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	<title>MEDIO RURAL &#187; admin</title>
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		<title>Una voz cambiante</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:08:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Catalina Porzio &#160; El mar nunca duerme. Lo oímos siempre, de día, de noche, durante años y decenios; sabemos que ya lo oían hace siglos. Elias Canetti &#160;                                                                [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Catalina Porzio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">El mar nunca duerme. Lo oímos siempre, de día, de noche, durante años y decenios; sabemos que ya lo oían hace siglos.</p>
<p style="text-align: right;">Elias Canetti</p>
<p>&nbsp;</p>
<h6 style="text-align: center;"> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/playa.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1768" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/playa-1024x679.jpg" alt="playa" width="676" height="448" /></a>                                                                                                                                                                                                                             © Nía Diedla</h6>
<p>Son incontables las ciudades ―los pueblos― que poseen, en calidad de fuente, una masa de agua primordial que las organiza y las identifica. Es una masa anterior a todas las formas, que sin embargo es lucida con misterioso orgullo, al punto de que las líneas del mapa admiten muchas veces ser desdibujadas si lo que está a una o dos regiones de distancia es una playa o un río cordillerano.</p>
<p>De esas masas de agua que imprimen un estilo a los pueblos, hay una que enciende un ánimo aristocrático, marcado por cierto desdén o indiferencia. Es el ánimo de quienes tienen a sus pies el paisaje más deseado de todos: el mar, que provoca una curiosa torsión del espíritu en quienes lo enfrentan a diario, no en quienes lo visitan. Es la razón por la que estas ciudades llevan la delantera en la lista de los anhelos, pues la presencia del mar asegura placeres contemplativos (debe ser la vista más elogiada y reproducida de la historia) y enciende a la vez la promesa de un balneario (esa idea alocada, festiva e inocente que creyó que el paraíso era fácil de imitar).<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a> Las siguen de cerca aquellas otras ciudades que se inscriben en las inmediaciones de un lago, cuya quietud invariable le da al agua una cuota de discreción, la melancolía de las aguas dormidas, o en algún río extraviado en la periferia, que obliga a emprender siempre alguna excursión. Por supuesto, entremedio se disputa una larga nómina de formas del agua —naturales y artificiales— que proyectan la trama de un paisaje singular hecho de capas microscópicas y cicatrices que ocultan un sinfín de datos históricos.</p>
<p>Hay ciudades que a falta de mar —a falta de lagos, de ríos— improvisan sus playas en torno a esta ausencia montando y desmontando el liviano ajuar de utensilios que cada uno lleva consigo en superficies inesperadas. Así, por ejemplo, la sinuosidad de la arena es reemplazada por el verde macheteado de una plaza central inundada de bañistas que se asolean despreocupados en medio del tráfago y el cemento, como si fuesen los muros de un gran patio trasero. Esta escena pertenece a un tipo de imagen veraniega que he visto circular en álbumes de viajes y que descargo sin permiso, solo por el gusto de mirarlas, como parte de un archivo personal e inconducente que alimento y pierdo en la misma nube. Inversiones delirantes del espacio público donde coinciden un rasgo paródico de la playa y una chispa creativa en el modo de sustituirla. Por alguna razón me recuerdan las fotografías y el humor de Martin Parr, maestro en señalar los pequeños desajustes de la vida cotidiana y la rareza que supuran ciertos comportamientos naturalizados. Estoy segura de que alguna toma de estas playas hechizas sabría colarse con delicadeza en una exposición suya sin miedo a desentonar.</p>
<p>Mariano Llinás, en su documental <em>Balnearios</em> (2001), perfila con agudeza otra cara de estos paisajes improvisados al descubrir, con el asombro de quien asiste a un panorama infernal, la extravagancia que alcanzan los balnearios en la provincia argentina. Lejos del culto al mar, entre escaleras, puentes y muros desmembrados que subsisten de tiempos inmemoriales, rodeados por aguas barrosas y turbias, los bañistas chapotean con algarabía para luego desparramar la humedad de sus carnes sobre rocas calientes o sobre el cemento que campea en lugar de la arena. Si para Llinás —según nos cuenta la voz en <em>off</em> que prologa su film— en la esencia de los balnearios reside un impulso animal por estar cerca del agua, como un juego de niños, estas escenas un tanto marginales que su película muestra, alejadas del más mínimo glamour, tienen algo genuino e irreductible: se trata de cuerpos, se trata del agua y del sol. No hace falta nada más: la felicidad es un hecho modesto.</p>
<p>Que un balneario siempre conduzca en algún punto a la infancia, como propone Llinás, no es una idea descabellada, sino un tópico que ha sido rozado con frecuencia en la literatura. Claudio Magris, entre los innumerables y bellos escritos dedicados al influjo de las aguas, anota: «El mar es una infancia individual y coral, que a menudo muchos olvidan, igual que se olvida la infancia, entregándose de ese modo a la muerte».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a> Si bien olvidamos nuestro pasado de aguas oscuras sumidos en la tibieza del útero materno, el recuerdo del primer encuentro con el mar se aferra a la memoria con la potencia de un ritual de iniciación. Aprendemos a nadar antes que a caminar, pero habituados a la pérdida de ese conocimiento primitivo, nos enfrentamos con total inocencia a la vastedad sin precedentes que es el mar, ignorando que al menor descuido es capaz de arrebatar nuestros objetos y, peor aún, el aire, el suelo y en ocasiones más dramáticas también la vida. Quién no ha experimentado el temor de morir al caer de improviso en la hondura de un pozón, atrapado en un remolino o abatido por el cachetazo de una ola para salir jadeando con el pelo revuelto y el traje de baño corrido, llevando una penosa carga de barro en algún pliegue de la tela; confundidos y humillados a pesar del triunfo de haber sobrevivido a esa lucha inesperada y desigual que nos hizo perder la noción del tiempo, la luz sobre las cosas que nos recibe de vuelta tiene otro brillo. Ese aprendizaje que se da con naturalidad en quienes pasan su infancia cerca del mar, tiene un impacto profundo en aquellos que lo conocen tarde en la vida. Así le pasó a Rogelio, protagonista de la novela <em>El pasaje </em>(1989), de Adolfo Couve. Un niño melancólico que transita hacia la adolescencia entre las paredes del largo y angosto pasaje donde habita, cuyo mundo de escenas triviales se fuga hacia contextos lejanos impresos en su colección de estampitas. Asediado por las intrigas y los cotorreos de mujeres viejas, un lenguaje tan ajeno como esas vistas que atesora, recibe una invitación a la playa (es el gran exterior, la respiración de la novela) y por primera vez frente al mar, embelesado por la curvatura del horizonte que imaginaba recto, el nivel indescriptible de su emoción queda sellado en una pequeña embarcación que se desdibuja en el contorno de una lágrima.</p>
<p>Una exploración de lo que vengo mencionando se pudo ver hace poco, justo durante el verano santiaguino, en la ópera lituana <em>Sun &amp; Sea</em>, cuya escenografía reproduce con asombrosa fidelidad un paisaje extraviado, fuera de lugar: a lo largo del hall del Centro Cultural La Moneda, bajo la luz de un sol artificial, se desplegaba una playa arquetípica. Es decir, una playa cualquiera que es todas las playas y ninguna en particular, un revoltijo acalorado de objetos evanescentes (pareos, toallas, reposeras, chucherías de plástico) y cuerpos ligeramente vestidos entregados con desparpajo a los brazos de una ilusión revestida de arena. El ejercicio de recorte tiene la eficacia de una biopsia. Este conjunto de escenas eran observadas a distancia por los espectadores desde una vista cenital bastante voyeur. Según veo en la secuencia de un breve registro que quedó de esta obra, se asemejaría a mirar en tres dimensiones uno de esos cuadros costumbristas pintados por Brueghel el Viejo, donde la vida en común es la suma de múltiples y pequeñas escenas hablando a la vez.</p>
<p>¿Pero es el mar un paisaje? Alguien me lanzó esta pregunta apoyado en una vaga idea atribuida a Baudelaire —tomada de algún poema, no estaba seguro—, pero la duda desató consecuencias embriagadoras. Entonces, un poco ansiosa y bastante desorientada, tomé una edición de <em>Las flores del mal</em> (2003) y me puse a hojearla, esperando a que el libro se manifestara. Y digamos que lo hizo. Nada tardaron en aparecer estos versos que recibí como pistas de lo que creía andar buscando: «Hombre de trabas libre, ¡siempre querrás al mar! / Ese mar es tu espejo; es tu alma a quien ves / en el despliegue eterno del vaivén de sus olas; / no es tu espíritu abismo con menos amargura».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bien me parece excesivo desechar del mar su condición de paisaje, sin duda su presencia, conmovedora e inexplicable, que atrae y que atemoriza, que acaricia y azota, está por encima de un fin recreativo. No es algo que se halle fuera de nosotros para ser contemplado, es algo que está profundamente imbricado en nuestros procesos más íntimos. Ante el mar se corre el riesgo de perder la alteridad porque ambos abismos —océano y espíritu— se confunden. El agua es anónima, dice Bachelard, y tal vez por eso, porque no es de nadie y es de todos al mismo tiempo, es que el mar puede modelarse tantas veces como siglos lo han imaginado, o es capaz de atrapar y devolver una imagen al modo de un espejo.</p>
<p>A diferencia del río, que arrastra los cuerpos hacia puntos lejanos; el mar, no menos despiadado, se toma la molestia de restituir lo que arrebata, a veces socavando las formas hasta hacerlas irreconocibles. La espera de este gesto compasivo concedido al mar tiene muchas aristas: hay quienes se extinguen en la vana esperanza de recuperar un cuerpo perdido; como hay otros, pacientes recolectores, que subsisten a costa de esas entregas (juntando algas o reciclando piezas inverosímiles); y niñas que llenan sus baldes de conchitas para decorar castillos o elaborar collares. Todo es posible al mismo tiempo. En <em>Tierra sola</em> (2017), documental de Tiziana Panizza sobre Isla de Pascua, la zona más solitaria de la Tierra, «una casualidad del océano Pacífico», alguien piensa: si los cuatro mil kilómetros de mar que separan a la isla de tierra americana fuesen verticales, no habría manera de escapar de este encierro. En ese presidio involuntario, la actividad de los domingos es salir a buscar los tesoros que el mar trae de vuelta: pedazos de soga y restos de redes anudadas que guardan noticias de una actividad ejercida mar adentro, en una zona que la mirada no alcanza a testificar.</p>
<p>Ese abismo insondable que Baudelaire señala me lleva a pensar en dos lienzos de Caspar David Friedrich —pintor de la angustia, incluso a través de pobres reproducciones y al margen de las teorías de lo sublime—, cuyo género se identifica en los catálogos como «pintura de paisaje». Cierto, pero se trata de un paisaje ambiguo, que difumina los bordes entre lo que pasa adentro y lo que está afuera del sujeto. Es la proyección de un estado de ánimo. En <em>El caminante sobre un mar de nubes</em> (1818), un hombre de espaldas, parado en la punta de un roquerío, se enfrenta a la furia de las olas que estallan contra las piedras señalando el final de un camino. El mar parece el volcamiento de un tormentoso panorama interior, propio del héroe romántico, al que asistimos como espectadores en segundo plano (es la <em>antiselfie</em>; lo contrario del rostro ausente de cualquier entorno que lo enmarque). Por otro lado, en <em>Monje en la orilla del mar</em> (1808-1810), no hay nada de la furia anterior, el grito de las olas es engullido por un silencio sepulcral propio de la meditación. El cuerpo del monje es apenas una muesca en el paisaje, no tiene definición ni identidad, su existencia sucumbe ante la inmensidad de la naturaleza. Desaparecer en el agua profunda o en un horizonte lejano y asociarse a la infinitud, apunta Bachelard, es el destino humano que busca su imagen en el destino de las aguas.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a></p>
<p>Recuerdo un verano cuando el mayor de mis hijos, que entonces daba sus primeros pasos, sin que nadie lo notara se fue tambaleando por la arena en dirección al agua. Al percatarme de su ausencia, vi su cuerpo diminuto e impasible enfrentado al horizonte, que nunca me pareció tan enorme y tan lejano, con las olas lamiéndole los pies. Quedé paralizada ante esa réplica involuntaria del cuadro de Friedrich. Parecía una especie de <em>tableau vivant</em>, la práctica de imitar pinturas que cobró tantos adeptos durante el encierro en pandemia. Supongo que algo había que inmortalizar en aquellas circunstancias sombrías.</p>
<p>Tengo la impresión de que este sentimiento agorafóbico se da ante cualquier espacio que exceda la escala humana. Si bien no es igual estar en medio de una enorme catedral amenazados por el grueso espesor de la penumbra que nos separa del cielo, que ante la blanca magnitud de ese vacío inconmensurable que estampa un campo de hielo, en ambos casos ocurre el mismo sobrecogimiento, esa especie de parálisis.</p>
<p>La confusión entre paisaje y estado de ánimo no quedó abandonada en el romanticismo alemán, es también un asunto contemporáneo que palpita, por ejemplo, en la obra de la pintora británica Celia Paul. Tras la muerte de su madre, Paul comenzó a pintar el agua —y sobre todo el mar— impulsada por la fuerza de una insistencia vital. Buscaba en las formas de esa materia un vínculo profundo con la disposición de su propia tristeza. «Ojalá un día deje de pintar aguas», le confiesa a Gwen John, otra pintora —muerta veinte años antes de que ella naciera— con la que se identifica y a cuyo fantasma le dedica una larga correspondencia imaginaria.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a></p>
<p>El agua, para Paul, más que un motivo tomado de la naturaleza representa un modo de impermanencia que, en clave autobiográfica, se asemeja al proceso de su duelo: «Para mí un solo tema tenía sentido: el agua. El tiempo mismo era, como el agua, una corriente poderosa que se había llevado a mi madre y me arrastraba para el mismo lado. En esa idea encontraba un poco de consuelo».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a></p>
<p>Así, los estudios sistemáticos que realizó sobre el comportamiento de las aguas, abrían un diálogo donde las imágenes que observaba se igualaban a la materia de sus emociones; en las transformaciones del oleaje ve el presente escurridizo; en la persistencia del agua, la valentía y resistencia de su madre; en las lluvias torrenciales, la pena que no se puede contener. Y la comparación continúa en un inagotable juego de asociaciones.</p>
<p>El género en que Celia Paul destaca es el retrato. Son retratos de personas a las que ella conoce bien, como su madre o sus hermanas. Sus modelos nunca son extraños, y casi siempre son los mismos. Sabemos que un rostro, como un mar, puede ser pintado de mil maneras. Pintar y modelar son intercambios delicados; quien pinta captura, y quien modela se expone de manera brutal. No solo exhibe su cuerpo, se está dejando robar. Estas exploraciones de la intimidad entre ambas partes organizan el aire contenido en los cuadros de Paul. A ese conjunto de piezas familiares que son variaciones de unos pocos objetos pertenecen las pinturas del mar. El mar pintado por ella es tan biográfico como sus modelos: Lee Abbey, Walberswick, East Anglia, Suffolk… pueblos que habitó y cuyos mares, de tanto observarlos, se volvieron íntimos: «Las pinturas del mar no son de ningún mar en particular, sino una especie de sueño».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> Más que pintura de paisaje, el mar, casi siempre en un plano cerrado del oleaje, exhibe su temperamento a través de los infinitos matices que se permite para travestirse de sí mismo. En esos mares, como en los rostros, se imprime la marca del tiempo.</p>
<p>Si tipeamos en Google las palabras «celia paul <em>sea</em>», de inmediato aparece un mosaico de pequeñas imágenes recortadas que remiten a diversas publicaciones, pero antes de pincharlas y entrar en alguna de ellas, es interesante el conjunto arbitrario que arman esos trozos yuxtapuestos, tan cerca unos de otros, apenas separados por una fina retícula: una especie de <em>patchwork</em> (qué palabra más fea), que muestra todas sus caras a la vez, quizá porque el mar tiene muchas voces que a menudo se escuchan juntas.</p>
<p>Cien años antes, en las inmediaciones de San Remo, el mar era descrito con la misma insistencia y precisión por medio de sutiles variaciones. Copaban los cuadernos de Katherine Mansfield, quien pasaba el período más doloroso y solitario de su vida recluida por consejo médico en la Casetta Deerholm, en Ospedaletti. Ese año fue diagnosticada de tuberculosis, considerada durante mucho tiempo una enfermedad del alma por estar alojada en la parte superior del cuerpo. A partir del siglo xix, los románticos, quienes se encargaron de ensalzarla, le dieron un giro igual de eufemístico, atribuyéndole su causa al amor, a un exceso de pasión. De cualquier modo, para los pacientes su tratamiento implicaba constantes desplazamientos a lugares de clima favorable, una forma de exilio, tal como lo es también la locura.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> En 1919, Katherine Mansfield experimentó esas dos formas del exilio: aislamiento y delirio. Exhausta de padecer los agudos dolores que perturbaban sus hábitos, incapaz de escribir, dedicaba mucho tiempo a observar y escuchar el mar, suscitando percepciones que empezaron a multiplicarse en palabras y fórmulas que aludían a la apariencia de las aguas (texturas, colores y formas) y otras que le atribuían rasgos humanos más bien tenebrosos, que empezaban a colarse en sus sueños y a irrumpir en alucinaciones que la poseían.</p>
<p>Entre los apuntes de sus cuadernos, compilados y seleccionados por su viudo y albacea en una edición, quizá tendenciosa, llamada <em>Diarios (1918-1922) </em>(2022), a medida que avanza su malestar, las anotaciones que remiten al mar son cada vez más rotundas y se suceden con menores intervalos: «A veces somos arrojados fuera de la vida, después es como si nos sostuvieran en ese vacío por un momento, y luego caemos otra vez contra las rocas, resplandecientes, rotos y rutilantes, de nuevo arrojados y mezclados con el ir y venir de la marea».<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> El mar es cuerpo vivo, imagen y metáfora. A ratos la aquieta, la arrulla y luego la sacude, se le vuelve en contra: gruñe, bulle, grita, ruge, devora el aire.</p>
<p>Que el agua devore el aire no es un simple delirio, pues coincide con una creencia caprichosa de la época. En su ensayo <em>La enfermedad y sus metáforas </em>(1980), Susan Sontag cuenta que, entre otras supersticiones, la tuberculosis era considerada una enfermedad de líquidos (flema, mucosidad y sangre), una enfermedad húmeda; es decir, el interior del cuerpo se había mojado y había que secarlo (de ahí la terapia de los traslados hacia lugares secos). En buenas cuentas, lo que Katherine Mansfield testimonia en su diario es la angustia de su propio sofoco: los pulmones se le llenaban de agua y le quitaban el aliento, la vida: «Tengo tuberculosis. Todavía hay una buena cantidad de agua (y dolor) en mi pulmón enfermo. Pero no me importa».<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup><sup>[10]</sup></sup></a> No es fácil admitir la veracidad de esa declaración indolente.</p>
<p>Si el hecho de haber crecido junto al mar, o habitarlo circunstancialmente, hace una diferencia, tal vez Celia Paul nunca hubiese pintado esos paisajes que le ayudaron a procesar la muerte de su madre —al menos así lo intuye mirando su vida en retrospectiva―. Si en ella la cercanía del mar logró transferir esa impronta biográfica, este tipo de vínculo, en la experiencia de Orhan Pamuk, además de delinear los trazos de una vida surte un efecto de mayor alcance, pues el agua, puntualmente el Bósforo (en turco «garganta», significado que en Pamuk se mezcla con la idea de «tomar aire», salud y cura), trama el destino de un pueblo entero. El libro magistral que dedica a Estambul es un acto de amor: la ciudad es tratada como un cuerpo que, aun aprendido de memoria, conserva su misterio sin dejar de ser deseado.</p>
<p>Pamuk es de los pocos escritores que abordan una ciudad en la que se ha permanecido toda la vida: «Cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que mantiene todo unido».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup><sup>[11]</sup></sup></a> La ciudad que forjó su carácter acontece como palimpsesto: una sobreposición de capas que ocultan sin suprimir las huellas. Esa densidad, le parece, hace verosímil la posibilidad de encontrarse por ahí, en cualquier esquina de Estambul, con los fantasmas que transitan su memoria. A diferencia del viajero que se encandila ante un hallazgo, Pamuk y Estambul son viejos huesos de un mismo animal. A sus ojos, el Bósforo implica un estado singular del ánimo, la amargura, sentimiento en el que viven inmersas millones de personas que habitaron en todos los tiempos. Un punto de encuentro entre los vivos y los muertos. La emoción que lo impregna todo, donde sea que se mire, para Pamuk equivale a la bruma que se desplaza como una masa lenta sobre las aguas del Bósforo en las frías noches de invierno cuando de repente sale el sol. Imagen que encadena, en otra parte del libro de manera conmovedora, al trasladar el sentimiento que evoca la disipación de la bruma nocturna al vapor que se acumula en una ventana bajo la que hierve una tetera un día de invierno, cuyo vaho interviene dibujando o escribiendo, como hacen los niños, sobre el cristal, alejando con ello la pena.</p>
<p>La delicadeza de este cruce que arma Pamuk con tan pocos elementos, resulta fascinante por la fidelidad que confiere a determinada materia de contener una atmósfera: el agua en estado de bruma o vaho. Es decir, en sus pequeñas partículas, impregnadas del sentimiento colectivo dado por el Bósforo, el estado de ánimo general se cuela en una escena interior, cargada de intimidad.</p>
<p>Asimismo Canetti —que vivió en demasiadas ciudades, pero nació a orillas de un río—, en su monumental ensayo <em>Masa y poder</em> (2005), dedica numerosas páginas a escudriñar en las caras y el comportamiento del agua, desde la conmiseración que inspiran las gotas, trágicamente aisladas como los hombres, a su forma más inmensa y plagada de atributos, pues lo engloba todo y nada puede colmarlo. El mar, dice Canetti, no tiene límites internos ni divisiones territoriales, y su idioma es uno solo del que nadie puede ser excluido.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup><sup>[12]</sup></sup></a> Pero a la vez el mar tiene una voz cambiante que, al igual que sus olas, nunca son las mismas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a> Llinás en <em>Balnearios</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup><sup>[2]</sup></sup></a> Claudio Magris, Revista <em>Granta </em>17/4, 2026, p. 17.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> Charles Baudelaire, «El hombre y el mar» (Trad. Enrique López Castellón).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup><sup>[4]</sup></sup></a> Gaston Bachelard, <em>El agua y los sueños</em> (México: FCE, 1978, 25).</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a> Celia Paul, <em>Cartas a Gwen John</em> (Buenos Aires: Chai, 2023).</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup><sup>[6]</sup></sup></a> Celia Paul, <em>Autorretrato</em> (Buenos Aires: Chai, 2021, 194).</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup><sup>[7]</sup></sup></a> Celia Paul de internet.</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> Susan Sontag, <em>La enfermedad y sus metáforas</em> (Buenos Aires: Debolsillo, 2012, 46).</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup><sup>[9]</sup></sup></a> Katherine Mansfield, <em>Diarios (1918-1922)</em> (Buenos Aires: Chai, 2022, 195).</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup><sup>[10]</sup></sup></a> Ibid, p. 163.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup><sup>[11]</sup></sup></a> Orhan Pamuk, <em>Estambul</em> (Bogotá: Debolsillo, 2007, 132).</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup><sup>[12]</sup></sup></a> Elias Canetti, <em>Masa y poder</em> (Barcelona: Debolsillo, 2005, 158).</p>
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		<title>G. Bastías frente a T. S. Eliot: elucubraciones terrígenas</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:06:31 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por  Jonnathan Opazo     Tierra en trance, tierra pobre, tierra invisible, tierra baldía o yerma, tierra de tradiciones, tierra y libertad, la tierra es de quien la trabaja, tierra para los pobres, trágame tierra, tierra privada, planeta tierra, defensa de la tierra, tierra en los ojos, comer tierra hasta morir ahogado, tierra sobre la tumba, comprar tierra, terraformar, terrícola, terrígena, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por  Jonnathan Opazo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Tierra en trance, tierra pobre, tierra invisible, tierra baldía o yerma, tierra de tradiciones, tierra y libertad, la tierra es de quien la trabaja, tierra para los pobres, <em>trágame tierra</em>, tierra privada, planeta tierra, defensa de la tierra, tierra en los ojos, comer tierra hasta morir ahogado, tierra sobre la tumba, comprar tierra, terraformar, terrícola, terrígena, terrateniente, terremoto, terra australis, terreno, territorio: parece que una parte de la sensibilidad de fin y comienzo de siglo puede guarecerse tranquila bajo el amplio paraguas cronotópico de la Tierra. Ora como vindicación de un origen y arraigo común que deviene relato sobre sangres privilegiadas para orientar el correcto rumbo de la historia ―no en balde el término <em>kultur </em>gozó de buena salud en lengua teutona—; ora como divisa susceptible de acumulación concreta y abstracta para la fundación de una clase, bien descrita por Marx en esa historia del expolio que es la tesis sobre la acumulación originaria en <em>El Capital</em>; ora como fuente de alimento y su consiguiente relación entre tierra y cultura, cultivo, abono, etcétera; y así. Historiadores, geógrafos, poetas, filósofos y narradores dicen tierra y dicen una o diez cosas al mismo tiempo.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/borrosa.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1772" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/borrosa-983x1024.jpg" alt="borrosa" width="676" height="704" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;">                                                                                                                                                                                                             © Elde Gelos</h6>
<p>Raymond Williams, faro insigne en estos mares semiológicos, dedicó horas de su valioso y militante trabajo en el planeta (¡tierra!) a examinar el modo en que la sensibilidad de su Inglaterra natal iba transformándose a medida que ese enorme tábano llamado capitalismo crecía, expropiaciones e industrialización mediante. Su pesquisa, por cierto, es una aventura intelectual de fuste y también, en un doble movimiento, un ejercicio de exploración biográfica. «De modo que, antes de entrar en materia ―escribe en el primer capítulo de <em>El campo y la ciudad</em>—, diré inmediatamente que, para mí, la vida campestre tiene muchas significaciones. Son los olmos, la flor de espino y el caballo blanco que veo ahora en el prado, a través de la ventana junto a la cual estoy escribiendo». Y continúa con una larga lista de objetos que, diría Jane Bennett, aparecen ante su mirada con una vibrante vitalidad.</p>
<p>Williams sabe muy bien que la vida en el <em>campo</em>, término profusamente polisémico aunque distinto de su par <em>la ciudad</em>, está en permanente transformación: es, si nos permiten la figura, como el Jano de la mitología romana. El bien absoluto y el mal rotundo, el lugar de retiro y el miasma donde la vida queda estanca para pudrirse. Caluga y menta. Dios y el diablo. Es en una pequeña cabaña rural donde los personajes de <em>Antichrist </em>del filonazi Von Trier pierden la cabeza, ven zorros que anuncian el triunfo del caos y terminan en un extraño festín que incluye mutilaciones genitales justificadas por el guion, para tomar prestada una expresión de Verdugo Mario. Es también en una zona rural de Inglaterra donde los protagonistas de <em>Straw Dogs </em>del buen Peckinpah sufren los estragos de compartir vecindad con individuos inmorales, licenciosos, jotes, intrínsecamente malos. Y podríamos continuar con una larga lista. Para Williams, todo es un problema de perspectiva. Cuenta Ray una breve experiencia de lectura: llegó a sus manos un libro cuya frase inicial, a la manera de los rotundos juicios de los consumidores de cocaína fabricada por Juan de Patmos, reza como sigue: «Un estilo de vida que llegó hasta nosotros desde los días de Virgilio súbitamente ha terminado».</p>
<p>Así tal cual.</p>
<p>El buen Ray duda y sube los conceptos a una cinta transportadora que comienza lentamente a retroceder desde los cincuenta del siglo pasado hasta el siglo diecinueve, luego el dieciocho y así. Cada época, con sus respectivas variaciones ornamentales al uso, ha expresado añoranzas o malestares vinculados a la vida en el medio rural. «La nostalgia, puede decirse, es universal y persistente; solo las nostalgias de los demás nos ofenden». La nostalgia, por cierto, también puede ser corrosiva: en la introducción de <em>El futuro de la nostalgia</em>, Svetlana Boym cuenta una historia que leyó en un periódico ruso. Trata de dos alemanes que vuelven nada menos que a Königsberg después de la caída del Muro. Al pasear por el pueblito donde Kant urdió un sistema filosófico que ha dado de comer a muchos doctorandos y docentes de filosofía, uno de ellos decidió mojarse la cara con las aguas del río Pregolya. «»Pobre río”, observaba el periodista ruso con sarcasmo. “Imagínense la cantidad de basura y de desechos tóxicos que se habían vertido en él […]”». Remata Boym: «El hombre añoraba el gesto ritual que señala el regreso al hogar en las películas y en los cuentos. Soñaba con satisfacer esa añoranza a través de la apropiación final. Poseído por la nostalgia, había olvidado el pasado real. La ilusión le había quemado la cara».</p>
<p>De alguna forma, Williams quiere advertirnos sobre los riesgos de querer mojarnos la cara con cualquier río: más de algún nostálgico encontró, en un paseo poblado de añoranza, condones usados y restos fecales en las aguas mansas del Loncomilla; pañales de guagua e innúmeros botellines vacíos de cerveza Sol en algún meandro del Río Claro; o, como en las playas de Rosabetty Muñoz, un mar que escupe plástico y medusas muertas. La nostalgia es un género literario que la historia material juzga con prudencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>* * *</strong></p>
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<p>Entonces habría que interrogar, a la luz de estas primeras desordenadas disquisiciones, qué hay en <em>The Waste Land </em>(1922) de T. S. Eliot y <em>El poema de las tierras pobres </em>(1924) de J. G. Bastías que permita obtener algo así como una imagen común del siglo en el que ambas aparecen, con apenas dos años de diferencia, en sus respectivos lindes geopolíticos, que no geopoéticos, ya que estamos. Intentar, si aquello merece la pena, indagar en torno a la posible imposibilidad de poner a un poeta campesino nacido a orillas del Maule junto a uno de los grandes poetas del siglo veinte; poeta, todo sea dicho en honor a la verdad, de profunda raigambre metropolitana. Un poeta completamente menor junto a un poeta absolutamente mayor, <em>clave cultural</em>, imprescindible, y todos aquellos adjetivos que ustedes juzguen pertinentes asignarle al buen Eliot, el de Misuri y no el de Nebraska ―el Eliot con dos ele y dos te―, el Smith, otro poeta del desamparo total.</p>
<p>Todo esto surge, cabe aclarar, como parte de una indagación, hasta ahora más o menos fructífera, en torno a la potencial riqueza de las imágenes (la fanopeia poundiana) encontradas en ciertos libros de poesía escritos en las últimas dos décadas. Imágenes que leo, eso apuesto, como escenas de un mundo que ―otra vez― parece caerse a pedazos. Cada cual, con sus respectivos procedimientos escriturales y un variopinto uso de figuras retóricas, tiene, digo yo, a la devastación ecológica como ruido de fondo. El capitalo-antropo-falo-etcétera-ceno como radiación de fondo de microondas. En medio del trabajo con esas lecturas, la acumulación de lomos sobre el escritorio, que siempre comporta una cuota importante de locura y diálogo de sordos, es que apareció la ocurrencia ―comentada vía whatsapp al editor de la revista que están leyendo, al pasar y sin mucha intención de ponerme serio―, de leer y pensar paralelamente en <em>The Poem of the Poor Lands</em> <em> </em>(1924) de J. G. Bastías y <em>The waste land </em>(1922) de T. S. Eliot como textos cuya estructura de sentimiento, para seguir con el bueno de Ray, parecen prefigurar los desmadres históricos que tienen lugar aquí, en el mundo material real, en el que también fueron escritas.</p>
<p>Por supuesto que ambos textos son radicalmente distintos en muchos aspectos y de seguro algún profesor de literatura juzgaría, con toda razón, la imperiosa necesidad de quitarnos de una vez y para siempre de esta clase de escarceos infértiles, yermos, baldíos: abrojos nacidos de las tierras pobres de un intelecto esquilmado por la confusión. Pero ya estamos.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Un viaje de ida, un viaje de vuelta. Eliot nace en los Estados Unidos de América. Estudia en Harvard y luego se marcha a Europa. Bastías, nace en Nirivilo y migra joven a Santiago. Eliot conocerá, en Inglaterra, a Ezra Pound, Virginia Woolf y James Joyce. En Santiago, según leemos en algunas crónicas de época, Bastías trabaja en pequeños periódicos y cruza su camino con algunos poetas de la época, lo publican en <em>Selva lírica</em> y pronto vuelve a vivir al campo. Eliot no abandonará el viejo mundo hasta su muerte. Ya lo dijimos: es un poeta estrictamente metropolitano. Ambas tierras llegan al mundo con dos años de diferencia: la <em>baldía</em> el 22, la <em>pobre</em> el 24. La primera aparece publicada en <em>The Criterion</em>. La segunda, bajo el sello Soc. Impr. y Lit. Universo, domiciliada en Agustinas 1250, Santiago de Chile. No sin justicia, el año de aparición de la tierra yerma de Eliot es consignado como el año maravilloso: Joyce publica el <em>Ulises</em>, Rilke sus <em>Elegías a Duino</em>, Mistral publica <em>Desolación</em>. El 24 (un año bisiesto comenzado en martes según el calendario gregoriano, Wikipedia <em>dixit</em>), Neruda publica <em>Veinte poemas de amor y una canción desesperada </em>y D’Halmar su <em>Pasión y muerte del Cura Deusto</em>. Ambos fenómenos literarios pueden ser leídos en términos escalares: uno que juega en las grandes ligas, otro que chutea en los pequeños campeonatos de la fértil provincia. Mientras que un verso de Eliot equivale al vaticinio del horror de la Segunda Guerra, los del campechano Bastías apenas alcanzan para los desastres ecológicos post ciclo triguero y explotación no planificada del roble maulino. Eliot, que podría haber cantado al Misisipi, prefiere el Támesis. Bastías, al Maule, cuyo cauce podría llenar las mismísimas cuencas del infierno según el Abate Molina, otro pionero de la <em>nature writing</em>. Volvemos a Williams: asunto de perspectivas; ángulos de mirada y lectura, procedimientos distintos para ingresar el campo literario por la puerta ancha o por la chimenea.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Cuestión, también, de tradiciones: a uno lo ampara el mito y la Gran Literatura; al otro, la leyenda popular, el murmullo de los vecinos. T. S., en su vasto catálogo de citas, incluye la Biblia, Dante, Shakespeare, Frazer. <em>The Waste Land</em> es una vitrina de citas y parafraseos, el fichero de un obsesivo y absolutamente mateo tesista de letras. <em>El poema de las tierras es pobres</em>, en cambio, tiene más bien la estructura de una novela terrígena: no sabemos si Bastías leía periódicos internacionales, pero su lamento pastoral coincide con ese otro gran desastre rural que fue el <em>Dust Bowl </em>en los llanos norteamericanos, inspirador en partes iguales de John Steinbeck y Woody Guthrie, y algo así como un primer aviso de las consecuencias de una mala gestión de la agricultura: ¿explotación de monocultivos sin barbechos? Tormenta de arena, sequía, infertilidad. El gesto de Eliot es un gesto urbano, moderno. Williams, luego de citar unos versos del buen T. S., escribe: «Esta es la ciudad de la muerte en vida […] Esta es la moderna tierra baldía y, a través de ella, una potente convención de la metáfora urbana que llega a ser casi un lugar común». El lugar común, el <em>commonplace for the common people</em>: la ciudad es humo, suciedad, impureza. Williams va más allá: «En sus últimos poemas, Eliot relacionó la pérdida de sentido que hay en la ciudad como la pérdida de Dios. Por implicación, o de manera abiertamente declarada, Eliot atribuye a las agrupaciones humanas del pasado una significación diferente, y los asentamientos rurales ―aislados y remotos, visitados desde la ciudad―adquieren, aunque solo sea por ausencia, una significación tradicional». La tierra yerma es la ciudad, la tierra pobre es el campo. En Bastías, a diferencia de Eliot, no hay figuración alguna de entidades metafísicas susceptibles de intelección teológica: pura sequía, la tierra no es pobre por alegoría ―parece decirnos el poema—sino más bien por razones estrictamente materiales: aunque J. G. probablemente no acusó recibo de las recepciones latinoamericanas del marxismo, algo hay en su lamento de pura constatación de un hecho material concreto: donde hubo huertos ahora hay carencia. Lo único fértil es la miseria y esa miseria es nueva. Todo: la sierra, el monte, el alcor, trae lamentos, llantos, gritos, horror. Eliot tenía fe. Bastías es el <em>no future: </em>para el primero, la ciudad es la mella que puede ser llenada en un cómodo retiro espiritual en parcela de agrado; en Bastías, en cambio, no hay salida: la ciudad ni siquiera existe como posibilidad. <em>This is the end. My only friend. The end. </em></p>
<p>* * *</p>
<p><em>Abril es el mes más cruel, hace brotar<br />
lilas en tierra muerta, mezcla</em><br />
sutil y extrañamente<br />
tengo el ánimo herido<br />
<em>memoria y deseo, remueve<br />
lentas raíces con lluvia primaveral.</em><br />
como si los dolores de otros hombres<br />
en mí se hubieran recogido.<br />
<em>El invierno nos tuvo cobijados, cubriendo<br />
de nieve olvidadiza la tierra, alimentando<br />
</em>La montaña que baja<br />
a bañarse en el río<br />
<em>Aquí no hay agua sólo roca<br />
roca y no agua por un camino arenoso</em><br />
Y es un grito profundo<br />
que se extiende a los lejos<br />
<em>serpenteante sobre las montañas<br />
que son montañas de roca sin aguas<br />
</em>que se oculta en las piedras<br />
y tiembla en los esteros</p>
<p style="text-align: center;"><strong>El poema de las tierras wasted – Jorge González Eliot, probablemente</strong></p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Cuando Eliot dice «tierra» dice «qué». Y «qué»,  Bastías cuando dice «tierra». Qué son <em>this lands</em>? Desde Inglaterra son <em>waste lands. </em>Desde la estación Infiernillo, pobres. Lo yermo, lo pobre. Alegoría, por un lado; por el otro, constatación material hecha novela de campesinos que caen presos, niños sin comida, casas cayéndose a pedazos antes que las sucesivas reformas y contrarreformas del agro, como las reformas constitucionales, precedieran esos movimientos pendulares de la Historia como lucha de clases con todas sus malditas complejidades: primero lo queremos todo, después convencen a una mayoría de ese nosotros que lo mejor es no quererlo todo, querer-la-nada, querer nada más lo que corresponde, y después de voltear la mesa mejor volverla donde mismito estaba y tejerle un chal para que pase piola el ánimo destituyente: que no sepan los patrones, ni los patrones de los patrones. Algo de aqueste queda dicho en el fragmento noventaisiete de <em>La novela terrígena</em> del ya citado, laureado, poeta y ensayista: «Iba para gobernador, o para capataz, o / más bien para agazaparse entre los / berenjenales de su lengua tatarita».</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Un último retorno a Williams, antes de cerrar este breve dislate: «Si el campo es el pasado y la ciudad es el futuro, quedamos en un presente indefinido». Si la nostalgia es peor que un brote de herpe zoster y el futuro no existe, ¿el presente qué? Es <em>wasted </em>y pobre: ni la ciudad ni el campo. O la ciudad y el campo, al mismo tiempo. Puerto Varas y Nueva York. Talca y China. El Maule y el Támesis. Puras dislocaciones escalares superponiéndose: jovencitos bailando ritmos coreanos frente al espejo de una intendencia en una ciudad agropolitana; un carro de comida rápida con dibujos del Chavo del Ocho en la playa Los Molinos; una casa de adobe que funciona como mall chino; Mehuín y Misisipi; Carahue es China, Jorge Teillier es Sergei Esenin: Enrique Lihn es Mayakovski; J. G. Bastías comparte pesadillas con J. G. Ballard; y así: un revoltijo que es puro movimiento, dislocación y apertura. Desplazamiento de signos para bien de nuestras centenarias neurosis patrióticas y republicanas: Moldavia es Osorno, Las Vegas es el mundo entero. Somos el peor país de Chile. Hay que ser absolutamente terrígeno. El desarreglo de los sentidos es el desarreglo de las escalas. Cuidado con el río radiactivo. Cuidado con el futuro cancelado. Esta es tu tierra: «de Camarico / una garrafa plástica, de Vietnam / una camiseta acrílica, de Talca / huesos de pollo, de Santiago / un botellón, un pañal / una pila que se oxida en la nieve / ¿de dónde proviene la pila?» (del poema «Bolsas» de Felipe Moncada).</p>
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		<title>Juan Diego Spoerer: «Tenemos esta vastedad del fin del mundo que es el último pedo de la existencia. Chile es un gran paisaje y sobre ese paisaje maravilloso, sucedieron atrocidades tremendas».</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:04:09 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Juan Diego Spoerer, codirector del documental La sombra de don Roberto: «Tenemos esta vastedad del fin del mundo que es el último pedo de la existencia. Chile es un gran paisaje y sobre ese paisaje maravilloso, sucedieron atrocidades tremendas». Por José Tomás Labarthe En la retrospectiva de los cincuenta años del Golpe, hay una película que no aparece en las [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Juan Diego Spoerer, codirector del documental <em>La sombra de don Roberto: </em></p>
<p><strong>«Tenemos esta vastedad del fin del mundo que es el último pedo de la existencia. Chile es un gran paisaje y sobre ese paisaje maravilloso, sucedieron atrocidades tremendas».</strong></p>
<p>Por José Tomás Labarthe</p>
<p>En la retrospectiva de los cincuenta años del Golpe, hay una película que no aparece en las listas. <em>La sombra de don Roberto </em>(<em>Don Roberto’s shadow</em>, 2007). Es un cortometraje documental, veintisiete minutos a la vez atroces y perfectos, sobre un exprisionero de Chacabuco, aquella oficina salitrera que durante la dictadura se erigió como campo de tortura y detención. El paisaje es un pueblo abandonado en medio del desierto. Antofagasta. Animitas. Adobe. Apocalípticos atardeceres. La historia es única: siguiendo el consejo de su psiquiatra, Roberto Zaldívar regresa a la escena del crimen a exorcizar su trauma, convirtiéndose en el único y último habitante de esa ciudadela en ruinas (que envidiaría Wim Wenders). Planos abiertos, secuencias extensas, fotografía sombría. La película es una suerte de visita guiada; la puesta en escena de un proceso de rememoración cuya fuerza reside en los contornos de los elementos dispuestos en el espacio: los forados del paredón de fusilamiento, las cruces del cementerio de los angelitos, las huellas en la tierra, el campamento delimitado por piedras y cal. El viento y las sombras devienen en presencia estética. Hasta la naturaleza muerta (cientos de objetos polvorientos), dan cuenta de una descomposición de mundo. El hilo que conduce el relato es la voz en <em>off</em> del protagonista, un soliloquio metafísico (que envidiaría Raul Ruiz), a mitad de camino entre el desvarío y la sabiduría, entre la memoria borrosa y la memoria lúcida: «Las paredes de adobe están hechas de barro, el barro está cargado con los metales con los que fue recogido, y eso contiene el mismo adn de una cinta magnetofónica». El filme fue codirigido por Juan Diego Spoerer y Håkan Engström. Spoerer (Puerto Montt, 1957) es un documentalista y poeta, que vivió más de tres décadas en Estocolmo, donde recibió el Premio Nacional de Periodismo en Suecia en 1999, por una serie de documentales sobre Chile. Cierta insistencia poética sobre el paisaje atraviesa su obra ―el largometraje <em>Atrapados en Japón</em> (2015) y el poemario <em>La lluvia del sur</em> (2019)―; una espiritualidad que no se alcanza a revelar, pero que insinúa que los lugares son algo más que sitios en donde se emplazan las cosas y los seres. «La identidad son los afectos, el lenguaje y el paisaje (…) Mi exilio fue eso. Cuando salí de Chile era verano, de día, con 30 grados; cuando llegué a Suecia era invierno, de noche, grados bajo cero. Una contradicción grotesca. Lo único que recuerdo son las luces del auto que me recogió en la oscuridad de algo que parecía un paisaje lunar. Para el muchacho que yo era, la pérdida de identidad fue total. Convivir en un laberinto de nieve y bosque. No es nada nuevo. Pero a los 17 años fue muy duro».</p>
<p><strong> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/spoerer.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1769" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/spoerer-1024x555.jpg" alt="spoerer" width="676" height="366" /></a></strong></p>
<p><strong>¿Cómo diste con don Roberto? Su historia es excepcional. Pasó su infancia en Chacabuco. Luego, ya de adulto, estuvo detenido allí. Finalmente, cuando libró y regresó con su familia, ese lugar le siguió penando, al punto de retornar por su propia voluntad para autoerigirse en su único y último habitante.</strong></p>
<p>¿Cómo llegué a esta historia? La verdad es que mi vida periodista siempre tuvo que ver con Chile. Y en el mundo del relato, por una tradición familiar y por una educación, siempre he estado como vinculado a la cuestión más poética. Entonces, yo sentía que en esta mirada que teníamos sobre Chile, o sobre el trauma del Chile, el gran quiste que crece en Chile a partir de esta división que sucedió hace cincuenta años, había una suerte de relato que era como mucho causa y efecto, mucho hecho desde una mirada de las víctimas, por cierto, pero muy victimizante a la vez. Pero yo quería contar el horror desde una estética poética, digamos. Y bueno, estando yo en Estocolmo, a fines del siglo pasado, recibí la visita de Juan Castillo ―un personaje perfectamente desconocido y a la vez uno de los artistas plásticos chilenos más expuestos en el mundo― quien me cuenta que conoció a un señor en Antofagasta y que tengo que conocerlo porque voy a hacer la película sobre su vida. Tal cual. Viajé a Antofagasta y efectivamente, me encontré con don Roberto, que es una figura atemporal. Don Roberto no solo le sirve a la cristalización de la herida que tuvo Chile, que en cierta medida también la sigue teniendo. Sino que cristaliza también una suerte de miradas sobre la maldad que nos inunda, no solo a Chile, sino a la condición humana. Esa es una de las razones por las que yo quería que la peli no estuviese explícitamente ubicada en Chile. Que se hablara de este trauma, claro, pero que no se dijera nunca que estábamos en Chile, excepto Chacabuco. Hay una frase  donde don Roberto dice: «Chile fue un campo de concentración», y esa es la única vez que se menciona a Chile. Tuve peleas de muchas horas con mi editor para que sacara esa frase, y él me dijo no, insistió, «no, porque Chile es también la encarnación de un daño que ha sufrido la humanidad». Por mucho que sea explícitamente en Chile, todos nos podemos identificar con eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿El paisaje puede ser un personaje en sí mismo? Tan importante como la historia de Roberto Zaldívar, es la estética inanimada de Chacabuco. Un pueblo abandonado en pleno desierto, que pareciera estar justo en el trance de su desaparición. </strong></p>
<p>Sí, efectivamente, una de las cosas que tiene el lenguaje del cine es el espacio. El cine es el relato dentro de un espacio-tiempo, un espacio físico. Y eso en el cine se resuelve a través de las locaciones o armando sets o imitando lo que se supone que uno quiere tener para contar una historia, poner allí a sus personajes, etcétera. Para mí fue maravilloso llegar a este lugar. Porque es un lugar profundamente cinematográfico. Yo soy también un amante de las ruinas. A mí me gustan las cosas que han perdido la vida, porque también dan cuenta de que ahí sí hubo vida. Yo me maravillo mucho más con una casa de adobe derruida con musguito, que con una casa recién construida. No la encuentro apetitosa. Y el paisaje del desierto es precioso. Y esto junto con estas ruinas que tienen una carga emotiva que se nota. Cuando uno visita una salitrera, llega y siente el peso del tiempo, esta sensación no solo terrenal sino también cósmica. Es decir, la pequeñez humana se reduce a cero prácticamente. Entonces, bueno, el set de la narración estaba regalado, estaba ahí. Era cosa de empezar a filmar y hay que ser muy torpe para no achuntarle.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Puede ser una trampa también, el riesgo de caer en el lugar común, en la cursilería: filmar atardeceres, líneas del horizonte, sombras y ruido blanco. </strong></p>
<p>Si nos quedamos solamente en la belleza del <em>sunset</em>, del atardecer, que es absolutamente deliberado, filmar en horas de crepúsculo, la cámara se encendía desde las 5 y media hasta las 7 y media de la tarde, en esta suerte de ocaso, en esta suerte de fin de mundo, si ustedes quieren de fin del día, de fin de la vida. Esa era la sensación. Pocos planos que tienen que ver con la mañana o con el día. En general, todo sucede en este ocaso donde la luz va cayendo y muere. El cine está lleno de esos ejemplos. <em>El asesino perfecto</em> (1994) de Luc Besson está filmada a pura luz de crepúsculo. <em>Once upon a time in the west </em>(1968), de Leone. El viejo Parra dijo que «Chile no es un país, Chile es tan solo un paisaje» y yo creo que tenía razón. Uno sale de Chile y ve ciudades maravillosas… ni por donde en Chile. Pero, sí, tenemos esta vastedad del fin del mundo que es el último pedo de la existencia. Chile es un gran paisaje y sobre ese paisaje maravilloso, sucedieron atrocidades tremendas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Chacabuco carga además con varias reencarnaciones. Primero como desierto, luego como oficina minera, después como centro de detención y finalmente como pueblo abandonado. Son varios signos superpuestos.  </strong></p>
<p>Un paisaje desolado en donde se produce el sueldo de Chile. Con esa idea juega también Alfredo Jaar. Claro, para don Roberto su infancia fue dura en el norte. Las epidemias, la silicosis; el promedio de vida no sobrepasaba los 35 años. Pero después la minería se constituye en la base de la riqueza chilena. Y ya al final se convierte en ese espacio horrible, en ese campo de concentración. Sin embargo, la película tiene la intención poética de mostrarlo como un espacio bello. La idea de transformar esa destrucción, ese dolor, esa cosa dura, en algo hermoso. Don Roberto va a lavar sus heridas allí por voluntad propia. Es una reclusión escogida. No es un castigo ni una travesía por el desierto. Exiliado de su espacio físico concreto, finalmente se encuentra con «el hombre que siempre va conmigo», como dice Machado. Es una forma linda de morir. Él muere un año después de terminado el rodaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Cómo abordar esa intención poética para no banalizar la tragedia?</strong></p>
<p>En el relato había que buscar un conflicto, una contraparte. Esa fue la búsqueda, más bien periodística, de encontrar a los victimarios. Gran parte de la energía tuvo que ver con encontrar a alguien que tuviera los pantalones de ir y sentarse ahí. Finalmente fueron estos dos conscriptos, que en el fondo también son víctimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Este es uno de los primeros momentos televisados en que la víctima se enfrenta a sus torturadores. El encuentro es ambiguo moralmente. Los dos conscriptos lloran y piden perdón, pero a su vez señalan que «el perdón lo tiene que pedir la fuerza armada, no nosotros los soldados que obedecíamos en la instrucción». Don Roberto por el otro lado admite que abandonó a su familia, pues por las noches llegó a golpear a sus hijos mientras dormía. </strong></p>
<p>Sí, yo creo en la ambigüedad de los personajes, sobre todo de estos victimarios. Son perfectamente banales, tal como entiende la banalidad del mal Hannah Arendt. Uno de ellos ahora es panadero. Pero, en su momento, por esta cosa de tener que obedecer, eran capaces de torturar. <em>Eichmann en Jerusalén </em>(1963), el famoso libro de Hannah Arendt, es eso. El tipo es responsable de todas las muertes en Auschwitz. Bueno, mucho más que eso. En realidad, es el responsable de la solución final. Y el tipo en el fondo dice: «estaba haciendo mi pega, no me culpen a mí, me dijeron que yo tenía que hacer eso, yo me ganaba los morlacos con esta cuestión». Eso es interesante y trasciende el tema chileno. Después de Alemania dijimos «nunca más» y volvió a pasar en luego en Kampuchea, en los Balcanes… está ahí y seguramente va a volver a pasar.</p>
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<p><strong>En ese careo, don Roberto se despacha una frase que hoy, a cincuenta años del Golpe, resuena de manera especial: «todavía no entendemos y por eso estamos conversando de un pasado que a todos nos causa dolor recordar». Da la impresión que <em>La sombra de don Roberto</em> entra tangencialmente en el corpus de documentales chilenos sobre la dictadura, ya que intentando superar la denuncia y el testimonio, retrata más bien los claroscuros personales, reflejando una noción de memoria medio borrosa.</strong></p>
<p>Hay documentales que han sido muy ambiciosos y han tratado de desarrollar memoria una memoria histórica. Incluso, una memoria oficial; cuestión hoy día está muy en pugna. Una memoria colectiva, una memoria vicaria. O sea, una cosa que quede y que nos permita decir «bueno, llegamos los cincuenta años y esto es; entonces, superémoslo». Cuestión en la que no creo que ni el cine ni la política ni nada puede llevarnos a un punto final. Ni a un punto aparte siquiera. Y, hay otras memorias, que creo que este documental se encaja más por ahí, que tiene que ver con la memoria individual, la memoria borrosa, por cierto. O sea, la memoria de las cosas que también olvidamos. Yo creo que la memoria es una materia líquida. Lo que uno recuerda es lo que uno imagina y también lo que uno sueña, e incluso puede llegar a ser hasta lo que uno miente. Hay mucho relato en torno a nuestro drama de estos cincuenta años que a mi juicio están hechos desde una postura un poco victimizante, una suerte de autocomplacencia construida sobre la base de una narrativa matemática, algo ramplona, con la que varios directores se han colgado un poco de los muertos y no han logrado ver en profundidad los distintos matices que puede tener el conflicto. Es la fórmula de las causas y los efectos tan aplicada por Patricio Guzmán. Y ese discurso tal vez aburre un poco, lo puedo ver con mis estudiantes del curso de cine chileno, dicho esto con todo respeto, también, por lo que pueda significar para quienes desde esa sensación de víctimas han hecho una suerte de identidad, que eso es muy fuerte. Todavía lo vemos en personas cuya identidad sigue siendo solamente ser víctima de aquello que pasó. Eso es muy triste y es muy desgarrador de ver, porque ya se fue el siglo xx, desapareció Chacabuco, murió don Roberto, pero también está desapareciendo la memoria. Hicimos un ejercicio forzoso de recuperar la memoria a propósito del Golpe de Estado y creo que salió el tiro por la culata.</p>
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<p><strong>¿El desafío hoy entonces va más por el lado de cómo enfocar de una manera distinta la misma cuestión? </strong></p>
<p>Si tú miras, incluso la cartelera del cine taquilla tiene que ver con memoria histórica. <em>Oppenheimer </em>(2023). ¿Qué es eso si no es memoria? Y estamos hablando de algo que no sucedió el 73, eso sucedió el 45. Y yo creo que el gran cine alemán, el cine italiano, el cine griego, el cine americano, el cine inglés, tienen que ver con una suerte de construcción de la memoria. Eso va a seguir. Además, no es nuevo, pasó ya en España, en Argentina. Acá en Chile todavía en términos narrativos no es tan interesante. Puede sonar un poco presumido, pero recién están empezando a pasar cosas diferentes. <em>1976 </em>(2022) de Manuela Martel ofrece un nuevo ángulo. De pronto, la memoria ha estado durante treinta años en una suerte de visión tácita entre víctimas y victimarios, entre un bando y el otro, lo que hace un poco más cómoda la narrativa pero, en la perspectiva del tiempo, tal vez eso no sirva tanto. Ahora empezamos a encontrar en ciertas zonas grises, ciertos matices. Lo que falta es la historia que todavía no nos atrevemos a escribir. Empezar a hacer una narrativa más reflexiva acerca de los propios errores. En Chile, los que fuimos derrotados el 73 ―donde me incluyo, desde el punto de vista de la construcción política de ese proyecto― cometimos muchísimos errores. Y eso pocos todavía se atreven a plasmarlo desde un punto de vista narrativo, ya sea en ficción o desde el documental.</p>
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<p><strong>¿Es lo que hacen, de alguna manera, Ricardo Larraín en <em>La Frontera </em>(1991) y Pablo Larraín en <em>El Conde </em>(2023)?</strong></p>
<p><em>La Frontera</em> cayó en el olvido y es una bellísima película. Justamente, ahí la película tiene ese giro que comentaba. Un profesor de matemáticas es relegado al sur de Chile por firmar una carta de apoyo a un amigo que había sido detenido por la Junta Militar. Uno piensa que el destierro será una tragedia para este pobre personaje y en verdad el tipo encuentra el sentido a una vida que había estado bastante vacía antes de llegar allá. Es un poema de película. La fotografía es hermosa, mérito del padre de la fotografía chilena Héctor Ríos, que hace que el personaje central sea el paisaje del sur y que los habitantes sean personajes secundarios. También está <em>El edificio de los chilenos </em>(2010), por ejemplo, de Macarena Aguiló, una hija de miristas que no condena a sus padres por su afán guerrillero, pero sí porque la abandonan en Paris mientras luchan clandestinamente en el «Plan retorno». O <em>Los perros </em>(2017), de Marcela Said, en donde se puede ver cómo un monstruo condenado por la justicia es capaz de amar. Y sí, <em>El Conde</em>, como metáfora, funciona perfecto. El fantasma draculeano de Pinochet que sigue estando presente. Apela quizá demasiado al cliché, si hubiera matizado un poco más a la camarilla de personajes siniestros que rodeaba a Pinochet, hubiese sido una mejor película. Pero aporta.</p>
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<p><strong>Antes de terminar, retomemos una idea que no alcanzaste a profundizar. Comentabas al principio que, por tradición familiar y por educación, a la hora del relato siempre estuviste vinculado a «la cuestión más poética». ¿En qué consiste esa poética del paisaje?</strong></p>
<p>Tonino Guerra, el guionista de Tarkovski, subraya en <em>Tiempo de Viaje </em>(1983) la importancia de los lugares. El cine es la locación, es el espacio. Una poética del paisaje significa señalar el paisaje como un instrumento intangible de una narración. Al momento en que le das una connotación afectiva, no lo estás tratando en su dimensión física, sino que le estás dando una connotación amorosa. Lo que hace Tarkovski, a veces con lugares lleno de tristeza, de dolor, como son las escenas de <em>Stalker </em>(1979), en donde ha habido una catástrofe tremenda, él trata a ese paisaje como un lugar en donde lo humano encuentra una respuesta. Stalker, el protagonista, es quien lleva al escritor y al científico a encontrar una respuesta que ellos habían perdido, en ese lugar devastado en donde ocurrió una explosión nuclear, razón por la que Stalker enferma de cáncer.</p>
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<p><strong>¿Cómo conectas con esta significación del paisaje más allá de ser un mero espacio donde se emplazan las cosas y los seres?</strong></p>
<p>No quiero hacer <em>name dropping</em>, pero está en todo lo que me conecta: Teillier, Faulkner, Elliot. Está en mi primerísima infancia. Yo tengo una fascinación por los paisajes del sur. Nací en Puerto Montt cuando todavía era una aldea, dos calles que miraban el mar. Aprendí a nadar en las aguas gélidas. Mi papá era juez y los fines de semana íbamos a los sitios en donde hacía reconstitución de escena. Esa relación amniótica con el paisaje se cortó abruptamente cuando mi padre fallece de la nada en una noche de invierno. La identidad son los afectos, el lenguaje y el paisaje. Superado los traumas, el paisaje del sur se transformó en un lugar de abandono. A mis 17 años me fui al exilio. Cuando salí de Chile era verano, de día, con 30 grados; cuando llegué a Suecia era invierno, de noche, grados bajo cero. Una contradicción grotesca. Lo único que recuerdo son las luces del auto que me recogió en la oscuridad de algo que parecía un paisaje lunar. Para el muchacho que yo era, la pérdida de identidad fue total. El paisaje nórdico es muy bonito, convivir en un laberinto de nieve y bosque, la plasticidad de la nieve. Existen trece denominaciones para la nieve en sueco, yo las conozco pero no es un concepto que pueda sentir ni plasmar. Esa belleza siempre me molestó. En <em>Nostalgia </em>(1983) de Tarkosvki hay una frase que me identifica: «estoy muy cansado de una belleza que no es mía». Es por eso que <em>La sombra de don Roberto</em> tiene un altísimo componente de algo que está dentro de mío también y que yo tal vez no había logrado ponerle nombre, pero en el momento de hacer la película, fluyó. El paisaje del norte no es un paisaje con el que yo me identifique particularmente, pero es Chile y Chile es lo afectivo de mi lenguaje.</p>
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<p>Créditos: Las fotografías son fotogramas de la ex oficina salitrera y ex centro de detención Chacabuco (Antofagasta, Chile). <em>La sombra de don Roberto</em> fue galardonada con premios de mejor montaje y mejor sonido en Suecia, Uruguay, Nueva Zelanda, Canadá y Valparaíso (la banda sonora ―ni más ni menos― es de Ärvo Pärt). Se puede ver online en la cineteca virtual de la Universidad de Chile.</p>
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		<title>Del Valle Central al secano costero: una mirada de Alberto Valenzuela Llanos</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 17:02:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Por Sebastián Schoennenbeck Grohnert &#160; Si aceptamos la definición de «paisaje» como una construcción cultural e histórica, una multiplicidad de variables entraría a jugar en la relación predominantemente visual que el sujeto establece con su entorno natural. Comunidad nacional, individualidad, desplazamiento y accidentes geográficos serían algunos de los muchos factores con los cuales resignificamos, intervenimos, imaginamos y observamos los espacios. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Sebastián Schoennenbeck Grohnert</p>
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<p>Si aceptamos la definición de «paisaje» como una construcción cultural e histórica, una multiplicidad de variables entraría a jugar en la relación predominantemente visual que el sujeto establece con su entorno natural. Comunidad nacional, individualidad, desplazamiento y accidentes geográficos serían algunos de los muchos factores con los cuales resignificamos, intervenimos, imaginamos y observamos los espacios. Pienso, por ejemplo, en la importancia del Valle Central como agente configurador de un paisaje cuya imagen sintetiza diversidades culturales y geográficas del territorio nacional. Ante la diversidad de paisajes existentes al interior del territorio nacional, el Valle Central se presenta, según Alfredo Jocelyn-Holt, como un eje articulador que garantiza una única nación: «Son demasiados los paisajes; por tanto, a menos que aceptemos que son también muchos los posibles Chiles (postura que nadie ha pretendido sostener), es obvio que debe existir al menos un eje desde donde se articula lo que venimos denominando históricamente Chile, es decir, el Valle Central». De ahí entonces que el historiador hable de «la centralidad del Valle Central».</p>
<p>A lo anterior, podemos agregar los aportes de Alberto Sepúlveda, quien, en su artículo titulado «La formación del Estado nacional en Chile», indica que «el origen de la “excepcionalidad” chilena tenemos que buscarlo en el pasado, en la evolución durante la colonia, cuando la amenaza del indio bravo obligaba a mantener una disciplina como medio para impedir la destrucción de la comunidad hispana del Valle Central».</p>
<p>Desde luego, sería interesante preguntarse por el desplazamiento o movimiento físico, espacial y retórico que permite al Valle Central contener, sintetizar e incorporar las regiones o zonas extremas del territorio nacional para llegar a ser finalmente una imagen única y supuesta de Chile. Este simulacro paisajístico tiene que ver, por cierto, con la historia patricia de la hacienda, con la ubicación geográfica de la capital, con la concentración de la población e, incluso, con las bondades de un clima mediterráneo que caracteriza al Valle Central. No obstante, me gustaría preguntarme esta vez cuál es la relación entre el Valle Central y la Zona Central, términos que no refieren exactamente a lo mismo<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En la medida que el paisaje siempre es un devenir, el traslado por parte de un sujeto de un lugar a otro y la posible comparación entre los diferentes parajes por los que se pasa durante el viaje, son experiencias con las cuales la mirada forja un orden, una imagen, aunque sea momentánea, de esos mismos entornos. Es así como el espacio se entrega como paisaje. Dentro de la Zona Central, me interesa específicamente el desplazamiento desde el Valle Central al rulo, el cual es identificado en esta reflexión como el secano costero y parte de la cordillera de la costa. No se trata de una ruta conducente al mar como fin último. Más bien, pienso en un andar desde cierta y muy relativa riqueza agrícola a la austeridad pecuniaria del ganado ovino o a la pobreza, en términos de biodiversidad, de los monocultivos de pinos radiata y eucaliptus. También pienso este viaje como un repechar desde el verdor del valle regado y central a la sequedad de pastizales amarillentos, cafesosos o, ya terminando el verano, grisáceos. Abandonar el Valle Central para acceder al secano costero equivale en cierta medida ―y si aceptamos un poco el tono de la hipérbole― a una perdición: en ese tránsito, el sujeto deja de ver la cordillera de los Andes no solo porque le da la espalda en su andar hacia el poniente, sino también, porque, entre los cerros de la baja cordillera, ya no se puede ver de manera constante la majestuosidad andina. Esta pierde su omnipresencia y deja de ser el fiel referente que siempre nos orienta. Se extraña consecuentemente su antigua ubicuidad y el andariego cae en una especie de orfandad si es que visualizamos la cordillera de los Andes, en términos mistralianos<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, como una madre simbólica. Lo anterior se vuelve una experiencia más cierta al considerar la velocidad moderna: el paso desde el Valle Central al secano costero ya no es a pie ni en carreta como tampoco en tren. Dado los ramales atrofiados de matorrales, zarzamora o dedales de oro (<em>Eschscholzia californica</em>), el viajero o paseante se moviliza de una manera algo más rápida gracias a carreteras y medios de transportes motorizados. De este modo, de un rato a otro, se deja el calor sofocante del valle para alivianarse con la brisa marina que algo refresca el interior de la cordillera de la costa, al menos, en verano y a partir de las dos de la tarde. Una imagen da lugar a otra sin mayor demora, casi instantáneamente, como un diaporama algo apurado.</p>
<p>No se trata tan solo de la subjetividad y arbitrariedad de la mirada. En efecto, el paso desde el Valle Central al secano costero suele ser abrupto. No hay accidentes geográficos que mediaticen ambos espacios y el agua, a través de su presencia y ausencia, intensifica dramáticamente el contraste. De plantaciones de frutales, maizales y pueblos extendidos a lo que común y erróneamente se le llama «peladero»; no porque los cerros y lomas del secano costero sean precisamente cascos calvos, carentes de flora, sino porque el tipo de cubierta vegetación se le asocia a una pobreza casi desértica. Más de una vez hemos oído nombrar una extensión de espinos (<em>Acacia caven</em>) como un «peladero», lenguaje que desde luego invisibiliza nuestro patrimonio arbóreo. No sucede lo mismo con, por ejemplo, las avenidas de plátanos orientales, de tilos o de robles americanos que adornan y refrescas los accesos a antiguas y arruinadas, si es que todavía existen, casas de fundo del Valle Central. Recuerdo un reportaje escrito por José Donoso para la revista <em>Ercilla</em>. En 1963, el medio lo envía a cubrir la zona de Cahuil, una pequeña localidad ubicada un poco más al sur de Pichilemu. Al estar situada en la desembocadura del estero de Nilahue, los habitantes de Cahuil cosechan la sal del agua marina que entra al estero. Encarcelándola en cuarteles, el agua se deja evaporar hasta quedar solo la sal. El oficio es ancestral y ha llegado a generar no solo un interés turístico. En efecto, Cahuil junto a Boyeruca, ha sido definido como un «paisaje cultural». En el reportaje, Donoso narra su viaje desde el valle de Colchagua hasta la costa, habiendo pasado por el rulo secano. Su percepción del paisaje ejemplifica claramente lo que he intentado decir anteriormente. Para el novelista, el valle de Colchagua, zona icónica del Valle Central, es descrito como un paisaje clásico, mientras que el polvoriento secano costero le recuerda los escenarios del <em>Far West</em>:</p>
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<p>A medida que se avanza por el ramal de Pichilemu, pasando las feraces regiones de Santa Cruz y Cunaco con sus viñas, naranjales y alamedas clásicas, el paisaje se va haciendo más duro y polvoriento. Los pueblos con sus calles de tierra y sus casas de balaustrada parecen salidos del <em>Far West</em>, y se puede creer que algunos bandoleros enmascarados fueran a salir de detrás de la nube de polvo de sus caballos para asaltar la casa que tiene un letrero pintado que dice «Banco» (. . .) a medida que se avanza hacia Pichilemu, el paisaje se puebla de espinos, en terrenos inútiles o no cultivados.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></p>
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<p>Esta percepción donosiana del paisaje de la Zona Central de Chile es reforzada, por oposición, en su artículo «Algo sobre jardines», texto en el cual plantea que el Valle Central es un jardín, ya que la mayoría de las especies vegetales que ahí crecen no son endémicas:</p>
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<p>Chile entero, y me refiero sobre todo al Valle Central, parece un jardín. Y digo «jardín» con toda precisión: porque este paisaje tan «nuestro», es en esencia un paisaje artificial, un «jardín», de importación. Los componentes del paisaje chileno de tarjeta postal -la alameda, el sauce del estero, la zarzamora, la galega, los trigales y viñedos que le dan su sello- no son originariamente nuestros sino que encarnan el triunfo de los conquistadores sobre lo conquistado. Todos estos vegetales fueron importados desde Europa, aclimatándose aquí e imponiendo su orden sobre el paisaje, desterrando las palmeras (&#8230;), las pataguas, los maitenes, peumos, bellotos, ahora árboles ocasionales, o refugiados en los cañones y valles cordilleranos. Para el que estas líneas escribe, estos árboles autóctonos son muchísimo más exóticos que el sauce, la higuera o el álamo europeos bajo los cuales nació.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></p>
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<p>A diferencia del secano costero y los rulos, el Valle Central es, ante la mirada donosiana, un orden artificial por sobre lo silvestre, una domesticación de la naturaleza a través de lo foráneo, en suma, un jardín al cual podríamos agregar incluso, si consideramos su otro ensayo ya citado, los atributos de lo clásico. No es que Donoso reconozca en el paisaje símbolos de la Antigüedad o que advierta en el Valle Central algo así como una Arcadia. Sin embargo, al ser definido como un jardín, Donoso proyecta la experiencia del juego, del ocio y del paraíso terrenal en un espacio geográfico que, de un modo opuesto, se ha configurado históricamente a través del trabajo agrícola. Al comparar ambas citas, la que corresponde al secano costero y a la del Valle Central como jardín, respectivamente, la utilidad agrícola solo figura en su reverso al modo de un negativo fotográfico: no se describe el trabajo del campo fértil y regado ―como si el campesino fuese borrado del plano visual―, pero sí se insiste en la inutilidad de los cerros poblados de espinos. La descripción del autor también tiene un alcance formal: a diferencia del rulo costero, un paisaje más bien de hechos desde la perspectiva donosiana, el Valle Central cuenta con profundidad, amplitud, perspectiva, líneas rectas y una armónica combinación de aguas y tierras. De ahí entonces que el paisaje se configure con viñedos, sauces de estero, trigales, mientras que en el secano costero se dibuja paradójicamente con una nube de polvo que interrumpe la visión. Por supuesto, el contexto histórico actual es muy diferente al de la visita de José Donoso. Las empresas forestales han generado un enorme cambio en el paisaje de la cordillera de la costa, así como recientes parcelaciones. Hoy, la noción de agrópolis<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> podría también dar cuenta del secano costero: «Nadie sabe hoy a ciencia cierta cuáles son los límites del campo, ni si la vida rural y el trabajo agrario pueden seguir entendiéndose como sinónimos», como propone Mario Verdugo.. Sin embargo, algo todavía persiste de las imágenes donosianas: el valle cuenta con agua, mientras que en el secano costero aún el agua escasea. A su vez, la superficie montañosa complejiza o encarece la instalación de sistemas de riego. Los árboles <em>extranjeros</em> tampoco se emplazan a modo de grandes avenidas como en el Valle Central. Por lo tanto, las superficies sombreadas son menores y el color que sigue prevaleciendo es el café de los pastizales. En el imaginario, el rulo permanece siempre en un verano seco.</p>
<p>¿Qué evidencia artística o histórica tenemos del desplazamiento hacia el poniente, es decir, desde el Valle Central hacia la cordillera de la costa o el secano costero? ¿Qué nos puede decir la historia del paisaje al respecto? La literatura chilena da cuenta de algunos desplazamientos longitudinales. Pienso, por supuesto, en <em>Poema de Chile</em> (1957), obra en la cual Gabriela Mistral recorre a pie el territorio nacional de norte a sur acompañada de un niño y de un ciervo. Benjamín Subercaseaux, en <em>Chile o una loca geografía</em> (1940), relata al final de su ensayo un viaje de retorno en avión que va de sur a norte. La odisea narrada en <em>Perico trepa por Chile </em>(1978) de Marcela Paz y Alicia Morel tiene la misma dirección. Por el contrario, las representaciones de andanzas a lo ancho del país parecieran ser más escasas, aunque se me viene a la cabeza la novela <em>Don Guillermo</em> (1860) de José Victorino Lastarria y el descenso del ejército chileno por la cordillera de los Andes hacia el valle del Mapocho en <em>Durante la Reconquista </em>(1897) de Alberto Blest Gana. Sin embargo, estas obras no dan cuenta precisamente del tránsito que quisiera destacar.</p>
<p>Como la enciclopedia literaria se me hace escasa, echo mano a la memoria de imágenes y me encuentro con el pintor chileno Alberto Valenzuela Llanos (1869-1925). Parte de su obra podría sintetizar esta experiencia de tránsito por la Zona Central. Si bien se trata de una visión o representación personal y adscrita a un solo formato, pienso que la posición canónica del artista dentro de la historia de la pintura chilena y su talento indiscutible particularizan una experiencia tal vez vivida por todos, aceptada por todos o imaginada por todos y que, además, permanece a lo largo del tiempo. Es como si Alfredo Valenzuela Llanos nos hubiese enseñado a mirar el Valle Central, el Secano Costero y la relación entre ambos. Y en esa enseñanza, aun permanecemos. En términos de Alain Roger<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, el paisaje de la Zona Central se ha producido cuando reconocemos en él la pintura del maestro.</p>
<p>A partir de la propuesta de Armando Lira, el estudioso Carlos Maldonado divide cronológicamente la producción pictórica de Valenzuela Llanos en tres periodos. Los dos últimos podrían iluminar la mirada del artista con respecto a la relación paisajística entre el Valle Central y el secano costero. Si se me permite cierta simplificación, podríamos indicar que, en el segundo periodo, se tiende a representar el Valle Central a la sombra de la cordillera de los Andes, dando lugar a contrastes intensificados de luces y sombras, a una mayor estilización de las formas trazadas por el dibujo y a una gama cromática que tenderá a los colores más bien fríos. Durante el tercer y último periodo (1913-19229), Valenzuela Llanos visitará durante los veranos la zona de Lolol, puesto que la familia de su esposa es dueña del fundo El Portezuelo. La comuna de Lolol, ubicada en la Provincia de Colchagua, sexta región, era hasta no hace mucho tiempo un ejemplo de lo que es el rulo costero. El pueblo principal del mismo nombre está ubica a 43,7 kilómetros del mar si es que uno toma el camino que lleva a Paredones y, posteriormente, a Bucalemu. Actualmente, la extracción de agua a través de pozos profundos ha permitido una actividad agrícola diferente a la de hace más o menos cuarenta años atrás. Las plantaciones de olivos y ciruelos se han expandido al igual que algunas viñas. Alfredo Valenzuela Llanos pintó un Lolol diferente al de hoy. Sin embargo, esas representaciones pictóricas coinciden como lo imaginamos y proyectamos, aunque un visitante reconozca en estos días campos más verdes, pero, de todos modos, diferentes a los del Valle Central.</p>
<p>Con el objetivo de identificar algunas características que Valenzuela Llanos le otorga pictóricamente al Valle Central, propongo revisar dos obras de su segundo periodo: <em>Primavera en Lo Contador</em> y <em>Hora Solemne</em>.</p>
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1756" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.png" alt="4" width="660" height="357" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;"><em>Primavera en Lo Contador</em> de Alfredo Valenzuela Llanos. 1908. Óleo sobre tela. Colección Club de la Unión</h6>
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<p>Según Carlos Maldonado, <em>Primavera en Lo Contador</em> «cuenta con “un mayor sentido recreador, ordenador y jerarquizador que en sus obras parisinas». En efecto, según mi modo de ver, la horizontalidad esquematiza el cuadro en tres planos. El primero correspone al suelo desnudo donde vemos al costado derecho una superfice cafesosa (tierra o pasto quemado por las heladas) y, al izquierdo, hierba y algunas pencas en brotación. Aquí la verticalidad está dada por una flor seca de penca de la temporada pasada que ha resistido la humedad y los vientos del invierno. El segundo plano es principalmente arbóreo y, en términos de profundidad, se divide a su vez en dos. Los frutales, el rancho, el gran árbol desnudo de follaje y luego otro árbol menor con hojas y con más de un tronco, componen la primera parte. El siguiente plano que se sitúa un poco más al fondo da cuenta, en el extremo izquierdo, de las copas de árboles de follaje espeso y luego el techo de la humilde construcción para continuar con más figuración arbórea. Finalmente, el cielo celeste y algunas nubes pequeñas son parte del tercer y último plano. La profundida y sus planos mantienen un orden que solo es alterado con las altas ramas del árbol caduco, las cuales se ubican sobre los suelos del primer plano. Los troncos de los árboles en general generan los efectos de verticalidad. Por último el luminoso frutal en flor ocupa el centro de la composición. Es interesante notar que el orden del paisaje podría ser asociado al orden tradicional adjudicado al Valle Central. No obstante, razón tiene Carlos Maldonado al indicar que tal orden paisjístico está dado por la composición del artista y no por la disposición real de los elementos naturales, aunque se trate de algo que podría ser más o menos una granja: «Pese a esta sabia ordenación, el efecto total no escapa a cierto caotismo. Si imagináramos una lucha entre las leyes naturales y las estéticas, convendríamos que aún vencen las primeras a las segundas».</p>
<p>En esta pintura, la luz fría de finales de invierno dibuja el contorno de las cosas e ilumnina el pasiaje, otorgándole nitidez, alegría, cierta liviandad. La claridad transforma el campo en realidad unívoca y si algo llega a borronearse ante nuestros ojos se debe al punto de vista algo distante del observador. Se trata, en efecto, de Lo Contador, lugar ubicado en el Valle del Mapocho, cercano al centro de Santiago. Es cierto que el orden no está dado por la intervención agríciola que tiende a geometrizar los espacios, pero el poder de la luz dosificada destierra el caos.</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/3.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1755" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/3.png" alt="3" width="672" height="416" /></a></p>
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<h6 style="text-align: center;"><em>Hora Solemne</em>. Alberto Valenzuela Llanos. 1908. Óleo sobre tela. Colección Club de la Unión</h6>
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<p><em>Hora solemne</em> comparte con el cuadro anteriormente mencionado la ausencia de dramatismo. Si bien Carlos Maldonado ha advertido intensificación del claroscuro, las luces y sombras luchan, en <em>Primevera en Lo Contador</em>, sobre diferentes partes de la superficie del pasiaje, sin atentar con la cotidianidad de una escena dada por el caminar de la mujer que, dándonos la espalda, camina hacia la casa. <em>Hora solemne</em>, por su parte, divide el paisaje en dos a través de una diagonal dada por la ladera derecha de la loma que tapa en parte la visión de los Andes. La luz reina entonces sobre el «triángulo» del costado superior derecho del cuadro, mientras que la sombra cunde en el resto. Aquí es solo una la superficie oscurecida contra una única superficie iluminada por el final de un día. Pese al volumen y a la extensión tanto de la zona oscurecida como de la iluminada, el crepúsculo transmite una serenidad lejana al dramático <em>chiaroscuro</em>. Destaco en esta obra una mayor difuminación de los contornos adjudicable por cierto al momento que sintetiza la dialéctica del día y de la noche. La luna otorga aun una mayor solemnidad y grandiosidad a este pasiaje más bien panorámico de un valle que se gesta a los pies de una cordillera nevada y rosada por efecto de los rayos del sol que le caen ya horizontalmente. Aquí el valle tampoco se define por un orden agríciola como sí lo hizo muchos años antes en el paisaje fundacional de Ciccarelli <em>El valle de Santiago visto desde Peñalolén</em> (1853). El orden es más bien emotivo, puesto que ya al terminar el día, se tiene la sensación de que todo se ha realizado y cada cosa está en su lugar: el río, las piedras, los matorrales, la casa junto a sus álamos y bosques espesos amparados por una única cordillera cuya interrupción, efecto del cerro y de los álamos, es solo momentánea, puesto que su masa rosada termina en el extremo izquierdo del soporte. Por su efecto de serenidad, <em>Hora solemene</em> es un pasiaje que captura un instante casi ritual: la escenificación de un acontecimiento ―el atardecer― que es previamente relatado en la medida que se le espera durante la jornada.</p>
<p>Del tercer periodo (1913-1922), quisiera revisitar las pinturas: <em>Casas en Portezuelo, Lolol</em> y <em>Paisaje de Lolol</em>, dos obras en las que el secano costero en representado en todo su esplendor.</p>
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<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/2.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1754" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/2.png" alt="2" width="737" height="576" /></a></p>
<h6 style="text-align: center;"><em>Casas de Portezuelo, Lolol.</em> Alberto Valenzuela Llanos. 1917. Óleo sobre tela y cartón. Colección particular</h6>
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<p>Según Carlos Maldonado, el tercer periodo se caracteriza por una mayor presencia de zonas desnudas, por una economía de medios que depura las formas, una menor diversidad cromática y por la luz que permite captar fenómenos atmosféricos. Con respecto a esta última particularidad, Alberto Valenzuela Llanos se adscribe a una muy larga tradición pictórica del pasiaje. En efecto, según Madruelo, el pasiaje holandés, principalmente a partir del siglo xvii, se caracteriza no solo por la representación de elementos permanentes o relativamente permanentes como, por ejemplo, rocas y árboles, sino por la captura de los efectos de la luz natural:</p>
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<p>No bastaba ya con colocar unos prados aquí, unos árboles allá y unas rocas al fondo, utilizando los esquemas convencionales en los que se apoyaba la pintura flamenca del siglo XVI, era necesario llegar a conseguir unas cualidades de «espacialidad» e «ilumnicación» que definieran un nuevo concepto que llamamos «atmósfera», que consiguieron los pintotes de la siguiente generación cuando lograron mostrar los sutiles fenómenos que provoca la luz al atravesar la niebla, o la sensación de humedad que permanece en el aire tras la lluvia.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></p>
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<p>Algo similar indicó Armando Lira con respecto al paisaje del maestro chileno: «Su pupila se torna más aguda para la observación y el análisis de los fenómenos luminosos y atmosféricos (. . .) El pasaie, por consiguiente, no es otra cosa que una serie de resonancias cromáticas sujetas a la acción de la luz».</p>
<p>En <em>Casas de Portezuelo, Lolol</em>, el tono del cielo ya no se distingue tanto de la superfie de los cerros y de los pastizales; ya sea por la luna que sale o el sol que se esconde, el blanco de las nubes y el azul del cielo han sido reemplazados por una homegeneidad rosa propia del crepúsculo. El verdor de lo espinos que pueblan densamente las planicies, o bajos, contrasta con los cerros predominantemente amarillos. Este crepúsculo, que determina el pasisaje algo abochornado del rulo, genera cierta indistinción de las formas. La mancha muy cargada de óleo atenta con las fronteras que el dibujo marcaba en el perido anterior. Los espinos pierden su confección de filigrana y entonces el efecto de compacta unidad es asombroso. No podemos extraer ni tan solo una hebra de pasto del cuadro. De lo contrarrio el cuadro comenzaría a desarmarse o a sangrar.</p>
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<p style="text-align: center;"><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/1.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1753" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/1.png" alt="1" width="703" height="500" /></a></p>
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<h6 style="text-align: center;"><em>Paisaje de Lolol.</em> Alberto Valenzuela Llanos .Sin fecha. Óleo sobre tela. Colección Pinacoteca Universidad de Concepción</h6>
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<p>En <em>Paisaje de Lolol</em>, junto con repetirse algunas características de la pintura recién comentada, apreciamos sombras verdes. De este modo, el contraste cromático se suaviza y aumenta una sensación de calor. Es como si el cielo estuviese abochornado y la sombra producida por cada árbol perdiera su intensidad. Todo el pasiaje yace bajo una luz que agota nuestros ojos, incapaces ya de percibir las cosas por separado unas de las otras. Es posible entonces sotener cierta impertiencia en la presencia de la caminante y del niño que la acompaña, ambos vestdos elegantemente de blanco. Dispuestos más bien para un paseo burgués, ambos se compenetran con el rulo, pese a la blancura de los géneros.</p>
<p>¿Qué nos dice entonces el arte sobre la Zona Central? Desde luego, nos recuerda su complejidad y diversidad. Y de paso, nos permite reconocerla, aprender de los diferentes estares que nos posibilita, amarla y proyectar una futura intervención, respetando y acoplando la imaginación de nuestros patrimonios culturales y naturales.</p>
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<p><strong>Notas</strong></p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> El término «Zona Central» fue establecido por la Corporación del Fomento de la Producción (Corfo) en el año 1950 al dividir Chile en cinco regiones naturales. Sus límites son el río Aconcagua y el río Biobío, por el norte y el sur, respectivamente. Para Alberto García-Huidobro y Andrés Maragaño, el valle central es descrito de la siguiente manera: «Este territorio es un valle de 400 kilómetros de largo, y está limitado por dos aglomeraciones que demuestran una base económica más diversificada, como lo son Santiago y Concepción. A partir de sus propias dinámicas y jerarquía en el sistema nacional, podrían bien servir de límites para una estructura territorial más bien homogénea: con un sistema de ciudades de tamaños y jerarquía similares, un territorio con rasgos geográficos compartidos y, finalmente, una productividad similar, la cual es intensiva y especializada en recursos naturales. En definitiva, estamos ante un área «suprarregional» (vi, vii y parte de la viii Región, provincia de Nuble), donde los principales centros poblados que vertebra este territorio tienen entre 30.000 a 200.000 habitantes por ciudad y conforman un corredor central, conectados a la más importante infraestructura chilena, la ruta 5CH (panamericana sur)». Humberto Fuenzalida Villegas también indica lo siguiente con respecto al Valle Central: «Proponemos designar con el nombre de Valle Central a la porción del valle longitudinal que corresponde a esta región. Es aquí donde el establecimiento del hombre europeo se hizo más temprano y donde una forma orográfica reúne una serie de excelsitudes que han hecho de ella el núcleo de la nacionalidad. Esta porción se extiende entre el cordón de Chacabuco y el río Biobío. Más al sur, modificaciones importantes en la morfología de la depresión hacen necesario diferenciarla».</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Gabriela Mistral, en su himno «Cordillera» de <em>Tala</em>, expresa: «Caminas, madre, sin rodillas, / dura de ímpetu y confianza; / con tus siete pueblos caminas / en tus faldas acigüeñadas».</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Donoso, José. «Blancas cosechas de Cahuil». <em>Ercilla </em>(1963).259</p>
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<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Donoso, José. «Algo sobre jardines». <em>Artículos de incierta necesidad </em>(1998).130</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> El Sociólogo Manuel Canales utiliza el término en su artículo titulado «De la metropolización a las agrópolis. El nuevo poblamiento urbano en el Chile actual»<strong>: </strong>«El tradicional modelo de desarrollo urbano-metropolitano, ha sido sustituido por un modelo de desarrollo agropolitano, el cual ya no se sustenta en el crecimiento y metropolización del país, sino en el crecimiento de un amplio abanico de ciudades agrarias».</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Alian Roger<em>. Breve tratado del paisaje</em>. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Maderuelo, Javier. <em>Jacob van Ruisdael. El pasiaje holandés</em>. España: Abada, 2021. 57-8</p>
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<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>Allamand, Ana Francisca. <em>Alberto Valenzuela llanos. Visión entrañable del mundo rural. </em>Santiago: Origo, 2008.</p>
<p>Canales, Manuel. <strong>«</strong>De la metropolización a las agrópolis: El nuevo poblamiento urbano en el Chile actual». <em>Polis </em>12.34 (2013): 31-56.</p>
<p><a href="https://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682013000100003">https://dx.doi.org/10.4067/S0718-65682013000100003</a></p>
<p>Donoso, José. “Algo sobre jardines”. <em>Artículos de incierta necesidad</em>. Santiago: Alfaguara, 129-137.</p>
<p>&#8211; &#8211; -. “Blancas cosechas de Cahuil”. <em>José Donoso. El escribidor intruso</em>. Editora Cecilia García-</p>
<p>Huidobro. Santiago: Ediciones Universidad Diego Portales, 2004. 259-64.</p>
<p>Fuenzalida Villegas, Humberto. «Capítulo 2: Orografía». <em>Geografía Económica de </em><em>Chile. Corfo.</em> Editor Rafael Sagredo. Santiago: Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 29-71.</p>
<p>García-Huidobro, Alberto y Andrés Maragaño. «La vertebración territorial en regiones de  alta especialización: Valle Central de Chile Alcances para el desarrollo de zonas rezagadas en torno a los recursos naturales». <em>EURE</em> 36.107 (2010): 49-65.</p>
<p>Maderuelo, Javier. <em>Jacob van Ruisdael. El pasiaje holandés</em>. España: Abada, 2021.</p>
<p>Maldonado, Carlos. <em>Valenzuela Llanos. Cuando la poesía se hace imagen</em>. Santiago: Ministerio de Educación. Departamento de Cultura y Publicaciones, 1972.</p>
<p>Maino, Pedro. «La conquista de la luz – Exposición retrospectiva de Alberto Valenzuela  Llanos».</p>
<p><a href="https://red-cultural.cl/la-conquista-de-la-luz-exposicion-retrospectiva-de-%20%20alberto-%20%20%20valenzuela-llano%20s/">https://red-cultural.cl/la-conquista-de-la-luz-exposicion-retrospectiva-de-  alberto-   valenzuela-llano s/</a> Visitado el 30 de noviembre de 2023.</p>
<p>Sepúlveda, Alberto. «La formación del Estado nacional en Chile». <em>Relaciones Internacionales 20.40 (2018): 281-295.</em></p>
<p><em> </em>Verdugo, Mario. <em>Curepto es mi concepto. Ensayos sobre literatura y territorio</em>. Santiago: Overol , 2022.</p>
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]]></content:encoded>
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		<title>Por un wéstern chileno</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 16:58:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ensayos]]></category>

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		<description><![CDATA[Por  Simón Soto &#160; &#160; 1 &#160; El precedente ineludible para comprender cómo ha sido la evolución del wéstern en nuestra literatura, es la antología Diez cuentos de bandidos [1] realizada por Enrique Lihn, en 1972, para editorial Quimantú. Vamos a hablar de wéstern, específicamente de wéstern chileno, y ensayaremos la posibilidad de entenderlo como un subgénero autónomo en nuestra [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por  Simón Soto</p>
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<p>El precedente ineludible para comprender cómo ha sido la evolución del wéstern en nuestra literatura, es la antología <em>Diez cuentos de bandidos <a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a> </em>realizada por Enrique Lihn, en 1972, para editorial Quimantú.</p>
<p>Vamos a hablar de wéstern, específicamente de wéstern chileno, y ensayaremos la posibilidad de entenderlo como un subgénero autónomo en nuestra literatura. Uno acotado, con pocos exponentes. Pocos, pero virtuosos.</p>
<p>En la denominación o catalogación del wéstern como subgénero va a pesar antes la calidad literaria que el mercado. Esto es relevante para lo que vendrá a continuación.</p>
<p>En 1972 se reúnen los textos (dispersos, todos escritos durante la primera mitad del siglo xx) que constituyen la matriz para esta subforma narrativa en nuestra tradición. Existen escasos relatos y novelas que abracen sin pudor la matriz del wéstern, que se entreguen a ella con todos sus condicionantes, sin abandonar calidad literaria, es decir, sin sacrificar lenguaje, estructura, complejidad en tono y hondura en personajes. Pienso que ese ciclo, el de nuestro wéstern, de alguna manera, se completa con la publicación de <em>Tríptico del Secano </em>(2021), novela en tres partes de Antonio Gil. Y a su vez, <em>Tríptico… </em>completa un ciclo narrativo que Gil arranca en su primera novela, <em>Hijo de mí</em> (1992), que leída bajo la óptica de <em>Tríptico…</em>, aparece como un wéstern existencial, donde un Diego de Almagro en decadencia y abandono se aferra a sus gestas pasadas, en la víspera de su propio fin.</p>
<p>Pero estábamos hablando de Lihn y su antología para Quimantú. Más allá de la resonancia simbólica (la editorial popular del gobierno de Allende, proyecto cultural emblemático de la up, punta de lanza para ilustrar al proletariado chileno de los setenta), lo relevante es que allí, en ese libro, Lihn toma consciencia de la contundente y robusta creación literaria en nuestro país con respecto al tema del crimen en los espacios rurales. Se enfoca y ensaya un canon de una literatura que toma por personajes a víctimas y victimarios del crimen, tanto en la provincia como en los confines más alejados de la urbanización. Crímenes que ocurren en espacios distantes de la organización en torno al Estado y a los dispositivos que este utiliza para prevenir, perseguir y castigar las diversas manifestaciones del delito. Una tierra salvaje, incierta, azarosa, entregada a las pulsiones y a las pasiones de los hombres y mujeres que habitan o simplemente atraviesan esos espacios de la provincia.</p>
<p>Para el tema que aquí abordo, no es cualquier provincia, sino que principalmente el Valle Central, el secano costero y el valle próximo al secano. En ese espacio tan característico y reconocible del país, ocurren los hechos narrados por Antonio Gil en <em>Tríptico del Secano</em>, novela ambientada en 1886, previo y posterior a la elección presidencial en la cual fue candidato único José Manuel Balmaceda, electo Presidente de la república.</p>
<h6 style="text-align: center;"> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/motel.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1773" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/motel-1024x683.jpg" alt="motel" width="676" height="451" /></a>                                                                                                                                                                                                        © Jacqueline Staforelli</h6>
<p style="text-align: center;">2</p>
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<p>No vamos a hablar solo de la antología <em>Diez cuentos de bandidos </em>ni solo de las obras de Antonio Gil. También sumaremos a un autor capital, desde mi punto de vista, de la literatura wéstern contemporánea en Chile: José Miguel Martínez, autor de <em>Hombres del sur</em> (2015) y <em>Tríptico de Granola </em>(2020) entre otros libros, todos con una fuerte influencia de los subgéneros habituales del <em>pulp</em> norteamericano: el mentado wéstern, el policial, la ciencia ficción.</p>
<p>También abordaremos el fenómeno de las «editoriales de autopublicación», un modelo de negocio donde escritores pagan por imprimir sus libros, ausente cualquier proceso de selección editorial, sin edición tampoco, ni distribución. Los volúmenes, en manos de los clientes, dependerán de la astucia y la pericia en el uso de las redes sociales, donde se comunica la existencia de aquellos libros. Pienso a Gil y a Martínez como escritores enfrentados a la estandarización que representan las editoriales de autopublicación. A Gil y Martínez les importa, ante todo, el estilo, o <em>ese algo inexplicable</em> que diferencia a la escritura literaria de cualquier otra forma de comunicación escrita.</p>
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<p style="text-align: center;">3</p>
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<p>Ensayar un wéstern chileno, con obras que trasciendan el folletín, el <em>far west</em>, como lo llama despectivamente Lihn en su texto introductorio. Es importante esta aclaración: Lihn bordea la conexión con el wéstern, tantea aproximaciones, busca referentes en la ficción escrita, pero no se anima a entrar de lleno en la clasificación. «Las historias del <em>far west</em>, un desafío a la verosimilitud», escribe. Pareciera que la excepcionalidad de los héroes vaqueros de las películas tecnicolor, sus destrezas exageradas, su humanidad muchas veces plana y el cuasi absurdo en la positiva resolución de los conflictos enfrentados, eran considerados como agravantes narrativos. Sin embargo, hacía muchos años que el wéstern había crecido artísticamente en el cine, también en novelas y relatos que poseían un grado de sofisticación distante al estándar en este tipo de narración. Pienso en Jim Harrison, en Elmore Leonard, en Edward Abbey, y en el más grande de todos, el que vino a cambiar las cosas, Cormac McCarthy.</p>
<p>Decía que Enrique Lihn veía con desconfianza y desdén al wéstern como subgénero con posibilidades de espesor literario. <em>Bonanza</em>, <em>El gran Chaparral</em>, entre otras series televisivas, conservadoras, moralizantes, grabadas en un continuo día soleado, con estructuras narrativas de una obviedad y precisión exasperantes, todo aquello que era transmitido por la televisión y a través de programas rotativos en los cines, sumado a las novelas baratas de folletín (muchas se vendían en quioscos), convertían, a ojos del antologador, al wéstern en una forma menor. Por eso él marca la diferencia.</p>
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<p><em>Diez cuentos de bandidos </em>es un corpus conformado por cuentos escritos, principalmente, en la primera mitad del siglo pasado. Los autores antologados son los siguientes: Baldomero Lillo, Olegario Lazo Baeza, Rafael Maluenda, Fernando Santiván, Mariano Latorre, Víctor Domingo Silva, Luis Durand, Manuel Rojas, Oscar Castro y Guillermo Blanco. Curiosamente, aunque lo menciona con entusiasmo y admiración en el prólogo, Lihn no consideró a Francisco Coloane, pese a ser no solo un cuentista eximio (esto, lo expresa sin medias tintas), también sus temas están relacionados al crimen, a la vida salvaje, a la tensión imposible entre civilización y naturaleza (por mencionar solo un ejemplo que demuestra su notabilísimo manejo como narrador utilizando estos temas: el relato «Cabo de hornos» (1941)). Intuyo que su omisión tiene relación con el mar y la lejana Patagonia, frente al espacio recurrente de los cuentos de la antología: la mencionada provincia, el secano, la precordillera y la cordillera misma, los valles centrales.</p>
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<p>Quiero hacer mi propia selección, mis favoritos dentro del libro, no solo por sus cualidades, también porque son los que se conectan de forma más directa y orgánica con el trabajo de Antonio Gil (y particularmente con las dos novelas aquí abordadas). Es difícil establecer jerarquías, pero los siguientes me parecen no solo excelentes exponentes del cuento como género, también los que mejor consiguen aunar las características propias del wéstern: «Los dos» (1908), de Rafael Maluenda; «El aspado» (1912), de Mariano Latorre; «El bonete maulino» (1926), de Manuel Rojas y «El último disparo del Negro Chaves» (1942), de Oscar Castro. Todos estos relatos reflejan con fidelidad el estilo de sus autores. Es decir, son muy distintos entre sí, pero poseen las variables tan caras al género sobre el cual reflexionamos: el espacio natural agreste, el enfrentamiento de hombres reñidos con la ética contra la sociedad que teme de ellos, el deseo (latente o ejecutado) de vivir bajo códigos propios, civilización y barbarie, emponchados a caballo, descarga de pistola y fusil.</p>
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<p>En «Los dos», Maluenda enfrenta a un viejo y mítico bandido, retirado de las correrías, contra un joven que hace sus primeras armas en el mundo del crimen rural. El primero, empujado por una vocación a la cual jamás se puede renunciar (el crimen, en este sentido, se parece mucho a la literatura como forma de vida), es desafiado por el segundo, quien movido por la ambición, la soberbia y también la admiración hacia el viejo rufián, ha viajado una distancia que suponemos extensa, solo para probarse frente al que supone el mejor de los de su especie. ¿Dónde están? En alguna localidad de la zona central, al sur de  Rancagua, previa a Talca, tal vez. Hace calor y el camino de tierra arde, pero cerca hay árboles que dan sombra y al amparo de la cual es posible descansar y vivir. Como en ningún otro relato de la selección, aparece una masculinidad fiera, tosca, de contornos durísimos, a ratos ilegible como comportamiento a los ojos del presente, pero frágil bajo la capa gruesa; al fondo de cada uno de los personajes en pugna se intuyen dolores y anhelos que los vuelven poderosamente humanos.</p>
<p>Aquí está no solo el escenario físico medioambiental hermanado con el de <em>Tríptico del Secano</em>, también el cuidadoso detalle de las capacidades y talentos de los beligerantes: uso del rebenque para enfrentar al contrario, cuchillos y corvos en crudo encuentro. El jinete, a quien solo al comienzo el narrador identifica con su nombre, José Manuel Silva, pertenece a la estirpe de forajidos virtuosos, virtuosos en el sentido de poseer «dones» trabajados a través del oficio (cuchillo, equitación, armas de fuego, hurto, entre otras). Estas capacidades, de mayor excelencia que el común de los bandidos de campo, los hacen merecedores del protagonismo narrativo, y les permite sobrevivir a la enorme adversidad que encuentran en el devenir del relato.</p>
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<p><em>«</em>El aspado<em>»</em>, de Mariano Latorre (quizás donde alcanzó una de sus cumbres como cuentista), narra la historia de un hombre sumido en las culpas criminales, herido de gravedad, que busca desesperadamente la redención. Aunque no se parecen en términos de estilo, tanto Gil como Latorre son dueños absolutos de sus recursos, nada queda al azar en sus páginas, al punto que ninguno permite desvíos azarosos en su prosa. Cada variación en la sintaxis tiene un sentido, un objetivo preciso. Todo está allí para dar cuenta del espacio natural, del entorno social, de las asperezas de la provincia. También hay un sentido esotérico en ambos textos: el aspado, que desea cargar con la cruz de Cristo en la ceremonia del pueblo donde intenta recuperarse; en <em>Tríptico…</em>, es el propio lenguaje el que evoca al hado, a la manera del De Rokha de <em>Los Gemidos </em>(1922) o de  <em>Idioma del mundo </em>(1958), por mencionar dos ejemplos donde lo inmaterial y las fuerzas desconocidas e invisibles de la naturaleza ejercen un poderoso influjo en la narración, manifestándose a fuerza de palabras y puntuación.</p>
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<p>«El bonete maulino» debe ser el cuento más conocido, no solo entre los de mi selección personal, sino de los diez antologados por Lihn. Además de la amplia notoriedad que posee Manuel Rojas como escritor en Chile, este relato ejecuta una jugada estructural que lo desmarca de inmediato de los nueve textos restantes. El artefacto («el bonete» del título) es el elemento unificador de las dos tramas narradas. Se trata no de dos hitos hilados dramáticamente, sino de relatos paralelos que espejean en torno al objeto mítico, poseedor, quizás, de una fuerza sobrenatural para impregnar al usuario de la fuerza y el carácter necesarios para ejercer el crimen. Esta, por supuesto, es solo una interpretación arrojadiza.</p>
<p>¿Dónde se encuentran Gil y Rojas? Al igual que con Latorre, Gil y Rojas tienen en común la calidad prosística y la originalidad que sus respectivos estilos (distintos entre sí, por supuesto) provocan en el material narrativo.</p>
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<p>«El último disparo del Negro Chaves», de Oscar Castro, es tal vez el más arquetípico de los cuatro relatos que he seleccionado, y también el que se emparenta con mayor propiedad con el realismo naturalista practicado por tanto narrador nuestro en la primera mitad del siglo. Gesta a escala pequeña, pero no por eso menos relevante, <em>El último disparo… </em>arranca con la historia del personaje expuesto al modo de una leyenda, un bandolero cuasi espectral, capaz de inspirar al inquilinaje y provocar ira y temor en los patrones y en la autoridad policial. Luego, el cuento cambia sutilmente de registro, para calibrar desde la fábula popular hacia el plano de la realidad campestre, donde al lector se le corrobora que la historia trágica de Chaves (el abuso brutal de la policía hacia el trabajador humilde que fue el Negro antes de convertirse en bandido) es verdadera. A partir de ese punto, acompañamos a Chaves en su tenso contrarreloj para enfrentarse con el sargento Gatica, hombre sórdido, el último que le falta para vengar la injusticia del pasado, símbolo de la miseria patriarcal ejercida por la precaria estructura estatal imperante en la provincia. La tensión entre los representantes de las diversas manifestaciones de los poderes fácticos y los sujetos anónimos es el centro dramático de <em>«El último disparo del Negro Chaves».</em></p>
<p>En <em>Tríptico… </em>ocurre algo semejante. La novela también comparte esta articulación simbólica: las fuerzas en pugna están en veredas opuestas. Unos ostentan el privilegio del dinero o de la autoridad religiosa (los hermanos Clavel: Napoleón, terrateniente; y Agapito, Obispo); los otros, al margen de la ley y de la sociedad, sobreviven y transitan por el secano para encontrar sustento. Este enfrentamiento nunca es azaroso ni fuerza adrede a los personajes para acercarse a tópicos reconocibles. Quiero decir que nunca resulta cliché. Todo lo que ocurre tiene sentido y fondo. Es reconocible y a la vez posee un desvío, una particularidad, algo único que quiebra lo esperable, lo habitual.</p>
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<p>Hablemos, entonces, de <em>Tríptico del Secano</em>. Para abordarlo quiero hablar de wéstern en Chile; de <em>Hijo de mí</em>, novela que prefigura la narración que Antonio Gil realiza en <em>Tríptico…</em>; también de la obra del escritor José Miguel Martínez, tal vez uno de los pocos ― agregaría, también, a otro narrador de gran talento que está explorando nuestro subgénero: Mike Wilson, autor de <em>Leñador </em>(2019) y <em>Dios duerme en la piedra </em>(2023— que califica, desde mi perspectiva, junto a Gil, en la producción literaria de wéstern chileno. Ambos (Gil y Martínez) lo hacen de forma consciente, tocando los tópicos que constituyen el mentado subgénero, explorando las superficies —por favor, que no se entienda esta palabra de manera peyorativa, al contrario, cuando digo <em>superficies</em> hablo de la complejidad que compete diseñar un relato en las expuestas asperezas de un arquetipo—, dotándolas de especificidad, condenados ambos —afortunadamente— a ciertas características de la idiosincrasia de Chile, a los espacios físicos y morales que se han gestado en los doscientos trece años de república chilena, escribiendo de sus pillos (herederos de los empleados de la corona española, rufianes emprendedores que vinieron a hacerse nombre y fortuna a la tierra nueva y se mezclaron con la indiada del reyno) y de las fuerzas que intentan frenarlos o quienes, sencillamente, quedan entre el fuego enemigo, a merced de la violencia, de los entuertos organizados por los sinvergüenzas que en toda época son capaces de engañar a quien se le ponga por delante.</p>
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<p style="text-align: center;">6</p>
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<p>En la obra de Antonio Gil la política es importante, incluso muchas veces es un engranaje en los designios de la trama, pero jamás resulta un tópico majadero, obvio, grueso. Al contrario, todo se estructura con tal sutileza, que el contexto político funciona como un ruido de fondo, un escenario inmaterial que dialoga y tensa al escenario natural de la novela (me refiero a los espacios abiertos y los cerros áridos del secano). Como una sombra angustiante e inevitable (como funcionaba el destino para los antiguos griegos), leemos este trasfondo político (la presidencia de Balmaceda, el trayecto hacia la guerra civil, la violencia y los buques desplazándose por las costas chilenas el 91) como un correlato de las desventuras del jinete enfrentado a sus enemigos. Esto es importante porque, pienso, la literatura como arte está siempre tensionada por la política. Es una guerra donde se enfrentan literatura y política. Estos son los contendores y el fuego cruzado es siempre inevitable y uno de los bandos va a perder y el otro va a triunfar, indefectiblemente. Los escritores débiles permiten que esta tensión se descomprima. Cuando gana la política obtenemos panfletos incendiarios sin ninguna relevancia ni calidad. Por el contrario, cuando el escritor timorato simplemente silencia a la política, haciendo oídos sordos al rumor incesante de esta última, entonces ocurre exactamente lo temido: el enemigo irrumpe con sus huestes en el territorio de la literatura y arrasa con todo el relato. Los escritores hábiles comprenden que la guerra es ineludible, y que la única oportunidad que tiene la literatura de salir victoriosa es vencer a la política, doblegándola y ocupando sus territorios. Esto logra Gil. Me atrevería a decir que sus ejércitos son su sintaxis y su forma de leer el pasado. Así es como consigue conquistar el territorio de la política en favor de la literatura.</p>
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<p style="text-align: center;">7</p>
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<p>José Miguel Martínez ha explorado el crimen en múltiples variantes. Su imaginario se carga hacia el policial y hacia el wéstern indistintamente. Escribe sobre detectives con vidas malditas y criminales enloquecidos, entre estos, una de sus creaciones inolvidables, el gordo Granola, hábil pistolero. Su primer libro es un compendio de relatos <em>noir</em> bajo el imaginario del wéstern y se llama <em>El diablo en Punitaqui</em> (2012). Su segundo libro, la novela <em>Hombres al sur </em>(título de bellas resonancias manuelrojianas), es un wéstern clásico y aterrador de notable ambición. Su tercer libro lleva por título <em>Tríptico de Granola </em>y es un wéstern crepuscular escrito bajo el imaginario de novela negra. Su cuarto libro, <em>Ceres </em>(2021) es una novela con forma de cuentos interconectados de ciencia ficción; bullen, como en una olla en cocción constante, los vapores del wéstern y del <em>noir</em> a partes iguales.</p>
<p>En Martínez hay vértigo y sus espacios van desde el norte chileno hasta el extremo austral. Pese a su militancia en los subgéneros antes mencionados, su escritura nunca resulta plana ni etérea (es decir, su consciencia de los territorios literarios en los cuales escribe no afecta la ambición de su prosa). Al contrario, le importa el lenguaje tanto como le importa a Gil (aunque en dimensiones distintas), y sitúa en la indescriptible configuración síquica chilena a sus personajes. En ese cruce (el subgénero, sumado a la particularidad que reconocemos nosotros, los lectores locales, y que a ojos foráneos se convierte en descubrimiento, en luminosa identidad) está la dimensión literaria de su obra.</p>
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<p style="text-align: center;">8</p>
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<p>Ocurre un fenómeno irónico en el presente. Las editoriales por pago han provocado el regreso de los folletines en forma de libros, más o menos extensos. Y no hay campo más fértil que el subgénero para que los dueños de estas editoriales ganen dinero, y crezca el pasquín como la mala hierba. Ciencia ficción, fantasía, policiales y, cómo no, <em>far west</em> (aquí nunca fue más apropiado el término utilizado como lo pensaba Enrique Lihn en el prólogo antes citado). El sistema de publicación es absolutamente justo: el que tiene dinero, publica un libro. No hay curatoría, tampoco edición. Con suerte, corrección ortográfica. El aspirante a escritor entrega un texto y paga la suma acordada. Escasa distribución, por supuesto. Se parece a la banda de rock amateur que financia un demo de los bolsillos de sus integrantes para satisfacción personal. Decenas (cientos, quizás) de novelas y volúmenes de cuentos idénticos en sus imaginarios, estandarizados en sus referentes, ausente cualquier esfuerzo por un estilo propio o tan solo una sintaxis distinta. No ocurre solo con los subgéneros, hay también editoriales que publican poesía, narrativa y ensayo. Algunos ejemplos: Mago Editores, Escritores.cl, Cuarto Propio (degradada en la última década, paulatinamente, a esta ignominia) y el ejemplo insigne para lo que nos convoca: Áurea Ediciones, quizás el emprendimiento más próspero de las editoriales por pago, y por ende, donde se publica en gran cantidad folletines. El problema es que utilizan el subgénero como una estrategia de mercado, para posicionar los libros que producen. El subgénero, para Áurea y otras similares, es únicamente un rótulo para enmarcar una estrategia de ventas y de publicidad. Sus autores no han sido capaces de subordinarse a la literatura, sino al ansia de ver impreso un libro de su autoría. Frente a la ausencia de rigor escritural, surge la idea de buscar en el mercado lo que no se encuentra en la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volvemos, entonces, a la reflexión de Enrique Lihn sobre el <em>far west</em> como género menor, y por otra parte, una literatura sobre bandidos chilenos y su medioambiente moral y físico. Llamémosle wéstern chileno, a secas. Pensemos en Diez cuentos de bandidos, en José Miguel Martínez, en Antonio Gil. También en Mike. Todos estos autores piensan, primero, en sus respectivos estilos, en el juego estructural, en las demarcaciones del súbgenero. Comprenden que, antes que en mercado, debe pensarse en literatura.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> En las ediciones sucesivas, en Editorial Sudamericana Chilena (2001) y en Fondo de Cultura Económica (2022), el título se modificó por <em>Relatos de Bandidos Chilenos</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Rural punk, realismo cuántico y el uso de la literatura blockchain</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 16:55:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ensayos]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Vladimir Rivera &#160; &#160; I &#160; El 31 de mayo de 2019 el tren que une Talca con Constitución desapareció por un día. Nadie en Corinto, séptima región, en el Chile profundo, lo pudo ver y los pasajeros se quedaron horas esperando. En el tren iban siete personas, entre ellos Antonia Lizama, quien años atrás había escrito un post [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por Vladimir Rivera</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El 31 de mayo de 2019 el tren que une Talca con Constitución desapareció por un día. Nadie en Corinto, séptima región, en el Chile profundo, lo pudo ver y los pasajeros se quedaron horas esperando. En el tren iban siete personas, entre ellos Antonia Lizama, quien años atrás había escrito un post contra Leandro Bermudez, este último de Constitución, pero que se había cambiado de casa en casa hace mucho tiempo. El post decía: «Bien desaparecido está el perro». El perro a quien refería Antonia era el padre de Leandro, un tal José Bermudez. Conan Doyle escribiría esta misma historia años ha, donde un tren desaparece. Fogwill, en el «Tren perdido de la medianoche» se imagina a soldados de la guerra que regresan en un tren fantasma. En <em>Noche y Niebla</em>, Alain Resnais mostraría los rieles que usaron los Nazis en Auschwitz. Los rieles son los mudos testigos del tren que exterminará a miles de seres humanos. En Mitre y Belgrano, el año 1977 desaparecieron 121 ferroviarios, los subían a trenes y no se les volvía a ver nunca más. En los Andes, alguien tuvo el sueño de construir un tren inca que uniría la Perú, Bolivia y Chile. En Sewell bajaban el mineral y los muertos en trenes. Los trenes de noche siempre traen algún muerto, pero este tren en particular había desaparecido de día.</p>
<p>Los túneles cuánticos tunelean la realidad. Es decir, hay ciertas ondas cuánticas que podrían, de pronto, intervenir. Fray Andresito era capaz de <em>tunelear</em> la realidad y podía cruzar las barreras del espacio tiempo. Por eso fue canonizado. Los santos, de alguna manera, aprendieron el secreto de la realidad.</p>
<p>La prensa hizo eco de la desaparición del tren. Algunos dijeron que el tren había atravesado la barrera cuántica, otros, que fueron unos árboles caídos. Los menos, que esto en realidad había ocurrido en otra realidad, en un libro escrito ya. Lo que sí, menos cierto, es cuando el tren apareció al final del día.</p>
<p>Leandro Bermúdez escribiría en un post de Facebook, que a veces se imaginaba que el tren traería de regreso a los desaparecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1771" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/4-1024x555.jpg" alt="4" width="676" height="366" /></a></p>
<p style="text-align: center;">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su libro <em>Historia alternativa inversa</em>, Francisco Encina, historiador chileno, ofrece una visión clara sobre las familias fundantes en Chile, entre ellas la familia Larraín. Dice el historiador, y aquí lo parafraseamos, que los Larraín llegaron a Chile no solo con la intención de ascender en la escala social mediante matrimonios estratégicos y alianzas políticas, sino como portadores de un idealismo profundo, buscando establecer una sociedad más equitativa. Este deseo fue desviado por eventos alterados, resultando en la percepción de que su ascenso fue impulsado únicamente por la ambición y el cálculo político.</p>
<p>Encina sugiere que su fortuna se basó en innovaciones agrícolas y comerciales destinadas a mejorar las condiciones de vida en Chile. Las prácticas cuestionables atribuidas a la familia son vistas como el resultado de manipulaciones en la línea de tiempo, distorsionando sus verdaderas intenciones y acciones.</p>
<p>Encina propone que, originalmente, se esforzaron por democratizar el acceso al poder y la representación, trabajando incansablemente para disolver las barreras entre las élites y las clases populares.</p>
<p>Más adelante, Encina sugiere que la relación entre los Larraín y la Iglesia, aunque íntima, estaba originalmente orientada a reformar la institución desde dentro, promoviendo una fe más inclusiva y progresista. Las intervenciones en la línea temporal tergiversaron esta relación como un simple mecanismo de influencia y poder.</p>
<p>Finalmente, Encina propone que  fueron pioneros en la lucha por la justicia social y la igualdad. La percepción de elitismo y desdén por las clases populares es, según esta interpretación, una distorsión deliberada de sus verdaderos valores y esfuerzos.</p>
<p>En su versión gótica, uno de ellos se transformaría en cazador de vampiros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Estados Unidos no creen en los santos. El crítico de cine y escritor argentino Ángel Faretta, decía que «la fantástica», o lo que entendemos por «la fantástica»,  depende del <em>ethos</em> con que se mire. Agrego: para un cristiano, la resurrección de Cristo es natural, pero para un anglo, raya en los sobrenatural. Para nosotros, como cultura latinoamericana, ver al diablo es parte de nuestro proceso de crecimiento, todos lo hemos visto alguna vez; lo mismo que no es anormal que tus muertos, de vez en cuando, te visiten. Eso es lo natural. « ¿Qué le pasa a su niño? Parece que le tiraron un mal. ¿Y usted sabe cómo sacarle eso? Una meica va a venir en la tarde». Acá, esta sería una conversación muy normal, pero que seguramente en New York considerarían <em>sobrenatural</em>.</p>
<p>Las mutaciones, en el contexto de la biología molecular, son cambios heredables en la secuencia de nucleótidos del adn de un organismo. Estos cambios pueden dar lugar a variaciones en la expresión génica que, a su vez, pueden producir nuevas características fenotípicas (citado de algunas fuentes que ya no recuerdo). Las mutaciones han conferido a los individuos capacidades que trascienden las explicaciones científicas convencionales, siendo estos individuos posteriormente venerados como santos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Apartado uno. Telepatía.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Postulamos que mutaciones en regiones específicas del adn pueden resultar en la amplificación de capacidades neuronales, permitiendo a ciertos individuos, como San Francisco de Asís, comunicarse con especies no humanas o transmitir mensajes a través de grandes distancias sin el uso de medios convencionales. Este fenómeno puede ser explicado por una hiperconectividad de las redes neuronales, potenciada por una mutación que mejora la sinapsis.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Apartado dos: Sanaciones.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En figuras como San Martín de Porres, observamos reportes de curaciones milagrosas. Sugerimos que mutaciones en los genes responsables de la regulación del sistema inmunitario podrían haber otorgado habilidades de curación acelerada, tanto en el propio individuo como en aquellos a los que extendían su toque, mediante mecanismos de señalización bioquímica avanzada no presentes en la población general.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Apartado tres. Resistencia.</strong></p>
<p>Santos como San Simeón el Estilita, quien permaneció años en una columna soportando extremas condiciones meteorológicas, podrían haber experimentado mutaciones que confieren una resistencia sobrehumana a la privación, el clima, y la fatiga. Estas mutaciones podrían afectar la regulación de genes involucrados en el metabolismo energético y la respuesta al estrés.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La evidencia de estas mutaciones proviene de análisis detallados de reliquias y escrituras antiguas, junto con reconstrucciones genéticas hipotéticas basadas en descripciones de las habilidades de estos santos. Experimentos recientes, realizados en entornos controlados que replican las condiciones descritas en las vidas de estos santos, han mostrado resultados preliminares que sugieren la posibilidad de replicar algunas de estas capacidades en sujetos con perfiles genéticos modificados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">IV</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El realismo mágico ha sido una piedra angular en la literatura latinoamericana, el tótem, para muchos la única literatura original de estos lados. El realismo mágico ha impregnando la narrativa con una atmósfera donde lo maravilloso se entrelaza con la cotidianidad. Macondo, Comala son el emblema de ese mundo. Maggie Ann Bowers, en su libro <em>Magic(al) Realism</em>, ofrece un análisis exhaustivo sobre cómo esta corriente literaria desdibuja las líneas entre lo real y lo fantástico, permitiendo que lo sobrenatural sea percibido como parte del mundo natural. Los autores del realismo mágico, como Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, utilizan estos elementos para realzar la percepción de la realidad, proponiendo una visión del mundo en la que lo extraordinario se manifiesta en el flujo de la vida diaria.</p>
<p>Por contraste, la ciencia ficción tradicionalmente se ha inclinado hacia la exploración de realidades alternativas a través del prisma de la ciencia y la tecnología. Esta distinción entre realismo mágico y ciencia ficción no es simplemente temática, sino que también refleja diferencias en el tratamiento del tiempo, el espacio y la plausibilidad dentro de la narrativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces, podríamos decir, con ánimo de categorizar que la mezcla entre el realismo mágico y la ciencia ficción se podría llamar rural punk.</p>
<p>El rural punk entonces se convierte en un terreno fértil para la experimentación literaria, donde los autores pueden explorar temas de modernidad, postcolonialismo, dictadura y globalización desde una perspectiva ecléctica y política. Sobre todo política. Los relatos pueden incorporar tecnologías futuristas o distópicas, pero siempre arraigadas en la realidad sociocultural de América Latina, una región donde el pasado y el presente coexisten de maneras complejas y a menudo contradictorias.</p>
<p>En este contexto, los escritores de rural punk tejen historias donde los chamanes utilizan smartphones para realizar rituales antiguos, o donde las inteligencias artificiales se infunden con psiquiatras que pueden curar el alma mediante bluetooth. Estos narradores continúan la tradición de sus predecesores al cuestionar la naturaleza de la realidad, pero lo hacen a través de una lente que también cuestiona las implicaciones de la tecnología y la globalización en sus sociedades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">V</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Amor criptoespiritual (paráfrasis a Byung-Chul Han usando ia)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Latinoamérica lo único que nos queda es la resistencia espiritual.</p>
<p>En la era de la conexión perpetua, el amor encuentra su refugio en la inmutabilidad del <em>blockchain</em>. Como si los sentimientos se criptografiaran, el amor criptoespiritual se convierte en un archivo permanente del alma, desafiando la temporalidad del afecto.</p>
<p>Las almas, en su danza digital, trascienden las barreras del espacio físico. Los rituales y ceremonias, codificados en bloques de eternidad, forjan una intimidad que rebasa los límites de la materia. La espiritualidad, en su nueva morada digital, halla un camino hacia la inmortalidad.</p>
<p>En un mundo donde todo se expone, el amor criptoespiritual celebra el secreto. Los códigos y mensajes encriptados son los susurros de los amantes, donde cada frase cifrada es un pacto de fidelidad al misterio del otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así como los árboles dejan sus anillos como testimonio del tiempo, el blockchain se convierte en el legado de amor eterno. Las promesas y momentos, eternizados en cadenas, ofrecen una herencia espiritual a las futuras generaciones, un testamento de amor inquebrantable.</p>
<p>El compromiso con la sostenibilidad y la justicia se entrelaza con el hilo dorado del afecto. El amor criptoespiritual es un acto subversivo, una rebelión contra la efimeridad del mundo moderno, uniendo a los amantes en una causa común por un futuro más justo.</p>
<p>Su amor, nacido en el éter digital y nutrido en el suelo fértil del blockchain, demuestra que la verdadera conexión desafía la distancia y el tiempo. En este nuevo templo del amor, encuentran un refugio para su pasión, un espacio donde lo sagrado y lo digital se funden.</p>
<p>La privacidad del amor es el único acto revolucionario en la era de transparencia.</p>
<p>El amor criptoespiritual no es una mera categoría de afecto, sino una evolución hacia una comprensión más profunda de la relación humana. Representa el amanecer de una era donde el amor, la tecnología y la espiritualidad se entrelazan, creando un tejido complejo de conexiones que redefine el significado de la intimidad.</p>
<p>A medida que nos adentramos en el laberinto digital del futuro, el amor criptoespiritual emerge como un faro, iluminando el camino hacia una nueva dimensión del ser. Es una invitación a explorar el infinito espacio de la conexión humana, una promesa de amor que trasciende las fronteras del mundo físico y digital.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VI</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un software salvaje que se alimenta de almas en penas; chasquis que memorizan el mundo antes que todo lo digital desaparezca, templos mayas que conectan con seres venidos de otra dimensión; vacas con profundas ventosas por donde convierten el metano en oxigeno mientras producen leche en las verdes praderas de Osorno; experimentos genéticos clandestinos en la Plaza Garibaldi; cazadores de adn en el Mato Grosso; El Caleuche a la deriva con miles de infectados de un virus creado en un laboratorio en Lima. La ciencia ficción que alguna vez imaginamos nunca llegó a Latinoamérica o si llegó fue made in Macondo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VII</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Europa no te van a desaparecer chuchetumadre, nos va a vivir en zonas de sacrificio, allá no te van a matar por machismo, allá la policía no te saca los ojos con balines, allá si te pillan robando ni cagando vas a ser presidente de un país. Allá no justifican a los nazis, no señor, allá la cosa no es fácil, lo tienen todo, pero están solos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca tendremos la casa que soñamos. Nuestros hijos serán las hordas que en el norte van a despreciar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nosotros, por lo menos, tenemos a nuestros muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">VIII</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Encina no pudo soportar la humillación a la cual fue sometido. Al escribir la historia de Chile tuvo que modificar ciertos párrafos. Al parecer estos habían ofendido a las élites de la época. Sobre los Larraín escribe: <strong>«</strong>Los Larraín eran una familia de hidalgos vascos que llegó a Chile en el siglo xvii. Rápidamente se integraron a la élite colonial y comenzaron a acumular una gran fortuna». (Encina, 1949, p. 123)</p>
<p>«Los Larraín no solo eran ricos, sino también poderosos. Ocupaban cargos públicos de gran importancia y tenían una gran influencia en la política chilena». (Encina, 1950, p. 234). Más adelante agrega: «Los Larraín eran una familia muy religiosa. Eran benefactores de la Iglesia católica y utilizaban su influencia para promover los intereses de la misma». (Encina, 1951, p. 345). Termina diciendo: «Los Larraín eran una familia elitista que despreciaba a las clases populares. Eran un obstáculo para el progreso social de Chile». (Encina, 1952, p. 456)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hubo palabras y frases que debió modificar. Se vio obligado, presionado. Algunas anécdotas, pero esto no se sabe si es cierto, un hombre habría llegado arma en mano a a su casa y que no se iría sino reescribía el texto. Fue una noche larga esa, donde Encina debió elegir qué palabras quitar o modificar. En su historia de Chile también debió modificar palabras que habían afectado a familias fundacionales del Reino de Chile, como solía llamar él a la república.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dice el historiador Gabriel Salazar: «Las presiones de la familia Larraín obligaron a Encina a suavizar su tono y a eliminar algunas de las críticas más duras que había formulado en su obra. Esto generó un debate sobre la libertad de expresión y el rol de los historiadores». (Salazar, 1999, p. 289). Agrega el historiador Sergio Villalobos: «Encina se vio obligado a modificar algunos pasajes de su obra, especialmente aquellos que se referían a la familia Larraín y a sus negocios. Estas modificaciones fueron de diversa índole: desde la eliminación de párrafos enteros hasta la sustitución de palabras y expresiones consideradas ofensivas por la familia». (Villalobos, 1982, p. 124)</p>
<p>Luego de los cambios realizados a la Historia De Chile, Encina tuvo que luchar contra el desprestigio intelectual.</p>
<p>Su obra, sobre todo en la dictadura, cayó en la denostación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">IX</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Había un capítulo apócrifo de <em>Black Mirror</em> que se llamaba «El educador de mutantes», que cuenta la historia de Leandro Bermúdez, quien había perdido a su padre en la última dictadura militar. En esa época apareció una empresa que podía revivir  mediante transes-ciber-chamánicos a los muertos. Leandro no dudó en ningún momento y contrató los servicios de tal empresa. Era la única posibilidad de revivir detenidos desaparecidos.</p>
<p>El problema vino después, pues para poder contratar los servicios de la empresa, hay que llenar una encuesta, tener alguna foto, testigos que hablen de él o ella. Pero nada de eso tenía Leandro. No podía reconstruir a su padre si no tenía nada de eso. Sabía que era del mir, que desapareció el año 1973, que tenía dos hijos, que le decían «El rucio», que era de carácter fuerte. Hay una foto en blanco y negro de él, que dice: ¿donde están? Ya todos los que lo conocían han muerto.</p>
<p>Como pudo juntó retazos, pedazos, girones, semblanzas y fue a la oficina principal. Lo atendieron de manera amable. Le tomaron los datos, le preguntaron si estaba seguro y respondió que sí. Le dijeron que en dos semanas le enviaría a su padre detenido desaparecido.</p>
<p>Y así fue. Fueron puntuales, porque estas empresas son siempre puntuales.</p>
<p>Ahí está ahora el Leandro, viviendo con su padre, el detenido desaparecido.         En la agrupación todos se embalaron. Por fin, todas, las viejas y las viudas podían revivir a sus muertos. Algunos se parecían más que otros, pero eso daba lo mismo. Por ahí alguien gritó: no nos vencieron.</p>
<p>Pero el Leandro sabía que si, que nos habían vencido hace rato.</p>
<p>Pero por lo menos llegaba a su casa y estaba su papá. Eso era todo lo que necesitaba.</p>
<p>&#8211;   Hola Leandro.</p>
<p>&#8211;   Hola, papá.</p>
<p>&#8211;   ¿Supiste que desapareció un tren en Corinto?</p>
<p>&#8211;   Seguro que ya aparece.</p>
<p>&#8211;   Seguro, hijo, seguro. Es cosa de tiempo que todos volvamos, eso te lo doy firmado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>María Elena Muñoz: «El hecho de que el paisaje se presente como una determinada expresión del territorio es en sí mismo político»</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Aug 2024 16:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[María Elena Muñoz, autora de (A)cerca de paisajes; notas sobre arte chileno y pintura: «El hecho de que el paisaje se presente como una determinada expresión del territorio es en sí mismo político» Por Cristián Rau &#160; La profesora de la Universidad de Chile María Elena Muñoz, autora de los libros Atisbos de una experiencia: pintura chilena y vida moderna: [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>María Elena Muñoz, autora de <em>(A)cerca de paisajes; notas sobre arte chileno y pintura:</em></p>
<p>«El hecho de que el paisaje se presente como una determinada expresión del territorio es en sí mismo político»</p>
<p>Por Cristián Rau</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La profesora de la Universidad de Chile María Elena Muñoz, autora de los libros <em>Atisbos de una experiencia: pintura chilena y vida moderna: 1880-1930</em> (2014) y <em>(A)cerca de paisajes; notas sobre arte chileno y pintura</em> (2021), nos propone en esta entrevista una serie de reflexiones que contravienen las primeras intuiciones e ideas preconcebidas acerca del paisaje, como por ejemplo: la posibilidad de ver este género pictórico como una disciplina experimental, ya que progresivamente supera a la academia, y al mismo tiempo moderno e innovador, por su capacidad de plasmar mundos cambiantes; su importancia en la creación de la «identidad nacional» (y, a su vez, el riesgo de extender las representaciones del Valle Central como <em>lo</em> <em>chileno</em>),y, finalmente, nos ayuda a entender cómo hoy, en que toda la naturaleza y escenarios globales están a un clic de distancia, el paisaje sigue siendo algo que perseguimos: «El paisaje es una suerte de recorte, un encuadre que la mirada realiza y que queda habilitada cuando la percepción de la naturaleza es percibida de manera estética ―no solo en función de la belleza―».</p>
<h6 style="text-align: center;"> <a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/ventana.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1770" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2024/08/ventana-1024x684.jpg" alt="ventana" width="676" height="452" /></a>                                                                                                                                                                                                                            @Elde Gelos</h6>
<p><strong>Partamos por el principio: casi a fines del siglo xix, entre 1872 y 1875, el intendente de Santiago Benjamin Vicuña Mackena, impuso el modelo urbanístico parisino de Haussman. ¿Qué hay detrás de esta decisión de la elite ilustrada por apropiarse del modelo francés?</strong></p>
<p>En el proceso de constitución de la República, que estaba todavía en marcha durante ese momento, una de las prioridades era dejar atrás todo resabio del período colonial marcado por el dominio español. El propio Vicuña Mackenna definió los tres siglos que ese período abarcó como siglos de profundo oscurantismo y barbarie. Para liderar la civilización era necesario entonces abandonar por completo todo resabio político y cultural español y buscar, por el contrario, el modelo francés, que antes de ser aplicado a la ciudad, ya estaba operando como paradigma en la creación de las grandes instituciones republicanas, así como en las expresiones literarias. El modelo francés era para la elite chilena sinónimo del iluminismo que podía liberarnos de la barbarie y conducir a Chile por la senda del progreso, conducción que la misma elite debía liderar. No obstante, el modelo de Haussman, desarrollado durante el período autoritario del Segundo Imperio, es una propuesta de racionalización del espacio social que, si bien deriva del pensamiento ilustrado, no lo hace del pensamiento de cuño emancipatorio; es un modelo racional de organización urbanística que toma la idea ilustrada de progreso que claramente adjudica su ejecución a la clase dominante para limitar con ello las posibilidades de sublevación de las clases oprimidas. La responsabilidad de modernizar, es decir poner orden y encauzar el progreso de la sociedad, reside en la elite política y económica. Por cierto, Vicuña Mackenna como parte de ese grupo, asumió la responsabilidad de planificar para Santiago un orden citadino civilizatorio moderno, que considerara el beneficio para todos los estratos sociales, bajo la lógica de la urbanización y de la urbanidad («buenas costumbres») pero que, al mismo tiempo estableciera mecanismos de segregación y control. El embellecimiento estratégico de Haussman tuvo eco en el hermoseamiento controlado de la capital que aspiraba a su vez a ser modelo de orden y civilidad para Latinoamérica entera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Paradójicamente y contraviniendo a Baudelaire, quien probablemente fue el que mejor describió esa primera «ciudad moderna», ―que proponía que el arte debía abandonar la naturaleza y retratar la ciudad y su modo de vida―, el arte chileno se volcó a la naturaleza, al paisaje. ¿A tu modo de ver, cuáles serían las causas?</strong></p>
<p>Baudelaire describió esa «ciudad moderna» pero era totalmente resistente a ella. El arte, para ser moderno, debía abandonar la naturaleza, aunque eso implicase a su vez una pérdida. No obstante, remarca que la modernidad es «lo fugitivo, lo transitorio y lo contingente», aspectos que luego algunos artistas descubrieron también como cualidades de la naturaleza, me refiero a los impresionistas principalmente. En la realización de paisajes naturales (y también urbanos) los impresionistas y otros antes de ellos como los pintores de Barbizon demostraron su capacidad para capturar un mundo en estado de cambio permanente que es lo que, a rasgos generales, define la modernidad y eso lo hicieron con los ojos puestos en el mundo, porque es esa atención a lo visible lo que garantiza la percepción de la actualidad. Baudelaire no pudo ver que la pintura, que luego identificamos como moderna, se desarrolló a partir del paisaje, a partir de la observación de la naturaleza, porque es el paisaje el género que más se presta a la experimentación, el que posibilita el progresivo abandono de las convenciones de taller, de las reglas de la academia. Precisamente esta voluntad de transgredir las normas de la academia fue la que inició en Chile la trayectoria del paisaje, es decir lo moderno fue el paisaje y la valoración de la naturaleza, a contrapelo de Baudelaire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dices que, en general, en Chile el género paisajístico tuvo la particularidad de ocupar un lugar central en la creación de una «identidad nacional», función que en otros países tuvo la pintura histórica. ¿Cuál sería el motivo?</strong></p>
<p>Llevo tiempo tratando de responder esa pregunta y todavía no puedo concluir nada definitivo. De partida es una cuestión de número; la pintura de historia es escasa frente a la abundancia de la pintura de paisajes, es un hecho. Obviamente la geografía chilena es bastante singular y elementos tales como la cordillera, la «majestuosa blanca montaña» ha tomado el rol de marca señera de nuestra identidad. Creo que con el primer desarrollo del paisaje en Chile ―con el romántico Smith― se concibió la naturaleza no como una mera exterioridad y a la pintura que la representa como una perfecta concreción de ese vínculo entre sujeto y objeto, que disuelve la polaridad naturaleza/cultura, entre territorio y «alma nacional». La pintura de paisajes en Chile revela eso que es común a todos y todas, aquello a lo que claramente podemos reconocer como propio, Romera aludía a que el paisaje es más poético que narrativo, hay algo como la traducción de una experiencia con nuestra naturaleza que es menos codificable en un lenguaje discursivo, como podría entenderse a la pintura de historia, que siempre mantiene su filiación académica.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Catalina Valdés propone que con la figura de Antonio Smith se puede «mirar el género paisajístico como una opción que conduce más allá del placer de pintar la naturaleza, hacia una estética política». ¿Cómo se puede captar una «estética política» en un género que por definición posee una ausencia de narrativa?</strong></p>
<p>Creo que no es necesario disculparse por mirar estéticamente la naturaleza y su representación pictórica. El hecho mismo de que hablemos de paisaje surge desde la delimitación de una mirada estética que puede ser placentera, sobrecogedora o política. En Estados Unidos pasó algo similar a lo que pasó en Chile: la pintura de paisajes fue más protagónica que la pintura de historia. La magnificencia de los escenarios naturales se presentaba como su diferencia con Europa y su larga tradición cultural. El paisaje mostraba algo con lo que Europa no podía competir. La representación del paisaje fue muy dirigida doctrinalmente, asociada con todo el movimiento expansionista del siglo xix con una orientación política muy clara de dominación del territorio y sus habitantes originarios. En Chile no ha sido tan claro un contendido doctrinario, pero sí se puede leer el paisaje en clave política, por ejemplo, cuando se pone el énfasis en la zona central y las tierras del latifundio, cuando se magnifica una montaña nevada, cuando se minimiza y divide a los seres humanos, cuando el desierto se excluye, cuando el clima es agobiante o, por ejemplo, en arte más contemporáneo, cuando el paisaje muestra de forma cada vez más clara los efectos de colapso medioambiental. El hecho de que el paisaje se presente como una determinada expresión del territorio es en sí mismo política, en la medida que alude y responde a la experiencia común.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ivelic y Galaz postulan a fines de los ochenta que «durante cien años», desde alrededor de 1860 hasta mediados de los cincuenta, el paisaje fue el referente privilegiado, pero, según tu trabajo, para ellos la elección del género aún implica una «decisión pobre». ¿Cuáles serían los motivos para seguir considerando ―como en 1900― al paisajismo como un género menor? ¿Compartes esa idea?</strong></p>
<p>Por el contrario, el género del paisaje no es nada menor, es el género que explora nuestra relación con la naturaleza, lo que es muy importante, por una parte, y por otra es el género privilegiado para la experimentación, es el que abre la posibilidad de la pintura moderna. No es el alejamiento de la mímesis, sino el abandono de la narratividad lo que permite la emancipación de la pintura o su autonomía si así se prefiere decir. Es el más pictórico de los géneros pictóricos. A principios del siglo xx con el advenimiento de las vanguardias, el género pierde presencia podría decirse. En Chile se mantuvo con mucha fuerza de la mano de Valenzuela Llanos, Helsby o el mismo Juan Francisco González para declinar a mediados de siglo cuando los movimientos ligados a la abstracción y al diseño, a la articulación objetual y la cultura material y luego los allegados a un arte más políticamente comprometido, junto con la aparición de nuevas formas de visualidad abandonan la referencia natural. No obstante, hacia fines de los sesenta el paisaje reemerge en el mundo en otras modalidades, técnicas y soportes. Es interesante pensar que el paisaje como género autónomo está asociado al surgimiento de la revolución industrial, a fines del siglo xviii donde la naturaleza era concebida como infinita fuente de recursos en pos del progreso humano, y que su resurgimiento, a fines del siglo xx, esté asociado con la conciencia medioambiental que denuncia los excesos malignos de la explotación indiscriminada de los recursos naturales.        En un inicio se trataba de escapar de las ciudades industrializadas para contemplar el escenario supuestamente incontaminado de la naturaleza y luego, ahora mismo, se acude a la naturaleza para mostrar los terribles efectos de la industrialización y la explotación colonialista de los recursos en la evidentemente contaminada naturaleza. El paisaje opera en el cruce entre naturaleza y cultura, es la forma en que los seres humanos damos cuenta de nuestra experiencia con la naturaleza. Esa forma puede ser todavía pictórica, pero también darse en la forma de nuevos medios, acciones, intervenciones, etcétera y no solo está presente sino muy activa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En su libro <em>Asedio a la pintura chilena</em> (1969) Antonio Romera propone que una de las cuatro constantes de la pintura criolla es el paisaje. ¿Crees que esto se mantiene en el arte actual? </strong></p>
<p>Absolutamente. Se mantiene como una constante aunque haya asumido nuevas formas «fuera del cuadro». Pudo haber declinado en algunos momentos pero actualmente existen artistas contemporáneos que operan dentro de la categoría paisaje en las más diversa formas. Para Romera la inclinación de los artistas chilenos hacia el paisaje tiene que ver con cierta «naturaleza lírica», con una preferencia por lo poético sobre lo narrativo, por un predominio de la intuición sobre la razón. Eso habría hecho que el legado de los artistas viajeros que llegaron a nuestras costas en los inicios de nuestra vida independiente encontraran eco en las primeras generaciones de pintores. Fue a través de ellos que ingresó el espíritu romántico que hablaba de fundirse, de formar una unidad con la naturaleza, de proyectar una subjetividad donde las emociones hacían eco con manchas, formas y colores. Por otro lado también apela a la particularidad de la nuestra geografía, que ejerce un efecto encantador, de modo que a los artistas no les queda nada más que hacer paisaje. «El pintor si se deja llevar por ese estímulo acabará entregándose. Es decir hará paisaje».</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>¿Qué es eso estimulante para el pintor?</strong></p>
<p>El escenario múltiple y avallasador de la naturaleza. Hoy en día ese paisaje sigue interpelando, estimulando el quehacer exploratorio de artistas de nuevas generaciones que ya no se limitan a las locaciones reconocidas del Valle Central, sino que se adentran en territorios geográfica y climáticamente extremos, los rincones más remotos del desierto, los glaciares, los hielos eternos, etcétera. En algunos casos buscando un resabio de naturaleza pura, incontaminada, en otros casos será por la fascinación respecto de los cambios y transformaciones de los fenómenos naturales, atraídos por lo telúrico y lo catastrófico de nuestro territorio o, como se observa mucho últimamente, buscando revelar de manera crítica los modos en que el hombre ―blanco― viene contaminando la vida, devastando los recursos planetarios. Es interesante pensar que, ya sea que se utilice la pintura, el video, la instalación o cualquier otro medio, en concepto «paisaje» siempre es reconocido como eje en la mayor parte de esas operaciones, es decir, que es la vinculación con la naturaleza lo que prima en la definición de este.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En una nota al pie de <em>Atisbos de una experiencia</em>, dices: «Mismo régimen (la dictadura) que a través de sus aparatos culturales reinstaló el paisaje chileno, rural, telúrico como arte oficial, ya que no solo contribuía a afianzar los valores patrióticos del terruño sino que se presentaba como inocuo, atemporal y complaciente, es decir funcional a sus interés de control». Dos preguntas: ¿con el retorno a la democracia, cómo respondió la pintura de paisajes a esta especie de imposición? Actualmente vemos una revalorización de conceptos relacionados a este mundo campesino (el rodeo, la cueca, etcétera), ¿afectan estas corrientes conservadoras la producción actual? </strong></p>
<p>Claro, lamentablemente durante la dictadura se afianzó la idea de que el paisaje debía ser promovido en tanto propuesta conservadora, supuestamente «apolítica» aun cuando estaba siendo aprovechado políticamente. Esto hizo que en los círculos más progresistas el paisaje realizado en décadas pasadas no fuera tan valorado. No obstante, a principios de los ochenta ya estaban apareciendo nuevas formas y variadas formas de concebir el paisaje, como, por ejemplo, las intervenciones en carreteras, las intervenciones in situ en el desierto y también algunas opciones de la pintura neoexpresionista. A mediados de los noventa el mnba hizo una importante muestra de pintura de paisaje de diferentes épocas. En la actualidad el género del paisaje no tiene nada que ver con la revalorización del mundo campesino, ni el imaginario de la chilenidad conservadora. Como ya mencioné, las y los artistas que apuestan por el paisaje se han desplazado de la zona central, por un lado y por otro, han adoptado una postura crítica respecto de la situación de una naturaleza artificializada por las ambiciones humanas que han dejado como consecuencia la deforestación, las zonas de sacrificio, los residuos tóxicos, la contaminación del aire. Esto no significa que artistas de fines del siglo xix o principios del xx no hayan sido lo suficientemente críticos, sino que indica que para los artistas de hoy esa postura crítica es ineludible, dada la situación en que como humanidad nos encontramos. La adopción del género, la decisión de trabajar dentro de la categoría paisaje es siempre una decisión política.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sé que la pregunta es muy amplia, ¿pero hacia dónde ves que el paisajismo contemporáneo, cómo género, se mueve? </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estamos frente a una generación de artistas que hacen exploración, tanto en lo que respecta a exploraciones en territorios ―y trabajo con comunidades― y tanto en lo que respecta a la incursión en nuevos medios y tecnologías. Efectivamente se han creado nuevos dispositivos o regímenes escópicos para volver a mirar la naturaleza, para verla desde otros ángulos, para ver qué hemos hecho con ella. Se ha producido como una nueva versión de lo que en el siglo xix se llamaban los artistas viajeros. Artistas en búsqueda de nuevas experiencias frente a una siempre cambiante situación con y en la naturaleza, Es interesante que ahora, como entonces, se dé también una interacción con la ciencia, digo, geología, física, botánica, etcétera, así como un cruce con los intereses actuales de la antropología. La incorporación de nuevos medios ha podido promover nuevas formas de experimentar con la naturaleza o mejor dicho de enriquecer la experiencia en y con ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Michael Jakob habla de «omnipaisaje» y críticamente propone que en el arte contemporáneo casi todo es potencialmente paisaje ―hay paisajes sonoros, paisajes urbanos, etcétera― por lo que la relación histórica entre paisaje y naturaleza ha cambiado. ¿Ves esto también como un problema en el sentido de que si todo es paisaje, ya nada lo es o por el contrario, crees que esta ampliación del concepto lo enriquece?</strong></p>
<p>Tengo la impresión de que lo que Jakob dice es que pareciera que todo es potencialmente paisaje en el mundo, no solo en el arte contemporáneo. Efectivamente se ha extendido mucho el término porque se le confunde con territorio, con entorno, con panorama, con espacio, con escenario, con medioambiente. Es necesario tener en cuenta como han reconocido varios teóricos del paisaje, que este de ninguna manera es algo dado, una especie de extensión que está ahí afuera. El paisaje es una suerte de recorte, un encuadre que la mirada realiza y que queda habilitada cuando la percepción de la naturaleza es percibida de manera estética ―no solo en función de la belleza―. El paisaje es una categoría histórica, no siempre estuvo. Personalmente creo que el paisaje define nuestra relación/comunión con la naturaleza independientemente del hecho que esa relación haya cambiado, indudablemente, con el tiempo. Creo que la categoría de paisaje, entendida como la manifestación o provocación de una experiencia de la naturaleza, ha probado ser suficientemente amplia como para permitir todas esas nuevas posibilidades que ya hemos mencionado respecto a nuevos medios, técnicas y soportes. Asimismo, ha demostrado tener un potencial crítico enorme, sobre todo en las últimas décadas asoladas por el cambio climático y el colapso medioambiental. Pienso que cuando se estira tanto el concepto efectivamente se diluye demasiado, pierde sentido. Cuando se habla de paisaje sonoro, por ejemplo, sí podría ser en la medida que no se piense solamente como extensión de la sonoridad, pero muchas otras veces en realidad se ocupa para hablar de cosas que podrían quedar definidas de otro modo.</p>
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		<title>HASTA LA PATAGONIA</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2022 17:45:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[fotografías: Rafael Cheuquelaf Bradasic ES POSIBLE EL SUR antologador: Óscar Barrientos Alonso de Ercilla y Zúñiga fue un soldado español que siguió a pie juntillas el tópico renacentista de las artes y las letras, en sus andanzas por la Capitanía General de Chile. Escribió, en cortezas y otros elementos rústicos que entregaba la naturaleza salvaje, un poema épico que Gabriela [&#8230;]]]></description>
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<h6 style="text-align: right;">fotografías: Rafael Cheuquelaf Bradasic</h6>
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<h1>ES POSIBLE EL SUR</h1>
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<h6 style="text-align: right;">antologador: Óscar Barrientos</h6>
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<p>Alonso de Ercilla y Zúñiga fue un soldado español que siguió a pie juntillas el tópico renacentista de las artes y las letras, en sus andanzas por la Capitanía General de Chile. Escribió, en cortezas y otros elementos rústicos que entregaba la naturaleza salvaje, un poema épico que Gabriela Mistral describió con sorna como «pedazote de pasta de papel pesada y sordísima».</p>
<p>Desde la visión de Neruda, Ercilla1 es el inventor de la literatura chilena como construcción en la mirada de un testigo, enalteciendo la impronta de sus adversarios y abriéndose paso entre selvas reales y alegóricas. Desde entonces, Pablo Neruda habla de una especie de refundación del sur a través de la palabra poética, generando la noción de un espacio diferenciado en el contexto de nuestro extraño país de ausencias, con forma de espada, con alientos telúricos e inconmensurables.</p>
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<div class="column">
<p>Quizás, creo concebir la zona sur Patagonia como un trecho de nuestra geografía poética inmensamente vivo, en lo más amplio de sus dimensiones. Una suerte de animal cuyas extremidades colindan con las selvas lluviosas y tupidas, el agua helada de los glaciares y el océano de coirón. Un animal anfibio cuya naturaleza intrínsecamente telúrica renueva también el transcurrir de sus ciudades y emplazamientos.</p>
<hr />
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<div class="column">
<h6>1 «A él le debemos nuestras constelaciones —escribe el poeta de Canto general―. Nuestras otras patrias americanas tuvieron descubridor y conquistador. Nosotros tuvimos en Ercilla, además, inventor y libertador. [&#8230;] Ercilla no solo vio las estrellas, los montes y las aguas, sino que descubrió, separó, y nombró a los hombres. Al nombrarlos les dio existencia. El silencio de las razas había terminado».</h6>
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<div class="column">
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-26-a-las-14.12.57.png"><img class=" size-full wp-image-1742 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-26-a-las-14.12.57.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-26 a la(s) 14.12.57" width="112" height="684" /></a>En la presente antología he querido entregar una mirada sistémica, en el sentido de interrelación de voces y ámbitos, de registros y saltos generacionales. Por razones que tienen que ver con la pertinencia de un estudio con características focalizadas en esta oportunidad no se aborda aquella que denominamos poesía mapuche, que pese a su innegable presencia y valía, requiere un acercamiento epistemológico que se aboque exclusivamente a su canon. De igual manera, hacer notar que me atuve al acuerdo editorial de incluir solo autores vivos, factor que puede hacer notar las ausencias de voces que permanentemente homenajeamos y también residen en estas páginas, tales como Rolando Cárdenas, Jorge Torres, Maha Vial, Aristóteles España, Nicki Kuscevic. Aquellos que ya no están con nosotros, pero siguen profundamente vivos.</p>
<p>En este caso se trata de comprender y acercarse específicamente al espacio más o menos comprendido entre la fluvial Valdivia y el estrecho de Magallanes. Como se comprenderá nos encontramos ante un acercamiento que comprende cuatro regiones del país entendido desde el contexto de regionalización actual. Probablemente la denominación sur austral sería la más adecuada.</p>
<p>Como se trata de un espacio geográfico y de un territorio simbólico de indesmentible importancia en el canon de la literatura nacional, es obvio que las denominaciones político-administrativas no siempre dan cuenta cabal del paño territorial alegórico y conceptual que se desprende de la lectura de sus</p>
</div>
<div class="column">
<p>poetas. De igual manera, hablamos de un escenario donde lo telúrico y lo geográfico expresan un amplio concierto de ríos torrentosos, volcanes, bosques, archipiélagos y glaciares.</p>
<p>Es posible que desde la poética ercillana la mitificación de la riqueza mineral y vegetal sea entendida en base a un modelo pastoril, pero desde la literatura contemporánea ese remanso natural se halla sacudido por los terremotos de la historia en especial la dictadura chilena, por el larismo que tiende a devolverle su diafanidad como patria de la infancia y hoy también por la irrupción de una modernidad castigadora como espacio de extractivismo en la instalación de mineras, forestales y salmoneras. Como podemos observar la evolución y semantización del sur austral conlleva alteraciones, giros y sobresaltos.</p>
<p>Pero como esencialmente el poeta es un sujeto moderno, este relee la dimensión humana del paisaje y en cierta medida registra las capas ocultas del lenguaje, la colisión entre modernidad expansionista y los retazos de una ruralidad que aun levemente respira, ese imaginario que tan majaderamente enaltece un discurso criollista trasnochado tan común en folletos turísticos o postales.</p>
<p>Ese influjo tardocriollista no era gratuita, venía de una forma de concebir la escritura y el escritor. Probablemente de quien emigraba de la región al centro metropolitano y en cierta medida exponía la diferencia de su terruño con respecto al tráfago capitalino. Y de igual manera, el larismo también tenía que ver con esa diáspora a Santiago donde la idea de una provincia no arrasada por la modernidad era el objeto de la mayor de las nostalgias y de la defensa del mito.</p>
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<div class="column">
<p>Probablemente todo eso cambia después del 73, donde el peso de la bota militar concebía al bardo como un cantor trovadoresco de las bellezas naturales de su comarca. Ante esta realidad, la poesía del sur austral asociada con grupos humanos e instituciones que no fueron totalmente arrasadas (como las universidades regionales) configuraron una literatura que sin soslayar las marcas del terror dictatorial dialogó con su tiempo, su paisaje y su interioridad, pero sin traicionar el sentido de la propia literatura. La resistencia adquiere diferentes e intrincados rostros.</p>
<p>La situación en democracia tuvo todas las fracturas de la transición y la aplicación de la lógica capitalista más despiadada (reforzada incluso) hizo muchas veces que la poesía fuera un discurso periférico en el contexto de un país que generalmente presume de sus poetas.</p>
<p>El grupo de autores que presentamos a continuación abarca diferentes corrientes, lecturas, estilos. Todos ellos conforman un grupo heterogénero y significativo. Se trata de autores insertos en el canon de la literatura nacional cuyas particularidades dotan de nuevas miradas el corpus de un país que requiere reconocerse en sus territorios no metropolitanos. De esta manera, hay autores que nacieron antes y después del traumático golpe militar de 1973 y que viven en los márgenes del sur austral o los han habitado largamente.</p>
</div>
<div class="column">
<p>El poeta Jorge Boccanera se pregunta: «¿Será posible el sur?/ Será posible tanto invierno caído sobre el último rostro de mi hermano,/ tanto salario escaso riendo con descaro y en el plato vacío el verdugo esperando». No sé si esta compilación responde de forma cabal a una pregunta tan amplia y de aristas de una complejidad casi inabarcable. Lo que sí podemos afirmar es que este manojo de voces y escrituras le tuercen la nariz a cierta caricatura que desde el centro se ha elaborado en torno a este territorio, ya que se enlazan con formas avanzadas y sofisticadas de la literatura contemporánea, forjan universos imaginarios, problematizan los laberintos de la historia, se nutren de la vanguardia, registran las ciudades del sur, desgarran el holograma y creemos, en definitiva, que se trata de una literatura que comunica el encuentro entre la tradición y la modernidad.</p>
<hr />
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<div class="column">
<h1>ASTRID FUGELLIE (1949)</h1>
<h2>LAS BRUJAS DEL APOCALIPSIS</h2>
<p>Cuando mi bisabuela muerta parió seca, las parteras no pudieron hacer a la luz a mi abuela. Ella nació ahorcada por el cordón umbilical de la santa vieja.</p>
<p>Cuando mi abuela muerta dio a luz a mi madre, la frágil calavera de mi antecesora ya estaba colgada en el perchero entre la mampara ovalada y el diván de felpa roja.</p>
<p>Cuando mi madre muerta me trajo, entre dolor y llantos, por ser yo demasiado gruesa, mi mortaja estuvo sentada frente al espejo de la cómoda de ébano.</p>
<p>Cuando muerta alcancé la edad madura de la menstruación, vino mi hija yerta y blanca y se quedó para siempre en la habitación de balcones por donde la noche entraba muda.</p>
<p>Así nuestra dinastía jamás compartió ni un desayuno con la lectura de Baudelaire, o el final de cena con la música de Bach.</p>
<p>De tal suerte aconteció, porque cuando nació<br />
mi bisabuela muerta guardó en su armario estilo rococó, una mariposa nocturna dentro de una caja</p>
</div>
<div class="column">
<p>redonda y amarilla parecida a la luna. Se dijo que la mariposa era un dios hecho polvo.</p>
<p>Fue así como ninguna de las cinco muertas, nos atrevimos a abrir esa caja redonda y amarilla parecida a la luna. De algún modo, tuvimos miedo a ser obligadas a nacer vivas en medio de esa casa de adobe y tierra.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>ADELAIDA</h2>
<p>La mujer se avecina a la llanada</p>
<p>impecablemente engalanada<br />
de sombra:<br />
de sombra su cara, dos ojos</p>
<p>de sombra<br />
de sombra la nariz, su boca<br />
de sombra<br />
de sombra su cuello, su espalda<br />
de sombra<br />
de sombra las piernas, sus pies<br />
entre las sombras.<br />
Adelaida va envuelta en su manto negro</p>
<p>y brillante,<br />
tal parece que la ensombrecida</p>
<p>intentara disimular<br />
el suceso.<br />
Avecinada a la planicie<br />
impecablemente cubierta<br />
de sombra<br />
de sombra su cara, dos ojos</p>
<div class="page" title="Page 181">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>de sombra<br />
de sombra la nariz, su boca<br />
de sombra<br />
de sombra su cuello, su espalda<br />
de sombra<br />
de sombra las piernas, sus pies<br />
entre las sombras.<br />
Los faroles del terrado alumbran y Adelaida<br />
rigurosamente encubierta de luto<br />
le quita el cuerpo a la luz y se esconde<br />
en un lugar hondo y eterno<br />
acorde a las sombras donde<br />
nadie advierta la bajada que<br />
confidencie un prado de margaritas vivas</p>
<p>y un nombre muerto.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h1>JORGE VELÁSQUEZ (1972)</h1>
<h2>CARTA A MI PADRE DESDE EL GOLFO</h2>
<p>Aquí está la marea paralizando el tiempo<br />
Y habrá que despertar a la esplendorosa batalla de/</p>
<p>otro viaje A veces el sol se esconde entre las olas</p>
<p>y la poesía es el único camino de regreso a las islas</p>
<p>Un embarcadero de botes y barcos aniquilados en/</p>
<p>los roqueríos florecen luminosos hijos entre vertientes sombrías</p>
<p>Navegamos hasta sumergirnos en la noche prontamente partirá el último cauquil maldiciendo/</p>
<p>lo invisible</p>
<p>la abstracción enciende los reflectores</p>
<p>y las mismas islas reflotamos en el ocaso</p>
<p>Ahora no son veleros negros los que viajan sino yates de vidrio o lanchones de polietileno</p>
<p>y con el aire no sabemos como morir</p>
<p>Padre solo no te vayas ni vares la lancha por un/ largo tiempo</p>
<p>nuestra memoria respira todavía el viento de Chaitén</p>
<p>el pequeño puerto de refugio sobre piedras/</p>
<p>dinamitadas</p>
<p>porque desnudo el hombre es una corteza torcida</p>
<p>confinado al zarandeo de las olas</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 182">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Y si algún día te ven embriagado<br />
o tendido sobre la hierba cuidando el panorama sabes que estoy ahí<br />
y que no hay nada más que hacer<br />
sino abrazar el espíritu que arrastra un delfín con/</p>
<p>tureflejo.</p>
<hr />
<h2>DESPEDIDA DEL CAPITÁN</h2>
<div class="page" title="Page 182">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La noche viene por nosotros</p>
<p>Bailan en el cielo bandurrias junto a la casa arrastrada por el estero</p>
<p>Entonces la maniobra es enganchar yuntas y que las vigas sigan su camino</p>
<p>Los polluelos se van<br />
y otras siembras traen en sus ojos</p>
<p>¿Oyes ladrar los perros?<br />
¿Ves la luna prisionera en su hermosura sin rejas?</p>
<p>Esqueletos ebrios cuelgan del avellano<br />
como desteñidos arqueros con súplica a sus seres alados</p>
<p>El gato predice el tiempo<br />
La marea sube<br />
La noche viene por nosotros</p>
<p>(Un islote somos<br />
un chalupón forastero en lo invisible)</p>
<p>El silencio arrebata al mar las cuadernas del ciruelillo.</p>
<hr />
<h1>PAVEL OYARZÚN (1963)</h1>
<div class="page" title="Page 183">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>BIENVENIDA SEA LA POESÍA DEL FUTURO</h2>
<p>Bienvenida sea la poesía del futuro.<br />
Esa poesía que reventará como una flor<br />
en plena calle,<br />
o como un cadáver después de varios días. Bienvenida sea la poesía colgada de las nubes<br />
y de los edificios.<br />
La que soltará en este mundo su alma<br />
de bestia carroñera.<br />
La que olfateará a la muerte desde lejos.<br />
La que llegará delgada y tenue<br />
como las primeras lluvias del otoño,<br />
y suave como los tejidos de las vísceras. Bienvenido sea su ritmo de agua en caída libre,<br />
o su sonido de artefacto eléctrico.<br />
Pronto estará entre nosotros,<br />
bendiciendo el acto sexual entre la especie,<br />
o comiéndole los ojos a los muertos.<br />
Hasta aquí llegará con su espíritu redentor funcionando,<br />
o con su instinto homicida adiestrado y carnívoro como el que empuñan las tropas de asalto. Bienvenida sea la poesía del futuro.<br />
Bienvenidos sean sus actos de magia.<br />
Sus contorsiones acrobáticas.<br />
Sus caricias y besos de película.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Sus espectaculares suicidios<br />
archivados en las páginas rojas de los periódicos.</p>
<p>Aquí, y en ninguna otra parte, establecerá su reino,<br />
su hacienda,<br />
su recinto milagrero abierto al público</p>
<p>La verán caminar sobre las aguas.<br />
La verán dormir en los parques.<br />
La verán en las noches de luna<br />
como suspendida de aquella luz fantástica. La verán aullando y con espasmos,</p>
<p>tirada en el suelo.<br />
Podrán verla haciendo latir las memorias,<br />
o en cada herida cortante<br />
que dejará el paso del olvido sobre los rostros. Bienvenida sea, por fin, la poesía del futuro. Ábranles las puertas y las ventanas,<br />
las arterias,<br />
los huesos,<br />
los ojos,<br />
y prepárense para lo que pueda ocurrir, porque vendrá de todos modos,<br />
así sea para velar por la paz de sus almas,<br />
o bien,<br />
para levantarles la tapa de los sesos.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 184">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>LOS NIÑOS EN EL PARQUE</h2>
<p>Ellos no tienen buenas costumbres.<br />
Ellos no tienen buenos instintos.<br />
Ellos no aman a la patria,<br />
ni respetan el himno nacional.<br />
Ellos no creen realmente en la virgen María, ni en su hijo Jesucristo.</p>
<p>Ellos no creen en la familia<br />
ni en la propiedad privada. Ellos mean en la calle,<br />
y le sacan la madre a cualquiera. Ellos están al margen de la ley. Ellos tienen metido a Dios</p>
<p>en una bolsa de plástico.<br />
Ellos tienen la cabeza llena<br />
de destellos y extrañas figuras<br />
que les dan risa.<br />
Ellos no sienten vergüenza<br />
Ellos sienten náuseas casi todo el tiempo.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 184">
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<div class="column">
<h1>JAIME BRISTILO (1969)</h1>
<h2>CAMPO SANTO</h2>
<p>Hoy he visto pasar el cadáver de mi enemigo<br />
Sus puños crispados en llamas maldijeron el castigo/ de encontrarme</p>
<p>Caduco empujaba un carro pictórico de abarrotes Pertrechos de guerra con evidente fecha de/</p>
<p>vencimiento acaecida</p>
<p>La historia cobra sus víctimas<br />
Estrafalaria y frenética repite caprichos con/</p>
<p>nombres de primer cartel</p>
<p>Incapaz de verme a los ojos<br />
Ha perfilado un gesto de acritud envejecida</p>
<p>El odio golpeaba su cara contra los muros de mi/ campo santo</p>
<p>Camino a su casa de fachada blanca/ escandalosamente sordomuda</p>
<p>Hoy he visto pasar el cadáver de mi enemigo</p>
<p>A diferencia de su albergue sin ventanas hacia mi/ última morada</p>
<p>Aquí no cultivamos podredumbre sino flores que/ brotan alegres desde el más allá</p>
<div class="page" title="Page 185">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>III<br />
Los niños no saben de su vida qué hacer Juegan al grande</p>
<p>A la casita<br />
Dan solos la vuelta por la manzana</p>
<p>Ven caras desconocidas<br />
Se miran mecánicamente entre sí</p>
<p>Agitados se toman las manos Hasta darse cariños nuevos</p>
<p>Convulsas pierden y ganan las palabras Pródigos terminan llamando con gritos a mamá</p>
<p>V<br />
Rabia, un perro tuerto Vaga y olisquea<br />
Muestra los dientes<br />
Afila el aire con un gruñido</p>
<p>Miedo, el niño tiende a correr El perro se abalanza<br />
Trunca esa carrera<br />
El niño protege su rostro</p>
<p>Rabia, el perro no ladra<br />
Es ciega su ira<br />
Profunda la marca en el brazo Del amo que nunca tuvo</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h1>HARRY VOLLMER (1966)</h1>
<h2>APORTE AL DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA</h2>
<p>No lean a Vollmer<br />
por favor no lean a Vollmer<br />
no lo invoquen, no lo hablen no lo menten<br />
solo pasen su dedo por el pequeño tajo en el rostro</p>
<p>en las cicatrices que van quedando, solo ámenlo, grítenlo, cójanlo, apriétenlo&#8230;</p>
<p>pero no lean, no lean a Vollmer que ya está acabado</p>
<p>vive viviéndose hacia atrás ya es solo lancha pal desaguadero</p>
<p>escolpa flotando en las mareas, no lean a este mala clase</p>
<p>no hojeen a Vollmer ni en la vastedad de/ las tormentas ni en la calma bruta de sus silencios. Solo ámenlo, denle grillos, bandurrias, dinero para/</p>
<p>la fianza, alguna estrella que nadie mire o un caballo/ de mar disecado. ¿Quién podría buscar los lentes de Vollmer, quién lo/ levanta, quién lo besa en la frente&#8230;? Pero insisto no lo lean, no lo piensen, no lo sientan&#8230;</p>
<p>Solo péinenlo, acarícienlo, sóplenlo y déjenlo ir/ déjenlo alejarse</p>
<div class="page" title="Page 186">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p style="text-align: right;">con su ternura ciega del atardecer y sus vientos cuesta abajo,</p>
<p style="text-align: right;">rengueando cojeando sangrando afirmado a sus cercos y sus volcanes</p>
<p style="text-align: right;">y sus mareas y sus olas golpeando en las quillas/<br />
de madrugada</p>
<p style="text-align: right;">y el murmullo eterno del mismo poema déjenlo cantar con sus ballenas entre los fiordos</p>
<p style="text-align: right;">no lo lean pero déjenlo que regale sus zapatillas que/ retorne a pie hacia donde vea luces déjenlo, no lo lean, no lean a Vollmer que/ a nadie le importa,</p>
<p style="text-align: right;">solo ámenlo o amen<br />
el rechinar de sus vigas al escribir/</p>
<p style="text-align: right;">este poema.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 186">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>EL VIENTO SE LLEVÓ EL INVERNADERO QUE CONSTRUIRÍAMOS&#8230;</h2>
<p>En la huerta soñada, entre repollos gigantes y/ almácigos,</p>
<p>espero abrazarte algún día sin amarras, entre/ chalotas,</p>
<p>perejil o cilantro, bajo un pangue recién llovido, ahí será nuestro amor entre los zumbidos y abejas, y el vapor de nuestras bocas al hablarnos. Prometo grosellas y mosqueta para la once, la red/</p>
<p>y la marisca</p>
</div>
<div class="column">
<p>estar pendiente de la marea baja, aprender la pega/ de matarife. Ahí desde el balcón de ciprés que no construiremos,</p>
<p>miraremos la ciudad al otro lado y sus fuegos de/ artificio en los festejos,</p>
<p>me ayudarás con la escalera al podar los árboles,/<br />
a clavar una tejuela, miraremos atentos entre qué matas ponen las gallinas /</p>
<p>de los vecinos, y hablaremos en silencio, de a poco.</p>
<p>Siempre seremos uno solo, pues siempre queda algo/ de nosotros</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>en el cuerpo del otro,</p>
</div>
<div class="column">
<p>y en el alma queda/ impregnada la otra alma,</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>siempre se doblará el primer clavo de la casa que no/ construiremos,<br />
pasarán cometas y no será necesario pedir deseos, solo un sorbo de tus labios y una mirada azul/</p>
<p>profundo de océano nos permitirá juntar los dedos, las manos, los brazos,/</p>
<p>los ojos, junto a las bigas que no hemos bajado ni bajaremos/ del monte,</p>
<p>ahí estoy pensando en el barbecho,<br />
y en que nadie tirará las semillas para/</p>
<p>el próximo invierno.</p>
</div>
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</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 187">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ROSABETTY MUÑOZ (1960)</h1>
<h2>HAY OVEJAS Y OVEJAS</h2>
<p>Las que comen de cualquier pastizal<br />
y duermen con una sonrisa de satisfacción en los potreros.<br />
Las que caminan ciegamente<br />
por los caminos acostumbrados.<br />
Las que beben despreocupadas<br />
en los arroyos.<br />
Las que no trepan por pendientes peligrosas. Esas van a dar lana abundante<br />
en las esquilas<br />
y serán sabrosas invitadas<br />
en las fiestas de fin de año.<br />
Hay también<br />
las que tuercen las patas<br />
buscando campos de margaritas<br />
y se quedan horas y horas<br />
contemplando los barrancos.<br />
Esas balan toda la gran noche de su vida encogidas de miedo.<br />
Y hay, por fin,<br />
las malas ovejas descarriadas.<br />
Para ellas y por ellas<br />
son las escondidas raíces<br />
y los mejores y más deliciosos pastos.</p>
<hr />
<h2>LA SANTA DE TERCIOPELO</h2>
</div>
<div class="column">
<p>La Santa vestida de terciopelo le cuelgan abalorios.<br />
En andas.<br />
Viaja sobre los hombros</p>
<p>y le agitan pañuelos blancos Sortea temporales<br />
inmóvil.<br />
Fija la mirada.</p>
<p>Fijo el madero portentoso de su cuerpo. Sobrepuestos los retazos de otros rezos.</p>
<p>La pueblan arañas y polillas. Resplandeciente el rostro policromado.<br />
Bajo las ropas sagradas</p>
<p>los velos se pudren y la madera astillada se consume.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 188">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>YANKO GONZÁLEZ CANGAS (1971)</h1>
<h2>FAREWELl</h2>
<p style="text-align: right;">queremos invitar a este escenario aprovechando/<br />
el octogésimo</p>
<p style="text-align: right;">aniversario de la institución a alguien muy especial/ para toda</p>
<p style="text-align: right;">nuestra<br />
comunidad que llegó hace cuarenta y cinco años para /</p>
<p style="text-align: right;">dirigir una</p>
<p style="text-align: right;">escuela<br />
que estaba en pañales nada más y nada menos que/</p>
<p style="text-align: right;">la escuela de</p>
<p style="text-align: right;">ingeniería<br />
ubicada en ese entonces en un sector que algunos/</p>
<p style="text-align: right;">aún recuerdan y que se llamaba las chancherías donde los colegas/</p>
<p style="text-align: right;">del programa de capacitación agraria hacían sus prácticas de/</p>
<p style="text-align: right;">inseminación</p>
<p style="text-align: right;">artificial.</p>
<p style="text-align: right;">con denuedo e infinita paciencia este inspirador/ de decenas</p>
<p style="text-align: right;">que digo de centenares de generaciones fue/ haciéndose paso</p>
</div>
<div class="column">
<p style="text-align: right;">en la adversidad en los momentos más duros no/ tanto por</p>
<p style="text-align: right;">nuestras<br />
autoridades de ese tiempo aquí y en el país como/</p>
<p style="text-align: right;">algunos insisten en recalcar sino por la crisis internacional que azotó/ las arcas de la corporación siendo prohibitivo importar o adquirir/ cualquier</p>
<p style="text-align: right;">instrumental<br />
para la óptima formación de nuestra esperanza joven y</p>
<p style="text-align: right;">profesional.</p>
<p style="text-align: right;">con ingenio fuente y raíz de su pasión vocacional creó las condiciones</p>
<p style="text-align: right;">para que una importante ayuda del exterior llegara/ y así preparar técnicamente a los inquietos espíritus jóvenes/</p>
<p style="text-align: right;">de una carrera que pujaba por tener un mínimo de equipamiento</p>
<p style="text-align: right;">no importaba que los enclaves estuvieran sueltos que las piezas/</p>
<p style="text-align: right;">neumáticas del canal de flujo laminar fueran obsoletas su máxima/ siempre</p>
<p style="text-align: right;">fue a esclerómetro regalado jamás se le mira la pantalla/</p>
<p style="text-align: right;">digital.</p>
<div class="page" title="Page 189">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p style="text-align: right;">porque el maestro siempre encontraba el tiempo/<br />
y el ajuste</p>
<p style="text-align: right;">adecuado<br />
hasta en su propia casa para acondicionar todo lo/</p>
<p style="text-align: right;">que llegaba de la lejana Europa central para dar estos primeros pasos/ y quizás sea</p>
<p style="text-align: right;">esta la<br />
ocasión de leerles solo algunos aspectos del primer/</p>
<p style="text-align: right;">perfil de la</p>
<p style="text-align: right;">carrera<br />
íntegramente redactado por quién con este/</p>
<p style="text-align: right;">reconocimiento</p>
<p style="text-align: right;">despedimos hoy<br />
donde destaco las frases «sólida fundamentación»/</p>
<p style="text-align: right;">«amplios</p>
<p style="text-align: right;">conocimientos<br />
en producción» «actitud investigativa hacia la/</p>
<p style="text-align: right;">tecnología y su</p>
<p style="text-align: right;">aplicación».</p>
<p style="text-align: right;">antes de darle la palabra al amigo y al formador al/ cual hoy le</p>
<p style="text-align: right;">decimos hasta<br />
pronto nuca adiós, le tenemos una sorpresa cono/</p>
<p style="text-align: right;">todos ustedes a</p>
<p style="text-align: right;">quién por casi<br />
cuarenta y tres años fue compañero del festejado/</p>
</div>
<div class="column" style="text-align: right;">
<p>como en la oficina contigua cuántos recuerdos/ atesorados</p>
<p>cuántos proyectos<br />
adjudicados, cuántas reuniones inspiradas y desafíos</p>
<p>administrativos cuántos<br />
conflictos sorteados porque nadie dice que todo/</p>
<p>es miel sobre</p>
<p>hojuelas sobre todo<br />
en una escuela entonces no quiso estar ausente quien/</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea" style="text-align: right;">
<div class="column">
<p>laboratorio de pruebas</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea" style="text-align: right;">
<div class="column">
<p>tanto en el</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p style="text-align: right;">subir al colega.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 190">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ANTONIA TORRES (1975)</h1>
<h2>UMZUG</h2>
<p>La escena se compone de algunas cajas vacías<br />
una escoba y un montón de basura en una esquina Dos o tres beben cerveza y fuman al lado de una/</p>
<p>ventana abierta Podríamos decir que el polvo corona la tarde</p>
<p>que un sol distorsionado<br />
ilumina el cuarto con el sepia de las botellas</p>
<p>Una radio suena con música para nadie</p>
<p>Decir, mientras tarjamos unos versos y despegamos/ fotografías,</p>
<p>que una leve brisa levanta hojas del suelo<br />
y hace bailar el papel mural roto de las paredes.<br />
En el baño gotean la luz y el tiempo<br />
y el espejo devuelve la imagen de una cañería averiada</p>
<p>un castillo de cartas<br />
una pirámide apenas sostenida en el arco de/</p>
<p>las palabras un par de sillas rotas apuntalando la puerta/ de entrada.</p>
</div>
<div class="column">
<p>La escena se compone de algunas palabras vacías/<br />
o quebradas</p>
<p>espacios en blanco, signos de puntuación tirados/ al piso</p>
<p>pelusas barridas entre letras.<br />
El resto del lugar se sostiene con la mirada.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>HALLO EL BROTE DE UN POEMA TIRADO A LA ORILLA DEL CAMINO</h2>
<p>lo escondo en algún sitio, tal vez en mi bolsillo. Es primavera, el cielo aún no lo sabe.</p>
<p>Tomo el vástago olvidado y lo afilo durante días hasta que asoma una especie de raíz<br />
en remojo, le rezo y espero.</p>
<p>Es primavera y nadie parece saberlo<br />
anoche las lluvias arrastraron un cadáver<br />
hoy ha llegado a los pies de mi cama flotando como/</p>
<p>un leño.</p>
<p>Hundo su tallo en la tierra húmeda del jardín mientras me siento a escuchar el poema que crece.</p>
<div class="page" title="Page 191">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La primavera es un parque sin palabras senderos que se cruzan<br />
árboles y relatos que se agarran<br />
raíces como trampas que deforman la lectura.</p>
<p>Quien haya besado la hoja verde de un poema no necesita más<br />
quien haya puesto su frescor sobre los párpados calma la fiebre de la mirada</p>
<p>y sin embargo<br />
todas las primaveras llegan tarde.</p>
<p>se asoma dudando<br />
el poema leído a tropiezos y en voz alta espigando entre las ramas<br />
apenas comprendido.</p>
<p>así es como de pronto aparece:<br />
herido, lloriqueando tras un arbusto<br />
en el hueco donde se esconde un animalito el brote de un poema<br />
tirado sin querer<br />
a la orilla del camino.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 191">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>JUAN PABLO RIVEROS (1945)</h1>
<h2>HUERTOS</h2>
<p>La infinita descomposición de la luz en la cristalería del hielo.<br />
Barcos cargados de arcoiris<br />
y navegaciones</p>
<p>en las que cualquier oro era nada.</p>
<p>Como esas rorantes matas de zarzaparrilla con sus rútilas gotas de sangre<br />
sobre la nieve más sana,<br />
más pura,</p>
<p>en el último rincón<br />
de la huerta más austral del universo.</p>
<hr />
<h2>NOCHE POLAR</h2>
<p>La noche,<br />
como finísimo granado, madura en la lejana nieve azul.</p>
<p>Como niña perdida en los parques,<br />
la noche canta con sus marineros a bordo del mundo.</p>
<p>Y un enigma de astros corea la arquitectura sideral.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 192">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>MIGUEL BÓRQUEZ (1985)</h1>
<h2>LA BOTÁNICA DE LOS NIÑITOS MUERTOS (Fragmentos)</h2>
<p>abre los ojos y sueña el día que sea del ochenta y cinco y en un cuaderno de croquis registra como un autómata subjetividades y aproximaciones más bien imprecisas que remiten a un tiempo caótico y una experiencia ajena que su mente apropia cual demencial suplantación hasta enfermarlo. alterna frases rotundas y secas sobre lugares y nombres con párrafos humeantes y eléctricos que adorna con recortes de revistas y fallidos ensayos de cianotipia. los espacios en blanco y guiones introductorios han transmutado en grafías verticales y osarios pesadillescos. desde ese punto el registro enmudece, se torna ilegible o se limita a describir fenómenos climáticos anómalos y tragedias familiares sin importancia</p>
<hr />
<p>una vaca pare un ternero muerto en el follaje. observa la escena con nervio, esa placenta que escurre como una secreción cualquiera le hace pensar en residuos quirúrgicos, en acumulaciones de grasa o formaciones tumorales cuidadosamente embolsadas para su posterior examen. la ruma informe de animal aún tibio pero yerto sin conocer el mundo le conmueve, ese bramido materno lento y repetitivo como arrastrando sus lácteos órganos bajo la tierra, llevando intrínseca la tristeza de lo irremediable. cree ver en el ternero muerto la metáfora de algo, pero ignora qué</p>
<hr />
<p>los animales del bosque huyen de la luz diurna, se agazapan en madrigueras o pequeñas cuevas, descreen la autenticidad de los reflejos solares sobre la tierra vegetal que circulan. la fauna diurna es una especulación para hacer más llevadero el descampado que evapora el paisaje, el peladero que devasta como un sarcoma su continuidad y envergadura. no es un animal el animal que se ve de día: es un bosquejo inmaterial que reclama su derecho a difuminarse otro entre la hierba que huele. la luz hace fluctuar el ordenamiento natural de los lugares y los seres, antepone su lirismo, expande su gregaria liquidez. los animales del bosque huyen de la luz pero son absorbidos por ella; transcurren cazados por su reflejo, semejando sus cuerpos solsticios óseos</p>
<hr />
<p>la desmesura del distópico paisaje hace que piense la maternidad como un instinto en lo esencial repulsivo y antinatural. en el recién parido muerto se expone cierta extraña y tenebrosa biología que lo hace imaginar otros terneros ocultándose entre el junquillo, otras vacas higienizando a lengüetazos su sangrante pelaje. la muerte como la devastación parcial de un mundo sin significado aparente o como un parásito que crece sin ser detectado hasta eventualmente convertirse en otra cosa. cuerpos que se traducen entre ellos como transparencias obsoletas y amarillentas. después de morir cuántas veces morirá el ternero en mí, es lo que se pregun- tará cuando vuelva a casa</p>
<hr />
<p>un animal cualquiera es el colapso de su finitud rumiando voces que no son poemas pero igualmente lo conmueven. sobrevive el invierno registrando en cuadernos nombres de especies zoológicas ya extintas; adjunta un dibujo de cada una y la fecha de su último avistamiento, luego piensa el ternero muerto y se pregunta qué parte de sí murió con él. la fiebre de los árboles perennes atrae el banco de medusas que sueña cuando vuelve, afila sus maderas, fisura sus núcleos. hay cuerpos de animales congelándose que frotan sus pelajes por lascivia como un alud de fuego a contraluz, inflamando su carne y el follaje que pernoctan</p>
</div>
<div class="column">
<div class="page" title="Page 193">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<hr />
<p>una casa sola en un paisaje deshabitado siempre propicia una especie de anacrónica melancolía. quien la piensa supone ciertos animales desplazados de escena contemplando perplejos la destrucción de su hábitat, degollándose o tocándose en señal de amor. usualmente saben que no es el final, que no es posible borrarse tan de golpe y se dejan hundir en el follaje como en un sueño, aprehendiendo desde su húmeda corteza nubes y montañas que se desplazan ingrávidas, clareando a ráfagas muertos que mueren por preservarse tibios en casas que solo pueblan ectoplasmas y orbs. quien piensa todo eso lo hace leyendo poemas de amor escritos por y para idiotas, fijando su corazón con terror al deseo que le une y le separa de todas las bestias copulantes de la tierra</p>
<hr />
<h1>CARLOS ALBERTO TRUJILLO (1950)</h1>
</div>
</div>
</div>
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</div>
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</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 194">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>YO LIMITO</h2>
<p>Yo limito y por limitar con cada hora cobijada en mis manos<br />
soy desde el mismo nacimiento<br />
mi propio y más terrible límite</p>
<p>Yo limito</p>
<p>Yo limito con sillas, con mesas,<br />
con bibliotecas, con calles con casas, con los números telefónicos,<br />
con los R.U.N.<br />
y los R.U.T.,<br />
con las libretas de ahorro,<br />
con las libretas de seguro,<br />
con el mar, con el puerto y los puertos, con mis costillas por delante<br />
y mis costillas por detrás,<br />
con los cables de alta tensión<br />
y las huellas de labios en los vasos</p>
<p>Yo limito</p>
<p>Yo limito con Bernardo O&#8217;Higgins arrancando/<br />
de Rancagua,</p>
</div>
<div class="column">
<p>con Manuel Rodríguez vestido de cura<br />
por los cerros de la historia,<br />
con Arturo Prat y su busto mojado por la lluvia en la Plaza de Castro,<br />
con el dieciocho de Septiembre,<br />
con el Mes de la Patria,<br />
con todos los sesquicentenarios,<br />
aniversarios y demases</p>
<p>Yo limito</p>
<p>Yo limito con el escapulario que me colgaban/<br />
del cuello,</p>
<p>y con la imagen de la Virgen del Carmen entre dos/ oficiales de barba,</p>
<div class="page" title="Page 194">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>y con el Mes de María,<br />
y con los crucifijos oxidados sobre los marcos de/</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>las puertas, y con la salvación eterna</p>
<div class="page" title="Page 194">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>escondiéndose siempre bajo distintos sombreros</p>
<p>Yo limito</p>
<p>Yo limito con mis suspensores, con mis primeros/ zapatos;</p>
<p>yo limito con la mañana, con lo que no es la mañana; con mis ojos y mis orejas;<br />
yo limito con mi olfato y con mi tacto,<br />
con los decretos y los contradecretos,</p>
<p>con las relegaciones y los exilios</p>
<div class="page" title="Page 195">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Yo limito con mi fe de bautismo, con mi certificado de defunción</p>
<p>Yo limito con todo y con nada Todo en mí hoy es límite<br />
Cada palabra limita a la siguiente</p>
<hr />
<h1>JOSÉ MANSILLA (1962)</h1>
<div class="page" title="Page 195">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>EL ROSTRO MANTIENE SU PACIENCIA</h2>
<p>Ahora sé lo que contuvo el silencio,<br />
un desborde seguramente<br />
hacia otras latitudes<br />
donde las explicaciones no fueran necesarias.</p>
<p>Era la vuelta imprescindible por el corazón, en que flamearan telas de distinto signo, todas nubes aconteciendo en el presente.</p>
<p>Ahora que ya no nos hablamos,<br />
el misterio ronda por las calles de barro.</p>
<p>Agoniza el hombre en las sombras y otros beben su vino.</p>
<p>Nada se ha perdido dices y hablan raíces rojas<br />
en el mar de las ausencias.</p>
<p>Todo adviene en agua que aflora<br />
y raídas vestiduras olvidan su cuerpo.</p>
<p>Exudan sudores los frescos paños en la frente del caído.</p>
<div class="page" title="Page 196">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Y brilla un rostro lozano<br />
en las grises maderas de los cercos.</p>
<p>Ahora que ocurre este paseo,<br />
te despides de los vecinos limpia y sinceramente.<br />
y las palabras ya no suenan,<br />
el gesto es una mano en alto para decir adiós definitivamente</p>
<p>Se ensordecen los últimos tocadiscos en los bares que tus ojos vivieron.</p>
<p>Y bebemos como acto final esta caña de vino blanco, que has dejado olvidada<br />
en medio de las cenizas.</p>
<p>Ya sé lo que contuvo este silencio.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 196">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>MARIANA CAMELIO VEZZANI (1994)</h1>
<h2>COMUNA RÍO VERDE</h2>
<p>la cinemática de la liebre se estudia con un hilo que sostengo entre mi ojo izquierdo<br />
y el espacio vacío después del salto del animal un nudo marca la distancia</p>
<p>pienso repetir el gesto<br />
pero la velocidad no se mide con los dedos</p>
<p>no se le pegan cardos a las liebres vadear a los zorros en la estepa<br />
hace que la geometría del movimiento tenga ángulos rectos<br />
no cavan madrigueras<br />
los lebratos nacen desprotegidos<br />
la cinemática no es una ciencia exacta</p>
<p>un ovejero mira los saltos de las crías desde el puesto a tres horas<br />
de la casa principal y recuerda<br />
un cuento lleno de liebres doradas asesinadas por los perros</p>
<hr />
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<div class="column">
<h2>SÓTANO DE LA CASA PRINCIPAL (KM 37 SUR, ISLA RIESCO)</h2>
<p>hay zorros que viven debajo de esta casa<br />
su asentamiento siempre ha sido radial y concéntrico todo túnel lo aprendí de memoria<br />
el ejercicio de dibujar la isla boca abajo<br />
hizo aparecer en el papel un trazado perfecto<br />
de crujires soterrados nocturnos<br />
allí aparecieron también<br />
manchas de musgo que esconden quemaduras zorros que duermen en esas manchas tibias</p>
<p>sueños de árboles con corteza fotosensible que imprimen caras cuyos nombres<br />
y genealogía no recuerdo</p>
<p>en el verano vimos pájaros de muchas especies pero todos de un gris ceniciento<br />
la laguna a medio congelar tiene surcos azules y/</p>
<p>otros verdes<br />
nada entiendo yo de crujires pero con la lluvia en cada uno de esos huecos<br />
crecerían líquenes amarillos:</p>
<p>durante todos los tiempos en los barcos<br />
se han visto fuegos en la punta de los mástiles durante la tempestad se les ha considerado siempre</p>
<p>un signo de protección</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
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<div class="column">
<h1>VICENTE OYARZÚN CARTAGENA (1992)</h1>
<h2>SÍNTOMAS DE DESHIDRATACIÓN</h2>
<p>como lagartijas que ofrecen su lomo al sol</p>
<p>subimos una calle<br />
el diálogo empinado<br />
se interrumpe por el ritmo de la respiración</p>
<p>la tinta azul se extiende</p>
<p>hasta la orilla de una playa no apta para el baño donde se concentran<br />
en un mismo punto miradas<br />
que ascienden leves</p>
<p>como burbujas de agua mineral la espuma de ese oleaje</p>
<p>nos absuelve un licor derramado<br />
sobre el techo de barcazas zarpando hacia otros puertos</p>
<p>por nuestras venas<br />
la forma de peces<br />
nada a contracorriente el amor</p>
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<div class="column">
<p>toma una parte del cuerpo que nos falta</p>
<p>para variar algo se queda en el lugar de los efectos que pudieron resultar indispensables</p>
<p>imposible permanecer así más tiempo</p>
<p>es lento el espectáculo<br />
de letreros que se empiezan a encender</p>
<p>y un lenguaje de miradas que no se cruzan</p>
<hr />
<h2>IMAGINACIÓN DE LA ESCENA</h2>
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<div class="column">
<p>dos personas con los pies en el agua<br />
a la orilla de un mar<br />
no tan mar</p>
<p>un poco río<br />
champú de manzanilla<br />
la luz del sol<br />
que lxs destaca<br />
cual dos palabras<br />
en un texto<br />
la ventisca trae<br />
el recuerdo aerodinámico todxs duermen<br />
cuando un beso se instala<br />
en la mañana<br />
intentas no parar demasiado las gaviotas de la aurora resulta fácil sentarse<br />
a inventar con la voz<br />
una caricia<br />
si no fuera en la vía pública donde imaginas<br />
esta plaza nocturna<br />
atestada de gente y de palomas que se esquivan<br />
mutuamente</p>
<hr />
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<h1>IVONNE COÑUECAR (1980)</h1>
<h2>LA OMNIPRESENCIA DE LA GENERACIÓN EQUIS</h2>
<p><strong>I [no estar ni ahí solo fue la presencia a la que nos relegaron]</strong><br />
yo estuve ahí cuando cargaron los materiales y bellas las terminaciones/ a esa lápida no pudimos ponerle nombre/ no se sabía cómo/ si la hipocresía de las bestias hizo olvidar los apellidos. yo estuve ahí/ cuando abrieron los caminos más lejos que la Antártica/ besé cada piedra sin saber si de ida o de vuelta/ soda cáustica en los cerros/ los campos/ la piel. Carretera Austral llamaron a todo eso/ para mí no tuvo nombre hasta que me fui/ entonces eché de menos no saber nombrarla/ y se llamaba Carretera Austral general augusto pinochet i mi región se llamaba del general carlos ibáñez del campo. pero yo no les debo nada a los milicos.</p>
</div>
<div class="column">
<p><strong>II [nosotros masificamos el uso de fármacos para la felicidad]</strong><br />
yo estuve ahí/ cuando todos esquivaron los hoyos/ abrí la tierra poquito a poco/ requerí castigo ejemplar para las bellas víctimas de los noticieros de última hora. yo estuve en esa discotec. dentro de tu útero rasgando las paredes y corté el cordón/ quise ahorcarme/ caminé por tanta nieve/ tanta nieve/ que no necesité sol/ ni luna/ ni estrellas/ pude haber muerto en la nieve. pude haber muerto en cualquier parte/ y no sabría cómo usar escaleras mecánicas/ puertas o micros. soluciones químicas vienen mejor. yo estuve ahí con el tejido de las arañas/ las pisadas de las cucarachas/ con mi cabello de guerreros antepasados/ mis piernas sin estigmas/ despierta mi piel huilliche sin cansancio ni rasguños. tinnitus enceró todo el rededor/ la gente filtro/ la gente cerámica/ los extras. solucionamos con químicos esa sonrisa que no aparece. yo estuve ahí donde el abandono carece de nombre. y todas las invitaciones sí/ todos los consejos no. cerraron la puerta a la india idiota como su padre la india que jala/ y jala/ y no se atreve a disparar. en la pirotecnia de tus ojos amor gritaste silencio y el silencio fue sordera.</p>
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<div class="column">
<p><strong>III [se alegraron de que no supiéramos de historia ahora que todo comenzaba con la palabra democracia]</strong><br />
yo estuve ahí/ en esa política llena de artistas y premios y eligieron a todos/ menos a mí porque no tenía talento/ contactos/ ni voto y Chile se abrió como putita nueva. miedo y pudor en las calles/ qué era libertad nadie supo e hicieron lo mismo todos los días. exhibieron tantas heridas y desapariciones/ volvieron diciendo Europa Exilio Persecución/ mitificaron con gracia el derecho internacional público/ todos querían oírlos&#8230;/ y la pobreza señoras y señores/ qué hacemos con esos pobres sin estilo / ni talento/ ni premios/ ni gracia/ ni voto y con hambre/ tanta hambre. yo estuve ahí con mi torpeza nevermind del nirvana infierno y ropas ajadas/ y nada importó porque tuve tanta rabia / y encontré las canciones perfectas/ sin supersticiones ni manías vi la nieve roja/ porque un tiro en la cabeza huele mejor que el teen spirit. yo estuve ahí en la línea de fuego y llamé a mis muertos/ pregunté cuándo se acaba esta pena. yo estuve ahí en la inopia/ con los tejidos de las arañas/ las pisadas de las cucarachas/ rasgando mi útero con mis manos de niña/ y dije ojalá te mueras/ luego todo se apagó.</p>
<hr />
<h1>VERÓNICA ZONDEK (1953)</h1>
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<h2>DESDE LA OTRA ORILLA</h2>
<p>A Georg Trakl A Jaime Huenún y su lectura interclusa</p>
<p>La ciudad no es más que un despliegue en/<br />
agua cristalina</p>
<p>y arrastra en azul tu cuerpo al desplome.</p>
<p>Un ramo de jeringas te viste de luto<br />
y tu corazón bombea envuelto en demencia. Hay un forastero que galopa al anca de los/</p>
<p>murciélagos y hace intentos por no girar su cabeza hacia el/</p>
<p>costado.</p>
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<p>Un edificio apaga su fuego marmóreo<br />
y es calmo<br />
y desliza por ti un pulso encarnado y reptil.</p>
<p>Deambular es ahora un qué de soplos y una búsqueda silente de guijarros</p>
<p>que</p>
<p>de uno</p>
<p>en uno</p>
<p>y sin engaños</p>
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<div class="column">
<p>son raudo precipicio en las grietas que cría/<br />
el alabastro.</p>
<p>La sombra sobre el río es de alarido ‘pajaril’ y es blanco el graznido Juan Luis<br />
e inasible<br />
el granate coágulo que fermenta el lamento.</p>
<p>Repta entonces<br />
serpentea sucio el miembro entumecido<br />
y cruje en solitario el cristal de una lágrima.</p>
<p>Trakl<br />
caminante y celada de huérfano decir<br />
no desea<br />
no evita el golpe en oscuro<br />
en un lunes muy anterior a aquel de Vallejo<br />
que entonces en rosáceo y frente al ojo celeste fue entrando en el añil profundo y más lejos junto al destino de la fina hebra que hoy me teje/</p>
<p>el paño</p>
<p>por carnosa avizorar un mirar impreso</p>
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<div class="column">
<p>y entrever los signos en la escritura que amaso.</p>
<p>Trakl<br />
vago interdicto del Bosque Negro abismo encadenado al pulso escindido abrazo<br />
irrumpes en profundo y cerúleo<br />
y truenas como la arcilla al vientre y te haces familia una con la noche.</p>
<div class="page" title="Page 201">
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<div class="column">
<p>Es lumbrosa tu lóbrega habitante de cuarzo y latente el abrigo de tierra a la medida.</p>
<p>Un alma ajena destila el rojo por hacerlo suyo y atraído<br />
y negro el farellón en el risco de tu ojo<br />
es sello y lacra en boca de cavernas en olvido.</p>
<p>Cielo e infierno avecindado en tu corazón.</p>
<p>Un leve toqueteo de alas sobre el arroyo/ transparente.</p>
<p>Un murmullo de ángeles a la espera.</p>
<p>Trakl.<br />
Hombre y poeta.</p>
<p>Cae tu cuerpo<br />
y el agua es más tan bermeja<br />
que pretexto te resulta tibio el aliento.</p>
<p>Izas tu cola en señal de ardua patria y ya eres salto/ en la otra orilla.</p>
<hr />
<h1>SERGIO MANSILLA (1958)</h1>
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<div class="column">
<h2>ALLÁ LEJOS TE VEO VENIR</h2>
<p>Allá lejos te veo venir<br />
como una llovizna<br />
que hace palidecer<br />
las azules colinas.<br />
Saco apresuradamente<br />
al patio mis árboles, mis hinojos, todos mis seres pequeños y pobres</p>
<p>que pululan por doquier: libélulas, mariposas,</p>
<p>cantáridas de siete colores, algas y avecillas.<br />
Me vacío entero<br />
como un balde con agua que se vuelca en el piso</p>
<p>y me extiendo cuan amplio soy para recibir la miel<br />
que trae tu presencia.</p>
<p>No vaya a suceder<br />
que llegues<br />
y esté todo solitario y triste,<br />
todo cerrado, tapiado hasta las nubes, y el amor, como un niño mendigo, llore sin pan<br />
y se duerma en la mampara<br />
de cualquier casa<br />
tiritando abrazado a su perro.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h2>NUESTROS DESCENDIENTES</h2>
<p>Quizás hallen en las viejas bibliotecas de ellos algún poema olvidado parecido a este.<br />
Algún periodista mal pagado tal vez escriba «Se halló un pergamino cuyas líneas inexplicablemente van y vienen como surcos de una siembra».</p>
<p>Y algún paleógrafo, sin mucha convicción, dirá: «Veré si puedo saber qué dicen estos caracteres/ arcaicos.</p>
<p>Se ve que es un lenguaje primitivo,<br />
con palabras rudimentarias, onomatopeyas quizás que imitaban el canto de los pájaros o el sonido/</p>
<p>de los ríos».</p>
<p>Y no habrá a quién preguntarle.<br />
Solo estarán ahí las palabras mudas, incapaces<br />
de narrar la finitud de los cuerpos que ya se fueron.</p>
<p>Y las examinarán bajo lupas electrónicas,<br />
y analizarán la química de la tinta,<br />
y aplicarán algo más preciso que carbono 14<br />
para calcular la edad de las manos que escribieron caracteres tan viejos como el sol.</p>
<div class="page" title="Page 203">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Quizás el manuscrito termine en un museo/<br />
para turistas</p>
<p>y toda esperanza de canto se aleje a una distancia/ sin retorno.</p>
<p>Quizás simplemente se pierda en los sombríos bosques de un futuro sin humanos,<br />
y el poema no será ni poema ni nada<br />
cuando ya no haya idioma en el murmurar de/</p>
<p>las nubes y no quede más que una enorme roca rodante</p>
<p>en la interminable noche espacial de nadie.</p>
<p>Un poema demasiado breve para cantar las hazañas/ de los héroes</p>
<p>y demasiado extenso para tanto impenetrable/ silencio que somos.</p>
<hr />
<h1>CLEMENTE RIEDEMANN (1953)</h1>
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<div class="column">
<h2>EL HOMBRE DE LEPZIG</h2>
<p>El padre del padre de mi padre traía todo el mar en sus mejillas. Trajo un cormorán en la mirada y una flauta dulce en los bolsillos. No trajo papeles ni osamentas. Le quitaron su historia en las aduanas y venía de lejos.</p>
<p>Al llegar, solo la niebla, pañal de maíz para envolver los viejos barcos de madera: la Steinward, el Hermann, el bergantín Susanne y el Alfred. Todos buscando el paraíso. Para todos, desengaño y selva.</p>
<p>(El daguerrotipo muestra a unas familias apiñadas y sin saber a qué atenerse. Allí dormitan en el suelo el hacedor de calamorros y la mujer del peluquero. También, un niño con paperas)</p>
<p>¡Oh viejos barcos de madera! ¡Oh germánicos famélicos! Les prometieron la tierra pero la tierra tenía dueños falsos. Falsas estacas de papel y no auténticos rewes milenarios.</p>
<p>El padre del padre de mi padre hubo de hablar en otra lengua, gotear, de nuevo, el semen de la aurora. A fundar cosas es que vino el hombre de tan lejos. Corral, después de un siglo pronuncio tu nombre en la mañana. Estoy de pie sobre una lancha arrojando trozos de carne podrida a las gaviotas. Por aquí entró en América el perseguido, uno que no fue rico ni famoso, sino bello. Porque bello es todo cuanto sigue siendo, a pesar de la muerte, el deterioro y el olvido.</p>
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<div class="column">
<p>El hombre de Leipzig, el carpintero, me trajo a tierra en el lápiz de su oreja, de donde he bajado para organizar el mundo con palabras.</p>
<hr />
<h2>SANTIAGUILLO</h2>
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<div class="column">
<p>Que se pudra el provinciano resentido que niega su pasado de piedras i lodo, el petulante mandarín, el bobo crédulo en la idea de Santiago como capital de algo.</p>
<p>Honor para el santiaguino que no se enrola, ni se enreda en justificaciones de medio pelo, cuando tie- ne que levantar la espada para zanjar cuitas con el huaserío pusilánime.</p>
<p>Que reviente el charquicán botado a strogonoff.</p>
<p>Si mamamos todos de la misma partera, si tocamos las estrellas gracias a la oscuridad de los otros, si cor- tamos diez mil cabezas para conservar en su lugar la nuestra, ¿a qué tanto aire de prostituta enriquecida en los casinos?</p>
<p>Santiaguillo, aún te miras el rostro en el culo de París i te lavas las manos con el agua en que han hervido las salchichas de Nueva York. ¿Cuándo mirarás hacia el fondo de la chacra que te da de comer?</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-26-a-las-14.44.20.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1743" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-26-a-las-14.44.20.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-26 a la(s) 14.44.20" width="339" height="533" /></a></p>
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		<title>WALLMAPU</title>
		<link>http://mediorural.cl/wallmapu/</link>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2022 01:38:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Poemas]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>

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		<description><![CDATA[fotografías: Daniela Meliang Antulafken EL CUERPO Y EL POEMA antologador: Faumelisa Manquepillán Calfuleo Cómo explicarle al lector que estas palabras/ han nacido desde los más profundos ríos antiguos, que viajan/ d e cuerpo en cuerpo, de torrentes milenarios y hoy vienen a hablar junto a las aguas, creando diálogos a veces en la paz infinita de/ los tiempos a veces [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 138">
<div class="section">
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">fotografías: Daniela Meliang Antulafken</h6>
<div class="page" title="Page 139">
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<h1>EL CUERPO Y EL POEMA</h1>
<h6 style="text-align: right;">antologador: Faumelisa Manquepillán Calfuleo</h6>
<div class="page" title="Page 139">
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<div class="column">
<p>Cómo explicarle al lector que estas palabras/<br />
han nacido</p>
<p>desde los más profundos ríos antiguos, que viajan/ d</p>
<p>e cuerpo en cuerpo, de torrentes milenarios y hoy vienen a hablar junto</p>
<p>a las aguas,<br />
creando diálogos a veces en la paz infinita de/</p>
<p>los tiempos</p>
<p>a veces furiosas desde lo cósmico.<br />
En estas palabras se encuentran sueños, visiones,/</p>
<p>perimontu</p>
<p>sonidos de voces, del corazón.<br />
En ellas encontramos cantos y dolor de/</p>
<p>árboles caídos, palabras azules en la luz de la mañana,</p>
<p>palabras galopantes recorriendo tierras que/<br />
fueron usurpadas</p>
<p>entre la luna nueva,</p>
</div>
<div class="column">
<p>aguas de vertientas que fueron empujadas por/<br />
el viento.</p>
<p>Palabras morenas viajan entre los amaneceres,/<br />
que mueren</p>
<p>y que de pronto resucitan para convertirse/<br />
en eternas,</p>
<p>palabras de fuegos.<br />
Despiértate decía una gota a la vertiente en/</p>
<p>plegarias y murmullos. viajan las palabras palpitantes entre el líquido/</p>
<p>amniótico amándose y entrelazándose desde sus nacimientos/ enraizados.</p>
<p>suenen los kultrun en el wallmapu desde los/ cuatro puntos</p>
<p>allá desde las cuatro fuerzas, desde los mares,/ lagos, ríos, lagunas</p>
<p>quebradas, vertientes y esteros.</p>
<hr />
<h1>TERRITORIOS DE LA PALABRA MAPUCHE</h1>
<div class="page" title="Page 140">
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<div class="column">
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<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">antologadora: Claudia Rodríguez Monarca</h6>
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<div class="column">
<p>La presente selección constituye una muestra de textos de veinte poetas del wallmapu (diez mujeres y diezvhombres, en ese gesto y guiño por el principio regulador del equilibro de todo lo viviente); creadoras y creadores, portadores de múltiples y diversos saberes ancestrales, artísticos, académicos, experienciales, aprendidos de la mano de sabios mayores, heredados o soñados. Para ellos y ellas, la palabra poética tiene un valor profundo que va más allá de la fijación en la escritura, y es su relación consubstancial con la oralidad, el canto, el diálogo, la observación y la escucha, lo que supone un modo distinto de enunciación y recepción. De esa vital experiencia saben mucho, sostenida por una larga historia de décadas y más de cien poetas y oralitores que dan espesor a la cultura y la palabra viva.</p>
<p>Más allá de este punto de confluencia, creemos importante relevar la diversidad en las y los poetas y sus poéticas, diversidad en las distintas generaciones y edades, lo que significa que se encuentran en distintos momentos de sus trayectorias escriturales y artísticas; diversidad de las zonas geográficas donde habitan, y en las que muchas veces abrazan más de un territorio, porque se desplazan o porque tienen la experiencia de vivir en dos o más paisajes; también son otros los modos en que se relacionan con sus propias tradiciones, con su historia, y con su lengua y en los que dialogan, se nutren de otras culturas; diversidad entre los amplios y diversificados temas y sus proyectos poéticos-políticos-estéticos, además de los sellos y estilos particulares. Esa diversidad la traemos a esta muestra poética. Entre los poemas acá presentados, hay poemas inéditos, poemas de libros publicados, algunos más antiguos que otros, algunos más conocidos que otros.</p>
</div>
<div class="column">
<p>El alero que cobija esta hermosa diversidad es el sentimiento de pertenencia a la Nación Mapuche, al Wallmapu, que abarca un extenso territorio, que va desde Santiago al sur (podríamos decir santiago, con minúscula, porque es esa parte marginal y marginada de la capital, obliterada y relegada, la parte más provincia y más auténtica a la vez), y del Pacífico al Atlántico, como los puntos cardinales y sus cuadrantes, dibujados en el kültrün tañido por la machi, que emite la música sagrada que cubre y delimita su territorio. La ruta cartográfica de este recorrido simula ese trazo, encontrado también en el rewe, como escribe Rayen Kuyen: «Aquí están las cuatro fuerzas de los vientos/ abriendo los espacios en el rewe sagrado. / Allí está Genechen y los ancianos lonko». Desde el norte de la Nación Mapuche, en que el escenario es silente, allí donde en medio de los fierros crece la totora, asoman las fuertes voces de la mapurbe, sus voces son gritos, llanto, rabia, eco («Entonces los ecos retumban por las llanuras de hormigón / por los causes servidos del Mapocho»). La ciudad los escupe a los márgenes y no hay cobijo, y el hogar es solo «un catre/ donde empotrar el cuerpo» (Aniñir). Ese es el espacio que habitan, que los interpela y a la vez los deja en la intemperie, donde no se ve el azul azul mapuche, sino ese azul gris, como se titula un libro de Eliana Pulquillanca; pero es un territorio en resistencia, desde el que luchan y recuperan la voz y el corazón, que ahora late, tañi piuke&#8230; «en su palpitar de trueno» (Catrileo).</p>
<div class="page" title="Page 141">
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<div class="column">
<p>Un poco más al sur, surge la palabra poética mapuche, ancestral, de la araucanía profunda, que se funde y confunde con los sonidos de la naturaleza, inclusive con su silencio con los cantos, los sueños, la lluvia, los pájaros (que, al decir de Aillapán, captan las esencias «de todas las melodías y canciones de la tierra»), los ríos, la montaña, el Pehuén, como escribe el poeta Carlos Levi, quien ya partió al wenumapu, «Eres esa montaña/ por donde corren los ríos./ Allá afuera/ los ancestros/ sujetan nuestra sangre». Montaña y volcán, espacio sagrado donde habitan los espíritus de los ancestros, los pillanes, «Jefes, Ancianos y Jóvenes/ de la Tierra de Arriba/ Ustedes, habitantes del volcán/ Amaneciendo» (Chihuailaf ), y más acá el paisaje cotidiano, donde «el pulmón trabaja al sentir el pie sobre la tierra» (Wenuan); la tierra labrada, trabajada desde tiempos inmemoriales, en que los abuelos araban la tierra fértil («Recuerdo, el rostro moreno,/ de mi querida abuelita&#8230;/ Ella pincelaba la tierra,/ con sus agotados pasitos&#8230; Con su canasto bajo el brazo,/ ¡no se cansó de sembrar!» dirá Huenuñir). Pero esa tierra ha mutado con la brutal explotación de los bosques; la deforestación ha traído calamidades, como el brutal asedio policial («la huella de un perdigón/ incrustada en el tronco/ de un roble») y las sequías, en las que no se sostienen ya ni las vertientes: «Vertientes en resistencias/ sin helechos los pajonales/ sin agua los esteros» (Panchillo). La ñuke mapu es acorralada, al igual que la lengua, el mapudungun, en esa búsqueda vital por su propia voz, dirá Cayupán «una palabra indecible/ sin diccionario/ ni terruño&#8230; En qué época dejamos de ser vegetal».</p>
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<div class="column">
<p>Más al sur, en la tierra de los cuerpos de agua, ríos, mares y lagos, danza y canto se funden también.</p>
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<p>Hay que hacer rogativa, espantar los malos sueños, «aquí no explotamos al hombre por el hombre/ aquí no destripamos la tierra» (Milanca); entonces, purrun, danzar e invitar al baile, como hace Man- quepillán con sus amigas y los árboles, «danzando bajo el cielo azul./ En la trutruka se oía/ la voz de los espíritus./ Las pifilkas con canto de golondrinas/ nos conducían al baile ceremonial./ Todas purrukábamos todas». Con la danza, el canto, como la voz potente y sagrada de Lienlaf, «ya es hora de cantar junto al agua papay. Ngenko nos limpiará de los malos sueños». Y entonces el mar, como dirá Antillanca: «Miré el mar/mi propio mar&#8230; Mar adentro/ sus alas se abrían al infinito».</p>
<p>Desde el sonido del agua —la lluvia y el mar— y la espesura del bosque nativo, surgen las voces de los huilliches de la costa del sur. Allí «los williche/ desclavan de sus rucas las penas./ Se descuelgan de la historia/ y a Pucatriwe llegan» (Huinao). Allí mismo donde Colipán le dice a su hija: «Cuando de viaje, hija, salgas al mar/ ten siempre en tu corazón a Wenteyao». El mismo mar en que, «repito este mi rezo/ por si vienes./ Aquí, frente a las olas/ me arrodillo» (Rupailaf). El bosque, por su parte, hace lo suyo, como en «Ceremonia del amor», de Huenún: «Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín/ e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse/ amantísimos, peumos».</p>
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<div class="column">
<p>Cruzamos la cordillera hasta la Patagonia argentina, allí Liliana Ancalao y Viviana Ayilef escriben y recitan con un timbre dulce que cautiva; sus acentos son otros, pero a la vez los mismos, igual que sus temores y sus despojos, «no me tocan los pewma/ venidos de la tierra/ es que no soy correspondida/ porque vivo en la ciudad» (Ancalao). En ese mismo espacio denegado se instala la voz de Ayilef, «Pero yo escribo en este hueco/ en un tembladeral escribo&#8230;/ Porque yo escribo donde nadie&#8230;/ como si nunca».</p>
<p>La incorporación de esta muestra en la antología permite pensar lo territorial desde otros ámbitos, simbólicos, culturales e históricos. Asoma la idea de lo multiterritorial, en el sentido de cruces y simultaneidad de paisajes, de lugares, de dimensiones, de despojos y resignificaciones. El territorio es la ñuke mapu, pero también es el cuerpo y el poema, el lugar donde late un corazón. Y la palabra poética se hace en el decir, y en ese acto de habla, en ese gesto recursivo, citamos nuevamente al poeta que abre la muestra, Aniñir, «enjuágate la sonrisa y los ojos para ver nuevamente lo que falta por/ construir».</p>
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<hr />
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<h1>DAVID ANIÑIR GUILITRARO (1971)</h1>
<h2>FIGURACIÓN</h2>
<p>Con palabras e imágenes<br />
rumbo a las vísceras<br />
en la certidumbre de verse al espejo y trisarse los ojos,</p>
<p>El escenario es silente<br />
alrededor hay pisadas<br />
que calan cenizas de hielo</p>
<p>El secreto del washo mal parido<br />
el grito a la luna<br />
botando el amniótiko de sus fauces</p>
<p>lubricando la verdad de estar vivo</p>
<p>con llanto</p>
<p>para luego irse de cuento por la vida</p>
<p>Los sentidos delatan la contracaricia:<br />
oler sus texturas curtidas<br />
el tacto su mirar oceánico<br />
el sabor de sus gemidos de vaho entrecortado</p>
<p>y escuchar los movimientos de su fragancia:</p>
<p>el caos aletea su tierra.</p>
<p>Despojado ante la razón nada es secreto</p>
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<div class="column">
<p>Entonces los ecos retumban por las llanuras/<br />
de hormigón</p>
<p>por los causes servidos del Mapocho</p>
<p>desmantelando ese entre mirar miope,</p>
<p>ficción que nunca alteró a nadie</p>
<p>menos al espejo.</p>
<hr />
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<div class="column">
<h1>LEFIMAN</h1>
<p>Hubo esos días en los cuales tú no sabes si el sol/<br />
se equivocó</p>
<p>al salir o al entrar.<br />
Hubo esos días R de revuelta, cuando la sangre/</p>
<p>revienta por los ríos o simplemente revuelve su cauce río arriba/</p>
<p>por puro gusto</p>
<p>y disgusto.</p>
<p>Hubo noches llenas de sueños donde nunca supimos de asesinatos y el hogar no pasaba de ser tan solo/</p>
<p>un catre</p>
<p>donde empotrar el cuerpo.</p>
<p>Hubo visiones, Perimuntú, alusiones y esquizofrenias/ que no</p>
<p>fueron de categoría y diagnóstico médico. Hubo de esas donde la piel se mimetizaba con/</p>
<p>la noche y el futapewma, sin que ningún perro salga con su/</p>
<div class="page" title="Page 147">
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<div class="column">
<p>Fusil AK-47 y te ladre a media noche: «¡Carabineros de Chile,/</p>
<p>andando</p>
<p>indio conchetumadre!».</p>
<p>Hubo recuerdos evocados para enseñarnos cómo/ se debía obrar,</p>
<p>donde el cerezo aún nos enrojecía el beso<br />
y los viejos no sufrían porque uno se ausentara.</p>
<p>Hubo mágicos movimientos estelares bajo los/ cuales se podía</p>
<p>distinguir claramente cómo antiguos cometas/ barbechaban la</p>
<p>tierra de allá arriba, y hacían llover para regar nuestra/ seca carne</p>
<p>mientras los arcoíris peinaban las nubes: su chasca/ de espuma.</p>
<p>El tiempo pasado fue mejor, musitaba la larva rumbo/ a ser</p>
<p>mariposa debajo del tronco herido.<br />
Hubo esquinas plagadas de fuego por las noches para/</p>
<p>puro celebrar la trawunión de amigos y qué más da.</p>
<p>También hubo diamantes que colgábamos en el/ pecho para no extraviarnos en el río de plata mientras nadábamos/ precoces en el</p>
<p>paraíso depredado</p>
</div>
<div class="column">
<p>¡Ya poh Lefiman, pégate la cachá! Engulle esta/ plegaria,</p>
<p>enjuágate la sonrisa y los ojos para ver nuevamente/ lo que falta por</p>
<p>construir&#8230;</p>
<hr />
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<div class="column">
<h1>DANIELA CATRILEO (1987)</h1>
<h2>TAÑI PIWKE</h2>
<p>tañi piwke piwke piwke</p>
<p>después de veinte años supe que mi corazón latía con otro nombre</p>
<p>me fue negado<br />
el sonido de su voz</p>
<p>hasta que desperté en su palpitar<br />
de trueno</p>
<p>tañi piwke tañi piwke</p>
<p>piwke piwke.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 148">
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<div class="column">
<h2>QUISE ADENTRARME EN EL BOSQUE</h2>
<p>comer algunas moras<br />
estirar las piernas en soledad</p>
<p>Saco algunas fotografías:</p>
<p>un escarabajo intenta subir una hoja al nido de un ave</p>
<p>un zorro contempla el vuelo de unas libélulas</p>
<p>la huella de un perdigón incrustada en el tronco de un roble.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 149">
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<div class="column">
<h1>ELIANA PULQUILLANCA (1963)</h1>
<h2>ES MI PALABRA</h2>
<p>Mis palabras son simples, no llevan serpentinas.</p>
<p>Mis poemas son réplicas de un pueblo valiente, mi palabra es camino pedregoso.</p>
<p>Yo canto el dolor de los árboles cortados.</p>
<p>Mi canto florece como foye,<br />
es agua que fluye del Lafkenche.</p>
<p>Mi palabra es sol, es lluvia, tormenta es sendero de invierno.<br />
Es tierra&#8230; simplemente.</p>
<p>Mi palabra es surco,<br />
es semilla que se para en el cemento, es trueno que hiere al racista,<br />
es lágrima que se une al Bío-Bío.</p>
<p>Yo hablo de la lucha,<br />
de la fuerza,<br />
de la rabia retenida,<br />
de la paciencia colmada.</p>
<div class="page" title="Page 149">
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<div class="column">
<p>Me duelen los golpes que en Lumaco azotan el rostro de mis hermanos.<br />
Es mi sangre la que brota.</p>
<p>En Traiguén los abuelos bosques,<br />
han sido reemplazados por pinos y eucaliptus, que secan el agua, enferman la tierra.</p>
<p>En Lleu-Lleu los espacios a recuperar, los azota la furia policial</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 149">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>RUKA</h2>
<p>Tüfamu purangi pañilwe<br />
tremkey ta trome/ tremey, nüwfünpürakey<br />
ñamku reke kintuyawul-lu ñi ilo<br />
fachi trufür lemuntu mew<br />
türpu llükalenon ka petu múñawülün epew tañi pu mellfü mew llenga<br />
Tüfamu nga ellkanietañi püllü ngachi kallfü chüngkür fey pengen ngey nga waria ñi kashü lelfün.<br />
ka wüño zañewtuy nga pu choyke<br />
wüñotuy nga pangi tañi trokiñ mew.<br />
llengi taiñ pu püñeñ.<br />
Santiaw Chile<br />
rumel nga mülepemum ta pu mapuche.</p>
<p>Kuyfi mew nga ayelefuy ta mapucho<br />
fey ruka kay küme anülefuy tañi inapüle.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 150">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>RUKA</h2>
<p>Aquí en medio de los fierros crece la totora.</p>
<p>crece, se empina<br />
cual águila buscando su carne<br />
en este bosque de polvo<br />
sin miedo y con epew en los labios.</p>
<p>Aquí el círculo azul guarda su espíritu y se aprecia la planicie gris de la ciudad. Los choike vuelven a anidar<br />
el Pangue a su manada<br />
nacen nuestros hijos.</p>
<p>Santiago de Chile<br />
habitado por mapuches desde siempre.</p>
<p>Antiguamente el mapocho sonreía y la ruka descansaba en sus orillas.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 150">
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<div class="column">
<h1>LORENZO AILLAPÁN (1940)</h1>
<h2>EL ZORZAL (WIIKLKAWÜN)</h2>
<p>De todas las melodías y canciones de la tierra capto/ sus esencias</p>
<p>Con gran deseo llevo sabor alegre a la gente que vive</p>
<p>Hace diez mil años que circundo este canto magistral.</p>
<p>Canto en la estación de las flores que comienza/<br />
en Primavera</p>
<p>En la frondosa orilla de los lagos del Maule al Sur</p>
<p>Resalta mi canto en el campo montañoso.<br />
¡With will ki ki with will ki ki tañi üy<br />
with will ki ki with will ki ki tañi üy!</p>
<p>Es la música y su lenguaje de mi bendita canción</p>
<p>Con notas melódicas surgen compases muy variados</p>
<p>Al canto y la danza sencilla, invita el director/</p>
<p>de orquesta A los seres nuevos a las guaguas les silbo:</p>
<p>La guagua se amamanta al compás del silbido</p>
<p>La guagua toma leche al compás del silbido.</p>
<p>¡Wit Will Whill ki ki tañi üy!<br />
La guagua toma leche al compás del silbido</p>
<p>¡Wit Will Whill ki ki tañi üy!</p>
<p>Cantando digo: Vida, Alegría, Amor<br />
Entre canciones y bailes por el aire a los oídos</p>
<p>Saludo así a los que cuidan a sus niños<br />
A los que están vivos, gracias a la madre naturaleza.</p>
<div class="page" title="Page 151">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Chülle mapu, paraíso terrenal de Cordillera a Mar</p>
<p>De Norte a Sur rejuvenece al volver la espiritualidad</p>
<p>¡With will ki ki pürüy ta ti püñeñ<br />
With will ki ki ülkantuy ta ti püñeñ!</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h1>EL QUELTEHUE (EL GUARDIÁN AVISADOR)</h1>
<p>Escucha y entrega los mensajes y parabienes</p>
<p>Bendito pájaro elegido de la comarca<br />
de ojos rojos que al parecer nunca duermen<br />
y se mimetiza en el lugar donde anida hasta que salen/</p>
<p>los polluelos de sus tres y cuatro huevos lunareados de/</p>
<p>colores pastos. Es el que canta desde que nace hasta que muere:</p>
<p>¡Trültriu PÜLTRÜ Kütrau che ta ti Triltriu Triraley Trilaley!</p>
<p>Es un hombre que viene con su sexo colgando<br />
Es una mujer y camina de otra manera<br />
Tiene cuatro patas, puede ser un perro o un zorro</p>
<p>Y en el tiempo de celo&#8230; canta y baila</p>
<p>Es el Queltehue que va romanceando el aire:</p>
<p>SOY EL GRAN ESPÍRITU DE LA/</p>
<p>FECUNDIDAD UNIVERSAL</p>
<p>¡Trültripe Trültripe trewa tati trewa</p>
<p>trültripe trültripe meli namun kulliñ!</p>
<p>Buen tiempo, buenas siembras, Buenas Cosechas</p>
<p>Corean largos cantos a manera de Oración</p>
</div>
<div class="column">
<p>Siempre curiosos de lo que sucede en todas partes</p>
<p>Alados guardianes de nuestra tierra<br />
que nos alertan de cualquier peligro.<br />
Orador incansable de la madre tierra:</p>
<p>¡Trüliliu Trüliliu Trüliliu Trüliliu</p>
<p>Triliu Triliu Trilui Trilui!</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 152">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ELICURA CHIHUAILAF (1952)</h1>
<h2>RUEGO EN LAS PAREDES ROCOSAS DEL CIELO<br />
(poema a la manera del canto de las machi)</h2>
<p>Estas son las palabras rituales dicen las Machi</p>
<p>Sí, ustedes ya las conocen: Jefes, Ancianos y Jóvenes</p>
<p>de la Tierra de Arriba Ustedes, habitantes del volcán</p>
<p>amaneciendo<br />
y Machi antiguos que oyen</p>
<p>nuestros ruegos<br />
Aquí está el hombre enfermo:</p>
<p>respira<br />
No lo dejen solo ahora</p>
<p>que le hemos traído</p>
<p>hierbas medicinales<br />
y, en nuestros cántaros, el agua</p>
<p>cristalina del alba<br />
¡Ven! Tenemos en nuestras almas</p>
<p>la vida de los ríos que suben</p>
<p>para el Oriente<br />
Bebe. Pero ay Genechen<br />
solo tú harás que ella refresque</p>
<p>Por eso también a ti te hablamos</p>
<p>viento maligno<br />
¿Qué bostezo tan profundamente</p>
<p>ladino y oscuro eres</p>
</div>
<div class="column">
<p>que vagas en el crepúsculo del día?</p>
<p>A ti te hablamos fuego resucitado</p>
<p>que mientes y escondes</p>
<p>tu verdadero rostro<br />
¡Ya!, ándate y quiebra la vara</p>
<p>con que golpeas a nuestro hijo:</p>
<p>En los pulmones, en la sangre</p>
<p>el corazón<br />
Fuerza maligna que acechas</p>
<p>en visión engañosa<br />
como un zorro más, como cualquier</p>
<p>guairao, como cabezas volando</p>
<p>como quilas floridas que</p>
<p>nos anuncian las penas<br />
En la fragancia de nuestros</p>
<p>remedios ándate, dicen las Machi</p>
<p>tú que como un mal sueño estás</p>
<p>en el anochecer ¡suelta!, quita tu oscuridad</p>
<p>mira que Azul es la luz</p>
<p>de la mañana Y tú, levántate hijo</p>
<p>Se repiten los ruegos<br />
en las paredes rocosas del cielo</p>
<p>y los guerreros despiertan<br />
y vienen, ya vienen<br />
¡Oo!, como pececillos brillando</p>
<p>desde la Tierra de Arriba<br />
ya vienen, los transparentes</p>
<p>y altos cóndores del sol.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 153">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>JUAN WENUAN (1977)</h1>
<h2>TROTE POR AVENIDA ZUNGÚN</h2>
<p>El pulmón trabaja al sentir el pie sobre la tierra.</p>
<p>Varias, repetidas veces inhalas la mezcla de aire y sol./</p>
<p>Corres:</p>
<p>huele a cerezas entre las plumas de un choroy/<br />
que pasa</p>
<p>un cardumen de endorfinas chapotea en los glóbulos</p>
<p>(la angustia pasea lejos de la jaula del cerebro)</p>
<p>y tienes la respiración confiada como Enkidu<br />
al despertar junto al río.<br />
Mucho tiene que ver el mito con agitar las piernas:</p>
<p>El sudor paga el tributo a la envidia de los dioses/</p>
<p>y al amor</p>
<p>(Vamos, es un lindo día</p>
<p>para hacer castillos en la arena troyana).</p>
<p>Varias, repetidas veces inhalas la mezcla de aire y sol./</p>
<p>Corres:</p>
<p>y a tu paso el lunar de una falda cayó en la acera</p>
<p>(kilómetro 5,</p>
<p>pulso de 120)</p>
<p>y en él ves noches de exceso<br />
la amnesia remando con el viento del amanecer/</p>
<p>a favor.</p>
<p>Entre huella y zancada, años, escritura:</p>
<p>Estira brazos, mueve el cuello, crujen las rodillas ¿no? y te sientes bello como jaguar que lame sus manchas.</p>
</div>
<div class="column">
<p>El pulmón trabaja al sentir el pie sobre la tierra.</p>
<p>Vas corriendo por avenida Zugún, Sur de Fantasía.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>LA CASA DE TU PADRE</h2>
<p>La casa de tu padre fue la corriente, Wenuan,/<br />
la maniobra</p>
<p>entre los icebergs del afecto, la fuga perenne como/<br />
un ojo</p>
<p>que ve las cadenas de la siembra.<br />
Tú heredaste esa renuncia<br />
tú defiendes ese hogar a la intemperie.<br />
A otros los parlamentos de la sangre.<br />
Deja a los hábiles el reclutamiento de las voces</p>
<p>estribillo de un lenguaje abrumador, abrumador Lenguaje</p>
<p>rebajado a estribillo en su boca.<br />
No eres recluta del hermano que junta tierras/</p>
<p>en su bolsillo. No te cuenten, no te sumen en esos coros.</p>
<p>Un Hindenburg se posa en tus notas y siempre estalla</p>
<p>como ejemplo o advertencia irónica.<br />
Un Nautilus te fondea más allá del barrial y la erosión</p>
<p>de la palabra. Crece nuevamente en un lugar apartado</p>
<p>como el niño que cambia de colegio y aprende</p>
<p>a (des)confiar del nuevo mundo.<br />
La casa de tu padre fue la corriente<br />
Porque tu padre nada quiso salvo un caballo</p>
<p>para recorrer la tierra que de él nunca sería.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 154">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>MARÍA TERESA PANCHILLO (1958)</h1>
<h2>WE KVYEN</h2>
<p>Cumleay cey ga pukem tvfa</p>
<p>wefpatuy we kvyen<br />
kvpalnielay mawvh<br />
Guitza navpay antv puel mapu ple</p>
<p>Abril kvyeh mew</p>
<p>petu mvleymi am xipawe antv mapu.</p>
<hr />
<h2>LUNA NUEVA</h2>
<p>Otra vez la luna nueva no trae lluvia</p>
<p>¿Cómo va a ser este invierno?<br />
Y abril llega por el oriente<br />
Con un sol amarillo.</p>
<p>Aún ERES&#8230; xipawe antv en la tierra.</p>
<hr />
<h2>METAWE</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Rav ke metawe<br />
epu picike metawe pewman<br />
wefpanko ko mapu mew<br />
vgelkeci wefkvlepay mapumew</p>
<p>gewenole ga Kvb Kvb menokontu mew</p>
<p>afle ga wixun ko<br />
cew cey ga ñi mvleal<br />
ga ñi picike TVWIH MABEH?</p>
<hr />
<h2>CÁNTAROS</h2>
<p>Cántaros de gredas<br />
Dos cántaros de mis sueños.<br />
Aguas del vertiente<br />
Vertientes en resistencias<br />
Sin helechos los pajonales<br />
Sin agua los esteros<br />
¿dónde habitarán mis TVWUN MABEH?</p>
<hr />
<h1>CRISTIAN CAYUPAN (1985)</h1>
<div class="page" title="Page 155">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>LOS HOMBRES SON ATUENDOS DE ANTIGUOS DIOSES</h2>
<p>Las sombras que son empujadas a la tierra</p>
<p>con esa bestialidad que desconocemos<br />
no son presagio de otra creación<br />
sino auspicio de nuestra propia existencia</p>
<p>¿Quién dejamos de ser cuando nacemos</p>
<p>alumbrando esa mano misteriosa?</p>
<p>Los dioses por su parte escondieron sus sombras<br />
en piedras inamovibles<br />
El que logra cambiar de sitio la roca materna</p>
<p>encuentra también los secretos de esa especie<br />
Pero los dioses se extinguieron al emerger los hombres</p>
<p>depositando a sus deidades en tumbas de barro</p>
<p>Surgió entonces la palabra escrita</p>
<p>junto al texto del fruto prohibido<br />
El miedo a las serpientes se desarrolló en la/</p>
<p>memoria remota</p>
<p>en la primera letra del árbol genealógico</p>
<p>por eso hoy el hombre busca algo que jamás<br />
ha perdido sino lo que le han hecho creer que alguna/</p>
<p>vezsorteó.</p>
<hr />
<h2>NO ESTOY AQUÍ TODAVÍA</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Soy una palabra herida<br />
carente de idioma y espacio<br />
Una palabra indecible<br />
sin diccionario<br />
ni terruño<br />
Una palabra<br />
que no encontró grupo humano</p>
<p>para ser pronunciada<br />
ni fue sospechada por boca alguna</p>
<p>En qué época dejamos de ser vegetal</p>
<p>para encarnarnos en la palabra</p>
<p>materia y espíritu<br />
desnudos, dóciles, humanos.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
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<div class="page" title="Page 156">
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<div class="column">
<h1>MARÍA INÉS HUENUÑIR HUENULLÁN (1968)</h1>
<h2>ROSTRO MORENO</h2>
<p>Recuerdo, el rostro moreno,<br />
de mi querida abuelita,<br />
el tiempo lo fue quebrantando,</p>
<p>encadenado a sus trenzas.</p>
<p>Ella pincelaba la tierra,</p>
<p>con sus agotados pasitos,</p>
<p>la mirada se la iba,<br />
de sus ojitos caídos.</p>
<p>Con su canasto bajo el brazo,</p>
<p>¡no se cansó de sembrar!<br />
y sus puñitos arrugados,<br />
me llaman a cosechar.</p>
<p>Tomada firme del campo,</p>
<p>eterno, haré su telar,<br />
para que el tiempo, sea el dueño,</p>
<p>de honrar su dignidad.</p>
<hr />
<h2>KURÜ ANGE</h2>
</div>
<div class="column">
<p>ngoimalayafin ti kurü az</p>
<p>tañi chuchuem ñi ange</p>
<p>pañushkülekefui<br />
rangintu chapetun mu</p>
<p>trekalekefui lelfün mew</p>
<p>retrütulekefui</p>
<p>epe trawmalefui<br />
ürkütulekefui tañi nge</p>
<p>tukukefui ketran<br />
apolekefui ñi chiwe<br />
metatu yienekefui tañi chemkün</p>
<p>mütrümkefuenew</p>
<p>tañi keyumeafel<br />
trekalean lelfvün mew</p>
<p>ñimituan tañi witral</p>
<p>femgechi ta ngoimalayan</p>
<p>ñi chuchuem tañi mongen</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 157">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>RAYEN KVYEN (1940)</h1>
<h2>TREUKIL</h2>
<p>Abro las páginas<br />
del espíritu ancestral de los tiempos.<br />
Aquí están las cuatro fuerzas de los vientos</p>
<p>abriendo los espacios en el rewe sagrado.<br />
Allí está Genechen y los ancianos lonko.<br />
Se despliegan las alas del cóndor<br />
en las aguas transparentes de los ríos<br />
en el verde del pewen<br />
caminando Los Andes<br />
llevando su mensaje libertario<br />
a nuestra ñuke mapu.<br />
Se rompe el silencio<br />
en los barrotes muros&#8230;<br />
La huelga de hambre<br />
cabalga por las venas<br />
de los prisioneros políticos mapuche.<br />
Vuelan en círculos los treiles<br />
Llevando su mensaje de muerte.<br />
TREUKIL TREUKIL TREUKIL TREUKIL</p>
<p>Las balas disparadas a mansalva<br />
acribillan su cuerpo.<br />
Esperen, esperen grita Andrea Neculpan.</p>
<p>Tienen que pagar el crimen del werken Wenewen sigue luchando.<br />
La huelga de hambre cabalga por las venas<br />
de los prisioneros políticos mapuche.</p>
</div>
<div class="column">
<p>El rewe en silencio<br />
espera la ofrenda del machi.<br />
Mari chi weu, mari chi weu, mari chi weu, mari chi weu<br />
cantan los treiles.</p>
<hr />
<h2>ECLIPSE</h2>
<p>La luna radiante<br />
vestida de estrellas<br />
majestuosa se acerca a los andes.</p>
<p>empujada por vientos astrales.<br />
lluvias de estrellas<br />
besan la tierra.<br />
el sol llama a las nubes<br />
sintiéndola cerca.<br />
sigilosa&#8230; radiante<br />
rodeada de estrellas<br />
impregnada de amores<br />
de tantas noches insomnes<br />
sigilosa se acerca la luna<br />
lluvias de estrellas<br />
limpian los cielos<br />
atravesando las nubes.<br />
azules cometas abren el espacio infinito</p>
<p>ante tanta amante belleza<br />
el sol pliega sus alas.<br />
la luna le abraza<br />
en un infinito parto de amor.</p>
<hr />
<h1>FAUMELISA MANQUEPILLÁN (1960)</h1>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 158">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>EL PURRUN</h2>
<p>Todas íbamos descalzas<br />
danzando bajo el cielo azul.<br />
En la trutruka se oía<br />
la voz de los espíritus.<br />
Las pifilkas<br />
con canto de golondrinas<br />
nos conducían al baile ceremonial.</p>
<p>Todas purrukábamos todas.</p>
<p>La Juana con el hualle purrukaba</p>
<p>Aylen con el canelo<br />
con el lingue Susana<br />
con el laurel la Herminia</p>
<p>con el ulmo purrukaba Millary</p>
<p>Fresia con el pellín<br />
Rayen con avellano purrukaba</p>
<p>María con arrayán</p>
<p>con ramo de lahuen la Celestina purrukaba</p>
<p>Todas, todas.</p>
<p>Rogábamos por buena cosecha por salud por miel y buena familia</p>
<p>por kuyin purrukábamos</p>
</div>
<div class="column">
<p>allá el nguillatun.<br />
Descalzas todas<br />
con ykilla y cintas de colores.</p>
<p>Plata en nuestros pechos<br />
y en nuestras cabezas trarilongkos.</p>
<p>Todas danzábamos a Wenumapu.</p>
<p>Todas, todas.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>EL VIAJE</h2>
<p>Desde que partiste, ya hace dos años</p>
<p>te he buscado en todas formas.</p>
<p>Dormida o despierta.<br />
Te he visto dentro de los ojos</p>
<p>de la Linda Noche (yegua)<br />
Te he buscado entre los pliegues de los amaneceres</p>
<p>cuando se desvanece la noche y se mezclan luces/</p>
<p>y sombras.</p>
<p>He viajado entre mis sueños<br />
en caminos tumbas.<br />
Te he tomado de la mano,<br />
te he abrazado diciéndote que te fuiste tan lejos.</p>
<p>Tanto he llorado, tanto.</p>
<p>Muchas veces te he visto<br />
reencarnada entre los gatos,<br />
Las flores también te son un perfecto camuflaje.</p>
<p>En cada tiempo,<br />
en cada instante/ te haces presente<br />
y me aferro a tu mirada en mi memoria.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 159">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>TUWUN</h2>
<p>Hoy por la mañana caminando<br />
Por la calle de mi lof, torturaste mi rostro con las/</p>
<p>tanquetas de tu odio.</p>
<p>Me miraste por el túnel mortal de tu metralleta.</p>
<p>Me mataste en tu imaginario.<br />
Sabes que mi cuerpo mapuche,<br />
que mi espíritu mapuche<br />
desde mi tuwun reclama la tierra donde está la raíz</p>
<p>de la fuerza que me hace eterna.</p>
<p>Sígueme odiando,<br />
mátame mil veces con tus miradas asesinas</p>
<p>Que yo me levanto de mis muertes vestida con/</p>
<p>mi txarilongko</p>
<p>mi kupalme y mi txariwe&#8230;<br />
y resucito como tu Cristo&#8230; (que también mataste)</p>
<p>brillante y poderosa para exigirte entre un/</p>
<p>marrichiwew</p>
<p>la tierra que usurpaste.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 159">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>LEONEL LIENLAF (1969)</h1>
<h2>SOÑE_ANDO</h2>
<p>Y cómo fue preguntas en miradas<br />
y yo te sueño y cuento<br />
que vagaba a orillas de un gran río detenido</p>
<p>cuando una nube negra<br />
se posó como un pájaro sobre el horizonte<br />
de pronto algo se quebró bajo mis pies<br />
y el mar nació con furia en mis recuerdos.</p>
<p>Luego pareció que el mundo fuese mudo</p>
<p>Hambre Frío Calor<br />
costras que se pegan a la espalda<br />
culebras azules se amarraban a mi cintura</p>
<p>lenguas de fuego bailaban a mi alrededor<br />
de pronto sopló un viento luminoso<br />
estaba sentado sobre un banco de piedra blanca</p>
<p>y el fuego estaba allí, mirándome.</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 160">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>WE TRIPANTU</h2>
<p>Kuifitulen ta leufü,</p>
<p>nepelkeinmew tachi liwen,</p>
<p>wünotualu antü<br />
kiñe trekan achawüll tuwalu –</p>
<p>pikey pu che<br />
wuñoalu antü, wuñoalu antü</p>
<p>ülkantunmu nagpay trayen</p>
<p>Trayen ñi ülmew<br />
allkütukefi-in ñi füchake-cheyem ñi ñütram.</p>
<p>Feyengün ñi Púlli nepelpake-inmew fachi warriamew.</p>
<p>Mongelei petu – wetripantu akuy<br />
mongelein petu!<br />
wirarümekein fachi wariamew</p>
<p>Kachill kütral tayül-tumekey machi,</p>
<p>ko-reke füch kullmaenew ñí piuke,</p>
<p>rehuemew foye lelituenew.<br />
kuifike che ñi pülli</p>
<p>pürupürungey wente Kütral.</p>
<p>Nepemüm nepemüm wirarümekey chucao trayenmew.</p>
<p>Küpaley wün, Küpaley wün</p>
<p>wirarünmu miawi walfemew tregül.</p>
<p>Trayenmew witrukoumeayu papai</p>
<p>ngenko liftuay iñ wedake pewma.</p>
<hr />
<h2>WE TRIPANTU</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Hace años,<br />
que el canto del río nos despierta<br />
en este amanecer<br />
y vuelve el sol<br />
con sus pasos de gallo sobre los cerros.</p>
<p>Sobre el rocío del canelo mis antepasados vuelven</p>
<p>y a orillas del fogón<br />
la machi escucha</p>
<p>el murmullo del viento sobre el rewe</p>
<p>Despierten, despierten<br />
grita el chucao desde la vertiente.<br />
el amanecer —el amanecer<br />
anuncian los treiles en el valle<br />
ya es hora de cantar junto al agua papay.</p>
<p>Ngenko nos limpiará de los malos sueños.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 161">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CRISTIAN ANTILLANCA (1974)</h1>
<h2>WANGLEN Y EL CANTO DE LAS FLORES (EXTRACTO)</h2>
<p style="text-align: right;">Lituche, Lituche amó y ama a una estrella y la busca</p>
<p style="text-align: right;">encorvado por la orilla del mar, dicen riéndose de ti</p>
<p style="text-align: right;">que lloras, los espíritus rabiosos del minche mapu.</p>
<p style="text-align: right;">Miré el mar</p>
<p style="text-align: right;">mi propio mar y eran las olas como animales</p>
<p style="text-align: right;">matándose contra la roca</p>
<p>Una por una las fui mirando a todas</p>
<p>ninguna es ella pensé<br />
Desarbolado<br />
me tendí en la playa y dormí</p>
<p>En el sueño yo era también una estrella<br />
girábamos y bailábamos<br />
y todos los seres nos veían brillar</p>
<p>Cantaba una gota<br />
la única habitante<br />
que prendía las luces de una caverna</p>
<p>que ya nadie podía encontrar</p>
</div>
<div class="column">
<p>La gran gaviota del universo abría sus alas<br />
y se creaban nuevos mundos donde gritaban hasta las piedras</p>
<p>Despiértate<br />
Despiértate<br />
y asusta a los ladrones del mar<br />
que los espíritus de las piedras te oigan</p>
<p>Que abran sus ojos de reloj<br />
los pájaros que se aman<br />
y que se amen en los acantilados</p>
<p>Despierta mi corazón<br />
Que la luna llene con su luz<br />
esta casa prestada<br />
Que se prenda el fuego<br />
que le falta a esta oscuridad<br />
que me persigue<br />
Sé la estrella que quema de luz<br />
el vacío en que te busco ciego<br />
Despierta las vertientes<br />
que canten tu saliva que busca mi<br />
saliva<br />
Cuando me sumerja<br />
grita<br />
Cuando aparezca<br />
grita<br />
Que las flores se abran y revienten<br />
que saquen sus lenguas<br />
que sorban el agridulce<br />
de los pájaros acostumbrados a la noche</p>
<div class="page" title="Page 162">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Por el mar y por amar<br />
subían los ahogados<br />
los desaparecidos<br />
Como cardúmenes de peces como bandadas de cisnes<br />
llenos sus vientres de noctilucas Mar adentro</p>
<p>sus alas se abrían al infinito<br />
y volaban<br />
como dioses del aire<br />
De su lenguaje de plumas blancas solo puede decir</p>
<p>pu piupiu<br />
pu piupiu<br />
tañi piwke mew müpuygün</p>
<p>los cisnes<br />
los cisnes<br />
han volado de mi corazón.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 162">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>JAIME HUENÚN (1967)</h1>
<h2>CEREMONIA DEL AMOR</h2>
<p>Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo,/</p>
<p>pellín</p>
<p>e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse</p>
<p>amantísimos, peumos<br />
bronceáronse cortezas, coigües mucho</p>
<p>besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el/</p>
<p>amor despertar</p>
<p>de las aves ya arrulladas<br />
por las plumas de sus propios/ mesmos amores/</p>
<p>trinantes.</p>
<p>Mesmamente los mugrones huincas<br />
entierráronse amantes, e las aguas<br />
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos</p>
<p>nombrándose, a solas diciéndose: aguas buenas, aguas</p>
<p>lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,</p>
<p>plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices</p>
<p>las arroyos que atraviesan como liebres<br />
los montes e los cerros.</p>
<p>E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse,</p>
<p>los Inallao manantiales<br />
verdes, las Huaiquipán bravías<br />
mieles, los Llanquilef veloces</p>
<p>ojos, los Relequeo pechos</p>
<div class="page" title="Page 163">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>zorzales, las Huilitraro quillay<br />
pelos tordos, los Paillamanque raulíes nuevos.</p>
<p>Huilliche amor, anoche amaron más<br />
a plena chola arboladura, a granado<br />
cielo indio perpetuo<br />
amáronse, amontañados<br />
como aguas potras e como anchimallén encendidos,/</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 163">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>al alba</p>
<div class="page" title="Page 163">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>oloroso amáronse,<br />
endulzándose el germen lo mesmo</p>
<p>que vasijas repletas de muday.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 163">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>ENTIERROS</h2>
<p>Aura de las Aguas, Elías Huenún,<br />
Ezequiel enterrado en los llanos de Osorno.</p>
<p>Todos mis parientes aferrados a las llamas,</p>
<p>bruñidos por el oro de las hechicerías.<br />
Te diré, hijo mío, que soñé con Herminda.</p>
<p>Venía ella a buscarme vestida como novia.</p>
<p>Vamos, me decía, allá donde yo vivo,<br />
todo es tan bonito y no me falta nada.</p>
<p>Después se me allegaron unos niños oscuros,</p>
<p>la cara me escupieron entre sueño y vigilia.<br />
Un tiuque hizo su nido en el techo de alerce,</p>
<p>mi nieta lo espantó con agua y sal batida.<br />
Aura de las Aguas, Elías Huenún,<br />
acérquense a la tierra que arde por las noches,</p>
<p>al pozo, al gallinero, a los blancos manzanos,</p>
<p>al ruido de cadenas chocando en los cimientos.</p>
<div class="page" title="Page 163">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Mi casa levantada sobre el oro y la plata,<br />
mi casa construida sobre fuego y miseria,</p>
<p>mi casa iluminada por caballos fantasmas,</p>
<p>mi casa abrió su puerta a la muerte y al alba.</p>
<p>Ahora es Francisca Huenún la que yace</p>
<p>mirándome entre flores y cirios encendidos.</p>
<p>Afuera los parientes caminan y se pasan</p>
<p>de mano en mano el vino, la carne, las palabras.</p>
<p>La madre de mi huerto se va con la mañana.<br />
La siguen los cerezos, los sauces, las campanas.</p>
<p>La madre de mis sueños, pequeña y enterrada,</p>
<p>me deja como herencia su sombra fatigada.</p>
<p>Te diré, hijo mío, que he visto sabandijas<br />
bajando de mi cama apenas raya el día.<br />
Por eso me hago cruces de fuego y de ceniza<br />
y santiguo mi frente con agua y sal bendita. Aura de/</p>
<p>las Aguas, Elías</p>
<p>Huenún,<br />
Catalina, Zulema, Carlos, Margarita,<br />
todos mis hermanos nombrados noche a noche</p>
<p>en la tierra y el eco de montañas perdidas.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 164">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>JAVIER MILANCA (1970)</h1>
<h2>ROGATIVA PARA QUE BAJEMOS A JESÚS</h2>
<p>Mejor bajamos a ese Jesús, lo desclavamos</p>
<p>y lo dejamos descansar.<br />
Lo acurrucamos en nuestro bosque<br />
o cerquita del fuego para que escuche</p>
<p>en silencio nuestras profecías.</p>
<p>Su Padre lo abandonó<br />
y los suyos ya no practican lo que rezan.</p>
<p>Mejor le decimos a Jesús que se venga con nosotros</p>
<p>¡Que se venga!<br />
Que nuestro Rewe no tiene clavos.<br />
Que se saque esa corona de espinas y se ponga un/</p>
<p>trarilonko de Foye.</p>
<p>Que se venga con nosotros,<br />
aquí no explotamos al hombre por el hombre<br />
aquí no destripamos la tierra.<br />
Eso sí,<br />
que no se venga a cachiporrear con eso de caminar/</p>
<p>sobre las aguas, que aquí no estamos para trucos televisivos,</p>
<p>(además Kalfukura lo hizo en el Nawel Wapi</p>
<p>con menos aspavientos).<br />
Mejor que se moje sus canillas de Wilke<br />
y ayude al río a pulir las piedras.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Que no multiplique los panes,<br />
pues igual nos alcanzará.<br />
Que no multiplique los peces,<br />
pues sabemos pescarlos con nuestras manos.</p>
<p>Ahora, si convierte el agua en vino,</p>
<p>no nos vamos a enojar<br />
Porque no es cosa de andar despreciando milagros,/</p>
<p>así como así.</p>
<p>No siga llorando con los brazos en cruz,</p>
<p>que acá también sabemos de calvarios.</p>
<p>Vente, Jesús y pelea con nosotros.<br />
Que ya no nos quedan mejillas que colocar.</p>
<p>Vente, Jesús y resucita.</p>
<p>Así como nosotros hemos resucitado.</p>
<p>Mejor bajemos a Jesús y que su sangre no nos/<br />
siga culpando.</p>
<p>Vente, Peñi Jesús, ahora que muchos están en la cárcel.</p>
<p>¡Mari mari, Jesús!<br />
Ahora y en la hora de todas nuestras muertes,<br />
(No diga amén, diga Marichiwew).</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 165">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ROXANA MIRANDA RUPAILAF (1982)</h1>
<p>Se cumple la profecía<br />
y derramo la tinta por los ojos.</p>
<p>Escribo sin aliento<br />
distrayéndome<br />
en las vacas que atraviesan este puente,</p>
<p>en donde ya no se oyen mugidos,<br />
sino gritos,<br />
de una lanza clavada en la costilla<br />
que señala con sangre<br />
las muertes<br />
que seguirme.</p>
<p>Escribo masacrándome, mostrando,<br />
abriendo llagas en que llorar</p>
<p>y golpear en tantos pechos.</p>
<p>Plegaria en los murmullos.</p>
<p>Escribo con velas en los ojos.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h2>REPITO ESTE MI REZO</h2>
<p>por si vienes.<br />
Aquí, frente a las olas<br />
me arrodillo.<br />
Invoco tus cabellos<br />
anudados por la sal.<br />
Espero a que aparezcas<br />
en la tercera ola niño-pez.<br />
Que me trague el mar.<br />
Que me lleven desnuda por la espuma.</p>
<p>Y allí, donde entre piedra venga arena.</p>
<p>Espero me ilumines en la tercera ola.</p>
<p>Ya sabes que son tres los arco iris</p>
<p>derramados en el aire.<br />
Ya sabes que me duermo entre las rocas</p>
<p>esperando a que aparezcas.<br />
Repito este mi rezo<br />
hasta que vengas.<br />
Envuelto en esas algas que te crecen</p>
<p>desde el sueño a la tristeza</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 166">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>BERNARDO COLIPAN (1966)</h1>
<h2>ARCO DE NGUILLATÚN</h2>
<p>Las bandurrias vuelan en bandada.</p>
<p>Bajo las piedras algunos insectos corren perseguidos por otros.</p>
<p>Harina tostada y muday</p>
<p>ardiendo en el fuego sagrado.<br />
De rodillas esperamos la salida del sol.</p>
<p>Con el rocío las oraciones ascienden</p>
<p>hacia la «Tierra de Arriba».<br />
La tierra vuelve a ser jardín<br />
poblado por antiguos pasos<br />
Una página en blanco</p>
<p>una vasija en donde cabe todo</p>
<p>un puñado de semillas en un instante.</p>
<p>El fin de mi aliento es<br />
el comienzo de otro.<br />
Nuevamente la palabra traduce</p>
<p>la reunión de las cosas.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h2>CUANDO DE VIAJE, HIJA, SALGAS AL MAR</h2>
<p>Cuando de viaje, hija, salgas al mar.</p>
<p>ten siempre en tu corazón a Wenteyao.</p>
<p>Llegar hasta allí es tu destino.</p>
<p>A Kanillo, kalkus y anchimallenes no temas.</p>
<p>Tales espíritus nunca hallarás<br />
si tu alma no los pone en tu camino.</p>
<p>Deseo, Alen, que el camino sea largo.</p>
<p>Detente en Pucatrihue, Choroy</p>
<p>Traiguen.</p>
<p>Recolecta como tus antiguos rulamas</p>
<p>lunfo y sobre todo algas</p>
<p>todo tipo de algas.</p>
<p>Con la shumpall de Caleta Manzano</p>
<p>comparte los dulces cantos de tu madre.</p>
<p>Pero no apures tu viaje en absoluto</p>
<p>mejor es que muchos ríos cruces.</p>
<div class="page" title="Page 167">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Deseo, hija, que no manquee tu caballo.</p>
<p>Detén tu viaje en los catrihues.<br />
Detrás de un cielo azul te hablarán en voz baja.</p>
<p>Y si pobre encuentras la isla<br />
el viejo no te ha engañado<br />
hermosa, como has llegado a ella, sabrás</p>
<div class="page" title="Page 167">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>del lugar</p>
<div class="page" title="Page 167">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>donde los pájaros van<br />
a nacer con los ojos cerrados.</p>
<p>A Kavafis, en la memoria</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
<hr />
<div class="page" title="Page 167">
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<div class="column">
<h1>GRACIELA HUINAO (1956)</h1>
<h2>LOS GANSOS DICEN ADIÓS</h2>
<p style="text-align: right;">A mi abuelo Adolfo Huinao</p>
<p>En los ojos de mi abuelo Williche</p>
<p>navegaba el miedo.<br />
Tan solo al morir<br />
apagó ese brillo tímido.</p>
<p>Lo que la naturaleza no pudo apagar en mi memoria<br />
el color de archipiélago agarrado en su rostro.</p>
<p>Abuelo, para serte fiel</p>
<p>no recuerdo el día exacto.</p>
<p>Solo veo a los gansos abriendo y cerrando<br />
sus alas por la pampa.</p>
<p>Mi corto andar abuelo no entendió<br />
el origen de tus palabras.</p>
<p>Anciano como eras</p>
<p>me alzaste del suelo<br />
y de tu boca nació la muerte</p>
<p>desembarcando en tu playa.<br />
Tu padre y tu hermano</p>
<p>remaron al sacrificio.<br />
Mientras su madre y mi abuelo</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 168">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>alcanzaron la orilla del hambre.</p>
<p>No hubo eco en la montaña fueron</p>
<p>tan calladas tus palabras.</p>
<p>Pero mi niñez asustada</p>
<p>se acurrucó al alero de tus años.</p>
<p>Abracé la pena de tus ojos<br />
y juntos miramos la pampa:</p>
<p>una isla con sus gansos</p>
<p>en los ojos de mi abuelo se quedó</p>
<p>en la última mirada.<br />
Abuelo, hoy sé<br />
nunca fuiste Williche</p>
<p>tu origen Chono o Kawaskar</p>
<p>no subió al bote<br />
el día que robaron tu tierra<br />
y tu raíz.</p>
<p>Ahora entiendo<br />
la pena de tus ojos.<br />
De tu origen navegando</p>
<p>en el gran cementerio</p>
<p>del Pacífico Sur.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div class="column">
<h2>NGUILLATUN EN LA COSTA</h2>
<p>Para poner tranca a la miseria</p>
<p>cada cierto tiempo<br />
los williche<br />
desclavan de sus rucas las penas.</p>
<p>Se descuelgan de la historia</p>
<p>y a Pucatriwe llegan<br />
espantando con el Nguillatún<br />
al maligno espíritu del hambre<br />
que va en estampida por la cordillera.</p>
<p>Los williche y el mar<br />
en vigilia<br />
comulgan tiempos de miseria.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 169">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>LILIANA ANCALAO (1961)</h1>
<h2>CASOS DE PEWMA</h2>
<p>no me tocan los pewma</p>
<p>venidos de la tierra<br />
es que no soy correspondida</p>
<p>porque vivo en la ciudad</p>
<p>ni corazones que palpitan</p>
<p>tirados en la arena<br />
ni choikes de plumas azules</p>
<p>solo merezco laberintos mapas<br />
calles sin nombre<br />
y miedo de no llegar a tiempo</p>
<p>como esa vez que iba a viajar</p>
<p>y el pewma me encerró<br />
en una esquina sin salida<br />
fue su modo de avisar</p>
<p>que no me aleje</p>
<p>le hice caso<br />
y me quedé<br />
rondando el mundo<br />
que latía en el vientre de mi hija</p>
</div>
<div class="column">
<p>y entonces pude estar<br />
presente<br />
cuando se abrió la puerta del asombro y fui testigo<br />
plena<br />
de ese niño de los minutos nuevos<br />
de los recién nacidos padres</p>
<p>Desiderio<br />
alojado en mi casa de pueblera se sueña<br />
en el campo<br />
anda sereno a caballo</p>
<p>aparta unos novillos muy cerca del río</p>
<p>pero también<br />
me cuenta de este sueño:</p>
<p>—un gato me atacó<br />
se me prendió con las uñas al estómago</p>
<p>y lo agarré con fuerza<br />
lo desprendí<br />
y lo tiré<br />
bien lejos—</p>
<p>pienso que el pewma le avisa de peleas</p>
<p>y le digo señalando<br />
el tejido circular que colgué del cielo raso</p>
<div class="page" title="Page 170">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>—papá<br />
¿ves? este es un atrapasueños de la gente cherokee</p>
<p>una red que no deja pasar los malos sueños—</p>
<p>—pero a este no lo atrapó! siguió de largo! —me dice mientras señala el piso</p>
<p>—igual<br />
crucé las alpargatas</p>
<p>para que no se cumpla.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>KIÑEKE PEWMA</h2>
<p>nielan pu pewma<br />
amulechi mapu mew<br />
tüfachi pewmangelay iñche mew</p>
<p>mongeli waria mew</p>
<p>pewmalan pu piuke winüngküleyngün</p>
<p>trananakümküleyngün kuyüm mew</p>
<p>kam pu choique kallfükepichun mew</p>
<p>mañumtufalin pulaberinto müten pu mapa/</p>
<p>pu rüpüwaria ngeno üy llükan iñche ñi trenlan<br />
kiñe rupa iñche nampülkali</p>
</div>
<div class="column">
<p>ka kiñe pewma nürüftükuenew ngüñun rüpüwaria mew<br />
ngeno tripan<br />
kimelenew ñi kamapukünulan</p>
<p>zuamkünufuiñ<br />
mülekafun<br />
wallotiyawüam kom mapu<br />
wütalu iñche ñi püñeñ ñi putra mew</p>
<p>fey mew pepi mülen<br />
feichi wülngiñ afmatuam nülawfuy apon testikungefun<br />
feichi moyolpüñeñ mew<br />
we müchaike mew<br />
wekelleglu ñi epu tren mew</p>
<p>Desiderio<br />
umañmalu ñi wariaruka mew pewmawi<br />
wechimapu mew<br />
kawelltuy<br />
kümezuamküley</p>
<p>püntülenew engün pu nofillo inafel leufü mew<br />
welu kay nütramenew tüfachi pewma mew:</p>
<p>-kiñe ñarki lefkontuenew<br />
nüwfuy pu wili mew ñi putra mew</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 171">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>nüfiñ newentu püntünentufiñ ütrüfiñ<br />
müte kamapu-</p>
<p>rakizuamn tufachi pewma kimeleyew kewan mew</p>
<p>pifiñ zichoyum<br />
kiñe chingküz züwen pültrükünuley<br />
wenuruka mew</p>
<p>-chau<br />
¿pefimi? tüfachi lefnüpewmangey cherokeeche mew<br />
kiñe ñeweñ rupafemlafi wezañmakepewma-</p>
<p>-welu tufachi mew lefnülafi</p>
<p>rupafemüy- pienew zichoyum rakash ruka mew</p>
<p>-trürkechi</p>
<p>kruszewman epu alpargata mew</p>
<p>femngekile.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 171">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>VIVIANA AYILEF(1981)</h1>
<h2>PO(LI)ÉTICA</h2>
<p>Escribo<br />
en el ojo abierto de la tormenta</p>
<p>ese que mira y ciega<br />
ese que marca,<br />
que cuando pestañea<br />
respira el mundo<br />
nacen las flores<br />
trinan los pájaros del día<br />
Pero yo escribo en este hueco</p>
<p>en un tembladeral escribo</p>
<p>donde ya ni una gota<br />
ni el polvo de hada<br />
ni el canto de griegas sirenas</p>
<p>podrán jamás perder a nadie.</p>
<p>Porque yo escribo donde nadie</p>
<p>cuando se fueron todos<br />
desde el ruido en la sombra</p>
<p>contra el trueno y la niebla</p>
<p>como si nunca</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 172">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>NO NACERÉ ALOSCURO</h2>
<p>No aclamarán tambores mi presencia. Ni habrá discursos patrios ya.</p>
<p>No vengo a ver vivir, ni a financiar mi muerte.</p>
<p>Vine a surgir sin brisa que me empuje sin bronces que me auspicien.</p>
<p>Sabía del silencio y la impostura,<br />
he conocido del corazón gimiente. Compondré mis canciones en sus jardines</p>
<p>de otoño,</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 172">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>con sangre<br />
y sello propio.</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Y después:<br />
luz desde agónicos ríos,<br />
aguas de lluvia urgente que beber,</p>
<p>golpes de corazón pujando al tiempo</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>bailes —paganos bailes que molesten—</p>
<p>No gustarán sus aires mi respiro.</p>
<p>Ni segarán la tierra.<br />
Ni dormirán en paz.<br />
Ni calmarán su sed</p>
<p>de siglos.</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 172">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Saludaré la luna y el invierno.</p>
<p>Comeré de los soles sus sentidos.</p>
<p>Nunca pedí permiso.</p>
<p>Los vastos territorios son el fuego</p>
<p>en que me quemo/<br />
en que renazco<br />
y no hay espera.</p>
</div>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
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		<title>SURAZO</title>
		<link>http://mediorural.cl/surazo/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Oct 2022 13:23:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacados]]></category>
		<category><![CDATA[Poemas]]></category>

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		<description><![CDATA[fotografías: Juan Huenuan Escalona EN LO TERRITORIAL-REGIONAL antologador: Miriam Leiva Garrido Estos poetas son veinte escritores desde Concepción a Temuco. se ha contemplado presentar una obra de divulgación acerca de poetas regionales, acercando su trabajo escritural a otras ciudades y lugares para que lectores generosos lo reciban y difundan. La finalidad es ofrecer una visión global de la labor creativa [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 104">
<div class="section">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">fotografías: Juan Huenuan Escalona</h6>
<div class="page" title="Page 105">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>EN LO TERRITORIAL-REGIONAL</h2>
<div class="page" title="Page 105">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">antologador: Miriam Leiva Garrido</h6>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-09.41.56.png"><img class=" size-full wp-image-1728 alignleft" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-09.41.56.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-21 a la(s) 09.41.56" width="158" height="696" /></a>Estos poetas son veinte escritores desde Concepción a Temuco. se ha contemplado presentar una obra de divulgación acerca de poetas regionales, acercando su trabajo escritural a otras ciudades y lugares para que lectores generosos lo reciban y difundan. La finalidad es ofrecer una visión global de la labor creativa efectuada por estos poetas en la actualidad, que pertenecen al Biobío y a la Araucanía y que son considerados un aporte a la literatura nacional. Aportar conocimiento de la trayectoria de la literatura en lugares como Concepción, Talcahuano, Lota, Hualqui, San Pedro de la Paz, Chillán, Los Ángeles, Nacimiento, Temuco, Pucón. Constituye una selección de los que han hecho del escribir su oficio, tarea no siempre reconocida o valorada, muchos de ellos desarrollan doble actividad, aun así, persisten fielmente en su escritura. Por lo tanto, la selección que se presenta tiene miradas que son fundamentales para entender la realidad de cada uno de ellos. Desde su contextualidad, por el hecho de pertenecer a regiones, se ven constantemente enfrentados a la hegemonía de un estado centralista, de tal forma que su labor literaria navega en medio de políticas culturales miradas desde la capital. La otra es el espacio geohistórico donde se desarrolla el proceso creativo que se vincula por las características propias de cada ciudad y su gente, es decir, el proceso escritural se desarrolla a partir de la realidad de cada uno, con la óptica particular y única del territorio.</p>
<div class="page" title="Page 106">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Después de compilar veinte poetas regionales que escriben en verso libre, y que también plasman sus sentimientos en versos con una disposición espacial que subraya su voluntad de estilo y tono poético, se hace presente que el desarrollo temático fue elegido por cada autor, todos ellos comparten la experiencia de haberse impregnado de su territorio, la esencia del sur, sea por nacimiento o por residencia. Y todos ellos presentan su quehacer poético en el espacio virtual, redes sociales, y a su vez publican en revistas, diarios, antologías y libros en su mayoría con editoriales locales, y otros, los de mayor y extensa trayectoria, tienen difusión en medios internacionales, de alguna manera, el ingenio y la solidaridad permite que ellos y ellas sean parte de la historia de la literatura latinoamericana y europea, así es como algunos y algunas forman parte de la literatura hispanoamericana elaborada en universidades extranjeras. Alguien dijo que «si no estaba escrito no existía» y manifestamos que esta obra es un testimonio de que existe la palabra y que los poetas continúan con férreo impulso trabajando sus versos.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Por último, señalar que agradecemos esta oportunidad de revista Medio Rural y la editorial de la Universidad Católica del Maule, por hacer presente a estos veinte poetas regionales trabajadores de la cultura y las artes.</p>
<div class="page" title="Page 107">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>A MODO DE INTRODUCCIÓN</h2>
<div class="page" title="Page 107">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h6 style="text-align: right;">antologador: Ingrid Odgers Toloza</h6>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<p>Surazo es una antología literaria que comprende poetas de la región del Biobío y de la región de la Araucanía. La poesía de este segmento del sur de Chile constituye uno de los sistemas poéticos más híbridos y abiertos de la literatura chilena. La escritura poética crece incesante y cotidiana, los límites que se han puesto en cuanto a la cantidad de escritores y escritoras que se debe considerar hace difícil una mayor selección de autores. Como toda antología, nunca será completa ni representará a la totalidad de los creadores que proliferan en esta siempre fértil tierra chilena, plagada de amor a la creación literaria impuesta por el espíritu de hombres y mujeres que abrazan la escritura con ímpetu y gozo exponencial. Por ello se hace necesario indicar que han sido selectos quienes tienen una profusa actividad en la actualidad, un conjunto de publicaciones que indica trayectoria y oficio, y la pródiga difusión de presentaciones de libros en espacios culturales y redes sociales. Ciertamente, no se fundamenta en teoría y complejas metodologías, pero sí se ha considerado que es un aporte al movimiento cultural, al patrimonio inmaterial de la nación que en el día de hoy posee vital importancia liberar.</p>
<div class="page" title="Page 107">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Biobío y Araucanía jamás dejan de crear ni aun en los momentos difíciles o en las catástrofes. Es necesario enaltecer esta cualidad que se hace presente para que nadie pueda olvidar esta característica fundamental de sus habitantes. Todos los rostros se representan, todas las circunstancias son develadas por los poetas, sin cuyo valioso aporte no sería posible validar y acrecentar el patrimonio inmaterial de nuestra sociedad o el imaginario social de las regiones estudiadas.</p>
</div>
</div>
</div>
<p>Esta heredad viene de los ancestros que habitaron por primera vez esta tierra y que jamás ninguno o ninguna podría negar.</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La rica cultura mapuche 1 es oral y las leyendas, los mitos, los refranes, rezos y cuentos, son la sabiduría popular que como buenos observadores y observantes de la naturaleza los nutre de una riqueza de relatos donde nunca desaparece la condición sagrada de la tierra y todo lo que ella contiene. Una de las principales formas de traspaso cultural de la lengua ritual es la oralidad, la que tiene muchos maestros: longkos y machis, y en general, todos los que tienen el hábito de narrar. Es indiscutible el aporte de los exponentes mapuche a las letras del país.</p>
<p>Con todo, tenemos que recordar que la historia de la poesía chilena a partir de los años setenta está marcada por dos hechos históricos extremos 2: la asunción de Salvador Allende al Gobierno en el año 1970 y el golpe de Estado de 1973. Sin embargo, el restablecimiento de los códigos comunicativos en la poesía es un proceso que manifiesta también estos conflictos, y el trabajo escritural tanto de la región del Biobío como de la región de la Araucanía no está libre de ello.</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Tampoco escapa a los posteriores y fuertes movimientos sociales de este siglo, como el estallido social y la pandemia, además de la violencia que se ha incrementado en cifras nunca antes vista.</p>
<p>Sin duda, esta antología será un valioso instrumento de análisis y difusión, junto con ser un estímulo para las nuevas generaciones.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>1 https://www.cultura.gob.cl/wp-content/uploads/2013/02/ Gu%C3%ADa-mapuche-para-web.pdf</p>
<div class="page" title="Page 108">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>2 http://revistas.uach.cl/pdf/efilolo/n44/art04.pdf</p>
<hr />
<h1>CESAR VALDEBENITO (1975)</h1>
<div class="page" title="Page 112">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<div class="page" title="Page 112">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>He cerrado los ojos a la belleza<br />
Dijo: Tendrás que hablar de las cosas que nunca/</p>
<p>vendrán hablar de aquellas cosas que ya no existen</p>
<p>Del argumento de mi persona&#8230; quizás,/</p>
<p>Aunque de eso ya no sé nada.</p>
<p>1<br />
Amaré tu muerte como amaré mi muerte<br />
Luego he de cerrar los ojos y hacer de esto literatura</p>
<p>Esencialmente es lo que debo hacer<br />
Lo demás no importa<br />
Lo demás son lágrimas cartas fecha llantos<br />
En fin, todo ello es asunto de tiempo<br />
De la identidad del tiempo<br />
Primero de mi identidad y luego de tu identidad</p>
<p>Mucho después de la identidad que brota/</p>
<p>del tiempo</p>
<p>Esa identidad será lo que yo quiera<br />
Tendré que escribir la literatura de la identidad</p>
<p>De esa identidad no espero nada<br />
Solo eso&#8230; la identidad.</p>
</div>
<div class="column">
<p>2<br />
La belleza me cierra los ojos<br />
ha hablado desde la existencia en sí misma y/</p>
<p>enseguida abandonada esta única idea puede silenciar todo</p>
<p>¿esto será inútil o fatal? No lo sé<br />
en ocasiones sé muy bien lo que deberé tachar o lo/</p>
<p>que deberé escribir en otras ocasiones aparece de improviso el/</p>
<p>texto nuevo hay momentos en que eso da miedo como cuando/</p>
<p>la belleza da miedo en el futuro habrá un texto nuevo y luego otro</p>
<p>sé que será así<br />
el dolor la belleza o la muerte vendrán en el</p>
<p>texto nuevo allí quedará todo<br />
intacto entero<br />
entonces<br />
¿qué diré? No sé<br />
¿tendré que olvidar? No sé</p>
<p>no sabré qué decir</p>
<p>3<br />
Cierro los ojos<br />
Debo referirme a la mujer del jardín<br />
Pero solamente a partir de la mujer del jardín<br />
En ella reside el tiempo de la palabra<br />
Ante ella podría detenerme largamente<br />
Como ante una página<br />
O como ante la hoja blanca o vacía o que no dice nada.</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
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</div>
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</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
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</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>4<br />
El cielo o el infierno podrían estar donde/</p>
<p>tú quieras donde yo quiera</p>
<p>5<br />
¿Cuál es tu verdad?<br />
Te repito: ninguna<br />
La verdad deberá existir más allá de todo esto</p>
<p>Pero eso en ocasiones me hace reír</p>
<p>6<br />
Mi casa como la belleza es una casa blanca/</p>
<p>echada a perder De ahí te escribo como si te llamara</p>
<p>Quizás puedas verme<br />
Sé que no servirá de nada</p>
<p>7</p>
<p>Quiero nombrarte<br />
quiero nombrarte con la palabra quiero encontrar esa palabra<br />
sea cual sea</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CONSUELO MARTÍNEZ ASTORGA (1989)</h1>
<h2>EXPERIENCIAS CORPORALE(E)S</h2>
<h6 style="text-align: right;">para Isabel Iriarte León</h6>
<div class="page" title="Page 113">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Se abre mi carne, encorvada de placer, a otra carne que no veo, se entierra en un tiempo invisible y se transmuta mi orbitada dependencia. Vibra una voz en los oídos de mi pecho, persiguiendo trazos desvestidos y mis ojos poseídos por una levedad, se ausentan de la hora que había acordado con el cansancio. Allí, ambos, perdidos de la luna, de la calle, de la mirada comprimida, hacemos un mundo, nuestro mundo. Y el perfume de las hojas que transitamos, me anuncia que página a página nos hemos encontrado. Y si tan solo, tan solo la hora no hubiese tocado la puerta, habríamos concluido, pero vendré pronto, justo cuando el sol nos diga que volveremos a leernos.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 114">
<div class="page" title="Page 114">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>OLVIDAR</h2>
<p>A filo de una hoja de otoño, me escribo, para no olvi- dar, con una angustia de tiempo perdido, me escribo, sobre mi cuerpo, en el silencio, para no olvidar, me escribo, a punto, a punto, para no olvidar, olvidar, no, olvidar no, para recordar que tuve que hacerlo, en el silencio, escribiéndome, así para que los demás me recordaran, me vieran, me recordaran, así, así tal cual, con este cuerpo, con este cuerpo, sí, para no quedar en un recuerdo, volvería a hacerlo, no, no para sufrir, para no olvidar.</p>
<p>¿Habrá otro modo para no olvidar?</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<h2>¿DE DÓNDE VIENE EL MUNDO?</h2>
<div class="page" title="Page 114">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>El mundo viene de afuera, de adentro, de los sonidos, de las luces; el mundo me vino. El mundo viene de mi madre, de mi padre; de los sueños (eso me han dicho); el mundo viene cuando lo hago, cuando hago algo. El mundo viene, quizás no viene, o se me viene encima; este mundo tan frágil y pequeño desde un avión, tan aterrador cuando camino. De dónde viene, viene de las historias que me dejó mi abuela, viene con el viento; o simplemente con un poco de tinta cuando quiero volver a saber lo que se siente ser humana.</p>
<hr />
<h2>MENTIRA PIADOSA</h2>
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<p>Dijeron que nos quedáramos esperando, dijeron que volverían por nosotros. Nos quedamos esperando a que alguien viniera a encender la fogata. Nos dormimos esperando. Dijeron que algún día seríamos adultos, dijeron que todo sería diferente cuando fuéramos grandes.</p>
<p>Nos hicimos grandes. Solo nos hicimos más grandes.</p>
<hr />
<h1>INGRID ODGERS TOLOZA (1955)</h1>
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<h2>CÓDIGO</h2>
<p>Animalilla<br />
Del seso al hueso<br />
del olfato al gusto<br />
salivo el verso<br />
Concibo<br />
en el pozo del tacto<br />
Forjo<br />
en la hondura del ojo Fraguo<br />
desde cloacas y arrabales desde nudos y crepúsculos</p>
<p>desde el carrusel y el circo</p>
<p>Pantomima de mí</p>
<p>Salivo/iot</p>
<hr />
<h2>NABILA</h2>
<p>El hacha fue el aviso<br />
Eran rojos los ojos<br />
Ojos dormidos piernas desnudas</p>
<p>—Entumecidos peldaños—<br />
¡¡Ay mundo, altivez y macho!!<br />
Este dolor que navega por las silentes paredes</p>
<p>Este dolor que ahoga y triza la garganta<br />
Y era temblor la noche</p>
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<div class="column">
<p>Cuando la puerta fue el mensaje</p>
<p>—Y se quedó quebrada como tus Sueños—<br />
En soledad de madera</p>
<p>Junto al pasamanos<br />
—desvestido—<br />
Y fue hiel el llanto<br />
Y el humor lobo y fue entonces la piedra Toda la tormenta</p>
<p>Riada – Marea alta – Ocaso</p>
<p>Barca desolada<br />
El hacha fue mensaje<br />
Y entonces</p>
<p>¿Quién habla en el poema? Y<br />
¿De qué?<br />
Te diré exhausta, casi ahogada por la cuerda larga</p>
<p>El macho toro y la mujer zozobra<br />
Carencia latente que destila la risa<br />
Si beber fuera el olvido<br />
Si la puerta si el hacha si la lujuria y los senos</p>
<p>Si el pecho desnudo y el jolgorio</p>
<p>Cuando la puerta fue el<br />
rajado recado<br />
—Y el oído se hizo sordo—<br />
Hoja, ojo y contrafilo todos inútiles</p>
<p>Ante el atisbo del apego</p>
<p>Iba la muerte cantando<br />
Hacha-hacha-hacha<br />
Ella Que negra ronda y ronda exclamó ¡Piedra!!</p>
<hr />
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<div class="column">
<h1>ALEJANDRO CONCHA (1995)</h1>
<h2>POTESTADES SECULARES</h2>
<p>¿Qué tiene usted con la palabra inmunda? La realidad es virgen<br />
y hierve a torrente debajo de los caños. No pierda el tiempo.</p>
<p>Ningún hombre en la historia<br />
así como ninguna mujer,<br />
dijo Algo como un balbuceo<br />
Algo como un intento de frase<br />
algo así como un No sé qué.<br />
Cada palabra ha sido disecada para su consumo,</p>
<p>cada argumento cae por su propio peso</p>
<p>y aporta a su manera con sus círculos de agua.</p>
<p>No hay poema intrascendente.<br />
Déjese de leer esas tonteras del oráculo,<br />
la riqueza y la cama.</p>
<p>Cada débil aferra su esquirla<br />
y a sus pies de barro, recita un mantra<br />
a fin que el viento no le lleve.<br />
Si hay carne en esos huesos<br />
si hubo pan en los barriales<br />
a las aves no podría importar menos la tradición.</p>
<p>Piense en esto cuando el horror enfrente:<br />
todo cuanto vea<br />
pertenece a las bestias.</p>
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<hr />
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<div class="column">
<h2>HORA BRUJA</h2>
<p>Aquellos que mueren tranquilos<br />
tienen la palabra justa<br />
y el tono perfecto de la calma.<br />
Azul es el color de su hora bruja<br />
cuando el cielo se remoja como un pañuelo</p>
<p>recogido del suelo de la tarde.</p>
<p>El fuego aún quema las mejillas<br />
y hará falta frotarlas para sentir<br />
de nuevo la escarcha bajo los labios<br />
que ya jamás volverán abrirse.<br />
Habrán dicho<br />
todo lo que restaba por escribir,<br />
habrán soltado al perdón de su jaula.<br />
Habrán llegado a casa sin necesidad de hacer ruido</p>
<p>o abrir las puertas de la despensa.<br />
Habrán oído al gato saltar de la repisa<br />
disparando su cacería volátil.<br />
Aquellos quebrados por el aire<br />
se derrumbarán en invierno,<br />
porque, aunque quede sol sobre sus cabezas<br />
o reluzca el oro intacto en la corriente,<br />
la nube que ensombrece los campos<br />
y el viento, como una daga de quietud repentina</p>
<p>de cosas ya dichas y recuerdos contados<br />
abrirá un sabor seco en la boca,<br />
hoja que solo entonces<br />
podremos llamar silencio.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 117">
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<div class="column">
<h1>ELGAR UTRERAS SOLANO (1972)</h1>
<h2>EL ÁNGEL MÁS PEQUEÑO</h2>
<p>Después de la lluvia En el barro de la calle Juega descalzo<br />
El ángel más pequeño Del campamento.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<h2>PASILLO I</h2>
<p>Hay un nervio roto en el extremo<br />
De esta casa<br />
Montón de guijarros<br />
Y las palabras están con la clave perdida</p>
<p>¿Cómo estás hoy? ¿Tienes algo que decir?</p>
<p>Responde una mudez azul</p>
<p>Y la semana ¿Qué tal?<br />
La espera<br />
Es estarse de vacaciones en el infierno</p>
<p>Quizás sea toda una tormenta en la selva</p>
<p>Un par de chicas asustadas<br />
Alguna víctima de robo<br />
Manejemos todas las posibilidades</p>
<p>Mientras el vigor está en la dosis diaria</p>
<p>No recuerdo si pasé por esto antes<br />
¿Ud. tendría la gentileza de decírmelo?</p>
<p>Aquí es de lo único que se habla</p>
<div class="page" title="Page 117">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Las rosas no impresionan a nadie<br />
Ni los gatos<br />
La música estaría bien<br />
Hablar un poco más con los amigos<br />
¿Ya se van? ¿No podrían quedarse un segundo más?</p>
<p>Sin embargo, así se va en este avión</p>
<p>Un nervio hecho trizas<br />
Y este montón de guijarros ¿Qué hace en la ciudad?</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 117">
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<div class="column">
<h2>NO HAY OLVIDO</h2>
<p>Es cierto<br />
No hay olvido para tanta ceniza<br />
Para esa costumbre que nos obliga a la transparencia</p>
<p>De andenes perdidos en la niebla<br />
Forzados a morder el silencio<br />
Hecho de un amanecer<br />
De esquirlas en la carne<br />
No hay olvido para la sal de tanto nombre</p>
<p>Llamando en la oscuridad que se desgarra<br />
Con la luz del tiempo<br />
Voz que viene desde el fondo de todas las cosas</p>
<p>Como el cuerpo en el oleaje<br />
No hay olvido para tanto y tanto que abrazamos</p>
<p>En la soberanía de la ausencia<br />
Anhelando como buenos deseos<br />
Encontrarlos siempre en el momento preciso<br />
No hay olvido<br />
No hay olvido No hay</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 118">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>DRAGÓN ROJO</h2>
<p>Él, la piel desnuda de la muerte.</p>
<p>Ella, mujer vestida de ocaso</p>
<p>finge dormir<br />
bajo sus pies</p>
<p>para derrotarle en su cuerpo.</p>
<hr />
<h1>DOLORES VIOLETA (NO INFORMA)</h1>
</div>
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</div>
<div class="page" title="Page 118">
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<div class="column">
<h2>Nació</h2>
<p>Amorfa y sin culpa<br />
de piel marrón y olor a barro</p>
<p>un invierno donde la lluvia del sur no se/</p>
<p>duerme, no se apaga sin ella cuánto de tanto habría/</p>
<p>ya extinguídose.</p>
<p>Una noche de luna negra<br />
de su espalda salió un tubérculo de masa dura como/</p>
<p>el cuero de tiburón de textura suave, liviana y caliente</p>
</div>
</div>
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>partía sus vértebras</p>
</div>
<div class="column">
<p>Largo era el tubérculo que</p>
<p>largo y peludo<br />
se extendía hacia cerros y techos</p>
</div>
</div>
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<div class="column">
<p>cielos y copas<br />
por pavimentos y valles</p>
<p>La histérica desplegó alas de mariposa nocturna</p>
<p>y un brazo de gorila desde su columna<br />
y ojos de mosca</p>
<p>y manos sin dedos de brazos sin huesos</p>
<p>No era pulpo</p>
<p>aunque similar</p>
<p>Podía ver en ultravioleta</p>
<p>y se reproducía gracias a ella misma</p>
<p>cantaba como codorniz</p>
<div class="page" title="Page 119">
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<div class="column">
<p>a pesar de su pequeño pico de ave joven<br />
Ya no camina</p>
</div>
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</div>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>se desplaza<br />
y con sus enormes</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>ubres</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>rebosadas de agua</p>
<div class="page" title="Page 119">
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<div class="column">
<p>montañosa</p>
<div class="page" title="Page 119">
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<div class="column">
<p>alimenta a las crías moribundas</p>
<div class="page" title="Page 119">
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<div class="column">
<p>de la tierra seca.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>AQUÍ LA DESGRACIA SE TOMA CON CUCHARA OXIDADA</p>
<p>Un par de manos mide rodamientos con un pie de metro y los selecciona según su tamaño. Le sucede la vida en un segundo al desgraciado. Si es cosa de mirarle la cara para saber que es desgraciado. Se limpia las manos agitado y nervioso con un paño grasoso que cuelga de su bolsillo. Mientras le sucede la vida le suenan las tripas como engranajes manchados de herrumbre.</p>
<p>En tanto, la desgracia habita en sus amorfas formas, se obsesiona con las tuercas de camiones de remolque. Con la poca gracia que tienen sus piernas, un par de kilómetros avanza en bicicleta y busca tornillos, pernos y alambres de púa debajo de enormes estructuras de fierro podrido.</p>
<div class="page" title="Page 119">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>El desgraciado jamás se mostrará de uñas limpias porque el oficio de recoger no se le dio a las manitos lozanas, esculpidas.</p>
<p>Los desgraciados como él no humedecen sus manos porque los desgraciados como él no se arrugan, se oxidan, les agarra un color naranjo ladrillo, a mandarina o a caléndula muerta, a tétano podría ser o a hueso descalificado teñido con níspero deshidratado.</p>
<p>Los desgraciados que dedican su vida a recoger tesoros enterrados en el barro bajo máquinas interfectas son ya escasos. Antiguamente se les veía con suave disposición, cabeza gacha buscando fierros y madera. Los desgraciados que consideran que la basura es el gran tesoro han de creer además que los órganos humanos se han convertido en piezas hechizas.</p>
<p>Y mientras sucede la vida relativamente cada quien encuentra como convertirse en basura, escultura, abono o comida, cómo los desgraciados que inventan sueños oxidados a los visitantes y residentes de la espiral que se es parte, cuando nos expulsan, o nos extraen del vientre que albergó tanto engranaje suelto de ideas y escombros.</p>
</div>
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<hr />
<div class="page" title="Page 120">
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<div class="column">
<h1>LUIS CONTRERAS JARA (1941)</h1>
<h2>POEMA DE LA NIÑA BALEADA</h2>
<p>No sé cómo te llamas, pero sé<br />
que defiendes el agua y que te llueven por eso moscas de acero</p>
<p>No sé dónde encontrarte en esta tarde de colmenas</p>
<p>pero siento el aroma a verbena de tu voz</p>
<p>Ignoro dónde estudias, sin embargo<br />
creo que era mejor ese dibujo de tu cuaderno</p>
<p>con madreselvas y cigarras<br />
que esta página de carabinas escapadas</p>
<p>Por amar la justicia te sujetaron los brazos</p>
<p>estrangularon tu ramo tierno<br />
y el de las amapolas que cortejan los geranios/</p>
<p>de octubre</p>
<p>Como no sé tu nombre solo voy a llamarte primavera porque en tu mano volverá el guijarro a ser estrella correré junto a ti contando tus pisadas con los pétalos de todas las margaritas que irán junto a nosotros hacia las colinas floridas</p>
<p>Ayer por la tarde, cuando cantabas a la justicia el río en el que ibas estaba cercado de álamos/</p>
<p>envenenados</p>
</div>
<div class="column">
<p>llenos de pájaros de plomo<br />
y yo estaba lejos de ti<br />
en la zarza espiaban cabezas vacías y manos<br />
que buscaban el vestido que te habían bordado/</p>
<p>las mariposas ondeaban los cipreses detrás de tu sombra</p>
<p>rasguñaban la tarde las ortigas<br />
aullaban los lobos detrás de los cipreses y yo no estaba junto a ti</p>
<p>Te miraba el vacío cilíndrico y mortal, un vacío/<br />
de hueso</p>
<p>por la cuenca siniestra<br />
observaba tus ojos de plata<br />
y yo no estaba junto a ti<br />
hasta que de pronto rompió el surtidor junto/</p>
<p>al jardín sagrado</p>
<p>Tú<br />
estabas llena de claveles.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 121">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>EUGENIA TOLEDO RENNER (1945)</h1>
<h2>MADERA</h2>
<p>Parece difícil ser árbol y<br />
poseer un corazón de madera.<br />
Estar durmiendo en invierno, despertar en primavera<br />
cuando terminen estas oscuridades o cuando vuelvan las lluvias,<br />
porque hay pocas probabilidades. Habría que pintarlo, florecido.</p>
<hr />
<h2>LA MUTACIÓN HISTÓRICA</h2>
<p>1<br />
Cada día generoso # trabaja y organiza La ceniza del cielo # pintó de novia # las/</p>
<p>montañas anoche Es invierno aquí # y brillan las granadas</p>
<p>En sus canastas # en la verdulería<br />
El Lago Caburgua # estira su lienzo blanco # copia/</p>
<p>del cielo Se pintarán dos barcos de papel flotando desde/</p>
<p>la orilla</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 121">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Mientras # yo me sentaré en una roca</p>
<p>Reflexionando sobre este suelo:<br />
Embebida en la profundidad del dulce lago que pregona olas y caricias</p>
<p>que se entrega y sana</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 121">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>La distancia entre la vida y la muerte.<br />
Los días no serán más cortos # ni las tareas más largas,/</p>
<p>me dice</p>
<p>Luego, asciendo tratando de descifrar<br />
las arterias de la cordillera de los Andes.<br />
En el bosque descubrí sombras # persiguiendo luces eran mis días # que brincan en su color propio:<br />
la gloria de las hojas # ojos son<br />
los ganchos # pájaros de las islas # desnudas líneas con un azul ademán de agua.<br />
Torres de sangre # país que se desgaja # país mío como una naranja # como la granada<br />
El que vuelvo a ver # a ver y a volver<br />
¿Quién contará la historia de tus pueblos?<br />
¿Quién quitará el velo al silencio que quiere hablar?</p>
<p>El viento me empuja en reversa y<br />
el lago hacia el nítido lago.</p>
<p>2<br />
Ayer fue un día extraño # otros territorios como el de la pandemia<br />
Ayer raíz de rayo # canto quebradizo<br />
los números de nuestros muertos<br />
Ayer en Caburgua # llovían otras gotas de lluvia</p>
<p>Los choroyes se reunieron en algarabía en la/</p>
<p>plaza de Pucón Y el día # con el trabajo # se hizo un par de horas</p>
<p>Ayer # abrí dos libros # porque hablar no podía</p>
<p># ya que me voy enmudeciendo<br />
¿Qué corazón puede bastar para entenderlos?</p>
<p>Ayer # abrí # dos libros de Walter Benjamin:</p>
<p>Iluminaciones y La vida posible.<br />
Entendí un tercio de lo que leí.</p>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 122">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ALAN MUÑOZ OLIVARES (1977)</h1>
<h2>IMAGINARIO DE CHILE</h2>
<h6 style="text-align: right;">A la memoria de Eduardo Meneses Valencia (1975-2000) que Va al Paraíso.</h6>
<p>Cierra la Puerta/ Lo que tengo para decirte/ ya ocu- rrió antes en la mente/ una y otra vez en el espejo/ Cierra la puerta/ Porque las paredes quieren oír/ el origen de este mito antes del palimpsesto/ como en una liturgia del consejo de ancianos/ alrededor de una fogata en mitad de la noche/ el susurro del secreto tras el primer fuego/ el sonido de los leños crepitando en el vacío.</p>
<p>Cierra la boca/ Deja que el silencio invada los cuatro costados/ Presiente que no hay nada más que este cuerpo/ en posición de loto frente al infinito/ que has caído en cuenta que esto se superpone a un lugar-no lugar/ de la consciencia/</p>
<p>Cierra la boca/ e imagina que la poesía no quiere estar entre los muertos/ Y ha hecho, de un bastidor, un país para habitarlo.<br />
Cierra los ojos/ e imagina la arquitectura de este país/ más allá de los sueños/ de sus valles y volcanes urgentes/ más allá del levantamiento de las zonas mapeadas/ el acabado de sus fronteras líquidas/ de la extensión escalar de la atmosfera/ de la tensión</p>
</div>
<div class="column">
<p>jerárquica de los símbolos/ Cierra los ojos/ e imagina el aquí y el ahora de estos paisajes tejidos/ del acantilado y de su honestidad material.<br />
Cierra los ojos/ e imagina una ciudad de noche/ cualquier ciudad de Chile bajo fuego/ de lluvia/ Camina en el vértigo de los vehículos/ que pasan esquivando los charcos/ Mira las luces de la ciudad/ reflejando los neones en sus calles mojadas/ ¿Reconoces esta ciudad?/ Imagina que estas calles van a tu encuentro/ ¿Cómo es el abrazo?/ ¿Cómo se siente perderse en una ciudad sin nombre?<br />
Imagina que hay una callejuela lateral/ Camina por esta calleja explorando el gesto del muro/ de edificios, tiendas y residencias en el territorio/ pronto verás una vieja casa abandonada/ es Casapoema que respira aún bajo las enredaderas/ Las ventanas están sucias, empañadas y salpicadas de lluvia/ acércate para mirar hacia adentro/ observa algunas siluetas borrosas/ moho, fantasmas y reliquias.<br />
Imagina que una puerta se abre/ y te invita a recorrer sus habitaciones efímeras/ sus pasillos son un paramé- trico desfile de palabras/ al final, sube escaleras imaginarias hacia una buhardilla que da al Everest/ mira el mundo como un niño/ sé un niño que extiende los brazos/ sobre noches blancas/ ¿Cómo se siente sacar este aullido?/ Descubre que no hay retorno después de conocer el paraíso.<br />
Lentamente, vuelve sobre tus pasos/ y exhala de a poco la falta de oxígeno/ la escalera te lleva al sótano de los sentidos/ algunos libros desperdigados/ revelan que hubo alguna vez una biblioteca/ una luz tenue te señala una mesa y un libro abandonado/ Conviértete ahora en ese libro/ ¿Qué libro eres?/ tus tapas, tus hojas, tu olor/ ¿Por qué fuiste dejado a tu suerte? Imagina que vuelves a ser tú, de nuevo/ el libro te observa desde la mesa/ con dilación hojeas la factura de sus gemidos/ ¿ahora entiendes la geometría orgánica de la curva que acoge?/ ¿ahora entiendes la nigromancia entre tinta y celulosa?/ Ahora, lenta- mente despídete del libro/ y guárdalo en algún lugar de tu memoria/ Imagina y empieza marcha hacia la salida de este castillo en el aire.</p>
</div>
</div>
</div>
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Despídete del Genius Loci Casapoema/ Dirige tus pasos a aquellas calles renacidas del agua/ Echa un último vistazo a la acupuntura urbana/ Prepárate a abandonar este país de facto en un cuadro/ Regresa tu existencia a esta galería/ Abre los ojos/ Reconócete en esta exposición en el Salón de la Infamia/</p>
<p>Ahora cierra las puertas/ contigo afuera/ Y empecemos a soñar en serio.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ADÁN MÉNDEZ (1967)</h1>
<h2>MENOS MAL QUE HUBO CONCEPCIÓN SIQUIERA</h2>
<p>Donde una casa se reía sola<br />
Con la cosquilla de su vida interna</p>
<p>Matadero del pan con mantequilla</p>
<p>Refugio de cualquiera cachureo</p>
<p>Menos mal abuelita</p>
<p>menos mal</p>
<p>Porque paramos justo en este patio</p>
<p>En que no caben caracoles</p>
<p>Caben ciruelos chuecos<br />
Caben gatos asoleándose en el zinc</p>
<hr />
<h2>EJERCIÓ EL HÁBITO INSOPORTABLE CHILLANEJO</h2>
<div class="page" title="Page 123">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>De sobresalir como poeta<br />
Por sobre cada contemporáneo suyo Insistiendo todo el tiempo<br />
En que ese suceso no importaba nada Comparado con el de ser un chillanejo</p>
<hr />
<h2>CUANDO SALIMOS DE PUERTO</h2>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Tomamos un Cruz del Sur</p>
<p>Compré almendras a la madre</p>
<p>Y a cada niño un yogur</p>
<p>Ya embarcados en Pargua Una tunina<br />
Vimos del ventanuco<br />
De la cabina</p>
<p>De la cabina sí<br />
Vuelta a los buses<br />
Se hizo noche y la lluvia</p>
<p>Raya las luces</p>
<p>Brilla en bajo relieve Ancud en breve</p>
<hr />
<h1>NICOLÁS BARRÍA GONZÁLEZ (1988)</h1>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>HAMARTIA</h2>
<p>Y así,<br />
de tanto repetirla,<br />
de tanto nombrarla<br />
fue como la mentira,<br />
elevada sobre todas las preguntas,<br />
cantada con rito de hambre y sed de hierro,</p>
<p>sangró a gritos las ancianas sinfonías,</p>
<p>anclando caníbales perfumes<br />
sobre el sexo<br />
secreto<br />
de la cría.</p>
<hr />
<p>&nbsp;</p>
<div class="page" title="Page 124">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>ALDEA DE LA CAVERNA</h2>
<p>Vi pueblos de roca entre nubes magenta</p>
<p>alzando sus muros, reuniendo la grieta</p>
<p>arruman metal en cristales de asombro</p>
<p>baúles repletos de astutas ofrendas.</p>
<hr />
<h2>SIEMBRA SOMBRA</h2>
<div class="page" title="Page 125">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Nocturno dialecto la noche bosqueja,</p>
<p>ancianas vocales que nacen volando,</p>
<p>elongan su abismo con tacto perplejo</p>
<p>destello semilla del hielo estrellado.</p>
<hr />
<h2>SONRISA DE RAMANUJAN</h2>
<p>Flotantes micrófonos orbitales<br />
saborean tormentas de números primos,</p>
<p>buscan huellas de calor<br />
en el último volcán de Selene.<br />
No la encuentran, no hay oído de metal</p>
<p>que escuche tan primarias las caricias.</p>
<hr />
<h1>ENRIQUE GIORDANO (1946)</h1>
<div class="page" title="Page 125">
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<div class="column">
<h2>ENTREMAPA</h2>
<p>¿Qué tipo inmundo asqueroso hijo de puta estará besando tu boca?<br />
¿Qué harás con las cincuenta lucas que te pagó?</p>
<p>¿Cuánto tiempo llevas esperando<br />
el bus que te lleva a tu cuarto oscuro?</p>
<p>Porque ya estarás comenzando a pensar</p>
<p>en el día de mañana</p>
<p>en la sonrisa que se deforma<br />
en los sueños que se arrugan para siempre</p>
<p>Ya habrán enterrado tu boca en una sábana sucia</p>
<p>Porque a nuestra edad,</p>
<p>lo tendrás que ir aceptando todo</p>
<p>como el vino agrio en tu vaso sucio</p>
<p>Va llegando la oscuridad</p>
<p>Los buses se demoran</p>
<p>Pasada la medianoche<br />
uno tiene que esperar</p>
<p>Y a nuestras horas ya no pasan</p>
<p>Te imagino frente a los canales grises de Santiago</p>
<div class="page" title="Page 126">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Viendo cómo se va el agua</p>
<p>Así<br />
tan sin gracia</p>
<p>—arrastrando ojos y pulmones reventados—</p>
<p>¿Desde qué puente<br />
desde qué cuarto anónimo</p>
<p>de la Avenida Matta y la calle Franklin?</p>
<p>¿Desde qué casa sin puertas?</p>
<p>Cuando cierres la última cortina de tu/ cuarto húmedo</p>
<p>pensarás en mí Sé que pensarás en mí</p>
<p>Irás cerrando los ojos con lentitud contento</p>
<p>quizás feliz y te dirás que la vida vale la pena vivirla</p>
<p>porque me recordarás diciendo: «¡Te quiero, Patricio!»&#8230;</p>
<div class="page" title="Page 126">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>y las flores volverán a crecer en el jardín que nunca tuviste.</p>
<hr />
<h1>PILAR RIVEROS (1964)</h1>
</div>
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<div class="column">
<h2>EL TIEMPO</h2>
<p>El tiempo transcurre<br />
sin ser víctima del consumismo y<br />
su torrente explosivo.<br />
No se confunde en la catástrofe humana.<br />
Sus rincones están protegidos por murallas de espejos</p>
<p>que siguen su curso sin castigar lo súbito<br />
sin que contaminadas partículas lo toquen.<br />
El tiempo no se llueve dentro<br />
y cabe dentro de la lluvia<br />
es canto que pende del círculo universal<br />
posee estructura para detener impertinencias<br />
y enigmática claridad para soltar ataduras.<br />
El misterio del tiempo<br />
no cabe en las cuencas del aire.<br />
El misterio del tiempo<br />
permanece escondido en lo insólito<br />
en la vitalidad de las calzadas<br />
en el bolsillo del vagabundo.<br />
&#8230;No sabe de oscuridad e imposibles.<br />
Permanece insepulto frente a nuestra prisa.<br />
El tiempo infinitamente amplio<br />
ofrece su mano sin costras<br />
al término de nuestro tiempo<br />
como metáfora de eternidad.</p>
<hr />
<h2>ESQUELETO DE UN POEMA</h2>
<div class="page" title="Page 127">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>En la bruma creo adivinar ojos cargados de tristeza</p>
<p>y como si se difuminara algo que quiso ser sonrisa.</p>
<p>Me pregunto si permanezco intacta<br />
en el recuerdo de tus ojos<br />
si tu boca lleva la memoria de entre mis muslos.</p>
<p>Si aparte de los desencantos tienes alguna ternura</p>
<p>dispuesta a prodigarse en mí.</p>
<p>Intento un poema y solo consigo un esbozo<br />
en donde se confunde el cara y cruz de esta historia.</p>
<p>Intento un poema y solo logro el esqueleto</p>
<p>del que pudiera ser perfecto.</p>
<p>Enloquecida me fragmento en la bruma<br />
en el intento de unir palabras de manera perfecta</p>
<p>&#8230; de ponerle carne y sangre al esqueleto<br />
carne y sangre<br />
fecundidad para mi pan que eres tú<br />
como triunfo sobre los rencores.</p>
<hr />
<h1>MIRIAM LEIVA GARRIDO (1958)</h1>
<div class="page" title="Page 127">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>LOS RUIDOS HACEN ECO</h2>
<h6 style="text-align: right;">Silencio, un gran silencio, un silencio de años,</h6>
<h6 style="text-align: right;">de siglos, un silencio aterrador que empieza a crecer</h6>
<h6 style="text-align: right;">en el cuarto y dentro de mi cabeza.</h6>
<h6 style="text-align: right;">María Luisa Bombal</h6>
<p>I<br />
Cómo vamos a contar<br />
el desespero,<br />
anudarse en la llovizna<br />
revelarse de la mano que no suelta</p>
<p>la lluvia que demora entre la niebla</p>
<p>cuando todo es una boca de lobos</p>
<p>un túnel oscuro lleno de zarpazos</p>
<p>sin memoria<br />
y al filo.<br />
Cómo vamos a salir<br />
con tanto frío<br />
llena de humedad la ropa<br />
bastaría volverse agua<br />
extinguirse como nunca<br />
entre las piedras.<br />
Cómo vamos a continuar viviendo</p>
<p>cada vez que la palabra<br />
se enmaraña<br />
los dedos se rompen<br />
y la llovizna breve<br />
no cesa.</p>
<div class="page" title="Page 128">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>ii<br />
Tengo un ruido haciendo eco<br />
debe ser la desilusión<br />
sin mascara derritiendo mis huesos precaria de ciertos movimientos me deshielo<br />
me abandono<br />
me hago sombra<br />
en las mismas entretelas<br />
por desgracia.</p>
<p>III<br />
Desde la ausencia<br />
me hago compañera de mi sombra<br />
me deshago en ella desolada<br />
me condeno negada contra la muralla<br />
me cobijo en la indiferencia dislocada<br />
harta de amputarme en la ceguera<br />
entre sus percepciones<br />
muerdo la rabia de esta soledad irrevocable<br />
es evidente la destreza de algunos de arrimarse</p>
<p>al árbol y hacer leña</p>
</div>
<div class="column">
<p>IV<br />
Engañosa mi indolencia<br />
despierto olvidada<br />
no logro comprender el mal<br />
mis delitos purgados en soledad<br />
me arrastro en el desencanto desgarrada</p>
<p>abatida en medio de lo oscuro<br />
muy en el fondo grito<br />
me nacen rebeliones.</p>
<p>V<br />
Tengo frío estoy debilitándome<br />
el cielo no deja respirar<br />
guardo las marcas<br />
de la hoja rebanándose<br />
la «Última niebla cae de mis manos»</p>
<p>María Luisa Bombal<br />
sonríe en la contratapa<br />
sangro profusamente<br />
no sé si vivo o sueño<br />
tengo cansancio.</p>
<hr />
<h1>DANIELA GUERRERO GONZÁLEZ (1981)</h1>
<div class="page" title="Page 129">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>DEL SALÓN DE LOS ESPEJOS</h2>
<p>Frente a la imposibilidad de decir Actúo.<br />
Frente a la imposibilidad de actuar Grito.</p>
<p>Frente a la imposibilidad de gritar Lloro.<br />
Frente a la imposibilidad de llorar Aúllo.</p>
<p>Frente a la imposibilidad de aullar<br />
Me entrego.<br />
Y ahí de cuclillas frente mí,<br />
Un cuerpo espera desnudo a cambio de nada Expuesto</p>
<p>Ansioso<br />
Solo<br />
Húmedo<br />
En la mitad más encendida Del salón de los espejos.</p>
<hr />
<h2>GOLPE</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Bajo mi cuerpo<br />
el siniestro espejo dice la verdad.<br />
Surge la voz ambigua de la vergüenza</p>
<p>¡Traición!<br />
Gritan las lenguas que deambulan en la urbe</p>
<p>¡Traición!<br />
Mientras&#8230;<br />
mi sangre aún no alcanza a secarse sobre/</p>
<p>el pavimento.</p>
<hr />
<h2>NUBE</h2>
<p>Mi boca se ha tragado mi lengua.<br />
y mis dientes a mordiscos intenten revivirla,</p>
<p>la garganta solo recibe con gusto a sangre</p>
<p>mucha saliva muda.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 130">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ALEXIS FIGUEROA (1956)</h1>
<h2>DIVÁN SENTIMENTAL</h2>
<p>Tu boca, como llaga de volcán y terciopelo,</p>
<p>es el rastro de una herida abierta en O.</p>
<p>Me miras con abandono algo fingido,</p>
<p>tendida en tu diván sentimental.</p>
<p>Bella mariposa,<br />
posada en una rosa de Chanel,</p>
<p>libélula costosa,<br />
envuelta en cuero negro<br />
de la cabeza hasta los pies.</p>
<p>Yo ante ti, con mi lastre ruin de inadaptado,</p>
<p>recito una romanza de Genet.</p>
<p>Un saco de manos palpitantes<br />
te he traído de regalo en esta tarde, c</p>
<p>ortadas en el jardín humano con ternura,</p>
<p>para decorar el tapiz del canapé.</p>
<p>(La navaja de Auschwitz en mi brazo,</p>
<p>tatuada junto a espinas pendencieras,</p>
<p>gotas con la forma de fresones,<br />
gotas púrpuras simulando corazones).</p>
</div>
<div class="column">
<p>Y tú, náyade carnívora, donosa,<br />
dormitas entre hierba y videoclip.<br />
No haces caso,<br />
suenan las sirenas ambulando entre la lluvia,</p>
<p>y busca la police al hombre lobo de París.</p>
<p>Soy yo. Aullador de los ensueños de la luna,</p>
<p>que ilumina con su lívido rocío,<br />
los cromados de mi moto bmw.</p>
<p>Mira corazón por la ventana<br />
el parachoques esmaltado: suavemente en él,<br />
con erótica paciencia he ensartado,</p>
<p>cuerpos y más cuerpos, antes vivos,</p>
<p>ahora muertos:</p>
<p>soy el asesino enamorado de la calle,</p>
<p>soy Dennis, el hombre lobo que te ama,</p>
<p>hombre lobo con pasión automotriz.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 131">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>CARLOS COCIÑA (1950)</h1>
<h2>EL AIRE QUE SE EXPULSA</h2>
<p>3C<br />
Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo; todo el cuerpo se revela ante el acto que cercena reacciones, desde el origen establecidas a nivel genético por la sa- via del fornicio y la revelación de milenios de órdenes transcritas en la más inverosímil coordinación de los detalles posibles de la existencia. El violenta miento de las expectativas, que a nivel de estructuras moleculares está descrito, atenta contra la más elemental humanidad genética, y la descripción de estos movi- mientos solo es con las palabras que revelan el posible transcurso que llevarán los líquidos particulares de un cuerpo en el momento en que el reflejo de luz es absorbido en las alteraciones de conos y bastoncitos. Nadie tiene derecho a quebrantar la reelaboración de las células y las nuevas epidermis que van emergiendo desde el mismo tiempo en que se produjo la combinación genética, ni negar la posibilidad de la eyaculación en la mujer que conocerá mañana. Nadie tiene derecho a morir antes de tiempo, porque el espacio del cuerpo se proyecta hacia el próximo momento, y tiene el espacio su espacio en cada rostro y cuerpo conocidos y es un espacio ya dado y posible en el cuerpo de los hijos, del hermano, de la mujer y cada uno de los que van haciendo espacio a ese cuerpo que no puede violentarse hasta el momento en que sea preciso quebrantarse porque el aire es expulsado por el mismo cuerpo que se disuelve en sí mismo.</p>
</div>
<div class="column">
<p>12C<br />
Con la fuerza de la luz en los vidrios, la imaginación se ubica en territorios cercanos a valles inexistentes. Las aguas, en sus múltiples estados cercan las mon- tañas, los ríos y el mar y hacen de las extensiones un espacio apenas vislumbrado.</p>
<p>Como islas donde ha desaparecido todo vestigio de uno de los colores primarios, la inexactitud de las referencias afecta cada paso. Frente al mar se elevan a baja altura algunos pájaros que no alteran en nada el paisaje percibido solo con algunos de los sentidos más evidentes. De las escalas musicales conocidas, solo una es la existente y aunque se escuchen otras, su identificación es negada por el solo nombre de los valles interiores.</p>
<p>Es lejos donde el río se hace río. En su constitución, el movimiento es secreto. A pesar de ello, el agua llega a este paraje. Las cosas y los momentos surgen de acuerdo a una lógica que pronto se diluye. Basta aplicar el mismo curso a cosas o momentos distintos para reproducir otras corrientes de afecto. Ahí los esquemas se expanden en direcciones imposibles, o sus vectores se ubican al unísono en distintos lugares. Momentos inimaginables cuyo único trazo es la descarga. Cosas de luminosidad incontenible, que solo se dirige a sí misma. Pero casi siempre las aguas forman un curso, cuyo origen está en cualquier momento de las cosas.</p>
<div class="page" title="Page 132">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>Versión 31<br />
Un ramillete de neuronas genera la percepción de lo que vemos. Las cosas y los objetos no son una imagen que se proyecta en la cabeza, son una detonación de neuronas en el cerebro. Las cosas y los objetos están por ahí, sin destellos.</p>
<p>De otra manera 31.1<br />
El hacer y la práctica reanima el tracto de materia blanca y de la oscura, se llenan de humedales en los que anidan nuevos revuelos. Tareas de fluidez que se extienden al expandirse las arquitecturas fluviales que destilan información neta.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Proposición 31.1.1<br />
Las cosas que no existen, están en el origen de las palabras.</p>
<p>De otra manera 31.2<br />
Las maquinarias biológicas funcionan por proteínas, moléculas diversas que se ensamblan a partir de veinte piezas diferentes, los aminoácidos. Su gran variabilidad genera un repertorio, cada una con una función particular. Las hay estructurales, y las enzimas son responsables de las reacciones químicas. El cuerpo las fabrica y las desecha para hacer otras nuevas, de acuerdo a instrucciones genéticas precisas del citoplasma. Las instrucciones no salen del núcleo, sino que se copia un trozo del ADN en otra molécula, el mensajero.</p>
<p>pero temo que lo tomen en serio «síganme los malos»<br />
Jesús</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<hr />
<div class="page" title="Page 133">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>EGOR MARDONES (1957)</h1>
<h2>SHAKESPEARE REVISITED</h2>
<p>Estoy bajo un cielo que amenaza tormenta eléctrica.</p>
<p>Estoy en Suburbia, el corazón de las tinieblas de/</p>
<p>Night Citi. Estoy con mi dosis exacta de droga déjà vu/</p>
<p>entre ceja y ceja en uno de esos cinematográficos tiempos muertos/</p>
<p>de la madrugada</p>
<p>infinita<br />
que siempre nos conducen a ninguna parte</p>
<p>lejos de aquí.</p>
<p>La radio transmite entusiasta <em>The Raven,</em>/<br />
de Lou Reed,</p>
<p>y hojeo distraídamente La comedia de/<br />
las equivocaciones</p>
<p>de Shakespeare, el infalible, que alguien dejó olvidado en el taxi:</p>
<p>«Dicen que esta ciudad está llena de truhanes, de rateros listos que engañan la vista,</p>
<p>de nigromantes que trastornan el juicio, de brujos asesinos del alma que deforman/</p>
<p>el cuerpo, de impostores disfrazados, de charlatenes sinvergüenzas.</p>
</div>
<div class="column">
<p>Si es así, partiré a escape».</p>
<p>Aquí también es hora de partir y parto<br />
sin dolor, sin pena, sin olvido<br />
sin nada en las inefables entrañas del alma atropelladamente acelerado con <em>The Raven</em>/</p>
<p>a todo volumen y el humo tronando a destajo en el tubo de escape</p>
<p>y el olor a caucho y las ruedas chirriando su huella/ en el frío cemento</p>
<p>de esta ciudad de utilería hard:</p>
<p><em>Il mio supplizio.</em></p>
<hr />
<h2>POETRY IN MOTION</h2>
<p>Hasta más vernos, señora. William Gibson</p>
<p>Le dijo una y mil veces que en latín<br />
su santo nombre era Poema<br />
como otras tantas también que sus generosos pechos</p>
<p>le recordaban por motivos evidentes la pintura/</p>
<p>de Dávila</p>
<p>—¡JuAn DoMingo DáVila!—<br />
y que ya se la imaginaba a todo glamour en un set protagonizando feroz video porno y gritando ronca/</p>
<p>su gozo a un close up lento y orgásmico como si de/</p>
<p>veras ahora sí</p>
<div class="page" title="Page 134">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>estuvieran dándole por culo dándole por culo allá<br />
fuera de cuadro.<br />
YDALECONLAPOESÍA YDALECONLAPOESÍA</p>
<p>/YDALECONLAMALDITAPOESÍA</p>
<p>La erigió en musa hasta que la pasión durara s</p>
<p>obre la primera cama del motel que encontraron</p>
<p>más calientes que el demonio una noche<br />
a la salida del mítico Chatsubo Bar<br />
al que habían llegado por algo más de droga/</p>
<p>para salvar la jornada que se venía hardcore por el lado más oscuro</p>
<p>del corazón.</p>
<hr />
<h1>THOMAS HARRIS (1956)</h1>
<div class="page" title="Page 134">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h2>NUNCA NADA NADIE</h2>
<p>Me acaban de informar que no existo<br />
que no soy<br />
que nunca fui el que me dijeron<br />
que en mi acta bautismal hay otro nombre</p>
<p>que no soy yo</p>
<p>que no seré yo<br />
que el muelle y la playa y el mar donde<br />
no nada<br />
me acaban de informar que mi acta de nacimiento</p>
<p>está en blanco<br />
que la mujer a la que le escribía poemas de amor</p>
<p>no es o era otra y vive con otro<br />
que no soy yo<br />
que yo no es que yo nada<br />
un acantilado<br />
farallones y aves de mar<br />
sobre los roquedales<br />
gaviotas quizá u otras aves marinas<br />
que graznan al cielo<br />
pero yo no no a mí<br />
que nada tiene que ver conmigo<br />
que por eso estaba tan triste<br />
porque al final nunca fui<br />
ni mi mamá ni mi papá fueron<br />
ni los libros que leí y menos los que escribí<br />
nada ninguno</p>
<div class="page" title="Page 135">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p>me acaban de informar que no soy<br />
que no tengo esperanzas ni circunstancia</p>
<p>que las películas que vi jamás se filmaron</p>
<p>que jamás fui parte del reparto<br />
que la película de mi vida<br />
está en blanco<br />
que nunca hubo una cinta en el proyector</p>
<p>que en la pantalla mis créditos son apócrifos</p>
<p>que no soy ni seré,<br />
nunca nada nadie<br />
por fin pienso<br />
al fin<br />
nunca nada nadie<br />
no hubo ni director ni guionista ni película</p>
<p>ni banda sonora<br />
nada puro silencio<br />
una pantalla en blanco<br />
créditos que son deuda<br />
deudas de mi no ser<br />
deudas de no haber sido sino<br />
una pantalla en blanco<br />
un cine sin espectadores<br />
todo mi público butacas vacías<br />
y yo un actor que murió<br />
antes de su primer parlamento<br />
no soy yo no soy quien<br />
esa es la puta cuestión<br />
una pantalla en blanco<br />
un cine sin espectadores<br />
y aves marinas<br />
quizás gaviotas</p>
</div>
<div class="column">
<p>sobrevolando un falso set una ola con suerte<br />
la ola de chocolate<br />
por fin pienso</p>
<p>al fin<br />
nunca nada nadie.</p>
<hr />
<div class="page" title="Page 136">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<h1>ELVIRA HERNÁNDEZ (1951)</h1>
<h2>REGISTRO DE POETAS EN EL PARQUE BOTERO</h2>
<p>Y ahí estás tú también<br />
filmando a los poetas que se fotografían<br />
con el Perro el Gato las Evas y los Adanes.<br />
Esto es ya un juego.<br />
Registras tú o registro yo.<br />
Pidámosle a ese niño entretenido en su teléfono que haga un click para ambos<br />
y no nos acordemos cuánto nos reímos de/</p>
<p>los japoneses. Ya somos memoria que guardará la máquina</p>
<p>en el disco duro de su corazón.</p>
<p>Con flash o sin flash<br />
lo que se imprime<br />
es como la muestra que el infectólogo extrae del caldo purulento.<br />
Más tarde nos identificarán<br />
y dirán<br />
la palabra no les dio protección.</p>
<hr />
<h2>FIGURAS EN UN VAGÓN DE TREN</h2>
</div>
<div class="column">
<p>Asientos y mesillas recortadas<br />
Pasajeros que ingresan al vagón<br />
Se ajustan a sus lugares como piezas de puzles</p>
<p>Se cierran las puertas exteriores e interiores<br />
El tren inicia su movimiento con lentitud</p>
<p>Pasan edificios en serie<br />
Se ven deshabitados lo que es un parecer<br />
Los pasajeros están curvados sobre sus pantallas</p>
<p>Inervados por cables sus oídos<br />
Viajando más rápidos que el tren<br />
Hacia una pluralidad de mundos<br />
Que creo deshabitados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-10.21.31.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-1730" src="http://mediorural.cl/wp-content/uploads/2022/10/Captura-de-Pantalla-2022-10-21-a-las-10.21.31.png" alt="Captura de Pantalla 2022-10-21 a la(s) 10.21.31" width="400" height="772" /></a></p>
</div>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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