nos valemos<br />
para tomar el pulso de las ciudades.</p>
<p>Porque siempre ha sido a puro pulso<br />
pero en este caso quedamos cortos<br />
ante el acople del subwoofer que aquí dentro</p>
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<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<p>ensordece junto al ruido frenético del esnife. Un mal cálculo<br />
un esquizo conteniendo la risa<br />
un gringo esquizo retrocediendo el polvo</p>
<p>al calor del bicarbonato —dirías tú—.</p>
<p>Pero estás lejos igual que La Victoria allá al fondo con sus juegos de manos y sus antenazos<br />
como el hilo negro que ataste a la mochila<br />
para protegernos y ahuyentar la desventura</p>
<p>pero nada más iniciando el trayecto se cortó<br />
como lo hace toda buena intención en nuestras manos.</p>
<p>Difícil hilvanar lo que sea<br />
entre tanto alboroto<br />
festejo y orín<br />
peldaño a peldaño en las pasarelas. Porque esta ciudad no es solo el desgaste del caucho en los carriles y</p>
<p>ellos allá afuera cargan sus propios calibres. Sin embargo, prefieren el viento silbando en el cuero de sus chaquetas y<br />
no envejecer como nosotros</p>
<p>al recordar apenas lo que provocaba esta rabia.</p>
</div>
<div class="column">
<p>El Rimac entero —alguien dice— entraría por el gollete de esta botella y este gollete en el hueco negro<br />
que llevas entre pulmón y pulmón. Pero todos aquí sabemos</p>
<p>que es del otro lado de la ventana<br />
donde las cosas adquieren real importancia y volvemos a girar otra esquina<br />
otro semáforo</p>
<p>el estallido del vidrio por el golpe de una culata.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<h1>LUIS KONG SANTIBÁÑEZ (1979)</h1>
<h3>BRONCOPULMONAR DE ANTOFAGASTA</h3>
<p>La geografía del desgarro con pintitas de sangre, la tos de los sin Dios, los silicosos, las ojerosas/</p>
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<div class="column">
<p>desgarradas, los moribundos de los pies sucios.</p>
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<p>Ahí comencé a escribir poesía en posición fetal.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<h2>FINGIR ES CONOCERSE</h2>
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<div class="column">
<p>La frase pudo haber sido atribuida indistintamente a Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares o Ricardo Reis. Pero tengo casi la certeza de que la frase fue reescrita involuntariamente por el maldito Pessoa, en un arranque intempestivo de incredulidad gozosa.</p>
<p>Un triste y apócrifo Pessoa que solo pudo vivir el desasosiego contra sí mismo, como una manera sórdida de sobrevivir dignamente en la soledad exasperante de esa pulcra habitación de Lisboa.</p>
<p>Con todo, y a pesar de mi desatino hipócrita en reconocerlo, la máscara genuina es mi impúdica sinceridad literaria. Que nadie diga que me conoce porque me ha leído alguna vez. Lo que se ve (en el fondo), lo que alcanza a percibirse entre líneas, es mi pastiche original, es mi fingida y lúcida manera de ser que no proyecta sombra alguna en espejos, para no ser descubierto. Detrás de este simulacro, sin embargo, no hay arrepentimiento alguno. No hay biografía póstuma, no hay lágrimas. No hay nada, absolutamente nada. Solo este vacío mudo y tenaz que habla por sí solo.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<h2>SILENCIO DE PÁJARO DORMIDO</h2>
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<div class="column">
<p>Nostalgia pura de la penumbra de jardines y zaguanes austeros y húmedos de la casa silenciosa. Allí nace, presumo, la soledad contemplada de Borges, el fuego interior de su inteligencia. Poemas de muertos, poemas de cementerios solos, poemas inscritos en el mármol fúnebre de la posteridad.</p>
<p>Se me aparecen, en estas páginas, los simulacros de espejos y el horror in situ, el horror calmo, el horror contemplativo, la sensación de que toda tristeza es inútil para arrepentirnos. «Solo la vida existe», pero existe racionalmente dentro del tiempo circular de la muerte. El aterrador asombro frente al silencio del jardín de senderos que más tarde se bifurcarán en los sueños, en los círculos eternos del agua, en el tiempo igualmente circular de Macedonio Fernández.</p>
<p>Las primeras meditaciones acerca de las paradojas místicas, ternura y tristeza, carnicerías de barrio, callejones huérfanos y los banquillos de madera abandonados de la Plaza San Martín. ¿Dónde escribe quien piensa o sueña parado frente a su propio epitafio de sombras? Fervor de Buenos Aires es eso: la disolución intelectual de Dios. Dos poemas sobresalientes me imponen su cruel metáfora del mundo: Carnicería y Despedida. El primero me resume una imagen aterradoramente humana de una cabeza de vaca con ojos nubosos, detrás de las paredes de un templo místico vacío; el segundo, es la disolución del amor que huye o empieza a morir o no puede contenerse a sí mismo. El enigma inicial del mar, precipitándose en oleaje o en algo todavía insignificante, como la luna fantástica en el cielo recién nacido de la poesía.</p>
<hr />
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<div class="column">
<h1>VÍCTOR MUNITA FRITIS (1980)</h1>
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<h2>TARDES DE CINE</h2>
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">A Laura Antonelli y Alessandro Momo</h6>
<div class="page" title="Page 25">
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<div class="column">
<p>Éramos niños<br />
extendiendo viejas películas al sol,<br />
desenrollando<em> films</em> desde sus cajas de latón,</p>
<p>intentando ver pequeñas escenas «porno» a contraluz.</p>
<p>Buscábamos el sexo de las señoritas<br />
bajo el quiebre y los daños del <em>film</em>,<br />
rayas en el celuloide, pequeños cortes,<br />
puñaladas intensas, arreboles en un clavel rojo, extendido en el suelo, en nuestras manos,<br />
el film sobre el sol como la ropa que las madres suelen tender en las ideas, antes de lavar.<br />
La luz nos hacía tapar un ojo con la mano, mientras algunos reían ridículos,<br />
simulando ser piratas.<br />
Y dábamos vuelta los <em>films</em>,<br />
curiosos, riendo, jugando, intentando ver<br />
las penetraciones de los jóvenes eslavos en el cine que rodaba por nuestra imaginación.<br />
La naturaleza toda, brillaba en la pupila y nosotros con hambre de sexualizarnos<br />
sobre los microfilms y su luz dispersada.</p>
<div class="page" title="Page 26">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Más pobres que las ratas,<br />
escudriñábamos la basura del barrio<br />
imaginando a quiénes pertenecían<br />
ciertas maletas, cajas, cintas.<br />
Hacíamos memoria de los solteros,<br />
de las cincuentonas recién casadas con<br />
abusadores jóvenes del vecindario y<br />
nada nos remitía una señal.<br />
Abríamos cajones intentando encontrar dueños<br />
y solo encontrábamos un corazón,<br />
el nuestro<br />
con pequeñas alegrías,<br />
cuando leíamos en diminutos papeles,<br />
que apenas se sostenían en las latas de la película Malizia, 1973-Laura Antonelli y Alessandro Momo/</p>
<p>35 mm./ Exa-Madrid-Estudios. La buscábamos desnuda en la cinta y</p>
<p>no podíamos con nuestras alegrías y las ansias que se arrancaban por la boca.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 26">
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<div class="column">
<h2>LAURA ERA EDUCADORA ESCOLAR</h2>
<p>Por eso como actriz<br />
nunca la vimos de otro modo,<br />
que como a la mejor maestra<br />
de la escuela de holgazanes<br />
inventada por nosotros.<br />
Nadie se acercaba a ella,<br />
sino por los corrompidos ojos de Momo,</p>
<p>la disputábamos en la niñez y adolescencia.</p>
<div class="page" title="Page 26">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Con los del barrio,<br />
veíamos las películas, encerrados<br />
en la casa de algún vecino y<br />
desatábamos el placer solitario en<br />
los baños de nuestros hogares.<br />
Del orgasmo dimos paso al horror,<br />
cada uno de nosotros era un caído en su propia/</p>
<p>tumba. Nos troquelaron los pantalones con la noticia:</p>
<p>Momo había muerto y<br />
Laura consumía cocaína<br />
todas las mañanas.<br />
Ahí quedamos, como lo que éramos, adolescentes de 1995.</p>
<p>El Tirreno y El Adriático,<br />
los mares de la península itálica,<br />
cultivan muy bien a sus criaturas predilectas. Alessandro Momo<br />
murió en una moto Honda CB 750<br />
en 1974,<br />
yo me enteré ayer de tan terrible noticia.<br />
En nuestra juventud con él,<br />
nosotros a Laura<br />
quitábamos las bragas bajo la mesa,<br />
la correteábamos por la casa con una linterna y</p>
<p>la contemplábamos tocándonos los huevos; amenazando al mundo con desbordarnos.</p>
<p>Teníamos los dedos<br />
infinitamente adolescentes y<br />
solo llegaríamos a Roma<br />
por los caminos trazados en nuestras manos.</p>
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<hr />
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<div class="column">
<h1>DAVID SANTOS ARRIETA (1979)</h1>
<div class="page" title="Page 27">
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<div class="column">
<div class="page" title="Page 27">
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<div class="column">
<h2>SOLO EN EL AULA</h2>
<p>Estoy en seco escuchando<br />
toda crítica destructiva,<br />
se llenan de prevenciones y no dicen nada.</p>
<p>Pienso. Escribo</p>
<p>La humildad de la leyenda cristiana<br />
jugando con la paciencia del profesor<br />
toda calidad es discriminatoria<br />
toda mi vida se borra en el pizarrón<br />
pero queda en los cuadernos de mis estudiantes me consuelo.</p>
<p>Borro. Bebo.</p>
<p>Bajo la vela gitana una luna me besa mis pies van al río y vuelven hinchados las ropas que dejaron bailan lentamente y sonríen las ventanas de la casa.</p>
<p>Cierro. Abro.</p>
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<div class="page" title="Page 27">
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<div class="column">
<p>Las golondrinas gritan sus agallas<br />
las nubes gotean abrigos y sombreros vamos a ser charcos que reflejan el eclipse y evaporarnos con el amor del Inti.</p>
<p>Me voy. Evaporado.</p>
<p>Siendo los colores del uniforme<br />
el corte de pelo a la manera del reglamento&#8230;<br />
las semillas perdidas, secas, encerradas en algodón miro el piso no encerado, no hay recursos.</p>
<p>Estoy asumiéndome.</p>
<p><em>Primeros brotes</em><br />
<em> de la cancha a los muros</em><br />
<em> rompiendo el molde de nosotros mismos </em></p>
<p><em>ayudando a la rutina a posarse</em><br />
<em> como raíces somos</em><br />
como modas que se podan<br />
y como frutos pasivos<br />
cansancio, cicatriz y promesas<br />
gallos, olas y basura<br />
sin ojos podré verlos a todos<br />
en mi sala mando yo.</p>
</div>
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</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 28">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CECILIA CASTILLO (1949)</h1>
<h2>LUGARES COMUNES</h2>
<p>Dance with me&#8230; Le dije esa tarde estirando la mano hacia su cintura</p>
<p>Las dudas cayeron al piso enredadas en la voz<br />
de Engelbert Humperdinck</p>
<p>Desapareció el triste Pub de provincia y nos internamos<br />
en iluminados salones<br />
valseando</p>
<p>This waltz should last forever</p>
<p>Cerré los ojos para acariciarla<br />
y toda su sangre se abrió camino entre mis dedos<br />
¡Ah!&#8230; La mujer soñada&#8230;.<br />
I have fallen in love with you</p>
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<div class="page" title="Page 28">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Pero entonces, en el recodo de la última vuelta<br />
del último Vals</p>
<p>¡Dijo&#8230; la muy&#8230;!<br />
Oye, por si acaso&#8230; yo no entiendo nada de/</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>inglés&#8230; ah&#8230;</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 28">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>CERCA DE CAMIRI</h2>
<p>Dibújame en el ala de tu sueño pidió mi héroe,</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
<p>y partió a desflorar la sierra:</p>
<p>y con erecta hombría en ideal de amor,</p>
<p>la fecundó en sangre.<br />
Gimió la tierra por su amante,</p>
<p>mientras suela claveteada</p>
<p>mancillaba sementeras.</p>
<p>(busco la llama de tus ojos, Ernesto,</p>
<p>el color de tu palabra</p>
<div class="page" title="Page 29">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>busco tu herencia de líder</p>
<p>más allá de afiches baratos</p>
<p>o colgajos de bronce<br />
más allá</p>
<p>de los que venden tu recuerdo<br />
más allá<br />
de reformas consensos insultantes)</p>
<p>«Soy consecuente con mis ideas», dijo.</p>
<p>Y su boina</p>
<p>se bebió el infinito.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 29">
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<div class="column">
<h1>SOLEDAD FARIÑA VICUÑA (1943)</h1>
<div class="page" title="Page 29">
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<div class="column">
<h2>DONDE EL AMARILLO</h2>
<p>Esparcir la mirada<br />
dónde el amarillo dónde<br />
presagio oscuro las comisuras negras<br />
rígidas postergan aclaran amainan<br />
el temporal amaina amaina la mañana<br />
el verde amaina<br />
arrastran saco nocturno las comisuras<br />
y el amarillo dónde<br />
escarban las manos curvas<br />
atolondradas aventan las necias circulares (las mejillas) en radiante espiral<br />
recorre emplasto negro las miradas hundidas en la frente, ataduras profundas<br />
— Cinco son, cinco, apuntan los choroyes — Cinco los surcos hondos taladrados</p>
<p>(observa el ojo inquieto, silenciosa la mueca observa)</p>
<hr />
<h2>VIAJO EN MI LENGUA</h2>
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<div class="column">
<p><span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.</span>de arena pantanosa<br />
dos vocales<span style="color: #ffffff;"> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</span>O <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.</span>E<br />
Viajo y rozan los bordes mi arenilla dormida Adentro <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;</span>más adentro de la cavidad sonora <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;</span> tus vocales las mías<br />
<span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. ..</span>en el ronco gemido<br />
Me aferro a mis moluscos<span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;..</span> Penetro las papilas Adentro <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;..</span>más adentro llego hasta el estertor <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</span>al eco de otra lengua La camino <span style="color: #ffffff;">&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</span>recorro la nostalgia la cerco<br />
Pero a la piel no llegan claros los envíos<br />
Qué sintaxis Qué paisajes que mis ojos no vieron Quieren brotar desde esas aguas</p>
<div class="page" title="Page 30">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>y tu lengua mi lengua</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 30">
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<div class="column">
<h1>ZULETA VÁSQUEZ (1979)</h1>
<h2>OCHENTA Y CINCO</h2>
<p>No te odio,</p>
<p>si te odiara<br />
ya tendrías tu ataúd<br />
y las negras mariposas comerían de tu molesta carne.</p>
<p>Ya te hubiese comprado flores, escrito tu epitafio</p>
<p>y recitado tus consignas poéticas como discurso político.</p>
<p>No te odio<br />
y la ira desciende almacenada por la rabia, escondiendo maldiciones.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 31">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>SESENTA Y OCHO</h2>
<p>Cuidado,<br />
estoy escribiendo<br />
y los estoy odiando a todos.</p>
<p>No tengo miedo a salir por la boca, ni sofocarme de puñales,<br />
ni terminar de larvar sueños<br />
que se tejen con fin.</p>
<p>He sacado con dolor mi alma a las palabras, la sangre de las líneas y la muerte de ellas,</p>
</div>
<div class="column">
<p>la soberbia escupirá, será la imprenta<br />
y las pequeñas hormigas sus demonios.</p>
<p>Imposible conformarse con solo morir,</p>
<p>cuidado&#8230; voy a escribir.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<h1>PAULA BÉCQUER (1975)</h1>
<div class="page" title="Page 32">
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<div class="column">
<h2>TEMPUS FUGIT</h2>
<p>Y finalmente<br />
duermes donde no hay sombra<br />
y Parra se ríe.<br />
De tu quejumbrosa reacción<br />
por los semáforos<br />
Y Neruda se lamenta<br />
que la primavera llegó antes<br />
de hacer madurar los cerezos.<br />
Y yo entre digresiones y puntos suspensivos emprendo un nuevo viaje desde<br />
el abecedario griego.</p>
<hr />
<h2>UNA PEQUEÑA HISTORIA</h2>
<p>Y el espantapájaros se volvió loco camino a Buenos Aires<br />
Con la singular figura de los burgueses al costado.<br />
Puede que sea la imagen centellante de lo que todos pasan<br />
la consabida vanguardia<br />
y su nuevo traje de literatura<br />
la parodia enigmática<br />
que a unos cuantos sepulta<br />
el pudor en las calles de la<br />
década del 30.</p>
<hr />
<h2>N A T U R A</h2>
<div class="page" title="Page 32">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La década del ochenta<br />
aún se estremece entre mis saltos</p>
<p>El teléfono gira en sus números</p>
<p>como en la ruleta rusa<br />
Todos conocen la historia<br />
y la sociedad<br />
juzgó con la modernidad<br />
de un cruce de personajes.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 33">
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<div class="column">
<h1>ISU ALAMO (1986)</h1>
<div class="page" title="Page 33">
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<div class="column">
<h2>BIO MÉTRIKA</h2>
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<div class="column">
<p>Apresurada tempranera busco el toketéo con tu rayo láser</p>
<p>apresurada tempranera</p>
<p>suenan los platos en las cocinas</p>
<p>antes que amanezca cantan pajaritas</p>
<p>a la que madruga<br />
la Chinita ayuda<br />
y le hice una manda<br />
la diosa pintó mis uñas con glifo santo<br />
en la punta de mi dedo índice<br />
ya no hay malezas con insectos<br />
en la punta de mis dedos<br />
ya no crecen mis ganas vivas<br />
de partir y dejarlo todo<br />
mató de raíz emprender el tranco<br />
cerca del río donde todo se diluye<br />
donde todo es un abismo<br />
porque mis metales son más pesados<br />
porque soy la primera<br />
la madrugadora<br />
la tempranera<br />
como día a día<br />
hundo mis huellas en la tierra que no es mía<br />
Es lunes y mi cuerpo ya lo sabe<br />
porque tus cables eléctricos cruzan mis ventanas</p>
<div class="page" title="Page 33">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>y tu láser recorre la piel de mis manos dejo todo grabado<br />
mi huella en las esquinas<br />
estoy dispuesta a mis servicios</p>
<p>y me sumerjo en los cercos magnéticos donde dinamito mis semanas<br />
y yo solo me río<br />
recuerdo haber firmado</p>
<p>el punto g del contrato<br />
«mira tus cables eléctricos acaricia tus vacíos»<br />
en la puntualidad del roce<br />
soy digna en la unidad de medida<br />
cuando muevo mis funciones<br />
y tus espinas limitan mis fronteras<br />
donde ya no arrastro la bolsa<br />
porque estoy dentro de ella<br />
cebada llego al pódium<br />
la gráfica de mi evaluación es la obediencia<br />
el big data selecciona mis pulsos<br />
¿soy el mejor trozo de tu torta o la columna que/</p>
<p>te eleva?</p>
<p>Soy una cifra digna<br />
porque gano siempre sumo<br />
acumulo y edifico<br />
hundo mi dedo en mi tierra húmeda<br />
en el contrato que te firmo<br />
pongo el Punto que germina<br />
con puño firme dar hasta q duela<br />
hasta que olvide mi vida entera al servicio de tu bien ¿vienes hoy?<br />
siempre voy, marco encías</p>
<div class="page" title="Page 34">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>en la entrega mi plusvalía<br />
la vida entera al servicio de tu bien<br />
¿vienes hoy?<br />
siempre voy, con el marco de mis encías<br />
afilo las púas de mis colmillos<br />
yo no aviso si falto y me salto tu firma<br />
yo no llego a la audiencia<br />
es difícil contar los rostros aturdidos del acierto mi hijo me despierta para que le haga un avión/</p>
<div class="page" title="Page 34">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>de papel</p>
<div class="page" title="Page 34">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>con el libro de observaciones de la Junji en la página de mis derechos laborales pongo en remojo<br />
en los océanos y ríos</p>
<p>de mis horas de lactancia<br />
venas miel mía<br />
toda mi leche que arde en tu sistema</p>
<hr />
<h1>LEONOR OLMOS (1988)</h1>
<div class="page" title="Page 34">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>YO PUDE ESCRIBIR ESTO PORQUE PUDE</h2>
<p>yo pude escribir esto porque pude;<br />
porque el lenguaje me pudo + y me desbordó, porque el lenguaje entró en mí como un derrame como un golpe de caballos dejando tras de sí _ los sonidos puros, los cuerpos puros / he oído a<br />
la muerte abriendo las palabras<br />
desde entonces, viéndolas por dentro, tocándolas, dejándolas vacías he visto un cuerpo habitar en el lenguaje cubrirse con mis formas ocultarse<br />
en mis endebles estructuras; lo he visto decir el poema, reír bailar aparecer en la maleza _ narrarme _ darme vida en la ficción; lo he visto introducir en mi carne: máquinas,<br />
nervios, materia pura e impura _ sudor _ un contagio de piel a piel de cuerpo a cuerpo</p>
<p>/ un acuario lleno de peces anudados sobre<br />
mis manos vi las planicies encenderse, pero cerré mis ojos pero llené mis ojos de sonidos de roturas<br />
aquí en el pacífico el dolor está lleno de mar<br />
aquí en la costa del pacífico<br />
el dolor / dirige todo relato</p>
<p>todo acceso al relato, a unos pocos alambres como único vestigio</p>
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>allí el pez &amp; la opacidad del pez desnuda el símbolo</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>fagocita arremete<br />
toda estabilidad</p>
</div>
<div class="column">
<p>el símbolo<br />
captura todo vínculo posible</p>
<p>entre un habla &amp; otro</p>
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>un acuario lleno de mar lavando el lenguaje, cosiendo el lenguaje sobre mis huesos</p>
<p>pez sobre herida — pez como animal milenario con la historia del mundo sobre sí / pez en el barro — susurrando las profundidades de la fosa pre signo la casa exhala dice exhalar arroja sus aguas contaminadas<br />
sobre la superficie</p>
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>un acuario</p>
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>en el cual los sonidos se disuelven;</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
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<div class="layoutArea">
<div class="column">
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>un acuario</p>
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>en el cual</p>
<p>el tiempo &amp; los lenguajes se confunden</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 35">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>YO NO ALIMENTO A ESTE DOLOR</h2>
<p>yo no alimento a este dolor<br />
yo no llamo a este dolor, pero se pega a mis huesos, pero se pega a mi carne / pero entra &amp; se queda algunas veces / pero las pantallas hablan con él / pero las pantallas llenan de zumbidos de insectos el aire espeso</p>
<p>el aire tibio<br />
el aire &amp; su vacío tomándome en brazos,</p>
<p>en el aire brotan cosas —oigamos lo que dicen esas voces que nada tienen que decir, oigamos la paranoia su cielo estrellado su cielo contaminado su cielo que enferma<br />
mis pulmones _ su cielo— batalla en una fase agónica en una fase</p>
<p>de i n c e r t i d u m b r e / oigamos, es posible oír es posible oír atravesar los sonidos quedarse ahí en ese instante<br />
quedarse ahí y ser otra cosa</p>
<p>quedarse ahí y ser otra cosa y llevar consigo todas las palabras<br />
y llevarlas consigo<br />
incrustadas en piedra;</p>
<p>supongamos que el dolor es solo un punto refractario, utilicemos el dolor como</p>
<p>punto en movimiento —<br />
todo desde allí es hierba paisaje puro; cavar un pozo, alimentarme, ver la nieve</p>
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<p>profundizar e l e s p a c i o<br />
entre las cosas, capturar ese espacio aletargar los sonidos</p>
<p>he quedado sola en una casa que intenta defenderse,<br />
nada sé de los nudos &amp; las cuerdas extendidas en el piso</p>
<p>/saber como quién degüella al pájaro con la</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>muerte casi encima /</p>
<p>y no mirar desde adentro; y caminar</p>
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<div class="column">
<p>siempre otra</p>
</div>
<div class="column"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-20.23.19.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1717" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-16-a-las-20.23.19.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-16 a la(s) 20.23.19" width="492" height="756" /></a></div>
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		<title>LA CULTURA EN TIEMPOS CONSTITUYENTES</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Oct 2022 23:22:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[por Paulo Slachevsky &#124; fotografías Cristián Labarca I. LA CULTURA COMO FUERZA TRANSFORMADORA El mundo de la cultura ha jugado siempre un rol muy relevante en todos los grandes avances en favor de una sociedad más democrática. Basta recordar los años sesenta y setenta, momentos de una verdadera explosión creativa en los más diversos ámbitos, y también los ochenta, donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Paulo Slachevsky | fotografías Cristián Labarca </em></strong></h6>
<p><strong>I. LA CULTURA COMO FUERZA TRANSFORMADORA</strong></p>
<p>El mundo de la cultura ha jugado siempre un rol muy relevante en todos los grandes avances en favor de una sociedad más democrática. Basta recordar los años sesenta y setenta, momentos de una verdadera explosión creativa en los más diversos ámbitos, y también los ochenta, donde las más diversas expresiones culturales se entrelazaban en la protesta social contra la dictadura. Como entonces, desde octubre del 2019 podemos ver cómo la calle en insurgencia se expresa en los muros de la ciudad, la música, la poesía, la fotografía, el teatro, el audiovisual, etcétera. Canciones como «El derecho de vivir en paz» o «El baile de los que sobran» vienen a transformarse en símbolos del movimiento, himnos contra la brutal represión, puentes también entre diversos momentos históricos donde la esperanza se refleja en las voces y en el brillo de los ojos de las y los manifestantes.</p>
<p>Lamentablemente, como sucedió en los años ochenta, los sectores populares, la calle y la cultura misma, verdaderos motores de los cambios, quedan de lado, y en la institucionalización del nuevo período se les asigna un rol totalmente secundario. Meros espectadores unos, teloneros los otros.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.22.png"><img class=" size-full wp-image-1654 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.22.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.22" width="335" height="729" /></a>En el momento constituyente que vivimos no debemos repetir la misma historia. Ni los sectores populares ni la cultura pueden quedar ausentes si queremos hacer realidad los anhelos de una vida digna que reclama el país. No pueden ser una vez más los mismos de siempre, los que han administrado el modelo por más de tres décadas, quienes dominen la constituyente. Y no se trata solo de un tema de forma, de asignarles espacios en la Convención Constitucional a representantes de los movimientos sociales, de los pueblos indígenas o al mundo de la cultura. Es un tema de fondo, del país que queremos y de las posibilidades de construirlo que nos otorgará la nueva carta magna.</p>
<p>La cultura, en su sentido amplio como en su sentido referido a las expresiones culturales propiamente tales, es básica para avanzar hacia una sociedad más justa, fraterna, igualitaria y libertaria. Requerimos un profundo cambio cultural en la forma de hacer política, en la manera de relacionarnos con la naturaleza y con el prójimo, liberándonos de la cultura de la competencia, de la dominación, de la cultura de explotación de unos sobre otros, de la cultura patriarcal.</p>
<p>Los desafíos de la cultura, como del libro mismo, son transversales a muchos de los desafíos que enfrentamos como país y es fundamental integrarlos en un lugar central de nuestra vida política y social. La educación que tenemos, la baja participación democrática, nuestra condición de simples exportadores primarios donde domina la lógica extractivista que arrasa con la naturaleza, la brutal desigualdad, están estrechamente vinculadas a déficits culturales y a una mentalidad política que reduce la estrategia de desarrollo a una serie de índices macroeconómicos. ¿Es acaso posible pensar en una real democracia sin sujetos activos, pensantes, críticos; mejorar nuestra educación sin elevar los niveles de comprensión lectora; romper el cepo que nos limita a exportadores primarios sin fomentar una ciudadanía creativa y productora que pueda potenciar toda la riqueza de nuestras mentes?</p>
<p>Parafraseando a Antonio Gramsci, quien señala que «somos todos intelectuales» en sus notables <em>Cuadernos de la cárcel</em>, somos todos creadores, productores culturales. Todos tenemos una mente capaz de tener su propia visión del mundo, «participar activamente en la producción de la historia del mundo, ser guías de sí mismos», si logramos liberarnos de «una concepción de mundo “impuesta” mecánicamente por el ambiente externo, y por lo tanto por uno de los tantos grupos sociales en los cuales cada cual se encuentra automáticamente incluido desde su entrada en el mundo consciente». Para una vida digna, es fundamental potenciar esa capacidad de ser sujetos activos, constructores de la vida cultural, social y política. Como individuos, comunidades y como países.</p>
<p>También, para evitar reflujos reaccionarios, como en los años treinta del siglo XX, como hoy en día con los Trump y Bolsonaro, hay que democratizar la cultura, el libro, hacerla accesible a todas y todos, no solo a las élites. Lograr una mayor densidad cultural en el conjunto de la población, activar todas las mentes, no solo es un buen antídoto contra las demencias, sino también contra el autoritarismo y la pérdida de sentido y valor de la democracia.</p>
<p>Para un mejor vivir, un vivir con los otros y no contra los otros, con la naturaleza y no sobre la naturaleza, se requiere, de manera urgente, un profundo cambio cultural, poner en un lugar central a la cultura, en toda su amplitud de sentidos como en sus expresiones concretas. Y ello debe reflejarse en la nueva Constitución, condición necesaria, aunque evidentemente no suficiente.</p>
<p><strong>II. LA CULTURA EN LA NUEVA CONSTITUCIÓN</strong></p>
<p>No es casualidad que en la Constitución del ochenta esté ausente la cultura, apenas aparece cuatro veces a lo largo del texto y como un elemento sin mayor relevancia. Gran diferencia con las constituciones de países como Ecuador, Bolivia y Colombia, donde la palabra cultura está presente de manera transversal: ciento veintinueve en la de Ecuador, cinco de las cuales como di- versidad cultural; veintinueve en la de Colombia; noventa y nueve en la de Bolivia. Desde el mismo preámbulo y el artículo 1 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, vemos la importancia que se le da al concepto: «Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Pluri- nacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país». Más adelante, entre otras referencias, el artículo 98.1 señala: «La diversidad cultural constituye la base esencial del Estado Plurinacional Comunitario. La interculturalidad es el instrumento para la cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los pueblos y naciones. La interculturalidad tendrá lugar con respeto a las diferencias y en igualdad de condiciones». Queda así explícita, en la misma Constitución, la radical importancia de la cultura. Se trata de un derecho básico, y no puede quedar a merced de los intereses y voluntades de los gobiernos de turno.</p>
<p>De hecho, el derecho a la cultura ya está presente en los artículos 22 y 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: «Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad»; «toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten», siendo considerado un derecho humano de segunda generación, protegido y garantizado por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Cul- turales de 1966 de las Naciones Unidas, el que parte del concepto mismo de dignidad. Este señala: «Reconociendo que, con arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos».</p>
<p>Lamentablemente, en tiempos de hegemonía neoliberal, se tiende a confundir los derechos con el acceso, con el consumo. Como si la participación democrática fuera solo el voto. En los mismos diálogos ciudadanos del proceso constituyente de Michelle Bachelet, la palabra cultura se reducía al derecho al acceso a la cultura. Pero es mucho más que un tema de acceso, el mismo pacto de 1966 reconoce el derecho de toda persona a «participar en la vida cultural» y hace explícito la necesidad del «desarrollo económico, social y cultural». Es fundamental entender los derechos culturales en un sentido amplio: a nivel personal; a nivel de las comunidades locales; a nivel de los pueblos, como es el caso de los pueblos indígenas; y a nivel de los países: el derecho a la protección y fomento de sus expresiones culturales.</p>
<p>Para hacer efectivo ese derecho a nivel de los pueblos y naciones, y haciendo frente a la concentración, la uniformización y dominio de un tipo de expresiones culturales que potencia el mercado, las que a su vez marginan y anulan las expresiones culturales locales, se elaboró y aprobó la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de Unesco del 2005. Esta ayuda a enfrentar una división internacional del trabajo que fortalece los tratados de libre comercio, que busca consolidar un modelo con países productores a nivel intelectual y cultural mientras otros, meros exportadores primarios, quedan como consumidores en la materia. Los países tienen el derecho y el deber de proteger y fomentar sus expresiones culturales, y eso es necesario consagrarlo en el texto constitucional.</p>
<p>En tiempos de protestas y pandemia, cuando tanto se habla y condena la violencia de los manifestantes, encarcelando injustamente a muchas/os jóvenes cuya lucha posibilitó el momento constituyente presente, hay que ser conscientes de que hace tiempo vivimos cotidianamente en la sociedad toda, y en el ámbito cultural en particular, tres «pandemias» que han ejercido una violencia bestial sobre todas y todos, y sobre nuestras expresiones culturales:</p>
<ul>
<li>El colonialismo, y en particular el colonialismo cultural, que ayer y hoy margina nuestra creación y producción cultural.</li>
<li>La dictadura cívico-militar y su brutal represión contra el otro, la crítica, el pensar y el arte, que provocó un abrupto corte en nuestro desarrollo político, social y cultural en el largo camino de conquista de los derechos, y cuya mentalidad represiva sigue instalada en la base legal y mental de nuestra institucionalidad y sociedad.</li>
<li>Y el neoliberalismo, que entre otros ha mercantilizado la producción cultural, concentrando en manos de multinacionales «lo que vende», enfatizando la lógica de la competencia y los concursos que terminan anulando los sentidos de comunidad, excluyendo y limitando la bibliodiversidad como la diversidad cultural misma. Ese dominio tiende a desactivar igualmente el sentido liberador y trasformador del quehacer cultural, al reducirlo todo a simples mercancías. Toda la potencia cultural del qué se dice, se esfuma en la maraña del dónde y cómo se dice.</li>
</ul>
<p>Para revertir esas fuerzas poderosas que marcan nuestras mentes, se requiere pensar y trabajar culturalmente en los diversos niveles, y sentar bases en la propia Constitución, como un Estado social de derecho, plurinacional, democrático, garante de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales, que proteja y promueva la diversidad de nuestras expresiones culturales.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.09.png"><img class="  wp-image-1652 size-medium alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.09-300x202.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.09" width="300" height="202" /></a>Es imprescindible revalorar la cultura y también a quienes se dedican a ello cotidianamente, garantizando sus derechos sociales para una vida digna, como la salud, la educación, la previsión, etcétera. Como país, una y otra vez celebramos a Gabriela Mistral y Pablo Neruda, pero ¿cómo es posible potenciar nuevas y nuevos Mistral, Parra y Neruda si excluimos su creación porque no vende? Es urgente liberar a la cultura del mercado, fortaleciendo un ecosistema diverso y justo, que plasme en la Constitución la relevancia del tema y le dé continuidad en una institucionalidad cultural potente, que lejos de considerar un gasto los recursos en cultura, una pérdida, se asuma como una apuesta de presente y futuro para la comunidad que construimos, en un pilar central de la estrategia de desarrollo del país, que nos permita salir de su lógica extractivista. Que integre transversalmente los desafíos culturales en la institucionalidad toda, como por ejemplo en el Ministerio de Educación, el cual debería jugar un rol central, enfrentando el colonialismo cultural que le domina, valorando la creación propia y de países hermanos. Como decían las huelguistas de la industria del textil a principios del siglo xx, queremos pan, pero también rosas. La cultura es el espacio para que florezcan las rosas.</p>
<p>Basta en tal sentido de seguir gastando en tanques, carros y tecnología para afinar el control ciudadano y la represión, basta de gastar el dinero de todos los chilenos en escopetas y proyectiles antimotines que arrancan los ojos a nuestros jóvenes. Debemos contar con recursos para que se multipliquen los libros, el canto, la danza, la fotografía, las producciones audiovisuales, las obras de teatro, los muros vivos que vemos desde octubre y tantas expresiones culturales que siguen emergiendo, potenciando una sociedad creativa, con la mirada atenta, productora a nivel intelectual en los más di- versos ámbitos y disciplinas.</p>
<p>Y al igual como fue la experiencia de la Política Nacional de la Lectura y del Libro 2015-2020, que se elaboren e implementen de manera participativa políticas culturales generales y por área, donde se vinculen también estrechamente los recursos en esos ámbitos con la política misma ―cosa que no ha ocurrido―, permitiendo abrir círculos virtuosos a nivel creativo, donde las diversas instituciones y programas vinculados se comprometan verdaderamente con un objetivo común. Para todo ello, desde la Constitución hasta las políticas públicas mismas, es básico y necesario recuperar el habla, el diálogo, la primacía del bien común; articular iniciativas, intercambios, y no seguir funcionando como islas en cada ámbito, en cada área, donde prima más la competencia que el trabajo mancomunado.</p>
<p><strong>IV. A TERMINAR CON TODO APARTHEID CULTURAL</strong></p>
<p>Cuando iniciamos Lom en marzo de 1990, en momentos que terminaba la dictadura y se abría el camino de una larga transición, sin verdadero arcoíris, sin destape posdictatorial, dominaba el gris de en la medida de lo posible. Se fueron esfumando los tejidos de la resistencia antidictatorial, apagando las voces independientes en los medios de comunicación y los medios y espacios autónomos mismos. Cada uno parecía armar su propio camino de sobrevivencia en el reino de la jungla neoliberal en que se transformó Chile. Y si bien era posible hacer cosas, aportar desde otras lógicas, en esa senda individual poco se lograba cambiar; en gran medida cada uno quedó limitado a ser una voz testimonial de «El sur también existe». En nuestro caso, el cruce de caminos con Ediciones Trilce, Txalaparta y era en el Salón Iberoamericano de Gijón que organizaba el escritor Luis Sepúlveda, posibilitó aunar energías para un trabajo conjunto en el ámbito del libro, en resistencia desde la edición independiente contra el dominio de un sello comercial, colonial y de concentración por sobre el sentido cultural y liberador del trabajo —valga la redundancia— con el libro.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.17.png"><img class=" wp-image-1653 size-medium alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-12-a-las-20.18.17-300x205.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-12 a la(s) 20.18.17" width="300" height="205" /></a>A ese encuentro y el desarrollo de iniciativas conjuntas, le siguió ―junto a siete editoriales locales― la fundación de la Asociación de Editores Independientes de Chile, hoy Editores de Chile, que reúne actualmente a cerca de cien editoriales independientes y universitarias; así también, junto a otras asociaciones del mundo de la cultura, nace la Coalición Chilena para la Diversidad Cultural y surge la Alianza Internacional de Editores Independientes, que reúne a muchas editoriales independientes de diversas latitudes. Desde esos espacios, se aunaron las voluntades para un trabajo de largo aliento en favor de revalorar y reconocer la importancia de la creación local, de un intercambio diverso y equilibrado a nivel cultural, de potenciar ecosistemas locales del libro, donde el mercado no puede dictar el modelo y la ley, donde es imprescindible recuperar el sentido público y de bien común que tiene el quehacer cultural. La propuesta Una Política de Estado para el Libro y la Lectura, fruto de la Mesa del Libro en la cual Editores de Chile jugó un papel central, puso el énfasis en la necesidad de tener políticas públicas sistémicas en la materia. Esta iniciativa estuvo a la base de la primera Política Nacional del Libro y la Lectura, nunca implementada, así como la que se elaboró e implementó de manera participativa en el segundo gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.</p>
<p>Sin duda estos esfuerzos colectivos constituyen pequeños «corrimientos de cerco» en un sistema que posibilita un brutal dominio de una industria del entretenimiento que, como señala la carta abierta «¿Qué se dice y dónde se dice?: carta abierta de las y los editores independientes a los autores, autoras e intelectuales comprometidos con un mundo más justo» de la Alianza Internacional de Editores Independientes, de julio de 2020, limita la fuerza transformadora del trabajo cultural. Creemos que es necesario fortalecer ese trabajo desde abajo, desde los artífices del quehacer cultural, en una acción conjunta de estos en cada sector y entre los diversos ámbitos, en favor de una real democratización cultural, de consolidar ecosistemas sustentables en cada área. No nos cabe duda que son caminos lentos y que se hace necesario realizar el trabajo de las hormigas, pero hoy más que nunca tenemos la oportunidad de dar un salto cualitativo y cuantitativo al plasmar en la Constitución misma la cultura como uno de los ejes que nos permita establecer un piso diferente, una mirada diferente, verdaderamente democrática, multiplicando desde la diversidad, desde el espacio público, desde la independencia, desde lo territorial, las capacidades creativas de todas y todos, que posibiliten terminar con todo <em>apartheid </em>cultural.</p>
<p>Los desafíos de la cultura y de la educación, el derecho democrático a la información y la comunicación, al acceso al conocimiento, a la diversidad cultural, la lucha por una vida digna, como la protección de nuestra biodiversidad, son desafíos interrelacionados, no mundos separados, que tienen que ver con el tipo de democracia que queremos, de ciudadanos y sujetos activos o simples y limitados consumidores. Démosle a la cultura, en este momento histórico, toda la potencia liberadora, comunitaria y constructiva que tiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>COORDENADAS CONSTITUYENTES: SUTURAR LAS CONFIANZAS</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 14:18:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[por Rosabetty Muñoz &#160; TODO SE JUEGA EN EL TERRITORIO DEL LENGUAJE Las palabras armarán la trama de las nuevas relaciones, del nuevo habitar, de la nueva con- vivencia. Por eso es tan importante que haya saberes distintos, variadas hablas, decires que han estado postergados, como la de pueblos ancestrales o las mujeres o las comunidades que viven en lugares [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;"><strong><em>por Rosabetty Muñoz </em></strong></h6>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TODO SE JUEGA EN EL TERRITORIO DEL LENGUAJE</strong></p>
<p>Las palabras armarán la trama de las nuevas relaciones, del nuevo habitar, de la nueva con- vivencia. Por eso es tan importante que haya saberes distintos, variadas hablas, decires que han estado postergados, como la de pueblos ancestrales o las mujeres o las comunidades que viven en lugares muy apartados de los centros de poder, o las de poblaciones que sufren los costos del mal llamado progreso y que son asumidos como lugares de sacrificio, aceptados como daños colaterales del sistema.</p>
<p>El desafío es desplazar el lenguaje de expertos jurídicos o de la vociferación de lo económico como lo fundamental hacia otras formas de comunicar; eso se hará llenando los vaciados de palabras, se construirá persiguiendo los significados, los sentidos, repasando una y otra vez cómo se entiende cada concepto.</p>
<p>Discutir el lugar de las palabras, recuperar la simpleza. Eso que ya sabe nuestra gente más sencilla: el valor de la poesía. Porque sienten que aunque las ideas sean complejas, la metáfora sirve para comprender por medio de imágenes mundos más amplios. Es el entendimiento lírico que está en las canciones de Víctor Jara, en la poesía de Violeta Parra, en las crónicas de Lemebel, todo ese lenguaje que ha saltado las vallas de lo enmascarado y ha usado las figuras para taladrar la costra superficial y acceder a verdades tan necesarias como el agua.</p>
<p>Se habrá de escribir una Constitución que podamos comprender todos, que podamos contar a los niños, que podamos leer con emoción, sintiéndonos parte.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.31.png"><img class=" size-full wp-image-1627 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.31.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.31" width="487" height="294" /></a></p>
<p>El lenguaje no puede crear contra la realidad, el tan ansiado encuentro con otros no se puede dar en el cuerpo muerto de un escrito sin sangre.</p>
<p>Por eso, los constituyentes trabajarán en el abierto espacio de la creación:</p>
<p>Primero, hay que afinar el oído, la comprensión, sintonizar con lo que expresa la gente en las calles, en las poblaciones, en los pueblos perdidos del largo territorio; hay que sintonizar permanentemente para reconocer cuando las cosas están dadas para construir realidad.</p>
<p>Segundo, rectificar el lenguaje. Lo que expresa debe ser lo que significa porque si no es así, se queda sin hacer lo que necesitamos con urgencia. Si no se corrigen las palabras, el decir, se falsean expectativas, se obscurece la confianza.</p>
<p>Tercero, buscar lenguaje inspirador que eleve el tono interior, que convoque a actuar según códigos que nos mejoren, nos devuelvan la dignidad, ya no por decreto o por acción del Estado, sino por nuestras propias acciones y decisiones.</p>
<p><strong>DESMONTAR LA MAQUINARIA QUE SAJÓ EL TEJIDO SOCIAL</strong></p>
<p>Una tarea imprescindible será escuchar esa historia que está sepultada en la calle y en los cuerpos. Después de largas décadas sin considerar las vidas mínimas, se debe atender a lo particular, a la historia local; no es tiempo de grandes discursos, sino de atención a lo pequeño que, sumado, va formando comunidad.</p>
<p>Tenemos la posibilidad de soñar un Chile que acoja la enorme diversidad de culturas que conviven en el territorio común, que abra sus profundas capas vivas y que guarde la fragancia de lo que hemos sido en distintas épocas, un Chile que es múltiple y que es capaz de transformarse sin dejar sus maravillas atrás.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.21.png"><img class=" size-full wp-image-1626 alignright" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.21.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.21" width="290" height="429" /></a></p>
<p>Vivenciar (como decía Mistral) a los pueblos originarios, raíces de nuestra cultura; a los inmigrantes que enriquecen nuestro quehacer, nuestra comprensión de la realidad, a los distintos habitantes que no han tenido voz ni han participado de lo que entendemos como país.</p>
<p>Reparar en la cantidad de términos que se han ido abriendo camino y conquistan áreas que parecen lejanas, reparar en cómo fueron permeando, colonizando la cultura o en la educación, la salud. ¿Por qué debiésemos hablar de consumidores culturales o industria cultural, o déficit hospitalarios o clientes en clínicas y escuelas? En estos meses de pande- mia es determinante cómo nos enfrentamos a una situación extraña y remecedora: todo el aparato informativo vomita números. La muerte es un número, los cuerpos enfermos son números. Sabemos que podemos armar un nuevo pacto social porque el trato inhumano todavía nos asombra, todavía no cruzamos la barrera de la indiferencia. Estamos en un momento crucial en que podemos desbancar una legitimada forma de palabreo, esa que ha ido oscureciendo y degradando otras. Como la poesía, o la filosofía.</p>
<p>Se fue formando una masa de palabras para guiar al rebaño ―digámoslo así―, llevándolo a considerar que solo aquello que nos trae éxito dentro del sistema nos define: si logramos tener, depositar, cuantificar, es que hemos logrado «ser alguien». Todo lo que queda fuera de las cifras es puesto en duda, marginado. Se constituye un espacio de solos que compiten, que van desdibujando los límites de los valores que traían generaciones anteriores, se va difuminando la frontera entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto.</p>
<p>Heidegger enseña que la palabra es la casa del ser. De modo que si el lenguaje se desmorona, se desmoronan modos de pensar y de existir. El lenguaje es un tejido fino y sedoso en el que se da forma al mundo.</p>
<p>En un país que fomenta la competencia y el individualismo, las palabras se van sumando a ese paradigma y ahondan en la brecha, la rotura de las confianzas. Entonces, el nuevo pacto social buscará cómo decir un país que privilegia otra manera o maneras de ser humano, donde es más importante la persona que los bienes y es más importante armar formas de ser con los otros, una celebración de estar juntos, una forma de resolver los problemas en forma comunitaria.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.39.png"><img class=" size-full wp-image-1628 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.39.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.39" width="449" height="329" /></a></p>
<p><strong>RESPETAR EL HABITAR DE LAS COMUNIDADES</strong></p>
<p>Se trata de una misión preciosa: es constituir lo que queremos, fundar una sociedad distinta, diversa, plural. Desde los principios básicos, la idea es sembrar la metáfora de lo que realmente tiene valor considerando quiénes somos, quiénes queremos ser y cómo queremos habitar estos lugares.</p>
<p>Crear un nuevo contrato social exige revisar y conocer las distintas comunidades que componen un mapa del que solo se han dibujado los contornos generales. Habrá que ir componiendo con las voces de sus representantes, las vidas ignoradas de tantas localidades para situarlas en relieve.</p>
<p>Hasta ahora no había espacio para pensar el desarrollo desde las especiales formas de vida en las provincias, por ejemplo. Más bien formábamos parte de un país cuyas leyes impiden maneras de relacionarse en forma armónica con la naturaleza/el medio natural, que dificultan el organizarse, que no permiten que las pequeñas y dispersas comunidades resuelvan sus problemas de acuerdo a su manera de entender la realidad. Volver al respeto por la propiedad comunitaria y resguardar bienes esenciales como el agua, el mar, las semillas. Que no pertenezcan a privados. Pensar Chiloé (de nuevo la lírica) como metonimia, como un espacio político, territorial: que permita a todos tomar decisiones ligadas a sus problemas específicos y vinculadas con el patrimonio. Resguardar la riqueza humana y natural por medio de la voz ciudadana reunida, consejos de ancianos que toman decisiones atingentes a la comunidad. Y todo esto en permanente diálogo, atentos a la evolución del tiempo en otras latitudes. Somos parte de un sistema mayor y complejo, eso hay que considerarlo. Quiero decir que no somos, o no debiéramos ser, los vivientes del sur, los defensores de una visión bucólica; no somos y no debiéramos ser los guardianes de un supuesto paraíso natural donde los seres humanos son mejores que en el centro o las grandes urbes. Más allá de los estereotipos y prejuicios nuestro esfuerzo ha de ser «decir el sur», pero uno diverso, con las puntas afiladas, con todas sus impiedades y también maravillas.</p>
<p>Entonces, los constituyentes habrán de respetar la diversidad y defender las particularidades de los territorios a la hora de pensar en las políticas públicas. Cuidar que la toma de decisiones políticas considere siempre los valores y voces locales.</p>
<p>Se requiere disponer la mesa para que sean los invitados los que hablen. Disponer el encuentro, pulir las palabras y celebrar con ellas un encuentro.</p>
<p><strong><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.12.png"><img class=" size-full wp-image-1625 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.12.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.12" width="159" height="678" /></a>EL PORVENIR NUESTRO ESTÁ ALLÁ ATRÁS</strong></p>
<p>Quiero pensar en el ejercicio de la memoria como patrimonio. Más allá de las huellas materiales, de los objetos o construcciones que son señas de una determinada cultura (también importantes de considerar), pienso en las manifestaciones afectivas, emotivas, que fueron conformando el tejido cultural de nuestras distintas culturas. Todos esos elementos que parten de la gente y han dado cuerpo a un imaginario particular, una forma de entender el mundo que es significativa e identificable frente a otros modos de ser y vivir.</p>
<p>Hay tantas comunidades que se fundan sobre una masa de palabras no dichas, de un silencio preñado que sostiene la lengua. Que mira a los que no están, que los sigue recordando. La palabra es un gesto límite, signos que permiten fijar el escurridizo tiempo, el aire, ciertas formas de mirar, contar, amar. Cuando se van los antiguos, ¿qué queda de sus palabras? ¿Cómo se decía&#8230;?</p>
<p>Su espíritu se fundió con el de todos los de sus antepasados y ese denso aliento permane- ce suspendido en la composición del aire nuestro. Respiramos el polvo dorado de los que no están, somos ellos en la finísima materia que se adhiere a las fosas nasales, que entra en oleadas al aterciopelado paisaje interior.</p>
<p>Detrás de nuestros gestos, entonces, reposa el silencio espeso que heredamos.</p>
<p>Enormes territorios de palabras perdidas y con ellas, un mundo por decir: ¿cómo nombraban el goce de ver encenderse los ñires? ¿Cuál era la forma en que compar- tían el milagro de ver abrirse los fiordos frente a ellos? ¿Cómo decían la majestad de los hielos, la dulzura de un canal man- so? ¿Cuáles eran sus palabras para el amor? ¿Se demoraban nombrando el paisaje del deseo o solo respondían a la urgencia de la carne? ¿Tenían voces para el miedo, para la profunda indefensión de sus cuerpos des- nudos? ¿Cómo sentían el aire purísimo, la suavidad de las aguas, la enormidad de los riscos? ¿Nombraban de cuántas formas al viento que doblaba las copas de los árboles, al que silbaba furioso alrededor de su ch za, al que les murmuraba mensajes de sus muertos al oído? ¿Cómo señalaban el azul de todas las formas que el agua y el hielo desplegaban?</p>
<p>Toda esa materia vital, el encuentro primario con un mundo imponente, de belleza extrema, no ha desaparecido. Todo ese tejido de voces da forma a la sombra que nos sigue, aunque no queramos verla/sentirla.</p>
<p>Es central el reconocimiento de las culturas ancestrales. Reconocer y abrazar nuestra historia que sabemos milenaria.</p>
<p>El derecho a la cultura es interdependiente de otros derechos como la educación o la autodeterminación, que permitirá que cada territorio responda a sus propias necesidades y formas de vida. Así no volverán a perderse ricas tradiciones o manifestaciones culturales por el obligado cambio de vida de los habitantes, según modelos impuestos que nada tienen que ver con su propio proceso histórico.</p>
<p><strong>LA DICHA DEL AGUA</strong></p>
<p>Estamos compuestos de agua. Esta es la gran metáfora sobre la que se funda la idea del país que queremos armar: aquello que es vital no puede ser objeto de transacciones comerciales ni estar expuesto a la propiedad, no se puede privar de su uso o beneficio a nadie. Cualquier diálogo posible, parte del cambio del eje que sostiene la estructura del cuerpo total del país y esa imagen del agua, la fuente de vida, nos recuerda que hay temas intransables.</p>
<p>Como zahoríes buscando sentido, el concepto del «buen vivir» fluye fresco y nutritivo desde las voces antiguas de nuestros pueblos originarios. Se trata de pensar un país que respeta su espacio natural y convive armoniosamente con las especies que no son suyas, sino parte de un ecosistema que a todos nos permite vivir y prosperar.</p>
<p>Hemos visto la dicha del agua evaporarse, hemos visto camiones aljibes repartiendo litros en casas, a los animales sedientos babeando en las pampas. No puede hablarse de progreso si hay familias que no tienen agua potable. No se puede hablar de desarrollo si el agua tiene propietarios y si la explotación de algunas empresas contamina nuestro líquido vital.</p>
<p>Caminando hacia el buen vivir, con el agua como elemento primordial para el ecosistema, avanzamos hacia todo aquello que representa la dignidad que tanto se ha pedido/exigido en las calles: respeto a los derechos humanos, habitación, trabajo, jubilación, salud igualitaria y de la mejor calidad posible.</p>
<p>Los derechos sociales básicos están contenidos en esta metáfora esencial. Sin esta agua propia de la vida no es posible siquiera pensar en el porvenir.</p>
<p><strong>INTERCAMBIAR SABERES QUE NOS AYUDEN AL BUEN VIVIR</strong></p>
<p>Y entrar de lleno a pensar en una educación que piense orgánicamente en otra forma de enseñar, de aprender los saberes de las comunidades y al mismo tiempo dialogar con el mundo abierto fuera de nuestros territorios. Hay experiencias aisladas, hay esfuerzos particulares, pero falta una orientación general, una columna vertebral que nos sitúe en el futuro sin abandonar la rica cultura ancestral.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.02.png"><img class="aligncenter  wp-image-1624" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-11.15.02.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 11.15.02" width="591" height="458" /></a></p>
<p>Dibujar un país que cuide a sus ciudadanos dándoles educación pública de calidad, que les garantice una formación y un derecho a la felicidad. Formar almas como decía Gabriela Mistral y no trabajadores para la economía o intereses empresariales. Sin colegios que ahonden la desigualdad y la separación entre sus ciudadanos.</p>
<p>Una educación pertinente nos impulsará a soñar un sur libre y soberano. Que tiene conciencia de sus orígenes y desde allí se dispara, respondiendo con imaginación, reflexión, creatividad, al necesario diálogo con otros territorios.</p>
<p>Para que exista un verdadero desarrollo, la educación tiene que participar formando ciudadanos críticos, responsables, comprometidos, que se sientan llamados a compartir el bien común aun desde los lugares más remotos, no en la estrechez con que se estigmatiza lo provinciano, sino en la capacidad de compartir el destino de pertenecer a un territorio que se recrea constantemente.</p>
<p><strong>EL ARTE, UN PAN EN TODAS LAS MESAS</strong></p>
<p>El arte es fundamental a la hora de recoger nuestra memoria patrimonial. En estos días de peste nos ha quedado claro que necesitamos de las resoluciones colectivas, de la unión y la cooperación comunitaria. No es en soledad como podremos vencer esta pandemia, sino en conjunto, entre todos. Tal vez sea la oportunidad para volver a pensar en nuestra cultura ancestral, tan llena de recursos, para resistir en entornos duros con un clima feroz. Sostener el ánimo, la energía, la pasión aun en medio de una pandemia, fue una labor de todos: hablar desde la esquina y señalar «allá está el porvenir que soñamos» mientras la calle mostraba su cruda carne de desesperación y desamparo.</p>
<p>Es necesario un arte que comunique, abra canales de exploración para reconocernos y comprender el mundo que habitamos. Ese goce profundo del descubrimiento no puede estar concentrado en élites o tratado como suntuario; tiene que garantizarse un acceso universal a todas las expresiones artísticas y a los espacios públicos liberados para el libre desarrollo de las artes. Puesto que las expresiones artísticas son reflejo de nuestras culturas, creemos que los artistas y actores culturales deben ser parte de nuestra familia, de nuestro presente y nuestro porvenir.</p>
<p>Desde los espacios locales, la creación artística tiene desafíos propios. Hacer arte desde las provincias nos exige una alerta constante para no caer en folclorismos, pero tampoco puede ser complaciente con sus propios coterráneos que igual trampean con la idea de la belleza superior de nuestro territorio.</p>
<p>El tejido cultural del que formamos parte es complejo y representar su densa carne es un reto, por eso es tan importante borronear la idea de un centro que administre la legitimidad de los discursos. El reconocimiento del valor que tienen las distintas obras es esencial para el desarrollo artístico desde las diversas culturas que componen nuestro largo país. Queremos un país donde esté representada toda la riqueza del gran tapiz que somos. Desde octubre del 2019 asistimos al despliegue de una cultura colorida, rica en ternuras ancestrales, antiguas memorias que buscan las formas de sanar las heridas que provoca un sistema injusto: escuelas de rock, muralismo, danzas pintadas, música, poesía, toda una resistencia que ha servido para hilvanar esta fuerza vital que ahora debe ser declarada y valorada en el nuevo pacto social. Reconocer, entonces, la diversidad que somos y permitir que se desplieguen cuerpos, imaginarios, territorios, enriqueciendo la vida comunitaria, es nuestro empeño hoy. Como un archipiélago unido por las aguas de una cultura común.</p>
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		<title>DAR LA BATALLA COMO SI SIRVIERA: EDITAR DESDE AQUÍ</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2022 13:32:53 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: right;">por Yanko González / fotografías Elde Gelos</h6>
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<p>Para comenzar, sopena de majaderías diacrónicas, quiero compartir algunas minucias del pasado local —porque si no es en <em>Medio Rural</em>, ¿dónde?― que, debido a su presencia eminentemente oral, requieren registrarse de algún modo. Seguidamente, conformado el contexto y algunos casos, quiero abordar ciertas derivas reflexivas sobre la edición «situada». Ahora bien, debo advertir de plano que no me formé, ni quise, ni estaba en mis mejores pesadillas oficiar de editor, aun a tiempo parcial. Me basta largamente con el enredo y la sospecha que suscita, mayormente en la academia, el embutido que arrastro desde cabro, que es la de escribir poemas y ganarme la vida como antropólogo. Digo, fui arrojado a la edición ―y a una bastante singular, la universitaria― debido a mi bibliofilia, pero, sobre todo, por la vergüenza. La vergüenza de estar en una universidad con más de sesenta años de historia, formadora intelectual de gran parte del sur austral de Chile y epicentro de movimientos culturales y literarios cardinales para la propia intelección territorial, huérfana de un sello editorial, desabrigada imperdonablemente de libros propios. Desde mi punto de vista, aquello era más que una omisión burocrática de cariz económico o un sesgo de la derecha antiintelectual o agropecuaria. No. Era tanto una traición a la idea de universidad humanista ―idea grabada a fuego por su rector fundador, un mestizo penquista, «federalista», discípulo de Alejandro Lipschutz y mirado en menos por la germanidad local, como lo fue Eduardo Morales Miranda― como también un desprecio por el objeto y por el soporte libro en todas sus poliédricas formas, y que, para más remate y como se sabe, ha sustentado históricamente a la universidad como institución desde el Medioevo (sin los editores venecianos no conoceríamos un ápice de lo que escribieron y tradujeron los sabiondos de la Universidad de Padua). En fin, una vulgaridad que por vergüenza me lanzó a batallar y a colaborar con las ganas de colegas, amigas y amigos para impulsar una editorial. Por muchos años la universidad mantuvo una imprenta (la «Central de Publicaciones»), donde se imprimieron informes, catálogos de carreras y discursos y donde, con el apoyo del rector Félix Martínez Bonati, brotó de sus prensas una de las más bellas revistas de arte y creación literaria de la década de los sesenta, <em>Trilce</em>, de la mano del grupo homónimo. Pero se trataba de una imprenta, no de una editorial. Es decir, prensas sin criba ni criterios de calidad científica o creativa de las obras a publicar y desligada de toda la jodida cadena eslabonada de la edición (evaluación, gestión de derechos, arte y diseño, distribución, promoción, etcétera).</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.36.png"><img class=" size-full wp-image-1615 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.36.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.30.36" width="136" height="571" /></a>En rigor, hasta bien entrada la década de los setenta la producción de libros literarios o de «literatura de imaginación» desde el aquí ―Valdivia y parte del sur de Chile― era escasa si descontamos esa prensa de tipos alzados y devenida en <em>offset </em>de la Universidad Austral de Chile. Al menos, ahí salieron algunos títulos autoeditados, como los del propio grupo Trilce. Después, el golpe de Estado no hizo más que convertirla en una prensa de informes, arqueos y boletines. Pero hacia fines de la década los setenta, se articula desde algunos colectivos de escritores y artistas plásticos (los grupos Matra e Índice fundamentalmente) una incipiente actividad de publicaciones. Una pequeña imprenta tarjetera sirvió como única infraestructura de Ediciones Siglo xv Artesanía Gráfica, animada por el narrador Pedro Guillermo Jara y el artista plástico Ricardo Mendoza. Su sello publicó algunos libros, como el poemario de Jorge Ojeda Águila <em>Chatarra </em>(1982), y diversas revistas culturales, como los primeros números de <em>Oh Valdivia </em>y <em>Caballo de Proa</em>. A poco andar, a comienzos de los ochenta, el mismo Ricardo Mendoza junto a otros artistas fundan en Valdivia Ediciones El Kultrún, de larga historia y calado, clave en el desafío de desconcentración cultural y literario del país.</p>
<p>A finales de los años ochenta y principios de los noventa se le sumarán las pequeñas editoriales literarias, como Paginadura, dirigida por los críticos y poetas Óscar Galindo y David Miralles, y Barba de Palo, comandada por el poeta Jorge Torres. A esas alturas temporales, estos sellos conviven con otros, como Alborada de Jorge Santamarina o Marisa Cuneo Ediciones, dedicadas a publicaciones de divulgación científica, y algunas imprentas que fungen a veces como editoras, como la del poeta Mario Contreras en Castro o la imprenta Cóndor en Ancud. A mediados de los noventa se suma otro sello prolífico que arriba a Valdivia, Editorial Fértil Provincia, liderado por Heddy Navarro y Bruno Serrano, y más allá surgirán otros sellos relevantes, como Polígono en la ciudad de Puerto Montt, entre otros. No obstante, creo que Ediciones El Kultrún se destacará por sostener una actividad editorial siste- mática y progresiva, apostando de manera deliberada por literaturas territorializadas o de producción situada, interpelando críticamente la subordinación político-escritural, inscribiendo gran parte de su esfuerzo en una fricción con las literaturas fijadas y sacramentadas por la recepción del mercado o el prestigio de la escucha académica santiaguina. No es casual que bajo su firma aparezca casi la totalidad de las obras de Maha Vial, Jorge Torres, Rosabetty Muñoz, Clemente Riedemann, Mario Contreras, entre otros autores fundamentales de la literatura reciente del sur de Chile. Como se sabe y salvo por su desdén por el comercio de libros, el funcionamiento de El Kultrún se emparenta con las primeras editoriales de Occidente. El criterio que la guía responde a las filias y fobias de su único responsable y editor, Ricardo Mendoza, que cual Aldo Manucio funge además de crítico y lector, de diseñador y conceptualizador visual de cada título, dotando de una fuerte presencia identitaria a sus libros. Así, por su pertinacia, continuidad y cualidad, Ediciones El Kultrún ha sido y es un excepcional hito geocultural, pues ha posibilitado contar fuera de la centrópolis con uno de los mejores editores del país, tanto por sus altos conocimientos en composición, prensa y gráfica, como textuales, estéticos y literarios. Por lo mismo, Mendoza aunó, en un tiempo de extrema precariedad formativa, a tres o cuatro sujetos en uno. Es cierto que parte del quehacer de todo sello lo dejó fuera casi desde sus inicios, como lo es una expedita distribución y comercialización de sus libros, pero como toda microeditorial atendida por su propio dueño, esas labores excedían las propias fuerzas o su interés. Al mismo tiempo, debido a los imperativos de sobrevivencia del sello, se autoimpuso la publicación de libros por encargo que, con todo, no opacaron su magisterio y curatoría en la edición de libros altamente relevantes para la literatura chilena reciente más allá de San Bernardo. Con todo y con casi trescientos títulos publicados, El Kultrún ha sido un ejemplo que ha fungido como un eslabón diacrónico con un nutrido, inédito y auspicioso campo editorial provincial, con sellos ya maduros o en proceso, como Arte Sonoro Austral, Komorebi, Libros Verde Vivo, Trafún Ediciones, Austrobórea Editores, Ediciones A89, entre otros, los cuales están articulándose en un colectivo de editoriales del sur austral de Chile. Un breve paréntesis: resulta muy importante desde el punto de vista del desarrollo, espesor y desconcentración editorial y literaria la experiencia de Ofqui de Temuco ―con un catálogo objetual muy cuidado y deliberadamente territorial―, Cartonera Helecho de Puerto Montt, Ñire Negro en Coyhaique y la refortalecida Editorial de la Universidad de Magallanes. Es notable en este sentido la presencia y constancia de Austrobórea Editores y Ediciones A89, ambos sellos situados en la comuna de Paillaco ―«provincia de provincia»― y notablemente activos.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.31.03.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1614" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.31.03.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.31.03" width="665" height="470" /></a></p>
<p>Como se colegirá, son demasiadas décadas que la Universidad Austral de Chile, responsable no solo de diseminar o extender conocimiento, sino de provocarlo, suscitarlo, incorporarlo, soportarlo y hacerlo transitar, estaba ausente y muchos de sus miembros o autores publicaban en editoriales universitarias o comerciales de Santiago o el extranjero. En el intertanto, decenas de universidades en Chile ya contaban o comenzaban a contar con editoriales. Resultaba evidente que la fundación de editoriales en el seno de estas instituciones ―véase el caso de Eudeba en Argentina, ediciones de la unam en México, para no hablar de Oxford University Press― ha sido, históricamente, la verificación pública de su vocación pública y, en todos los casos, expresión de su consolidación, proyección y compromiso social.</p>
<p>Así, de manera tardía, la Universidad Austral publica finalmente su primer título bajo su propio sello editorial hacia 2014. Desde ese año, lo que vino fue menos la ansiedad por «ponerse al día» con todo lo que la universidad había dejado de publicar en sesenta años, que la urgente cavilación sobre el lugar, el <em>estar allí </em>de la edición. Cuestión que nos pareció crucial para no terminar en una desaliñada imprenta de actas de congresos, fardos de <em>papers </em>envueltos en tapas, o replicar acríticamente otros proyectos editoriales metropolitanos de <em>boutique</em>. Es decir, se trataba de resolver un cruce complejo que pasaba por la exigencia de ser un sello universitario, situado en un espacio periférico, con un presupuesto y capacidades limitadas y rodeado de una progresiva y activa producción editorial independiente y universitaria, pero emplazado en territorios con precarios circuitos de circulación, metabolización y <em>absorción </em>de lo producido.</p>
<p>«Dar la batalla como si sirviera» fue y es el lema de este trance, pues implicaba la obligación primera de una detención reflexiva: entender que no se puede competir con las transnacionales que saturan por volumen los escaparates de las cadenas de librerías (lo que genera, entre otros pesares, que cualquier libro se convierta en un yogurt: caduca rápido y velozmente es remplazado). Tampoco podemos competir con las editoriales universitarias metropolitanas con presupuesto holgadísimo, o con editoriales de la centrópolis con acceso histórico y privilegiado a la hoy esmirriada y desfalleciente prensa cultural, o con editoriales situadas en instituciones de investigación cuyos miembros escriben libros y se han sublevado sistemáticamente contra la tiranía del <em>paper</em>. Igualmente, se hacía necesario entender, bajo estas limitaciones, que el desarrollo de un catálogo no podía estar secuestrado por <em>servirse a sí misma</em>, publicando solo a sus docentes (problema grave en muchas editoriales universitarias). De la misma forma, entendimos que una editorial universitaria, de vocación pública y «situada», está mandatada a articularse al ecosistema del libro territorial, es decir, no replicar ―restando las escasas fuerzas― las colecciones y líneas de otras editoriales del <em>acá </em>(como la vital colección de poetas y narradores del sur de Ediciones El Kultrún), más bien lo opues- to: servir al resto de editoriales independientes o microeditoriales, libreras, libreros y mediadores, cuyas coordenadas, más allá de nuestros síes y noes estéticos y curatoriales, fortalezcan el espesor simbólico y lectoría de sus espacios como un modo abiertamente politizado de corregir las desigualdades culturales infranacionales, pero también infrarregionales. Finalmente, y aunque pa- rezca una paradoja, un sello ―universitario o no― no puede traducir la identidad geocultural donde opera en una jaula fetichista, monologante y chovinista, empecinada en satisfacer su propio ego y espejo territorial. Curiosamente, si queremos lograr el predicado político-territorial, creando, fortaleciendo y desconcentrando autorías y lectorías, el camino debe sostenerse no en un equilibrio ramplón entre lo propio y lo ajeno, sino en un énfasis extraordinariamente dinámico y dialógico, entre el aquí, el allá y el mucho más allá. Esto es lo que ha ido guiando nuestro catálogo y creo que es clave en la actual hora de la edición desde <em>el aquí</em>.</p>
<p>Ejemplos en esta frecuencia conocí en el mundo de la edición inglesa y catalana, pero muy distante de nuestras condiciones objetivas. Por lo mismo, déjenme acudir muy brevemente a un par de casos más cercanos para cualificar esta mirada. Quiero referirme al caso de la editorial Vox ―ahora llamada Vox-Lux―, dirigida por Gustavo López desde Bahía Blanca. Gustavo comenzó hacia el año 1993 a editar básicamente poesía, desde un espacio similar por lejanía y configuración socioespacial a algunas ciudades intermedias del sur de Chile. Todo indicaba que sería un intento, como otros, destinado a potenciar y repotenciar la producción poética local, levantando de algún modo las banderías a veces quejicas y ensimismadas ante el vór- tice porteño o rosarino que todo lo borra, lo abduce o sacraliza con su canon y sus mil editoriales de poesía. López y la patota lírica que lo apañaba hicieron una ruta peculiar para el momento: comenzó a publicar autogestionadamente lo más granado de la poesía joven latinoamericana y de Bahía Blanca, es decir, construyó un catálogo donde Marcelo Díaz, Lucía Bianco, Mario Ortiz, Sergio Raimondi, entre otros bahienses, convivían mano a mano y sin pasar por Buenos Aires, con lo más destacado de la poesía emergente continental. En poco tiempo estaba publicando una antología de poesía joven chilena, pero también belga, alemana, e hizo circular por varios países (Gustavo con gran esfuerzo intentaba viajar acompañando a sus autoras y autores) a los bahienses junto a los hoy reconocidos Arturo Carrera, Fabián Casas, Laura Wittner, Martín Gambarotta, Marina Mariasch, Daniel Samoilovich, Washington Cucurto, Alejandro Rubio, Luis Chávez, Homero Pumarol, entre muchos otros, y en cuidadas y primeras ediciones. De tal forma y por casi una década, si te querías enterar de la poesía argentina y buena parte de la poesía latinoamericana joven, debías pasar de largo, pararte en Bahía Blanca y descifrar el catálogo <em>vivo </em>que Vox estaba vertiginosamente construyendo y comunicando. Un solo movimiento político-curatorial y territorial ―no de musculatura económica ni institucional― desordenó y desconcentró el canon y, simultáneamente, lo más importante, reveló y relevó las enormes voces propias.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.29.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1616" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-10-a-las-10.30.29.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-10 a la(s) 10.30.29" width="682" height="383" /></a></p>
<p>En nuestro caso, junto con abrir las obliga- das colecciones científicas y académicas, reservamos el estrecho margen presupuestario que quedaba para articular en libros algunos de estos puntos de vista que he compartido: abrimos colecciones ausentes en nuestro territorio y parte del país y que creí muy necesarias en tanto compromiso social de la universidad para la mediación y fomento lector, como los libros sobre libros, la lectura y la cultura escrita; otras que disputan en el ámbito del ensayo contingente los nudos críticos en la relación conocimiento especializado/ sociedad, y una de las últimas colecciones y con la cual queremos honrar estéticamente al objeto libro a través de su diseño y materia, la colección Caballo de Proa ―tributo a la desaparecida revista homónima y «más pequeña del mundo» que dirigía desde Valdivia el fallecido narrador Pedro Guillermo Jara― de traducciones de literaturas contemporáneas excepcionales, vertidas, algunas por primera vez, al español y preferentemente hechas por escritoras/escritores del sur de Chile, de tal modo de domiciliar esas voces y encomiar las autorías territoriales. Así, la editorial cubre espacios débiles en cuanto al conocimiento de literaturas relevantes, desconocidas o au- sentes en nuestra lengua y tradición; abre otras lecturas formativas ―la mayoría son antologías cuyo diseño se enfoca a lectores jóvenes― y las coloca a disposición de manera prioritaria en el territorio. Ahora bien, no somos ingenuas ni ingenuos: hay un «efecto colateral» muy interesante desde el punto político en el campo de fuerza socioliterario: si el poeta y ensayista Luis Felipe Fabre en el d. f. o el crítico argentino Edgardo Dobry en Barcelona quieren leer al maravilloso David Antin en castellano, sabrán que su ojo lector tendrá que viajar hasta el sur de Chile para capturar a Antin y de paso al poeta valdiviano y patiperro Andrés Anwandter, quien lo traduce. Lo propio ocurrirá con el excepcional poeta alemán Helmut Heißenbüttel, prácticamente inédito en nuestra lengua y traducido desde Valdivia por Breno Onetto. Claro, eso implica un largo trabajo curatorial que hemos ido haciendo con muchos amigos y cómplices que forman parte de nuestro comité de colaboradores de esta colección y de esta quimera, pero ese es el motor de la edición territorial: dar la batalla como si sirviera.</p>
<p>Finalmente, y a la luz de estas señales, vale la pena insistir en que este artilugio devenido códex o <em>epub </em>es, fundamentalmente, una máquina para pensar, aun mucho antes que se escriba e imprima. A pesar de todas las debilidades de la historia, de las «condiciones objetivas del aquí», editar libros desde el aquí supone deberes reflexivos que anteceden a la mera elección o criba e impresión: supone transformar el proceso en énfasis y los libros en un punto de vista, política y territorialmente interpelante.</p>
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